martes, 2 de mayo de 2023

"La pianola" (1952). Kurt Vonnegut

Con la presente entrada continúo mi recorrido en orden cronológico por las distopías más relevantes del pasado siglo XX. Llegamos ya a 1952, un año en el cual ya se habían publicado algunas de las distopías más influyentes de la literatura. Y que alumbró el debut de uno de los escritores más personalmente inclasificables del género: el estadounidense Kurt Vonnegut. Conocido sobre todo por la espléndida "Matadero cinco" (1969), "La pianola", de título muy poco acertado, es una novela que no desmerece en absoluto de su producción literaria. Y es que, pese a tratarse de su primera novela, en ella ya se manifiestan los rasgos principales de su obra: su clarividencia respecto al futuro de la humanidad, el predominio de personajes "perdedores", su humor negro... Todo ello al servicio de una distopía situada en un futuro cercano, tan reconocible que mucho de lo que encierran sus páginas resonará en nuestra conciencia. Aunque por desgracia también con muchos altibajos en su desarrollo, frecuentes anacronismos, pasajes derivativos, y una segunda línea secundaria mucho menos relevante.

Tras la victoria de los Estados Unidos en la Tercera Guerra Mundial, lograda gracias a una mecanización y una automatización extremas de todos los medios de producción, la sociedad posterior se ha estratificado en dos capas: por una parte, directivos e ingenieros, responsables de dicha mecanización y, por tanto, la clase social dominante; y el resto de profesiones, condenadas casi en su totalidad a la extinción debido al desarrollo de máquinas que se encargan de ellas de manera mucho más eficiente. La estratificación del sistema parece funcionar, pues sólo los habitantes de mayor Coeficiente Intelectual son elegidos para formar parte de la clase dirigente, mientras que el resto goza de cobertura social y un buen nivel de vida, además de unas ocupaciones razonables como parte del Ejército o del Cuerpo de Reconstrucción y Reparaciones. La separación entre ambas está tan asentada que incluso la ciudad ficticia de Ilium está dividida físicamente en dos zonas para alojar a ambos estratos, aislados de manera natural por el río que la cruza. Pero la realidad es que bajo ese aparente éxito social subyacen la alienación, el descontento y otras frustraciones que servirán a Vonnegut para desplegar todas sus reflexiones al respecto.

En su línea narrativa principal, la que sigue al Doctor Paul Proteo, la novela fluirá de manera natural, presentándonos su gradual rebelión frente al status quo que poco a poco irá fraguándose en su interior. En la segunda, la del Sha de Bratphur, lo hará a partir de episodios sueltos que contrastan recurrentemente el éxito teórico de la sociedad estadounidense con su fracaso subyacente. Y esta dualidad entre ambas líneas se erige ya en un primer defecto de la novela, pues mientras que la primera logra despertar el interés del lector, la segunda interrumpe, incluso molesta a veces a la primera, y el capítulo en cuestión igual termina interesando que aburriendo. Debo resaltar, en todo caso, que en ambas líneas los personajes rayan a un nivel alto. Es curioso, porque a veces parece haber demasiados, y otras, en cambio, sugieren una excesiva casualidad a la hora de reencontrarse una y otra vez. Pero en general resultan reconocibles; su posición y evolución dentro de la sociedad, claros; y en su mayor parte resultan útiles para que Vonnegut presente sus especulaciones.

Porque sin duda lo mejor de la novela es su alta carga especulativa. De hecho, la mecanización y la abundancia de profesiones prescindibles o directamente desaparecidas son más acusadas actualmente que en 1952. Cautiva cómo Vonnegut fue capaz de anticipar muchas de las realidades de la actual sociedad occidental, y sus consecuencias sobre los ciudadanos. Y cómo en respuesta a ello defiende la necesidad de sentirse útil, de aportar algo a los demás, para reconocerse como seres humanos plenos. Por satisfechas que puedan estar nuestras necesidades materiales. Otro gran acierto anticipado por el autor es el "team building" que narra en Los Prados durante varios capítulos, tan aburrido y ridículo como verosímil en muchas de las corporaciones más relevantes de nuestra sociedad. A otro nivel, incluso la relación entre Proteo y Anita, con su falsa comprensión mutua, sus intereses individuales ocultos, y la forma como estalla de manera repentina, resulta convicente.

Además de esa segunda línea narrativa irregular, la novela adolece de frecuentes altibajos: algunos capítulos completamente prescindibles, exceso de detalles en otros, situaciones exageradas hasta el extremo a continuación de otras comedidas... Otro problema que afecta al resultado final son los anacronismos: Vonnegut no para de crear artilugios con términos que suenan tecnológicos, pero que no soportan el más mínimo análisis técnico, y por el contrario, otros en desuso desde hace décadas aparecen como si tal cosa. Por no hablar de EPICAC XIV, una especie de súper computadora que ocupa un espacio inmenso, y que parece regular hasta las funciones más irrelevantes de la sociedad, que sería más propia de una novela juvenil que de literatura seria. Todo lo cual provoca que la novela se deje leer, que a veces provoque nuestra risa, pero que como obra literaria se acerque al divertimento y se aleje en la misma medida de lo que podría haber sido una obra de hondo calado. Un hecho al cual el desenlace, un tanto conformista y justito de tensión, no ayuda.

Y es una lástima, porque los mimbres de la novela son excelentes, y el talento del escritor, apreciable ya en su opera prima. Pero en la literatura hay ocasiones en la que el estilo creativo de su autor se impone a su obra, y le resta relevancia. Aun así, una novela muy interesante para todos los que gusten de las distopías y, por momentos, disfrutable.

domingo, 16 de abril de 2023

"Himno" (1938). Ayn Rand

Continúo con la presente entrada mi recorrido en orden cronológico por las distopías más influyentes del pasado siglo XX. Hoy le ha llegado el turno a "Himno", de la escritora rusa nacionalizada estadounidense Ayn Rand. Una novela corta que tal vez no sea la más conocida de su bibliografía, pero que sí refleja fielmente la filosofía de la autora, a la vez que encaja mejor que cualquier otra de su producción en el subgénero distópico. Nacida en San Petersburgo, Rand vivió desde los veintiún años en Estados Unidos, y esta contraposición entre el pujante comunismo de su país de origen y el individualismo capitalista de su país de acogida ayuda a explicar los postulados de "Himno": una distopía breve pero desgarradora, mucho más interesante por sus especulaciones que por su trama, si bien no por ello complicada de leer. Y que tal vez resulte demasiado similar a la también de origen ruso y recientemente reseñada en este mismo blog, "Nosotros", de Yevgueni Zamiatin. Aunque con un desenlace completamente distinto.

