lunes, 9 de septiembre de 2024

Mi nueva novela: "Peripecias Inconcebibles" (2024)

Interrumpo con la presente entrada mi nueva revisión de algunas de las sagas más relevantes en la literatura de ciencia-ficción por una razón muy especial. Y es que les voy a presentar "Peripecias Inconcebibles", mi nueva novela de ciencia-ficción; la tercera ya, que se ha publicado hace unos días.

Por lo menos a mí me resulta mucho más sencillo hablar sobre las obras de otros que dedicarle unos párrafos a una creación propia. Sí que les puedo confesar que haber alcanzado el hito de tres novelas publicadas es algo que hace unos años jamás habría imaginado. Y es que cuando hace ya casi tres lustros di comienzo a este blog, no pasaba de ser un simple intento de un aficionado al género que, por circunstancias personales, no encontró en ese momento otra forma que la virtual para dar continuidad a una de sus pasiones. Con los años el número de visitas y de seguidores fue creciendo, y entre algunos comentarios recibidos y el apoyo de unos pocos familiares y amigos muy especiales, en 2018 me lié la manta a la cabeza y me puse a intentar sacar a flote mi una novela. Dos años más tarde, y tras el silencio de varias editoriales que no respondieron a mi manuscrito, recurrí a la auto-publicación para que "Nueve Años" viera la luz. En ese momento ya había decidido volver a probar suerte, y un año después apareció "Usted Podría Ser El Siguiente", esta vez bajo el paraguas de una editorial. Una vez conocidos ambos mundos, el de la autopublcación y el de la edición por cuenta ajena, y tras una pausa (en la que fueron varias las personas que me contactaron para trasladarme cuánto les habían gustado las dos primeras y animarme a que escribiera una tercera), el año pasado escribí "Peripecias Inconcebibles". Para la cual decidí que, salvo que alguna de las escasas editoriales a las que les envié el manuscrito me contestarta, publicaría de nuevo por mi cuenta. Algo que ha sucedido hace tan sólo unos días.

Haber escrito tres novelas no significa que me considere escritor. Para mí escritor es solamente aquel que vive esencialmente del oficio de la escritura. Algo que no es, y que nunca llegará a ser, mi caso. Afortunadamente mi trabajo en el sector de las telecomunicaciones me permite llevar una vida desahogada, así que me sigo considerando un aficionado al género que en sus ratos libres se dedica, entre otros asuntos, a escribir novelas. Algo que considero tiene sus ventajas: escribir como pasión, sin que prevalezcan las necesidades crematísticas, permite una libertad temática, estilística y hasta especulativa que me temo no poseen quienes necesitan que las ventas sean lo más altas posibles para mantener un determinado tren de vida. Aparte de que permite dedicarse a ello sin presión alguna, solamente cuando apetece y se cree haber dado con una historia que podría interesar a otras personas. Por lo cual, no sé ni si, ni cuándo, habrá una cuarta novela; lo importante es que ya he llegado a la tercera, y lo he disfrutado mucho.

A la hora de enfrentarme al temido documento en blanco sólo tengo dos premisas: intentar no repetirme, y al mismo tiempo, mantener una personalidad reconocible como novelista. En atención a la primera, aunque han sido varias las personas que, tras leerlas, me han hecho ver que tanto la ambientación como los personajes de "Nueve Años" y de "Usted Podría Ser El Siguiente" podrían dar lugar a sendas continuaciones, hasta la fecha he descartado esa sugerencia. Por una parte me preocupa repetirme, y por otra, me resulta más interesante explorar otros subgéneros dentro de este maravilloso género. Lo que por supuesto trae consigo otros marcos escénicos, otras épocas, otros avances tecnológicos, otro tipo de personajes... Por ello el contrapeso a tantas diferencias entre mis novelas ha de venir de mi personalidad a la hora de escribir. Y eso es algo que sí me he esforzado en mantener en estas tres novelas: como muchos de mis seguidores saben, me gustan los libros bien estructurados, con capítulos en los que siempre sucede algo, con una prosa que prime la comprensión y el disfrute sobre los recursos estilísticos... Y sobre todo, con personajes que se vean arrastrados a situaciones límite, que tengan que recurrir a lo mejor de sí mismos para salir adelante. Si alguno de ustedes, tras haber leído las tres novelas, ha apreciado estos rasgos que espero que me definan, habré logrado mi propósito.

En concreto, para "Peripecias Inconcebibles" me propuse escribir una novela sobre un subgénero tan conocido y trillado como el primer contacto (o uno de los primeros contactos) con seres alienígenas, que es algo que hasta ahora no había tratado. Pero para intentar proporcionarle un enfoque original, me propuse conjugar lo que pueda tener de verosímil el fenómeno OVNI con los recientes descubrimientos de exoplanetas potencialmente habitables por los seres humanos a una distancia menos de cien años luz (que bajo los efectos relativistas podrian hacer plausible, con la tecnología adecuada y sin romper los pilares básicos de la astrofísica contemporánea, un viaje durante el tiempo de vida de una persona común). Me parecía que históricamente se ha despreciado el fenómeno OVNI por ser tecnológicamente inviable, y al mismo tiempo se ha dado por hecho que el destino de la humanidad es permanecer en el Sistema Solar porque "no hay ningún lugar cercano" en el que poder establecerse. Este libro lucha contra ambos supuestos, y los intenta conjugar de manera plausible, al tiempo que presenta una continua secuencia de peripecias, cada cual más inconcebible que la anterior. Y que espero que la hagan una lectura disfrutable. Aunque les reconoceré que el reto era tremendo, porque como comprobarán si se adentran en ella, en cuanto avancen unos cuantos capítulos verán que establecer cualquier tipo de dialógo que dinamizara la lectura era de todo punto imposible.

No es mi intención ni revelarles más detalles ni aburrirles con cuestiones menores sobre la gestación de este libro. Por supuesto agradecer a familiares, amigos y personas anónimas su apoyo para convertirlo en una realidad. Y expresar especialmente mi gratitud a mi amigo David Fernández por su dedicación a la hora de revisar, corregir y dar sugerencias de mejora a mis manuscritos, muchas de las cuales han formado parte de la versión final del mismo. Dicho lo cual, si alguno de ustedes se anima, aquí les dejo el enlace en el que podrán adquirirla:

"Peripecias Inconcebibles"

Y también los enlaces en los que podrán adquirir mis dos novelas anteriores:

"Nueve Años":














"Usted Podría Ser El Siguiente":














En la próxima entrada volveré a la normalidad, y les reseñaré "El Aprendiz de Guerrero", la siguiente entrega de la saga de Miles Vorkosigan, de Lois McMaster Bujold.

sábado, 31 de agosto de 2024

"Barrayar" (1991). Lois McMaster Bujold

Con la entrada de hoy continúo mi nueva revisión por algunas de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción que aún no habían aparecido (en todo o en parte) por este humilde blog. Sigo hablándoles de la Saga Vorkosigan, y sigo reseñando las novelas que la conforman según el orden cronológico interno de las mismas. Que, como expliqué hace un par de entradas, no es exactamente el recomendado por la autora, pero que a mí me pareció más adecuado. Es el momento, pues, de hablarles de "Barrayar". Un libro que en su momento se alzó con los Premios Hugo y Nébula. Pese a lo cual no la considero una novela redonda, aunque sí superior, por ejemplo, a la anterior entrega de la saga, "Fragmentos de honor" (1986). Y es que se trata de una obra de trama sencilla, que retoma la historia justo en el punto en el que la dejó "Fragmentos...", lenta y derivativa en su primera mitad, más enfocada y disfrutable en su segunda.

