Con la entrada que hoy les ofrezco sigo desgranando los añadidos de última hora a mi segundo recorrido por algunas de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español. Y como ya les adelanté hace unos días, hoy llega el momento de hablarles de la "Parte 2" de "Nación de Marte", la trilogía sobre el Planeta Rojo del autor de ciencia-ficción alemán Brandon Q. Morris. Una novela que retoma los hechos narrados en la "Parte 1", y les da continuidad mediante dos nuevas líneas narrtivas (una de ellas inesperada), para a partir de ambas construir una historia reconocible en la producción del autor y con buenos momentos, pero poco verosímil y evidentemente inferior a su predecesora.
Que una de las dos líneas se centre en lo que acontece a bordo de la nave Spaceliner 1 era esperado, pues Morris nos había hablado ya de esta opulenta expedición de carácter privado al Planeta Rojo en la primera parte. Pero lo que no cabía prever era que el protagonista absoluto de la misma fuera Rick Summers, sin duda el personaje más mezquino creado por el autor hasta la fecha, retorcido hasta lo inverosímil. Y que es el principal causante de que esta línea narrativa se debata entre comportamientos humillantes, momentos vejatorios y unas intrigas de pequeño calado a cargo de un puñado de rebeldes que, por lo menos en esta segunda entrega, no llega a ninguna parte al término de la lectura, por lo que resulta un tanto decepcionante.
En cambio, la otra línea narrativa constituye la gran sorpresa de la novela: se fija en Ewa, la ex-líder de Marte para Todos devenida en asesina y traidora, y que había sido condenada por su compañeros al final de la primera novela a un destierro que debería haber acabado con su vida. Sin embargo, Morris forja para ella una historia de salvación cimentada en el chip implantado en su cerebro, que interactúa con ella y la guía en su lucha por la supervivencia. Supuestamente programado para dar al traste con la expedición de MpT, y por tanto, responsable tanto de las muertes como de los intentos fallidos de asesinato en dicha expedición (al anular la voluntad de Ewa y hacerse con el control de su cuerpo), su mera existencia en una fecha (2042) tan cercana a la actual ya chirría, pero que Morris lo emplee para excluir a Ewa de la responsabilidad de cualquier acto maligno resulta poco convincente. Y su conversión en Viernes, el fiel aliado de la robinsoniana Ewa en sus pericipecias en solitario a través de Marte, un bonito homenaje literario pero un recurso alejado del afán de verosimilitud que se le presupone a un escritor de ciencia-ficción dura.
Pese a ello, esta línea narrativa (la más extensa, por otra parte) es la que más satisfacciones proporciona al lector. En su primer tramo, por las grandes dosis de aventura que ofrece, al encadenar situaciones límite con el sugestivo marco escénico que representa la bien recreada Marte, y que Morris aprovecha con su habitual mezcla de ingenio y conocimientos científicos. Y conforme avanza la lectura, por la incierta interacción de Ewa con la tripulación de la NASA, por la forma como vence las reticencias de ésta, y por lo que termina aportando a la vida presente y a las expectativas futuras del cuarteto convertido en quinteto; puesto que, como cabría esperar, Ewa es finalmente perdonada y admitida por el resto del grupo.
Frente a virtudes ya dadas por hechas por quienes han leído la primera entrega (o ya han leído otras obras del autor), como el realismo de la vida cotidiana en los hábitas marcianos, el cuidado en el trato de los elementos científico y tecnológico, y la habitual prosa fluida, de capítulos cortos y ritmo alto, esta novela incurre también en defectos conocidos, como la candidez de las relaciones personales (el romance entre Mike y Ellen resulta tan previsible como pobremente presentado), o la escasa atención a episodios que podrían haber dado bastante más de sí desde un punto de vista literario. A los que hay que añadir los ya comentados sobre la inverosimilitud de Viernes y la mezquindad extrema de Summers, pero también otros específicos de esta segunda novela como la absoluta naturalidad (casi podríamos hablar de indiferencia) con la que todos los personajes sin excepción asumen el silencio aparentemente definitivo de la Tierra, o la excesiva minuciosidad a la hora de narrar el robo por parte de Ewa de la excavadora y la taladradora de Spaceliner, y su empleo para dar origen al episodio cumbre de la novela: el hallazgo de la maquinaria alienígena encargada aparentemente de proporcionarle al planeta las condiciones necesarias para la vida. Un episodio excesivamente extenso, complejo de seguir, y que hace las veces de desenlace sin serlo realmente, pues no resuelve ningún nudo planteado, ni se encuentra lo bastante cerca del final del texto.
