Prosigo con mi serie de entradas dedicadas a revisar las sagas más relevantes publicadas para el lector de ciencia-ficción en español. Por orden cronológico le toca el turno a la saga de los pajeños, escrita a cuatro manos entre los estadounidenses Larry Niven (que ya ha aparecido varias veces en este mismo blog con su saga del Mundo Anillo) y Jerry Pournelle. La saga está compuesta por dos novelas, la primera las cuales voy a reseñar en esta misma entrada:
La paja en el ojo de Dios (1974)
El tercer brazo (1993)
"La paja en el ojo de Dios" es todo un clásico del género, a pesar de que no ganó ninguno de sus premios más prestigiosos cuando fue publicada. De hecho, se quedó fuera por muy poco de mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos. Aunque curiosamente tan alta valoración no respondió en absoluto a la idea que me había forjado de esta novela tras muchos años intentando conseguirla...
Y eso que tras la metáfora no demasiado afortunada que da título a la novela, y la menos aún afortunada denominación de los alienígenas creados por los escritores (los pajeños), yo esperaba encontrar la habitual dosis de aventuras de Niven, orientada hacia constantes conflictos bélicos por la intervención del promilitarista Pournelle. Y sin embargo me encontré una novela sin apenas muertes, con poquísima violencia, y plena por el contrario de especulaciones, reflexiones y maniobras políticas de primer nivel, todas ellas provocadas por el primer contacto de la humanidad con una especie alienígena inteligente.
Para que las especulaciones de la humanidad del siglo XXXI puedan resultar realistas, además de la acertada cronología con que inician la novela, los autores recurren a dos elementos cuasi-científicos muy interesantes: el campo Langston, que protege a naves y ciudades absorbiendo y distribuyendo uniformemente la energía que se irradie sobre él, y el impulsor Alderson, que permite el viaje instantáneo entre puntos muy concretos del Universo de manera similar a los agujeros de gusano preconizados por la física contemporánea. Ambos elementos son determinantes para justificar la expensión del ser humano por centenares de estrellas que presentan Niven y Pournelle, y los conflictos entre el Imperio y los Exteriores (planetas humanos no asimilados al Imperio), pero también el confinamiento de los pajeños a Paja Uno, y su necesidad de negociar con los seres humanos para garantizar su continuidad.
Pero todos estos propósitos se quedarían en nada de no ser por una excelente estructuración de la novela, que logra mantener a buen nivel el pulso narrativo a pesar de sus más de 500 páginas: cuatro partes claramente definidas, capítulos cortos, cohesión argumental, escasas divagaciones... Todo para que la lectura resulte francamente entretenida. En especial la primera parte (La sonda de Eddie el Loco) roza la perfección: a pesar de la complejidad de partida, se nos pone en situación de manera solvente, se van presentando adecuadamente todos los personajes, y se culmina con la resolución de enviar una expedición a Paja Uno.
Uno de los aspectos más llamativo de la novela es el tratamiento de los alienígenas: bien concebidos, lógicamente estructurados, incluso con pensamientos y motivaciones que resultan creíbles pese a sus diferencias con los humanos... Los autores van desvelando paulatinamente sus castas (Mediadores, Guerreros, Relojeros, Amos...), su sorprendemente historia, sus fragmentaciones, sus secretos. Aunque su bisexualidad cíclica recuerde poderosamente a la que presentó Ursula K. LeGuin en "La mano izquierda de la oscuridad", esa perenne necesidad reproductiva les dota de originalidad y justifica sus colapsos cíclicos.
A lo anterior se une un grupo humano más rico y trabajado de lo que cabría esperar: con protagonistas diferentes en cada parte (Whitbread, Rod Blaine, Ben Fauler), algunos resultante sorprendemente sólidos (el almirante Kutuzov de la Lenin, el piloto Kevin Renner de la MacArthur), o enriquecedores para el panorama que se nos presenta (el capellán Hardy). Puede que la historia de amor entre Blaine y Sally Fowler (la única mujer en toda la novela) sea previsible, que cueste seguir los rangos militares en la MacArthur, o que la sociedad militar del futuro esté poco informatizada, pero son defectos pequeños. De hecho, pienso que la novela sólo tiene dos defectos realmente considerables: una segunda parte (el contacto con los pajeños) interesante pero excesivamente lenta y una falsa sensación de que el conflicto bélico está a la vuelta de la esquina, que los autores impregnan a menudo en la imaginación del lector.