En esta entrega Bujold se aleja del concepto canónico de space opera y se acerca más a un relato de intrigas políticas y militares en el planeta Barrayar. Algo que, en mi opinión, afecta negativamente al disfrute de la novela. Y es que el lector se ve obligado a atravesar capítulos en los que apenas sucede realmente nada. Ni a su pareja protagonista (los conocidos Cordelia Naismith y Aral Vorkosigan), ni a los personajes supuestamente secundarios. Este defecto aplica especialmente a la primera mitad de la novela, enredada en revisitar y redimensionar los acontecimientos de "Fragmentos...", a la vez que intenta, sin demasiado éxito, explicar las facciones que se disputan el poder en Barrayar. Tan derivativa y falta de ritmo, que por momentos me hizo cuestionarme si había hecho lo correcto al proseguir con la lectura de la saga.

Afortunadamente, el golpe de Estado en la capital imperial y la consiguiente huída de Cordelia de la Casa Vorkosigan dan comienzo a una segunda parte en la que la impronta de su autora resulta mucho más reconocible: dinámica, repleta de acción, con varias situaciones límite, personajes obligados a recurrir a su ingenio, y hasta marcos escénicos más variados y atrayentes. De suerte que al final mi valoración global de la novela fue favorable. En esta entrega la escritora sigue impregnando de una humanidad imperfecta a la mayoría de sus personajes, y se mantiene fiel a su prosa directa, con predominio de unos acerados diálogos (a veces en el límite de lo verosímil) sobre pretenciosas descripciones. Además, aunque la trama sea bastante simple, Bujold la sabe enriquecer con tres o cuatro giros inesperados que precipitan los acontecimientos durante esa segunda mitad. Y, a diferencia de su antecesora, sí remata el libro con un verdadero desenlace, quizás demasiado fácil para lo temerario del plan de Cordelia, pero emocionante, emotivo y eficaz a la hora de atar cabos.

Regresando a los defectos de esta obra un tanto irregular, aparte de las páginas de relleno en su primera mitad y de su sencillez argumental, lo que más chirría es que, pese a estar concebida para que asistamos a lo que acontece a través de la mirada de Cornelia, a menudo son otros personajes los que reciben toda la atención de la narradora. Y ello puede ser admisible en personajes tan poliédricos como el Sargento Bothari, pero provoca incomodidad y hasta cierto sonrojo en el caso de la historia de amor entre Koudelka y Droushnakovi, tan entrecortada como forzada, y que casi siempre recibe la atención en el momento menos oportuno. Otro defecto menor es que en ocasiones cuesta situar dónde está ocurriendo la acción (habría venido de perlas uno o varios mapas). Y a veces los pensamientos de Cordelia que nos ofrece Bujold se antojan poco naturales.

No obstante, el entretenimiento sin grandes pretensiones característico de Bujold termina prevaleciendo, con pasajes realmente disfrutables como la huída de Cordelia y sus acompañantes por los parajes más inhóspitos del distrito Vorkosigan, o todo lo relativo a su embarazo. Que por cierto, es donde más evidente resulta la preocupación de Bujold por el siempre necesario elemento científico: desde el proceso de transferencia placentaria, pasando por toda la tecnología asociada a la réplica extrauterina, hasta llegar al singular nacimiento. Adicionalmente, Barrayar sirve al propósito de contextualizar las circunstancias en las que vino al mundo Miles Vorkosigan y familiarizarse con el pasado de personajes que también aparecerán en futuras entregas. Y por eso, a pesar de sus fallos, globalmente se trata de una lectura lo suficientemente amena como para seguir dando continuidad a la saga.

sábado, 10 de agosto de 2024

"Fragmentos de Honor" (1986). Lois McMaster Bujold

Con la entrada de hoy continúo con mi nuevo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción. Una continuidad que se traslada a la saga de Miles Vorkosigan, de la estadounidense Lois McMaster Bujold. Saga de la que ya reseñé hace unos días su laureada novela "En Caída Libre" (1988), y de la que hoy voy a seguir hablándoles a través de "Fragmentos de Honor" (1986), una novela que como pueden ver fue escrita con anterioridad a la ya reseñada, pero que en la cronología de la saga se sitúa justo a continuación, razón por la que las he decidido presentar en este orden. Aparte de que, ciñéndonos a su contenido, me parece una novela inferior a la anterior (de hecho, no recibió ninguno de los galardones de su predecesora). Y es que se trata de una obra que arranca muy bien con las escaramuzas entre las expediciones de la Colonia Beta y Barrayar en un planeta ignoto, pero que se va desinflando poco a poco, volviéndose confusa y previsible a partes iguales. Aunque como suele ser habitual en su autora, se deja leer hasta el final.

Sin duda lo mejor de la novela es su primera cuarta parte, en la superficie del planeta Sergyar. Unas páginas en las que abundan las aventuras, las desconfianzas mutuas entre expedicionarios, y la lucha por la supervivencia. Con descripciones precisas y muy visuales, y una tecnología y un entorno aparentemente plausibles, ofrecen entretenimiento en estado puro. Y la evolución que comenzamos a observar en la relación entre la betana Cordelia Naismith y el barrayarés Aral Vorkosigan, su pareja protagonista, aún no cae en obviedades, y está presidida por el honor al que alude el título.

Una vez finalizada esta parte, con la llegada a la lanzadera barrayaresa primero y a la nave General Vorkraft después, la novela muta a otro nivel, más reposado y centrado en cuestiones políticas y militares a la vez que sigue intentando (sin lograrlo del todo) fortalecer de manera natural la atracción mutua entre Cordelia y Aral. Aún hay buenas páginas (desde las intrigas de las diversas facciones para hacerse con el control de la nave hasta las diversas cirugías empleadas en varios personajes), pero ya cuesta seguir las maniobras de los distintos frentes de poder en Barrayar y cuál de ellos defiende cada personaje.

La guerra contra el planeta Escobar que se narra a continuación ya sí adolece de parte de la esperable dosis de acción en una space opera de la estadounidense, y resulta más destacable por el sadismo de Vorrutyer y sobre todo, por las maniobras internas de Vorkosigan para hacerse con el control de la situación y a la vez ejecutar el plan secreto urdido por el emperador. Pero aquí la novela ya se desvía mucho de la que aparentemente había sido su intención original y se centra en demasía en detalles tangenciales, como el Sargento Bothari y sus bastardos, o las complejas explicaciones sobre los distintos bandos barrayareses en liza. Aunque al menos todavía se puede afirmar que siguen sucediendo acontecimientos. Porque en la última pate apenas ocurre nada destacable. Algo inusual en Bujold.

Esa falta de contenido en el último tramo provoca que el interés por continuar la lectura disminuya notablemente. Más aún si tenemos en cuenta que no existe desenlace como tal, sino un simple esfuerzo por atar cabos que, en el caso del dúo protagonista, se vuelve absolutamente predecible (ni su encuentro final ni la posterior regencia causan sorpresa alguna). Pero es que, además, el empeño por realizar una buena caracterización psicológica de su protagonista femenina se viene abajo cuando asistimos al histronismo infantiloide con el que reacciona a la acogida que sus paisanos le dispensan a su regreso a la Colonia Beta, o sus burdas dotes de persuasión cuando, obviamente sin dificultad alguna, logra escapar de Beta y regresar a Barrayar. Si a ello le sumamos la reiteración en los elementos humorísticos (baste con detenerse en cuántos personajes recalcan no haber votado a Freddy el firme), y un último capítulo ("Después de la Batalla") totalmente desligado con el resto de lo narrado y sensiblero en exceso, se comprenderá por qué prefiero "En Caída Libre".

