domingo, 25 de octubre de 2026

"Amos del Nospacio" (2024). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada concluyo (incluso con los añadidos de última hora) mi segundo recorrido por las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español. Han sido casi dos años y medio y más de cuarenta entradas para profundizar en uno de los aspectos más característicos del género, las series de varias entregas, a partir de sus novelas más representativas. El cierre a tan extenso repaso lo pone "Amos del Nospacio", la tercera y última novela de la "saga de la Arquitectura Final", del británico Adrian Tchaikovsky. Que seguramente es la más reconocida de las sagas publicadas en lo que llevamos de década. Un reconocimiento que esencialmente comparto, por la riqueza y complejidad de lo planteado por el escritor, y también por su habilidad a la hora de entrecruzar tramas y hacer que las nada menos que mil quinientas páginas que conforman estos tres libros resulten interesantes y amenas. Con el aliciente, que ya puedo mencionar al llegar hoy al final de la saga, de la coherencia que le confiere de principio a fin. Y es que esta tercera parte cierra con equilibrio y minuciosidad la serie, sin olvidarse de ofrecer una trama rica y amena por sí misma, y manteniendo el estilo y los personajes principales de sus dos antecesoras. Aunque lamentablemente también los defectos principales de aquéllas.

El reto al que se enfrentaba Tchaikovsky en esta última entrega era el de rematar la saga equilibrando las esperadas revelaciones y la necesaria amenidad. Y para mí es indiscutible que lo consigue. Porque a lo largo de su lectura (no sólo en los capítulos finales) irá desvelando los misterios que quedaron pendientes en las dos novelas anteriores. Así, por fin sabremos qué son realmente los Arquitectos, por qué obran cómo obran, quiénes están detrás de ellos, e incluso por qué existe la Presencia que tanto aterra a todos los que se adentran en el nospacio. Aparte de seguir profundizando en el aprovechamiento de una historia futura tan compleja y rica en facciones y personajes como la creada, llevando al límite las más inesperadas alianzas entre las diversas especies que habitan la galaxia de manera tan poco previsible como bien resuelta. Además, a diferencia de "La Mirada del Vacío", desde el mismo arranque pone toda la carne en el asador, logrando un desarrollo más ágil e interesante que el de su antecesora, a la vez que con una menor cantidad de páginas de relleno. Y aunque es probable que en algunos momentos el lector se vea obligado a dejarse llevar, y tal vez le pierda la pista a algunos personajes y situaciones, en ningún momento llega a desorientarse, y eso contribuye al disfrute.

Por supuesto, en esta tercera novela el autor sigue ofreciendo bastante más que mera space ópera: hay varios episodios de terror, momentos de tensión, suspense por lo que pueda suceder con algunas situaciones, muertes inesperadas cuando aún quedan cientos de páginas, incluso algún que otro detalle humorístico. En general, todos los personajes rayan a buen nivel, y aumentan su relevancia en la historia si el argumento así lo requiere (tal es el caso, por ejemplo, de la inter Andecka Tal Mar, que es quien abre y cierra la historia). Además, aunque en este libro no las necesita tanto como en el anterior, Tchaikovsky introduce varias sorpresas que le sientan bien a la trama. La más relevante de las cuales es el giro que dan las parteni una vez que la facción liderada por la Ejemplar Piedad toma el control del Partenón y promueve un enfoque diferente para su relación con la humanidad, con todo lo que ello acarrea. O la colaboración que se establece entre el essiel Aklu y la especialista en drones Olli, tan relevante para lo que sucede en la segunda mitad de la novela. Sin olvidarnos de las traiciones que encierra la historia, y el espionaje y contraespionaje al que asistiremos.

Unos giros argumentales que alcanzan su clímax no en el desenlace, sino poco después de la mitad de la novela, en la gran batalla que sucede en torno al planeta Estoc. La cual constituye para mí el verdadero desenlace del libro (el resto hasta el final es más lo que debe suceder para que el autor pueda explicar todo lo que aún tiene pendiente de explicar): facciones y alianzas sorprendentes en batallas desenfrenadas, plenas de tensión, con irrupciones de última hora, con combates que se interrumpen por la necesidad de enfrentarse a un enemigo común aún más amenazante, y con varias bajas inesperadas que condicionan el resto de la lectura. Otros aciertos a resaltar son la evidente preocupación que muestra el escritor por el lector (desde las oportunas páginas iniciales con las que situarle, pasando por las menciones a episodios que tuvieron lugar en las dos novelas anteriores, y terminando con el esperado apéndice que explica conceptos, personajes y cronología); y la coherencia con la que Tchaikovsky sigue añadiendo lugares y personajes secundarios, hasta el punto de que el lector ya es capaz de anticipar a lo que tal planeta o cual grupo puede dedicarse.

Como decía al comienzo, el reverso de estos aciertos es que prácticamente todos los defectos ya conocidos siguen aquí presentes: la utilización de varios conceptos más cercanos a la fantasía que a la ciencia-ficción (las continuas e inaceptables apariciones y desapariciones heraldo Ash; el uso de la Dios Buitre como un "ancla" para que se pueda crear una "burbuja" en el nospacio para poder atacar a los arquitectos; el "regalo" del essiel Aklu a Olli, unos pseudópodos que la humana maneja con total naturalidad y que, además, acarrean una serie de superpoderes en ningún momento justificados; las alusiones a motores gravitatorios y Brachator, a los que resulta imposible encontrarles unas características definidas y medianamente científicas...). Un problema ya conocido pero que se acrecienta en esta novela es el disfrute de los episodios dedicados al que se supone que es el protagonista principal, el intermediario Idris (obviamente complicados de narrar por lo etéreo de su búsqueda y las limitaciones de su lucha, pero a veces más cargantes que explicativos). También afea el resultado el exceso de barbarismos, esta vez no sólo concentrados en Olli sino empleados por otros muchos personajes. Y la floja traducción de Julián Díez (leísmos, laísmos, fallos de concordancia entre sujeto y predicado, incorrecto empleo del pretérito imperfecto de subjuntivo y de indicativo a la hora de traducir el "past tense" del inglés...). Unos fallos a los que en esta entrega final debo añadirle otro indudablemente relevante: las dificultades a la hora narrar y otorgarle credibilidad a todo lo que sucede en el nospacio (el lector se ve obligado a aceptar que se realizan combates como el de Solaz, puramente mentales, o que Idris consigue localizar un punto central en un lugar que por definición carece de geometría espacial, o las consecuencias físicas que tienen para los seres que penetran en él el hecho de desenvolverse por el nospacio...).

En todo caso, el desenlace real de la novela cumple sobradamente con su misión de justificar quiénes son los "amos del nospacio" y cómo llegaron a serlo. Tal vez falte algo de acción real, pero Tchaikovsky posee los recursos suficientes como para que este hecho no se note demasiado. Asimismo, es de agradecer la preocupación por atar cabos tras el desenlace, de forma que los personajes supervivientes reciban una salida digna y lógica (incluyendo la sorpresa que el autor desvela en el último momento para Idris, y el singular detalle de ofrecerle un descanso digno a una protagonista seguramente menos evidente, la nave Dios Buitre). Rematando así una tercera novela que, si bien no alcanza el nivel de la primera entrega, supera a la segunda, y deja un buen sabor de boca global de toda la saga. La cual seguramente se convertirá en un clásico del género de aquí a unos años.

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