Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Porque la saga que hoy comienzo a reseñar es el último añadido que voy a realizar a mi listado. Como muchos de ustedes saben, llevo ya varias entradas dedicadas a novelas de sagas que en su momento no planteaba traerles por aquí (esencialmente porque aún no se habían terminado de publicar, o su publicación era tan reciente que todavía no había completado su lectura). Algo que aplica a la saga de La Arquitectura Final, del británico Adrian Tchaikovsky, publicada por la Editorial Alamut entre 2022 y 2024 (año en que di comienzo al recorrido), y que arranca con "Huérfanos de la Tierra". Un cierre por todo lo alto, pues se trata de una de las mejores obras que he leído en lo que llevamos de década. En los límites de la ciencia-ficción, se trata de una novela fastuosa ambientada en un futuro lejano de nuestra Galaxia. Que introduce una ingente cantidad de escenarios, conceptos, personajes y entidades, creando así un panorama sugestivo como sólo lo pueden conseguir las grandes obras del género. Y que encierra una historia consistente, bien rematada pero abierta a las continuaciones que vinieron después.
Para mí el mayor logro de la novela es indiscutiblemente el panorama ideado por Tchaikovsky: tan original y rico que ofrece elementos suficientes para renovar el subgénero de la space opera sin necesidad de disrupciones innecesarias. Comenzando por los mundos habitados de nuestra Galaxia, a cual más sugestivamente singular, pasando por las especies que lo habitan (no sólo humanos, sino también varias llamativas especies alienígenas) y terminando por su innovadora premisa: los inmensos Arquitectos que surgen de la nada para reconstruir planetas enteros sin importarles las vidas inteligentes que los puedan habitar. Una creación que puede mirar de tú a tú a las mejores del género en su siglo largo de existencia, con el aliciente de que los conceptos científicos y el estilo y los recursos literarios están perfectamente actualizados a la narrativa del siglo XXI.
El riesgo habitual en una creación tan descomunal es que el lector pueda desorientarse y, por consiguiente, perder el interés. Pero el escritor lo evita hábilmente gracias a varias decisiones acertadas. La más evidente es la de narrar casi siempre los acontecimientos desde el punto de vista de la Dios Buitre, la baqueteada nave de rescate que alberga al dúo protagonista de la obra: el "inter" Idris Telemmier y la agente parteni Ejecutora mirmidón Solaz. Quienes, con sus particulares caminos vitales enlazados a lo largo de los años, se alternan el grueso de los capítulos, dejando apenas unos pocos para que contemplemos lo que sucede bajo la óptica de otros tripulantes de la nave y del agente de la Oficina de Intervención Havaer Mundy. Otra decisión acertada es la de situar cada una de las partes que conforman el libro en un planeta diferente (Jericó, Berlenhof, Huei-Cavor...), todos ellos radicalmente diferentes entre sí y, por tanto, fáciles de ubicar para el lector. Y la tercera es la inclusión de un apéndice final con un utilísimo glosario y un listado de personajes, mundos, especies y naves, de recurrente e imprescindible consulta.
Lo bueno es que Tchaikovsky sabe utilizar todos los mimbres de los que dispone para construir con ellos una historia que va más allá de la mera excusa para exhibir su creación, y desmuestra poseer entidad suficiente para sostener la lectura. Porque las pinceladas sobre la primera irrupción de los Arquitectos y la consiguiente destrucción de la Tierra son ya de por sí sugerentes, pero la propuesta sube de nivel más conforme el autor va desvelando la primera retirada de estas colosales formas en Lux Lejana, y sobre todo la amenaza que genera su reaparición décadas más tarde. Una coyuntura que da lugar a continuos tejemanejes políticos y a extrañas alianzas entre las distintas facciones existentes, los cuales provocan que la trama se desarrolle de manera natural hasta alcanzar varios momentos de gran tensión e interés, sin por ello pecar de la previsibilidad que lastraba un tanto el resultado de la primera novela que se tradujo de Tchaikovsky al español, "Herederos del Tiempo".