Y es una pena, porque durante su primer tramo la novela prometía, el marco escénico evidentemente podía dar más de sí (como lo pondrán de manifiesto siguientes novelas de la saga), y pese a la amenidad habitual de Bujold, no faltan reflexiones de calado (en especial las relativas a las imágenes públicas preconcebidas, y a cómo la versión idealizada de muchos acontecimientos tiende a imponerse a la real de manera natural). Seguramente la bisoñez de su escritora (que acababa de iniciar su carrera) jugó en su contra, al no acertar a maximizar las virtudes de su creación y sí hacer evidentes sus defectos.

miércoles, 31 de julio de 2024

"En caída libre" (1988). Lois McMaster Bujold

Con la entrada de hoy avanzo en mi recorrido por otras sagas relevantes en la literatura de ciencia-ficción que hasta ahora no habían aparecido (o no en toda su extensión) por este humilde blog. Voy a adentrarme hoy en la conocida como Saga Vorkosigan, o lo que es lo mismo, el personal universo de la estadounidense Lois McMaster Bujold. Saga que recibe el nombre de su protagonista absoluto, Miles Vorkosigan. Si bien debo empezar aclarando que Miles no aparece en todos los títulos de la misma. Y es que estamos ante uno de esos casos en los que la autora fue creando historias a lo largo de los años en un universo coherente de un futuro lejano, con cierta idea de constituir una saga pero sin lanzarse realmente a ello, hasta que llegó a un punto en el que la necesidad de transformar su producció en una saga surgió de manera natural. En estas situaciones llega entonces el momento de cohesionar la saga, o al menos de estructurarla cronológicamente. Que es a lo más que se ha atrevido la autora hasta la fecha. Aunque curiosamente el orden propuesto de lectura de las dieciséis novelas que la conforman no es estrictamente el cronológico, ni tampoco el de escritura. Por eso cuando me decidí a adentrarme en esta serie no respeté su orden propuesto de lectura, y comencé por un título suelto que me había llamado la atención ("Ethan de Athos", 1986). Y cuando llegó la hora de profundizar en ella, me pareció que el orden cronológico era el que más me iba a ayudar a situarme. Por eso la novela que le traigo en esta ocasión es "En caída libre", la más antigua cronológicamente (aunque la decimotercera según el orden de lectura sugerido por la escritora). Novela que, por cierto, se alzó con el Premio Nébula cuando fue publicada, lo que ya denota que nos hallamos ante uno título de cabecera en la saga. Y es que se tratar de una novela que, a partir de una interesante y plausible manipulación genética sobre seres humanos, nos ofrece una lectura amena, mezcla de aventuras y especulaciones, y con una poderosa base científica. Aunque en mi opinión peca de liviana.

Pese a la juventud de Bujold en el momento de escribirla, la obra ya refleja los principales rasgos literarios de su autora: lectura fácil, diálogos directos, continuas aventuras y predominio del entretenimiento sobre la profundidad. Con el añadido en esta oportunidad de un elemento científico muy cuidado y muy presente: desde los agujeros de gusano, pasando por las complejas técnicas de soldadura y ensamblaje a bordo de naves y hábitats espaciales, hasta todos los detalles sobre la construcción imprevista de un espejo vórtice para la nave de Salto. Ciencia-ficción en el mejor sentido del término.

Pero además de la tecnología, la ciencia también está presente desde la misma base de la trama. Me refiero a los cuadrúmanos, seres humanos manipulados genéticamente para tener cuatro brazos en vez de dos brazos y dos piernas, y adaptarse así mejor a las condiciones de gravedad cero. En las cuales se encuentra el hábitat de GalacTech, la superempresa tecnológica que está explotando el planeta Rodeo en torno al cual orbita. El trato que reciben los primeros mil cuadrúmanos a bordo varía según los humanos con los que comparten el hábitat, por lo que cuando el avance del mecanismo de gravedad artificial les convierte en un mero recursos prescindible, el conflicto moral está servido. Y también el motor que dinamice la lectura hasta el final.

Y sin duda Bujold consigue que la novela se lea casi como un best-seller mientras seguimos las decisiones y las peripecias de su protagonista Leo Graf para salvar a sus amigos cuadrúmanos del desolador destino que ha decidido para ellos su antagonista, Bruce Van Atta. El problema de esa amenidad es que, a pesar del premio antes mencionado, se alcanza a costa de no profundizar en muchos de los elementos en juego. Tanto es así que a menudo la novela parece una obra para "young adults". Porque muchas de las reflexiones que jalonan sus páginas se comprenden, pero se habrían beneficiado de un mayor desarrollo. A menudo la acción es demasiado vertiginosa, y la escritora renuncia a relatarnos todo lo que no sea absolutamente imprescindible para seguir la trama. A modo de ejemplo, el rescate del cuadrúmano Tony del planeta Rodeo, que podría haber dado lugar a uno de los momentos de mayor controversia y dinamismo del libro, se narra a posteriori. Y a cambio Bujold dedica ese intervalo temporal de la novela a que la cuadrúmana Silver y la Señora Marchenko hablen sobre violines. Otros defectos menores son algunos pesonajes un tanto arquetípicos (en especial el malo-malísimo Van Atta), una ineptitud más allá de lo razonable en las Fuerzas de Seguridad de Rodeo, una previsibilidad latente desde que Leo toma la decisión de trasladar a los cuadrúmanos, un desenlace por fases en el que el bando de Van Atta tarda una eternidad en dar el todo por el todo, y el empleo innecesario de barbarismos.

En todo caso, el balance final de la novela es francamente positivo, gracias a un marco escénico cautivador y rigurosamente recreado, a la no por conocida menos perturbadora amoralidad de las grandes corporaciones, a los pequeños detalles que reflejan la graudal humanización de los cuadrúmanos (desde la defensa incondicional de sus descendientes hasta el recurso al sexo con los humanos para obtener beneficios materiales o inmateriales), y a pasajes de pleno disfrute, como los pilotajes de Ti a bordo de la lanzadera o la nave de Salto. Por no hablar de un desenlace frenético y en el que los distintos personajes se ven obligados a posicionarse sin excepción frente al dilema cuadrúmano.

domingo, 14 de julio de 2024

"Viaje Alucinante II. Destino Cerebro" (1987). Isaac Asimov

La entrada de hoy me permite saldar una vieja deuda que había contraído con este humilde blog. Porque cuando hace más de una década comencé mi primera revisión de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción, tuve que dejar fuera la Saga de Viaje Alucinante, del afamado escritor estadounidense Isaac Asimov, dado que aunque había leído años atrás ambas novelas, no conservaba anotación alguna sobre la segunda de ellas: "Viaje Alucinante II. Destino Cerebro". Así que fui sincero con todos ustedes al otro lado de la red y, en vez de elaborar una reseña únicamente con lo que retenía en mi mente sobre la misma, la excluí a propósito de dicha revisión. Sin embargo, años más tarde, aprovechando un descanso vacacional, releí la novela que hoy les traigo y, entonces sí, tomé notas abundantes que me permiten hoy reseñar esta más que interesante novela como parte de mi nueva revisión de las sagas en la ciencia-ficción. Y debo adelantarles que a mi modo de ver se trata de una obra injustamente infravalorada del Buen Doctor. Quizá porque con carácter general se da por hecho el menor nivel de sus últimos años de producción, o quizá porque carece de la originalidad que veinte años antes ofrecía la que fue la primera novela de la saga: "Viaje Alucinante" (1966). Pero he de decirles que esta segunda entrega es una obra amena, científica, enriquecida con reflexiones relevantes y ciertas dosis de intriga. Y por tanto, perfectamente asimilable al resto de su producción literaria.

Para mí lo mejor de la novela es, sin duda, lo elaborado y desarrollado de su elemento científico. Aunque hasta donde sabemos la miniaturización sigue siendo imposible, en su nota inicial Asimov confiesa la incomodidad que le producía la forma en que había tratado ciertas cuestiones científicas en la primera novela de la saga (al fin y al cabo, una adaptación literaria por encargo de una película estrenada con anterioridad). Por lo que no es de extrañar el mimo que el escritor pone en esta segunda novela a la hora de conferir rigor a todas estas cuestiones: desde la pretendida relación teórica entre la disminución de la constante de Planck y el aumento de la velocidad de la luz que hace posible la técnica, hasta la recapitulación en las páginas finales sobre las propiedades de los campos de miniaturización, y cómo por ejemplo sí afectan a la interacción gravitacional pero no a la interacción electromagnética. Incluso las habilidades y los roles de los cinco tripulantes de la nave miniaturizada son no sólo razonables sino complementarios desde un punto de vista tecnológico.

