Una entrada más prosigo con mi segundo recorrido por alguna de las sagas más relevantes de la ciencia-ficción publicadas en español. Voy a hablarles en en esta ocasión de la siguiente novela en orden de lectura de la saga Vorkosigan, la monumental obra de la estadounidense Lois McMaster Bujold de la que he venido reseñando varias de sus novelas en las entradas más recientes. La de hoy es la segunda que tiene como protagonista a Miles Vorkosigan, el personaje que da título a toda la saga. Hecho que influyó en mi decisión de detener la lectura de esta serie. Porque tras la decepción que, como expliqué en su momento, supuso la lectura de "El Aprendiz de Guerrero", la de hoy era la segunda oportunidad que le concedía a las peripecias de Miles. Y aunque mi impresión final fue más favorable que la de su predecesora en orden de lectura, tampoco me pareció lo suficientemente relevante como para proseguir con la sagaa. Y es que se trata de una novela con una primera parte claramente diferenciada, amena y bien presentada, y una segunda más larga y dispersa, con algunos buenos momentos pero netamente inferior.
Sin duda lo mejor del libro es esa primera parte (que abarca un cuarto de su extensión) en la que Miles desempeña su primer trabajo como álferez, el de oficial de meteorología en la remota y gélida base Lazkowski. Un tramo álgido que en realidad tampoco supone mayor sorpresa, ya que se publicó inicialmente como un relato independiente. Pero que hace concebir esperanzas respecto a la mayor calidad de esta entrega: un marco escénico cautivador, un par de personajes con fuerza (el teniente Ahn y el general Metzov, este último reaprovechado en la segunda parte), un episodio tan angustioso que se recuerda semanas después de haberlo leído, y la conocida tendencia de Miles para no acatar órdenes y meterse en problemas configuran varios de los mejores capítulos de toda la saga hasta ese momento.
Por desgracia, con el regreso de Miles al Cuartel de Seguridad Imperial la trama regresa a terrenos más conocidos (y menos atrayentes). Porque lo que nos presenta Bujold desde ahí hasta el final es similar a lo narrado en su anterior entrega: Miles huyendo de constantes peligros hasta verse de nuevo en la necesidad de adoptar su identidad de Almirante Naismith al frente de los Mercenarios Dendarii, y como era de esperar, con la paz de la galaxia en equilibrio inestable. Aunque mi impresión final de "El Juego de los Vor" fue más favorable que la de "El Aprendiz de Guerrero", pues aquí la historia es menos repetitiva y hay más misterios de fondo, los cuales permiten que la novela funcione no sólo como space opera, sino también como una historia de intrigas.
Siguiendo con los aciertos de esta obra, el siempre discreto pero correctamente tratado elemento científico y técnico adquiere un inusitado protagonismo, por ejemplo, en las páginas en las que la autora describe las últimas tendencias en armas para combates a escala galáctica (caso de la lanza de implosión gravítica), o incluso cuando explica con detalle los cuatro métodos para atacar agujeros de gusano. El meritorio tratamiento de varios de sus personajes, ya conocido a la hora de extraer el máximo de su singular protagonista, logra en esta entrega grandes cotas con el Emperador Gregor Vorbarra, desde su intento de suicidio al conocer las visicitudes de su origen, hasta su temeraria huída de Barrayar, pasando por sus dudas a la hora de relacionarse con la "mala malísima" Cavilo (un personaje bastante flojo, dicho sea de paso). Además, en esta novela por fin se nos ofrece un mapa para ubicar los saltos y el equilibrio de fuerzas en torno a los agujeros de gusano, y Bujold sigue haciéndonos la lectura disfrutable con su prosa directa, su estilo en el límite de lo superficial, y un ritmo literario por lo general alto.