Quizá la mayor virtud de la novela sea la gran cantidad de conceptos provocadores, y sin embargo ingeniosos, que condicionan la vida de los habitantes de la Ciudad: el Consejo de Eugenesia, las distintas Casas a las que pertenecen sus habitantes (como la Casa de Barrenderos a la que pertenece su protagonista), el Palacio de Detección Correcional, el Tiempo de Apareamiento, el Consejo de Vocaciones, el Consejo Mundial de Estudiosos... Conceptos fundamentados en el devenir histórico de los siglos, desde los denominados Tiempos Innombrables en los que los humanos eran aún libres, hasta el Gran Renacimiento que condujo a la situación actual. Incluso el Bosque Inexplorado a las afueras de la Ciudad resulta ser un lugar previsible pero provocador y esencial para la narración. Sin olvidar pasajes tan impactantes como la forma en la que es ajusticiado el Gran Transgresor.

Porque la trama en sí se antoja un tanto simple, aunque efectiva: un recorrido por la vida de Igualdad 7-2521, desde su infancia impersonal, pasando por su formación en la Casa de los Estudiantes, culminando en su opresivo trabajo como barrendero, el posterior descubrimiento del túnel, sus progresos con los experimentos, y finalmente el amor que sentirá por Libertad 5-3000, el cual dinamizará el tercio final de la novela. Todo ello mediante un estilo escueto, escaso en diálogos, y un tanto desconcertante contraste entre los sumamente extensos dos capítulos iniciales, y el resto de capítulos, de mucha mayor brevedad.

Las razones por las que no considero a esta novela una gran obra arrancan desde el mismo momento en que se conoce que Rand la escribió casi veinte años después que la ya mencionada "Nosotros": porque, además de compartir una Ciudad poblada por individuos sometidos a un férreo control del Estado, contrapone de manera premeditada y muy similar los "felices" tiempos presentes a los oscuros tiempos en que los seres humanos aún disfrutaban de libertad. Y de igual forma, es el descubrimiento del amor a una mujer por parte de su protagonista masculino el que desencadena los acontecimientos. Sólo el tono mucho más optimista del desenlace establece una diferencia clara entre ambas obras.

Pero es que, a diferencia de su antecesora, la cual con una extensión contenida pero adecuada trataba de sacar partido a su panoplia de conceptos y elementos provocadores, la obra de Rand es tan breve que la impresión de que le falta capacidad para aprovechar todos los elementos que ha puesto en juego es poderosa. Da rabia recordar que para la primera edición norteamericana de la novela, ocho años después de su publicación, la escritora la revisó íntegramente, y sin embargo no aprovechó la oportunidad para añadir unos capítulos, para ahondar en el ambiente de las Casas, para explicar mejor por qué Internacional 4-8818 desaparece sin previo aviso de la narración, para justificar de una manera más gradual y verosímil el redescubrimiento de la electricidad por parte de Igualdad 7-2521: habría podido minimizar muchos de estos defectos y a la vez aumentar el impacto de la novela.

En su forma definitiva, resulta demasiado evidente desde el principio cuál será la Palabra Innombrable. Porque la autora pone el foco íntegramente en la filosofía que sustenta la novela, y no tanto en la historia. Con reflexiones impactantes y una preciosa defensa a ultranza del ser humano como individuo, sin duda. Pero si hubiera logrado un mejor equilibrio entre trama e ideología, y le hubiera conferido un mayor desarrollo, podría haberse convertido en uno de los grandes clásicos del siglo XX, al mismo nivel que las distopías más reputadas. Aun así, una lectura recomendable.

domingo, 2 de abril de 2023

"La guerra de las salamandras" (1936). Karel Capek

Una entrada más continúo reseñando las principales utopías escritas durante el siglo XX. Seguimos avanzando por el siglo pasado hasta llegar al año 1936, que fue cuando se publicó "La guerra de las salamandras", del escritor checo Karel Capek. En aquel año el mundo era un lugar particularmente convulso, y tras la Gran Depresión, una nueva escalada bélica amenazaba con repetir lo acontecido en la Primera Guerra Mundial veinte años antes. Con el agravante de que los totalitarismos campaban a sus anchas, fracturando a políticos e intelectuales en varios bandos enconadamente enfrentados. Este caldo de cultivo fue el que sirvió de base para la obra de Capek. Se trata de una distopía satírica, que aprovecha el descubrimiento de una especie animal desconocida (las salamandras) y su capacidad para aprender de los humanos y ser empleada como fuerza de producción, para denunciar a qué acabaría conduciendo el capitalismo desenfrenado y otros muchos males que siguen afectando a las sociedades occidentales.

Aunque actualmente Capek resulte un escritor casi desconocido, en vida su relevancia fue tal que llegó a ser candidato al Premio Nobel. Y este reconocimiento se refleja en la calidad de la novela: desde un punto de vista literario sabe cambiar de registro para ofrecer en todo momento la mejor panorámica posible (como lo evidencia esa segunda parte repleta de artículos y recortes de prensa); desde el punto de vista erudito, llama la atención el amplísimo conocimiento del escritor sobre multitud de materias (política, geografía, tecnología, industria, finanzas...) en una época en la que el acceso a estos conocimientos era mucho más complicado que en la actulidad; y desde el punto de vista especulativo, la novela es una continua sucesión de reflexiones y críticas puestas de relieve mediante las salamandras.

Todo ello, además, bajo la apariencia de un divertimento de desenlace previsible a causa de lo explícito de su título, pero con muchos giros humorísiticos, episodios simpáticos y un tono general que aleja esta novela de otras distopías más graves, aunque no necesariamente de mayor calado especulativo. Además, sin ser ésta una novela de personajes, sus dos protagonistas principales (el capitán van Toch y el Señor Povondra) vertebran la novela y proporcionan la necesaria ligazón entre la primera y la tercera parte, para que el lector no se desenganche de lo experimentado por estos personajes.

Aunque las ciencias sociales estén muy cuidadas, el mimo a la hora de tratar el elemento científico es particularmente notable en las propias salamandras: su morfología, la forma como van aprendiendo, la singularidad del Andrias Scheuchzeri, la preservación de sus limitaciones físicas pese al contacto masivo con los seres humanos, las subespecies y roles que se van generando dentro de ellas... Todo contribuye a que un concepto que podría haber fracasado estrepitosamente para sostener una novela adulta, resulte sólido de principio a fin.

A pesar de lo cual me resulta complicado considerar a esta obra una gran novela. Y es que la premisa de partida, una especie desconocida hasta finales del siglo XIX, con esas potenciales y capacidad reproductiva, sigue resultando inverosímil. Como lo son las consecuencias de su utilización desmesurada para expandirse sobre los océanos, hasta el extremo de comenzar a menguar la superficie disponible para la humanidad. Si a ello le sumamos un desarrollo que se mantiene bastante fiel a lo que un lector avezado podría anticipar desde el mismo principio, la prácticamente nula acción derivada de la guerra que da título a la novela, y una segunda parte que rompe en exceso el ritmo narrativo con tantas notas minúsculas a pie de página, se entenderá que la lectura resulte amena y reflexiva, pero no siempre cautivadora.

