domingo, 3 de julio de 2022

"Viaje a un planeta Wu Wei" (1976). Gabriel Bermúdez Castillo

Una entrada más prosigo con los escritores españoles que han alcanzado una mayor relevancia a la hora de escribir literatura de ciencia-ficción. Nuestro recorrido a lo largo de los años nos sitúa ya en 1976, año en que fue publicado por primera vez "Viaje a un planeta Wu Wei", del aragonés Gabriel Bermúdez Castillo. Una obra que inicialmente tuvo una difusión muy limitada, pero que a lo largo de las décadas ha sido reeditada en diversas ocasiones, lo que refleja el impacto que, de manera gradual, ha ido alcanzando en nuestro país. Y es que se trata de una novela muy extensa, densa, que acerca con habilidad la ciencia-ficción a otros géneros literarios, con un saludable gusto por las aventuras, un contexto que resulta mucho más sólido de lo que inicialmente parece, y una cierta irregularidad que juega en su contra y lastra en cierta medida el resultado final.

En mi opinión, las dos mayores virtudes de este libro son la gestión del factor sorpresa, y la versatilidad para dar cabida dentro de su trama a otros géneros. La sorpresa está muy presente nada más arrancar (con el peculiar destierro de la ciudad que sufre Sergio Armstrong, protagonista absoluto de la historia, tan pronto como éste comienza a profundizar en la vida que llevan los seres humanos en la Tierra), y de manera especial en el tramo final (tras la muerte del presidente Jorge III), cuando muchas piezas que hasta entonces habían parecido entre inconexas e inverosímiles encajan con una naturalidad pasmosa. Y la versatilidad la reflejan los múltiples géneros por los que va transitando la novela según avanzan los capítulos: ciencia-ficción que deviene en novela de aventuras cuyo único objetivo es la supervivencia, después western, más tarde fantasía, elementos de terror, nuevamente aventuras, capítulos de fuerte contenido mitológico, y vuelta a la ciencia-ficción para dotar a (casi) todo lo anterior de sentido. Tal ambición justifica sobradamente la extensión del libro.

En el capítulo de las virtudes podemos incluir la habilidad literaria del escritor para sacarle partido a los episodios de aventuras que periódicamente dinamizan la acción. Otro punto fuerte es el elenco de personajes: además del propio Sergio, quien resulta razonablemente solvente pese a que sus motivaciones sólo se comprenden en las páginas finales, el lector le acaba cogiendo cariño a unos personajes en el límite de lo excesivo pero que no dejan indiferentes: el Vikingo, el Manchurri, Marta di Jorse, el Capitán Grotton... La filosofía Wu-Wei que da título al libro, mezcla de anarquía, pasividad y comunión con la naturaleza, también resulta aprehensible, pese a que nunca se llega a explicar del todo. Y la abundancia de conceptos creados por Bermúdez para ambientar su particular universo (autociclos, mandriles, Piedra de la Luna, cellisas) y de otros ajenos pero provocativos y bien engarzados en la trama (poligamia, ausencia de Estado, canibalismo) refleja a las claras la riqueza argumental de la novela.

Para mí los dos defectos que más negativamente afectan al resultado final son la prevalencia en diversos momentos de los elementos fantásticos y de terror, y la extensión de todos los capítulos. Y es que la novela habría sido casi igual de ambiciosa pero mucho más defendible sin elfos, náyades, conjuros y demás parafernalia que ni siquiera las explicaciones finales consiguen justificar. Por no hablar de Herder, BILETO, la estrella Gabkar, los palacios que cambian de forma, y la presencia de elementos malignos, sin duda las páginas más pesadas de toda la novela. Sólo un escalón por debajo se sitúa el hecho de que con ciento y pico mil palabras escritas tan sólo haya trece capítulos. Ello se explica porque Bermúdez enlaza episodios inconexos dentro de un mismo capítulo sin dar tregua al lector, por lo que salvo cuando la aventura está en su punto álgido, la fatiga suele aparecer. Tampoco ayuda una cierta petulancia a la hora de escoger el vocabuliario, ni una edición (a cargo de la editorial Avalón) poco cuidada, que eliminaba puntos y aparte, mezclaba diálogos con descripciones, y aprovechaba sin disimulo hasta el último espacio disponible.

El final, con todas las explicaciones que proporciona el autor sobre los acontecimientos pretéritos que desembocan en la situación presente, y el posicionamiento nítido del autor en contra del tecnológico mundo sobre-controlado y en favor del Wu-Wei, mejora claramente la impresión global, y confirma la existencia de un plan concienzudo de Bermúdez para hacer reflexionar al lector más allá del mero entretenimiento. Lo que posiblemente explique que a día de hoy se considere a esta nivela un clásico menor dentro de la literatura de ciencia-ficción en España, y que desde mi punto de vista merezca una lectura en cualquiera de esas continuas reediciones a las que aludía al comienzo.

sábado, 18 de junio de 2022

"Corte de corteza" (1969). Daniel Sueiro

Con la presente entrada continúo la reseña en orden cronológico de escritores que han escrito ciencia-ficción en España, a través de sus obras más representativas. Estamos ya a finales de la década de los sesenta, año en que vio la luz "Corte de corteza", del gallego Daniel Sueiro. Un autor que sólo ocasionalmente se acercó al género que nos apasiona en este blog. En su momento Suiero ya obtuvo con esta novela un reconocimiento notable (fue galardonada con el Premio Alfaguara). Y debo empezar aclarando que, pese a tratarse de un género poco habitual en su bibliografía, sigue siendo un fiel reflejo de su fuerte personalidad como escritor, siempre interesado en un realismo que le permitiera realizar una afilada crítica social. Es ésta, además, una novela que llama la atención por su temática, si tenemos en cuenta que se escribió en pleno tardofranquismo. Pero también debo advertiles de que estamos ante un libro que podría haber dado bastante más de sí. Y es que "Corte de corteza" es una muy elaborada novela sobre el primer transplante de cerebro humano, certera desde el punto de vista prospectivo, pero lastrada desde el punto de vista literario por esa intensa personalidad de su escritor.

