domingo, 12 de abril de 2026

"Condicion Artificial" (2019). Martha Wells

Con la presente entrada continúo con los "añadidos" a mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español, el cual inicié dos años atrás. Porque sigo reseñando la saga de Los Diarios de Matabot, de la escritura estadounidense Martha Wells. Saga que continúa siendo ampliada por la Editorial Hidra mientras que escribo estas entradas, por lo que está de plena actualidad. Y que pasa por ser una de las mejores de los últimos años. Hoy les voy a hablar de "Condición Artificial", su segunda entrega, también una novela corta que, a diferencia de su predesora, no se alzó con ninguno de los grandes premios del género. Algo que ya nos puede servir de indicación respecto al nivel de lo que encierran sus páginas. Y es que se trata de una novela válida para conocer mejor a matabot, el protagonista absoluto de la saga, y para comprender mejor sus puntos de vista y sus reacciones, y con las suficientes dosis de intriga y acción, pero con una trama muy endeble, y la repetición de varios de los defectos de "Sistemas Críticos".

Quizá lo más destacable de esta segunda novela sea el añadido de un nuevo compañero de aventuras, que como matabot también es una Inteligencia Artificial. TIG (acrónimo de Transporte de Investigación Gilipollas; sí, han leído bien) es un aliado casi tan singular como el propio matabot, y las conversaciones entre ambos y la manera como se complementan para intentar entender (e indirectamente, cuestionar) a la raza humana, lo mejor y más original de este segundo libro. Porque el resto de lo que encierran sus páginas es básicamente el ahondamiento tanto en las características de matabot como en el episodio desagradable de su pasado que apenas recuerda pero que le hizo adoptar su inquietante sobrenombre.

No quiere lo anterior decir que hayan desaparecido las principales virtudes de "Sistemas Críticos", pues no es el caso: aquí seguiremos disfrutando de una narración en primera persona irónica, ácida y obsesionada con el visionado de las series de ficción creadas por los humanos, la complejidad de la exploración espacial (agravada especialmente por las implecables y omnipresentes aseguradoras), varios marcos escénicos razonablemente llamativos, frecuentes pasajes de humor, algún episodio de aventura y, en un segundo plano pero digno de ser mencionadas, varias reflexiones sobre lo doloroso de la soledad incluso para constructos como matabot, el sentido del yo, o la ansiedad social. Hasta ahí, todo bien.

El problema es que el argumento, que ya adolecía de simple en la primera entrega, resulta, si cabe, aún más endeble en "Condición Artificial". Por eso la novela tarda casi tres capítulos completos de los nueve que la conforman en arrancar. Y por eso, cuando lo hace, lo que se supone que la va a sostener (el regreso de matabot a RaviHyral, para que intente averiguar qué hizo él realmente en la mina de Ganaka y por qué), se ve interrumpido por una historia secundaria en la que terminará por dar protección a un grupo de tres trabajadoras humanas en peligro. Da toda la impresión de que Wells se da cuenta sobre la marcha de que con la revisitación de los hechos de Ganaka no tiene suficiente para cubrir la extensión de la novela corta, y tira de oficio con esa segunda línea narrativa, pero nunca la llega a integrar bien con la principal (pues sus interrupciones son imprevisibles), aunque es la que aporta los más bien escasos episodios de acción.

Además, contra lo que cabría esperar, la autora no aprovecha esta segunda novela para pulir algunos de los defectos de la primera. Así que en ella nos encontramos de nuevo con unos personajes secundarios (sobre todo el trío femenino) realmente esquemáticos, con sus dificultades a la hora de presentar las implicaciones de determinados conceptos de los campos de la telecomunicación o la informática (son habituales los pasajes en los que Wells tiene que interrumpir la narración para proporcionar unas imprescindibles aclaraciones técnicas que permitan comprender los hechos, y aun así se lía un poco en alguna ocasión), con una ambientación que, pese a ser ya más conocida para el lector, sigue pecando de espartana, con la reiteración hasta el hartazgo de alusiones a las series que tanto disfruta matabot, y con el innecesario abuso de barbarismos (baste pensar lo simplona y en realidad poco graciosa que es la "G" de TIG).