Y es una pena, porque la cantidad de cuestiones que Capek critica magistralmente (desde el nazismo al comunismo, desde el culto a la tecnología a las consecuencias nocivas de las religiones, desde la obsesión por el poder de las naciones hasta la resistencia de los eruditos a admitir a las salamandras como una especie pensante de valor análogo al ser humano) es tremenda. Con el aliciente adicional de un desenlace a la vez coherente y enternecedor. Y el original capítulo final, con el escritor especulando sobre su obra con su alter ego, un epílogo magistral. Por lo cual la novela sigue aún de actualidad, y merece una lectura por todos aquellos a los que les interesa el subgénero de las distopías.

domingo, 19 de marzo de 2023

"Nosotros" (1924). Yevgueni Zamiatin

Con la presente entrada comienzo el apasionante recorrido por las mejores distopías publicadas en el siglo XX. Un trayecto que inaugura "Nosotros", del escritor ruso Yevgueni Zamiatin. Y es aunque la cultura popular haya convertido en axioma que las distopías de los británicos Aldous Huxley y George Orwell fueron las que establecieron en la primera mitad del siglo pasado tan subyugante subgénero, la obra que dio lugar al mismo es esta novela rusa tan controvertida que durante décadas permaneció inédita en su país. Y es que el descontento que la gradual transformación de la inicialmente prometedora revolución rusa en el posterior estalinismo totalitario provocó en Zamiatin le sirvió de inspiración para una obra que posee ya todos los rasgos propios de una obra distópica: una sociedad futura de características negativas, cargada de provocativos conceptos, brillantes reflexiones y críticas encubiertas a los totalitarismos. Pero también deudora de su tiempo a nivel estilístico, y repleta de anacronismos que le restan impacto.

Escrita como no podía ser de otra manera en primera persona, su protagonista D-503 nos va narrando su gradual conversión desde ingenerio constructor del Integral (el artefacto que pretende expandir el Estado Único a otros planetas), y por tanto firme creyente en las bondades de un sistema social científico y sin libertades, en un "enfermo" que comienzca a pensar y a actuar como individuo, así como las consencuencias que tal intento de liberación le acarrea. Lo cual sucede de un modo gradual, con picos y valles, en un ejercicio de realismo al que el motor que dinamiza tal conversión (la pasión que D-503 siente por I-330) le sienta de maravilla.

Zamiatin en ningún momento realiza una descripción exhaustiva de los pilates que sustentan su todopoderoso Estado, sino que, con buen criterio, va introduciendo según procede los conceptos más sobrecogedoramente impactantes: la Guerra de los Doscientos Años que precedió al Estado Único, el Benefactor que con su autoridad plena representa el control absoluto, la Tabla de las Horas que rige férreamente las actividades de todos los Números que habitan la Ciudad, el Muro Verde que la delimita y protege del salvajismo exterior, el Ministerio Médico que cura a los que "enferman", la crucial Casa de los Antiguos... Una imaginería cautivadora y que facilita de manera natural las recurrentes comparaciones entre la imperfecta sociedad del siglo XX y la perfecta sociedad de "Nosotros", en la cual el hombre no es sino una mínima parte sin identidad propia de un todo perfectamente orquestado, y es esa pertenencia rígida a un ente superior la que le otorga la facilidad, y no la sobrevalorada libertad.

Otros aciertos incuestionables son las continuas referencias matemáticas y físicas, propias de una sociedad basada en un modelo tayloriano de la producción, y las frecuentes analogías entre el ámbito de las ciencias y el del comportamiento humano. Así como el papel que desempeñan las mujeres en la trama: la rubicunda y aparentemente simple O-90, la inteligente y revolucionaria I-330, y la inesperada protagonista del tramo final, U (sin número). También me parece adecuada la estructuración en capítulos cortos, y en especial las sinopsis que los inician, que tanto ayudan a comprender un libro cuya lectura no es fácil.

Porque esa complejidad es, a mi modo de ver, el principal defecto de la novela. No tanto por esa avalancha de conceptos nuevos, o esas continuas y bien fundadas reflexiones científicas, sino por su estilo. Seguramente deudor de las vanguardias de su época, o incluso de las particularidades de la literatura rusa, su obsesión por describir a los personajes mediante un único rasgo físico repetido hasta la saciedad, su tendencia a mezclar sueños con acontecimientos reales y otros simplemente esbozados, sus saltos espaciales apenas elaborados, y sobre todo, el abuso de frases sin terminar, provocan que a menudo el lector no tenga realmente claro qué ha sucedido en un capítulo determinado. Si a ello le sumamos un elemento tecnológico muy pobre, la presencia habitual de anacronismos en una sociedad tan lejana en el futuro, y las continuas coincidencias por las que los personajes principales se encontrarán una y otra vez a pesar de vivir en una ciudad con millones de Números, se entenderá por qué la novela pierde buena parte de su impacto, y por qué considero que no ha envejecido demasiado bien.

Y es una pena, porque el control absoluto ejercido por el Estado, metafóricamente reflejado en el empleo obsesivo de las paredes de cristal para evitar cualquier intención de intimidad, y recursos finales que facilitan un desenlace convincente como la Gran Operación, con la que el Estado logrará curar a todos sus Números de la influencia cada vez más perniciosa de la fantasía, siguen por desgracia plenamente vigentes en nuestros días. Aun así, la novela posee más virtudes que defectos, y continúa siendo una lectura recomendable un siglo después de su publicación.

domingo, 5 de marzo de 2023

El subgénero de las distopías en el siglo XX

Una vez completado mi recorrido por la literatura de ciencia-ficción en España a través de muchos de sus autores más representativos, ha llegado el momento de proponerles una nueva temática con la que poder enriquecer su conocimiento y tal vez aumentar su apreciación por este maravilloso género que es la literatura de ciencia-ficción. Tras varios debates internos conmigo mismo, he optado por prestar atención a uno de los subgéneros literarios más apreciados dentro del género, en especial por aquellos que reniegan de otros muchos subgéneros del mismo: las distopías. Y como de costumbre, lo voy a hacer fijándome más en las obras que le han dado forma que en reflexiones excesivas al respecto, por lo que en seguida les desvelaré la lista de las quince novelas que he escogido para ilustrar un subgénero tan relevante.

Por supuesto, para elaborar dicha lista de las mejores distopías me he retrotraído al albor del género, allá por los años veinte del siglo pasado. Y, en aras de ofrecer una panorámica lo más amplia posible, no me he limitado a la omnipresente literatura anglosajona, sino que he intentado completar la panorámica con novelas escritas en otras partes del mundo. El motivo es que, según la definición que nos ofrecer la R.A.E., la distopía es "una representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana". Así que el que esa sociedad futura tenga sus raíces en las sociedades en las que vivían sus escritores a la hora de representarla es de la mayor relevancia. Por idéntica razón, he intentando complementar la predominante visión masculina de esas sociedades futuras negativas con la de muchas mujeres que, aunque tal vez muchos de ustedes lo desconozcan, comenzaron a contribuir al subgénero hace ya más de ochenta años.

