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domingo, 14 de julio de 2024

"Viaje Alucinante II. Destino Cerebro" (1987). Isaac Asimov

La entrada de hoy me permite saldar una vieja deuda que había contraído con este humilde blog. Porque cuando hace más de una década comencé mi primera revisión de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción, tuve que dejar fuera la Saga de Viaje Alucinante, del afamado escritor estadounidense Isaac Asimov, dado que aunque había leído años atrás ambas novelas, no conservaba anotación alguna sobre la segunda de ellas: "Viaje Alucinante II. Destino Cerebro". Así que fui sincero con todos ustedes al otro lado de la red y, en vez de elaborar una reseña únicamente con lo que retenía en mi mente sobre la misma, la excluí a propósito de dicha revisión. Sin embargo, años más tarde, aprovechando un descanso vacacional, releí la novela que hoy les traigo y, entonces sí, tomé notas abundantes que me permiten hoy reseñar esta más que interesante novela como parte de mi nueva revisión de las sagas en la ciencia-ficción. Y debo adelantarles que a mi modo de ver se trata de una obra injustamente infravalorada del Buen Doctor. Quizá porque con carácter general se da por hecho el menor nivel de sus últimos años de producción, o quizá porque carece de la originalidad que veinte años antes ofrecía la que fue la primera novela de la saga: "Viaje Alucinante" (1966). Pero he de decirles que esta segunda entrega es una obra amena, científica, enriquecida con reflexiones relevantes y ciertas dosis de intriga. Y por tanto, perfectamente asimilable al resto de su producción literaria.

Para mí lo mejor de la novela es, sin duda, lo elaborado y desarrollado de su elemento científico. Aunque hasta donde sabemos la miniaturización sigue siendo imposible, en su nota inicial Asimov confiesa la incomodidad que le producía la forma en que había tratado ciertas cuestiones científicas en la primera novela de la saga (al fin y al cabo, una adaptación literaria por encargo de una película estrenada con anterioridad). Por lo que no es de extrañar el mimo que el escritor pone en esta segunda novela a la hora de conferir rigor a todas estas cuestiones: desde la pretendida relación teórica entre la disminución de la constante de Planck y el aumento de la velocidad de la luz que hace posible la técnica, hasta la recapitulación en las páginas finales sobre las propiedades de los campos de miniaturización, y cómo por ejemplo sí afectan a la interacción gravitacional pero no a la interacción electromagnética. Incluso las habilidades y los roles de los cinco tripulantes de la nave miniaturizada son no sólo razonables sino complementarios desde un punto de vista tecnológico.

Además, Asimov sabe cómo hace una lectura amena una lectura sobre conceptos tan complejos: capítulos cortos, predominio de los diálogos sobre las descripciones y los pensamientos, acontecimientos que no dejan de sucederse, nada de petulancia al escribir, incluso consigue incorporar su tan característico elemento de intriga. Que aquí surge de manera casi natural al ser su protagonista (el fracasado científico estadounidense Albert Morrison) raptado por agentes soviéticos para completar la lista de habilidades necesarias a la hora de introducirse en el cerebro del gran científico Shapirov, ahora en coma. Aunque esta contraposición Estados Unidos - Unión Soviética que sustenta la novela tal vez dé lugar también a su mayor defecto.

Y es que ese antagonismo tan propio de la Guerra Fría es extrapolado por Asimov a nuestro siglo XXI... Y claro, ello provoca irremisiblemente que la pretendida sensación de verosimilitud haga aguas. Lo cual es una pena, porque el escritor exhibe a lo largo de la misma su amplio dominio de ambas culturas, y nos ofrece varias reflexiones respecto a sus diferencias. Pero con otra potencia más pujante que la Unión Soviética en el siglo XXI (viene a la mente China) la novela indudablemente habría ganado. Siguiendo con los defectos, el otro destacable es la ausencia de un plan realista una vez la nave penetre en el cerebro de Shapirov: la presunta ambición de poder captar, no ya sus pensamientos en general, sino sus últimas averiguaciones sobre la miniaturización, resulta por completo descabellada, así que el fracaso de la expedición en este aspecto es en realidad esperable. Otros defectos menores son el surgimiento de una serie de complicaciones que fácilmente podían haberse previsto de antemano (piénsese por ejemplo en la necesidad sobrevenida de tener que renunciar a las comunicaciones con el exterior simplemente para poder dirigir la nave), o también la forma tan repentina en que Sofia Kalinin y Yuri Konve se reconcilian, o incluso la ingenuidad con la que Asimov trata aspectos informáticos (programas que no son secuencias de instrucciones sino objetos físicos, ejecutables únicamente en máquinas concretas).

A cambio, la novela está llena de buenos momentos (desde la propia introducción de la nave en el cuerpo, hasta sus peripecias con organelos primero y con moléculas más adelante). Destacar asimismo las brillantes ideas con las que los distintos miembros de la tripulación consiguen resolver los problemas que van surgiendo, así como las reflexiones geopolíticas, o sobre la ética en la comunidad científica, o incluso sobre el futuro que le puede esperar a la humanidad, y la habilidad con la que Asimov consigue que la expedición sí termine siendo un éxito a otros niveles (desde la verificación de la miniaturización como una técnica válida a nivel intracraneal, hasta la utilización del programa y las averiguraciones de Morrison con el concepto de la telepatía). Todo ello como parte de un final trepidante, con varias sorpresas, y a la vez satisfactorio a la hora de no dejar cabos sueltos. En suma, una lectura recomendable en general y prácticamente imprescindible para todos los que valoren la obra del Gran Maestro.

sábado, 19 de mayo de 2018

Los propios dioses (1972). Isaac Asimov

Una entrada más prosigo con la reseña de las novelas ganadoras y nominadas a los premios Nébula durante la década de los setenta que aún no hubieran tenido una entrada independiente en este humilde blog. Voy a hablarles en esta oportunidad de "Los propios dioses", una de las mejores novelas de Isaac Asimov, que quizá siga siendo el escritor más famoso del género en los países de habla hispana. Una novela que vio la luz, además, en la época en la que en menor medida El Buen Doctor se estaba dedicando al género. Y es que desde mediados de los años cincuenta sólo había publicado una novela ("Viaje alucinante", 1966) que además no era enteramente suya, sino la adaptación a novela de la película del mismo nombre. La vinculación de Asimov con el género por aquellos años se limitaba a relatos cortos que escribía ocasionalmente. Hasta que, según contaba en sus muy recomendables "Memorias", empezó a trabajar en un nuevo relato corto cuyo argumento fue requiriendo más y más espacio para explorar todas sus posibilidades, hasta acabar convirtiéndose en la novela que les presento hoy. Una novela que, con toda justicia además, se alzó con el premio Nébula de su año. Y es que "Los propios dioses" es una excelente y ambiciosa obra que cubre con talento varios frentes: un descubrimiento científico que cambia la historia de la humanidad, la primera colonia lunar y, sobre todo, una sociedad extraterrestre con unos alienígenas absolutamente fascinantes.

Para tratar en profundidad estos tres frentes no necesariamente cercanos desde un punto de vista argumental, Asimov estructura la novela en tres partes separadas, pero siempre con el hilo conductor de la Bomba de Electrones: un artilugio que cambia la historia de la humanidad al proporcionar energía infinita y gratuita, y que se basa para ello en la existencia de un parauniverso en el que se produce una transferencia de energía equivalente pero en sentido contrario. Una teoría científica arriesgada pero que Asimov va desarrollando con maestría a lo largo de las tres partes.

Aunque sin duda lo mejor de la novela son los alienígenas que habitan ese parauniverso, a los que Asimov dedica la segunda parte. El tríade de Seres Blandos que conforman el Racional Odeen, la Emocional Dua y el Paternal Tritt resulta en mi humilde opinión una de las mejores entidades alienígenas de la historia de la ciencia-ficción: complementarios, coherentes, magistralmente caracterizados, van evolucionando como seres inteligentes ante los ojos del lector conforme la instintiva necesidad de engendrar una Racional se enfrenta a la gradual comprensión que alcanzan de lo que está sucediendo en el universo humano a causa de la transferencia bidireccional de energía. Y que además rematan el misterio que encierra la segunda parte con una revelación tan original como impactante.

A un nivel inferior pero aún muy alto se sitúa la primera parte, en la que con notable sarcasmo Asimov muestra todas las mezquindades y casualidades que rodean el descubrimiento científico primero y la creación después de la Bomba de Electrones, al tiempo que nos alerta sobre la ceguera perpetua de la humanidad para no ver aquello que no le interesa. Algo más floja es la tercera parte, en la que Asimov tal vez se detiene en exceso en los hábitos y las particularidades de la relativamente nueva colonia lunar, antes eso sí de resolver elegantemente la novela con el recurso a la bomba-cosmeg que en realidad demuestra la existencia de infinitos universos.