Con lo que el resultado final es una novela que cumple sin más, que pierde el factor sorpresa de la primera sin que sus novedades lo compensen, que cierra sin tensión alguna las averiguaciones de matabot sobre su pasado, y que, por lo tanto, opta por concluir con un desenlace simplemente correcto a partir de su historia secundaria, y que deja con la incómoda sensación de ser un relato largo estirado para ir alargando la saga sin gastar demasiado pronto sus bazas, a costa de carecer del carisma suficiente como para realmente brillar como una novela de la misma. Pero también con otra sensación mucho más positiva: que a nada que Wells aumente el contenido y potencie la intensidad de sus tramas, la saga irá dando mucho más de sí. Que fue la razón por la que continué con la lectura de la misma, por lo que les emplazo a mi siguiente reseña.

sábado, 28 de marzo de 2026

"Sistemas Críticos" (2019). Martha Wells

Les adelanto que la entrada de hoy supone un "añadido" a mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español, el cual inicié hace casi dos años. Y será el primero de varios, que no figuraban cuando les propuse la nueva lista de sagas que iba a recorrer. La razón es que, en 2024, la saga que hoy empiezo a reseñar para ustedes apenas había sido traducida a nuestro idioma. Empleo el adverbio apenas porque el grueso de la misma aún estaba pendiente de ser publicado en español, y de hecho esa publicación, a cargo de la Editorial Hidra, está aún a mitad de trayecto en el momento de escribir esta entrada. Pero ya se han publicado las tres primeras entregas de la saga, y hay alguna más planificada para los próximos meses, así que he decidido empezar a traerla para ustedes como añadido no planificado inicialmente. Y lo hago con el primer título de la misma, "Sistemas Críticos", cuya edición original en inglés se alzó con los Premios Hugo y Nébula... a la mejor novela corta. Un formato menos habitual que el de "novela completa", y habitualmente con menor tirón comercial, por lo menos en España. Pero a pesar de contener únicamente ocho capítulos, "Sistemas Críticos" me parece un comienzo prometedor para la saga de los Diarios de Matabot, de la estadounidense Martha Wells. Una saga que terminaría dando lo mejor de sí en años posteriores. Evidentemente condicionada por su extensión de novela corta, la obra se va desplegando poco a poco conforme avanza la lectura, de manera natural, directa, disfrutable, y no exenta de cierta originalidad en su marco escénico.

Narrada en primera persona por el propio Matabot, un "constructo" (o SegUnidad en terminología de la empresa aseguradora), constituido por partes biológicamente humanas y partes artificiales, que puede auto-regenerarse en sus módulos especiales, y que acompaña por contrato a las expediciones humanas a planetas que se encuentren en fase de exploración, se trata de una novela que, partiendo de una trama sencilla, equilibra misterio, humor y reflexiones de y sobre su protagonista con el ánimo de maximizar el entretenimiento proporcionado. Para el lector con cierto conocimiento del género resultará obvio que tanto el estilo un tanto socarrón como la prosa directa y con atención recurrente al elemento bélico recuerdan a John Scalzi, pero afortunadamente el libro se sostiene gracias a una serie de virtudes propias, entre las que, a mi modo de ver, destaca especialmente el punto de vista que en todo momento nos ofrece Matabot sobre el comportamiento humano y los parámetros (obvios para nosotros pero peculiares para un observador externo) que configuran las sociedades humanas.

El trepidante ritmo de la novela, y la gradual revelación de nuevos misterios conforme los exploradores de PreservaciónAux van resolviendo el más acuciante, facilitan notablemente el disfrute y, salvando las distancias, pueden recordar a los que con tanta habilidad introducía Isaac Asimov. Pero a pesar de su corta extensión, a lo largo de sus páginas también da tiempo para interiorizar e incluso llegar a comprender las dificultades de Matabot a la hora de relacionarse con los humanos (habitualmente incomprendido por ellos, le termina cogiendo cariño a este grupo precisamente porque le tienen en consideración y se interesan por él), a introducir reflexiones sobre la cara oscura del capitalismo (los contratos férreos impuestos por las aseguradoras, las consecuencias del uso recurrente de materiales baratos...), e incluso a inducir al lector a especular sobre conceptos como el libre albedrío, o qué define realmente la esencia de un ser humano. Y todo a partir de un personaje bien construido y verosímil en su singularidad.