Sueiro nos presenta un argumento atractivo, lo sitúa y ambienta con solvencia en el país en el que en buena lógica este tipo de cirugía debería emplearse en primer lugar (los E.E.U.U.), y lo rodea de unos muy bien elaborados conceptos científicos y tecnológicos. Pero todos esos mimbres con los que elabora su obra quedan en un desconcertante segundo plano por la obsesión del escritor en detenerse una y otra vez en feroces críticas de la sociedad contemporánea occidental. Desde el patriotismo impuesto hasta el consumismo innecesario, pasando por la "tranquilidad" de los chalets "a las afueras" que al poco terminan formando parte de la estresante ciudad de la que pretendían alejarse, nada escapa a su ironía, a su sarcasmo, a su pesimismo. Con una desmesura que le lleva a interrumpir una y otra vez una trama que pedía a gritos una mayor continuidad.

A ello debemos sumarle esa fuerte personalidad literaria a la que aludía antes, y que se traduce en una prosa de párrafos larguísimos, de frases subordinadas con hasta diez y quince comas, de capítulos enteros sin apenas diálogos. Con recursos tan cuestionables como el consistente en iniciar a menudo capítulos con varios párrafos que no identifican siquiera al sujeto de los mismos, provocando el desconcierto o incluso el rechazo del lector. Algo difícil de defender ante un argumento que por fuerza debería incorporar dinamismo, interacciones, tensión, concrección. Y que provoca que la operación de transplante en sí no suceda hasta la segunda mitad de la novela, y que lo realmente interesante (las consecuencias a múltiples niveles de dicha operación) apenas se cubra en el último tercio.

Y es una pena, porque la novela encierra meritorias virtudes. Como el elenco de personajes: no sólo Adam y David, los dos sujetos del transplante, con sus antagonismos físicos y vitales, sino también sus parejas y amantes, y el equipo médico (con mención especial para el personaje de origen español, el destructivo Doctor Castro, quizá el inesperado verdadero protagonista de la obra). O como la gran cantidad de detalles de la sociedad del futuro (avances médicos, artilugios tecnológicos, cambios sociales...), cautivadoramente certeros en su mayoría. O como la vanalidad social de muchos personajes, más ocupados en su fama o en el dinero que en su responsabilidad social.

Sólo en el último tercio, cuando el lector ya se ha dejado por el camino buena parte de sus expectativas, el binomio Adam-David se erige en el centro de la novela. Las fases por las que atraviesa son plausibles y están bien capturadas. Y Sueiro no se olvida de visitar ningún escenario que pueda darle juego a esta nueva realidad (con mención especial para la epatante fiesta en casa del Doctor Blanch, seguramente lo más recordable de la novela). Pero todo sucede demasiado rápido en comparación con las dos terceras partes anteriores, de suerte que incluso el original desenlace, con su doble vertiente suicidio-asesinato, aun mejorando la impresión final de la novela, no logra tanto impacto como su autor habría esperado. No obstante, se trata de una novela que ha envejecido lo suficientemente bien como para seguir mereciendo una lectura si queremos conocer una de las primeras incursiones literarias en la ciencia-ficción más puramente tecnológica de nuestro país.

sábado, 21 de mayo de 2022

"La nave" (1959). Tomás Salvador

Una nueva entrada prosigo mi recorrido en orden cronológico por los principales escritores que han publicado literatura de ciencia-ficción en España. Nos situamos en el año 1959, que fue cuando vio la luz la que es casi unánimemente reconocida como la primera novela de ciencia-ficción de nuestro país: "La nave", del palentino Tomás Salvador. Al igual que sucedía con mi anterior entrada, ese "Viaje a los efímeros" de Agustín de Foxá del cual comentaba que podría integrarse sin mayores problemas en cualquier antología de relatos del género en la década de los cincuenta, "La nave" podría con naturalidad formar parte de cualquier selección internacional de novelas recomendadas de dicha década. Y es que nos hallamos ante un caso poco habitual: una obra que desde su publicación ha sido igualmente ensalzada por crítica y público, lo que explica sus frecuentes reediciones. Y ello a pesar de que, también de manera análoga a mi anterior entrada, Salvador es desde hace décadas un escritor un tanto denostado en España, tanto por haber formado parte de la "Divisón Azul" durante la Segunda Guerra Mundial, como por su condición de "hombre del régimen" durante la dictadura franquista. Igual que en mi anterior entrada, reitero que en este repaso me estoy centrando solamente en la relevancia de las obras, independientemente de la filiación política de sus autores. Relevancia que, como les decía, queda en este caso fuera de toda duda. Porque "La nave" constituye un hito en la literatura de ciencia-ficción en español: original, bien estructurada, mejor desarrollada, y escrita con una calidad que nada tiene que envidiar a la de las mejores novelas anglosajonas de aquellos años.

La nave es un artefacto intergeneracional que, setecientos años atrás, partió al espacio como la mayor expedición jamás lanzada desde la Tierra hasta entonces, pero que fracasó en llegar a su destino, degenerando así de su propósito inicial a la sociedad presente, embrutecida y segmentada en dos grupos de seres humanos que apenas se interrelacionan. Solamente el Hombre de Letras, educado para escribir en el Libro de la nave, mantiene el suficiente nivel cultural para por lo menos continuar la historia escrita de lo acaecido desde el comienzo de la expedición. La originalidad de la novela reside, pues, en el planteamiento de la nave como un sistema social cerrado. Si bien podría ser cuestionable la autonomía de la nave para continuar funcionando tras siete siglos sin que los seres humanos a bordo sean capaces ya de realizar la mayoría de las tareas de mantenimiento necesarias, Salvador logra presentar esta circunstancia de manera razonable, por lo cual el deterioro gradual de los seres humanos a bordo resulta tan plausible como sugestivo. Y que Shim, su protagonista absoluto, tenga como Hombre de Letras la responsabilidad de seguir actualizando el Libro, le sirve tanto para realizar una mirada retrospectiva al pasado como para poner en marcha el cambio hacia el futuro.

Como decía, Salvador opta por utilizar ese sistema cerrado para explorar la lucha entre dos razas: los wit, herederos de los primeros astronautas pero actualmente confinados a causa del deterioro de la vida a bordo a los niveles inferiores de la nave, y los kros, surgidos precisamente a causa de la evolución de las condiciones a bordo, y que ostentan un poder dinástico en franca decadencia. Para ello el escritor estructura la novela en tres partes, cada una con un estilo narrativo propio. Durante la primera, a través de las lecturas y las reflexiones de Shim, se nos explica cómo la situación fue degenerando hasta llegar al enfrentamiento presente, de manera subyugante conforme avanzan sus capítulos "binarios". En la segunda, el descenso del mutilado Shim a los niveles interiores nos muestra la inesperada riqueza social de las siete familias wit, así como sus incipientes "avances" tecnológicos tras siglos de estancamiento. Y en la tercera, con Shim ya convertido en Novarca (una especie de Mesías de ese sistema cerrado), Salvador se detiene en los lógicos intentos por fusionar ambas razas y solventar así el conflicto.