La verdad es que poco se le puede reprochar a esta excelente novela, más allá de esas primera y tercera partes ligeramente inferiores a la maravillosa segunda parte. Si acaso, unos personajes humanos con frecuencia menos eficazmente caracterizados que los alienígenas de la segunda parte, y una literatura tal vez demasiado directa, con predominio absoluto de los diálogos. En realidad minucias frente a la inteligencia que desprende todas sus páginas, a lo elaborado del elemento científico, a lo coherente de las soluciones planteadas para la vida en la luna, a las dosis de humor, a la concisión de la novela y a todas las demás virtudes ya mencionadas.

domingo, 11 de septiembre de 2016

El robot humano (1993). Isaac Asimov y Robert Silverberg

Por penúltima vez dedico una entrada a reseñar los principales libros disponibles en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, el estadounidense Robert Silverberg. Voy a reseñar a continuación "El robot humano", tercera y última de las novelizaciones que Silverberg acometió de tres de los mejores relatos cortos de Isaac Asimov. En esta ocasión el relato elegido fue "El hombre bicentenario", escrito en 1976 y galardonado con los premios Hugo y Nébula. Es decir, un inmejorable punto de partida, que sin embargo dio como resultado la más floja de las tres novelas fruto de esta colaboración. En mi opinión "El robot humano" es un trabajo correcto y agradable de leer, pero carente del calado que cabría esperar en estos dos escritores, y por tanto no forma parte de mi lista de sus obras absolutamente recomendables.

Aunque la novela posea muchas virtudes, al terminar la lectura no pude desprenderme de la sensación de haber leído una novela "hecha por encargo", porque toda ella parece presidida por una cierta falta de entusiasmo en su elaboración, pese a que en realidad no existan defectos de altura. Quizá sea una cierta falta de acción o de intensidad derivada de la trama que la sustenta, pero el caso es que esta percepción lastra la lectura.

Y eso que el planteamiento del libro, un robot tan anormalmente capacitado que termina por humanizarse, es tan interesante como plausible. Aunque su longevidad dificulta una interacción prolongada con los seres humanos que le rodean, estos personajes humanos se comportan con total naturalidad, siempre correctamente caracterizados para los cortos lapsos de tiempo en los que por fuerza aparecen. Además, como cabía esperar en una novela firmada por estos dos escritores, los acontecimientos se desarrollan de un modo razonable, sin episodios inverosímiles. De hecho, no faltan episodios emotivos con cada una de las muertes de las que es testigo Andrew: Sir, Little Miss, George...

Otro acierto notable es la reacción de US Robots and Mechanical Men y de la sociedad en general ante la evolución de los robots: las distintas fases por las que atraviesan (integración, rechazo, aceptación...) serán indudablemente un punto de referencia si estas cuestiones se plantean en siglos venideros. Particularmente trascendentes son las especulaciones sobre los rasgos que caracterizan exclusivamente a la especie humana. Y todo ello sin dejar de echar fugaces vistazos a la evolución de la sociedad humana en los próximos siglos (como por ejemplo el desarrollo de la luna y su talante más liberal).

No obstante, conforme se avanza en la lectura se ponen de manifiesto otras dos pegas considerables: la reiteración en el esquema de los distintos episodios (a saber: Andrew va alcanzando estados evolutivos cada vez mayores, y propios de los humanos, pero se siente insatisfecho con lo logrado y plantea una nueva evolución difícil de aceptar por su entorno); y la ausencia casi total de episodios de acción (esencialmente sólo cuando Andrew es amenazado en su intento por ir a la biblioteca). Un tercer punto discutible son los detalles del comportamiento del Andrew más evolucionado, que en mi opinión no se ajustan del todo a las Tres Reyes de la Robótica (por ejemplo las amenazas u órdenes dadas por Andrew).

De todos modos no quiero terminar sin reseñar otros logros que atesora la novela. En primer lugar, cómo la trama enlaza con lo narrado en la mítica antología de relatos "Yo, robot" (incluso con alusiones directas). En segundo lugar, las explicaciones biológicas que va introduciendo Silverberg durante la gradual evolución de Andrew, como cabe esperar en toda obra de ciencia-ficción. Y en tercer y último lugar, el final, no del todo esperable después de tanta evolución robótica, y a la vez un alegato en favor de la imperfección humana.

martes, 9 de agosto de 2016

Anochecer (1990). Isaac Asimov y Robert Silverberg

Una nueva entrada continúo reseñando los principales libros disponibles en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, Robert Silverberg. En esta oportunidad me toca reseñar la primera de las tres novelas que publicó al principio de los noventa junto con el insigne Isaac Asimov. Una pareja de escritores del más alto nivel dentro del género, por lo que las expectativas de su colaboración fueron desde el principio muy altas. Expectativas justificadas además por el proyecto en sí: la novelización a cargo de Robert Silverberg de tres de los cuentos más laureados de Isaac Asimov. En otras palabras, partiendo de tres relatos escogidos por el propio Asimov, Silverberg se encargó de actualizarlos, pulirlos y enriquecerlos hasta convertirlos en novelas bajo la supervisión del Buen Doctor. En el caso de "Anochecer", se trata de un relato corto que Asimov publicó en 1941, y que fue premiado en los Nébula de 1968 como el mejor escrito en el género antes de 1965. Por lo que cuando abordé la lectura de la misma me la esperaba mejor de lo que me pareció, aunque no me llegó a decepcionar. Pero tengo claro que no la incluiría en la lista de las novelas absolutamente recomendables de Silverberg.

Asimov y Silverberg nos muestran la vida de los seres humanos en el planeta Lagash, que al encontrarse en un sistema con seis soles está iluminado de manera continua. Hasta que un equipo de astrónomos y una arqueóloga concluyen que la luz perpetua no es en realidad tal, ya que cada 2049 años se produce un ciclo de oscuridad. Esto da pie a las tres partes en que está dividida la novela: "Atardecer", "Anochecer" y "Amanacer", siendo la segunda la que directamente hereda del relato corto de Asimov, y las otras dos adiciones de Silverberg para convertir el relato en novela. Se trata de una novela relativamente larga para lo habitual en el Silverberg del quinquenio dorado, pero de extensión razonable para la magnitud de los acontecimientos narrados.

Empezando en esta oportunidad por los puntos débiles, hay uno que condiciona especialmente toda la obra: el excesivo parecido de Kalgash a la Tierra. Independientemente de la nota que añadiron los escritores al principio para justificar este parecido y por qué habían renunciado a nombres específicos para designar conceptos conocidos de nuestro planeta, el mimetismo que se percibe refleja en mi opinión una cierta falta de creatividad: los habitantes, la naturaleza, los colores, las instituciones... hasta el modus vivendi de cada personaje es el que presidía la civilización occidental en el siglo XX. Y Kalgash queda así reducido a una "Tierra con seis soles". Por otro lado, y en su afán por abarcar las experiencias de diferentes personajes, la narración se vuelve excesivamente lenta (tanto en las primeras páginas como en muchos tramos de la segunda parte). El último defecto reseñable, a mi modo de ver, es el final: endeble, conformista, y parcial (puesto que sólo tres de los muchos protagonistas de la novela aparecen en sus últimas páginas).

Afortunadamente, a cambio tenemos una buena dosis de lo mejor de estos dos maestros: la fascinante idea del mundo de seis soles, y las consecuencias de la luz perpetua en la civilización, aderezadas con una base científica sólida esperable en Asimov; y el variopinto y entretejido mosaico de personas de "carne y hueso" con sus sentimientos, sus inquietudes, sus interrelaciones... esa introspección que sabe captar como nadie Silverberg. Es curioso, además, que un personaje con una profesión "menospreciada" por ambos autores (Theramon) se convierta, paradójicamente, en el eje de la novela. Y ello sin desdeñar las habituales reflexiones que Silverberg introduce a partir de lo narrado.

Además, como era de esperar, hay pasajes realmente magistrales: cómo terminan encajando todas las piezas que predicen el eclipse, las fatídicas consecuencias de las estrellas para la población civil y, especialmente, la lucha por la supervivencia en el bosque tras la catástrofe, digna de los mejores momentos de un clásico como "El señor de las Moscas", de William Golding. Y todo ello con una prosa de calidad, fluida y a la vez profunda, y unos protagonistas que me atrevo a calificar de "entreñables". Porque a ingenio no se le gana fácilmente a Asimov, y a oficio no se le gana fácilmente a Silverberg.

domingo, 9 de marzo de 2014

Robots e Imperio (1985). Isaac Asimov

Con la entrada de hoy concluyo la reseña de la saga de las novelas de los robots de Isaac Asimov. No sólo eso, concluyo la reseña de todas las novelas de sus tres sagas principales. Asimov sigue siendo uno de mis escritores favoritos y me parece injusto que una parte de la crítica le dé la espalda por su supuestamente baja "calidad literaria" (como si escribir novelas disfrutables, ingeniosas y equilibradas de principio a fin fueran características de los malos escritores). Y de hecho la novela que hoy me ocupa, "Robots e imperio", es con la que Asimov cohesionó sus tres sagas, dando lugar a una única historia del futuro que cubre miles y miles de año del devenir de la humanidad. Lo que ya de por sí haría recomendable su lectura. Pero es que además la novela es una brillante conclusión de la saga de los robots, y en mi opinión la mejor de esta segunda época (y quizá de sus cuatro entregas, en dura pugna con "El sol desnudo").