Además, Asimov sabe cómo hace una lectura amena una lectura sobre conceptos tan complejos: capítulos cortos, predominio de los diálogos sobre las descripciones y los pensamientos, acontecimientos que no dejan de sucederse, nada de petulancia al escribir, incluso consigue incorporar su tan característico elemento de intriga. Que aquí surge de manera casi natural al ser su protagonista (el fracasado científico estadounidense Albert Morrison) raptado por agentes soviéticos para completar la lista de habilidades necesarias a la hora de introducirse en el cerebro del gran científico Shapirov, ahora en coma. Aunque esta contraposición Estados Unidos - Unión Soviética que sustenta la novela tal vez dé lugar también a su mayor defecto.

Y es que ese antagonismo tan propio de la Guerra Fría es extrapolado por Asimov a nuestro siglo XXI... Y claro, ello provoca irremisiblemente que la pretendida sensación de verosimilitud haga aguas. Lo cual es una pena, porque el escritor exhibe a lo largo de la misma su amplio dominio de ambas culturas, y nos ofrece varias reflexiones respecto a sus diferencias. Pero con otra potencia más pujante que la Unión Soviética en el siglo XXI (viene a la mente China) la novela indudablemente habría ganado. Siguiendo con los defectos, el otro destacable es la ausencia de un plan realista una vez la nave penetre en el cerebro de Shapirov: la presunta ambición de poder captar, no ya sus pensamientos en general, sino sus últimas averiguaciones sobre la miniaturización, resulta por completo descabellada, así que el fracaso de la expedición en este aspecto es en realidad esperable. Otros defectos menores son el surgimiento de una serie de complicaciones que fácilmente podían haberse previsto de antemano (piénsese por ejemplo en la necesidad sobrevenida de tener que renunciar a las comunicaciones con el exterior simplemente para poder dirigir la nave), o también la forma tan repentina en que Sofia Kalinin y Yuri Konve se reconcilian, o incluso la ingenuidad con la que Asimov trata aspectos informáticos (programas que no son secuencias de instrucciones sino objetos físicos, ejecutables únicamente en máquinas concretas).

A cambio, la novela está llena de buenos momentos (desde la propia introducción de la nave en el cuerpo, hasta sus peripecias con organelos primero y con moléculas más adelante). Destacar asimismo las brillantes ideas con las que los distintos miembros de la tripulación consiguen resolver los problemas que van surgiendo, así como las reflexiones geopolíticas, o sobre la ética en la comunidad científica, o incluso sobre el futuro que le puede esperar a la humanidad, y la habilidad con la que Asimov consigue que la expedición sí termine siendo un éxito a otros niveles (desde la verificación de la miniaturización como una técnica válida a nivel intracraneal, hasta la utilización del programa y las averiguraciones de Morrison con el concepto de la telepatía). Todo ello como parte de un final trepidante, con varias sorpresas, y a la vez satisfactorio a la hora de no dejar cabos sueltos. En suma, una lectura recomendable en general y prácticamente imprescindible para todos los que valoren la obra del Gran Maestro.

domingo, 30 de junio de 2024

"Heliconia. Primavera" (1982). Brian W. Aldiss

Con la presente entrada prosigo con la revisión en orden cronológico de algunas de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción sobre las que no había profundizado hasta ahora. Voy a hablarles en esta oportunidad de la "Saga de Heliconia", del británico Brian W. Aldiss. Y lo voy a hacer a partir de la primera novela (en orden de publicación y también de lectura) de la misma: "Heliconia. Primavera". Un título bastante ilustrativo, pues la primera palabra alude al planeta en el que transcurre toda la saga ("Heliconia"), mientras que la segunda se refiere a la estación que comenzará al final de la misma (la primavera). Por lo que a nadie sorprenderá que los otros dos títulos de la misma ("Heliconia. Verano" (1983) y "Heliconia. Invierno" (1985)) sigan este mismo patrón. Un hecho que, además, refleja la monumentalidad de esta extensa saga, que tiene como protagonista absoluto al planeta y a su singular ciclo estacional. Entrando en materia, debo reconocer que hasta que cayó en mis manos, sólo había leído una novela del británico ("Un mundo devastado", 1965), así que afronté la lectura de esta saga con bastante objetividad. Pero después de leer las más de quinientas páginas de "Heliconia. Primavera", me quedé sin ganas de leer más de él. Porque si admitimos que La Saga de Heliconia es de lo más notable de su producción, perdí cualquier interés por conocer otras obras suyas menores. Como ocurre en este caso, con esta decisión tal vez me esté perdiendo un puñado de buenas ideas y un marco fascinante, que en todo caso quedan desaprovechados por una cantidad tremenda de páginas de relleno, una gestión muy pobre del ritmo narrativo, e inesperados recursos a la fantasía más burda.

En mi opinión lo mejor de la novela es, sin duda, el planeta Heliconia. La originalidad de rotar en torno a un sistema estelar binario, con años de cuatrocientos ochenta días respecto a la estrella menor pero de dos mil quinientos años terrestres respecto a la mayor, genera un singular escenario que ofrece múltiples posibilidades. Y en el cual se aprecia el mimo de Aldiss a la hora de imaginarlo y describirlo, proporcionando múltiples detalles sobre sus regiones y continentes (aunque se echa mucho de menos un mapa). Además, es loable su esfuerzo por justificar y caracterizar la biología y la sociología que de él se derivan, como cabría esperar de una novela de ciencia-ficción respetuosa con el elemento científico. Pero, de manera chocante, ese respeto por su marco escénico lo echa por tierra Aldiss con cuestiones tan superfluas como las visitas que realizarán algunos personajes al angustioso mundo de los muertos, con una serie de especies de rasgos completamente inverosímiles, e incluso con elementos tomados de la peor fantasía para adolescentes (de las manidas sociedades medievales de espada y brujería, a una mezcla elementos mágicos, míticos y religiosos mil veces vista), que afean por completo su creación.

Con todo, para mí lo peor del libro son sus fallos desde el punto de vista literario. Tal vez la prosa que emplea Aldiss sea lírica y complaciente en exceso (personalmente me recuerda a la de Robert Silverberg en sus momentos más bajos), pero si conseguimos acostumbrarnos a ella sirve para seguir razonablemente la lectura. El problema es la cantidad de espacio que Aldiss gasta sin necesidad alguna (piénsese por ejemplo en las más de cien que dedica a un preludio del que en realidad luego sólo tomará un par de acontecimientos y un único personaje; un escritor más capaz y más interesado en entretener al lector lo habría despachado como mucho en la décima parte de espacio). Por si fuera poco, a menudo su atención se detiene profusamente en acontecimientos menores de personajes teóricamente secundarios, echando así por tierra cualquier control sobre el ritmo narrativo. Y cuando lleva ya cuatrocientas páginas sin realmente entrar a fondo en nada, de repente se da cuenta de todo lo que se ha extendido de más hasta entonces, y acelera descaradamente el ritmo, lo que provoca que el tramo final desentone por completo de los cuatro quintos anteriores.

Relacionado con lo anterior, otro defecto doloroso es el desaprovechamiento absoluto de la línea narrativa que le ofrece el Avernus, la estación orbital desde la que una misión terrestre observa Heliconia. Ahí estaba el filón de la novela: en la interpretación en tiempo real de lo observado, en los contrastes con los humanos terrestres, incluso en el propósio real de esa expedición. Pero, tristamente, Aldiss la minusvalora tanto que al final parece que el objetivo de la misión fuera simplemente transmitir un serial de telerrealidad por entregas a la aburrida población humana del futuro.

