Una nueva entrada continúo con las reseñas de los autores y obras más relevantes del fascinante subgénero de la ciencia-ficción dura. La de hoy es una de esas colaboraciones destinadas al éxito desde que se supo de ella: dos autores británicos, uno de ellos el más reconocido en el género (Arthur C. Clarke) y otro el de mayor repercusión internacional en las últimas décadas (Stephen Baxter). Una colaboración, además, que se prolongó a lo largo de tres títulos, hasta conformar una trilogía un tanto inconexa conocida como "Una odisea en el tiempo", de la cual se han publicado en español las dos primeras novelas. La primera de ellas ("El ojo del tiempo"), la que hoy les presento. Tanto Clarke como Baxter son autores que, aunque no se encuadren exclusivamente en la ciencia-ficción dura, sí que son conocidos por escribir novelas generalmente muy cuidadas desde el punto de vista científico. Hasta llegar en ocasiones, como la que hoy nos ocupa, a convertirse en el verdadero sustento de la novela. Por lo que su inclusión en esta revisión está más que justificada.
Aunque se supone escrita a cuatro manos, debo recalcar que cuando esta obra vio la luz, Clarke andaba ya cerca de los noventa años, mientras que Baxter ni siquiera había llegado todavía a los cincuenta. Por lo que razonable es asumir que fue Baxter quien se encargó de su escritura, eso sí, bajo el asesoramiento y la revisión de Clarke. Algo que seguramente se deja ver en la extensión y el estilo de la novela, que pese a su factura "clásica" no desentona de lo que podríamos esperar en cualquier novela estándar del género escrita a principios del siglo XXI. El resultado, aunque queda lejos de la categoría de clásico, es una entretenida especulación sobre qué mundo podría resultar de la yuxtaposición de pequeños trozos de distintas épocas. Aunque a lo largo de la lectura da la impresión de que sus propios autores la consideraron desde su génesis como una novela menor dentro de su producción, casi como un pasatiempo a cuatro manos.
Estructurada en cinco partes, la novela plantea la colisión de distintas líneas temporales sobre el mismo planeta Tierra, a causa de la intervención de los Primeros, unos seres inmensamente antiguos pero desconocidos para la humanidad hasta entonces, y que están detrás de la Discontinuidad que quiebra espacio y tiempo. Esta colisión dará lógicamente lugar a un enfrentamiento cultural entre los representantes de las distintas épocas. Ello genera uno de los grandes alicientes del libro: la aparición y convivencia de varios personajes históricos que en realidad jamás coincidieron sobre la superficie de nuestro planeta pero que, gracias a una notable caracterización, resultan creíbles en su deambular por esta Tierra alternativa. En particular, Rudyard Kipling, Alejandro Magno y Gengis Khan. Unos personajes que, por desgracia, no se ven acompañados en su atractivo por los de creación propia, mucho más planos. Algo, por cierto, relativamente habitual en ambos autores, aunque a mi modo de ver disculpable en una obra eminentemente especulativa y científica.
Otro acierto de la novela es la ambientación de los distintos lugares y épocas. En especial todo lo relativo a los mongoles y a Babilonia cautiva por su realismo y su riqueza visual. Demostrando que una obra especulativa no tiene por qué descuidar los elementos históricos y descriptivos. Además, como corresponde a toda novela de ciencia-ficción dura, los autores hacen un buen trabajo desarrollando las posibles consecuencias de la discontinuidad sobre el clima y la ecología, y se reservan para el tramo final la parte más científica, con las notables especulaciones sobre la física de cuerdas y las cajas de resonancia. Todo ello sin dejar de ofrecer unas especulaciones un tanto pesimistas (con los distintos pueblos de la humanidad siempre enfrascados en lograr la supremacía de cada uno sobre los demás). Y sin descuidar el aspecto narrativo: el combate entre los ejércitos de Alejandro Magno y Gengis Khan, seguramente las páginas más brillantes de la novela, se narra con claridad y con un saludable nivel de tensión.