A cambio disfrutaremos de una rigurosísima expedición científico-militar, de pasajes formidables (para mí los mejores son los del descubrimiento de la invasión silenciosa realizada por los Relojeros y los de la visita al museo pajeño), y de grandes dosis de ciencia, política, acción, intriga, incluso humor. Todo ello tratado de manera inteligente y con una dosis considerable de inspiración a la hora de plasmarlo. Absolutamente recomendable.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
domingo, 20 de julio de 2014
sábado, 5 de julio de 2014
El fabuloso barco fluvial (1971). Philip José Farmer
Con esta entrada procedo a reseñar la segunda y ultima de las novelas que recomiendo leer de la saga del Mundo del Río, del estadounidense Philip José Farmer. "El fabuloso barco fluvial" fue publicada a los pocos meses de que viera la luz "A vuestros cuerpos dispersos", por lo que juega con la ventaja de un estilo y una atmósfera totalmente respetuosos con los de su predecesora, y con el beneficio de la duda creativo, puesto que aún no había dado tiempo a que la primera novela cosechara los éxitos de público y crítica que obtuvo cuando esta novela ya estaba siendo escrita. A pesar de lo cual se trata de una obra irregular, excesivamente fantasiosa, que baja un escalón respecto a su predecesora y que termina de desaprovechar una idea de partida y un marco escénico formidables.
El principal motivo para mi valoración es la superficialidad con la que está presentada la novela: da la sensacion de que Farmer está aún definiendo (sobre la marcha) algunas de las características del Mundo del Río, así como muchas de sus implicaciones. Además, los personajes aparecen y desaparecen más por los vaivenes de la trama que por una clara idea preconcebida, lo que dificulta su caracterización y descoloca en cierta medida al lector. Por añadidura, la tremenda sucesión de acontecimientos contribuye a una impresión de desorden acelerado e inusitadamente violento, que desemboca en periodos de desinterés nada recomendables.
Y es una pena, porque el marco escénico que constituye el Mundo del Río y sus miles de millones de seres humanos simultáneamente resucitados no es sólo fascinante, sino que le da pie a Farmer para un inusitado número de reflexiones sobre la vida en general, y en particular sobre la conveniencia de una resurrección en masa y bajo qué condiciones (de las que la Iglesia de la Segunda Oportunidad preconizada por Hermann Goering es un ingenioso ejemplo). Además, el componente técnico está muy bien trabajado (todo lo que va requiriendo la construcciñon del barco resulta creíble) y los conocimientos históricos a la hora de interrelacionar personajes de épocas totalmente antagónicas muy amplios (aunque no siempre bien aprovechados).
Pero es que la construcción del barco con el que poder navegar muchísimos miles de kilómetros río arriba con la esperanza de localizar sus fuentes y descubrir así a los creadores del ecosistema (los denominados Éticos) es un asidero insuficiente ante tanta inestabilidad argumental. Con lo que la novela se desliza a menudo por las peligrosas curvas de la fantasía menos solvente (con las injustificables piedras de cilindros a la cabeza). De manera que la primera mitad de la novela se pierde en los periplos del protagonista absoluto (Mark Twain reemplaza en ese rol a Richard Burton, aunque algún personaje secundario de la primera entrega repite), mientras que la segunda, algo más entonada, y asentada ya en el reino de Parolando (un nombre basado en el Esperanto, que Farmer postula como idioma universal en el Mundo del Río), no alcanza tampoco la excelencia a causa de un complejísimo y cuestionable entramado de "política internacional" (las intrigas y batallas de Parolando con los reinos adyacentes).
Al final, de los aspectos que más me gustaron sobresale la constatación de que los seres humanos resucitan ya condicionados por su otra vida y en general son incapaces de adaptarse mentalmente a la nueva. Aunque también me ha gustado cómo Farmer riza el rizo al hacer interactuar a personajes insospechados (el gobierno de Parolando entre Juan Sin Tierra y Mark Twain es un buen ejemplo), un tramo final entretenido e inesperadamente solvente para el caos anterior y un desenlace "doble" y sin embargo negativo en ambas ocasiones. Demasiado poco para una novela que debería haber dado bastante más de sí.
El principal motivo para mi valoración es la superficialidad con la que está presentada la novela: da la sensacion de que Farmer está aún definiendo (sobre la marcha) algunas de las características del Mundo del Río, así como muchas de sus implicaciones. Además, los personajes aparecen y desaparecen más por los vaivenes de la trama que por una clara idea preconcebida, lo que dificulta su caracterización y descoloca en cierta medida al lector. Por añadidura, la tremenda sucesión de acontecimientos contribuye a una impresión de desorden acelerado e inusitadamente violento, que desemboca en periodos de desinterés nada recomendables.