Para los más observadores, explico ahora por qué me he limitado al siglo XX. Una primera razón, quizá no la más convincente, es que el siglo XX fue, sobre todo durante su primera mitad, una de las épocas más negativamente convulsas de la historia de la humanidad, y las distopías desempeñaron en ese periodo un papel fundamental a la hora de exacerbar las posibles consecuencias futuras de lo que sus autores ya estaban viviendo, sirviendo como contrapeso ideológico e incluso como elementos de concienciación que limitaron el avance de esas sociedades tan dañosas. Y la segunda y quizá más comprensible es que, con el tránsito al siglo XXI, las distopías se han ido gradualmente ramificando en "micro-subgéneros" para adaptarse a los nuevos tiempos, al extremo incluso de surgir una literatura juvenil distópica. Ramificaciones que dificultaban la tarea de proporcionarles una lista cohesionada y consistente. Dicho de otra forma: para mí al menos, la DISTOPÍA (con mayúsculas) fue un subgénero inherente al siglo XX.

Aclarar asimismo que, como en monográficos precedentes, me he limitado a una única novela por escritor, y las iré recorriendo en orden cronológico. En aquellos casos en los que la novela, por alguna otra razón, ya haya aparecido reseñada con anterioridad en este humilde blog, simplemente añadiré el enlace a dicha entrada, pero no alteraré nada de lo que escribí al respecto en su momento. Puntualizar finalmente que, aunque muchas de estas novelas podrían formar parte de listas pertenecientes a otros subgéneros, para mí, y espero que también para la mayoría de ustedes, todas ellas son, por encima de cualquier otra consideración, novelas distópicas, con esas omnipresentes sociedades futuras negativas como auténticas protagonistas.

Sin más, aquí les ofrezco la lista:

1. Yevgueni Zamiatin - "Nosotros" (1924)
2. Aldous Huxley - "Un mundo feliz" (1932)
3. Karel Capek - "La guerra de las salamandras" (1936)
4. Ayn Rand - "Himno" (1938)
5. George Orwell - "1984" (1948)
6. Kurt Vonnegut - "La pianola" (1952)
7. Ray Bradbury - "Farenheit 451" (1953)
8. Harry Harrison - "Hagan sitio, hagan sitio" (1966)
9. William F. Nolan y George Clayton Johnson - "La fuga de Logan" (1967)
10. Ira Levin - "Un día perfecto" (1970)
11. Robert Silverberg - "El mundo interior" (1971)
12. Walter Tevis - "El pájaro burlón" (1980)
13. Margaret Atwood - "El cuento de la criada" (1985)
14. George Turner - "Las torres del olvido" (1987)
15. P.D. James - "Hijos de hombres" (1992)
16. Octavia E. Butler - "La parábola de los talentos" (1998)

A partir de este momento, espero que este recorrido por tantas sociedades negativas futuras que hoy les planteo no les afecte al ánimo, y sí les permita conocer mejor y disfrutar aún en mayor medida de este subgénero tan influyente en la literatura universal, como lo reflejan los retratos de los dos escritores que ilustran esta entrada y que seguramente muchos de ustedes hayan reconocido (Aldous Huxley y George Orwell). Así pues, les espero en mi siguiente entrada, para comenzar el recorrido con la primera gran novela distópica que se escribió: "Nosotros", del ruso Yevgueni Zamiatin.

sábado, 18 de febrero de 2023

Reflexiones sobre la literatura de ciencia-ficción en España

Una vez completado mi recorrido por los principales escritores españoles de ciencia-ficción a través de sus obras más representativas, y antes de avanzar al tema que les propondré a partir de mi próxima entrada, quería cerrar este apasionante asunto con unas reflexiones personales sobre la literatura de ciencia-ficción en España. En la cual me detendré en las luces que alumbran este maravilloso género, pero sin obviar las sombras que, a mi modo de ver, aún lo oscurecen injustificadamente.

Si han seguido mi recorrido en orden cronológico desde finales del siglo XIX hasta el año 2022, coincidirán conmigo en que el género tardó mucho en arrancar en nuestra nación. Un hecho a mi modo de ver plenamente comprensible si tenemos en cuenta el declive que España arrastraba a todos los niveles desde la segunda mitad del siglo XVII, y que la mantenía alejada en todos los ámbitos de las naciones punteras, incluyendo por supuesto el ámbito cultural. Por eso durante las primeras décadas del género a nivel mundial las únicas obras españolas que, siendo benévolos en cuanto a su rigor y calidad, podemos considerar como tímidos intentos de adentrarse en el género correspondieron a autores con un fuerte contacto personal con dichos países, en especial con el mundo anglosajón. De manera que a ellos sí les llegó la pequeña revolución que desde la última década del siglo XIX estaban generado H.G. Wells, Olaf Stapledon, Aldous Huxley y demás pioneros. La Segunda República y la posterior Guerra Civil fueron un caldo de cultivo en nuestro país para géneros literarios de indudable singularidad y relevancia como el tremendismo, pero su localismo nos mantenía alejados de lo que sucedía en los E.E.U.U. Siempre pongo como ejemplo que mientras que aquí Camilo José Cela se consolidaba como el novelista por antonomasia de los años cuarenta, al otro lado del Atlántico Robert A. Heinlein o Isaac Asimov estaban escribiendo ya obras cumbres de su producción; tal era el distanciamiento. Hubo por supuesto escritores que, poco a poco, intentaron contribuir a paliar ese "atraso", como Agustín de Foxá o Tomás Salvador, pero cuando se instauró la democracia en España, el género en nuestro país seguía muy por detrás de otros países.

Sin embargo, gracias en parte a los esfuerzos de figuras clave como Domingo Santos o Miquél Barceló, y gracias también al progreso social y cultural de nuestro país, a partir de entonces las distancias se fueron acortando. Y la aparición de internet a finales del siglo XX hizo el resto: ya todo lo que se cocía en el género en cualquier parte del mundo sí llegaba al momento a centenares de interesados en el género. Y así seguimos a día de hoy. Este acercamiento se ha traducido de manera natural en una consolidación del género en España, con decenas de autores que han aportado su granito de arena al mismo, y una base de seguidores sólida. Fiel reflejo de todo ello ha sido el surgimiento y el posterior afianzamiento de diversos premios literarios que fomentan esa creatividad a la vez que intentan velar por unos altos estándares de calidad. Por supuesto con el Premio Minotauro al frente, pero sin olvidarnos de otros galardones específicos como el Ignotus o el de la Universidad Politécnica de Cataluña. Todos ellos han cerrado el círculo del reconocimiento como respuesta a la creciente creatividad de tantos y tantos autores.