Ahora bien, debo señalar que por tratarse de una novela de su "segunda época", y como ya he explicado en otras entradas, eso implica una mayor morosidad verbal y cierta desaceleración de los acontecimientos. Posiblemente por eso el comienzo es lo más débil de la novela: en lugar de estar concentradas en unos cuantos años, en "Robots e imperio" han transcurrido 200 años desde "Los robots del amanecer", por lo que Asimov intenta explicar las nuevas situaciones que se han generado en ese tiempo, y para ello tiene que recurrir en varias ocasiones a retrocesos temporales que dificultan un tanto el normal desarrollo de la lectura. Al menos sirven para de esa manera encontrarnos con Elijah Baley, el detectiva protagonista de las tres primeras entregas, durante unas páginas. Porque en su ausencia de Baley las pesquisas detectivescas recaen en dos robots: el sempiterno Daneel Oliwav y el ya conocido Giskard Reventlov. Limitadas por las tres leyes de la robótica y la nueva "ley cero" propuesta por Asimov en esta segunda época, sus investigaciones resultan fascinantes.

Otros aciertos de esta novela son los siguientes: la variedad y calidad de los escenarios, un total de cuatro mundos diferentes (Aurora, Solaria, Baleymundo y Tierra), que dan lugar a las cinco partes de que consta la novela, y que no sólo confirman la habilidad de Asimov a la hora de estructurar sus obras, sino que, con sus rasgos distintivos y las sociedades que los habitan, consituyen por sí mismos un elemento de disfrute de la lectura; la evolución de las tres leyes de la robótica hasta llegar a la psicohistoria, la ciencia que sustenta toda la saga de la Fundación; la incorporación a la saga de nuevos y singulares personajes, que no repiten las personalidades de anteriores protagonistas (como Daneel Giskard Baley, descendiente directo de Elijah Baley, el joven Mandamus...); el excelente episodio del ataque en Solaria; el episodio del discurso, en el que Asimov exhibe su poderoso dominio del lenguaje; el cuidado del elemento científico; la natural evolución de los acontecimientos, que consigue anticipar la aparición del Imperio Galáctico (como el propio título indica, su siguiente saga en orden cronológico) y justificar la perdurabilidad en el tiempo de Daneel, protagonista absoluto de toda la historia futura de Asimov... Toda una serie de virtudes que confirman la gran capacidad como fabulador del Buen Doctor.

Por ponerle algún pero a la novela, quizá quepa reprocharle a Asimov que sus historia futura refleja en demasía la situación global del pasado siglo XX, y cierta tendencia a recrearse en exceso en algunos diálogos meramente analíticos de lo ocurrido en anteriores pasajes. Aunque a veces dichos diálogos sirven para una mejor comprensión de lo narrado por parte del lector.

Debo admitir que conforme avanzaba en la lectura y me aproximaba al final, temía que éste pudiera no estar a la altura del resto de la novela, por la trama tan compleja que Asimov había planteado, pero Asimov la resuelve con maestría, recurriendo, una vez más, al factor sorpresa. Y situando a propósito el final en el planeta Tierra, al igual que haría al año siguiente cuando cerró la saga de la Fundación con "Fundación y Tierra". Un reflejo más de que la novela está cuidada hasta el mínimo detalle, como toda esta estupenda saga que les recomiendo encarecidamente.

domingo, 2 de marzo de 2014

Los robots del amanecer (1983). Isaac Asimov

Retomo con esta entrada la revisión de las novelas de la saga de los robots que merece la pena leer. Como ya he señalado en las dos reseñas anteriores, recomiendo leer la totalidad de la saga, en mi opinión una de las mejores a la que ha dado lugar la ciencia-ficción. Le toca en esta oportunidad a "Los robots del amanecer", la novela con la que Isaac Asimov retomó la saga tras más de un cuarto de siglo de inactividad. Es, pues, la tercera novela de la saga en orden cronológico y también en orden de lectura, así como la primera de las dos novelas de robots que Asimov escribió en los años 80, época de su resurrección como novelista de ciencia-ficción. Una resurrección de la que hablé con detalle al reseñar la saga de la Fundación, y que en el caso de las novelas de robots comparte algunos aspectos ya señalados entonces: un mayor esfuerzo por la caracterización de los personajes, una mayor verbosidad, y al mismo tiempo un intento claramente perceptible por no alterar las señas de identidad de la saga (ambientación, preferencia por los diálogos, elemento de misterio, mantenimiento de la pareja protagonista...). Aspectos que Asimov supo manejar en mi opinión con notable éxito, completando una novela tan atrayente como coherente argumentalmente. Aunque con algunos altibajos.

Y es que el hecho de ser la novela con la que Asimov "reinaguiró" la serie da pie a los mayores defectos de "Los robots del amanecer". Entre ellos, la lentitud de los primeros capítulos, en los que Asimov, además de ponernos en situación, se entretiene en aparentes minuciosas (desde el reenceuntro de Baley con Daneel hasta el denominado "visor espacial"). Además, durante quizá demasiadas páginas sólo se nos ofrece una exigua visión del planeta Aurora: los establecimientos del inventor de robots Han Fastolfe y de la solariana Gladia Delmarre. Tampoco me gustan demasiado la excesiva y hasta impertinente meticulosidad de Baley al comienzo de sus pesquisas y la relativa pérdida de importancia de Daneel, que deja de ser el frío contrapunto del visceral Baley. Si bien a cambio Asimov ofrece el mayor hallazgo de esta novela: el robot Giskard Reventlov, capaz de tomar decisiones por su cuenta, sin consultar a ningún humano, y que por tanto ofrece nuevas e interesantes perspectivas a la serie.

Es indudable que durante la primera mitad de la novela también hay espectos positivos. Entre ellos, la coherencia y la belleza del planeta Aurora, las sucesivas hipotésis que Baley va construyendo y desechando, los acertados diálogos... Pero es a partir del encuentro de Baley con Vasilia Aliena, una de las hijas de Fastolfe, cuando la novela empieza a dar de sí todo lo que se espera de ella: por fin Aurora se muestra en todo su esplendor, la novela se centra en el robotocidio del humaniforme Jander Panell y en la trama urdida en torno a él, vamos conociendo los puntos de vista de nuevos y sugerentes personajes... En especial debo reseñar la habilidad de Asimov a la hora de caracterizar a Kelden Amadiro, el robotista que aboga por la construcción de más robots humaniformes: un ser complejo del que se intuye su maldad sin que en realidad trasluzca nada a través de sus actos.

La lectura se vuelve apremiante con el episodio de la tormenta, de una intensidad muy bien conseguida. Así, mediante una estupenda estructuración en capítulos y el habitual cuidado del Buen Doctor por el elemento científico, se llega al desenlace, que está a la altura de lo esperado: por un lado se resuelve la problemática planteada, mientras que por otro (y un poco más tarde) se desentraña el verdadero Misterio, con mayúsculas. Y todo ello introduciendo ideas y referencias que formarán parte más adelante de la saga de la Fundación, conformando así una interrelacionada y apasionante historia del futuro.

Un último detalle: es una lástima que los primeros traductores de esta novela al español tradujeran "Dawn" por "amanecer" y no por "Aurora". A causa de dicha traducción el potencial lector se pierde una información importante de esta novela (su marco escénico), y gana un título confuso y poco atrayente.

domingo, 9 de febrero de 2014

El sol desnudo (1957). Isaac Asimov

Con la presente entrada prosigo la reseña de las novelas de la saga de Los Robots que merece la pena leer. Que como ya dije cuando reseñé "Bóvedas de acero" hace unos días, son las cuatro que la constituyen. En este caso le toca el turno a "El sol desnudo", la segunda novela de la saga tanto en orden de publicación como en orden de lectura. Y que en mi opinión es ligeramente superior a su predecesora y, por consiguiente, la mejor novela de la primera época de la saga. Voy a intentar argumentarlo.

Antes que nada debo señalar que en este caso más que de una novela de una saga se puede hablar de una continuación en toda regla. Porque poco después de resolver el caso que se les presentó en "Bóvedas de acero", la mítica pareja protagonista (el detective Elijah Baley y el robot R. Daneel Oliwav) viaja a Solaria para investigar el asesinato de Rikaine Delmarre. Solaria es uno de los cincuenta mundos colonizados por la humanidad, y tiene unas características que lo hacen perfecto para que Asimov relate en él una estupenda historia, y además aderezarla con multitud de reflexiones: es un mundo limitado a sólo 20.000 humanos, rodeados cada uno por una inmensa cohorte de robots que se encargan de hacer todas las tareas rutinarias. Por esta razón el contacto entre humanos es muy escaso y el número de sospechosos en caso de asesinato muy limitado. Asimismo, como su título indica, es un planeta que carece de las bóvedas que cubren las ciudades terrestres en el futuro planteado por Asimov, lo que obliga a Bailey a lidiar con su ya conocida agorafobia y hacer frente a los peligros de un hábitat no controlado por los humanos.

Debo prevenir al lector que la novela es de tal calidad que, contrariamente a lo habitual en el Buen Doctor, ese aspecto pesa más que su capacidad de entretener. No quiero decir con ello que sea una novela aburrida, pues no lo es en absoluto, pero en mi opinión sí queda claro que Asimov prima la reflexión sobre el entretenimiento. Así, aunque inicialmente plantea el crimen con el que va a dotar a su novela del habitual elemento de misterio, en lugar de centrarse en las pesquisas detectivescas va ampliando sus pretensiones especulativas mediante la profundización en el verdadero protagonista de la novela: el planeta Solaria. Así, en los primeros capítulos hace algo más que un esbozo de este planeta, recreándose en los condicionamientos sobre los seres humanos que lo habitan. Se trata de una brillante especulación sociológica, tecnológica y hasta filosófica, tanto que por una vez en Asimov muchos personajes son más importantes por lo que piensan o lo que sienten que por lo que hacen.