No obstante, en la novela hay varios aspectos mejorables. El más obvio es la desatención (en parte explicable por la reducida extensión) a los personajes secundarios, tanto que incluso al llegar al capítulo final es casi imposible reconocerlos y situarlos. Por no hablar de los "malos", tan genéricos que Wells los caracteriza únicamente por el color de sus uniformes. A pesar de que la autora nos muestra drones de diversas funciones, armas sofisticadas de uso externo o integradas en los cuerpos de los constructos, hábitats repletos de tecnología, o diversos mecanismos de comunicación, el elemento científico también tiene lagunas, ya que a veces se nota que realmente no ha terminado de interiorizar algunos conceptos tecnológicos o científicos. Otro defecto es que la ambientación, entendida en sentido amplio (es decir, tanto la del planeta como la de la sociedad humana futura) queda muy en segundo plano, cuando podría haber dado mucho más de sí. En otro orden de cosas, la trama es muy simple y nada innovadora, pese a la habilidad de Wells a la hora de camuflar esta carencia. Y tanto el abuso de expresiones coloquiales y barbarismos como la obsesión de Matabot por las series (para la cual sí que hay espacio de sobre en los ocho capítulos) pueden resultar un poco cargantes.

El desenlace "teórico" (esto es, el que sucede en el planeta objeto de las exploraciones) también me parece mejorable, pues se resuelve de manera confusa y sin alcanzar el clímax esperado. Pero el desenlace "real" (o lo que es lo mismo, el que Wells relata en los últimos párrafos, con la partida de Matabot) sí que me parece convincente, puesto que en realidad es el mejor modo de mostrar que el universo ideado por la escritora se sostiene sobre mimbres sólidos y puede dar mucho más de sí que lo relatado en esta primera obra a lo largo de futuras entregas. Por lo que "Sistemas Críticos" termina siendo una especia de aperitivo antes del banquete, agradable y válido a la hora de fijar expectativas pero no de saciar al lector. Por lo cual les emplazo a mi siguiente reseña sobre la saga, en próximas semanas.

domingo, 22 de marzo de 2026

"La Parábola del Sembrador" (2021). Octavia E. Butler

Poco a poco se va acercando el final de mi segundo recorrido por algunas de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español, tras casi dos años de reseñas. Pues nos vamos a situar ya en el año 2021, que fue cuando vio la luz en nuestro idioma "La Parábola del Sembrador", de la escritora estadounidense Octavia E. Butler. Aunque debo explicarles que, en realidad, la novela se escribió casi tres décadas antes, en 1993. Y considero que la tardanza en su traducción fue uno de los mayores errores de las editoriales de ciencia-ficción en español, puesto que se trata de un pequeño clásico que estuvo nominado a los Premios Nébula. Afortunadamente, la editorial Capitán Swing remedió esta situación a comienzos de la presente década. Y entonces fui yo quien cometí un error, pues cuando me enteré de la publicación de las dos novelas que conforman la Saga de las Parábolas, entendí que se había publicado en primera instancia "La Parábola de los Talentos" (1998), por lo que me apresuré a leerla... y posteriormente a reseñarla para ustedes. De resultas que al final terminé leyendo la saga en orden inverso al concebido por la autora. Y por eso es hoy cuando les traigo por fin la reseña de la novela que abre la saga, y que es la que debería leerse en primer lugar. Se trata de una novela impactante sobre la degradación de la sociedad californiana durante la segunda década del presente siglo, y sobre cómo una adolescente es capaz de anticipar el desmoronamiento definitivo de la misma, sobrevivir a él, y construir una nueva religión sustentada en una incipiente comunidad de fieles.