Es más, actualmente es justo afirmar, sin miedo a caer en patriotismos vanales, que el nivel medio de las novelas que se vienen publicando en España durante los últimos 15 o 20 años es perfectamente comparable al de las obras de otros países, incluyendo entre ellos a los siempre punteros Reino Unido y Estados Unidos. Con el aliciente, además, de que ya no nos limitamos sólo a los subgéneros "menos complicados" de escribir, o que tradicionalmente gozaron de menor predicamento por aquí, sino que hay ya autores que se han adentrado sin complejos en la ciencia-ficción hard o en el thriller tecnológico. Lo que a su vez refleja la preparación y la capacidad de muchos de nuestros escritores contemporáneos. Escritores tan capaces y tan originales en sus creaciones que incluso han conseguido lo que hace unas décadas habría sonado (si me permiten el chiste fácil) a ciencia-ficción: trascender nuestras fronteras y triunfar internacionalmente con las traducciones de sus novelas. Tal es el caso, por ejemplo, de los dos autores que ilustran esta entrada, José Carlos Somoza y Félix J. Palma. Y es que para mí es un orgullo entrar a una librería de Nueva York y toparme, sin tener que rebuscar demasiado, con "The Map of Time", la traducción al inglés de "El Mapa del Tiempo", de Félix J. Palma.

Sin embargo, en el 2023 varios aspectos aún arrojan sombras sobre el género. Quizá el más doloroso, por injustificable y por fácilmente paliable, es la escasa repercusión de obras y autores de ciencia-ficción en los medios de comunicación patrios. Volviendo al caso de Palma, que sea más conocido en E.E.U.U. que en España es algo indefendible. Pero existe el miedo, quizá aún como consecuencia de ese atraso histórico de décadas al que aludía antes, a dedicarle al género en los medios generalistas la atención que su florecimiento merece. Consecuencia directa de ello es el insuficiente beneficio económico que la escritura de obras de ciencia-ficción reporta a sus autores, por lo cual lo habitual es que no se dediquen en exclusiva al género; la mayoría cultiva otros más o menos cercanos, que les permiten asegurarse una cantidad superior de ingresos con la que, en ocasiones, poderse dedicar en exclusiva a la creación literaria.

Esa falta de visibilidad está probablemente detrás del recelo que aún subsiste en multitud de aficionados al género a comprar literatura de ciencia-ficción escrita en España. Muchos aún piensan (yo mismo lo pensaba hasta no hace tanto) que cualquier obra que venga "de fuera", si ha sido merecedora de una traducción, por fuerza deberá ser mejor que cualquiera escrita en nuestro país por un "don nadie". Una pespectiva errónea en mi opinión, como acabo de argumentar, pero que obstáculos como la dificultad para encontrar obras de autores españoles en la mayoría de librerías, o incluso las tiradas casi siempre pequeñas y frecuentemente a cargo de editoriales minoritarias, refuerzan. Se echa en falta un autor, una figura popular más allá del género pero que escriba dentro de él, y que estimule el interés de lectores que de otra forma nunca se acercarían a él. Porque mientras que estos inconvenientes no se palíen, lo probable es que el fascinante mundo de la literatura de ciencia-ficción, también de la creada por autores españoles, continue siendo patrimonio de unos pocos aficionados audaces. Entre los que espero que se incluyan.

domingo, 5 de febrero de 2023

"Horizonte de estrellas" (2022). Víctor Conde y Guillem Sánchez

Con la presente entrada finalizo el recorrido que, durante los últimos meses, he realizado en orden cronológico por los principales autores que han escrito ciencia-ficción en España, a través de sus obras más representativas. Los seguidores más observadores notarán que la novela que les traigo hoy no estaba inicialmente en la lista que elaboré hace casi un año. Y es que en el momento en que les propuse dicha lista, aún no había sido publicada. Pero el pasado otoño "Horizonte de estrellas" se alzó con el Premio Minotauro de 2022, el más relevante en la literatura de ciencia-ficción en España. Entonces tuve la oportunidad de leerlo, y me pareció que poseía la calidad suficiente para ser incluida in-extremis en este recorrido. Y que, además, me permitiría, hablarles de dos escritores españoles más. Uno de ellos, Guillem Sánchez, aún relativamente poco conocido para el aficionado, pero el otro, Víctor Conde, uno de los autores más reconocidos y activos del género en los últimos años. Ambos han sido capaces de elaborar a cuatro manos una novela cautivadora sobre una humanidad que ya ha establecido contacto con varias especies alienígenas, repleta de ideas y conceptos sugestivos y no demasiado explotados por el género, y con un elemento científico tremendamente cuidado. Pero desgraciadamente, también esquemática, apresurada, superficial y petulante.

Para mí es indudable que lo mejor de la novela es el torrente de ideas y conceptos que va inundando al lector conforme avanza la lectura: desde el jardín computacional hasta las matemáticas líquidas, desde la gradual integración de la nave ker (la Tarpaulin) en la nave humana (Galaxian), hasta la transmigración de Zebya que le permite conocer a los ker: el sentido de la maravilla raya en todo momento a gran altura. Conceptos cautivadores y razonablemente coherentes entre sí que posibilitan, adicionalmente, ideas y especulaciones originales y de altos vuelos, desde el Principio de Supremacía entre especies hasta la existencia de constantes físicas diferentes para los mismos fenómenos en diferentes zonas del universo.

A parecido nivel se sitúan las especies extraterrestres que comparten páginas con los seres humanos: los idor, los ker, las esporas de Axiforma y los originales írlyx constituyen un elenco muy variado, de morfologías y personalidades claramente diferenciadas, y con un rol claro y coherente con sus propiedades y ambiciones dentro de la trama. Una coherencia que se extiende a un elemento científico particularmente cuidado, por supuesto en todo lo relativo a la astronomía, pero también en otras materias como la medicina, la física o la tecnología militar. Incluso la flora de la nave ker se antoja razonablemente verosímil.

Desafortunadamente, son varios los aspectos que lastran el resultado de lo que podría haber sido una gran novela. El más obvio es su esquematismo: tal vez a causa de las normas impuestas en cuanto a extensión por el Premio Minotauro, tal vez por el foco puesto por los escritores en ideas y conceptos, lo cierto es que la narración sólo al comienzo posee un ritmo adecuado. En seguida se vuelve vertiginosa en exceso, parca en descripciones, escasa en múltiples puntos de vista, repleta de acontecimientos que se despachan en tan solo unas pocas frases... Todo ello le resta buena parte de su capacidad de impacto.

Y lo que es peor: los personajes también se resienten de dicha premura: ni siquiera los protagonistas están bien caracterizados, más allá del esfuerzo inicial de los autores por mostrar las razones que llevaron a Soleyko, su protagonista femenina, a embarcarse en la expedición. Personajes como Tyle, Zebya o el idor Rhen se perfilan tan poco que cuesta empatizar con sus avatares y sentimientos. Pero curiosamente, ese esquematismo no afecta a la petulancia de una prosa a la que siempre le queda hueco para una frase rimbombante o un giro lingüístico antinatural. Un barroquismo forzado que contrasta especialmente en una novela tan novedosa y fresca desde el punto de vista conceptual.