El principal problema de la novela es la confusión asociada a las luchas de poder que se le presentan al lector. Da la impresión de que estas luchas están claras en la cabeza de Bujold, y de hecho Miles no sólo las visualiza sino que es capaz de anticipar los siguientes movimientos de distintas facciones. Pero en mi caso al menos no logré comprender en ningún momento las alianzas y los enfrentamientos entre los distintos planetas, ni tampoco qué iba sucediendo con la mayoría de los personajes que se enfrentaban a Miles (Oser, Ungari, Cavilo, Metzov...), ni siquiera con dónde se había quedado la narración respecto a un personaje tan determinante como el Emperador Gregor. Habría sido necesario recordar el destino y la situación presentes de muchos de estos personajes, así como su contribución a los cambios en el equilibrio de fuerzas y posterior desenlace. Pero la autora se olvida de ello. Y como en novelas anteriores, sigue flojeando a la hora de ubicar espacialmente al lector y describir los entornos. Con lo que el embrollo aumenta y el interés baja.
A ello hay que sumarle de nuevo el recurso a coincidencias milagrosas (afortunadamente, menos frecuentes que en anteriores entregas), la ligereza de ideas que desprende la obra a pesar de esa trama embrollada, la tensión amorosa entre Elena Bothari y Miles Vorkosigan (que sigue sin estar bien resuelta), y un desenlace que, aunque esta vez sí existe, anda escaso de tensión, aunque resulte entretenido. De suerte que, al finalizar la lectura de esta novela, me encontré saturado de los mercenarios Dendarii, de las tramas galácticas similares entre distintas novelas, de no conseguir aprehender todo lo narrado, y de no toparme apenas con nada que me hiciera reflexionar. Así que, aunque no se trata de su entrega más floja, con "El Juego de los Vor" di por terminada la lectura de la saga Vorkosigan. Y ello a pesar de que aún me quedaban nueve novelas por leer (y eso de las traducidas en español, pues hasta donde yo sé, existe al menos una décimo sexta, "Captain Vorpatril's Alliance" pendiente de ser traducida a nuestro idioma). Con las seis que había leído, había tenido suficiente.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
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domingo, 13 de octubre de 2024
sábado, 31 de agosto de 2024
"Barrayar" (1991). Lois McMaster Bujold
Con la entrada de hoy continúo mi nueva revisión por algunas de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción que aún no habían aparecido (en todo o en parte) por este humilde blog. Sigo hablándoles de la Saga Vorkosigan, y sigo reseñando las novelas que la conforman según el orden cronológico interno de las mismas. Que, como expliqué hace un par de entradas, no es exactamente el recomendado por la autora, pero que a mí me pareció más adecuado. Es el momento, pues, de hablarles de "Barrayar". Un libro que en su momento se alzó con los Premios Hugo y Nébula. Pese a lo cual no la considero una novela redonda, aunque sí superior, por ejemplo, a la anterior entrega de la saga, "Fragmentos de honor" (1986). Y es que se trata de una obra de trama sencilla, que retoma la historia justo en el punto en el que la dejó "Fragmentos...", lenta y derivativa en su primera mitad, más enfocada y disfrutable en su segunda.
En esta entrega Bujold se aleja del concepto canónico de space opera y se acerca más a un relato de intrigas políticas y militares en el planeta Barrayar. Algo que, en mi opinión, afecta negativamente al disfrute de la novela. Y es que el lector se ve obligado a atravesar capítulos en los que apenas sucede realmente nada. Ni a su pareja protagonista (los conocidos Cordelia Naismith y Aral Vorkosigan), ni a los personajes supuestamente secundarios. Este defecto aplica especialmente a la primera mitad de la novela, enredada en revisitar y redimensionar los acontecimientos de "Fragmentos...", a la vez que intenta, sin demasiado éxito, explicar las facciones que se disputan el poder en Barrayar. Tan derivativa y falta de ritmo, que por momentos me hizo cuestionarme si había hecho lo correcto al proseguir con la lectura de la saga.