Y es una pena, porque el marco escénico que constituye el Mundo del Río y sus miles de millones de seres humanos simultáneamente resucitados no es sólo fascinante, sino que le da pie a Farmer para un inusitado número de reflexiones sobre la vida en general, y en particular sobre la conveniencia de una resurrección en masa y bajo qué condiciones (de las que la Iglesia de la Segunda Oportunidad preconizada por Hermann Goering es un ingenioso ejemplo). Además, el componente técnico está muy bien trabajado (todo lo que va requiriendo la construcciñon del barco resulta creíble) y los conocimientos históricos a la hora de interrelacionar personajes de épocas totalmente antagónicas muy amplios (aunque no siempre bien aprovechados).
Pero es que la construcción del barco con el que poder navegar muchísimos miles de kilómetros río arriba con la esperanza de localizar sus fuentes y descubrir así a los creadores del ecosistema (los denominados Éticos) es un asidero insuficiente ante tanta inestabilidad argumental. Con lo que la novela se desliza a menudo por las peligrosas curvas de la fantasía menos solvente (con las injustificables piedras de cilindros a la cabeza). De manera que la primera mitad de la novela se pierde en los periplos del protagonista absoluto (Mark Twain reemplaza en ese rol a Richard Burton, aunque algún personaje secundario de la primera entrega repite), mientras que la segunda, algo más entonada, y asentada ya en el reino de Parolando (un nombre basado en el Esperanto, que Farmer postula como idioma universal en el Mundo del Río), no alcanza tampoco la excelencia a causa de un complejísimo y cuestionable entramado de "política internacional" (las intrigas y batallas de Parolando con los reinos adyacentes).
Al final, de los aspectos que más me gustaron sobresale la constatación de que los seres humanos resucitan ya condicionados por su otra vida y en general son incapaces de adaptarse mentalmente a la nueva. Aunque también me ha gustado cómo Farmer riza el rizo al hacer interactuar a personajes insospechados (el gobierno de Parolando entre Juan Sin Tierra y Mark Twain es un buen ejemplo), un tramo final entretenido e inesperadamente solvente para el caos anterior y un desenlace "doble" y sin embargo negativo en ambas ocasiones. Demasiado poco para una novela que debería haber dado bastante más de sí.
viernes, 20 de junio de 2014
A vuestros cuerpos dispersos (1971). Philip José Farmer
Con la presente entrada comienzo la reseña de una de las sagas más conocidas del género: el "Mundo del Río", la obra más famosa del siempre controvertido escritor estadounidense Philip José Farmer. Una saga que, relatos aparte, está constituida por las siguientes cinco novelas:
A vuestros cuerpos dispersos (1971)
El fabuloso barco fluvial (1971)
El oscuro designio (1977)
El laberinto mágico (1980)
Dioses del Mundo del Río (1983)
Como intentaré explicar en las próximas entradas, el Mundo del Río es una saga que resulta más interesante conceptualmente que por sus resultados, por lo que recomiendo leer únicamente las dos primeras novelas. Aunque debo advertir que no soy un gran defensor de la obra de Farmer, por lo que mi apreciación tal vez sea excesivamente parcial. Centrándonos en la novela que dio lugar a la saga y que reseño hoy, debo empezar señalando que fue recibida con entusiasmo por parte del público, como lo prueba el hecho de que fue galardonada con el Premio Hugo de 1971. Y es que se trata de una novela con una fascinante idea de partida, llena de aventuras, entretenida y aderezada con apreciables dosis especulativas, pero carente de calado. Y esa trivialidad es su principal defecto.
Incuestionablemente la idea de partida es originalísima y bien presentada: el mundo del Río es un marco inacabable en el que todos los seres humanos que jamás existieron hasta el s. XXI son resucitados simultáneamente, ofreciéndoseles una segunda oportunidad vital. Un marco que resulta, además, agradablemente realista y cuidado en los detalles: desde las piedras de cilindros que sistemáticamente proveen de alimentos a sus habitantes hasta las altísimas montañas que los retienen. Y en el cual surgen de manera natural especulaciones interesantes: el significado de la muerte tras la resucitación por un tercero (Farmer lo llama el Expreso de los Suicidios), la interacción de gentes de todas las épocas y culturas de la humanidad, las alianzas que se forman...