Para mí, lo mejor de la novela es lo que contiene aproximadamente su primera mitad, centrada en la vida de una pequeña comunidad protegida trabajosamente por muros caseros en la localidad ficticia de Robledo. Allí es donde vive la protagonista absoluta del libro, la adolescente Lauren Olamina, quien se encarga de contarnos mediante su diario sus peripecias vitales y sus reflexiones entre los años 2024 y 2027. En especial sobrecoge el ambiente de su vecindario, con sus barreras cada vez más amenazadas por las masas de gente desesperada, sus periódicas prácticas de tiro para reforzar su autodefensa, las chabolas de indigentes que la circundan, el terror que infunden los perros asalvajados... y en general, los múltiples detalles de una sociedad que se desvanence día a día, la sensación de que terminará por colapsar, y las diversas formas en las que las personas han aprendido a malvivir en ella mientras puedan. Pero también la propia Lauren constituye uno de los principales logros de la novela, dado que se trata de una mujer de una madurez impactante pese a tener sólo quince años, y es la única de su entorno que realmente se afana en prepararse para cuando los muros de su barrio ya no puedan protegerla. Un personaje, además, al que veremos ir creciendo conforme experimente en primera persona las tragedias que van jalonando su existencia.

Aunque como expondré más adelante sea infundada, la sensación de verosimilitud que traslada esa primera mitad se sustenta en un aspecto clave: tanto la familia de Lauren como su entorno aparentan vivir convencidos de que los buenos tiempos de la segunda mitad del siglo XX volverán, que sólo es cuestión de perseverar en unos años difíciles, y por eso resulta al tiempo doloroso e impactante constante cómo la penosa realidad se va imponiendo poco a poco. Con episodios sobrecogedores, como los protagonizados por el hermano menor de Lauren, Keith, o la definitiva y nunca aclarada desaparición de su padre. Un acierto que se ve apoyado por la prosa de Butler, que es solvente sin renunciar a una elaboración mayor de lo habitual en el género, y por un ritmo narrativo alto, sin apenas relleno, por lo que ni las conversaciones más trascendentales, ni el peso cada vez mayor que va adquiriendo el elemento religioso, se hacen pesados.

Y sin embargo, la novela no resulta del todo convincente, debido a una serie de cuestiones que guardan más relación con los mensajes que la escritora quiere trasladarnos que con la propia narración. Empezando por los excesivos paralelismos que traza Butler entre su sociedad futura y la sociedad esclavista de los estados del Sur de Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX (los abusos de los empresarios, la explotación sexual, la discriminación racial...), los cuales le restan originalidad al panorama ideado por Butler. Siguiendo por los plazos tan cortos que maneja: en realidad, no es creíble que en menos de cuatro décadas la sociedad se haya degradado tanto, ni tampoco que el cambio climático haya sido acelerado por el hombre hasta el extremo, por ejemplo, de que el agua resulte más cara que la gasolina... Y culminando por casi todo lo relativo a la nueva religión de Semilla Terrestre: desde la mayoría de los versículos que Lauren va escribiendo en su diario (en su mayor parte entre cuestionables y anodinos) hasta la propia religión (eso de que "Dios es cambio" suena demasiado flojo para movilizar a nadie), nada suena realmente motivador, pese a que sí lo hace su apuesta para el destino a largo plazo de la humanidad, que no es otro que enraizar en las estrellas.

Otros defectos menores pero perceptibles son el recurso a condicionantes muy improbables para sostener toda la narración: la hiperempatía de Lauren ya es un trastorno muy poco frecuente en la sociedad, pero si encima lo combinamos con la adicción al piro, una droga que justifica la continua provocación de incendios por todo el estado, tendremos una mezcla cuya probabilidad real de existencia es prácticamente cero. Otro problema evidente de la narración es el excesivo número de personajes, sobre todo en su primera parte, hasta el punto de que por mucha atención que se preste a la lectura, cuesta situarlos y relacionarlos con los acontecimientos que Butler nos va narrando. Tampoco se explica con claridad por qué todo el mundo espera y nadie se cuestiona que la vida al norte de California (en Oregón, Washington o Canadá) sea mejor. Por último, señalar que la atención a los tipos de armas y sus características se me antoja muy del gusto estadounidense pero excesiva. E igualmente llama la atención el abuso de barbarismos innecesarios.

