Una vez terminado mi recorrido por las principales distopías del siglo XX, con la presente entrada comienzo una nueva y apasionante travesía por otro de los principales subgéneros de la literatura de ciencia-ficción: la ciencia-ficción dura (o "hard", dado que a menudo se emplea directamente su calificativo en inglés). En esta oportunidad, la idea de dedicar unos meses a este fascinante subgénero no ha sido mía: hace casi un año, uno de mis amables seguidores (del que, por supuesto, no revelaré su identidad) me envió un mensaje privado para comentar al escritor australiano Greg Egan, y tras un par de correos acabó sugiriéndome la idea de realizar una retrospectiva sobre la ciencia-ficción dura. Una idea que había contemplado en varias ocasiones a lo largo de los años, pero que, siendo sincero, siempre había descartado por una razón principal: pensaba que iba a carecer del tirón suficiente. Pero este intercambio de mensajes me convenció de lo contrario.
Y es que, aunque probablemente sea el subgénero en el cual el público en general piensa cuando escucha el término "ciencia-ficción", la ciencia-ficción dura es seguramente el que más rechazo genera. A modo de ejemplo, el caso de Greg Egan es paradigmático: para muchos lectores (incluso grandes aficionados al género) la lectura de sus obras puede resultar demasiado ardua, con lo cual el placer de la lectura puede verse entorpecido por las dificultades de comprensión. En otras palabras, una cosa es que la obra en cuestión goce de un elemento científico razonablemente cuidado, para que podamos hablar de ciencia-ficción y no de fantasía, y otra que dicho elemento científico acapare todo el protagonismo. En especial si la ciencia que monopoliza toda nuestra atención está fundada en los últimos avances del conocimiento, por lo cual su entendimiento podría no ser sencillo incluso para lectores con una buena base científica y teconológica.
El término lo usó por primera vez en 1957 P. Schuyler Miller en una reseña de una novela de uno de los padres ideológicos del género, el editor y escritor John W. Campbell. Pero el concepto ya llevaba tiempo implícito en el desarrollo de esta vertiente literaria, y de hecho una de las novelas de referencia del subgénero ya se había publicado unos años antes. La controversia asociada al término deriva, pues, de lo impreciso de su definición. Entre las más aceptadas está aquella que la designa una categoría de la ciencia-ficción "caracterizada por la preocupación por la precisión y la lógica científicas". Algo que, como comprenderán, aplica a la inmensa mayoría de las obras que he ido reseñando en este humilde blog a lo largo de los años, lo que implicaría que muchos de los subgéneros de la ciencia-ficción podrían considerarse "dura". Hilando más fino, podríamos decir que la ciencia-ficción dura debe ser intencional, en el sentido de que la historia narrada sea precisa, lógica, creíble y rigurosa en su uso del conocimiento científico y tecnológico actual. Aunque nuevamente debemos admitir cierto grado de subjetividad a la hora de cuánto de "ciencia real" debe estar presente en una obra para considerarse "ciencia-ficción dura".
Por eso en este recorrido que les propongo voy a hacer uso de esa subjetividad a la hora de delimitar el subgénero. Para mí, la ciencia-ficción dura debe ser bastante dura. Sin llegar, eso sí, al extremo de aquellos aficionados que escrudiñan la supuesta ciencia-ficción dura en busca de inconsistencias y errores que impidan adscribirla a tal categoría (paradigmático es el caso del "Mundo Anillo" de Larry Niven y su cacareada inestabilidad), pero sí esperando que los autores hayan respetado el estado actual de la ciencia, y que hayan especulado sobre las posibilidades que la misma ofrece. Obviamente, me interesan más aquellas obras de ciencia-ficción dura que sean capaces de compaginar esa preeminencia del componente científico con una trama suficientemente elaborada, un estilo cuidado y unos personajes creíbles. Pero no considero un problema que narración, prosa y protagonistas estén menos elaborados que en otros subgéneros, puesto que resulta prácticamente imposible otorgar toda la atención a todos los elementos de una novela a la vez, y en la ciencia-ficción dura el escritor debe decantarse por la ciencia.
Es por eso que en otros recorridos y en otra selección de novelas de referencia del subgénero encontrarán a autores que para mí no se caracterizan por escribir ciencia-ficción dura. Desde Isaac Asimov a William Gibson. Escritores que, a mi modo de ver, cuidan evidentemente el elemento científico, pero no lo anteponen a otras consideraciones. En tanto que, por el contrario, los autores que ilustran esta entrada (Hal Clement y Robert L. Forward) son incuestionables puntales del subgénero. Por lo tanto, la lista que les voy a proponer ahora de los autores más relevantes de ciencia-ficción dura sólo incluye a aquellos que realmente cumplen esta premisa de la preeminencia de la ciencia, o por lo menos la han cumplido en algunas de sus obras señeras. Eso sí, debo aclarar que de muchos de estos escritores ya había reseñado con anterioridad su novela de cabecera en este subgénero; de ahí que haya optado por seleccionar alguna otra también adscribible al subgénero y de calidad suficiente. De otros, en cambio, repito su novela más representativa, por lo cual me limitaré a enlazar la reseña que ya hice en su momento. Finalmente, algunos aparecerán por primera vez en el blog. Como siempre, me he limitado a obras traducidas al español.