Por todo ello, más que una lectura emocionante, la novela se convierte en una aparición continua de ideas y conceptos llamativos, que logran sorprender puntualmente al lector pero no propiciar la continuidad en el interés por lo que sucederá a continuación. Algo aplicable asimismo a un desenlace correcto desde el punto de vista argumental, incluyendo un buen giro final respecto a la posición de los idor de cara al futuro de su especie, pero no especialmente tenso ni impactante.

domingo, 22 de enero de 2023

"Frontera oscura" (2020). Sabino Cabeza

La entrada de hoy nos acerca al final del recorrido que llevamos casi un año realizando por los principales autores que han escrito ciencia-ficción en España, a través de sus obras más representativas. Ya hemos llegado prácticamente a la actualidad, pues hace poco más de dos años que vio la luz "Frontera Oscura", del sevillano aunque residente en Zaragoza Sabino Cabeza. Una de las obras más reconocidas dentro del género en estos últimos años, en parte porque se alzó con el antepenúltimo Premio Minotauro, el más relevante que premia al género en nuestra nación, y en parte porque fue abrazado como el primer "clásico patrio" en adentrarse sin complejos en el subgénero de la ciencia-ficción hard. Razones suficientes para haberlo leído no hace tanto y traérselo hoy a este humilde blog. Aunque debo advertirles que mi valoración no es tan entusiasta como las anteriormente comentadas. Porque estamos ante una novela ambiciosa desde el punto de vista científico, razonablemente consistente desde el histórico, y sugestiva a nivel especulativo. Pero justa de emoción, escasa de acción y con excesivo protagonismo para los detalles accesorios.

Seguramente una de las razones por las que el libro recibió el galardón fue el mimo con el que está tratada su "frontera oscura", esto es, el agujero negro en torno al cual se desarrolla casi toda la historia: su Horizonte de Sucesos, o la distorsión de la luz y la dilatación temporal que provoca, se presentan de manera pormenorizada a la vez que sencilla. A un nivel inferior pero aún claramente dentro de los aciertos, se encuentra todo lo relativo a la física que ha permitido superar la velocidad de la luz: los saltos Inspacio-Expacio, los motores anagravónicos, la Teoría Borromea de Campos, los pliegues temporales, incluso la tecnología del Núcleo. Obviamente irreales pero bien elaborados a partir de conceptos contemporáneos, y presentados siempre para otorgar verosimilitud al conjunto, no para abrumar al lector.

Tanto las dos naves en las cuales transcurre prácticamente toda la acción (Banshee y Necromancer), como el ambiente a bordo de las mismas, resultan amenos y naturales, cada personaje con sus funciones definidas, y todo presidido por un saludable ambiente de camaradería. Y la expansión de la humanidad desde la Vieja Terra hasta los más de ocho mil mundos habitados, que según la historia sucedió entre los siglos XXIII y XXVI, incluyendo los nuevos centros de poder y las distintas misiones emprendidas por la Flota Federal, creíbles.

Los problemas de la novela devienen en su mayor parte del enfoque que le confiere Cabeza. Porque los acontecimientos principales, aunque no son muchos, sí resultan lo suficientemente interesantes como para haber atrapado al lector. Pero el escritor sitúa casi siempre estas peripecias en segundo plano, narradas escuetamente en los huecos de las reiterativas miradas al pasado de sus protagonistas, o al servicio de la machacona adoración que los tripulantes de la Banshee profesan a los de la Necromancer. Con lo cual, episodios que podrían haber dado mucho juego, como el accidente de Riomar o la muerte de Hastings, o incluso la propia partida de la Necromancer, proporcionan muy poca acción y demasiado sentimentalismo. El lirismo con el que están narrados muchos pasajes, y el gusto por los detalles irrelevantes en una novela de extensión contenida, incrementan esta sensación de historia fallida.

A ello debemos sumarle otros defectos menores como el empleo previsible para el aficionado al género de las siempre socorridas paradojas temporales (evidentemente se sabe con mucha antelación que la nave varada es la Necromancer, o que el vídeo del final fue grabado por Riomar), la exageración un tanto forzada, para ir a la moda, de la relevancia de los personajes femeninos frente a los masculinos (y no me refiero sólo a las protagonistas, Florence y Ursa), o incluso la manera tan artificial como el escritor fuerza el descuido a la hora de monitorizar el estado de Riomar (para que no quede más salida que el traslado a Necromancer con el que cerrar la paradoja), o como la salida al exterior de la nave se va dilatando en menudencias para poder añadir la "sorpresa" final de que los astronautas se quedan sin tiempo; ambas situaciones claramente mejorables.

Un desenlace consistente, y cargado de interesantes (aunque reiterativas) reflexiones sobre la posible existencia de un Ente Superior y su influencia sobre los aconteceres de los humanos, mejora un poquito la impresión final de una novela que no llega a decepcionar, pero que podría haber dado bastante más de sí.

domingo, 8 de enero de 2023

"El yermo" (2013). Sergi Llauger

Con la presente entrada nos acercamos ya al final de nuestro recorrido en orden cronológico por algunos de los autores que han escrito ciencia-ficción en España, a través de sus obras más reputadas. Estamos ya en un año bastante reciente (2013) que fue cuando se publicó "El yermo", por aquel entonces la segunda novela del catalán Sergi Llauger. Un escritor que, como algún otro ya anteriormente reseñado, ha conseguido con su obra traspasar las fronteras patrias y obtener reconocimiento en el complejo panorama literario anglosajón. Lo que refleja a las claras la calidad y el interés que despiertan sus libros. Siendo el que hoy les traigo el que más claramente se adscribe al género de la ciencia-ficción. Estamos ante una extensa novela, ambientada en un marco escénico relativamente poco original (la Inglaterra post-apocalíptica), pero que resulta convincente gracias a un buen argumento, a una dureza extrema, y a un elenco de personajes bien concebido para provocar múltiples emociones en el lector, algo que consigue sobradamente.

El escritor logra atrapar al lector desde el mismo comienzo, y ya no lo suelta hasta el final. Ahí radica tal vez su mayor virtud. Y es que conceptualmente el argumento es sencillo (una primera fase de puesta en situación, a la vez que de introducción de los personajes principales, y una segunda en la que algunos de ellos emprenden una desesperada expedición), pero lo enriquece con personajes secundarios que, casi sin excepción, le permitirán más adelante conferir giros inesperados a la trama, y lo desarrolla en capítulos de duración siempre adecuada, con una prosa neutra y fluida que facilita la lectura.