La novela sigue sorprendiendo por la frescura que conserva a pesar de las décadas transcurridas desde su publicación, por la coherencia de los acontecimientos a bordo y sus consecuencias, y por la gradual evolución que encierran sus páginas. Resulta amena y bien escrita a partes iguales, y para no ser un autor de sólida formación científica, el elemento científico está razonablemente bien presentado, sin apenas anacronismos o artefactos trasnochados. Posee las dosis necesarias de humanidad, y fomenta casi desde el comienzo la especulación por parte del lector, algo siempre necesario en las buenas novelas del género.

En cuanto a los defectos, en mi opinión falla un tanto la redacción "lírica" de la tercera parte, esos versos libres con carácter epopéyico que ni riman ni entretienen como las dos partes anteriores. En menor medida, el comienzo resulta un poco lento, y no es complicado toparse con algún detalle poco creíble, además de una segunda parte de desenlace un tanto previsible. Y estaría bien que el final aclarara un poco más qué podría suceder desde el punto en que se interrumpe la narración en adelante. Aun así, resulta una lectura recomendable para todos aquellos que quieran presumir de conocer las mejores obras de la literatura de ciencia-ficción en español.

sábado, 14 de mayo de 2022

"Viaje a los efímeros" (1958). Agustín de Foxá

Con la presente entrada continúo con las reseñas de las obras más significativas de los principales escritores que han escrito ciencia-ficción en España. Como ya avisé al iniciar este apasionante recorrido, dada la escasez y la singularidad de la producción literaria española, no me voy a limitar solamente a novelas de extensión ordinaria, sino también a novelas cortas, o incluso a relatos. Es el caso de "Viaje a los efímeros", de Agustín de Foxá, que leí como parte del libro "Historias de ciencia ficción. Relatos, teatro, artículos", y de la que les voy a hablar hoy. La he seleccionado porque considero que es la obra de Foxá que mejor se ajusta a lo que entendemos actualmente por ciencia-ficción. Algo que seguramente resulte una sorpresa para algunos de los seguidores de este humilde blog, quienes tendrán referencias de Foxá como un escritor rancio e incluso denostado a causa de sus filiaciones políticas. Algo por desgracia aún habitual en nuestra crítica literiaria, y que como ya adelanté al iniciar este recorrido, no me parece una forma racional de evaluar la producción artística de nuestro país. Así que propongo obviar que Foxá fuera uno de los autores de la letra del "caralsol", además de un convencido falangista, y disfrutar de una de las primeras obras españolas que se podría inscribir con naturalidad en cualquier antología de relatos internacionales de ciencia-ficción de los años cincuenta.

Buen conocedor de la mejor ciencia-ficción anglosajona, el relato parte de la idea expuesta por Herbert George Wells en "El nuevo acelerador" (1901), consistente en contraponer dos velocidades temporales con el objeto de reflexionar sobre el hombre y su historia. Algo que refleja perfectamente su título. Se trata de un cuento relativamente largo para lo que cabría esperar, ameno, estructurado a partir de una serie de acontecimientos que suceden ante los ojos del lector, con una prosa que rehúye de los excesos barrocos de otras obras del autor, y la suficiente dosis de diálogos para mantener la atención del lector. En él, Foxá nos da a conocer la isla de Efímera, habitada por unos seres humanos irresimiblemente condicionados por un tiempo que avanza miles de vecea más deprisa que en el espacio convencional. A esta sugerente premisa debemos añadir que, en cierto modo, Foxá anticipa la "New Wave" que tan poderosamente influiría en el género una década más tarde, al focalizar las consecuenciaa de lo presentado en el crecimiento interior y en las reflexiones sobre la finitud de la vida de Miguel y de Catalina. Y que, además, permite al escritor parodiar la historia humana caricaturizando algunos de sus pasajes más oscuros y sus errores más notorios.

A pesar de esos aciertos, debo reseñar que el componente científico está poco conseguido, y eso implica que la convivencia entre ambos tiempos chirríe por todas partes: se pretende que en treinta y dos horas los protagonistas pueden interaccionar con los Efímeros hasta el grado de tener historias de amor con ellos. Y que en tan breve lapso los Efímeros viven vidas tan repletas de acontecimientos como las de los humanos del tiempo convencional. Es una pena que esta parte flojee, porque si este enfoque hubiera sido más acertado, podría haber sido un gran relato. Por lo cual recomiendo su lectura a interesados en conocer cómo se consolidó el género en nuestro país, pero no al aficionado en general.

lunes, 2 de mayo de 2022

"La jirafa sagrada" (1925). Salvador de Madariaga

Con la presente entrada continúo la reseña en orden cronológico de escritores españoles que han escrito obras de ciencia-ficción. Utilizo este giro porque en el caso que hoy nos atañe no estamos ante un "escritor de ciencia-ficción" como tal, sino de un escritor de literatura mainstream que siempre estuvo atento a las vanguardias del mundo anglosajón, y que se acercó en una de sus novelas al género. O mejor dicho, a uno de los subgéneros más reconocibles del mismo: las sociedades distópicas. Les hablo de Salvador de Madariaga y, en concreto, de la "Jirafa sagrada", a la que probablemente podamos calificar como la primera novela de ciencia-ficción escrita en España.

Aunque curiosamente, la novela se publicó originalmente en inglés, lo que refleja el dominio de dicha lengua por parte de Madariaga. Fue éste un escritor versátil, que cultivó ensayo, novela, crítica literaria, biografía e incluso poesía. Además de diplomático, ejerció de ministro durante la Segunda República, y fue un gran conocedor del Reino Unido, país al que se exilió durante la dictadura franquista, y en el cual residía cuando escribió la novela que hoy les presento. Y es que en aquellas primeras décadas del siglo pasado en el que el género comenzaba a dar su salto de los relatos pulp al formato novelístico, en España no tuvimos un Yevgueni Zamiatin o un Aldous Huxley que llevaran las distopías hasta cotas nunca antes conocidas, pero sí nuestro Olaf Stapledon particular, que reflexionando en realidad sobre algunos de los males de la sociedad de su tiempo, nos ofreció una singular novela sobre un futuro lejano en una ficticia nación africana (Ebania), salpicada de detalles humorísticos, y de un montón de conceptos originales y muy elaborados.