Sin más preámbulos, aquí les dejo la lista que iré recorriendo en próximos meses:
1. Hal Clement - "Misión de gravedad" (1954)
2. Fred Hoyle - "La nube negra" (1957)
3. Poul Anderson - "Tau Cero" (1970)
4. Larry Niven - "Un mundo fuera del tiempo" (1976)
6. Gregory Benford - "Cronopaisaje" (1980)
7. Charles Sheffield - "Entre los latidos de la noche" (1985)"
7. Kim Stanley Robinson - "Marte rojo" (1992)
8. Robert L. Forward - "Maestro del tiempo" (1992)
9. Vernor Vinge - "Un fuego sobre el abismo" (1992)
10. Greg Egan - "Ciudad permutación" (1994)
11. Alastair Reynolds - "Espacio revelación" (2000)
12. M. John Harrison - "Luz" (2003)
13. Arthur C. Clarke & Stephen Baxter - "El ojo del tiempo" (2004)
14. Damien Broderick - "Jugar a dioses" (2005)
15. Peter Watts - "Visión ciega" (2006)
16. James S A Corey - "El despertar del Leviatán" (2011)
17. Charles Stross - "Accelerando" (2011)
18. Cixin Liu - "El bosque oscuro" (2017)
19. Brandon Q. Morris - "La misión Encélado" (2019)
20. Andy Weir - "Proyecto Hail Mary" (2021)
Pese a lo que cabría pensar, la ciencia-ficción dura goza de razonable buena salud aunque compita con otras tendencias de mayor tirón comercial. Por eso casi la mitad de las novelas de la lista han sido publicadas en el siglo XXI. En realidad, la ciencia sigue avanzando continuamente, y si la literatura de ciencia-ficción aspira a seguir existiendo, debe seguir evolucionando con ella. Por lo cual espero seguir leyendo novelas de ciencia-ficción dura en próximos años, e igualmente seguir trayéndolas por aquí. De momento, demos comienzo a este fascinante periplo.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
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sábado, 26 de agosto de 2023
domingo, 31 de enero de 2021
Una retrospectiva sobre las escritoras de ciencia-ficción
Habitualmente cuando termino de revisar una temática en este humilde blog, paso directamente a la siguiente, sin una entrada a modo de reflexión o cierre. Sin embargo, en el caso de las escritoras de ciencia-ficción voy a rematar mi revisión con una pequeña retrospectiva. La razón es que cuando a principios de la pasada primavera me lancé a recorrer muchas de las mejores novelas de las principales escritoras del género, aún no había leído varias de las novelas que me proponía reseñar, sobre todo las más recientemente publicadas. Entre ellas, las de Becky Chambers y Mary Robinette Kowal, las multi-premiadas escritoras que ilustran esta entrada. Ahora, después de haberlas leído y reseñado, creo interesante compartir algunas reflexiones muy personales.
La primera, es que he quedado más convencido que antes de que la aportación de las mujeres al género ha sido muy beneficiosa. No es que la literatura de ciencia-ficción estuviera agotada (en mi opinión, los continuos avances científicos y tecnológicos lo impiden), pero en manos de las escritoras, muchos de sus temas clásicos reciben nuevas perspectivas. Es difícil de explicar, pero en general nos ofrecen un enfoque más humano, más centrado en las emociones, y los sentimientos, y eso contrarresta estupendamente uno de los principales defectos históricos del género, sobre todo en los primeros tiempos del mismo.
La segunda, que esa forma diferente de enfocar las historias, está últimamente recibiendo más atención por parte de la crítica de la que en mi opinión merece. Vivimos unos años en los que determinadas formas de pensar y actuar se ensalzan en toda ocasión, y si una escritora es astuta y se “apunta al carro”, es probable que obtenga un plus extra de reconocimiento que quizá su novela per sé no merecería. Pongo un ejemplo, para que se me entienda: el respeto a las minorías. Algo en lo que casi todos estaremos de acuerdo en el año 2021, pero que podría no ser el caso en el año 2221. Y eso es uno de los pilares del género: la capacidad de especular sobre realidades incómodas, o ajenas a las bases de nuestra cultura. Pensemos qué habría sido de tantas excelentes novelas (desde “Matadero cinco” de Kurt Vonnegut Jr. hasta “El sueño de hierro” de Norman Spinrad) si se hubieran alineado con los principios vigentes en la actualidad. Pienso que la ciencia-ficción permite todo tipo de especulaciones siempre que se intenten justificar, por descabelladas o incluso atroces que nos puedan parecer, y el resultado deberíamos valorarlo por lo que nos hagan reflexionar, no porque nos machaquen con determinadas doctrinas de las que estamos oyendo a diario.
