Les adelanto que la entrada de hoy supone un "añadido" a mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español, el cual inicié hace casi dos años. Y será el primero de varios, que no figuraban cuando les propuse la nueva lista de sagas que iba a recorrer. La razón es que, en 2024, la saga que hoy empiezo a reseñar para ustedes apenas había sido traducida a nuestro idioma. Empleo el adverbio apenas porque el grueso de la misma aún estaba pendiente de ser publicado en español, y de hecho esa publicación, a cargo de la Editorial Hidra, está aún a mitad de trayecto en el momento de escribir esta entrada. Pero ya se han publicado las tres primeras entregas de la saga, y hay alguna más planificada para los próximos meses, así que he decidido empezar a traerla para ustedes como añadido no planificado inicialmente. Y lo hago con el primer título de la misma, "Sistemas Críticos", cuya edición original en inglés se alzó con los Premios Hugo y Nébula... a la mejor novela corta. Un formato menos habitual que el de "novela completa", y habitualmente con menor tirón comercial, por lo menos en España. Pero a pesar de contener únicamente ocho capítulos, "Sistemas Críticos" me parece un comienzo prometedor para la saga de los Diarios de Matabot, de la estadounidense Martha Wells. Una saga que terminaría dando lo mejor de sí en años posteriores. Evidentemente condicionada por su extensión de novela corta, la obra se va desplegando poco a poco conforme avanza la lectura, de manera natural, directa, disfrutable, y no exenta de cierta originalidad en su marco escénico.
Narrada en primera persona por el propio Matabot, un "constructo" (o SegUnidad en terminología de la empresa aseguradora), constituido por partes biológicamente humanas y partes artificiales, que puede auto-regenerarse en sus módulos especiales, y que acompaña por contrato a las expediciones humanas a planetas que se encuentren en fase de exploración, se trata de una novela que, partiendo de una trama sencilla, equilibra misterio, humor y reflexiones de y sobre su protagonista con el ánimo de maximizar el entretenimiento proporcionado. Para el lector con cierto conocimiento del género resultará obvio que tanto el estilo un tanto socarrón como la prosa directa y con atención recurrente al elemento bélico recuerdan a John Scalzi, pero afortunadamente el libro se sostiene gracias a una serie de virtudes propias, entre las que, a mi modo de ver, destaca especialmente el punto de vista que en todo momento nos ofrece Matabot sobre el comportamiento humano y los parámetros (obvios para nosotros pero peculiares para un observador externo) que configuran las sociedades humanas.
El trepidante ritmo de la novela, y la gradual revelación de nuevos misterios conforme los exploradores de PreservaciónAux van resolviendo el más acuciante, facilitan notablemente el disfrute y, salvando las distancias, pueden recordar a los que con tanta habilidad introducía Isaac Asimov. Pero a pesar de su corta extensión, a lo largo de sus páginas también da tiempo para interiorizar e incluso llegar a comprender las dificultades de Matabot a la hora de relacionarse con los humanos (habitualmente incomprendido por ellos, le termina cogiendo cariño a este grupo precisamente porque le tienen en consideración y se interesan por él), a introducir reflexiones sobre la cara oscura del capitalismo (los contratos férreos impuestos por las aseguradoras, las consecuencias del uso recurrente de materiales baratos...), e incluso a inducir al lector a especular sobre conceptos como el libre albedrío, o qué define realmente la esencia de un ser humano. Y todo a partir de un personaje bien construido y verosímil en su singularidad.
No obstante, en la novela hay varios aspectos mejorables. El más obvio es la desatención (en parte explicable por la reducida extensión) a los personajes secundarios, tanto que incluso al llegar al capítulo final es casi imposible reconocerlos y situarlos. Por no hablar de los "malos", tan genéricos que Wells los caracteriza únicamente por el color de sus uniformes. A pesar de que la autora nos muestra drones de diversas funciones, armas sofisticadas de uso externo o integradas en los cuerpos de los constructos, hábitats repletos de tecnología, o diversos mecanismos de comunicación, el elemento científico también tiene lagunas, ya que a veces se nota que realmente no ha terminado de interiorizar algunos conceptos tecnológicos o científicos. Otro defecto es que la ambientación, entendida en sentido amplio (es decir, tanto la del planeta como la de la sociedad humana futura) queda muy en segundo plano, cuando podría haber dado mucho más de sí. En otro orden de cosas, la trama es muy simple y nada innovadora, pese a la habilidad de Wells a la hora de camuflar esta carencia. Y tanto el abuso de expresiones coloquiales y barbarismos como la obsesión de Matabot por las series (para la cual sí que hay espacio de sobre en los ocho capítulos) pueden resultar un poco cargantes.
El desenlace "teórico" (esto es, el que sucede en el planeta objeto de las exploraciones) también me parece mejorable, pues se resuelve de manera confusa y sin alcanzar el clímax esperado. Pero el desenlace "real" (o lo que es lo mismo, el que Wells relata en los últimos párrafos, con la partida de Matabot) sí que me parece convincente, puesto que en realidad es el mejor modo de mostrar que el universo ideado por la escritora se sostiene sobre mimbres sólidos y puede dar mucho más de sí que lo relatado en esta primera obra a lo largo de futuras entregas. Por lo que "Sistemas Críticos" termina siendo una especia de aperitivo antes del banquete, agradable y válido a la hora de fijar expectativas pero no de saciar al lector. Por lo cual les emplazo a mi siguiente reseña sobre la saga, en próximas semanas.

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