A pesar de estos aciertos, y de que se tocan retazos de muchos asuntos, a la novela le falta algo de profundidad, lo cual lastra la impresión global. Y a partir de la tercera parte cada vez van siendo más frecuentes los capítulos intrascendentes, meramente descriptivos. Después del combate entre Magno y Khan el interés baja, y se aprecia que la preocupación principal de los autores pasa a ser la descripción y explicación del mundo que han creado, un interés loable pero más bien poco novelístico. Por otra parte, la novela es excesivamente "británica" para mi gusto, con un obvio ensalzamiento de su cultura y sus personajes, y una óptica singular para presentar los avatares en el resto del mundo. Y a pesar de que a lo largo de sus últimos capítulos se aprecia el esfuerzo por explicar el origen de la discontinuidad y por atar cabos, al final no se proporciona justificación para las intenciones y los motivos de los Primeros al crear Mir. Un final abierto (tal vez a propósito, habida cuenta de esas dos entregas posteriores), pero que como la novela no me satisfizo tanto como habría esperado de estos dos grandes autores, no he corroborado, pues nunca me he animado a leer "Tormenta Solar", la siguiente entrega. En todo caso, una novela solvente, amena, e interesante a la hora de utilizar las especulaciones científicas como base para esa Tierra multi-temporal.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Baxter. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Baxter. Mostrar todas las entradas
domingo, 28 de enero de 2024
domingo, 27 de febrero de 2022
"Inundación" (2008). Stephen Baxter
Una entrada más prosigo con la reseña de novelas de referencia de los principales escritores británicos de ciencia-ficción. Poco a poco nos vamos acercando a la actualidad, puesto que fue en el año 2008 cuando vio la luz "Inundación", una de las novelas traducidas al español de Stephen Baxter. Y que además, con el tiempo, ha dado origen a una trilogía, de la cual solamente la segunda entrega ("El arca", 2009) se encuentra disponible en nuestro idioma. Ya he reseñado en este mismo blog varias novelas de Baxter, todas ellas de gran nivel ("Evolución", "Antihielo", "Emperador"), y ésa es la razón principal por la que esta vez me he decantado por hablarles de "Inundación". Porque, aunque se trata de una obra impregnada por su reconocible personalidad como escritor, les adelanto que me pareció una obra menor de un Baxter en baja forma. Y es que, pese a tratarse de un tema atrayente, presentado de manera rigurosa, que alterna explicaciones y especulaciones científicas, y que recorre con buen criterio el planeta para ofrecernos la mejor perspectiva, la trama me pareció floja, y los personajes, endebles. Y lo que es peor, que desprende una incontenible sensación de trabajo a medio terminar.
El gradual aumento del nivel de los océanos es una preocupante realidad contemporánea, que Baxter magnifica recurriendo a las grandes masas de agua que supuestamente se encuentran bajo el manto terrestre. De suerte que en las cinco partes en las que estructura la novela, y en tan sólo treinta y seis años, es capaz de presentarnos desde las primeras inundaciones en las urbes costeras hasta la desaparición de los últimos vestigios terrestres. Un panorama subyugante, quizá inverosímil por excesivamente acelerado, pero que el escritor desaprovecha por múltiples razones.
La más obvia es que los personajes no resultan ser los protagonistas de la obra. Ni siquiera articulan o dan continuidad a la trama: ese rol le corresponde a la subida exponencial del nivel de las aguas. Causando que la novela se resienta desde el comienzo: Baxter arranca con un grupo de secuestrados que ha permanecido en cautiverio nada menos que cinco años (!!) a causa de una especie de Guerra Civil que azota la España de 2016. Menos comprensible es su liberación por la corporación AxysCorp de Nathan Lammockson (una suerte de poder fáctico transnacional que prospera mientras que los gobiernos nacionales van desapareciendo). Y aún menos admisible es la lealtad que se crea entre los miembros del grupo, la cual se antepondrá a lo largo de la novela a familias y actividades profesionales en los incesantes y abusivos reencuentros.
Otra razón es el bajo nivel de las dos primeras partes, centradas casi en exclusiva en describir cómo ciudades emblemáticas (Londres, Nueva York) van siendo desvastadas por las inundaciones. La primera parte en especial (2016 - 2017) es realmente floja: páginas y más páginas dedicadas a describir hasta el más mínimo detalle de la geografía británica, con personajes que deambulan sin rumbo fijo (y con una flema británica extrema para no alterarse ante tamaños acontecimientos), y una sensación de primer borrador no trabajado. La cosa mejora sólo ligeramente en la segunda parte, que adolece de los mismos defectos, pero al menos se apoya en el hallazgo de la climatóloga Tandy Jones para dotar a los capítulos de cierta hilazón.