Y la tercera, que a pesar de todas las escritoras que he tenido oportunidad de leer en estos últimos meses, ninguna de ellas ha pasado a formar parte de mi lista sagrada de escritores favoritos. Espero que no me consideren un misógino por ello; simplemente no he experimentado con ninguna de ellas un grado de fascinación similar al que me despiertan los grandes títulos de Robert Silverberg, Isaac Asimov o Fred Hoyle. No sé si porque para mí el elemento científico es muy importante (es parte de la denominación del género, de hecho) y algunas veces determinadas escritoras lo dejan en segundo plano, o porque simplemente la profundidad de Silverberg, la fascinación por las civilizaciones futuras de Asimov, o las irreprochables novelas de científicos de Fred Hoyle me llaman más la atención.
De hecho, las dos novelas de escritoras que aún no había leído y que más me han gustado en estos meses, han sido de dos autoras no muy conocidas, de las menos prestigiosas y de las que una carrera literaria más discontinua están llevando: “El despertar del milenio”, de Jane Jensen, y “El último hombre mortal” de Syne Mitchell. Ambas intensas de principio a fin, llevando sus postulados de partida hasta las últimas consecuencias y centrándose más en el fondo que en la forma. O, si me admiten la hipérbole a modo de cierre humorístico, las más “masculinas”.
La primera, es que he quedado más convencido que antes de que la aportación de las mujeres al género ha sido muy beneficiosa. No es que la literatura de ciencia-ficción estuviera agotada (en mi opinión, los continuos avances científicos y tecnológicos lo impiden), pero en manos de las escritoras, muchos de sus temas clásicos reciben nuevas perspectivas. Es difícil de explicar, pero en general nos ofrecen un enfoque más humano, más centrado en las emociones, y los sentimientos, y eso contrarresta estupendamente uno de los principales defectos históricos del género, sobre todo en los primeros tiempos del mismo.
La segunda, que esa forma diferente de enfocar las historias, está últimamente recibiendo más atención por parte de la crítica de la que en mi opinión merece. Vivimos unos años en los que determinadas formas de pensar y actuar se ensalzan en toda ocasión, y si una escritora es astuta y se “apunta al carro”, es probable que obtenga un plus extra de reconocimiento que quizá su novela per sé no merecería. Pongo un ejemplo, para que se me entienda: el respeto a las minorías. Algo en lo que casi todos estaremos de acuerdo en el año 2021, pero que podría no ser el caso en el año 2221. Y eso es uno de los pilares del género: la capacidad de especular sobre realidades incómodas, o ajenas a las bases de nuestra cultura. Pensemos qué habría sido de tantas excelentes novelas (desde “Matadero cinco” de Kurt Vonnegut Jr. hasta “El sueño de hierro” de Norman Spinrad) si se hubieran alineado con los principios vigentes en la actualidad. Pienso que la ciencia-ficción permite todo tipo de especulaciones siempre que se intenten justificar, por descabelladas o incluso atroces que nos puedan parecer, y el resultado deberíamos valorarlo por lo que nos hagan reflexionar, no porque nos machaquen con determinadas doctrinas de las que estamos oyendo a diario.
Y la tercera, que a pesar de todas las escritoras que he tenido oportunidad de leer en estos últimos meses, ninguna de ellas ha pasado a formar parte de mi lista sagrada de escritores favoritos. Espero que no me consideren un misógino por ello; simplemente no he experimentado con ninguna de ellas un grado de fascinación similar al que me despiertan los grandes títulos de Robert Silverberg, Isaac Asimov o Fred Hoyle. No sé si porque para mí el elemento científico es muy importante (es parte de la denominación del género, de hecho) y algunas veces determinadas escritoras lo dejan en segundo plano, o porque simplemente la profundidad de Silverberg, la fascinación por las civilizaciones futuras de Asimov, o las irreprochables novelas de científicos de Fred Hoyle me llaman más la atención.
De hecho, las dos novelas de escritoras que aún no había leído y que más me han gustado en estos meses, han sido de dos autoras no muy conocidas, de las menos prestigiosas y de las que una carrera literaria más discontinua están llevando: “El despertar del milenio”, de Jane Jensen, y “El último hombre mortal” de Syne Mitchell. Ambas intensas de principio a fin, llevando sus postulados de partida hasta las últimas consecuencias y centrándose más en el fondo que en la forma. O, si me admiten la hipérbole a modo de cierre humorístico, las más “masculinas”.
sábado, 23 de febrero de 2019
Los Premios Nébula: la década de los noventa
Con esta entrada doy comienzo a mi revisión de los Premios Nébula durante la década de los noventa, la cuarta década de existencia de los en mi opinión galardones más prestigiosos de la literatura de ciencia-ficción. Una década en la que se consolidó mi afición al género, en un momento en el que más que de una corriente dominante se puede hablar de diversos movimientos dentro del género, no siempre relacionados, y que dieron como resultado a un conjunto de escritores probablemente más amplio y variopinto que en cualquier década anterior.
Y es que con la literatura de ciencia-ficción plenamente consolidada como género literario maduro, lo que en mi opinión caracterizó a la década fue el intento por revisar muchos de los temas clásicos del género a la luz de los nuevos avances tecnológicos y de la contrastada calidad literaria de cualquier género de finales del siglo XX. Sin que hubiera un dominador claro a nivel de nominaciones y galardón, si bien quizá la escritora que más destaco en el género fue Connie Willis, quien ilustra la presente entrada.