Eso sí, debo comenzar aclarando que su interpretación como una de las primeras obras de ciencia-ficción en español requiere de una lectura condescendiente. No tanto por su cautivador argumento (la nación de Ebania es en el siglo LXX una "monarquía ignicional" en la que el género dominante es el femenino, mientras que los varones se preocupan esencialmente de su físico y de sus intrigas amorosas), sino por la gran cantidad de anacronismos e incoherencias que encierra, así como por la ausencia de una trama medianamente defendible, puesto que la narración avanza a trompicones entre explicaciones de la sociedad, miradas al pasado y al presente, y sólo unos cuantos episodios más allá de conversaciones puntuales.

Por la obra circula un elenco de personajes contenido pero no muy bien delineado, entre otras cosas por la similitud entre sus nombres (Suavela, Shawa, Zama, Telango, Scruta), así como por los lazos de parentesco con hermanos e hijos. La atención de Madariaga se detiene sólo esporádicamente en dichos personajes, sin que más allá de los tejemanejes para lograr que S'Irbar se case con Scruta, se pueda hablar realmente de una trama vertebradora. En parte esa ausencia de hilazón la determina que el escritor vaya intercalando capítulos "de acción" con otros dedicados a explicar el origen de la mitología de Ebania, la evolución de su sistema político hasta llegar a la necesidad de la figura de los fogoneros, o su cuerpo religioso (constituido por las Abejas Silentes, y sustentado en su libro sagrado, La Voz del Silencio). Todo lo cual está siempre planteado a modo de espejo frente a la sociedad británica de comienzos del siglo XX, deformándola hasta hacerla parecer entre incoherente e hilarante frente a la en apariencia perfecta sociedas ebanita (en apariencia solamente, ya que el punto de vista distópico se encuentra presente, si bien requiere de una lectura entre líneas).

El autor recurre a gran cantidad de conceptos llamativos, lo que constituye sin duda uno de los principales aciertos de la novela: desde el previsible "hominismo" que va surgiendo como reacción al predominio del género femenino, pasando por los pregoneros que suplen a nuestros medios de comunicación, la original estructura jerárquica de las Abejas Silentes, la alternancia de los partidos verde y amarillo dentro de su monarquía ignífuga, o la innumerable cantidad de leyendas, expresiones e incluso monedas articuladas en torno al mito de la Jirafa Sagrada, omnipresente en la profundamente elaborada cultura ebanita. En la que no faltan el desprecio al analfabetismo generalizado, o los acordes no-armonizados. Y todo ello redondeado con gran cantidad de refranes, postulados religiosos extraídos de una minuciosa confección de La Voz del Silencio, y un sinnúmero de detalles elaborados.

El problema es que la despreocupación por dotar de cierta evolución tecnológica a la sociedad del siglo LXX (cabe mencionar aquí máquinas de escribir, automóviles, edictos en papel, incluso países cuya economía se sustenta esencialmente en la carne de cerdo...), y la siempre complicada tarea en este tipo de obras de evitar anacronismos, lastran notablemente el resultado. Si a ello le sumamos una prosa excesivamente florida y recargada incluso para su tiempo, la ausencia de la habitual estructura "comienzo - nudo - desenlace", el nulo interés por mostrarnos lo que podría estar sucediendo en otras partes del planeta dentro de cincuenta siglos, la tozuda creencia de la mayoría de los personajes en los mitos más injustificables, y una resolución que es un mero trámite resuelto en un único capítulo final (sin apenas hilazón con el resto de lo narrado), se comprenderá que la novela no ha envejecido nada bien. Por lo que sólo la considero apta para interesados en los albores de la literatura de ciencia-ficción en España.

domingo, 24 de abril de 2022

"Cuatro siglos de buen gobierno" (1895). Nilo María Fabra

Con la presente entrada iniciamos nuestro apasionante recorrido por los más relevantes escritores españoles de ciencia-ficción. En España no tuvimos a un precursor como Herbert George Wells, con el que yo considero que las novelas de anticipación científica de las últimas décadas del siglo XIX evolucionaron a las primeras novelas de ciencia-ficción, pero sí tuvimos al desgraciadamente poco conocido Nilo María Fabra, del que a día de hoy es posible adquirir su antología "Relatos de ciencia-ficción", que ilustra la presente entrada. Aunque me voy a centrar en uno de concreto de sus relatos, "Cuatro siglos de buen gobierno", que yo considero el más ilustrativo de los primeros balbuceos de la literatura de ciencia-ficción en nuestro país.

Fabra, catalán emigrado a Madrid, fue un escritor que también ejerció como diputado en las Cortes de los últimos años del siglo XIX, y que gozó de un notable reconocimiento a su trayectoria profesional. Tanto, que una calle de Barcelona lleva su nombre. Aficionado a la ciencia y a la tecnología, supo de las primeras obras que estaban llevando un paso más allá las por entonces muy populares obras de anticipación científica de Jules Verne, y se aproximó a ellas en tres colecciones de relatos que vieron la luz entre 1885 y 1897. En la segunda colección fue donde primeramente se publicó el relato que hoy reseño.

Antes de adentrarnos en "Cuatro siglos de buen gobierno", debemos tener presente que, a pesar de que su subtítulo es "Novela de la Edad Moderna", no estamos ante una novela de ciencia-ficción (para poder reivindicar una primera novela de ciencia-ficción de un escritor español aún tendrían que transcurrir unas décadas, como veremos en la siguiente entrada). Ni siquiera estamos ante lo que hoy entendemos por "relato", con personajes y situaciones que ilustran una idea original y plausible a la luz del estado de la ciencia en la época en la que fue escrito, sino de un mero ensayo. Debemos, pues, ser condescendientes con el formato elegido por Fabra, y comprender que en aquella época nuestra nación no era precisamente puntera en lo que se refiere a nuevas corrientes literarias. Más bien debemos alegrarnos de que en aquel tiempo hubiera personas tan abiertas a lo que estaba sucediendo en otras partes del mundo, y de que fueran capaces de trasladar una parte de ellas a una obra que precisamente tiene a España como protagonista.