Otros defectos reseñables son: el escaso dramatismo con el que el escritor recrea pasajes que deberían ser todo lo contrario; unas anotaciones de Kristie Carson que deberían funcionar como complemento narrativo y espacio especulativo, pero que a veces se vuelven irrelevantes (o incluso escritas directamente por el narrador, y no por Kristie); el recurso al hijo de Nathan (Hammond) cuando no ha aparecido en los tres quintos anteriores; unos personajes que con frecuencia exhiben reacciones anómalas; y las lógicas dificultades para cohesionar una novela que abarca tantos años.
Afortunadamente, la impronta de Baxter es reconocible en el mimo a la hora de elaborar y presentar el elemento científico (tan relevante en esta novela), exponiendo en todo momento los probables efectos de las crecidas, hasta cohesionarlas en su sugestiva especulación final sobre Gaia y los estados terrestres estables. También en los pequeños detalles, como los mapas mundiales en función del progreso de las inundaciones, o la estructuración en capítulos cortos y de prosa sobria para dinamizar la lectura de una novela tan extensa. Loable es asimismo el recorrido que realiza por buena parte del planeta (desde Perú hasta el Tíbet) para ofrecernos la panorámica más completa posible. Además, cuando a partir de la tercera parte se empieza por fin a fijar en los personajes, y nos plantea ideas tan potentes como el gas eugenésico, el Arca Tres, o el archivo noruego, la novela gana en interés. Y la exculpación que realiza de la responsabilidad humana, unida a la nueva humanidad que (según sus postulados) surgiría y se adaptaría en las incipientes comunidades balseras, mejora la impresión global de la novela, al tiempo que abre la puerta a esas continuaciones a las que aludía al comienzo de esta reseña. Y que, dada mi discreta valoración final, debo confesarles que no me he animado a leer.
El gradual aumento del nivel de los océanos es una preocupante realidad contemporánea, que Baxter magnifica recurriendo a las grandes masas de agua que supuestamente se encuentran bajo el manto terrestre. De suerte que en las cinco partes en las que estructura la novela, y en tan sólo treinta y seis años, es capaz de presentarnos desde las primeras inundaciones en las urbes costeras hasta la desaparición de los últimos vestigios terrestres. Un panorama subyugante, quizá inverosímil por excesivamente acelerado, pero que el escritor desaprovecha por múltiples razones.
La más obvia es que los personajes no resultan ser los protagonistas de la obra. Ni siquiera articulan o dan continuidad a la trama: ese rol le corresponde a la subida exponencial del nivel de las aguas. Causando que la novela se resienta desde el comienzo: Baxter arranca con un grupo de secuestrados que ha permanecido en cautiverio nada menos que cinco años (!!) a causa de una especie de Guerra Civil que azota la España de 2016. Menos comprensible es su liberación por la corporación AxysCorp de Nathan Lammockson (una suerte de poder fáctico transnacional que prospera mientras que los gobiernos nacionales van desapareciendo). Y aún menos admisible es la lealtad que se crea entre los miembros del grupo, la cual se antepondrá a lo largo de la novela a familias y actividades profesionales en los incesantes y abusivos reencuentros.
Otra razón es el bajo nivel de las dos primeras partes, centradas casi en exclusiva en describir cómo ciudades emblemáticas (Londres, Nueva York) van siendo desvastadas por las inundaciones. La primera parte en especial (2016 - 2017) es realmente floja: páginas y más páginas dedicadas a describir hasta el más mínimo detalle de la geografía británica, con personajes que deambulan sin rumbo fijo (y con una flema británica extrema para no alterarse ante tamaños acontecimientos), y una sensación de primer borrador no trabajado. La cosa mejora sólo ligeramente en la segunda parte, que adolece de los mismos defectos, pero al menos se apoya en el hallazgo de la climatóloga Tandy Jones para dotar a los capítulos de cierta hilazón.
Otros defectos reseñables son: el escaso dramatismo con el que el escritor recrea pasajes que deberían ser todo lo contrario; unas anotaciones de Kristie Carson que deberían funcionar como complemento narrativo y espacio especulativo, pero que a veces se vuelven irrelevantes (o incluso escritas directamente por el narrador, y no por Kristie); el recurso al hijo de Nathan (Hammond) cuando no ha aparecido en los tres quintos anteriores; unos personajes que con frecuencia exhiben reacciones anómalas; y las lógicas dificultades para cohesionar una novela que abarca tantos años.