Otros defectos menores pero perceptibles son el uso arbitrario que realiza el escritor de especies inteligentes que van interaccionando con los humanos según la escritura avanza y cree necesitarlas (algunas surgen tan tarde y se describen tan de refilón que la inmensa mayoría de los lectores de la novela sería incapaz de listar todas ellas), una sociedad humana en Oldorando (la villa en la que vive el grueso de los personajes) demasiado parecida a la europea de la Baja Edad Media (podemos mencionar desde el expolio de las ruinas "romanas" hasta la aparición de gremios o la devastación de la peste), unos personajes mayoritariamente arquetípicos y poco originales (la sacerdotisa incomprendida, el gobernante bárbaro, el comerciante sin escrúpulos...) y el discreto aprovechamiento de los episodios dramáticos.

El desenlace, lastrado por ese acelerón que le impide dimensionar convenientemente todos los actores que entran en juego el día del eclipse, apenas sirve para atar cabos de algunos personajes y cerrar determinadas situaciones (hasta el inusitado extremo de dedicar una única frase al destino final de Oldorando). Ni siquiera logra fomentar el interés por la lectura de una segunda parte que evidentemente Aldiss ya tenía en mente, y que, como comprenderán si han llegado hasta aquí, nunca me animé a leer.

lunes, 10 de junio de 2024

"Estrella brillante" (1971). Hal Clement

Con la entrada que hoy les traigo damos comienzo al recorrido que les proponía retomar en mi anterior entrada sobre muchas de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción. Siguiendo como es habitual un estricto orden cronológico, voy a hablarles hoy de "Estrella Brillante", la obra con la que en 1971 el estadounidense Hal Clement convirtió su novela más famosa ("Misión de Gravedad", uno de los mayores clásicos de la ciencia-ficción dura) en una saga, la Saga de Mesklin. Llamada así en honor a los mesklinitas, unos alienígenas que, junto con los seres humanos, comparten el protagonismo de las dos novelas de la saga. Curiosamente, en España la saga se publicó en orden inverso: durante muchos años "Estrella Brillante" fue la única novela disponible para el lector en español, hasta que en los años noventa Miquel Barceló corrigió ese desatino publicando la primera novela, que en Estados Unidos había visto la luz nada menos que diecisiete años antes de su secuela. Lo del orden inverso todavía tendría un pase si la relevancia de "Estrella Brillante" hubiera alcanzado al menos la de su predecesora, pero desgraciadamente no era éste el caso: aunque fue nominada para los Premios Hugo de aquel año, quedaba bastante lejos de los logros de áquella. Y es que se trata de una continuación coherente desde el punto de vista argumental, y sugerente desde el punto de vista especulativo, pero que devalúa los hallazgos de su predecsora y al mismo tiempo potencia sus defectos.

El encaje de la novela respeta el final de "Misión de Gravedad": como acordaron al final de la misma, los humanos fueron transfiriendo a los mesklinitas durante las siguientes décadas parte de sus conocimientos científicos y sus avances tecnológicos, y a cambio ambas especies colaboran en el presente de la novela en la exploración de Dhrawn, un planeta gigante (o una enana marrón, eso es parte de lo que la misión debe determinar) cuyas condiciones de vida en superficie son demasiado extremas para los seres humanos, pero no para los alienígenas. Aspectos como su lenta rotación, su extrema gravedad o la mezcla de amoníaco y agua que compone su atmósfera constituyen un marco escénico cien por cien Clement, tan infrecuente como sugestivo.

Además de este respeto por la primera entrega de la saga, el autor recupera a dos de sus personajes mesklinitas clave: el capitán Barlennan y su primer oficial Dondragmer, y nos cautiva con el Kwembly, un singular vehículo de exploración en el que cohabitan motores de fusión con las más elementales cuerdas y poleas, y a bordo del cual un destacamento mesklinita va recorriendo la superficie de Drawn. Dada su lenta rotación, la órbita geosíncrona sobre la que se localiza la base humana produce una demora de un minuto en las comunicaciones entre el planeta y la estación orbital, y ello propicia lo que en apariencia podría constituir un acierto adicional de esta novela: las especulaciones sobre la comunicación entre dos especies que ya no se encuentran tan distantes desde un punto de vista evolutivo.

He empleado el condicional en mi anterior frease porque en realidad este potencial hallazgo se convierte, en manos de un Clement en horas bajas, en uno de los lastres de la novela: los diálogos entre distintos humanos y mesklinitas pasan a acaparar la mayor parte de la narración, y los acontecimientos se desplazan a un inesperado segundo plano. En realidad, apenas sucede nada en toda la novela: el Kwembly encalla y recupera la movilidad un par de veces, se desvelan parte de los planes de Barlennan de establecer una colonia mesklinita al margen de los humanos, y prácticamente eso es todo. Pero por si esta carencia de sustancia fuera poco, los personajes a bordo de la estación espacial no son simplemente esquemáticos (como cabría prever), sino escasos respecto a las funciones necesarias a bordo, y mayormente inverosímiles. Porque no cabe calificar de otra forma a Benj Hoffman, el chaval de diecisiete años que inusitadamente se comunica con los meskilinitas más que ningún otro humano, y que parece tener todas las buenas ideas a bordo. Ni que sean los tres Hoffman (el matrimonio compuesto por Ib e Easy, más Benj) quienes acaparen todas las discusiones y reflexiones en la nave. Como tampoco la pobreza de medios y la nula capacidad de acierto del meteorólogo McDevitt y sus ayudantes.

Otros defectos perceptibles de este libro son su ritmo narrativo (penalizado además por unos capítulos excesivamente largos para su escaso contenido), el continuo recurso a la ocultación de información entre ambas especies como forma de provocar un no del todo conseguido ambiente de intriga, la dificultad para localizar y reconocer a las diversas expediciones mesklinitas en las distintas partes de Dhrawn, y un desenlace muy pobre: unas cuantas páginas en las que de pronto la narración se acelera tanto que cuesta seguirla, y una mera interrupción apenas aclaratoria en sus últimos párrafos.

Como pueden ver, esta segunda novela deja bastante que desear respecto a su hermana mayor, así que sólo la considero apta para interesados en conocer cómo Clement convirtió su obra más famosa en una saga.

domingo, 26 de mayo de 2024

Nueva revisión: Las sagas en la ciencia-ficción

Una vez concluido mi revisión de los autores y las novelas de referencia del subgénero de la ciencia-ficción dura, voy a retomar un tema sobre el que ya he ido tratando largo y tendido a lo largo de los años: las sagas en la ciencia-ficción. Hace ya más de diez años que les propuse un minucioso recorrido por las que aquel entonces consideraba las sagas más representativas del género. Un recorrido que recibió una excelente acogida, pues aparte de los mensajes de muchos seguidores en varias de sus entradas, y los mensajes privados recibidos al respecto, tal vez influyó en que, un par de años después, mi admirado y desgraciadamente ya fallecido Miquel Barceló dedicara por vez primera una extensa sección a las sagas en su "Ciencia Ficción. Nueva guía de lectura" (2015). O tal vez simplemente me adelanté a la hora de profundizar en un aspecto de este maravilloso género en el que los principales eruditos en España aún no se habían detenido lo suficiente.