Afortunadamente, el golpe de Estado en la capital imperial y la consiguiente huída de Cordelia de la Casa Vorkosigan dan comienzo a una segunda parte en la que la impronta de su autora resulta mucho más reconocible: dinámica, repleta de acción, con varias situaciones límite, personajes obligados a recurrir a su ingenio, y hasta marcos escénicos más variados y atrayentes. De suerte que al final mi valoración global de la novela fue favorable. En esta entrega la escritora sigue impregnando de una humanidad imperfecta a la mayoría de sus personajes, y se mantiene fiel a su prosa directa, con predominio de unos acerados diálogos (a veces en el límite de lo verosímil) sobre pretenciosas descripciones. Además, aunque la trama sea bastante simple, Bujold la sabe enriquecer con tres o cuatro giros inesperados que precipitan los acontecimientos durante esa segunda mitad. Y, a diferencia de su antecesora, sí remata el libro con un verdadero desenlace, quizás demasiado fácil para lo temerario del plan de Cordelia, pero emocionante, emotivo y eficaz a la hora de atar cabos.
Regresando a los defectos de esta obra un tanto irregular, aparte de las páginas de relleno en su primera mitad y de su sencillez argumental, lo que más chirría es que, pese a estar concebida para que asistamos a lo que acontece a través de la mirada de Cornelia, a menudo son otros personajes los que reciben toda la atención de la narradora. Y ello puede ser admisible en personajes tan poliédricos como el Sargento Bothari, pero provoca incomodidad y hasta cierto sonrojo en el caso de la historia de amor entre Koudelka y Droushnakovi, tan entrecortada como forzada, y que casi siempre recibe la atención en el momento menos oportuno. Otro defecto menor es que en ocasiones cuesta situar dónde está ocurriendo la acción (habría venido de perlas uno o varios mapas). Y a veces los pensamientos de Cordelia que nos ofrece Bujold se antojan poco naturales.
No obstante, el entretenimiento sin grandes pretensiones característico de Bujold termina prevaleciendo, con pasajes realmente disfrutables como la huída de Cordelia y sus acompañantes por los parajes más inhóspitos del distrito Vorkosigan, o todo lo relativo a su embarazo. Que por cierto, es donde más evidente resulta la preocupación de Bujold por el siempre necesario elemento científico: desde el proceso de transferencia placentaria, pasando por toda la tecnología asociada a la réplica extrauterina, hasta llegar al singular nacimiento. Adicionalmente, Barrayar sirve al propósito de contextualizar las circunstancias en las que vino al mundo Miles Vorkosigan y familiarizarse con el pasado de personajes que también aparecerán en futuras entregas. Y por eso, a pesar de sus fallos, globalmente se trata de una lectura lo suficientemente amena como para seguir dando continuidad a la saga.
En esta entrega Bujold se aleja del concepto canónico de space opera y se acerca más a un relato de intrigas políticas y militares en el planeta Barrayar. Algo que, en mi opinión, afecta negativamente al disfrute de la novela. Y es que el lector se ve obligado a atravesar capítulos en los que apenas sucede realmente nada. Ni a su pareja protagonista (los conocidos Cordelia Naismith y Aral Vorkosigan), ni a los personajes supuestamente secundarios. Este defecto aplica especialmente a la primera mitad de la novela, enredada en revisitar y redimensionar los acontecimientos de "Fragmentos...", a la vez que intenta, sin demasiado éxito, explicar las facciones que se disputan el poder en Barrayar. Tan derivativa y falta de ritmo, que por momentos me hizo cuestionarme si había hecho lo correcto al proseguir con la lectura de la saga.