Al magnetismo que genera el libro contribuye decisivamente la Inglaterra devastada por la Guerra del Olvido que se menciona como detonante. Proporcionando la suficiente información para dimensionar adecuadamente el conflicto, sus descripciones, siempre comedidas, reflejan estupendamente el nivel de ruina: tanto los lugares presentados como las personas que subsisten en ellos muestran una devastación de tal calibre que el lector se siente profundamente impresionado. Con un buen conocimiento, además, de todos los lugares que va recorriendo (algo a lo que contribuye el mapa que figura al comienzo de la novela), y una innegable habilidad para que semejante catástrofe posibilite multitud de aventuras.

Porque ésta es una novela que encierra mucha acción, pero también pánico, soledad, desazón, espíritu de supervivencia, episodios de violencia, momentos para el amor o para descubrir el poso de humanidad que aún conservan unos seres humanos tan forzosamente embrutecidos. Esa multiplicidad de sentimientos que genera, unida a recursos que no por esperables dejan de ser efectivos (como la radiación aún presente, la tortura, o el canibalismo) hablan muy bien de la habilidad de Llauger a la hora de aprovechar las posibilidades de su creación.

Un último logro destacable es el elenco de personajes. Comenzando obviamente por Adam, su protagonista absoluto, a quien vemos crecer en hombría y en determinación conforme la vida le va propinando reveses, hasta terminar fijándose como objetivo vital el desarrollo del legado de su padre. Pero englobando también a casi todos los secundarios: el misterioso Efraím, quien poco a poco se irá abriendo a Adam a la vez que humanizando, la reservada Hannah, que gradualmente descubrirá en Adam a alguien diferente a todos los hombres que había conocido antes. O incluso los que sólo aparecen vinculados a un sitio concreto, como Frank, Kane o Kirian, todos ellos creíbles, además de perfectos representantes de lo que encierran los lugares que lideran.

Ninguno de los defectos de la novela es tan grave como para que la impresión final de la misma no resulte claramente favorable. Aunque sí hay varios que resultan perceptibles. El más obvio es la cronología: literalmente las fechas no encajan, puesto que por Adam sabemos que sólo han transcurrido quince años desde la guerra, pero en las transformaciones en las vidas de muchos personajes, o en los periodos que según sus propias palabras han transcurrido desde entonces, o incluso en la metamorfosis de muchos marcos escénicos, necesariamente han tenido que transcurrir varias décadas. Otro muy evidente son los Nocturnos: nunca se aclara realmente si son supervivientes humanos que mutaron por alguna causa, pero es que en realidad ni siquiera son imprescindibles para encarnar el mal en la novela, pues a lo largo de ella tropezamos con humanos mucho peores. Tampoco parece verosímil la perversidad extrema de Gedeón, exagerada hasta el punto de perseguir denodadamente a Adam en un periplo incierto, cuando lo sensato habría sido regresar a su rol en la Guarida. E incluso Noah, el padre de Adam, se va convirtiendo conforme avanza la novela en un poco plausible benefactor sin fin de los supervivientes, pero sin llegar realmente a ayudar en ningún momento a sus dos hijos.

Llauger gestiona bien los tiempos del tercio final y prepara un desenlace un tanto previsible y excesivamente idílico para el tono general de la novela, pero no exento de tensión, a la vez que eficaz a la hora de atar cabos, por lo que ni mejora ni empeora el resultado final de una de las obras más interesantes publicadas en el género en nuestro país en lo que va de siglo.

sábado, 17 de diciembre de 2022

"Lágrimas en la lluvia" (2011). Rosa Montero

Una entrada más continúo con la reseña de obras representativas creadas por los principales autores que han escrito ciencia-ficción en España. Nos adentramos ya en la pasada década, que es cuando vio la luz "Lágrimas en la lluvia", de la madrileña Rosa Montero. Que sin duda es una de las escritoras más conocidas y reputadas actualmente en nuestro país. Y que con la presente novela se adentró por vez primera en un género del que, según sus propias palabras, siempre había disfrutado leyendo. Aunque no fue hasta que cumplió sesenta años, ya con varias décadas en el oficio, cuando por fin se atrevió a aportar al mismo. Y debo adelantarles ya que, aun con unas lagunas hasta cierto punto lógicas, su incursión fue meritoria. Pues se trata de una novela satisfactoria, muy bien ambientada, hábil a la hora de tomar con inteligencia y moderación elementos de obras clásicas del género, y capaz de llevarlas a su terreno. Para ofrecer no sólo intriga y acción, sino también mordaces críticas a nuestro sistema y una honda exploración del mundo interior de su protagonista.

Seguramente el mayor acierto de la novela es la ambientación del Madrid del año 2109. Por una parte, manteniendo los suficientes lugares reconocibles para que el lector se identifique, pero a la vez incorporando otros muchos espacios que con el transcurso de las páginas se convierten en familiares (como el Hotel Majestic o el Pabellón del Oso). Y por otra, haciendo que sea recorrido por la sugestiva mezcla de habitantes de la época (humanos, androides, representantes de Labaris y Cosmos, extraterrestres…), que conviven en un equilibrio inestable a causa de los recelos y las desigualdades sociales entre ellos.

Casi al mismo nivel reluce la coherencia que exhibe la escritora a la hora de evolucionar la historia actual durante los próximos cien años. Especialmente en lo concerniente a los androides, con sus cualidades potenciadas y su esperanza de vida limitada, pero también en las exploraciones espaciales y sus consiguientes mutaciones, en los contactos con las primeras razas extraterrestres, en el surgimiento de las Colonias de Labaris y Cosmos, en las Guerras Robóticas, o en la creación de los incipientes Estados Unidos de la Tierra. Todo ello convenientemente elaborado para mayor comprensión por parte del lector en los brillantes artículos del Archivo Central que ocasionalmente Montero va insertando, necesarios, además, para las futuras vivencia de uno de los personajes principales, el Archivero Yannis.

Otro acierto claro es que la novela funciona a varios niveles. Evidentemente como historia de ciencia-ficción, a la que se adscribe con múltiples guiños a grandes obras del género (en especial a Blade Runner), pero en la que también convence un bien elaborado elemento científico (drogas, trasplantes, avances tecnológicos en los hogares…). Pero también como crítica evidente a muchos de los males que aquejan la sociedad occidental actual (capitalismo exacerbado, individualismo extremo, arruinamiento del medio ambiente, xenofobia entre distintos habitantes…). Y a un tercer nivel, quizá el más relevante durante la segunda mitad de la novela, como estudio psicológico de la personalidad de un androide, la protagonista Bruna Husky, con su angustiosa cuenta atrás, su alcoholismo, y su infancia inexistente.