Pero en estos once años el género ha seguido aportando nuevas y sugestivas sagas, y por supuesto yo he seguido disfrutando con nuevas lecturas. Por lo cual considero que ha llegado el momento de ampliar la revisión que realicé entonces con otras nuevas sagas, en su mayoría publicadas o expandidas desde entonces. Tal es el caso de la Trilogía Southern Reach, de Jeff VanderMeer, o de la Trilogía de los Tres Cuerpos, de Cixin Liu, que ilustran esta entrada. Es por eso que durante los próximos meses les propongo una revisión de quince sagas, ordenadas cronológicamente, que espero resulte de su interés. Antes de ofrecerles la lista, debo aclarar nuevamente que por "saga" me refiero a una serie de al menos dos novelas (y no de tres, un criterio que aplican algunos estudiosos del género pero que nunca he comprendido, pues deja en el limbo a aquellas series de dos novelas), las cuales comparten no sólo una ambientación y un marco histórico común, sino también un marcado carácter de continuidad argumental entre las mismas. A diferencia de mi primera revisión, que se centraba sólo en autores extranjeros (como luego aclaré en mi entrada de cierre: "Otras sagas de ciencia-ficción en español"), esta vez voy a mezclar indistintamente autores españoles e internacionales, como reflejo de ese gradual equiparamiento entre las creaciones dentro y fuera de nuestras fronteras. Y por último, les recuerdo que mi acercamiento al género es el de un mero aficionado, por lo que no voy a proceder a una revisión exhaustiva de todos y cada uno de los títulos que las conformen; simplemente me detendré en aquellas novelas que despertaron en mí el interés suficiente para ser leídas. Como tal vez me hayan escuchado decir, ya saben que el tiempo de todo lector es limitado, y por tanto, mejor dedicarlo a lo que más nos pueda interesar.

A continuación les ofrezco la lista de esas quince sagas que voy a reseñar en mis próximas entradas, ordenadas cronológicamente. Como hice en su momento, dedicaré una entrada para cada una de las novelas que la conforman. Como en algunos casos ya las habré reseñado, simplemente añadiré un hiper-enlace a la entrada original por completitud:

Hal Clement - Saga de Mesklin (1954 - 1971):
* "Misión de Gravedad" (1954)
* "Estrella Brillante" (1971)

Isaac Asimov - Saga de Viaje Alucinante (1966 - 1987)
* "Viaje Alucinante" (1966)
* "Viaje Alucinante II. Destino Cerebro" (1987)

Brian W. Aldiss - Saga de Heliconia (1982 - 1985)
* "Heliconia. Primavera" (1982)
* "Heliconia. Verano" (1983)
* "Heliconia. Invierno" (1985)

Lois McMaster Bujold - Saga de Vorkosigan (1986 - 2018)
* "En caída libre" (1988)
* "Fragmentos de honor" (1986)
* "Barrayar" (1991)
* "El Aprendiz de Guerrero" (1986)
* "El Juego de los Vor" (1990)
* "Cetaganda" (1996)
* "Ethan de Athos" (1986)
* "Fronteras del Infinito" (1989)
* "Hermanos de Armas" (1989)
* "Danza de Espejos" (1994)
* "Recuerdos" (1996)
* "Komarr" (1998)
* "Una Campaña Civil" (1999)
* "Inmunidad Diplomática" (2002)
* "Criópolis" (2010)

Juan Miguel Aguilera y Javier Redal - Saga de Akasa-Puspa (1988 - 2005)
* "Mundos en el Abismo" (1988).
* "Hijos de la Eternidad" (1990).
* "El Refugio" (1994).
* "En un Vacío Insondable" (1994).
* "Mundos en la Eternidad" (2001). Sólo Juan Miguel Aguilera.
* "Mundos y Demonios" (2005). Sólo Juan Miguel Aguilera.

Vernor Vinge - Saga de las Zonas de Pensamiento (1992 - 2011)
* "Un Fuego sobre el Abismo" (1992).
* "Un Abismo en el Cielo" (1999).
* "The Children of the Sky" (2011).

Robert J. Sawyer - El Paralaje Neanderthal (2002 - 2003)
* "Homínidos" (2002).
* "Humanos" (2003).
* "Híbridos" (2003).

Dmitry Glukhovsky - Saga Metro (2005 - 2015)
* "Metro 2033" (2005).
* "Metro 2034" (2010).
* "Metro 2035" (2015).

Félix J. Palma - Trilogía Victoriana (2008 - 2014)
* "El Mapa del Tiempo" (2008).
* "El Mapa del Cielo" (2012).
* "El Mapa del Caos" (2014).

James S. A. Corey - Saga The Expanse (2011 - 2021)
* "El Despertar del Leviatán" (2011).
* "La Guerra de Calibán" (2012).
* "La Puerta de Abadón" (2013).
* "La Quema de Cíbola" (2014).
* "Los Juegos de Némesis" (2015).
* "Las Cenizas de Babilonia" (2016).
* "El Alzamiento de Persépolis" (2017).
* "La Cólera de Tiamat" (2019).
* "La Caída del Leviatán" (2021).

John Scalzi - Saga de la Vieja Guardia (2005 - 2015)
* "La Vieja Guardia" (2005).
* "Las Brigadas Fantasma" (2006).
* "La Colonia Perdida" (2007).
* "La Historia de Zöe" (2008).
* "La Humanidad Dividida" (2013).
* "El Final De Todas Las Cosas" (2015).

Jeff VanderMeer - Trilogía Southern Reach (2014 - 2014)
* "Aniquilación" (2014).
* "Autoridad" (2014).
* "Aceptación" (2014).

Cixin Liu - Trilogía El Problema de los Tres Cuerpos (2015 - 2018)
* "El Problema de los Tres Cuerpos" (2015).
* "El Bosque Oscuro" (2017).
* "El Fin de la Muerte" (2018).

Brandon Q. Morris - Saga de la Luna Helada (2019 - 2022)
* "La Misión Encélado" (2019).
* "La Sonda Titán" (2019).
* "Encuentro en Ío" (2021).
* "Regreso a Encélado" (2021).
* "La Catástrofe de Júpiter" (2021).

Octavia E. Butler - Saga de las Parábolas (2021)
* "La Parábola del Sembrador" (1993).
* "La Parábola de los Talentos" (1998).

Martha Wells - Saga de los Diarios de Mathabot (2019 - 2026)
* "Sistemas Críticos" (2019).
* "Condición Artificial" (2019).
* "Protocolo Rebelde" (2025).
* "Estrategia de Salida" (2026).

Brandon Q. Morris - Saga Nación de Marte (2020 - 2021)
* "Nación de Marte. Parte 1" (2020).
* "Nación de Marte. Parte 2" (2021).
* "Nación de Marte. Parte 3" (2021).

Adrian Tchaikovsky - Saga de La Arquitectura Final (2022 - 2024)
* "Huérfanos de la Tierra" (2022).
* "La Mirada del Vacío" (2023).
* "Amos del Nospacio" (2024).

Y para que esta entrada pueda servir también de índice, adjunto aquí la que será la lista final, integrada por las revisiones que realicé entre 2013 y 2015, y de 2024 en adelante, de todas las sagas que he ido reseñando a lo largo de los años y que están disponibles para ustedes en este mismo blog. Nada menos que treinta y siete sagas que abarcan ochenta años de género:

Isaac Asimov - Saga de La Fundación (1942 - 1993)

Alfred E. Van Vogt - Saga de Los No-A (1945 - 1984)

Isaac Asimov - Saga de El imperio (1950 - 1952)

Frederik Pohl - Saga de los Mercaderes (1952 - 1984)

Hal Clement - Saga de Mesklin (1954 - 1971)

Isaac Asimov - Saga de Los robots (1954 - 1985)

Walter M. Miller Jr. - San Leibowitz (1960 - 1997)

Frank Herbert - Las crónicas de Dune (1966 - 1985)

Isaac Asimov - Saga de Viaje Alucinante (1966 - 1987)

Larry Niven - Saga de Mundo Anillo (1970 - 2004)

Philip José Farmer - El Mundo del Río (1971 - 1983)

Larry Niven y Jerry Pournelle - Saga de los Pajeños (1974 - 1993)

Gregory Benford - Saga del Centro Galáctico (1976 - 1995)

Frederik Pohl - Saga de los heechee (1977 - 1990)

Robert L. Forward - Saga de los Cheela (1980 - 1985)

Joe Haldeman - Trilogía de los Mundos (1981 - 1992)

Brian W. Aldiss - Saga de Heliconia (1982 - 1985)