En contrapartida a tan brillantes reflexiones, la relación entre Baley y Daneel, pilar fundamental de la saga, pasa un tanto a segundo plano, y la sucesión ininterrumpida de capítulos en los que la investigación va avanzando sin acontecimientos inesperados, pueden provocar una cierta lejanía del lector. No obstante, como es habitual en la primera época de Asimov no es una novela larga, y además la amena prosa de Asimov (centrada en sus habituales diálogos), el profundo análisis de las limitaciones de la Primera Ley de la Robótica, y la excelente estructuración habitual de los capítulos (de hecho el título de todos los capítulos comienza con "Donde se...") ayudan a mantener el interés.

A pesar de que como digo la novela funcione a dos niveles separados (el meramente argumental y el especulativo), el final está a la altura de lo esperado: para deleite del lector volvemos a tener las interpretaciones contrapuestas de Daneel y Baley, la confesión del especialista en robots Jothan Leebig, la revelación final de la participación de la esposa de Delmarre (Gladia) en el crimen... Pero sobre todo las reflexiones filosóficas de altos vuelos, en especial sobre el decadente modo de vida de Solaria y la condena que supone para todos los seres humanos a menos que decidan volver a interactuar y cooperen en aras de la innovación.

Les espero en mi revisión de la siguiente entrega de la saga.

domingo, 26 de enero de 2014

Bóvedas de acero (1954). Isaac Asimov

Con "Bóvedas de acero" empiezo la reseña de las novelas de la saga de los robots de Isaac Asimov. Saga que, al igual que la saga de la Fundación (ya reseñada en este mismo blog), se escribió en dos periodos diferentes, el primero en los años cincuenta y el segundo en los años ochenta. En este caso las novelas que conforman la saga deben leerse en el mismo orden en que fueron escritas, que es el siguiente:

Bóvedas de acero (1954)
El sol desnudo (1957)
Los robots del amanecer (1983)
Robots e Imperio (1985)

Sin llegar a la fama extrema de la saga de la Fundación, en mi opinión la saga de los Robots no la desmerece en absoluto. Y sólo le falta algún título señero (como podría ser "Preludio a la Fundación" o "Segunda Fundación") para llegar al mismo nivel de excelencia de aquella. Pero las cuatro novelas que la conforman son absolutamente recomendables, y de hecho literariamente hablando son más homogéneas que las de la saga de la Fundación, en las que la diferencia entre las novelas de los cincuenta y las de los ochenta es claramente perceptible y puede descolocar al lector. Esa mayor homogeneidad se explica principalmente porque tanto "Bóvedas de acero" como "El sol desnudo", las novelas de los cincuenta, no son fix-ups de novelas cortas publicadas anteriormente en revistas del género, sino novelas completas escritas ya con esa intención.

"Bóvedas de acero" se beneficia, además, de la habilidad narrativa que había adquirido Isaac Asimov desde la publicación de sus primeras novelas unos años antes (la trilogía del Imperio, también reseñada en este mismo blog). Asimov se muestra como un escritor que ya domina el formato de la novela, y sin renunciar a sus señas de identidad (estilo directo, predominio de los diálogos, trama que funciona a distintos niveles, elementos de misterio), sabe profundizar mejor en la caracterización de los personajes y en la ambientación de los lugares en los que se desarrolla la acción.

Por ello sin duda el principal acierto de la novela (y por extensión de toda la saga) es el dúo protagonista: Elijah Baley, el detective del departamento de Nueva York en el siglo LI, y R. Daneel Olivaw, el robot de aspecto humano construido por los habitantes de Aurora que se convierte en su compañero inseparable y que, como ya he mencionado en otras reseñas de Isaac Asimov, es el personaje más importante de toda su creación literaria, puesto que desempeña un rol esencial en sus dos sagas más importantes. Y es que, además de bien escogido, el dúo protagonista se complementa perfectamente: a las dudas y vacilaciones de Bailey se le contrapone la capacidad analítica de Daneel, y el lector disfruta con las interrelaciones entre ambos personajes.

El título de la novela proviene de la situación de la Tierra en tan lejano tiempo: los terrestres, en un tiempo colonizadores de otros planetas, se han vuelto agorafóbicos y por ello encapsulan sus ciudades en gigantescas bóvedas. A ellos se oponen los espacianos, los habitantes de los planetas exteriores, que han desarrollado su cultura a partir de las más avanzadas tecnologías. Se genera así el enfrentamiento entre dos cosmovisiones, una en decadencia y otra en auge, tan típico del Buen Doctor, y que supone un trasfondo de altos vuelos para la historia narrada en primer plano: la tarea encomendada a Bailey de resolver el asesinato de un espaciano. Una historia muy bien trazada, plena de lógica, que engancha desde el primer capítulo y que mantiene la tensión hasta el final. En la que tiene un papel destacado las maravillosas tres leyes de la robótica ideadas por Asimov, y las disyuntivas morales que plantea.

Como era de esperar, el elemento científico de una sociedad tan lejana está bien cuidado, y hay detalles que perduran en la memoria del lector, como las aceras móviles y la espectacular persecución que sobre ellas recrea el escritor. Es sólo un ejemplo de la multitud de elementos que pueblan la novela a distintos niveles (corrientes religiosas, superpoblación, desconfianza hacia los robots...) y que logran dotar a la novela de un incuestionable realismo. Que además ha resistido estupendamente el paso del tiempo, pues apenas hay detalles trasnochados y sí la sensación de estar leyendo una novela que sigue siendo actual y hasta novedosa.

Se trata de una obra que apenas tiene defectos. Quizá un ambiente por momentos excesivamente opresivo, una concisión muy de agradecer en general pero que puede ser percibida como un cierto esquematismo para quienes que estén acostumbrados a la morosidad verbal de la novela contemporánea, y un final sorprendente pero un tanto cuestionable. Aspectos, como puede verse, menores frente a las bondades de una novela de la que es complicada encontrar reseñas negativas. Les espero en la revisión de la siguiente novela de la saga.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Un guijarro en el cielo (1950). Isaac Asimov

Con la reseña de hoy completo la revisión de las novelas que recomiendo leer de la saga del Imperio, de Isaac Asimov. Todas, en realidad. "Un guijarro en el cielo" es la tercera novela de la saga por orden de lectura, si bien tiene el honor de ser la primera novela que escribió el Buen Doctor. En 1950 Asimov contaba con 30 años y ya se había ganado una notable reputación como escritor de relatos y novelas cortas, algunos de los cuales se recopilaron en formato libro a partir de 1951, dando lugar a la trilogía original de la Fundación. Sin embargo, "Un guijarro en el cielo" fue su primera incursión real en el género de la novela. Con lo cual, junto a muchas de sus virtudes más reconocibles, en esta novela son apreciables algunos detalles de novelista primerizo. El resultado es una novela alejada de las mejores de su producción, pero de un nivel similar al de "En la arena estelar" y, por tanto, recomendable.

En esta ocasión Asimov deja un tanto de lado las intrigas políticas habituales en otras muchas de sus obras (aunque la trama ya está completamente ambientada en el descomunal Imperio Galáctico) y se fija en vidas aparentemente anodinas para el devenir del Imperio, como su protagonista principal (el sexagenario Joseph Schwartz), el doctor Shekt o los Moran. Pero lo que cautiva al instante al lector es el singularísmo ambiente que proporciona Asimov a la Tierra: radiactiva, despoblada, con un dramático límite para la vida humana en los sesenta años, con organizaciones como la Sociedad de Ancianos, los asimilacionistas... Asimov presenta a la Tierra como el último planeta del Imperio (de hecho el título es una metáfora para designar a la Tierra según su relevancia en el contexto del mismo). Y sin embargo, al mismo tiempo, plantea la por aquel entonces "hipotética" posibilidad de que en ella surgiera la humanidad. Es una muy interesante propuesta especulativa, al tiempo que consigue que el lector se sienta inmediatamente identificado con el punto de vista terrestre, permitiéndole además reflexionar sobre los fanatismos y en general aquello a lo que los nacionalismos extremos pueden dar lugar.

En dicha Tierra radiactiva Asimov sitúa, como en él es habitual, una trama estupendamente estructurada, en la que todo encaja con naturalidad. El Buen Doctor nos muestra la conspiración del planeta Tierra por volver a ser el centro de la Galaxia frente a un Imperio Galáctico con presencia militar en la Tierra, y nos hace ver la desorientación y la mirada crítica de Schwartz al ser trasladado siete mil años adelante desde el siglo XX a ese complejo futuro. Incluso los personajes aparentemente más irrelevantes, como el teniente Claudy, tienen un instante en la novela en el que son determinantes.