Afortunadamente, el golpe de Estado en la capital imperial y la consiguiente huída de Cordelia de la Casa Vorkosigan dan comienzo a una segunda parte en la que la impronta de su autora resulta mucho más reconocible: dinámica, repleta de acción, con varias situaciones límite, personajes obligados a recurrir a su ingenio, y hasta marcos escénicos más variados y atrayentes. De suerte que al final mi valoración global de la novela fue favorable. En esta entrega la escritora sigue impregnando de una humanidad imperfecta a la mayoría de sus personajes, y se mantiene fiel a su prosa directa, con predominio de unos acerados diálogos (a veces en el límite de lo verosímil) sobre pretenciosas descripciones. Además, aunque la trama sea bastante simple, Bujold la sabe enriquecer con tres o cuatro giros inesperados que precipitan los acontecimientos durante esa segunda mitad. Y, a diferencia de su antecesora, sí remata el libro con un verdadero desenlace, quizás demasiado fácil para lo temerario del plan de Cordelia, pero emocionante, emotivo y eficaz a la hora de atar cabos.
Regresando a los defectos de esta obra un tanto irregular, aparte de las páginas de relleno en su primera mitad y de su sencillez argumental, lo que más chirría es que, pese a estar concebida para que asistamos a lo que acontece a través de la mirada de Cornelia, a menudo son otros personajes los que reciben toda la atención de la narradora. Y ello puede ser admisible en personajes tan poliédricos como el Sargento Bothari, pero provoca incomodidad y hasta cierto sonrojo en el caso de la historia de amor entre Koudelka y Droushnakovi, tan entrecortada como forzada, y que casi siempre recibe la atención en el momento menos oportuno. Otro defecto menor es que en ocasiones cuesta situar dónde está ocurriendo la acción (habría venido de perlas uno o varios mapas). Y a veces los pensamientos de Cordelia que nos ofrece Bujold se antojan poco naturales.
No obstante, el entretenimiento sin grandes pretensiones característico de Bujold termina prevaleciendo, con pasajes realmente disfrutables como la huída de Cordelia y sus acompañantes por los parajes más inhóspitos del distrito Vorkosigan, o todo lo relativo a su embarazo. Que por cierto, es donde más evidente resulta la preocupación de Bujold por el siempre necesario elemento científico: desde el proceso de transferencia placentaria, pasando por toda la tecnología asociada a la réplica extrauterina, hasta llegar al singular nacimiento. Adicionalmente, Barrayar sirve al propósito de contextualizar las circunstancias en las que vino al mundo Miles Vorkosigan y familiarizarse con el pasado de personajes que también aparecerán en futuras entregas. Y por eso, a pesar de sus fallos, globalmente se trata de una lectura lo suficientemente amena como para seguir dando continuidad a la saga.
sábado, 10 de agosto de 2024
"Fragmentos de Honor" (1986). Lois McMaster Bujold
Con la entrada de hoy continúo con mi nuevo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes de la literatura de ciencia-ficción. Una continuidad que se traslada a la saga de Miles Vorkosigan, de la estadounidense Lois McMaster Bujold. Saga de la que ya reseñé hace unos días su laureada novela "En Caída Libre" (1988), y de la que hoy voy a seguir hablándoles a través de "Fragmentos de Honor" (1986), una novela que como pueden ver fue escrita con anterioridad a la ya reseñada, pero que en la cronología de la saga se sitúa justo a continuación, razón por la que las he decidido presentar en este orden. Aparte de que, ciñéndonos a su contenido, me parece una novela inferior a la anterior (de hecho, no recibió ninguno de los galardones de su predecesora). Y es que se trata de una obra que arranca muy bien con las escaramuzas entre las expediciones de la Colonia Beta y Barrayar en un planeta ignoto, pero que se va desinflando poco a poco, volviéndose confusa y previsible a partes iguales. Aunque como suele ser habitual en su autora, se deja leer hasta el final.
Sin duda lo mejor de la novela es su primera cuarta parte, en la superficie del planeta Sergyar. Unas páginas en las que abundan las aventuras, las desconfianzas mutuas entre expedicionarios, y la lucha por la supervivencia. Con descripciones precisas y muy visuales, y una tecnología y un entorno aparentemente plausibles, ofrecen entretenimiento en estado puro. Y la evolución que comenzamos a observar en la relación entre la betana Cordelia Naismith y el barrayarés Aral Vorkosigan, su pareja protagonista, aún no cae en obviedades, y está presidida por el honor al que alude el título.