Vernor Vinge - Saga de las burbujas (1984 - 1986)

Lois McMaster Bujold - Saga de Vorkosigan (1986 - 2018)

Juan Miguel Aguilera y Javier Redal - Saga de Akasa-Puspa (1988 - 2005)

Dan Simmons - Los cantos de Hyperion (1989 - 1997)

Nancy Kress - Saga de los Insomnes (1991 - 1996)

Kim Stanley Robinson - Trilogía Marciana (1992 - 1996)

Vernor Vinge - Saga Queng Ho (1992 - 2011)

Jack McDevitt - Saga de Las Máquinas de Dios (1994 - 2013)

Gregory Benford, Greg Bear, David Brin - Segunda trilogía de la Fundación (1997 - 1999)

Robert J. Sawyer - El Paralaje Neanderthal (2002 - 2003)

Félix J. Palma - Trilogía Victoriana (2008 - 2014)

James S. A. Corey - Saga The Expanse (2012 - 2021)

John Scalzi - Saga de la Vieja Guardia (2005 - 2015)

Jeff VanderMeer - Trilogía Southern Reach (2014 - 2015)

Cixin Liu - Trilogía de los Tres Cuerpos (2016 - 2018)

Brandon Q. Morris - Saga de la Luna Helada (2019 - 2021)

Octavia E. Butler - Saga de las Parábolas (2021)

Martha Wells - Saga de los Diarios de Mathabot (2019 - 2026)

Brandon Q. Morris - Saga Nación de Marte (2020 - 2021)

Adrian Tchaikovsky - Saga de La Arquitectura Final (2022 - 2024)

Espero que estas revisiones, y esta lista final ordenada cronológicamente, les ayude a adentrarse en el singular, complejo, y a menudo fascinante universo de las sagas en la ciencia-ficción. Así que les emplazo a mi próxima entrada.

miércoles, 15 de mayo de 2024

"Proyecto Hail Mary" (2021). Andy Weir

Con la entrada que hoy les ofrezco finaliza mi recorrido en orden cronológico por los autores y las novelas de referencia de la ciencia-ficción dura. Nos hemos adentrado ya en la presente década, que fue cuando se publicó la que es la última novela hasta la fecha del estadounidense Andy Weir. Quien pasa por ser el más relevante autor de ciencia-ficción dura de la actualidad, una apreciación que comparto plenamente. Y es que, a pesar de que sus obras se hacen varios años de rogar, la espera suele merecer la pena, pues el resultado es tan ameno como brillante. Algo que desde luego le aplica a "Proyecto Hail Mary", uno de los mejores exponentes de lo que éste subgénero puede ofrecer actualmente. Y una de las novelas que personalmente más me han gustado de estos últimos años. Se trata de una cautivadora obra sobre una situación dramática para la Tierra, que deviene nada menos que en el primer viaje interestelar de la humanidad y el primer contacto con una especie alienígena. Todo ello con un estilo desenfadado y el máximo rigor científico, los dos pilares que sustentan la bibliografía de Weir.

Weir insiste en algunas de las características que tan bien le funcionaron en su primera novela, "El marciano" (2011): un protagonista que se encuentra solo a millones de kilómetros de la Tierra, una situación desesperada, un estilo literario ameno y desenfadado, y una capacidad fascinante para afrontar con optimismo los más diversos problemas hasta lograr su resolución. Porque lo que a primera vista podría parecer una reiteración poco ambiciosa, en realidad no es tal, pues el escritor introduce en la presente novela dos elementos singulares y relevantes: los astrófagos, que absorben la energía del Sol y amenazan la vida en la Tierra, y el no planificado primer encuentro con una especie alienígena (los eridianos) afectada por la misma amenaza.

Recurriendo a frecuentes flashbacks intercalados con criterio en la línea narrativa presente, Weir va explicando gradualmente cómo la expedición de la que su protagonista Ryland Grace terminó siendo su único superviviente fue concebida, puesta en marcha y ejecutada, pormenorizando todos los detalles que luego permitirán a Grace proseguir con su misión. La cantidad de personajes que fueron aportando ideas para perfeccionar la nave Hail Mary es tal que a veces cuesta situarlos, pero sus contribuciones resultan tan originales como valiosas.

Y es que, como no podía ser de otra manera, el elemento científico raya a gran altura. Presidido por un doble afán de verosimilitud y claridad, el autor va tocando según lo necesita las distintas ciencias involucradas en los acontecimientos. Y les yuxtpone, además, la vertiente ingenieril (encarnada particularmente en Rocky, el único superviviente de la nave eridiana), para transformar leyes y conceptos en artilugios que les permitirán compartir nave, descubrir las taumebas con las que neutralizar los astrófagos, y salir indemnes de la experiencia.

Pocos defectos se le pueden encontrar a una novela tan conseguida. Aparte de esa similitud con "El Marciano" en algunos planteamientos iniciales que mencionaba antes, algunos personajes involucrados en los preparativos resultan demasiado arquetípicos, el buen humor desenfadado de Grace parece excesivo en algunas ocasiones, y en el tramo final habría venido bien algo más de acción. Poco más. A cambio, la novela va de sorpresa en sorpresa, rizando el rizo para ir incrementando el interés del lector sin que en ningún momento parezca inverosímil, hasta llegar a un desenlace emotivo, en el que la decisión que toma Grace tal vez no resulte inesperada, pero en el cual Weir juega con todos los elementos a su alcance para entregar un desenlace que resulta satisfactorio para eridianos y humanos como razas, pero también para sus dos protagonistas individuales.

domingo, 5 de mayo de 2024

"La misión Encélado" (2019). Brandon Q. Morris

Con la entrada que les traigo hoy estoy ya a punto de completar mi recorrido en orden cronológico por los autores y las novelas de referencia del subgénero de la ciencia-ficción dura. Estamos ante un título que se escribió hace menos de una década, y cuya traducción llegó a nuestro país hace apenas un lustro. Es decir, nos hallamos ya frente a uno de los exponentes actuales del subgénero. Se trata de Brandon Q. Morris, que con "La misión Encélado" dio lugar a la que en los últimos años se ha terminado convirtiendo en su saga de la "Luna Helada". Aunque por razones obvias hoy voy a reseñar la entrega que comenzó la misma. Se trata de una novela muy entretenida sobre un tema habitual en el género de la ciencia-ficción (el primer contacto con vida extraterrestre inteligente), pero que en manos de Morris aporta la originalidad de un marco escénico tan poco explotado como Encélado (el sexto satélite más grande de Saturno), y también el rigor científico contemporáneo en su desarrollo.

En un panorama literario anglosajón a menudo tan poco estimulante, en mi humilde opinión, como el de los últimos años (baste recordar a Ann Leckie, Becky Chambers o N.K. Jemisin), se agardece que en otras partes del mundo con menor tradición en el género (en este caso Alemania, pues Brandon Q. Morris es el pseudónimo literario del físico alemán Matthias Matting) surjan escritores cuya misión no es hibridar la ciencia-ficción con otros géneros y con las corrientes de pensamiento mayoritarias, sino evolucionarla a la luz de los últimos hallazgos astronómicos y avances tecnológicos. Algo que el propio nombre de la página a través de la cual Morris se dio a conocer (Hard Science Fiction, que también figura en la cabecera de la edición en español) ya deja meridianamente claro.

Porque como corresponde a toda novela de este subgénero, el elemento científico es el verdadero protagonista de la novela. Los últimos descubrimientos sobre Encélado, con su singular capa de hielo y su océano sumergido bajo ella, lo convierte en un poderoso marco escénico que justifica de sobra una expedición de seis humanos a tan lejano lugar. No se quedan atrás los vastos conocimientos físicos y astronómicos del autor, siempre aplicados con coherencia a la hora de explicar efectos o generar hipótesis. Y al mismo nivel rayan todos los avances tecnológicos de última generación utilizados por el escritor (algunos incluso con mención explícita de las empresas tras ellos), desde los Reactores de Fusión Directa que impulsan la nave nodriza hasta el Valkyrie, el robot explorador y tunelador espacial. Pero semejante despliegue se realiza casi siempre con mesura, sin abrumar al lector y primando en todo momento la narración. De suerte que la exposición en detalle sobre todos estos aspectos científicos se reserva para aquellos lectores que deseen adentrarse en los meritorios y didácticos apéndices finales.