Como anticipaba antes, la novela adolece de ciertas lagunas, algunas propias de un escritor inmaduro. El "viaje al futuro" de Schwartz es un artificio literario efectivo, pero la justificación de su viaje en el tiempo es claramente insuficiente. Bel Alvardan, quizá el verdadero protagonista, es un arqueólogo poco convincente, por impulsivo y por desafiante. El recurso a los poderes extrasensoriales de Schwartz es, además de un remedo de la "Segunda Fundación", cuestionable en un escritor al que se le presupone una base científica sólida. Y la personificación de la máxima autoridad terráquea en el binomio Primer Ministro/Balkis, una idea habitual en la obra asimoviana (llevada por cierto a todo su esplendor en "Preludio a la Fundación"), es cuestionable por la figura de Balkis, el auténtico poder en la sombra, que está dominado por un exceso de maldad poco creíble. Si bien es cierto que esta dualidad aporta otra curiosa y plausible interpretación de los acontecimientos.

No obstante, el balance final de la novela es positivo gracias a las habilidades de Asimov como fabulador: emplea una prosa muy concisa (por momentos, demasiado) y crea episodios de gran tensión, como el del encuentro en Chica. Pasajes que, cierto es, no llegaron a un nivel de excelencia tal que los editores le pidieran continuar esta saga en los ochenta (como sí hicieron con sus sagas más reconocidas, las de la Fundación y la de los Robots), pero que justifican de sobra su lectura. Les espero en la revisión de mi próxima saga.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Las corrientes del espacio (1952): Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con la reseña de las novelas de la saga del Imperio, de Isaac Asimov. Sin duda su saga menos conocida, y también la de menor calidad, aunque en mi opinión con un nivel medio más que interesante. Le toca el turno en esta ocasión a "Las corrientes del espacio", última novela escrita para la trilogía aunque segunda en orden de lectura. Una novela indudablemente superior a su predecesora ("En la arena estelar") y en la cual el Imperio Galáctico ya sí es el trasfondo principal (en concreto, durante el ascenso de Trántor desde su carácter potencia regional hasta convertirse en la capital del Imperio Galáctico). Sin la fama de las novelas de la Fundación o de los Robots, "Las corrientes del espacio" es una novela con un nivel similar al de varias de las que constituyen las otras sagas, alejada por tanto del grupo de "obras menores" de Asimov, y con diferencia la mejor de la saga del Imperio.

Son muchas las virtudes de esta obra, si bien a mi entender son dos los las que la hacen especialmente atractiva: su atmósfera de intriga y su ritmo trepidante. Una vez más, Asimov nos muestra su visión del futuro mediante una trama más propia de novela de misterio, con todas sus piezas perfectamente encajadas y sin un párrafo de tregua. Con lo cual es imposible aburrirse.

En cuanto a las reflexiones de alto nivel, la dualidad opresores-oprimidos que se plantea, no por conocida y cercana a los conceptos de racismo y xenofobia pierde su crudeza: el planeta Florina es literalmente un juguete en manos del planeta Sark, el cual lo mantiene ignorante para aprovecharse de su única riqueza: el preciado Kyrt. Un elemento éste, el Kyrt, que condiciona la existencia de toda la Galaxia (y dicho sea de paso, del que Frank Herbert se apropió años más tarde en "Dune", cambiando su nombre por el de melange). Ambos mundos, Florina y Sark, están estupendamente ambientados, con una sabia combinación de elemenotrs rústicos y elementos tecnológicamente avanzados, si bien es cierto que Florina pudo servir de base para los suburbios de Trántor, que Asimov describió con detalle décadas más tarde en "Preludio a la Fundación". Por otra parte, y a pesar de que a menudo se le reprocha a Asimov lo contrario, en mi opinión los personajes principales (Rik, Valona, Terens) están bien caracterizados psicológicamente. Y los "Cinco Señores" le sirven a Asimov para poner de manifiesto las intrigas, los engaños y la vileza que acarrea siempre el poder.

Algunos defectos son los causantes de que "Las corrientes del espacio" no alcance el nivel de clásico. En general son pequeños detalles que no condicionan el desarrollo de la novela, pero que la afean en momentos puntuales. Entre ellos, el excesivo grado de violencia de Terens, quien comete varios asesinatos sin piedad, algo poco habitual en Asimov. También la existencia de personajes con un papel un tanto ambiguo en la historia (Junz, Samia, Bort...). O el recurso a artilugios demasiado inverosímiles, en su afán por recalcar el carácte futurista de la novela. De hecho, a pesar de ese esfuerzo claramente perceptible por dotar de verosimilitud al elemento científico, la propia idea que da lugar al título (la existencia de corrientes de espacio que causan la explosión de estrellas) fue plausible en su momento, pero hace décadas que fue descartada por la astronomía.

Otros aspectos cuestionables son la introducción de un nuevo personaje, Genro, a sólo 75 páginas del final, el extraño arrebato de pasión entre Terens y Samia, que ni siquiera es determinante para el desenlace, cierta previsibilidad en las intenciones ocultas de parte de los personajes, y algunos giros en la historia que pueden parecer un tanto forzados.

No obstante, también son apreciables las virtudes narrativas, no siempre apreciadas por la crítica en la prosa "conceptista" de Asimov. A saber, el recurso en los primeros capítulos a concisos flashbacks que sitúan perfectamente al lector, el relato minucioso de los momentos de mayor tensión, plenos de sorpresas, e incluso varias referencias perfectaemente integradas en la historia al incipiente Imperio Galáctico.

El final es, a mi modo de ver, excelente, conforme a lo que nos tiene acostumbrados el Buen Doctor: todo es presentado en términos de derrota para las distintas partes, pero sin realmente sentenciar a ninguna parte. Una manera ingeniosa de rematar una novela disfrutable, que mantiene la atención hasta el final, y que deja con ganas de leer la última entrega de la trilogía. Que reseñaré en mi próxima entrada.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

En la arena estelar (1951). Isaac Asimov

Con esta entrada empiezo a reseñar la saga del Imperio de Isaac Asimov. Se trata de la menos conocida de sus tres grandes sagas, y en mi oponión, la menos brillante. Lo que sucede es que soy tan ferviente admirador de Isaac Asimov que me parece que tiene un nivel medio más que suficiente como para recomendarla al lector en español. De hecho mi recomendación es leer las tres novelas que conforman esta trilogía, y que en orden de lectura son:

En la arena estelar (1951)
Las corrientes del espacio (1952)
Un guijarro en el cielo (1950)

Dentro de la historia del futuro concebida por Asimov, la saga del Imperio Galáctico se sitúa entre la de los Robots (que reseñaré más adelante) y la de la Fundación (ya reseñada anteriormente), cuyo enfrentamiento con el por aquel entonces ya decadente Imperio es precisamente uno de sus pilares. Sólo por este correcto encaje de la historia futura ya recomendaría su lectura, pero es que además estas tres novelas son las primeras que publicó el Buen Doctor (conviene recordar aquí que la trilogía original de la Fundación, también conocida como el ciclo de Trántor, está constituida en realidad por un conjunto de relatos y novelas cortas publicadas previamente en la revista Astounding). Al respecto de esas primeras novelas, Asimov decía en sus recomendables memorias que, por influencia de su editor, las escribió en un estilo sencillo, pero que sin embargo le reportaron desde su publicación ingresos regulares y le animaron a dedicarse profesionalmente a la escritura.

"En la arena estelar" es la primera novela de la trilogía, aunque en realidad es la segunda novela que escribió Asimov en su carrera, puesto que la primera fue la última de esta saga ("Un guijarro en el cielo"). Se trata, como es habitual en Asimov, de una novela muy bien concebida y mejor llevada, pero con tres defectos: una cierta frialdad narrativa, una excesiva similitud a los pasajes más genuinamente enrevesados de la Fundación (que como digo por entonces aún no se había publicado en formato libro) y, si me permiten la expresión, la hollywoodiana idea de darle vueltas durante toda la novela a un documento que resulta ser la Constitución de los E.E.U.U. Defectos que hacen que en mi opinión sea una de los libros "menos buenos" de Asimov, al mismo nivel que, por ejemplo, "Fundación" (tercer libro de la saga del mismo nombre).

Empezando en esta oportunidad por los defectos, la concisión de la prosa de Asimov, que concentra gran cantidad de peripecias en sólo 200 páginas, provoca una incómoda sensación de alejanía, de acontecimientos que sorprenden pero que no cautivan, e incluso de que todo gira alrededor de una intriga que realmente no termina por resolver gran cosa. Además, da la impresión de que para lanzarse en el género de la novela, Asimov optó por recrear en este formato varios de los hallazgos de las historias cortas de la Fundación (abundan los paralelismos, por ejemplo entre el Mulo y Hinrik Hinriad, o entre el Mundo de la Rebelión y la Segunda Fundación). Por otra parte, resulta obvio que pretende ganarse la simpatía del lector estadounidense mediante la sorpresa final de la Constitución. Y ni siquiera una sola vez aparece citado el Imperio Galáctico, supuestamente la razón de ser de esta trilogía.

Pero por supuesto también abundan las virtudes. Especialmente, la trama: como es costumbre en el Buen Doctor, es preciso jugar al juego de leer entre líneas y dudar de la identidad de cualquier personaje. También el desenlace raya a gran altura: lleno de intensidad, el lector va de revelación en revelación, de instante crítico a instante determinante. A ello se suma un personaje que se aleja del protagonista convencional de Asimov: Biron Farrill es un estudiante universitario demasiado impulsivo, extrañamente violento, románticamente apasionado... Aunque no es menos cierto que el resto de los personajes contribuye a enriquecer los acontecimientos, con un papel destacado de los aparentemente secundarios (caso de Gillbret Hinriad o del coronel Tedor Rizzett).