Otro acierto digno de mención es el resto de personajes que constituyen la tripulación de la Dios Buitre (porque con su personalidad acusada y sus defectos evidentes, no sólo es fácil empatizar con ellos sino que el hecho de que el elenco varíe a lo largo del tiempo le aporta interés a la narración). Una variedad de personajes a la que, al sumarle unos cuantos sugestivos alienígenas y algunos de los humanos más poderosos e influyentes de los mundos visitados, Tchaikovsky logra sacarle sustancia suficiente para plantear temas sobre los que reflexionar (como la unión que provoca la lucha contra un enemigo común, o las consecuencias sociales de determinados desarrollos tecnológicos) sin que por ello se vean perjudicados el ritmo narrativo ni la vocación de disfrute de la novela. A la cual contribuyen no sólo los esperables combates espaciales sino también elementos de intriga, revelaciones inesperadas, episodios de acción, momentos emocionantes e incluso instantes de humor.
El principal pero que se le puede poner al libro es el exceso de elementos fantasiosos. Se nota que Tchaikovsky procede del subgénero de la fantasía y, a pesar de que intenta respetar los conocimientos científicos actuales y dotar de verosimilitud a otros que no lo son tanto (como el noespacio o las propiedades cambiantes de las ruinas originarias), incurre en deslices que le restan impacto a su creación (como los "seres cristalinos" que genera el Arquitecto en su regreso, un Idris que no envejece, la mera existencia de un personaje tan indefendible como el Heraldo Ash...). A menor escala, son tantos los grupos de poder, las facciones y los personajes que las representan (por ejemplo, nativistas frente a traicionados) que en ocasiones cuesta calibrar la forma en que colisionan e interfieren. En varios momentos el retorno de última hora a la Dios Buitre es el recurso que termina solventando una situación límite, pese a que el escritor nos haya intentado hacer creer lo contrario durante las péginas anteriores. Al igual que las manifestaciones de Idris sobre el inminente retorno de los Arquitectos, tan recurrentes que pierden fuerza. Y la edición en español adolece de una mediocre traducción, leísta a más no poder y con fallos que podrían haber sido fácilmente subsanados en una revisión posterior.
En cuanto al desenlace y la continuidad de la saga, en el último tercio del libro Tchaikovsky va haciendo converger los acontecimientos hasta una batalla final en Berlenhof difícil de narrar pero que alcanza un clímax satisfactorio, asegurando, además, que se atan de manera lógica los cabos principales, pero dejando sueltos los necesarios para anticipar una segunda entrega, cuya existencia está plenamente justificada a la luz de todos los elementos creados en este auténtico tour de force. Y de la cual tendrán su pertinente entrada tras el parón vacacional.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
miércoles, 29 de julio de 2026
domingo, 5 de julio de 2026
"Estrategia de Salida" (2026). Martha Wells
La entrada que hoy les traigo es singular por un motivo que explicaré en seguida. En realidad, aún estoy con los "añadidos de última hora" a mi segundo recorrido por algunas de las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español, el cual comencé hace ya más de dos años. Pero esta entrada en cuestión corresponde a una saga que dejé de reseñar hace un par de meses. Ahora bien, hay una buena razón para ello, y es que hace apenas un par de semanas se ha publicado la versión traducida a nuestro idioma de "Exit Strategy", la cuarta novela de la saga de los diarios de Matabot. "Estrategia de Salida" ha visto la luz gracias a Editorial Hidra, con una edición igual de cuidada que sus tres antecesoras. Y dada su corta extensión, ya he terminado su lectura hace unos días, por lo que procedo a reseñarla por aquí. Ya les adelanto que "Estrategia de Salida" es posiblemente la mejor de las cuatro novelas traducidas: una entrega que mantiene el estilo, la concisión y la intensidad de las anteriores, pero que cierra con solvencia el círculo argumental abierto en la primera entrega, sin por ello dejar de profundizar en la singular condición de matabot.