Y es que desde el punto de vista literario la novela no desentona: sabiamente estructurada en dos partes ("El camino" y "El objetivo", de elocuentes títulos), se centra desde el comienzo en Martin Neumaier, mitad alemán y mitad estadounidense, desde que siendo muy joven contempla el lanzamiento de la sonda ELF a Saturno, hasta que es quien establece contacto con la inteligencia alienígena de Encélado. Con una prosa fluida y directa, sin apenas pasajes de relleno (más allá de algún innecesario episodio de formación de Martin en condiciones extremas), va jalonando la historia de suficientes acontecimientos para mantener el interés, y nos ofrece varios momentos especialmente cautivadores, como las salidas extravehiculares o el descenso del Valkyrie.

No es ésta una obra con grandes defectos, aunque sí se aprecian algunos detalles mejorables. El más obvio es que los seis personajes que conforman la tripulación (cada uno de uno de los países más avanzados tecnológicamente hablando de la Tierra) resultan estereotipados en sus rasgos principales y comportamientos. Tampoco resulta del todo fluida la gradual adaptación de Martin a ese papel cada vez más protagonista en la expedición que deberá desempeñar, y fruto de ello es que a veces sus pensamientos nos parezcan poco naturales. El bebé a bordo es un detalle original, pero que en realidad aporta muy poco a la narración, como tampoco lo hace la coincidencia de los acontecimientos finales con las Navidades en la Tierra. Por último, en momentos clave la novela adolece de cierta falta de dramatismo, algo que seguramente otro escritor con más tablas habría conseguido subsanar.

Pese a lo anterior, la lectura resultaría recomendable incluso sin su excelente desenlace: repleto de tensión, se reserva la sorpresa final de no "terminar del todo bien" para sus personajes. Pero es que, además, logra atar todos los cabos y, al mismo tiempo, deja una puerta abierta a una eventual comunicación futura con el ser alienígena. Razones por las cuales les adelanto que no será ésta la última reseña de esta saga que aparecerá por el blog, así que les emplazo a futuras reseñas sobre la misma.

sábado, 20 de abril de 2024

"El bosque oscuro" (2017). Cixin Liu

Continúo avanzando con esta nueva entrada en mi recorrido en orden cronológico por los autores y las novelas más relevantes del subgénero de la ciencia-ficción dura. Transitamos ya por la segunda mitad de la pasada década, que fue para cuando para el lector occidental en general (y español en particular) fue accesible "El bosque oscuro", del chino Cixin Liu. Que en realidad es la segunda entrega de la Trilogía de los Tres Cuerpos, publicada unos años antes en su país de origen, la cual constituye una de las sagas más exitosas de los últimos tiempos en todo el planeta a nivel de crítica y público. En realidad, la novela que debería haber figurado como parte de esta lista debería haber sido "El problema de los tres cuerpos", que fue la que inició la trilogía. Pero dado que ya la reseñé en su momento, y que el peso del componente científico en esta segunda entrega es al menos tan alto como el de su predecesora, me pareció natural su inclusión en mi lista de novelas de ciencia-ficción dura. Y es que a pesar de cierta dispersión narrativa, y de sus apreciables páginas de relleno, se trata de una novela repleta de grandes ideas y brillantes especulaciones, muy elaborada desde el punto de vista científico, y de resultado exitoso a pesar de su innegable ambición. Hasta el punto de la que considero superior a la primera entrega.

Debo comenzar aclarando que para poder disfrutar de las virtudes de esta novela es conveniente tener muy presentes los acontecimientos de su predecesora, porque Liu no se esfuerza en sintetizarlos. Y también estar dispuesto a resistir una primera parte muy larga (casi 200 páginas) sin ninguna estructuración en capítulos que facilite la lectura, y de contenido irregular. Centrada en la original figura que constituyen Los Vallados (cuatro personas que resultan constituir la única solución que encuentra la humanidad para elaborar un plan de defensa frente a la invasión trisolariana que no pueda ser interceptado por sus todopoderosos fotones), sus bruscos saltos narrativos, el llamativo volumen de pasajes de relleno (basta recordar todo lo relativo a los tres vecinos de Pekín, o las ensoñaciones de Luo Ji con su mujer idealizada), así como las excesivas líneas argumentales, echan por tierra instituciones verosímiles (el Consejo de Defensa Planetaria, la Fuerza Espacial), buenas ideas (los diferentes planes elaborados por los Vallados), y dos buenos personajes (el detective, recuperado de la primera entrega, Da Shi, y el principal protagonista, el astrónomo Luo Ji).

La segunda parte, algo más breve y ya con algunos capítulos que le confieren cierta estructura, resulta más amena, y es clave tanto para que los desvalladores neutralicen los planes de los Vallados como para que Luo Ji elabore su plan (la posteriormente famosa maldición). Liu alterna en ella algunos personajes conseguidos (incluso los secundarios), con otros francamente desacertados (como el inaprehensible Zhang Beihai, o el irritante Rey Díaz). Y la trama todavía no termina de fluir con la naturalides deseable, aunque se aprecian la dimensión cósmica y los retos tecnológicos del atrayente escenario planteado.

La tercera parte, además de la más extensa, es la que da título al libro, e indudablemente la más lograda. Dando una salto en el futuro hasta poco antes de que la primera sonda trisolariana (la "gota") llegue al Sistema Solar, comienza con la deshibernación de Luo Ji. Ello le permite a Liu fascinar al lector con una sociedad del siglo XXIII de exhultante optimismo, de ciudades subterráneas arbóreas y comodidades inimaginables bien cimentadas desde el punto de vista tecnológico. Un panorama sobre el cual el escritor sabe sacar partido al contraste de ideas y modos de vida entre los oriundos de esa época y los hibernados. Y con los múltiples intentos de asesinato a Luo Ji consigue generar una tensión que hasta entonces se había echado en falta, pero que ya no desaparecerá durante el resto de la novela.

No obstante, a pesar de la sofisticada tecnología propuesta por Liu para contrarrestar a los invadores, y de las brillantes especulaciones sobre los rasgos comunes a cualquier civilización inteligente de la galaxia, esta parte tampoco termina de resultar redonda. La razón principal es que Liu finge mal que la misión real de la "gota" es arrasar la flota humana, y se recrea excesivamente en su destrucción. Asimismo, la rapidez y facilidad con que Luo Ji se convierte de pronto en uno de los principales líderes de la sociedad, para luego ser defenestrado con la misma rapidez, resulta muy poco convincente. Como tampoco lo es el comportamiento de Zhang Beihai a bordo de la Selección Natural. Pero el Proyecto Nevado con el que, sin llamar la atención, Luo Ji logra redimirse, así como las explicaciones finales sobre la interceptación del sol y la maldición sobre el planeta 187J3X1, inclinan el desenlace hacia el lado favorable de la balanza.

Más interesante que entretenida, más científica que literaria, más especulativa que disfrutable, excesivamente lírica en ocasiones para el lector occidental, "El bosque oscuro" es una novela que requiere un esfuerzo consciente. Pero si se le pone cierto empeño, todo lo que encierra a nivel astronómico, bélico, tecnológico y especulativo causa una poderosa impresión en el lector. Y eso es algo difícil de conseguir en un género tan trillado después de un siglo de historia como la ciencia-ficción.

"Amos del Nospacio" (2024). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada concluyo (incluso con los añadidos de última hora) mi segundo recorrido por las sagas más relevantes para el lector...

Translate