Afortunadamente, la impronta de Baxter es reconocible en el mimo a la hora de elaborar y presentar el elemento científico (tan relevante en esta novela), exponiendo en todo momento los probables efectos de las crecidas, hasta cohesionarlas en su sugestiva especulación final sobre Gaia y los estados terrestres estables. También en los pequeños detalles, como los mapas mundiales en función del progreso de las inundaciones, o la estructuración en capítulos cortos y de prosa sobria para dinamizar la lectura de una novela tan extensa. Loable es asimismo el recorrido que realiza por buena parte del planeta (desde Perú hasta el Tíbet) para ofrecernos la panorámica más completa posible. Además, cuando a partir de la tercera parte se empieza por fin a fijar en los personajes, y nos plantea ideas tan potentes como el gas eugenésico, el Arca Tres, o el archivo noruego, la novela gana en interés. Y la exculpación que realiza de la responsabilidad humana, unida a la nueva humanidad que (según sus postulados) surgiría y se adaptaría en las incipientes comunidades balseras, mejora la impresión global de la novela, al tiempo que abre la puerta a esas continuaciones a las que aludía al comienzo de esta reseña. Y que, dada mi discreta valoración final, debo confesarles que no me he animado a leer.
domingo, 25 de junio de 2017
Emperador (2006). Stephen Baxter
Me sigo acercando al final de la revisión de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías para el lector en español. Le ha llegado el turno al único autor que repite en esta selección: el británico Stephen Baxter, del que ya reseñé hace unos meses "Antihielo". La razón para incluir dos novelas de este autor es la disparidad en la manera en que ambas enfocan el subgénero de las ucronías: mientras que "Antihielo" se basa en un desarrollo científico anticipado para construir una novela mitad steampunk - mitad homenaje a Jules Verne, "Emperador" propone una historia alternativa sólo ligeramente diferente de la que en realidad conocimos, pero en la que el devenir histórico viene asegurado a través de una profecía de varios siglos de alcance.
De hecho habrá quien tras leer la novela cuestione que la profecía de Nectovelin y su nieta Agrippina (y el esfuerzo de sus descendientes a lo largo de los siglos porque siga vigente), sea una base suficientemente fuerte como para considerar esta novela una ucronía. Lo que sí es innegable es que "Emperador" es una entretenida novela histórica, con la habitual habilidad argumental y narrativa de Baxter, un buen conocimiento de la Britania romana, y múltiples detalles que juegan a su favor. El más obvio es su estructura: un prólogo y un epílogo que abren y cierran la novela para poner de manifiesto la profecía y concluir lo expuesto, y tres partes claramente diferenciadas (el Invasor, en referencia a Claudio, en el siglo I; el Constructor, en referencia a Adriano, en el siglo II; y el Emperador, en referencia a Constantino y la implantación del cristianismo, en el siglo IV). Y todo ello en menos de cuatrocientas páginas, sin apenas espacio para el relleno, con capítulos cortos y un ritmo narrativo alto. Otros detalles dignos de mención son el mapa de Britania para situar en todo momento la acción, la lista de topónimos, la cronología que presenta al comienzo... Un trabajo muy serio.
Otros puntos fuertes de la novela son: la manera cómo Baxter capta el ambiente tanto de la época como de las distintas situaciones; las frecuentes explicaciones sobre cómo los romanos se fueron expandiendo, fundando determinadas poblaciones, determinando la composición del muro...; la habilidad a la hora de enlazar las tres partes, recurriendo siempre a un "as en la manga" que le permite mantener el interés a pesar de los siempre peligrosos saltos temporales; el respeto por la historia, por ejemplo al comienzo de la tercera parte, cuando resume con concisión y naturalidad doscientos años de la historia romana en Britania; la forma en la que resalta el choque en las civilizaciones nativa e invasora; y algunos episodios muy entretenidos en cada una de las tres partes.