Por ejemplo, los años noventa fueron la década en la que se consolidaron grandes nombres del género que habían surgido tímidamente años atrás como Kim Stanley Robinson, Jack McDevitt o Nancy Kress. Y en la que siguieron triunfando algunos de los nombres que habían triunfado en la década precedente, como Vernor Vinge o Lois McMaster Bujold. También hubo hueco en los premios para "veteranos" del género que seguían en su cima creativa como Joe Haldeman, Ursula K. Le Guin o Roger Zelazny. E incluso la fantasía siguió contribuyendo de manera significativa al género, con su escritor de referencia en los premios Nébula Gene Wolfe ampliando su lista de nominaciones e incluso con la saga de "Juego de tronos" de George R.R. Martin, cuyas dos primeras novelas estuvieron nominadas a los premios de 1998 y 2000, aunque no llegaron a ganarlos.
A mi modo de ver esa dispersión temática y estilística provocó que la calidad de las novelas premiadas y nominadas durante la década fuera un tanto desigual. Combinando novelas realmente brillantes y dignas de considerarse clásicos del género con otras originales o a contra corriente pero que no resisten un análisis literario veintitantos años más tarde. Por eso la lista de selección de novelas galardonadas o nominadas a los Premios Nébula en los años noventa es similar a la de los años ochenta, pero más corta que la de las dos primeras décadas de los premios. Y como siempre, aquellas novelas que ya hayan tenido su entrada propia por alguna otra razón ya aparecen con su enlace correspondiente. Aquí la tienen:
1991:
Ganadora:
"Tehanu" - Ursula K. LeGuin
Nominada:
"La caída de Hyperion" - Dan Simmons
1992:
Ganadora:
"Las estaciones de la marea" - Michael Swanwick
Nominada:
"La máquina diferencial" - William Gibson y Bruce Sterling
1993:
Ganadora:
"El libro del día del juicio final" - Connie Willis
1994:
Ganadora:
"Marte rojo" - Kim Stanley Robinson
Nominada:
"Mendigos en España" - Nancy Kress
1995:
Ganadora:
"Marte se mueve" - Greg Bear
1996:
Ganadora:
"El experimento terminal" - Robert J. Sawyer
Nominadas:
"Mendigos y opulentos" - Nancy Kress
"Metropol" - Walter Jon Williams
1997:
Ganadora:
"Río lento" - Nicola Griffith
1998:
Ganadora:
"La luna y el sol" - Vonda N. McIntyre
1999:
Ganadora:
"Paz interminable" - Joe Haldeman
2000:
Ganadora:
"Parable of the Talents (no traducida al español)" - Octavia E. Butler
Nominada:
"Un abismo en el cielo" - Vernor Vinge
Reseñada:
"La historia de tu vida" - Ted Chiang (mejor novela corta)
Como pueden ver, la presencia de autoras en la lista, con Connie Willis a la cabeza, fue mayor que en ninguna década anterior, lo que refleja la saludable incorporación de la mujer a este género literario que empezó siendo mayoritariamente masculino. Una razón más para seguir con atención mis próximas entradas sobre aquellas novelas ganadoras o nominadas a los premios durante esta década que aún no habían tenido una entrada propia en este blog. Vamos allá.
Y es que con la literatura de ciencia-ficción plenamente consolidada como género literario maduro, lo que en mi opinión caracterizó a la década fue el intento por revisar muchos de los temas clásicos del género a la luz de los nuevos avances tecnológicos y de la contrastada calidad literaria de cualquier género de finales del siglo XX. Sin que hubiera un dominador claro a nivel de nominaciones y galardón, si bien quizá la escritora que más destaco en el género fue Connie Willis, quien ilustra la presente entrada.
Por ejemplo, los años noventa fueron la década en la que se consolidaron grandes nombres del género que habían surgido tímidamente años atrás como Kim Stanley Robinson, Jack McDevitt o Nancy Kress. Y en la que siguieron triunfando algunos de los nombres que habían triunfado en la década precedente, como Vernor Vinge o Lois McMaster Bujold. También hubo hueco en los premios para "veteranos" del género que seguían en su cima creativa como Joe Haldeman, Ursula K. Le Guin o Roger Zelazny. E incluso la fantasía siguió contribuyendo de manera significativa al género, con su escritor de referencia en los premios Nébula Gene Wolfe ampliando su lista de nominaciones e incluso con la saga de "Juego de tronos" de George R.R. Martin, cuyas dos primeras novelas estuvieron nominadas a los premios de 1998 y 2000, aunque no llegaron a ganarlos.