El ensayo está conformado por dos capítulos de similar longitud en los que Fabra desarrolla, con una prosa un tanto recargada, su historia alternativa. Parte como todas ellas de un punto Jombar (el Príncipe Don Miguel, nieto de los Reyes Católicos, no muere de niño, sino que llega a ser coronado Rey, juntando en su corona los reinos de España y Portugal). Esta Iberia que a principios del siglo XVI alcanzó un poderío comercial absoluto gracias a la suma de sus colonias en Oriente y Occidente, evoluciona ante nuestros ojos hasta convertirse en una idílica nación moderna que mantiene su hegemonía internacional.

El relato, además de bien desarrollado, cautiva por su atención a las más diversas cuestiones (políticas, económicas, técnicas, religiosas...), por la manera como se engarza con la historia conocida y real de otras muchas naciones, por su abundancia en detalles (el establecimiento de Toledo como capital, y de Barcelona como el primer puerto del país), y por el amor a España que desprende. Algo que tal vez dé que pensar ahora que llevamos décadas en las que determinadas esferas de poder insisten en el desamor de una parte considerable de Cataluña hacia el resto de España. Aunque sólo fuera por eso, este relato conciso y ameno merecería una lectura, si bien la razón principal es que resulta imprescindible para quien quiera conocer cómo comenzó la literatura de ciencia-ficción en nuestro país.

lunes, 18 de abril de 2022

Escritores españoles de ciencia-ficción

Una vez terminado el recorrido por los más representativos escritores británicos de ciencia-ficción, les propongo un nuevo viaje, más apasionante si cabe: una revisión, a través de sus obras más señaladas, de los principales escritores españoles de ciencia-ficción. Un recorrido que llevo largo tiempo posponiendo a causa de dos razones. La primera, por lo complicado que me resulta opinar sobre lo más cercano; y la segunda, porque no ha sido hasta estos últimos tiempos cuando la producción de literatura de ciencia-ficción ha despegado finalmente en España. Pero ahora que, humildemente, me considero parte de tan nutrido grupo de autores, gracias a las dos novelas que como quienes siguen este blog saben he publicado en los últimos años, me resulta más natural acercarme a los más relevantes creadores de nuestro país. Entre los que desde luego no me incluyo.

Debo comenzar aclarando que, a diferencia de mi revisión de los escritores británicos, la cual se ciñó exclusivamente a novelas, en este recorrido por los escritores españoles más representativos no solamente voy a reseñar novelas "largas", sino también algún relato y novelas "más cortas", como corresponde a un género que fue muy minoritario al comienzo y que recurrió a los formatos "que pudo" hasta que logró despegar. Aunque cuando lo hizo, produjo obras que no tienen nada que envidiar a las del mundo anglosajón, y que actualmente son capaces de generar un considerable volumen de ventas. Por ello la imagen que ilustra esta entrada contiene a la vez a Tomás Salvador, autor de la primera gran novela de ciencia-ficción en español hace más de sesenta años, y a Sergi Llauger, uno de los más vendidos escritores en la actualidad.

Debo seguir aclarando que, a la hora de elaborar una lista de autores y títulos, he descartado aquellas obras que tuvieron un gran valor como artículos de entretenimiento durante la dictadura franquista (esencialmente bolsilibros), dignas en su propósito y honestas en su contenido, pero que lógicamente encerraban una vocación literaria limitada. Y en cambio, no he establecido fronteras entre "escritores de ciencia-ficción" y "escritores que han escrito ciencia-ficción". Nuestro mercado es mucho más reducido que el anglosajón, y bastante esfuerzo cuesta ya abrirse paso en él con el tipo de género que sea, como para andar añadiendo barreras ficticias. Así que en mi lista encontrarán tanto escritores que siempre se han centrado en el género, como otros que forman parte de la literatura mainstream, pero que sin duda han escrito obras de buena ciencia-ficción.

Por supuesto, debo continuar aclarando que, a la hora de seleccionar a los autores, no he tenido en cuenta sus filiaciones o simpatías políticas. Este hecho, que no debería siquiera ser mencionado, es por desgracia aún uno de los criterios principales a la hora de encumbrar o desprestigiar a los principales escritores del último siglo en España. Pero si algún género admite todo tipo de posicionamiento político, siempre que esté bien argumentado y elaborado, ése es sin duda la ciencia-ficción. Y si igual de válidos nos resultan en anglosajón los escritores más a la izquierda como China Mieville o Iain M. Banks, o los más a la derecha como Robert A. Heinlein o Jerry Pournelle, la misma sana actitud deberíamos adoptar a la hora de revisar las obras de nuestros principales escritores patrios. Al menos yo lo he hecho así.

Por último, debo concluir aclarando que la inmensa mayoría de los títulos propuestos fueron escritos en los últimos sesenta y cinco años. Y es que la literatura de ciencia-ficción en España fue leída y conocida desde sus orígenes hace más de un siglo, pero, como corresponde a un país relativamente atrasado y bajo los efectos de unas durísimas Guerra Civil y Posguerra, cuando el género finalmente empezó a despegar a finales de los años cincuenta, una parte no desdeñable de las mejores obras de ciencia-ficción anglosajonas ya se habían escrito. En cambio, España ha abrazado la modernidad con todas sus consecuencias desde que somos una nación democrática, y coincidiendo con esas mayores libertad y prosperidad, el género ha vivido un auge muy notable, que prosigue hasta el día de hoy.

Una vez realizadas todas estas aclaraciones, aquí va la lista. En la que, como de costumbre, no están todos los que son, pero sí son todos los que están:

1. Nilo María Fabra - "Cuatro siglos de buen gobierno" (1895)
2. Salvador de Madariaga - "La jirafa sagrada" (1925)
3. Agustín de Foxá - "Viaje a los efímeros" (1958)
4. Tomás Salvador - "La nave" (1959)
5. Daniel Sueiro - "Corte de corteza" (1969)
6. Jesús Torbado - "En el día de hoy" (1976)
7. Gabriel Bermúdez Castillo - "Viaje a un planeta Wu Wei" (1976)
8. Rafael Marín - "Lágrimas de luz" (1982)
9. Gonzalo Torrente Ballester - "Quizá nos lleve el viento al infinito" (1984)
10. Domingo Santos - "Hacedor de mundos" (1986)
11. Juan Miguel Aguilera y Javier Redal - "Mundos en el abismo" (1988)
12. Jordi Sierra i Fabra - "Edad: 143 años" (1989)
13. Elia Barceló - "El mundo de Yarek" (1993)
14. Juan Carlos Planells - "El enfrentamiento" (1996)
15. Eduardo Vaquerizo - "Danza de tinieblas" (2005)
16. José Carlos Somoza - "Zig zag" (2006)
17. Félix J. Palma - "El mapa del tiempo" (2008)
18. Rosa Montero - "Lágrimas en la lluvia" (2011)
19. Sergi Llauger - "El yermo" (2013)
20. Sabino Cabeza - "Frontera oscura" (2020)
21. Víctor Conde y Guillem Sánchez - "Horizonte de estrellas" (2022)