Lo que hace de esta novela la más redonda hasta ahora es que la trama no es sólo una serie de aventuras entretenidas de matabot con las que ir conociendo tanto a la SegUnidad hackeada como el peculiar futuro en el que se ambienta, sino que da sentido a lo narrado desde "Sistemas Críticos", cerrando el círculo que Wells abrió con la expedición de PreservaciónAux al planeta sin colonizar donde transcurría la primera novela. Porque aquí la escritora por fin retoma el conflicto entre GrayChris y PreservaciónAux, y nos hace saber que la líder de esta última (la Doctora Mensah) se halla retenida en la estación TranRollinHyfa, y que parte de sus compañeros de expedición han acudido a negociar su liberación. El vínculo establecido entre matabot y la doctora en la primera entrega es lo suficientemente fuerte como para que el protagonista de la saga se dirija hasta la estación y lidere la recuperación de Mensah. Al hacerlo, matabot se reencuentra con viejos conocidos como Ratthi, Pin-Lee y Gurathin, y más tarde con la propia Mensah, logrando así que los acontecimientos vayan más allá de un mero episodio de la serie.
De manera que el reenceuntro de matabot con Mensah, y las emociones que tal hecho despierta en el constructo, son igual de relevantes que los avatares mediante los que conseguirá rescatarla. Los cuales, por cierto, siguen resultando igual de amenos que en entregas anteriores (resulta difícil interrumpir la lectura), pero con el aliciente adicional de que permiten a matabot explorar como nunca antes su mundo interior, en un obstinado esfuerzo por comprender su verdadera naturaleza interior. Todo ello sin dejar de lado su característico sentido del humor, su cuestionamiento permanente del comportamiento humano, sus paréntesis continuos para aclarar o reforzar determinadas situaciones, y su ritmo trepidante en un marco escénico del que, poco a poco, vamos conociendo más detalles que lo vuelven más atractivo en su vastedad. Aparte de estas virtudes, debo resaltar también la fluidez absoluta con la que esta cuarta entrega se alinea con sus predecesoras, exhibiendo una continuidad estilística y literaria intachable. Además, los diálogos son quizá los más naturales de toda la saga hasta la fecha. Y hay varios capítulos en los que la acumulación de adversidades y la forma como matabot las va resolviendo son particularmente meritorios, apoyándose para ello en un elemento científico razonable y ágilmente presentado.
No obstante, como los seguidores de este blog saben, ninguna de las entregas de esta saga me parece que debería alcanzar la categoría de clásico, a causa de varios defectos comunes, que por desgracia también están presentes aquí. A saber: el exceso de paréntesis a los que debe recurrir la autora para explicar por qué determinadas acciones o situaciones tiene que ser de esa manera y no de otra (reflejo evidente de que Wells no ha sido capaz de introducir esas explicaciones con antelación y naturalidad); el esquematismo de los personajes secundatios (ni siquiera la recuperación de Ratthi, Pin-Lee y Gurathin le permite a la autora convencernos de que no son meras figuras de cartón piedra); las dificultades a la hora de describir entornos futuristas, naves, transbordadores, cubiertas, pasarelas, niveles y otros elementos siguen estando presentes (en especial, en el capítulo siete); la manera como Wells concibe utiliza conceptos como el código ejecutable y los cortafuegos, que se aleja de lo que los caracteriza en la informática actual; las vueltas y retruécanos a los que somete a los distintos sistemas de seguridad (estoy seguro de que ningún lector sería capaz de enumerarlos y distinguirlos); la cansina reiteración de menciones a las series que tanto entretienen a matabot; y el abuso de barbarismos innecesarios, que le restan elegancia a su prosa.
A cambio, Wells nos ofrece un desenlace extenso, previsible pero emocionante y satisfactorio, y tiene cuidado de dejarse espacio después no sólo para atar los inevitables cabos sueltos, sino también para jugar con el lector, haciéndole creer prmimero que matabot va a volver a dar la espantada como en la primera entrega, después que se va a terminar por definir como un humano aumentado que siente las mismas emociones que las personas reales, para finalmente no seguir ninguno de esos caminos, sino cerrar con un sugestivo cliffhanger en el que matabot deja de manifiesto que Mensah le importa como persona y, por tanto, se inclina por permanecer junto a ella para la siguiente entrega (la primera novela "larga" de la serie, que espero poder reseñarles por aquí dentro de unos meses).