A mi modo de ver esa dispersión temática y estilística provocó que la calidad de las novelas premiadas y nominadas durante la década fuera un tanto desigual. Combinando novelas realmente brillantes y dignas de considerarse clásicos del género con otras originales o a contra corriente pero que no resisten un análisis literario veintitantos años más tarde. Por eso la lista de selección de novelas galardonadas o nominadas a los Premios Nébula en los años noventa es similar a la de los años ochenta, pero más corta que la de las dos primeras décadas de los premios. Y como siempre, aquellas novelas que ya hayan tenido su entrada propia por alguna otra razón ya aparecen con su enlace correspondiente. Aquí la tienen:
1991:
Ganadora:
"Tehanu" - Ursula K. LeGuin
Nominada:
"La caída de Hyperion" - Dan Simmons
1992:
Ganadora:
"Las estaciones de la marea" - Michael Swanwick
Nominada:
"La máquina diferencial" - William Gibson y Bruce Sterling
1993:
Ganadora:
"El libro del día del juicio final" - Connie Willis
1994:
Ganadora:
"Marte rojo" - Kim Stanley Robinson
Nominada:
"Mendigos en España" - Nancy Kress
1995:
Ganadora:
"Marte se mueve" - Greg Bear
1996:
Ganadora:
"El experimento terminal" - Robert J. Sawyer
Nominadas:
"Mendigos y opulentos" - Nancy Kress
"Metropol" - Walter Jon Williams
1997:
Ganadora:
"Río lento" - Nicola Griffith
1998:
Ganadora:
"La luna y el sol" - Vonda N. McIntyre
1999:
Ganadora:
"Paz interminable" - Joe Haldeman
2000:
Ganadora:
"Parable of the Talents (no traducida al español)" - Octavia E. Butler
Nominada:
"Un abismo en el cielo" - Vernor Vinge
Reseñada:
"La historia de tu vida" - Ted Chiang (mejor novela corta)
Como pueden ver, la presencia de autoras en la lista, con Connie Willis a la cabeza, fue mayor que en ninguna década anterior, lo que refleja la saludable incorporación de la mujer a este género literario que empezó siendo mayoritariamente masculino. Una razón más para seguir con atención mis próximas entradas sobre aquellas novelas ganadoras o nominadas a los premios durante esta década que aún no habían tenido una entrada propia en este blog. Vamos allá.
sábado, 26 de septiembre de 2015
Mi escritor de ciencia-ficción favorito: Robert Silverberg
En mi anterior entrada, dedicada a "Horizontes lejanos", la antología de novelas cortas originales auspiciadas por Robert Silverberg, ya mencionaba que el estadounidense era mi escritor de ciencia-ficción favorito, al tiempo que anticipaba que me iba a dedicar a partir de ahora a reseñar lo más representativo de su obra en español. Así que en la presente entrada voy a adelantar esa lista de libros, los cuales revisaré uno por uno durante los próximos meses.
Como de costumbre, no presumo de ser ningún estudioso del género, por lo que debo adelantar no he leído toda su obra de ciencia-ficción. Pero sí la mayor parte de la traducida al español. Aunque a propósito he rehusado leer cualquier novela suya anterior a 1967. La razón es que Silverberg empezó como un prometedor escritor de ciencia-ficción a finales de los 50, pero durante aproximadamente una década se limitó a seguir las pautas dominantes por aquel entonces en el género, más centradas en las aventuras que en la especulación. La irrupción de la new wave en la segunda mitad de los sesenta, que coincidió en el tiempo con una crisis personal que le llevó a mudarse de costa a costa de Estados Unidos, marcó un cambio definitivo en el enfoque y el alcance de su obra, que desde ese momento alcanzó una madurez y un prestigio que lo han mantenido hasta el día de hoy como uno de los más premiados y relevantes escritores del género.
Dicen los entendidos que en realidad el periodo de gloria de Silverberg duró tan sólo cinco años, de 1967 a 1972, y que se inició con "Espinas", una de las novelas que reseñaré en próximas entradas. Es un análisis que no comparto del todo. Porque aunque es evidente que fueron sus años más fecundos (voy a reseñar nada menos que 14 novelas de ese periodo), en mi opinión no todo lo que escribió en esa época posee el mismo nivel, ni todo lo que escribió después es de inferior calidad. Ni siquiera estoy de acuerdo con que el cambio se produjera con "Espinas"; para mí, "Las puertas del cielo", publicada unos pocos meses antes, ya refleja esa transición a su estilo de madurez.
La razón principal por la que sigue siendo mi escritor favorito no es por su prosa finísima, cautivadora y reconocible en apenas unas cuantas frases. Ni por las abundantes y acertadas reflexiones que introduce en sus novelas a colación de los hechos presentados. Me encanta Silverberg por algo en mi opinión mucho más difícil de conseguir: que cada novela suya sea sustancialmente diferente a la anterior, y sin embargo sea capaz de mantener la personalidad del escritor y un nivel medio muy alto. Porque en un ámbito tan complejo como la ciencia-ficción, crear un "entorno original" (el marco escénico y temporal, la sociedad que lo habita, la problemática presentada...) es una tarea ardua, por lo que una gran mayoría de los escritores del género se aferran a los dos o tres "entornos" que mejor conocen y dominan y se limitan a explorar nuevas posibilidades en ellos (piénsese en el Ekumen de LeGuin, el Espacio Reconocido de Niven, el Imperio Galáctico y la Fundación de Asimov, etc.). Lo cual no considero que sea un hecho criticable, pero sí provoca que más o menos intuyamos qué nos vamos a encontrar cuando nos acerquemos a una nueva novela suya. No es el caso de Silverberg: ni una de sus novelas es una continuación, una secuela, ni siquiera un spin-off de otras novela suya: todas partes de hipótesis diferentes, con marcos escénicos muy alejados entre sí y diferentes propósitos y metas.