Una vez finalizada esta parte, con la llegada a la lanzadera barrayaresa primero y a la nave General Vorkraft después, la novela muta a otro nivel, más reposado y centrado en cuestiones políticas y militares a la vez que sigue intentando (sin lograrlo del todo) fortalecer de manera natural la atracción mutua entre Cordelia y Aral. Aún hay buenas páginas (desde las intrigas de las diversas facciones para hacerse con el control de la nave hasta las diversas cirugías empleadas en varios personajes), pero ya cuesta seguir las maniobras de los distintos frentes de poder en Barrayar y cuál de ellos defiende cada personaje.
La guerra contra el planeta Escobar que se narra a continuación ya sí adolece de parte de la esperable dosis de acción en una space opera de la estadounidense, y resulta más destacable por el sadismo de Vorrutyer y sobre todo, por las maniobras internas de Vorkosigan para hacerse con el control de la situación y a la vez ejecutar el plan secreto urdido por el emperador. Pero aquí la novela ya se desvía mucho de la que aparentemente había sido su intención original y se centra en demasía en detalles tangenciales, como el Sargento Bothari y sus bastardos, o las complejas explicaciones sobre los distintos bandos barrayareses en liza. Aunque al menos todavía se puede afirmar que siguen sucediendo acontecimientos. Porque en la última pate apenas ocurre nada destacable. Algo inusual en Bujold.
Esa falta de contenido en el último tramo provoca que el interés por continuar la lectura disminuya notablemente. Más aún si tenemos en cuenta que no existe desenlace como tal, sino un simple esfuerzo por atar cabos que, en el caso del dúo protagonista, se vuelve absolutamente predecible (ni su encuentro final ni la posterior regencia causan sorpresa alguna). Pero es que, además, el empeño por realizar una buena caracterización psicológica de su protagonista femenina se viene abajo cuando asistimos al histronismo infantiloide con el que reacciona a la acogida que sus paisanos le dispensan a su regreso a la Colonia Beta, o sus burdas dotes de persuasión cuando, obviamente sin dificultad alguna, logra escapar de Beta y regresar a Barrayar. Si a ello le sumamos la reiteración en los elementos humorísticos (baste con detenerse en cuántos personajes recalcan no haber votado a Freddy el firme), y un último capítulo ("Después de la Batalla") totalmente desligado con el resto de lo narrado y sensiblero en exceso, se comprenderá por qué prefiero "En Caída Libre".
Y es una pena, porque durante su primer tramo la novela prometía, el marco escénico evidentemente podía dar más de sí (como lo pondrán de manifiesto siguientes novelas de la saga), y pese a la amenidad habitual de Bujold, no faltan reflexiones de calado (en especial las relativas a las imágenes públicas preconcebidas, y a cómo la versión idealizada de muchos acontecimientos tiende a imponerse a la real de manera natural). Seguramente la bisoñez de su escritora (que acababa de iniciar su carrera) jugó en su contra, al no acertar a maximizar las virtudes de su creación y sí hacer evidentes sus defectos.
Sin duda lo mejor de la novela es su primera cuarta parte, en la superficie del planeta Sergyar. Unas páginas en las que abundan las aventuras, las desconfianzas mutuas entre expedicionarios, y la lucha por la supervivencia. Con descripciones precisas y muy visuales, y una tecnología y un entorno aparentemente plausibles, ofrecen entretenimiento en estado puro. Y la evolución que comenzamos a observar en la relación entre la betana Cordelia Naismith y el barrayarés Aral Vorkosigan, su pareja protagonista, aún no cae en obviedades, y está presidida por el honor al que alude el título.