Pese a que el desenlace se resuelve de manera favorable, gracias al establecimiento de la primera comunidad Semilla Terrestre, lo que indudablemente supone un llamamiento a la esperanza para el futuro, en mi opinión el libro funciona mejor como una novela postapocalíptica con buenas dosis de acción que como una distopía de altos vuelos. Porque consigue más impactar que dar que pensar. De hecho, entre varias especulaciones cuestionables, quizá su mensaje más acertado sea el de presentar cómo nuestros gobernantes van promulgando leyes que restringen derechos fundamentales mientras intentan convencernos de que lo hacen "por nuestro bien". Algo por desgracia demasiado familiar en la sociedad occidental del año 2026 en la que vivimos. Si bien el balance es favorable y la lectura posterior de "La Parábola de los Talentos", inexcusable.

domingo, 15 de febrero de 2026

"La Catástrofe de Júpiter" (2021). Brandon Q. Morris

Una entrada más continúo con mi segundo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector en español que aún no hubieran aparecido por este humilde blog. Como ya saben mis seguidores, mis últimas entradas han estado dedicadas a la saga "Luna Helada", del escritor alemán Brandon Q. Morris. Una saga cuya publicación terminó en la presente década, por lo cual apenas hay reseñas disponibles sobre ella. Pero que es, a mi modo de ver, una de las mejores en lo que llevamos de siglo. Y precisamente la novela que hoy reseño es la que la cierra; se trata de "La Catástrofe de Júpiter", de elocuente título, y que no sólo pone colofón a todo lo narrado en las cuatro entregas anteriores, sino que sirve también de puente para las siguientes obras del escritor. Y encima lo hace con un argumento original, que se aleja lo suficiente de lo previsible para una "obra de cierre".

Y es que al situar la historia veintisiete años después de la cuarta entrega ("Regreso a Encélado"), e introducir a un protagonista completamente nuevo (Arthur Eigenbrod), Morris se sale del patrón ya establecido por las cuatro novelas precedentes. Tanto, que durante la estancia de Arthur en la estación orbital Blue, y sus posteriores investigaciones periodísticas ya de regreso a la Tierra, el lector puede llegar a dudar de que la novela efectivamente pertenezca a la serie. Pero cuando, transcurrido aproximadamente el primer sexto del libro, la capitana Amy Michaels empieza a narrarle a Arthur lo que le sucedió a su tripulación durante el segundo regreso desde Encélado, esa duda desaparece. Y queda sustituida por el reconocimiento a la habilidad de Morris para encajar pasado y presente de la historia desde ese punto hasta el final, con una fluidez incontestable.

El resultado de este planteamiento es una novela que aún mantiene su condición de relato de aventuras espaciales con preeminencia del elemento científico, pero que la combina con una novela de misterio motivado por lo que les haya podido suceder desde entonces al Marchenko virtualizado y a Dimitri Sol, el hijo de Amy. Con las dosis necesarias de suspense, y el aliciente adicional de nuevas ambientaciones, como Ishinomaki en Japón o la estación orbital, además del interesante retorno a la singular sede del consorcio empresarial RB, aún regentada por el ya conocido magnate Shostakovich, en la taiga rusa. Y con el acierto final de situar el término de la historia en el punto de partida para posteriores novelas del autor, como lo atestigua la curiosa inclusión a modo de epílogo de unas páginas de "El Ascenso de Próxima".