Y es que, a diferencia de su antecesora, aquí Morris sí que se limita a interrumpir sin más la narración, lo que le resta puntos al resultado final. Aunque en las últimas páginas al menos se preocupa de atar algunos cabos a la vez que introduce un cliffhanger (el primer encuentro entre la Spaceliner y la NASA en la superficie de Marte) para que no dejemos de leer su tercera y última entrega. La cual reseñaré para ustedes en próximas semanas.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
domingo, 31 de mayo de 2026
lunes, 18 de mayo de 2026
"Nación de Marte. Parte 1" (2020). Brandon Q. Morris
Con la entrada de hoy prosigo con los "añadidos de última hora" a mi segundo recorrido por algunas de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español. Como muchos ya saben, por añadidos de última hora me refiero a esas sagas que no me había planteado reseñar cuando les propuse la lista de títulos hace ya dos años, pero que como el tiempo no se detiene, pues finalmente he podido leer a tiempo de traérselas por aquí. Así que hoy voy a reseñar la primera de las tres partes de las que consta la saga "Nación de Marte", del escritor alemán Matthias Matting (mucho más conocido por su pseudónimo de Brandon Q. Morris). Un escritor del que poco se analiza en un panorama literario que sigue férreamente dominado por la ciencia-ficción de procedencia anglosajona, pero que captó favorablemente mi atención gracias a su más que notable "Saga Luna Helada", la cual fui reseñando para ustedes en este mismo blog. Y que fue la razón por la que le di una oportunidad a esta segunda saga, si cabe aún de menor difusión que la anterior. Pese a lo cual, tras completar su lectura, me reafirmo en que nos hallamos ante un escritor solvente además de prolífico, y con un muy amplio bagaje en cuestiones científicas. Que afronta la "temática Marte" (la cual, por cierto, abordé a partir de muchas de sus obras principales hace unos años) con la clara intención de aportar un enfoque original, y que logra un resultado satisfactorio pero menos brillante que el de los mejores títulos de "Luna Helada".
Ese enfoque singular condiciona por completo la novela, y se convierte en una probablemente no deseada arma de doble filo, pues no sólo le aporta aciertos. Y es que el hecho de que poco después de que la primera expedición tripulada de la NASA haya llegado al Planeta Rojo aparezca en las proximidades de de la órbita marciana la nave del colectivo Marte para Todos (MpT), una iniciativa mucho más modesta a cargo de una serie de ciudadanos diversos organizados para fundar la primera colonia permanente de Marte, es algo tan inesperado como inverosímil. Y que, por lo tanto, aunque evidentemente le sirve a Morris para relatarnos durante la novela las desconfianzas, las colaboraciones y los conflictos entre ambos grupos, también genera una sensación de falta de realismo que choca con ese afán de rigor absoluto que caracteriza la producción literaria del alemán.
Un rigor que el autor vuelve a cimentar en esta saga en el elemento científico, el cual raya a gran altura tanto en la aplicación práctica de mucho de lo que conocemos actualmente sobre Marte como en el ingenio a la hora de ofrecer soluciones técnicas y tecnológicas a los problemas que van surgiendo en ambos grupos. Pero que, sin embargo, ocupa un discreto segundo plano frente a la relevancia que alcanzaba en su anterior saga, seguramente porque aquí le interesa más ahondar en las posibilidades que brinda Marte como hábitat a los humanos, y en las diferentes formas de explorarlas que ofrecen una cuidada expedición de la NASA sin intención de establecerse y un grupo de ciudadanos particulares que pretende comenzar allí una nueva vida. A cambio de esa menor preponderancia del elemento científico, Morris sale airoso de su apuesta por manejar un elenco mayor de personajes que en su anterior saga (y no todos ellos técnicos de primer nivel), logrando, por poner un ejemplo, un resultado mucho más satisfactorio que la Trilogía Marciana de Kim Stanley Robinson.
Otras virtudes de la novela son su estilo directo, sin apenas relleno (exceptuando algún breve capítulo algo más reiterativo hacia la mitad del libro), con una narración que logra ponernos rápidamente en situación a la vez que introduce los primeros elementos de suspense, y que concentra una gran cantidad de acontecimientos en menos de trescientas páginas y menos de tres meses de historia; varios episodios que son puro Morris, plenos de tensión y disfrute en un entorno cautivador (como la exitosa búsqueda de agua a cargo de Theo y Rebecca), o de habilidad para que sus personajes salgan airosos de situaciones límite (desde las vicisitudes para hacer aterrizar a la nave de MpT, hasta las técnicas que idea el cuarteto de la NASA para mejorar su producción de energía); la introducción de un tercer grupo, la expedición Spaceliner, con la obvia intención de dar más adelante una nueva vuelta de tuerca a la saga, lo que demuestra la consistencia argumental de la misma desde su comienzo; y un interesante apéndice técnico sobre Marte.
Pese a todo lo anterior, la novela no me parece del todo redonda por su falta de verosimilitud: además de lo ya comentado sobre la expedición MpT, en el desarrollo de la novela Morris introduce otro giro igual de determinante (el repentino silencio de la Tierra) incluso más inverosímil que el anterior. Y en el desenlace, un tercero (el destierro de Ewa, la líder de MpT), también difícil de defender frente a otras condenas más razonables como habrían sido la reclusión o la pena capital. Otros defectos, estos ya sí relativamente esperables para los que ya hemos leído antes a Morris, son el establecimiento de unas relaciones sentimentales demasiado obvias y no muy bien gestadas, un suspense en torno al ejecutor de los sabotajes que se desmorona demasiado pronto, y una maldad innata en la mayor parte de la expedición MpT que no termina de encajar con los planteamientos habitualmente positivos y optimistas de Morris.