Merece asimismo destacarse el marco donde transcurre la novela: aunque en el periodo en que transcurre la historia "apenas" hay 1.000 planetas colonizados en la galaxia, el lector disfruta de planetas con personalidades propias, palacios electrónicamente artísticos, naves que potencian la vertiente de aventura del libro... Todo ello enriquecido por unas explicaciones científicas plenamente rigurosas a la luz de la ciencia de hace 70 años (a destacar las concernientes a la búsqueda del mundo rebelión, plenas de lógica astronómico-biologica).

Mi reflexión final es que es una lástima la parquedad en palabras del primer Asimov y la elaboración de una trama un tanto tangencial al auge del Imperio. Con un mejor foco y una mayor morosidad verbal, se trataría de otro clásico y no sólo de una interesante novela.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Fundación y Tierra (1986). Isaac Asimov

Con esta entrada termino la reseña de las novelas de la Fundación que merecen ser leídas (todas, en realidad). "Fundación y Tierra" fue la quinta novela que escribió Asimov para la saga, si bien cronológicamente es la séptima y última. Como su propio título indica, Asimov propone un guiño al lector ambientando el desenlace de la saga en la búsqueda del planeta matriz, la legendaria Tierra. Aunque en realidad el rasgo más característico de la misma es el peso que en ella adquieren los robots, un elemento que Asimov incorporó a la saga durante su segunda época, pero que sólo aquí adquieren una nítida función de conexión con su saga de los robots, personificada en la figura de R. Daneel Oliwav y la consecuente ley cero de la robótica ("Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.").

Aunque no debería ser así, la impresión general de una saga suele venir determinada por la de la última novela que hemos leído de la misma. Afortunadamente, "Fundación y Tierra" es una más que digna manera de rematarla: sin ser la mejor novela de la saga, tampoco es la peor; en mi opinión se encuentra al mismo nivel que "Hacia la Fundación" o "Fundación e imperio", que ya es bastante. A ello contribuye sin duda que Asimov respetó las principales señas de identidad que caracerizan la saga: fiel a la estructuración ya conocida, Asimov la estructuró en siete partes, cada una de ellas titulada a partir del lugar en el que transcurre la acción. Los protagonistas principales siguen siendo los mismos que en "Los límites de la Fundación" (Golan Trevize y Janov Pelorat), lo que garantiza que la novela sigue sosteniéndose principalmente en los característicos y amenos diálogos del Buen Doctor.

Lo cierto es que las primeras páginas del libro (ubicadas en el planeta Gaia) hacen temer una calida similar a la de "Los límites de la Fundación", que como ya comenté hace unos días entretiene pero no apasiona. Asimov intenta en ellas justificar el final un tanto cuestionable de su anterior novela mediante un tema un tanto recurrente: la exaltación de la Galaxia como concepto frente a los seres individuales. Este hecho, junto con un evidente intento de poner en situación al lector, las convierten en las peores de la novela, siendo lo más interesante de las mismas la incoporación de un habitante de Gaia (Bliss), como tercer protagonista de pleno derecho.

Sin embargo, a raíz de la partida hacia Comporellon (segunda parte, hacia la página 50 aproximadamente) vuelve el Asimov de altos vuelos: la trama gana en interés, y además se ubica en unos marcos escénicos fantásticamente concebidos y estratégicamente distribuidos para dar dinamismo a la obra, de manera similar a como haría un par de años después en "Preludio a la Fundación". Así, el lector irá entrando en contacto con el planeta Aurora (del cual proviene Daneel), Solaria, Melpomenia, Alfa, y en última instancia (cómo no), la Tierra. El continuo devenir por los mundos aporta, además, situaciones inesperadas y personajes cautivadores, haciendo que la interrupción de la lectura resulte cada vez más difícil. Además, los periodos de vuelo de un mundo a otro sirven para enriquecer la narración con interesantes elementos del máximo rigor científico en general y astronómico en particular. En otras palabras, auténtica ciencia-ficción.

Así, el lector devora las páginas hasta llegar al final, que no propone un desenlace dramático como otras entregas de la saga, pero sí razonablemente convincente y cohesionado para una serie tan fastuosa. No obstante debo hacer dos precisiones al respecto: primera, que para una mejor comprensión del mismo es recomendable haber leído antes las dos últimas novelas de la saga de los robots ("Los robots del amanecer" y "Robots e Imperio"), y segunda, que en dicho final yo eché de menos una mayor transcendencia final de toda la labor realizada por las dos Fundaciones, pues en mi opinión da la impresión de que la mayoría de las actividades que realizaron ambas a lo largo de las distintas novelas hubieran caído finalmente en saco roto. De hecho, se dice que Asimov siempre tuvo en mente una posible continuación, pero que nunca encontró la manera de hacerla realidad y por eso sus dos últimas entregas fueron precuelas. A raíz de la calidad que en mi opinión desprenden "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", me alegro de que fuera ése el caso.

Les espero en mi próxima entrada con la reseña de la primera novela de una nueva saga.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Los límites de la Fundación (1982). Isaac Asimov

Continúo con mi reseña de las novelas que conforman la saga de la Fundación. Le toca en esta oportunidad a "Los límites de la Fundación". Ocupa el sexto lugar según la cronología de la saga, aunque es la cuarta la novela por orden de publicación, además de la obra con la que el autor la retomó en 1982, más de 30 años después de haber completado el "ciclo de Trántor". Se trata, pues, de una novela especial, que permite comprender muchas de las impresiones que ya he trasladado en revisiones anteriores de la saga. Con lo cual si me permiten voy a empezar la reseña de una manera diferente, recurriendo a las reflexiones que a raíz de la misma escribió Asimov en sus excelentes "Memorias", y dejando para más adelante el contenido de la novela.

Lo primero es confirmar que Asimov no retomó la saga por iniciativa propia, sino por un jugoso adelanto de Doubleday (una de sus editoriales), y que ni siquiera recordaba con exactitud el contenido de lo narrado. Tuvo que proceder a su relectura, venciendo su terror a enfrentarse a lo que le "parecería un texto tosco e inmaduro después de todos estos años". Pero al finalizar la misma experimentó "exactamente lo que los lectores me habían dicho durante décadas, una sensación de furia porque se había acabado y no había más". Por lo cual aceptó el desafío, aun reconociendo que a la trilogía original "le faltaba acción, los problemas y soluciones estaban expuestos fundamentalmente en forma de diálogo, de discusiones racionales planteadas desde distintos puntos de vista, sin indicaciones claras para el lector de qué opinión era la válida y cuál la errónea.". ¿Les suena a lo que han leído en este mismo blog, o a su experiencia personal al leer el ciclo de Trántor?

Así que cuando Asimov empezó a escribir lo que terminaría siendo "Los límites de la Fundación", trató "de conservar el estilo y la atmósfera de las primeras narraciones", se esforzó por "mantener un bajo nivel de acción y subir la fuerza de los diálogos (los críticos se quejan a menudo de esto pero no me importa en absoluto)" y tuvo que "presentar perspectivas racionales equiparables". Es decir, Asimov asumió el estilo de su trilogía con su bueno y con su malo, y lo respetó en la nueva época, aun sabiendo que en la trilogía original lo podría "haber hecho mejor después de haberme tomado unos cuantos años más para aprender mi oficio". El Buen Doctor resume con maestría las características principales de esta segunda etapa, si bien no cita la nueva estructuración en una única historia, ni el mayor volumen de la novela para una mejor caracterización de personajes, lugares y acontecimientos.

Les puedo anticipar que el resultado no es el mejor título de la saga, y sí el más flojo de la segunda época, aunque no llega a defraudar. Quizá lo más flojo sea su primer tercio: de manera inconsciente, Asimov intenta que el lector asimile la "situación actual" de su saga como consecuencia de todo lo ocurrido en los volúmenes anteriores, y por eso los acontecimientos se suceden de forma un tanto lenta y con excesivas referencias. Si bien es cierto que este tramo nos permite familiarizarnos con los dos últimos personajes clave de la saga: Golan Trevize, consejero de la Primera Fundación, y Janov Pelorat, el historiador que lo acompañará en su búsqueda de la Segunda Fundación.

Con las intrigas que surgen en torno a la Segunda Fundación, vuelve a aparecer el mejor Asimov, el de los desarrollos entrelazados, los diferentes puntos de vista y la permanente incertidumbre. Al mismo tiempo que el lector se rinde irremisiblemente ante la evidencia de una trama cada vez más compleja que abarca nada menos que seis siglos y que, sin embargo, sigue resultando sorprendentemente coherente. Es cierto, no obstante, que hacia el segundo tercio la acción llega a un punto en el que no se sabe muy bien por dónde puede continuar, lo que hace que el libro vuelve a perder algo de interés. Afortunadamente en los capítulos finales, y a pesar de que tal vez falte algo de dramatismo, nos encontramos con otro desenlace brillante, en la línea de "Segunda Fundación": una fantástica serie de revelaciones e interpretaciones que, además, dejan la situación preparada para futuros sucesos coherentes. Que Asimov remataría en "Fundación y Tierra".