Sin embargo, la novela falla en el nivel en el que se supone que más debería brillar: como novela de detectives. Aunque Bruna es contratada para ello, sus “investigaciones” son poco más que conversaciones desestructuradas con unos cuantos personajes claves de la sociedad madrileña. Y son los acontecimientos, sin que ella tenga una participación activa clara en ellos, los que la van rodeando hasta convertirla en el eventual chivo expiatorio de la conspiración existente. En otra escala, algunos comportamientos y situaciones en las que se ve envuelta resultan extraños, y un tanto al margen de la trama principal. Por otro lado, la novela falla a la hora de mostrar aunque sea mínimamente qué está sucediendo en otras partes del mundo, donde se supone que los acontecimientos estarán siendo más relevantes que en Madrid. La profesión de Archivero está un tanto cogida por los pelos, viendo el nivel de evolución que ya en el momento en que fue escrita había alcanzado la wikipedia. Y el rol del policía Paul Lizard, verdadero ángel de la guarda de Bruna y partícipe en la única escena de sexo de la novela (a la que Montero no renuncia pese a que no le encuentra otra ubicación que una tan poco habitual como las páginas posteriores al desenlace), nunca se llega a comprender bien.

Desenlace, por cierto, que resulta realmente flojo: un poco de caos adicional, episodios sangrientos que terminan en unas pocas muertes repentinas, y de pronto Bruna pasa de víctima a heroína, sin que ella haya hecho realmente nada, y sin haber atravesado nada parecido a unos capítulos de tensión. Quizá sea ésta la razón principal por la que de momento no me he animado a leer las dos novelas con las que la autora ha expandido esta obra hasta convertirla en la “trilogía de Bruna Husky” (“El peso del corazón” (2015) y “Los tiempos del odio” (2018): es un buen trabajo, solvente desde un punto de vista literario y con muchas virtudes deseables en cualquier novela del género, pero un tanto justa de gancho y de interés por lo que pueda suceder a continuación. Aunque no descarto animarme en un futuro.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

"El mapa del tiempo" (2008). Félix J. Palma

Una entrada más continúo mi recorrido en orden cronológico por los más representativos escritores españoles que han publicado ciencia-ficción. Ha llegado la hora de hablarles del gaditano Félix J. Palma, quizá uno de los más populares a nivel internacional. Y es que sus novelas se han traducido y publicado en los más diversos idiomas, e incluso llegó a figurar con la presente novela en la lista de libros más vendidos del New York Times. Lo que habla bien a las claras de su repercusión comercial. La cual ha venido, además, acompañada por diversos galardones literarios y unas críticas mayoritariamente favorables a su producción. Especialmente con "El mapa del tiempo", la novela de la que les voy a hablar hoy. Aunque ya les adelanto que desgraciadamente mi valoración no es tan positiva como la mayoría. Pese a lo cual sí la considero una obra que merece una lectura. Y es que estamos ante una novela que toma elementos de las ucronías, de los viajes en el tiempo, y de algunos de los escritores anglosajones más reputados de finales del siglo XIX, y los pone al servicio de una trama múltiple, con tres partes diferenciadas y que podrían leerse de manera independiente, para forjar una obra singular, desbordante, excesiva, con grandes momentos pero también con pasajes anodinos o directamente prescindibles.

Seguramente lo más llamativo de esta novela es su excepcional ambientación: pese a ser Palma un escritor español, el lector experimenta desde el principio la sensación de estar viviendo realmente en el Londres de aquella época, con sus calles, sus vestimentas, sus profesiones, su característico ambiente. Un marco escénico en el cual el escritor sitúa a personajes legendarios de la época, como El Hombre Elefante o Jack El Destripador, y los hace convivir no ya con otros creados por él, sino con algunos de los mejores escritores de aquel entonces (Bram Stoker, Henry James, Arthur Conan-Doyle), y en particular con H.G. Wells, padrino de la ciencia-ficción y probablemente el verdadero protagonista de la obra.

Otro gran acierto es presentar esta ucronía, de múltiples ramificaciones por mor de los viajes en el tiempo, como un romance científico, tan en boga durante aquellos años. Una tarea ambiciosa de la que Palma sale airoso tanto por temática como por estilo, sin que el resultado desmerezca en absoluto al logrado por ejemplo por el británico Christopher Priest en "La Máquina Espacial" (1976). Con el logro adicional que supone incorporar al narrador omniscente como una especie de personaje adicional que, como buen conocedor de todos los acontecimientos que se relatan, va guiando con desparpajo al lector por los episodios más relevantes.

En otro orden de cosas, las paradojas temporales que surgen al retorcer el autor el concepto de los viajes en el tiempo están en general bien resueltas, y dan lugar al que en mi opinión es, de lejos, el mejor capítulo de la novela: el intercambio de cartas entre Claire y Tom en la segunda parte, toda una exhibición a la hora de cómo ir encajando las distintas piezas en una historia futura ya conocida, además con la intervención destacada de Wells. Pero debo advertir que los viajes temporales están también tras muchos de los defectos que me impiden considerar al libro como una gran novela.

Para cualquier lector familiarizado con ellos, el más obvio es la paupérrima justificación que, tras nada menos que seiscientas páginas, ofrece finalmente Palma para defender que los seres humanos hayan alcanzado su aspiración de viajar en el tiempo. Tan floja que de un plumazo deja todas las peripecias y las especulaciones leídas hasta entonces como un mero entretenimiento. La multiplicidad de universos surgida de esas paradojas sin restricción no sólo desorienta al lector en los últimos capítulos, sino que provoca que el final, además de pobremente resuelto, apenas cause impacto.

Pero otros defectos atañen directamente a la habilidad de Palma como escritor: la estructuración de la novela en esas tres partes relativamente inconexas ya es cuestionable a pesar de sus palpables esfuerzos por enlazarla en el tramo final. Y traslada la impresión de que se trata de un libro escrito a tirones, sin un plan para narrar unos hechos concretos, y rematado a trancas y barrancas con ese esfuerzo final de cohesión. Algo agravado por el hecho de que el interés de esas tres historias es desigual: la primera es una historia de amor simplona y de desenlace previsible; la segunda, otra historia de amor un poco más elaborada aunque difícil de aceptar, a causa de un decorado tan imposiblemente inmenso que supuestamente ningún visitante cuestiona al formar parte de él que realmente esté visitando el año dos mil; y sólo la tercera se acerca a lo que cabría esperar por riqueza argumental y episodios determinantes. Pero en todas ellas la prosa es claramente mejorable (páginas y más páginas de descripciones, diálogos que en ocasiones parecen monólogos), en todas ellas hay muchas páginas de relleno (intrahistorias como la de la tribu africana, reseñas biográficas como la del Hombre Elefante o la del propio Wells), y en todas ellas, ante el acechante aburrimiento, es fácil que el lector sienta, como sentí yo, la tentación de saltar la página hasta la que por fin se retoma la historia principal. Razones que me hacen difícil comprender el que la novela fuera galardonada con el Premio Ateneo de Sevilla. Y que también explican por qué, aunque en años posteriores Palma ha expandido "El mapa del tiempo" hasta convertirla en la "Trilogía Victoriana" con las adiciones de "El mapa del cielo" (2012), y "El mapa del caos" (2014), nunca me he sentido impelido a continuar su lectura.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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