Lo que hace de esta novela la más redonda hasta ahora es que la trama no es sólo una serie de aventuras entretenidas de matabot con las que ir conociendo tanto a la SegUnidad hackeada como el peculiar futuro en el que se ambienta, sino que da sentido a lo narrado desde "Sistemas Críticos", cerrando el círculo que Wells abrió con la expedición de PreservaciónAux al planeta sin colonizar donde transcurría la primera novela. Porque aquí la escritora por fin retoma el conflicto entre GrayChris y PreservaciónAux, y nos hace saber que la líder de esta última (la Doctora Mensah) se halla retenida en la estación TranRollinHyfa, y que parte de sus compañeros de expedición han acudido a negociar su liberación. El vínculo establecido entre matabot y la doctora en la primera entrega es lo suficientemente fuerte como para que el protagonista de la saga se dirija hasta la estación y lidere la recuperación de Mensah. Al hacerlo, matabot se reencuentra con viejos conocidos como Ratthi, Pin-Lee y Gurathin, y más tarde con la propia Mensah, logrando así que los acontecimientos vayan más allá de un mero episodio de la serie.
De manera que el reenceuntro de matabot con Mensah, y las emociones que tal hecho despierta en el constructo, son igual de relevantes que los avatares mediante los que conseguirá rescatarla. Los cuales, por cierto, siguen resultando igual de amenos que en entregas anteriores (resulta difícil interrumpir la lectura), pero con el aliciente adicional de que permiten a matabot explorar como nunca antes su mundo interior, en un obstinado esfuerzo por comprender su verdadera naturaleza interior. Todo ello sin dejar de lado su característico sentido del humor, su cuestionamiento permanente del comportamiento humano, sus paréntesis continuos para aclarar o reforzar determinadas situaciones, y su ritmo trepidante en un marco escénico del que, poco a poco, vamos conociendo más detalles que lo vuelven más atractivo en su vastedad. Aparte de estas virtudes, debo resaltar también la fluidez absoluta con la que esta cuarta entrega se alinea con sus predecesoras, exhibiendo una continuidad estilística y literaria intachable. Además, los diálogos son quizá los más naturales de toda la saga hasta la fecha. Y hay varios capítulos en los que la acumulación de adversidades y la forma como matabot las va resolviendo son particularmente meritorios, apoyándose para ello en un elemento científico razonable y ágilmente presentado.
No obstante, como los seguidores de este blog saben, ninguna de las entregas de esta saga me parece que debería alcanzar la categoría de clásico, a causa de varios defectos comunes, que por desgracia también están presentes aquí. A saber: el exceso de paréntesis a los que debe recurrir la autora para explicar por qué determinadas acciones o situaciones tiene que ser de esa manera y no de otra (reflejo evidente de que Wells no ha sido capaz de introducir esas explicaciones con antelación y naturalidad); el esquematismo de los personajes secundatios (ni siquiera la recuperación de Ratthi, Pin-Lee y Gurathin le permite a la autora convencernos de que no son meras figuras de cartón piedra); las dificultades a la hora de describir entornos futuristas, naves, transbordadores, cubiertas, pasarelas, niveles y otros elementos siguen estando presentes (en especial, en el capítulo siete); la manera como Wells concibe utiliza conceptos como el código ejecutable y los cortafuegos, que se aleja de lo que los caracteriza en la informática actual; las vueltas y retruécanos a los que somete a los distintos sistemas de seguridad (estoy seguro de que ningún lector sería capaz de enumerarlos y distinguirlos); la cansina reiteración de menciones a las series que tanto entretienen a matabot; y el abuso de barbarismos innecesarios, que le restan elegancia a su prosa.
A cambio, Wells nos ofrece un desenlace extenso, previsible pero emocionante y satisfactorio, y tiene cuidado de dejarse espacio después no sólo para atar los inevitables cabos sueltos, sino también para jugar con el lector, haciéndole creer prmimero que matabot va a volver a dar la espantada como en la primera entrega, después que se va a terminar por definir como un humano aumentado que siente las mismas emociones que las personas reales, para finalmente no seguir ninguno de esos caminos, sino cerrar con un sugestivo cliffhanger en el que matabot deja de manifiesto que Mensah le importa como persona y, por tanto, se inclina por permanecer junto a ella para la siguiente entrega (la primera novela "larga" de la serie, que espero poder reseñarles por aquí dentro de unos meses).
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