Virtudes adicionales a las ya comentadas son: la profundización en los rasgos y comportamientos humanos de las Inteligencias Artificiales más avanzadas (y que están detrás de la propia catástrofe); sorpresas como el lugar en el que Arthur termina encontrando a Dimitri Sol, así como la motivación para ello; el agradable y a la vez humano reencuentro con varios de los protagonistas de la saga, ya en el tramo final de sus vidas; capítulos de especial interés como la salida extravehicular del ILSE para intentar detener la caída a Júpiter, o la huida furtiva de Akademgorodok que protagoniza Arthur; y el no por esperado menos jugoso apéndice científico sobre Júpiter, algunos de sus satélites más importantes, y las sondas que lo han ido explorando para la humanidad.

No es ésta una novela de defectos graves, pero sí hay varios detalles mejorables. El más evidente es la justificación para el acercamiento extremo del ILSE a Júpiter, un tanto débil. Tampoco convence el comportamiento desapasionadamente tozudo de Valentina Shostakovich, incluso cuando menos viene a cuento. En los capítulos centrales de la novela la gestión del tiempo que le resta a la tripulación antes de que la catástrofe sea inevitable no es muy acertada, y no queda claro cuándo alcanzan el punto de no retorno. Además, la forma como salen de ella es excesivamente natural, sin apenas dramatismo asociado, como le suele ocurrir al escritor alemán. Por otra parte, no es complicado detectar algún que otro anacronimos en una historia que teóricamente transcurre a finales del siglo XXI. Y por desgracia en esta entrega final vuelven a aflorar frecuentes errores de traducción.

No obstante, el balance final de esta última entrega es netamente positivo. No sólo como cierre de la saga y al mismo tiempo apertura de nuevas obras, sino por sí misma, por su contenido y su equilibrio, refrendado por un desenlace impecablemente coherente con el resto de la saga, y que ata todos los cabos... salvo los que conscientememte dejae abiertos Morris para poder confirmar en futuras novelas su palbable crecimiento como escritor. Cinco novelas recomendables desde la primera a la última.

sábado, 31 de enero de 2026

"Regreso a Encélado" (2021). Brandon Q. Morris

Una nueva entrada prosigo con mi recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector en español que aún no habían aparecido, o no en su totalidad, por este blog. Nos adentramos ya en la presente década, que fue cuando se publicó en nuestro idioma "Regreso a Encélado", la cuarta entrega de la saga "Luna Helada", del escritor alemán Brandon Q. Morris. Una saga que he venido reseñando en entradas anteriores, y que es relativamente desconocida para el lector en español, en parte por lo reciente de su publicación, y en parte por no proceder del mundo anglosajón. Aunque, como ya he escrito antes, se trata de una de las más interesantes de los últimos tiempos. Un calificativo aplicable también a "Regreso a Encélado", aunque en mi opinión se trata de la novela menos destacada de la serie. Eso sí, recomiendo su lectura porque mantiene el interés por ver qué encierra en realidad el intento por recuperar el cuerpo de Dmitri Marchenko, así como por su expansión a otros ámbitos no visitados hasta ahora, caso de las iniciativas privadas o de la ingeniería genética.

El regreso a un escenario ya conocido priva a la novela de buena parte del factor sorpresa, el cual había sido uno de los puntos fuertes de la saga desde su inicio. Conocedor de este inconveniente, Morris intenta compensarlo con varias novedades originales. Entre las que destaca sobre todo la introducción de un nuevo personaje, la rusa Valentina Shostakovitch, que formará parte de la nueva expedición como condición impuesta por su padre, el magnate impulsor de la misma. Un cambio en la financiación de la travesía que le permitirá al autor especular sobre la bondad real y las verdaderas intenciones del multimillonario, lo que ayudará a mantener la intriga hasta el final. Con el acierto adicional de que esas dudas se trasladarán automáticamente a su hija, y Morris juega con ellas e indirectamente con el lector, que a lo largo de la lectura pasa por diversos posicionamientos al respecto de la rusa, probablemente nunca acertados del todo.

