Con la presente entrada continúo con mis "añadidos" a mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español, el cual inicié dos años atrás. Porque sigo reseñando la saga de Los Diarios de Matabot, de la escritura estadounidense Martha Wells. Saga que sigue siendo ampliada por la Editorial Hidra mientras que escribo estas entradas, por lo que está de plena actualidad. Y que pasa por ser una de las mejores de los últimos tiempos. Hoy les voy a hablar de "Condición Artificial", su segunda entrega, también una novela corta que, a diferencia de su predesora, no se alzó con ninguno de los grandes premios del género. Algo que ya nos puede servir de indicación de lo que encierran sus páginas. Y es que se trata de una novela válida para conocer mejor a matabot, el protagonista absoluto de la saga, y para comprender mejor sus puntos de vista y sus reacciones, y con las suficientes dosis de intriga y acción, pero con una trama muy endeble, y la repetición de varios de los defectos de "Sistemas Críticos".
Quizá lo más destacable de esta segunda novela sea el añadido de un nuevo compañero de aventuras, que como matabot también es una Inteligencia Artificial. TIG (acrónimo de Transporte de Investigación Gilipollas, sí, han leído bien) es un aliado casi tan singular como el propio matabot, y las conversaciones entre ambos y la manera como se complementan para intentar entender (e indirectamente, cuestionar) a la raza humana, lo mejor y más original de este segundi libro. Porque el resto de lo que encierran sus páginas es básicamente el ahondamiento tanto en las características de matabot como en el episodio desagradable de su pasado que apenas recuerda pero que le hizo adoptar su inquietante sobrenombre.
No quiere lo anterior decir que hayan desaparecido las principales virtudes de "Sistemas Críticos", pues no es el caso: aquí seguiremos disfrutando de una narración en primera persona irónica, ácida y obsesionada con el visionado de las series de ficción creadas por los humanos, la complejidad de la exploración espacial (agravada especialmente por las implecables y omnipresentes aseguradoras), varios marcos escénicos razonablemente llamativos, frecuentes pasajes de humor, algún episodio de aventura y, en un segundo plano pero digno de ser mencionadas, reflexiones sobre lo doloroso de la soledad incluso para constructos como matabot, el sentido del yo, o la ansiedad social. Hasta ahí, todo bien.
El problema es que el argumento, que ya adolecía de simple en la primera entrega, resulta, si cabe, aún más endeble en "Condición Artificial". Por eso la novela tarda casi tres capítulos completos de los nueve que la conforman en arrancar, y por eso, cuando lo hace, lo que se supone que la va a sostener (el regreso a RaviHyral, para que matabot intente averiguar qué hizo él realmente y por qué en la mina de Ganaka), se ve interrumpido por una historia secundaria en la que terminará por dar protección a un grupo de tres trabajadoras humanas en peligro. Da toda la impresión de que Wells se da cuenta de que con la revisitación de los hechos de Ganaka no tiene suficiente para cubrir la extensión de la novela corta, y tira de oficio con esa segunda línea narrativa, pero nunca la llega a integrar bien con la principal (pues sus interrupciones son imprevisibles), aunque es la que aporta los más bien escasos episodios de acción.
Además, contra lo que cabría esperar, la autora no aprovecha esta segunda novela para pulir algunos de los defectos de la primera. Así que en ella nos encontramos de nuevo con unos personajes secundarios (sobre todo el trío femenino) realmente esquemáticos, con sus dificultades a la hora de presentar las implicaciones de determinados conceptos de los campos de la telecomunicación o la informática (son habituales los pasajes en los que Wells tiene que interrumpir la narración para proporcionar las imprescindibles aclaraciones técnicas que permitan comprender los hechos, y aun así se lía un poco en alguna ocasión), con una ambientación que, pese a ser ya más conocida para el lector, sigue pecando de espartana, con la reiteración hasta el hartazgo de alusiones a las series que tanto disfruta matabot, y con el innecesario abuso de barbarismos (baste pensar lo simplona y en realidad poco graciosa que es la "G" de TIG).
Con lo que el resultado final es una novela que cumple sin más, que pierde el factor sorpresa de la primera sin que sus novedades lo compensen, que cierra sin tensión alguna las averiguaciones de matabot sobre su pasado, y que, por lo tanto, concluye con un desenlace simplemente correcto a partir de su historia secundaria, y que deja con la incómoda sensación de ser un relato largo estirado para ir alargando la saga sin gastar demasiado pronto sus bazas, y sin el carisma suficiente como para realmente brillar como una novela de la misma. Pero también con la sensación de que a nada que Wells aumente el contenido y potencie la intensidad e sus tramas, la saga irá dando mucho más de sí. Que fue la razón por la que continué con la lectura de la misma.

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