Termino con un detalle elocuente: tras prácticamente 30 años de sequía "fundacional", "Los límites de la Fundación" supusieron algo inesperado para Asimov: por primera y única vez en su carrera, sus miles de seguidores lograron que su nombre figurara en la lista de los libros más vendidos del New York Times (me refiero a listas globales, no específicas de ficción, o ciencia-ficción). Alcanzó el número 3 nada menos, codeándose con los mayores best-sellers de la época, y estuvo casi medio año entre los más vendidos. Él mismo admitió que, a partir de ese momento, tan incuestionable éxito nunca más le permitiría dejar de escribir novelas. Afortunadamente, añado yo.

sábado, 12 de octubre de 2013

Segunda Fundación (1953): Isaac Asimov

Retomo en esta entrada mi reseña de las novelas de la saga de la Fundación que deben ser leídas (en realidad, todas). Le toca el turno a Segunda Fundación, tercera novela por orden de publicación aunque quinta según la cronología de la saga. Al igual que la anterior novela (Fundación e Imperio), está constituida por dos relatos bastante extensos que se publicaron originalmente de manera independiente: "El mulo inicia la búsqueda" y "La búsqueda la Fundación". Queda claro, pues, que el eje argumental de los dos relatos es esencialmente el mismo: la búsqueda de la misteriosa Segunda Fundación, toda vez que los planes trazados por Hari Seldon mediante la psicohistoria se han visto alterados por el impacto que ha tenido en el devenir de la Fundación el ser mutante conocido como "El mulo".

De las tres novelas que conformaban la saga cuando ésta era solamente "el ciclo de Trántor", ésta es sin duda mi favorita. Y de hecho para mí constituye, junto con "Preludio a la Fundación", las dos mejores entregas de la misma, si bien cada una con las particularidades derivadas de la época en las que las escribió Asimov (los años cuarenta y los años ochenta, respectivamente). Tan alta valoración es consecuencia de su calidad argumental, su capacidad para combinar en una misma novela ciencia-ficción y misterio, y su brillantez a la hora de entrelazar y dar coherencia a tantos años de historia novelada. A ello contribuye el que en esta entrega la narración comience en el mismo punto en el que concluyó Fundación e Imperio. Si bien lo que es realmente irreprochable es la perfección con la que encajan todos los acontecimientos: personajes, actividades... incluso frases que en su momento parecen irrelevantes, son aprovechadas posteriormente como parte determinante de la narración. Basta con recordar aquí a modo de ejemplo la frase "en el otro extremo de la galaxia", que da lugar a que la "La búsqueda de la Fundación" concluya con el desenlace más complejo y fascinante que he leído jamás y probablemente leeré jamás (dentro y fuera de la ciencia-ficción).

Ya la primera novela corta cautiva por la ambientación y por el enfrentamiento (no sólo ideológico) entre el general Han Pritcher y el ambicioso Bail Channis, ambos puestos en escena por mediación de El Mulo. Y aunque hay algún que otro pasaje un tanto errático, todo queda olvidado por el soberbio capítulo final. En cuanto a la segunda novela corta, bastante más larga que la primera, arranca tal vez con algo más de indecisión, y hay unos pocos capítulos en los que sobrevuela el fantasma del desencanto. Pero gradualmente el interés va aumentando en la misma proporción que la complejidad de las acciones de los personajes, cautivando así al lector y conduciendo al clímax ya mencionado en el desenlace. Podría detenerme más en las bondades de la misma, pero inevitablemente estaría restando intriga y desvelando siquiera parte de las conspiraciones que guardan sus páginas, así que me he obligado a mí mismo a dejar la reseña así de genérica por si Vd., amigo lector, aún no ha leído esta maravilla.

Únicamente se me ocurren dos elementos criticables a tan fenomenal novela: el primero es que la protagonista de la segunda novela corta sea la adolescente y en ocasiones un tanto infantiloide Arcadia Darrel, lo que le resta un punto de madurez; y el segundo (que es extensivo a los otros dos libros de la trilogía original) es el innegable esquematismo en el desarrollo. En ocasiones parece que Asimov prima la voluntad de síntesis sobre la creación literararia con mayúsculas. Como ya he comentado en otras reseñas de esta saga, en su defensa hay que entender que por aquel entonces la ciencia-ficción era un género incipiente, que esencialmente sólo se publicaba en unas cuantas revistas especializadas, y que su adaptación al formato novelado se produjo durante la década posterior. En todo caso, sirva esta reseña para prevenir al lector de esta pequeña dificultad de la trilogía original para que, conociéndola, le permita adaptarse a ese esquematismo y disfrutarla en toda su extensión. Sin duda lo merece.

sábado, 5 de octubre de 2013

Fundación e Imperio (1952): Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con las novelas que recomiendo leer de la saga de la Fundación, una de las más relevantes de toda la historia de la ciencia-ficción. Es el turno de "Fundación e imperio", segunda novela por orden cronológico, aunque cuarta argumentalmente hablando. Si recuerdan, en mi anterior entrada ("Fundación"), avisaba de los efectos negativos que en la novela causaba su carácter de fix-up de cinco relatos cortos. Pues bien, el mismo argumento pero en sentido inverso basta a mi modo de ver para que la impresión global de "Fundación e imperio" sea muy superior a la de "Fundación": sólo consta de dos historias.

En efecto, la presente novela la constituyen "El general", que relata en algo menos de 80 páginas el enfrentamiento entre la Fundación y el último gran general del todavía poderoso Imperio Galáctico, y "El mulo", una historia mucho más extensa (casi 150 páginas) sobre un mutante de poderes paranormales que logra crear un imperio con los reinos que bordean la Fundación e inicia una guerra contra la misma. Estas dos únicas historias le permiten a Asimov presentar una narración completa y pensada en su conjunto, con unos personajes fijos y un hilo argumental coherente. Por lo cual se puede profundizar un poco más en las circunstancias, los hechos no se suceden tan vertiginosamente como en la novela anterior, y el lector tiene tiempo de adaptarse a los cambios. Además, en esta novela Asimov da un giro argumental magistral (y no inmediatamente perceptible) al cancelar la hasta entonces innegable sensación de "éxito asegurado" que las predicciones de la psicohistoria y los actos derivados de la misma habían tenido. En otras palabras, el aparentemente perfecto plan de Hari Seldon resulta ser en "Fundación e imperio" falible, lo que enriquece sin duda la trama.

No obstante lo anterior, la primera parte tiene cierto regusto a "cuento", en el sentido mas liviano del término: el desarrollo sigue siendo mucho más esquemático que en las dos primeras novelas de la saga, y los personajes no están tan bien caracterizados como en ellas. Es un relato bien planteado, pero hay detalles como la propia resolución que dan la sensación de estar un poco improvisados. En cambio, el segundo relato, probablemente a causa de su mayor longitud, aporta una mayor riqueza argumental y una mejor caracterización de los personajes. Estas son las dos razones principales por las que, poco a poco, el interés del lector va aumentando, al tiempo que el desmoronamiento gradual de la Fundación le hace plantearse qué tiene en mente Asimov para reflotar su historia. Preguntas que se ven fantásticamente respondidas por Asimov en el deselance: ese elemento de misterio, tan habitual a la vez que tan bien guardado por el Buen Doctor, que se conjuga a la perfección con los ingredientes habituales de la space opera para terminar la lectura con una sensación inmediata de haber leído un clásico.

Es cierto que el estilo literario que emplea Asimov en esat novela, principalmente basado en amenas pero largas conversaciones, es ameno pero carece de la calidad literaria que sí reflejan las novelas con las que completó la saga en su última década de vida (piénsese en su defensa que cuando terminó la segunda historia de esta novela tan sólo tenía 25 años). O que a pesar de basarse en unos pilares razonablemente sólidos desde el punto de vista científico (con la formidable psicohistoria a la cabeza) no hay asomo de ordenadores u otros elementos informáticos. Incluso es cuestionable el recurso a los poderes psíquicos que plantea en "El mulo" (y a los cuales seguiría recurriendo para escribir "Segunda Fundación"), si bien estoy convencido de que tales avances serían indudablemente plausibles si la humanidad llegara a durar tanto tiempo como supone Asimov en su creación. Pero no debemos olvidar que cuando estos relatos se publicaron el hábitat natural del género aún eran las revistas pulp, y que por tanto el género apenas había empezado a hacer hueco para la novela, por lo que esos defectos pierden fuerza frente a una trama que sigue siendo original, fresca, sólida, amena y excelentemente resuelta.

Les espero en la revisión de la siguiente novela de la saga.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Fundación (1951). Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con mis reseñas sobre las novelas que merecen la pena de la saga de la "Fundación" (en realidad, todas, si recuerdan mi entrada original sobre las sagas). En esta ocasión le toca a la novela que da título a la saga: fue la primera publicada como tal por el autor, y aquella con la que se iniciaba el conocido como "ciclo de Trántor" cuando la saga era tan sólo una trilogía. Aunque con las novelas que añadió Asimov a la misma en su última década de vida, ahora se sitúa argumentalmente en tercer lugar.