Otro recurso del escritor para que la novela no parezca una mera revisitación de su primera entrega es la ingeniería genética, que obviamente a mediados del siglo XXI debería estar aún bastante más avanzada que en la actualidad (y más en manos de compañías privadas sin necesidad de publicar sus avances como la de Shostakovitch). Los capítulos dedicados a este asunto en las instalaciones de la taiga rusa son atrayentes y bastante alejados de lo que el autor alemán nos suele ofrecer, y la manera como retoma este asunto al final, de lo más verosímil del desenlace. A menor escala, el tercer elemento que confiere singularidad a la historia es la interceptación y posterior recuperación y puesta en marcha del ILSE, con especial protagonismo para las inteligencias artificiales (en capítulos dotados, además, de una fuerte y sugestiva carga especulativa).

Pero a pesar de la puesta en marcha de estos recursos, y el aderezo de algunos comportamientos poco previsibles de algunos de sus protagonistas, la sensación de que la novela está menos justificada que sus tres predecesoras no termina de desaparecer en toda la lectura. A ello contribuye el supuesto motivo esgrimido por Shostakovitch para la expedición (la instalación de una láser como parte de una red que teóricamente permitiría al multimillonario impulsar naves espaciales más allá del Sistema Solar, una idea original pero endeble). También el hecho de que la mayoría de miembros de la expedición original se animen a repetir travesía solamente para recuperar el cuerpo de Marchenko, en lo que se antoja una lealtad excesiva pese al esfuerzo de Morris por mostrar los conflictos internos que experimentan antes de tomar esa resolución. Y especialmente que durante el largo viaje de ida a Encélado el lector se encuentre con lo que parecen algunos capítulos de relleno (los primeros en toda la serie).

Otros defectos que justifican que mi valoración final fuera inferior a la de sus antecesoras son los capítulos dedicados al Ser de Encélado, que pese a su brevedad y a su estructuración como una plantilla que se repite en todos ellos no termina de calar en el lector; la reiteración de sueños y pesadillas experimentados por Martin, un tanto chocantes en una novela de rigurosa ciencia-ficción dura; el apéndice final, que obviamente Morris no puede dedicar de nuevo a Encélado, por lo cual lo usa para disertar sobre el Cinturón de Asteroides, sólo tangencialmente presentes en el libro (aunque como siempre se trata de páginas interesantes); un desenlace apresurado y con situaciones no bien gestionadas (como la presencia de Francesca en situaciones diferentes y supuestamente simultáneas); y algunos errores de traducción.

No obstante lo anterior, el balance final de "Regreso a Encélado" sigue siendo favorable: el elemnto científico vuelve a rayar a gran altura (con especial foco en esta oportunidad en la informática, además de en la aeronáutica), en el tramo final reaparecen las aventuras trepidantes y las soluciones ingeniosas para los problemas surgidos, y la solución final que da Morris al retorno a la vida de Marchenko y a lo obtenido por Valentina a cambio de la expedición se aleja de lo que el lector espera, y mejora la impresión final de la novela.

domingo, 18 de enero de 2026

"Encuentro en Ío" (2019). Brandon Q. Morris

Con la entrada que hoy les traigo prosigo mi segundo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español. Sigo reseñando las novelas de la saga "Luna Helada", de Brandon Q. Morris (pseudónimo del escritor alemán Matthias Matting). Una de las mejores sagas de los últimos años, y tan reciente que aún cuesta encontrar reseñas sobre ella. Hoy le toca el turno a la tercera entrega de las cinco que la conforman, "Encuentro en Ío". Publicada originalmente casi al mismo tiempo que sus dos predecesoras, lo que seguramente indica que al menos estas tres obras fueron escritas del tirón por el alemán, no sólo mantiene el nivel que a estas alturas se le presupone a la saga, sino que supera a su predecesora "La Sonda Titán", gracias a una mayor riqueza argumental y la ampliación de escenarios en los que transcurre.

Tras terminar la lectura de "Encuentro en Ío" es probable que el lector sienta que Morris ha ido creciendo conforme se adentraba en su serie. Y ello es bueno, porque el alemán lo logra sin traicionar la vocación de ciencia-ficción dura de toda la saga, y en general de toda su producción. Porque además de las aventuras tecnológicas en los fascinantes satélites de Júpiter y Saturno que llegados a este punto el lector espera, Morris nos propone una trama más original, con nuevos ingredientes que incluyen conspiraciones a nivel internacional, maniobras de los bajos fondos que se ocultan tras la diplomacia, manipulación consciente de la información, e incluso una persistente componente de suspense. Pero lo hace manteniendo una saludable continuidad estilística y tecnológica con sus dos antecesoras, pues la novela justo arranca tras los hechos narrados al final de "La Sonda Titán", por lo que no se aprecia disrupción alguna.