Pese a su concepción como saga desde el mismo comienzo, es de agradecer que el desenalace no sea una mera interrupción de la narración, y que el documento que firman como colofón al mismo las expediciones de la NASA y de MpT funcione como el mejor punto de partida para poder llevar la saga a otra dimensión en las otras dos partes. Así que les emplazo a la reseña de las mismas, las cuales publicaré por aquí dentro de unos días.
Ese enfoque singular condiciona por completo la novela, y se convierte en una probablemente no deseada arma de doble filo, pues no sólo le aporta aciertos. Y es que el hecho de que poco después de que la primera expedición tripulada de la NASA haya llegado al Planeta Rojo aparezca en las proximidades de de la órbita marciana la nave del colectivo Marte para Todos (MpT), una iniciativa mucho más modesta a cargo de una serie de ciudadanos diversos organizados para fundar la primera colonia permanente de Marte, es algo tan inesperado como inverosímil. Y que, por lo tanto, aunque evidentemente le sirve a Morris para relatarnos durante la novela las desconfianzas, las colaboraciones y los conflictos entre ambos grupos, también genera una sensación de falta de realismo que choca con ese afán de rigor absoluto que caracteriza la producción literaria del alemán.
Un rigor que el autor vuelve a cimentar en esta saga en el elemento científico, el cual raya a gran altura tanto en la aplicación práctica de mucho de lo que conocemos actualmente sobre Marte como en el ingenio a la hora de ofrecer soluciones técnicas y tecnológicas a los problemas que van surgiendo en ambos grupos. Pero que, sin embargo, ocupa un discreto segundo plano frente a la relevancia que alcanzaba en su anterior saga, seguramente porque aquí le interesa más ahondar en las posibilidades que brinda Marte como hábitat a los humanos, y en las diferentes formas de explorarlas que ofrecen una cuidada expedición de la NASA sin intención de establecerse y un grupo de ciudadanos particulares que pretende comenzar allí una nueva vida. A cambio de esa menor preponderancia del elemento científico, Morris sale airoso de su apuesta por manejar un elenco mayor de personajes que en su anterior saga (y no todos ellos técnicos de primer nivel), logrando, por poner un ejemplo, un resultado mucho más satisfactorio que la Trilogía Marciana de Kim Stanley Robinson.
Otras virtudes de la novela son su estilo directo, sin apenas relleno (exceptuando algún breve capítulo algo más reiterativo hacia la mitad del libro), con una narración que logra ponernos rápidamente en situación a la vez que introduce los primeros elementos de suspense, y que concentra una gran cantidad de acontecimientos en menos de trescientas páginas y menos de tres meses de historia; varios episodios que son puro Morris, plenos de tensión y disfrute en un entorno cautivador (como la exitosa búsqueda de agua a cargo de Theo y Rebecca), o de habilidad para que sus personajes salgan airosos de situaciones límite (desde las vicisitudes para hacer aterrizar a la nave de MpT, hasta las técnicas que idea el cuarteto de la NASA para mejorar su producción de energía); la introducción de un tercer grupo, la expedición Spaceliner, con la obvia intención de dar más adelante una nueva vuelta de tuerca a la saga, lo que demuestra la consistencia argumental de la misma desde su comienzo; y un interesante apéndice técnico sobre Marte.
Pese a todo lo anterior, la novela no me parece del todo redonda por su falta de verosimilitud: además de lo ya comentado sobre la expedición MpT, en el desarrollo de la novela Morris introduce otro giro igual de determinante (el repentino silencio de la Tierra) incluso más inverosímil que el anterior. Y en el desenlace, un tercero (el destierro de Ewa, la líder de MpT), también difícil de defender frente a otras condenas más razonables como habrían sido la reclusión o la pena capital. Otros defectos, estos ya sí relativamente esperables para los que ya hemos leído antes a Morris, son el establecimiento de unas relaciones sentimentales demasiado obvias y no muy bien gestadas, un suspense en torno al ejecutor de los sabotajes que se desmorona demasiado pronto, y una maldad innata en la mayor parte de la expedición MpT que no termina de encajar con los planteamientos habitualmente positivos y optimistas de Morris.
Pese a su concepción como saga desde el mismo comienzo, es de agradecer que el desenalace no sea una mera interrupción de la narración, y que el documento que firman como colofón al mismo las expediciones de la NASA y de MpT funcione como el mejor punto de partida para poder llevar la saga a otra dimensión en las otras dos partes. Así que les emplazo a la reseña de las mismas, las cuales publicaré por aquí dentro de unos días.
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"Nación de Marte. Parte 3" (2021). Brandon Q. Morris
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