Una vez finalizada esta parte, con la llegada a la lanzadera barrayaresa primero y a la nave General Vorkraft después, la novela muta a otro nivel, más reposado y centrado en cuestiones políticas y militares a la vez que sigue intentando (sin lograrlo del todo) fortalecer de manera natural la atracción mutua entre Cordelia y Aral. Aún hay buenas páginas (desde las intrigas de las diversas facciones para hacerse con el control de la nave hasta las diversas cirugías empleadas en varios personajes), pero ya cuesta seguir las maniobras de los distintos frentes de poder en Barrayar y cuál de ellos defiende cada personaje.
La guerra contra el planeta Escobar que se narra a continuación ya sí adolece de parte de la esperable dosis de acción en una space opera de la estadounidense, y resulta más destacable por el sadismo de Vorrutyer y sobre todo, por las maniobras internas de Vorkosigan para hacerse con el control de la situación y a la vez ejecutar el plan secreto urdido por el emperador. Pero aquí la novela ya se desvía mucho de la que aparentemente había sido su intención original y se centra en demasía en detalles tangenciales, como el Sargento Bothari y sus bastardos, o las complejas explicaciones sobre los distintos bandos barrayareses en liza. Aunque al menos todavía se puede afirmar que siguen sucediendo acontecimientos. Porque en la última pate apenas ocurre nada destacable. Algo inusual en Bujold.
Esa falta de contenido en el último tramo provoca que el interés por continuar la lectura disminuya notablemente. Más aún si tenemos en cuenta que no existe desenlace como tal, sino un simple esfuerzo por atar cabos que, en el caso del dúo protagonista, se vuelve absolutamente predecible (ni su encuentro final ni la posterior regencia causan sorpresa alguna). Pero es que, además, el empeño por realizar una buena caracterización psicológica de su protagonista femenina se viene abajo cuando asistimos al histronismo infantiloide con el que reacciona a la acogida que sus paisanos le dispensan a su regreso a la Colonia Beta, o sus burdas dotes de persuasión cuando, obviamente sin dificultad alguna, logra escapar de Beta y regresar a Barrayar. Si a ello le sumamos la reiteración en los elementos humorísticos (baste con detenerse en cuántos personajes recalcan no haber votado a Freddy el firme), y un último capítulo ("Después de la Batalla") totalmente desligado con el resto de lo narrado y sensiblero en exceso, se comprenderá por qué prefiero "En Caída Libre".
Y es una pena, porque durante su primer tramo la novela prometía, el marco escénico evidentemente podía dar más de sí (como lo pondrán de manifiesto siguientes novelas de la saga), y pese a la amenidad habitual de Bujold, no faltan reflexiones de calado (en especial las relativas a las imágenes públicas preconcebidas, y a cómo la versión idealizada de muchos acontecimientos tiende a imponerse a la real de manera natural). Seguramente la bisoñez de su escritora (que acababa de iniciar su carrera) jugó en su contra, al no acertar a maximizar las virtudes de su creación y sí hacer evidentes sus defectos.
miércoles, 31 de julio de 2024
"En caída libre" (1988). Lois McMaster Bujold
Con la entrada de hoy avanzo en mi recorrido por otras sagas relevantes en la literatura de ciencia-ficción que hasta ahora no habían aparecido (o no en toda su extensión) por este humilde blog. Voy a adentrarme hoy en la conocida como Saga Vorkosigan, o lo que es lo mismo, el personal universo de la estadounidense Lois McMaster Bujold. Saga que recibe el nombre de su protagonista absoluto, Miles Vorkosigan. Si bien debo empezar aclarando que Miles no aparece en todos los títulos de la misma. Y es que estamos ante uno de esos casos en los que la autora fue creando historias a lo largo de los años en un universo coherente de un futuro lejano, con cierta idea de constituir una saga pero sin lanzarse realmente a ello, hasta que llegó a un punto en el que la necesidad de transformar su producció en una saga surgió de manera natural. En estas situaciones llega entonces el momento de cohesionar la saga, o al menos de estructurarla cronológicamente. Que es a lo más que se ha atrevido la autora hasta la fecha. Aunque curiosamente el orden propuesto de lectura de las dieciséis novelas que la conforman no es estrictamente el cronológico, ni tampoco el de escritura. Por eso cuando me decidí a adentrarme en esta serie no respeté su orden propuesto de lectura, y comencé por un título suelto que me había llamado la atención ("Ethan de Athos", 1986). Y cuando llegó la hora de profundizar en ella, me pareció que el orden cronológico era el que más me iba a ayudar a situarme. Por eso la novela que le traigo en esta ocasión es "En caída libre", la más antigua cronológicamente (aunque la decimotercera según el orden de lectura sugerido por la escritora). Novela que, por cierto, se alzó con el Premio Nébula cuando fue publicada, lo que ya denota que nos hallamos ante uno título de cabecera en la saga. Y es que se tratar de una novela que, a partir de una interesante y plausible manipulación genética sobre seres humanos, nos ofrece una lectura amena, mezcla de aventuras y especulaciones, y con una poderosa base científica. Aunque en mi opinión peca de liviana.