Lo anterior no significa que Silverberg no tenga sus "obsesiones" favoritas. Que a mi modo de ver son cuatro: el viaje iniciático, el viaje en el tiempo, la psicología y la espiritualidad. Al viaje iniciático recurre Silverberg para que, al tiempo que se enfrentan a parajes fascinantes y a menudo hostiles, sus protagonistas evolucionen y sus personalidades se vean moldeadas por lo vivido. A menudo el viaje en el tiempo tiene la misma función que el iniciático, pero en otras es una manera de revisitar periodos históricos de especial fascinación para el autor, o simplemente de parodiar la sociedad contemporánea. Casi siempre sus novelas se centran en la psicología de sus protagonistas, pero a diferencia de por ejemplo J.G. Ballard, lo hacen sin descuidar lo narrado. Y con frecuencia sus personajes se hallan en busca de una espiritualidad que le dé un propósito a sus vidas, o una explicación para lo que les sucede. Es decir, un contenido de un calado similar al que podríamos encontrar en cualquier gran escritor de literatura mainstream. En la que dicho sea de paso Silverberg podría encajar perfectamente
Pero ello no significa que sus novelas renuncien a otros subgéneros esenciales en la ciencia-ficción. Así, entre las novelas que voy a empezar a reseñar reconocerán la ciencia-ficción hard, la utópica, la ucrónica, la humorística, la prehistórica... Prueba de ello es que no ha existido en España una editorial "especializada" en Silverberg, sino que sus obras han ido viendo la luz en las más diversas colecciones. Y casi siempre con una gran resultado, ameno y especulativo al mismo tiempo. Porque de los nada menos que veintisiete libros que voy a reseñar, más de veinte son claramente recomendables y sólo tres o cuatro más o menos decepcionantes. Es más: considero que al menos una decena de ellos son de lectura poco menos que imprescindible para el aficionado al género.
Entre esos veintesiete libros se encuentran los cuatro que ya he reseñado en este humilde blog: "Tiempo de cambios", para mí indiscutiblemente su mejor novela, y que incluí en mi lista de novelas esenciales para entender el género; dos novelas que figuran dentro de mi lista de novelas personalísimamente favoritas: "Las máscaras del tiempo" e "Hijo del tiempo", esta última una novelización de un relato corto de Isaac Asimov; y la que incluí en mi selección de novelas decepcionantes, "El hijo del hombre".
Sin más dilación, aquí tienen la lista:
"Las puertas del cielo" (1967)
"Espinas" (1967)
"Alas nocturnas" (1968)
"Las máscaras del tiempo" (1968)
"Regreso a Belzagor" (1969)
"Por el tiempo" (1969)
"A través de un billón de años" (1969)
"El hombre en el laberinto" (1969)
"La torre de cristal" (1970)
"El hijo del hombre" (1971)
"Tiempo de cambios" (1971)
"El mundo interior" (1971)
"El libro de los cráneos" (1972)
"Muero por dentro" (1972)
"El hombre estocástico" (1975)
"La fiesta de baco y otros relatos" (1975)
"Sadrac en el horno" (1976)
"Lo mejor de Silverberg" (1976)
"Rumbo a Bizancio" (1985)
"Tom O'Bedlam" (1985)
"La estrella de los gitanos" (1986)
"Al final del invierno" (1988)
"Anochecer" (1990) (junto a Isaac Asimov)
"La faz de las aguas" (1991)
"Hijo del tiempo" (1992) (junto a Isaac Asimov)
"El robot humano" (1992) (junto a Isaac Asimov)
"Roma eterna" (2003)
Silverberg es un escritor aún vivo pero ya prácticamente retirado, por lo que es poco probable que la lista se amplíe en un futuro. Así que a partir de mi próxima entrada revisaré en orden cronológico todos estos libros. Espero que el recorrido les resulte tan apasionante como a mí.
Como de costumbre, no presumo de ser ningún estudioso del género, por lo que debo adelantar no he leído toda su obra de ciencia-ficción. Pero sí la mayor parte de la traducida al español. Aunque a propósito he rehusado leer cualquier novela suya anterior a 1967. La razón es que Silverberg empezó como un prometedor escritor de ciencia-ficción a finales de los 50, pero durante aproximadamente una década se limitó a seguir las pautas dominantes por aquel entonces en el género, más centradas en las aventuras que en la especulación. La irrupción de la new wave en la segunda mitad de los sesenta, que coincidió en el tiempo con una crisis personal que le llevó a mudarse de costa a costa de Estados Unidos, marcó un cambio definitivo en el enfoque y el alcance de su obra, que desde ese momento alcanzó una madurez y un prestigio que lo han mantenido hasta el día de hoy como uno de los más premiados y relevantes escritores del género.