Alguna de estas obras ya ha recibido su entrada independiente en este humilde blog, pero la inmensa mayoría la recibirán a lo largo de los próximos meses. ¿Me acompañan en este apasionante recorrido?

domingo, 27 de marzo de 2022

"Rosalera" (2018). Tade Thompson

Con la entrada que ahora comienzo doy por finalizado el apasionante recorrido por muchas de las mejores novelas de los más relevantes escritores británicos de ciencia-ficción. Estamos ya en 2018, año en el que vio la luz la traducción a nuestro idioma de "Rosalera", la novela más relevante hasta ahora en la obra de Tade Thompson. Que aun siendo británico de pura cepa, es hijo de emigrantes nigerianos, y vivió más de veinte años en el país africano. Lo cual dota a su producción de una personalidad muy especial. Algo especialmente apreciable en esta novela: de planteamiento original y ambientación cautivadora, mezcla ciencia-ficción con otros géneros, a la vez que cuida el elemento científico. Pero que en mi opinión resulta más pretenciosa que lograda, al tiempo que un tanto mareante a causa de las tres líneas temporales que plantea Thompson, y que se entrecruzan más de lo necesario.

El escritor juega con la baza de su doble nacionalidad para conferirle originalidad a su obra. Al situar toda la trama en Nigeria, ya tiene parte la ambientación en un futuro cercano asegurada. Y con el alicente extra de tratarse de un lugar prácticamente inédito en la literatura de ciencia-ficción, por lo que resulta sencillo atrapar al lector simplemente con presentar las miserias de su país, su corrupción, su crudeza, o su superpoblación. Si bien debo aclarar que la originalidad va más allá del marco escénico. Y es que Rosalera resulta ser una gran bóveda alienígena que una vez al año se abre para sanar a miles de enfermos, a pesar de lo cual continúa encerrando multitud de secretos. Y su protagonista, Kaaro, es un sensible, esto es, un telépata capaz de acceder a la xenosfera, un espacio intangible desencadenado por la llegada de los alienígenas a la Tierra. Como puede verse, todo un cóctel de elementos singulares.

Y es que estamos indudablemente ante una novela de ciencia-ficción, pero también de una obra que sigue fielmente la trama de una novela de detectives. También de una novela sobre telépatas. Y que incluso posee elementos de cyberpunk. Todo un ejercicio literario que podría haber resultado cautivador, y que durante su primer tercio resulta convincente, pero que acaba desinflándose por un fallo que se podría haber minimizado: la alternancia de al menos tres líneas temporales.

Las tres líneas nos muestran al mismo personaje (la vida de Kaaro "ahora", su vida cuando descubrió sus habilidades telepáticas, y cuando fue reclutado para la organización secreta S45 tras la aparición de Rosalera), y ello podría haber sido un elemento lo suficientemente centralizador para no despistar al lector. Porque un flashback en el momento adecuado puede aclarar el panorama o completar la narración, pero la realidad es que Thompson salta con una incontinencia fatigosa entre las tres líneas, logrando no sólo que el lector medio se desoriente, sino que la novela pierda mucha fuerza, sobre todo cuando la tensión debería alcanzar puntos álgidos.

A ello debemos sumarle el exceso de barbarismos, el gusto por la violencia gratuita, la visión casi siempre negativa del protagonista (y el autor) sobre cualquier consideración social (tan frecuente y tan exacerbada, que se convierte en previsible), el recurso a elementos fantásticos cuando Thompson lo considera oportuno (baste recordar a Molara, tan presente y sin embargo tan poco relevante a fin de cuentas), y un desenlace que, disperso entre las líneas narrativas, apenas cautiva, y resulta poco clarificador.

Estos defectos eclipsan un puñado de virtudes de "Rosalera" que van más allá de su originalidad y de su mezcla de géneros. Especialmente destacable es el elemento científico (los xenoformes, Ajenjo, la naturaleza de la invasión alienígena... todos ellos elementos complejos pero bien defendidos y presentados). También merece ser destacada su prosa directa y clara, que en parte es la responsable de que el lector no se desoriente del todo. Así como las vivencias de Kaaro, que justifican convenientemente la que termina siendo su personalidad en el "ahora". Así como una habilidad llamativa para desarrollar suficientemente gran cantidad de los muchos conceptos que encierra esta imaginativa novela.

Al final esa mezcla de virtudes y defectos deja una sensación agridulce. Y esa es la razón principal por la que aún no he decidido si leeré "La insurrección de Rosalera", la segunda parte de la trilogía en la que ya se ha convertido esta primera novela, y que está disponible desde hace no mucho para el lector en español.

domingo, 13 de marzo de 2022

"Herederos del tiempo" (2015). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada nos acercamos al final del recorrido por algunas de las novelas de referencia de los principales escritores británicos de ciencia-ficción. Avanzamos ya hasta el año 2015, que fue cuando vio la luz "Herederos del tiempo", de Adrian Tchaikovsky. Un escritor que habitualmente cultiva el género fantástico con buenos resultados comerciales, pero que enfocó esta obra desde el punto de vista de la ciencia y logró elaborar un libro sorprendentemente consistente desde el punto de vista científico (si tenemos en cuenta el grueso de su bibliografía). Porque "Herederos del tiempo" es una novela ambiciosa, original y bien escrita sobre el futuro de una humanidad que apenas había comenzado su expansión por la galaxia cuando se vio obligada a luchar por su supervivencia. Aunque excesivamente larga y con altibajos.