En cuanto a los defectos, quizá el más relevante sea que los personajes de Baxter se suelen ceñir a los estereotipos ya conocidos, sin que ninguno de ellos realmente perviva en nuestra mente tras finalizar la novela. También puede decepcionar que a pesar de las maniobras políticas y el choque de culturas que nos relata, no abunden las reflexiones sobre la visión del mundo o los valores que se enfrentan. Otra circunstancia mejorables es la cierta bajada del nivel que se aprecia en la segunda parte, más filosófica y con menos fuerza. Y también el recurso a situaciones un tanto irreales, como en el tramo final de la primera parte, donde cuesta aceptar la falta de seguridad en torno a Claudio de la que Baxter se sirve, o en la tercera parte, cuando Constantino se aviene a escuchar una profecía sólo a partir de las iniciales grabadas en la espalda de un esclavo.
Al final de la novela, y sin que haya que ponerle reparos al final que nos relata, queda claro que el mundo alternativo ideado por Baxter ha seguido en lo esencial la historia tal cual la conocimos, pero también hay indicaciones de que la profecía seguirá configurando un mundo que cada vez divergirá más respecto al nuestro. De hecho, tras "Emperador" Baxter escribió otras tres novelas explorando su ucronía a lo largo de los siglos posteriores, hasta conformar una tetralogía de historia alternativa que llega hasta nuestros días: el Tapiz del Tiempo. Desafortunadamente, y aunque el balance final de "Emperador" sea favorable, su escasa repercusión comercial provocó que Minotauro desestimara la publicación de estas tres novelas, que permanecen inéditas para el lector en España hasta nuestros días. Así que si quieren seguir buceando en el Tapiz del Tiempo, ya saben lo que les toca...
De hecho habrá quien tras leer la novela cuestione que la profecía de Nectovelin y su nieta Agrippina (y el esfuerzo de sus descendientes a lo largo de los siglos porque siga vigente), sea una base suficientemente fuerte como para considerar esta novela una ucronía. Lo que sí es innegable es que "Emperador" es una entretenida novela histórica, con la habitual habilidad argumental y narrativa de Baxter, un buen conocimiento de la Britania romana, y múltiples detalles que juegan a su favor. El más obvio es su estructura: un prólogo y un epílogo que abren y cierran la novela para poner de manifiesto la profecía y concluir lo expuesto, y tres partes claramente diferenciadas (el Invasor, en referencia a Claudio, en el siglo I; el Constructor, en referencia a Adriano, en el siglo II; y el Emperador, en referencia a Constantino y la implantación del cristianismo, en el siglo IV). Y todo ello en menos de cuatrocientas páginas, sin apenas espacio para el relleno, con capítulos cortos y un ritmo narrativo alto. Otros detalles dignos de mención son el mapa de Britania para situar en todo momento la acción, la lista de topónimos, la cronología que presenta al comienzo... Un trabajo muy serio.
Otros puntos fuertes de la novela son: la manera cómo Baxter capta el ambiente tanto de la época como de las distintas situaciones; las frecuentes explicaciones sobre cómo los romanos se fueron expandiendo, fundando determinadas poblaciones, determinando la composición del muro...; la habilidad a la hora de enlazar las tres partes, recurriendo siempre a un "as en la manga" que le permite mantener el interés a pesar de los siempre peligrosos saltos temporales; el respeto por la historia, por ejemplo al comienzo de la tercera parte, cuando resume con concisión y naturalidad doscientos años de la historia romana en Britania; la forma en la que resalta el choque en las civilizaciones nativa e invasora; y algunos episodios muy entretenidos en cada una de las tres partes.
En cuanto a los defectos, quizá el más relevante sea que los personajes de Baxter se suelen ceñir a los estereotipos ya conocidos, sin que ninguno de ellos realmente perviva en nuestra mente tras finalizar la novela. También puede decepcionar que a pesar de las maniobras políticas y el choque de culturas que nos relata, no abunden las reflexiones sobre la visión del mundo o los valores que se enfrentan. Otra circunstancia mejorables es la cierta bajada del nivel que se aprecia en la segunda parte, más filosófica y con menos fuerza. Y también el recurso a situaciones un tanto irreales, como en el tramo final de la primera parte, donde cuesta aceptar la falta de seguridad en torno a Claudio de la que Baxter se sirve, o en la tercera parte, cuando Constantino se aviene a escuchar una profecía sólo a partir de las iniciales grabadas en la espalda de un esclavo.