Dicen los entendidos que en realidad el periodo de gloria de Silverberg duró tan sólo cinco años, de 1967 a 1972, y que se inició con "Espinas", una de las novelas que reseñaré en próximas entradas. Es un análisis que no comparto del todo. Porque aunque es evidente que fueron sus años más fecundos (voy a reseñar nada menos que 14 novelas de ese periodo), en mi opinión no todo lo que escribió en esa época posee el mismo nivel, ni todo lo que escribió después es de inferior calidad. Ni siquiera estoy de acuerdo con que el cambio se produjera con "Espinas"; para mí, "Las puertas del cielo", publicada unos pocos meses antes, ya refleja esa transición a su estilo de madurez.
La razón principal por la que sigue siendo mi escritor favorito no es por su prosa finísima, cautivadora y reconocible en apenas unas cuantas frases. Ni por las abundantes y acertadas reflexiones que introduce en sus novelas a colación de los hechos presentados. Me encanta Silverberg por algo en mi opinión mucho más difícil de conseguir: que cada novela suya sea sustancialmente diferente a la anterior, y sin embargo sea capaz de mantener la personalidad del escritor y un nivel medio muy alto. Porque en un ámbito tan complejo como la ciencia-ficción, crear un "entorno original" (el marco escénico y temporal, la sociedad que lo habita, la problemática presentada...) es una tarea ardua, por lo que una gran mayoría de los escritores del género se aferran a los dos o tres "entornos" que mejor conocen y dominan y se limitan a explorar nuevas posibilidades en ellos (piénsese en el Ekumen de LeGuin, el Espacio Reconocido de Niven, el Imperio Galáctico y la Fundación de Asimov, etc.). Lo cual no considero que sea un hecho criticable, pero sí provoca que más o menos intuyamos qué nos vamos a encontrar cuando nos acerquemos a una nueva novela suya. No es el caso de Silverberg: ni una de sus novelas es una continuación, una secuela, ni siquiera un spin-off de otras novela suya: todas partes de hipótesis diferentes, con marcos escénicos muy alejados entre sí y diferentes propósitos y metas.
Lo anterior no significa que Silverberg no tenga sus "obsesiones" favoritas. Que a mi modo de ver son cuatro: el viaje iniciático, el viaje en el tiempo, la psicología y la espiritualidad. Al viaje iniciático recurre Silverberg para que, al tiempo que se enfrentan a parajes fascinantes y a menudo hostiles, sus protagonistas evolucionen y sus personalidades se vean moldeadas por lo vivido. A menudo el viaje en el tiempo tiene la misma función que el iniciático, pero en otras es una manera de revisitar periodos históricos de especial fascinación para el autor, o simplemente de parodiar la sociedad contemporánea. Casi siempre sus novelas se centran en la psicología de sus protagonistas, pero a diferencia de por ejemplo J.G. Ballard, lo hacen sin descuidar lo narrado. Y con frecuencia sus personajes se hallan en busca de una espiritualidad que le dé un propósito a sus vidas, o una explicación para lo que les sucede. Es decir, un contenido de un calado similar al que podríamos encontrar en cualquier gran escritor de literatura mainstream. En la que dicho sea de paso Silverberg podría encajar perfectamente
Pero ello no significa que sus novelas renuncien a otros subgéneros esenciales en la ciencia-ficción. Así, entre las novelas que voy a empezar a reseñar reconocerán la ciencia-ficción hard, la utópica, la ucrónica, la humorística, la prehistórica... Prueba de ello es que no ha existido en España una editorial "especializada" en Silverberg, sino que sus obras han ido viendo la luz en las más diversas colecciones. Y casi siempre con una gran resultado, ameno y especulativo al mismo tiempo. Porque de los nada menos que veintisiete libros que voy a reseñar, más de veinte son claramente recomendables y sólo tres o cuatro más o menos decepcionantes. Es más: considero que al menos una decena de ellos son de lectura poco menos que imprescindible para el aficionado al género.
Entre esos veintesiete libros se encuentran los cuatro que ya he reseñado en este humilde blog: "Tiempo de cambios", para mí indiscutiblemente su mejor novela, y que incluí en mi lista de novelas esenciales para entender el género; dos novelas que figuran dentro de mi lista de novelas personalísimamente favoritas: "Las máscaras del tiempo" e "Hijo del tiempo", esta última una novelización de un relato corto de Isaac Asimov; y la que incluí en mi selección de novelas decepcionantes, "El hijo del hombre".