En realidad Tchaikovsky combina elementos ya conocidos del género, pero a partir de ellos consigue crear una obra original. Para ello recurre a la siempre arriesgada alternancia de dos líneas narrativas, un enfoque del que logra salir airoso. Una de ellas, la más interesante para mi gusto, arranca con la humanidad a punto de poner en marcha un ambiciosos proyecto de terraformación de un planeta (no especificado). El cual, al resultar fallido, da lugar a la segunda línea narrativa: el inesperado despertar desde la más elemental protointeligencia de una de las especies que habita ese planeta: unas arañas cazadoras que, gracias al nanovirus que reciben por mor del fallido proyecto, experimentarán una evolución acelerada hasta acabar erigiéndose en las dominadoras del planeta.

Salvo en momentos puntuales, el escritor alterna escrupulosamente un capítulo de cada línea narrativa y, para cubrir los miles de años a lo largo de los cuales necesita expandir la trama, estructura la novela nada menos que en ocho partes, casi siempre separadas por un considerable salto temporal. En general, Tchaikovsky logra que el interés no decaiga, aunque los paralelismos entre la evolución de las arañas y los de la humanidad resultan con frecuencia demasiado predecibles (las disputas contra otras especies, las luchas internas entre asentamientos de arañas, el fenómeno religioso, el triunfo de la ciencia, el camino hacia la igualdad de géneros...). Y, por lo tanto, las reflexiones que las acompañan no aportan demasiado, siendo proporcionalmente más interesantes la evolución de su técnica y su tecnología, fundada en los hilos que tejen en vez de al uso de metales en el que se basó nuestra evolución.

Más cautivadora resula la desesperada situación de la humanidad a bordo de la nave arca Gilgamesh. Gracias a recursos obvios como el sueño criogénico, los últimos humanos, que huyeron de una tierra moribunda, buscan un nuevo planeta en el que asentarse. Y para ello desempeña un papel fundamental Mason, el principal protagonista de esta línea narrativa, y mi favorito de la novela: un clasicista (algo así como una mezcla de historiador y traductor de lenguas antiguas) que recurrentemente tendrá que sugerir o directamente tomar las últimas decisiones de este reducto humano. El surgimiento de facciones a bordo por las dificultades a la hora de encontrar un lugar en el que establecerse, el mesianismo en el que acaba el capitán Guyen, el gradual deterioro de la nave arca, y el despertar masivo de humanos en el desenlace, son todas ellas situaciones razonables, pero menos previsibles que las de las arañas. Y si bien no siempre están bien justificadas o dimensionadas, en general resultan entretenidas, y de mayor contenido especulativo, pues una y otra vez interpelan a los comportamientos que han conducido a la humanidad a esa desesperada situación.

De todo lo anterior deviene que algunas partes de la novela resulten claramente más flojas que otras (en especial la cuarta y la quinta), que a menudo los ingeniosos artilugios y técnicas arácnidas que posibilitan su impresionante evolución nos resulten inverosímiles (especialmente cuando logran alcanzar la órbita geoestacionaria de su planeta), y que la novela pase de amagar con sugestivas exploraciones de otros planetas a terminar en un resignado retorno al planeta del inicial proyecto fallido cuando apenas quedan cien páginas.

A cambio, Tchaikovsky acierta de pleno al proponer casi exclusivamente a tres personales arácnidos que se "reencarnan" una y otra vez a lo largo de los siglos (Portia, Bianca y Fabian), pues de esta manera logra que el lector no se pierda en las cada vez más complejas sociedades arácnidas. Como lo hace al presentar, gradualmente y sin edulcorantes, la transición de una relación profesional entre Mason y Lain a una historia de amor interrumpida recurrentemente por las hibernaciones de ambos. Si a ello le añadimos que el desenlace, aunque tardío, está bien resuelto, sorprende, resulta congruente con lo narrado y a la vez abre una puerta para futuras entregas, se comprenderá que mi impresión final fuera positiva. Por cierto, que esa siguiente entrega ya existe en lengua inglesa, y está próxima a ver la luz en español, puesto que para este 2022 Alamut ha anunciado la publicación de "Herederos del caos".

domingo, 27 de febrero de 2022

"Inundación" (2008). Stephen Baxter

Una entrada más prosigo con la reseña de novelas de referencia de los principales escritores británicos de ciencia-ficción. Poco a poco nos vamos acercando a la actualidad, puesto que fue en el año 2008 cuando vio la luz "Inundación", una de las novelas traducidas al español de Stephen Baxter. Y que además, con el tiempo, ha dado origen a una trilogía, de la cual solamente la segunda entrega ("El arca", 2009) se encuentra disponible en nuestro idioma. Ya he reseñado en este mismo blog varias novelas de Baxter, todas ellas de gran nivel ("Evolución", "Antihielo", "Emperador"), y ésa es la razón principal por la que esta vez me he decantado por hablarles de "Inundación". Porque, aunque se trata de una obra impregnada por su reconocible personalidad como escritor, les adelanto que me pareció una obra menor de un Baxter en baja forma. Y es que, pese a tratarse de un tema atrayente, presentado de manera rigurosa, que alterna explicaciones y especulaciones científicas, y que recorre con buen criterio el planeta para ofrecernos la mejor perspectiva, la trama me pareció floja, y los personajes, endebles. Y lo que es peor, que desprende una incontenible sensación de trabajo a medio terminar.

El gradual aumento del nivel de los océanos es una preocupante realidad contemporánea, que Baxter magnifica recurriendo a las grandes masas de agua que supuestamente se encuentran bajo el manto terrestre. De suerte que en las cinco partes en las que estructura la novela, y en tan sólo treinta y seis años, es capaz de presentarnos desde las primeras inundaciones en las urbes costeras hasta la desaparición de los últimos vestigios terrestres. Un panorama subyugante, quizá inverosímil por excesivamente acelerado, pero que el escritor desaprovecha por múltiples razones.

La más obvia es que los personajes no resultan ser los protagonistas de la obra. Ni siquiera articulan o dan continuidad a la trama: ese rol le corresponde a la subida exponencial del nivel de las aguas. Causando que la novela se resienta desde el comienzo: Baxter arranca con un grupo de secuestrados que ha permanecido en cautiverio nada menos que cinco años (!!) a causa de una especie de Guerra Civil que azota la España de 2016. Menos comprensible es su liberación por la corporación AxysCorp de Nathan Lammockson (una suerte de poder fáctico transnacional que prospera mientras que los gobiernos nacionales van desapareciendo). Y aún menos admisible es la lealtad que se crea entre los miembros del grupo, la cual se antepondrá a lo largo de la novela a familias y actividades profesionales en los incesantes y abusivos reencuentros.