Al final de la novela, y sin que haya que ponerle reparos al final que nos relata, queda claro que el mundo alternativo ideado por Baxter ha seguido en lo esencial la historia tal cual la conocimos, pero también hay indicaciones de que la profecía seguirá configurando un mundo que cada vez divergirá más respecto al nuestro. De hecho, tras "Emperador" Baxter escribió otras tres novelas explorando su ucronía a lo largo de los siglos posteriores, hasta conformar una tetralogía de historia alternativa que llega hasta nuestros días: el Tapiz del Tiempo. Desafortunadamente, y aunque el balance final de "Emperador" sea favorable, su escasa repercusión comercial provocó que Minotauro desestimara la publicación de estas tres novelas, que permanecen inéditas para el lector en España hasta nuestros días. Así que si quieren seguir buceando en el Tapiz del Tiempo, ya saben lo que les toca...
lunes, 20 de marzo de 2017
Antihielo (1993). Stephen Baxter
Una entrada más prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más conocidos de la literatura de ciencia-ficción. Voy a hablarles en esta oportunidad de "Antihielo", del británico Stephen Baxter. Que además de ser uno de mis escritores favoritos en activo, es el único que aparece por partida doble en la lista de ucronías que les propuse hace unas cuantas entradas. La razón es la disparidad estilística y argumental de las dos ucronías seleccionadas. En concreto, "Antihielo" se encuadra con naturalidad en uno de los "sub-subgéneros" (si me permiten el abuso del término) de las ucronías: el steampunk.
El steampunk se caracteriza por proponer unas historias alternativas del siglo XIX en las que las maquinarias a vapor de la época evolucionaron hasta dotar a la sociedad de unos avances tecnológicos de los que en realidad careció. A esta categoría pertenece "La máquina diferencial" (1990), de William Gibson y Bruce Sterling, que en mi lista de ucronías sugeridas situé justo antes de la novela que hoy les presento, y que probablemente fue la que dio a conocer el steampunk al gran público. Aunque como ya comenté en su momento a mí me resultó relativamente decepcionante. Y lógicamente "Antihielo", publicada tres años más tarde y para mí mucho más satisfactoria: un excelente ejercicio de historia alternativa que adopta la forma de un "viaje extraordinario" de Jules Verne pero lo enriquece con brillantes reflexiones políticas y sociales.
La longitud contenida de la novela y su certera estructuración anticipan su calidad: el prólogo de Hedley Vicars a su padre y el epílogo de Ned Vicars a su hijo encuadran, con su contenido bélico en dos periodos separados por cincuenta y seis años, una trama esencialmente de aventuras, con el antihielo como elemento facilitador, que funciona también como revisión de la situación política en la segunda mitad del siglo XIX. Una trama en la que Baxter recrea con esmero los principales protagonistas políticos y científicos de la historia real, pero con papeles ligeramente alterados para estimular la mente del lector. Además, la sociedad derivada del uso del antihielo es la consecuencia de una Revolución Industrial acelerada pero razonablemente plausible, con gadgets y servicios muy atractivos (y como es lógico algunos evidentemente cuestionables, por ejemplo el tren sobre el Canal de la Mancha).
En honor a la verdad debo reconocer que la novela tarda en "arrancar", ya que las conversaciones entre el protagonista absoluto (Ned Vicars) y el periodista Holden primero, y el recorrido posterior por el crucero terrestre Príncipe Alberto están faltos de acción. Pero con el sabotaje de la Faetón comienza paradójicamente su periplo por el espacio exterior, momento a partir del cual la novela cobra una nueva dimensión, tremendamente disfrutable. Con un elenco de personajes reducido (Ned, Holden, el ingeniero Traveller (una estupenda recreación del Cyrus Smith de Verne) y su sirviente Pocket), en un espacio también reducido y pleno de avances construidos con la tecnología del siglo XIX, en el que la supervivencia primero, la captura del saboteador Bourne después, y el desembarco y la posterior exploración de la luna al final, atrapan al lector irremisiblemente.
De manera un tanto discutible, Baxter renuncia a una mayor exploración de la Luna y a narrar el retorno a la Tierra, y a cambio se reserva el último cuarto de la novela para otras funciones menos obvias pero más importantes para cohesionar la novela: revisa el impacto del antihielo en el principal conflicto bélico de la época, concluye el elemento de romance de la novela (menos relevanta de lo que sugieren las reseñas que he leído), y sobre todo traslada un mensaje negativo sobre la supremacía que Gran Bretaña logra en Europa mediante el antihielo.