Pese a la juventud de Bujold en el momento de escribirla, la obra ya refleja los principales rasgos literarios de su autora: lectura fácil, diálogos directos, continuas aventuras y predominio del entretenimiento sobre la profundidad. Con el añadido en esta oportunidad de un elemento científico muy cuidado y muy presente: desde los agujeros de gusano, pasando por las complejas técnicas de soldadura y ensamblaje a bordo de naves y hábitats espaciales, hasta todos los detalles sobre la construcción imprevista de un espejo vórtice para la nave de Salto. Ciencia-ficción en el mejor sentido del término.
Pero además de la tecnología, la ciencia también está presente desde la misma base de la trama. Me refiero a los cuadrúmanos, seres humanos manipulados genéticamente para tener cuatro brazos en vez de dos brazos y dos piernas, y adaptarse así mejor a las condiciones de gravedad cero. En las cuales se encuentra el hábitat de GalacTech, la superempresa tecnológica que está explotando el planeta Rodeo en torno al cual orbita. El trato que reciben los primeros mil cuadrúmanos a bordo varía según los humanos con los que comparten el hábitat, por lo que cuando el avance del mecanismo de gravedad artificial les convierte en un mero recursos prescindible, el conflicto moral está servido. Y también el motor que dinamice la lectura hasta el final.
Y sin duda Bujold consigue que la novela se lea casi como un best-seller mientras seguimos las decisiones y las peripecias de su protagonista Leo Graf para salvar a sus amigos cuadrúmanos del desolador destino que ha decidido para ellos su antagonista, Bruce Van Atta. El problema de esa amenidad es que, a pesar del premio antes mencionado, se alcanza a costa de no profundizar en muchos de los elementos en juego. Tanto es así que a menudo la novela parece una obra para "young adults". Porque muchas de las reflexiones que jalonan sus páginas se comprenden, pero se habrían beneficiado de un mayor desarrollo. A menudo la acción es demasiado vertiginosa, y la escritora renuncia a relatarnos todo lo que no sea absolutamente imprescindible para seguir la trama. A modo de ejemplo, el rescate del cuadrúmano Tony del planeta Rodeo, que podría haber dado lugar a uno de los momentos de mayor controversia y dinamismo del libro, se narra a posteriori. Y a cambio Bujold dedica ese intervalo temporal de la novela a que la cuadrúmana Silver y la Señora Marchenko hablen sobre violines. Otros defectos menores son algunos pesonajes un tanto arquetípicos (en especial el malo-malísimo Van Atta), una ineptitud más allá de lo razonable en las Fuerzas de Seguridad de Rodeo, una previsibilidad latente desde que Leo toma la decisión de trasladar a los cuadrúmanos, un desenlace por fases en el que el bando de Van Atta tarda una eternidad en dar el todo por el todo, y el empleo innecesario de barbarismos.