Sin más dilación, aquí tienen la lista:
"Las puertas del cielo" (1967)
"Espinas" (1967)
"Alas nocturnas" (1968)
"Las máscaras del tiempo" (1968)
"Regreso a Belzagor" (1969)
"Por el tiempo" (1969)
"A través de un billón de años" (1969)
"El hombre en el laberinto" (1969)
"La torre de cristal" (1970)
"El hijo del hombre" (1971)
"Tiempo de cambios" (1971)
"El mundo interior" (1971)
"El libro de los cráneos" (1972)
"Muero por dentro" (1972)
"El hombre estocástico" (1975)
"La fiesta de baco y otros relatos" (1975)
"Sadrac en el horno" (1976)
"Lo mejor de Silverberg" (1976)
"Rumbo a Bizancio" (1985)
"Tom O'Bedlam" (1985)
"La estrella de los gitanos" (1986)
"Al final del invierno" (1988)
"Anochecer" (1990) (junto a Isaac Asimov)
"La faz de las aguas" (1991)
"Hijo del tiempo" (1992) (junto a Isaac Asimov)
"El robot humano" (1992) (junto a Isaac Asimov)
"Roma eterna" (2003)
Silverberg es un escritor aún vivo pero ya prácticamente retirado, por lo que es poco probable que la lista se amplíe en un futuro. Así que a partir de mi próxima entrada revisaré en orden cronológico todos estos libros. Espero que el recorrido les resulte tan apasionante como a mí.
domingo, 26 de agosto de 2012
15 novelas decepcionantes
Hace unas semanas uno de mis amigos lectores de este blog me apuntaba que, probablemente a consecuencia de mi pasión por la literatura de la ciencia-ficción, en las distintas entradas de este blog siempre transmitía una visión excesivamente optimista del género. Como si no existieran novelas mediocres, cuando no decepcionantes.
Más tarde reflexioné sobre su comentario y llegué a la conclusión de que, así como hasta ahora he intentado compartir con mis lectores las que en mi humilde opinión son obras excelentes del género, era también recomendable desaconsejar (o al menos prevenir) contra otras novelas del género. Y es que el tiempo de ocio siempre escasea, y es recomendable emplearlo de la mejor manera posible.
Con lo cual lo que les presento ahora es una selección de novelas que a mí personalmente me decepcionaron. Dado que hasta ahora he optado por listas de 15 títulos, he decidido respetar dicha cifra en esta lista. Así que a continuación las enumero, en orden cronológico como siempre:
1. Mutante (1953). Henry Kuttner
2. Más que humano (1953). Thedore Sturgeon
3. Robert A. Heinlein (1957). Puerta al verano
4. El mundo sumergido (1962). J. G. Ballard
5. Los ojos de Heisenberg (1966). Frank Herbert
6. El hijo del hombre (1971). Robert Silverberg
7. Serpiente del sueño (1978). Vonda N. McIntyre
8. Radix (1981). A. A. Attanasio
9. Neuromante (1984). William Gibson
10. El final de la Tierra (1988). Frederik Pohl y Jack Williamson
11. La máquina diferencial (1990). William Gibson & Bruce Sterling
12. El trono de mundo anillo (1996). Larry Niven
13. El torreón del cosmonauta (2000). Ken MacLeod
14. Al final del arco iris (2006). Vernor Vinge
15. Cielos reflejados (2008). David J. Williams
Supongo que a alguno de mis lectores les sorprenderá que varios de los escritores en esta lista ya han aparecido en mis listas de esenciales o de personalísimamente favoritos. Y es que, como dice el refrán, hasta el mejor escribano echa un borrón.
En las siguientes entradas las iré revisando una por una, explicando los motivos por los que me decepcionaron. Y como siempre, espero no ofender a nadie, que el arte de escribir es siempre complicado y digno de respeto.
Más tarde reflexioné sobre su comentario y llegué a la conclusión de que, así como hasta ahora he intentado compartir con mis lectores las que en mi humilde opinión son obras excelentes del género, era también recomendable desaconsejar (o al menos prevenir) contra otras novelas del género. Y es que el tiempo de ocio siempre escasea, y es recomendable emplearlo de la mejor manera posible.
Con lo cual lo que les presento ahora es una selección de novelas que a mí personalmente me decepcionaron. Dado que hasta ahora he optado por listas de 15 títulos, he decidido respetar dicha cifra en esta lista. Así que a continuación las enumero, en orden cronológico como siempre:
1. Mutante (1953). Henry Kuttner
2. Más que humano (1953). Thedore Sturgeon
3. Robert A. Heinlein (1957). Puerta al verano
4. El mundo sumergido (1962). J. G. Ballard
5. Los ojos de Heisenberg (1966). Frank Herbert
6. El hijo del hombre (1971). Robert Silverberg
7. Serpiente del sueño (1978). Vonda N. McIntyre
8. Radix (1981). A. A. Attanasio
9. Neuromante (1984). William Gibson
10. El final de la Tierra (1988). Frederik Pohl y Jack Williamson
11. La máquina diferencial (1990). William Gibson & Bruce Sterling
12. El trono de mundo anillo (1996). Larry Niven
13. El torreón del cosmonauta (2000). Ken MacLeod
14. Al final del arco iris (2006). Vernor Vinge
15. Cielos reflejados (2008). David J. Williams
Supongo que a alguno de mis lectores les sorprenderá que varios de los escritores en esta lista ya han aparecido en mis listas de esenciales o de personalísimamente favoritos. Y es que, como dice el refrán, hasta el mejor escribano echa un borrón.
En las siguientes entradas las iré revisando una por una, explicando los motivos por los que me decepcionaron. Y como siempre, espero no ofender a nadie, que el arte de escribir es siempre complicado y digno de respeto.
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