Voy a empezar con una opinión que será poco menos que una blasfemia para muchos de los aficionados al género: para mí "Fundación" es sin duda la novela más floja de la saga. Empleo el término blasfemia porque para la mayoría de los críticos es un hito en la historia de la ciencia-ficción, y además consideran que la trilogía original es la AUTÉNTICA SAGA (con mayúsulas), siendo las cuatro novelas que añadió a posteriori Asimov meros sucedáneos. Como ya he tenido oportunidad de indicar, discrepo completamente de esa interpretación, y así como "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación" me parecen novelas contemporáneas que expanden el ciclo de manera necesaria y sin sensación de relleno, "Fundación" es una novela original pero por la que se nota que el tiempo sí ha pasado.

El principal motivo para esta impresión es su carácter de fix-up de relatos: la "Fundación" es una colección de cinco relatos cortos que se publicaron por primera vez en un libro de forma conjunta en 1951. Como sabe el buen aficionado del género, esto era algo muy habitual en las primeras décadas del género. Así, cuatro de las historias ("Los enciclopedistas", "Los alcaldes", "Los comerciantes" y "Los príncipes comerciantes") habían sido ya publicadas entre 1942 y 1944 en el mismo orden cronológico que argumental. Y el quinto relato ("Los psicohistoriadores", que es con el que comienza el libro) fue añadido por Asimov para su recopilación en forma de libro.

Es, sin duda, una estructuración muy rigurosa y característica de su autor, además de adecuada para cubrir más de 200 años de la lejana historia futura ideada por Asimov. Asimismo permite, sin entrar en contradicciones de importancia, reflejar la "evolución" de la primera Fundación. Sin embargo, al condensar tantos avatares en poco más de 200 páginas, los relatos pecan de una excesiva abundancia de personajes un tanto esquemáticos y de situaciones expuestas sin mucho detalle, lo que les resta homogeneidad y dificulta un tanto su disfrute, especialmente al ser yuxtapuestos a las dos novelas anteriores de la saga. Por ejemplo, en el primer relato transcurre en Trántor y su protagonista sigue siendo Hari Seldon como en "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", pero con una superficialidad que dista mucho de la cuidada elaboración con que se nos habían mostrado antes.

No obstante, la novela sigue siendo recomendable porque Asimov consigue que su ciencia de su psicohistoria quede razonablemente bien elaborada, y que las predicciones de Seldon sobre el derrumbe del Imperio Galáctico y la necesidad de establecer fundaciones que contribuyan a acortar el periodo de barbarie posterior aparezcan creíbles e influyentes en el desarrollo de la historia que nos presenta. Además, su habilidad narrativa no sólo facilita la lectura, sino que hace que muchos de los relatos obliguen a "leer entre los acontecimientos" para llegar a las conclusiones correctas, siendo así apreciable la auténtica maestría con la que están resueltos. Es el caso de "Los alcaldes" y, en especial, de "Los príncipes comerciantes", cuya mayor longitud (80 páginas) le ayudan a ser en mi opinión el relato más disfrutable de la novela. Y la magnitud espacial y temporal del Imperio Galáctico sigue siendo uno de los mayores elementos de fascinación, con mención especial para el planeta Términus, al que se trasladan los primeros miembros de la Fundación para empezar a recopilar la imprescindible "Enciclopedia Galáctica" con la que inevitablemente se inician cada uno de los relatos (o partes, según la novela) de toda la saga.

Es interesante, además, reseñar que la segunda Fundación, a la que Asimov dedicó atención preferente durante "Hacia la Fundación" no aparece como eje de ninguno de los relatos de este libro, en lo que a mi modo de ver es más una muestra de que Asimov fue enriqueciendo la saga conforme la fue escribiendo, que un olvido intencionado. Afortunadamente, como veremos en próximas entregas, esa sensación de saga en evolución y no del todo elaborada es exclusiva de esta novela, pues en todas las posteriores la sensación que Asimov traslada al lector es la de un (fascinante) todo perfectamente enlazado.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Hacia la Fundación (1993). Isaac Asimov

Tras el paréntesis vacacional, retorno mi actividad en este humilde blog con una de mis sagas favoritas: "la Fundació"n. Que consta de las siguientes 7 novelas (ordenadas tal y como Asimov esperaba que se leyeran):

1) Preludio a la Fundación (1988)
2) Hacia la Fundación (1993)
3) Fundación (1951, aunque el primer relato que la constituye se publicó en 1942)
4) Fundación e Imperio (1952)
5) Segunda Fundación (1953)
6) Los límites de la Fundación (1982)
7) Fundación y Tierra (1986)

Me parece una saga recomendable de principio a fin; ningún título desmerece al conjunto. Y varios de ellos forman parte de mi lista de novelas favoritas del género. Por esa razón ya reseñé la primera novela de la saga, "Preludio a la Fundación" en este mismo blog. Y por eso comienzo ahora el resto de las reseñas de la saga por "Hacia la Fundación".

Aunque argumentalmente es la segunda novela, inmediatamente anterior a la triología que durante 3 décadas conformó exclusivamente la saga (también llamada el ciclo de Trántor), cronológicamente fue la última en ser escrita por el Buen Doctor. De hecho, se publicó como novela póstuma, al año de su muerte, como un sensacional regalo para sus millones de seguidores en todo el mundo. Tuve la inmensa suerte de que cuando vio la luz en España acababa de terminar la lectura de "Preludio a la Fundación", por lo que fui de los primeros en leerla justo en el orden deseado por el escritor. Y debo decir que la lectura no me decepcionó.

La novela está excelentemente estructurada en cuatro partes ligeramente separadas en el tiempo, y mantiene a Hari Seldon, verdadero alter ego de Asimov, como protagonista absoluto a lo largo de la misma, si bien cada una de las partes recibe el título del principal co-protagonista en ellas: Eto Demerzel, Cleon I, Dors Venabili y Wanda Seldon. Trántor, la capital del Imperio Galáctico (y en mi opinión uno de los lugares más fascinantes de la historia de la ciencia-ficción) sigue siendo el marco escénico en el que se desarrollan los acontecimientos, para regocijo del lector.

La primera parte es una auténtica maravilla sobre los ardides de Eto Demerzel (verdadero poder en la sombra del imperio y en realidad el legendario robot asimoviano R Daneel Olivaw) para facilitar que el desarrollo de los acontecimientos se alinee al máximo con la Ley 0 de la Robótica que rige su comportamiento ("Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño."). En manos de un escritor menos talentoso, lo que se narra en esta primera parte hubiera servido para llenar las más de 400 páginas de esta novela, pero aquí los acontecimientos se suceden con tanta agilidad que en apenas 100 páginas Demerzel concluye su función y desaparece misteriosamente.

La segunda parte nos muestra cómo Hari Seldon reemplaza a Demerzel como valido del emperador Cleon I durante sus últimos años de vida. Seldon continúa el desarrollo de su teoría de la psicohistoria, pero le toca vivir en primera persona las evidencias del declive del Imperio Galáctico. Las reflexiones agridulces sobre la pérdida gradual de todo cuanto amamos en la vida se incrementan en la tercera parte, centrada en Dors, la esposa de Seldon, cuya naturaleza no humana se revela finalmente. Así, en la cuarta parte, un anciano Seldon, que también ha perdido a su hijo adoptivo Raych y afronta los últimos años de su vida, se vuelca en su nieta Wanda, quien resulta tener unos poderes mentales que le permiten leer la mente de las personas y en cierta forma empujarlas a hacer algo. Una idea que Asimov desarrollará varias novelas después en "Segunda Fundación".

En "Hacia la Fundación" se pone claramente de manifiesto que varias décadas en el oficio han hecho a Asimov mejor escritor: la caracterización de los personajes principales es muy buena, los párrafos explicativos complementan con mayor vigor sus habituales y amenas conversaciones, la sensación de verosimilitud en la sociedad futura que nos muestra es apabullante y los hallazgos para dotar a su psicohistoria del carácter de verdadera ciencia social, incuestionables. Pero no sólo eso: con "Hacia la Fundación" Asimov da una auténtica exhibición a la hora de atar cabos sueltos y dar coherencia a 50 años de trabajo, emparentando incluso con éxito la saga de "la Fundación" con la de "los Robots". Además, es una acertada visión de la evolución física y mental de un ser humano (Seldon) a lo largo de su vida. Que culmina con un maravilloso epílogo escrito en primera persona por Seldon previa a su fallecimiento, y se cierra con la reseña de la Enciclopedia Galáctica sobre su vida y obra. Una reseña particularmente emotiva, pues es fácil establecer el paralelismo con el propio Asimov y su por entonces inminente muerte.

Es cierto que la última parte pierde algo de fuerza con respecto a las otras tres, hasta el extremo que puede sospecharse que Asimov dejara estructurada esta parte sin llegar a terminarla, y fueran su esposa o su hija quien lo hicieran (o quizá fuera él pero en condiciones de deterioro muy grande). Asimismo, tampoco hay un elemento de intriga que se aclare en el desenlace como es costumbre en muchas de las obras del Buen Doctor. Por eso y por algún otro pequeño detalle en mi opinión esta novela no llega a las excelencias de "Preludio a la Fundación", pero se queda sólo un escalón por debajo, y facilita en gran medida la comprensión y el disfrute del resto de las novelas de la saga. Así que no se la pierdan.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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