Es por ello que el lector se encontrará asistiendo, por ejemplo, a los juegos de poder y contrapoder en el Partido Comunista chino, determinantes a lo largo de toda la trama. O a la utilización de los medios de comunicación más influyentes para alterar el curso de los acontecimientos. De suerte que, aunque la novela mantiene a su más que conocido sexteto protagonista, se ve enriquecida por secundarios que le otorgan una mayor amplitud de miras. Incluso la prosa de Morris cambia de registro cuando nos ofrece capítulos novedosos como los dedicados a las supuestas noticias publicadas en dichos medios. Pero todo ello sin que la historia se le vaya al autor de las manos; al contrario, las diversas líneas narrativas están más equilibradas que en su predecesora, no obligan al lector a un esfuerzo consciente de retentiva, y resultan atrayentes casi por igual, puesto que los sucesos en Ío, a bordo del ILSE, y en diversas partes de la Tierra están enlazados de manera coherente y fluida.

Por supuesto, en esta tercera novela el elemento científico sigue estando especialmente cuidado, y ello provoca que, una vez más, los protagonistas encuentren algunas soluciones tremendamente originales para, en primer lugar, poder descender a Ío (integrando para ello el CELSS en el módulo de aterrizaje), y en segundo, conseguir comunicarse desde allí (mediante un volcán reconvertido en antena). Al mismo nivel raya todo lo relativo a la informática y la inteliengecia artificial, incluido el enrevesado y, sin embargo, efectivo reinicio completo con el que la tripulación retoma finalmente el control del ILSE. Y en general, es digna de elogio la habilidad de los distintos miembros de la tripulación para comprender cuanto van observando en su campo de especialidad, y a la vez hallar soluciones para las más amenazadoras situaciones.

En una novela tan pulida cuesta encontrar defectos, pero alguno hay. El más evidente es común a toda la saga: Morris sigue desaprovechando buena parte de los momentos de mayor tensión que tiene a mano (si bien he de aclarar que el nivel de emoción a lo largo de la misma es caso siempre alto), pues o no es capaz de identificarlos, o no se atreve a explotarlos, y a menudo se limita a citarlos a posteriori. Otro aspecto mejorable sigue siendo la relación de las tres parejas afectivas formadas desde la primera entrega, que aún peca de cierto infantilismo, aunque se aprecia el esfuerzo del escritor en esta entrega por conferirles madurez presentando algunas momentos más íntimos de cada una de las tres. A menor escala, es un hecho que la acción tarda más de lo esperado en arrancar, puesto que la primera de las dos partes del libro, "Preparación", ocupa casi la mitad de su extensión. También debo citar que la transformación de Jiaying a bordo podría haber estado mejor capturada, aunque luego el escritor sí profundiza en sus dudas y angustias. E inesperadamente, se aprecian más errores de traducción que en las dos entregas anteriores.

El desenlace, plagado de peligros y giros de guion, y muy ameno a pesar de cierta premura y de la ya comentada escasez de dramatismo; el novedoso cliffhanger, que prepara el terreno para la cuarta entrega de la saga; y el jugoso apéndice sobre Ío, que completa lo relativamente poco de interés que este satélite puede ofrecer para la especie humana (a pesar de la habilidad de Morris para hacernos creer lo contrario durante la novela), son tres aciertos más que confirman que nos encontramos ante una excelente novela de ciencia-ficción, de lo mejor que ofrece el género en estos últimos años. Por lo que les emplazo a la reseña de la cuarta entrega de la saga, que reseñaré en breve.

"Condicion Artificial" (2019). Martha Wells

Con la presente entrada continúo con los "añadidos" a mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ci...

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