Otra razón es el bajo nivel de las dos primeras partes, centradas casi en exclusiva en describir cómo ciudades emblemáticas (Londres, Nueva York) van siendo desvastadas por las inundaciones. La primera parte en especial (2016 - 2017) es realmente floja: páginas y más páginas dedicadas a describir hasta el más mínimo detalle de la geografía británica, con personajes que deambulan sin rumbo fijo (y con una flema británica extrema para no alterarse ante tamaños acontecimientos), y una sensación de primer borrador no trabajado. La cosa mejora sólo ligeramente en la segunda parte, que adolece de los mismos defectos, pero al menos se apoya en el hallazgo de la climatóloga Tandy Jones para dotar a los capítulos de cierta hilazón.

Otros defectos reseñables son: el escaso dramatismo con el que el escritor recrea pasajes que deberían ser todo lo contrario; unas anotaciones de Kristie Carson que deberían funcionar como complemento narrativo y espacio especulativo, pero que a veces se vuelven irrelevantes (o incluso escritas directamente por el narrador, y no por Kristie); el recurso al hijo de Nathan (Hammond) cuando no ha aparecido en los tres quintos anteriores; unos personajes que con frecuencia exhiben reacciones anómalas; y las lógicas dificultades para cohesionar una novela que abarca tantos años.

Afortunadamente, la impronta de Baxter es reconocible en el mimo a la hora de elaborar y presentar el elemento científico (tan relevante en esta novela), exponiendo en todo momento los probables efectos de las crecidas, hasta cohesionarlas en su sugestiva especulación final sobre Gaia y los estados terrestres estables. También en los pequeños detalles, como los mapas mundiales en función del progreso de las inundaciones, o la estructuración en capítulos cortos y de prosa sobria para dinamizar la lectura de una novela tan extensa. Loable es asimismo el recorrido que realiza por buena parte del planeta (desde Perú hasta el Tíbet) para ofrecernos la panorámica más completa posible. Además, cuando a partir de la tercera parte se empieza por fin a fijar en los personajes, y nos plantea ideas tan potentes como el gas eugenésico, el Arca Tres, o el archivo noruego, la novela gana en interés. Y la exculpación que realiza de la responsabilidad humana, unida a la nueva humanidad que (según sus postulados) surgiría y se adaptaría en las incipientes comunidades balseras, mejora la impresión global de la novela, al tiempo que abre la puerta a esas continuaciones a las que aludía al comienzo de esta reseña. Y que, dada mi discreta valoración final, debo confesarles que no me he animado a leer.

domingo, 6 de febrero de 2022

"Hijo del río" (2002). Paul McAuley

Continúo con mi reseña en orden cronológico de algunas de las novelas de referencia de los más relevantes escritores británicos de ciencia-ficción. En la presente entrada voy a hablarles de "Hijo del río", que al cabo de los años dio lugar a la saga más famosa y reconocida de Paul J. McAuley. Saga que, ya adelanto, nunca me he animado a continuar tras la lectura de esta primera entrega. Y es que "Hijo del río" resulta una novela entretenida, que toma sin disimulo ideas de otras muchas ya conocidas del género, y las pone al servicio de un viaje iniciático que al principio promete, pero que termina siendo poco más que una sucesión de situaciones inesperadas.

Aunque el marco escénico es relativamente original (el mundo donde transcurre la acción, Confluencia, fue creado milenios atrás por unos post-humanos llamados Preservadores, quienes mezclaron el ADN de humanos con el de múltiples especies de animales, dando lugar así a las más diversas líneas de sangre), el argumento no lo es: Yama, su joven protagonista, desea averiguar su línea de sangre, así como las capacidades asociadas a la misma, y para ello abandonará la decadente villa de Aeolis, en la que fue recogido en extrañas circunstancias cuando era un bebé, y se dirigirá a Ys, la capital de este mundo tan singular. Una trama que seguramente nos resultará familiar, y que obliga a McAuley a fiar el éxito de su novela a dos bazas solamente: su imaginación para amenizar esa trama con situaciones y lugares originales, y su prosa. Pero en ambas se queda a medias.

En relación con la primera, y aun entendiendo que no es sencillo situar al lector en el marco que ha ideado, el viaje tarda demasiado en arrancar (demorado por la aparición del doctor Dismas, el asedio), y cuando lo hace, el lector se encuentra con que Yama se irá desviando una y otra vez de su propósito inicial, y las capítulos se irán sucediendo centrados en esas distracciones. Que a menudo resultan agradables (mencionar los encuentros con Beatrice y Osric, o los pasajes con el prefecto Corin), pero que descolocan al lector. Y que provocan, además, que Yama llegue a Ys cuando ya ha transcurrido más de la mitad de la novela. Y con respecto a la prosa del escritor, es de agradecer la riqueza de su vocabulario (debo reconocer que, cuando la leí, llevaba años sin toparme con una novela con tantas palabras desconocidas), pero a menudo resulta petulante, abrumando con excesivos detalles e incrementando esa sensación de estar rellenando páginas para aumentar la longitud de la obra.

Si a todo lo anterior le añadimos el recurso frecuente a elementos fantásticos (aun tiempo después de haberla leído no estoy seguro de que deba catalogarla como ciencia-ficción), algunos episodios de violencia innecesaria, la poca habilidad del escritor para presentar a los actores y elementos que dieron lugar a la situación presente (piénsese por ejemplo en lo que realmente sabemos al terminar la lectura sobre los de Días de Antigüedad, o esas tantas veces mencionada y nunca aclarada "guerra contra los herejes"), y unos personajes que de pronto se convierten en compañeros inseparables de Yama (Pandaras y Tamora), se comprenderá por qué no tengo mayor interés en proseguir con las otras novelas de la trilogía.

Y es una pena, porque puntualmente McAuley da con la tecla y nos brinda buenos pasajes (el mejor, el del mercader en su fabuloso salón con un estanque de agua en el techo). Y el vínculo con los antepasados muertos y la atención dedicada por las sociedades pretéritas a enterramientos y tumbas elaborados son sugestivos. Pero al final la novela se diluye entre promesas que no llegan a convertirse en realidades. Y ese desenlace mal resuelto y que apenas intenta explicar nada (más bien se trata de una mera interrupción) terminó por justificar mi pobre impresión final.

"Amos del Nospacio" (2024). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada concluyo (incluso con los añadidos de última hora) mi segundo recorrido por las sagas más relevantes para el lector...

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