Como pueden adivinar por mi valoración global, se trata de una novela con pocos defectos. Resaltaría los siguientes: una visión excesivamente centrada en lo británico (algunos detalles son difíciles de captar para el lector en español), unos franceses de personalidades excesivamente simples (orgullosos y testarudos), unas formas de vida selenitas claramente fantásticas, y una excesiva predilección por el componente político en determinadas situaciones. Defectos que no ensombrecen una novela de una calidad sorprendente para un autor que en 1993 acababa de empezar en el género. Y que afortunadamente sigue siendo una de sus principales referencias.
El steampunk se caracteriza por proponer unas historias alternativas del siglo XIX en las que las maquinarias a vapor de la época evolucionaron hasta dotar a la sociedad de unos avances tecnológicos de los que en realidad careció. A esta categoría pertenece "La máquina diferencial" (1990), de William Gibson y Bruce Sterling, que en mi lista de ucronías sugeridas situé justo antes de la novela que hoy les presento, y que probablemente fue la que dio a conocer el steampunk al gran público. Aunque como ya comenté en su momento a mí me resultó relativamente decepcionante. Y lógicamente "Antihielo", publicada tres años más tarde y para mí mucho más satisfactoria: un excelente ejercicio de historia alternativa que adopta la forma de un "viaje extraordinario" de Jules Verne pero lo enriquece con brillantes reflexiones políticas y sociales.
La longitud contenida de la novela y su certera estructuración anticipan su calidad: el prólogo de Hedley Vicars a su padre y el epílogo de Ned Vicars a su hijo encuadran, con su contenido bélico en dos periodos separados por cincuenta y seis años, una trama esencialmente de aventuras, con el antihielo como elemento facilitador, que funciona también como revisión de la situación política en la segunda mitad del siglo XIX. Una trama en la que Baxter recrea con esmero los principales protagonistas políticos y científicos de la historia real, pero con papeles ligeramente alterados para estimular la mente del lector. Además, la sociedad derivada del uso del antihielo es la consecuencia de una Revolución Industrial acelerada pero razonablemente plausible, con gadgets y servicios muy atractivos (y como es lógico algunos evidentemente cuestionables, por ejemplo el tren sobre el Canal de la Mancha).
En honor a la verdad debo reconocer que la novela tarda en "arrancar", ya que las conversaciones entre el protagonista absoluto (Ned Vicars) y el periodista Holden primero, y el recorrido posterior por el crucero terrestre Príncipe Alberto están faltos de acción. Pero con el sabotaje de la Faetón comienza paradójicamente su periplo por el espacio exterior, momento a partir del cual la novela cobra una nueva dimensión, tremendamente disfrutable. Con un elenco de personajes reducido (Ned, Holden, el ingeniero Traveller (una estupenda recreación del Cyrus Smith de Verne) y su sirviente Pocket), en un espacio también reducido y pleno de avances construidos con la tecnología del siglo XIX, en el que la supervivencia primero, la captura del saboteador Bourne después, y el desembarco y la posterior exploración de la luna al final, atrapan al lector irremisiblemente.
De manera un tanto discutible, Baxter renuncia a una mayor exploración de la Luna y a narrar el retorno a la Tierra, y a cambio se reserva el último cuarto de la novela para otras funciones menos obvias pero más importantes para cohesionar la novela: revisa el impacto del antihielo en el principal conflicto bélico de la época, concluye el elemento de romance de la novela (menos relevanta de lo que sugieren las reseñas que he leído), y sobre todo traslada un mensaje negativo sobre la supremacía que Gran Bretaña logra en Europa mediante el antihielo.
Como pueden adivinar por mi valoración global, se trata de una novela con pocos defectos. Resaltaría los siguientes: una visión excesivamente centrada en lo británico (algunos detalles son difíciles de captar para el lector en español), unos franceses de personalidades excesivamente simples (orgullosos y testarudos), unas formas de vida selenitas claramente fantásticas, y una excesiva predilección por el componente político en determinadas situaciones. Defectos que no ensombrecen una novela de una calidad sorprendente para un autor que en 1993 acababa de empezar en el género. Y que afortunadamente sigue siendo una de sus principales referencias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky
Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...