En todo caso, el balance final de la novela es francamente positivo, gracias a un marco escénico cautivador y rigurosamente recreado, a la no por conocida menos perturbadora amoralidad de las grandes corporaciones, a los pequeños detalles que reflejan la graudal humanización de los cuadrúmanos (desde la defensa incondicional de sus descendientes hasta el recurso al sexo con los humanos para obtener beneficios materiales o inmateriales), y a pasajes de pleno disfrute, como los pilotajes de Ti a bordo de la lanzadera o la nave de Salto. Por no hablar de un desenlace frenético y en el que los distintos personajes se ven obligados a posicionarse sin excepción frente al dilema cuadrúmano.
Pese a la juventud de Bujold en el momento de escribirla, la obra ya refleja los principales rasgos literarios de su autora: lectura fácil, diálogos directos, continuas aventuras y predominio del entretenimiento sobre la profundidad. Con el añadido en esta oportunidad de un elemento científico muy cuidado y muy presente: desde los agujeros de gusano, pasando por las complejas técnicas de soldadura y ensamblaje a bordo de naves y hábitats espaciales, hasta todos los detalles sobre la construcción imprevista de un espejo vórtice para la nave de Salto. Ciencia-ficción en el mejor sentido del término.
Pero además de la tecnología, la ciencia también está presente desde la misma base de la trama. Me refiero a los cuadrúmanos, seres humanos manipulados genéticamente para tener cuatro brazos en vez de dos brazos y dos piernas, y adaptarse así mejor a las condiciones de gravedad cero. En las cuales se encuentra el hábitat de GalacTech, la superempresa tecnológica que está explotando el planeta Rodeo en torno al cual orbita. El trato que reciben los primeros mil cuadrúmanos a bordo varía según los humanos con los que comparten el hábitat, por lo que cuando el avance del mecanismo de gravedad artificial les convierte en un mero recursos prescindible, el conflicto moral está servido. Y también el motor que dinamice la lectura hasta el final.
Y sin duda Bujold consigue que la novela se lea casi como un best-seller mientras seguimos las decisiones y las peripecias de su protagonista Leo Graf para salvar a sus amigos cuadrúmanos del desolador destino que ha decidido para ellos su antagonista, Bruce Van Atta. El problema de esa amenidad es que, a pesar del premio antes mencionado, se alcanza a costa de no profundizar en muchos de los elementos en juego. Tanto es así que a menudo la novela parece una obra para "young adults". Porque muchas de las reflexiones que jalonan sus páginas se comprenden, pero se habrían beneficiado de un mayor desarrollo. A menudo la acción es demasiado vertiginosa, y la escritora renuncia a relatarnos todo lo que no sea absolutamente imprescindible para seguir la trama. A modo de ejemplo, el rescate del cuadrúmano Tony del planeta Rodeo, que podría haber dado lugar a uno de los momentos de mayor controversia y dinamismo del libro, se narra a posteriori. Y a cambio Bujold dedica ese intervalo temporal de la novela a que la cuadrúmana Silver y la Señora Marchenko hablen sobre violines. Otros defectos menores son algunos pesonajes un tanto arquetípicos (en especial el malo-malísimo Van Atta), una ineptitud más allá de lo razonable en las Fuerzas de Seguridad de Rodeo, una previsibilidad latente desde que Leo toma la decisión de trasladar a los cuadrúmanos, un desenlace por fases en el que el bando de Van Atta tarda una eternidad en dar el todo por el todo, y el empleo innecesario de barbarismos.
En todo caso, el balance final de la novela es francamente positivo, gracias a un marco escénico cautivador y rigurosamente recreado, a la no por conocida menos perturbadora amoralidad de las grandes corporaciones, a los pequeños detalles que reflejan la graudal humanización de los cuadrúmanos (desde la defensa incondicional de sus descendientes hasta el recurso al sexo con los humanos para obtener beneficios materiales o inmateriales), y a pasajes de pleno disfrute, como los pilotajes de Ti a bordo de la lanzadera o la nave de Salto. Por no hablar de un desenlace frenético y en el que los distintos personajes se ven obligados a posicionarse sin excepción frente al dilema cuadrúmano.
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