Este escenario principal propicia el tono de aventuras que predomina en la novela: desde la botadura del Hadji se suceden los viajes, las disputas, las muertes: es imposible aburrirse. Por cierto, que Farmer exhibe un notable conocimiento de todas las épocas y culturas de la historia de la humanidad, lo que favorace que las reacciones de los distintos grupos y facciones en su adaptación a la nueva realidad resulten naturales. Reacciones tales como la incomodidad ante la desnudez, las pasiones irrefrenadas, el afán por la propiedad o los continuos enfrentamientos. Otro acierto es el grupo de personajes, bien compensado, que acompaña al explorador del s. XIX y protagonista absoluto Richard Burton durante la mayor parte de la narración: Monat el extraterrestre, Kazz el neandertal, Frigate, Ruach y en menor medida, las mujeres (Alice, Loghu, Gwenafra, Wilfreda). Asimismo, se agradecen las explicaciones tangenciales sobre la historia de la humanidad a partir del s. XXI (su aniquilación por Monat, el racionamiento...).
Sin embargo, dos defectos lastran la obra. En primer lugar, aunque es lógico que el escritor fije su atención en una mínima parte de los pobladores de este mundo, se centra demasiado en Burton y sus inquietudes, dejando de lado muchísimos aspectos que podría aprovechar para enriquecer la narración. Y en segundo lugar, porque salvo por las explicaciones geológicas y biológicas, el elemento científico no está demasiado cuidado: abundan las arbitrariedades, la sensación de improvisación sobre las implicaciones no previstas, y se roza la fantasía menos convincente. Además, la continuada interacción de Burton y Hermann Goering no resulta justificable, y llegar a cansar al lector. Y el final no es nada resolutivo (el encuentro con los Éticos queda un tanto forzado). Lo cual, sumado a esa trivialidad a la que aludía al principio, hacen que la novela deja escaso poso una vez leída. Aunque sí gran cantidad de flecos abiertos para sucesivas entregas, como Farmer hábilmente supo explotar en años posteriores.
A vuestros cuerpos dispersos (1971)
El fabuloso barco fluvial (1971)
El oscuro designio (1977)
El laberinto mágico (1980)
Dioses del Mundo del Río (1983)
Como intentaré explicar en las próximas entradas, el Mundo del Río es una saga que resulta más interesante conceptualmente que por sus resultados, por lo que recomiendo leer únicamente las dos primeras novelas. Aunque debo advertir que no soy un gran defensor de la obra de Farmer, por lo que mi apreciación tal vez sea excesivamente parcial. Centrándonos en la novela que dio lugar a la saga y que reseño hoy, debo empezar señalando que fue recibida con entusiasmo por parte del público, como lo prueba el hecho de que fue galardonada con el Premio Hugo de 1971. Y es que se trata de una novela con una fascinante idea de partida, llena de aventuras, entretenida y aderezada con apreciables dosis especulativas, pero carente de calado. Y esa trivialidad es su principal defecto.
Incuestionablemente la idea de partida es originalísima y bien presentada: el mundo del Río es un marco inacabable en el que todos los seres humanos que jamás existieron hasta el s. XXI son resucitados simultáneamente, ofreciéndoseles una segunda oportunidad vital. Un marco que resulta, además, agradablemente realista y cuidado en los detalles: desde las piedras de cilindros que sistemáticamente proveen de alimentos a sus habitantes hasta las altísimas montañas que los retienen. Y en el cual surgen de manera natural especulaciones interesantes: el significado de la muerte tras la resucitación por un tercero (Farmer lo llama el Expreso de los Suicidios), la interacción de gentes de todas las épocas y culturas de la humanidad, las alianzas que se forman...
Este escenario principal propicia el tono de aventuras que predomina en la novela: desde la botadura del Hadji se suceden los viajes, las disputas, las muertes: es imposible aburrirse. Por cierto, que Farmer exhibe un notable conocimiento de todas las épocas y culturas de la historia de la humanidad, lo que favorace que las reacciones de los distintos grupos y facciones en su adaptación a la nueva realidad resulten naturales. Reacciones tales como la incomodidad ante la desnudez, las pasiones irrefrenadas, el afán por la propiedad o los continuos enfrentamientos. Otro acierto es el grupo de personajes, bien compensado, que acompaña al explorador del s. XIX y protagonista absoluto Richard Burton durante la mayor parte de la narración: Monat el extraterrestre, Kazz el neandertal, Frigate, Ruach y en menor medida, las mujeres (Alice, Loghu, Gwenafra, Wilfreda). Asimismo, se agradecen las explicaciones tangenciales sobre la historia de la humanidad a partir del s. XXI (su aniquilación por Monat, el racionamiento...).
Sin embargo, dos defectos lastran la obra. En primer lugar, aunque es lógico que el escritor fije su atención en una mínima parte de los pobladores de este mundo, se centra demasiado en Burton y sus inquietudes, dejando de lado muchísimos aspectos que podría aprovechar para enriquecer la narración. Y en segundo lugar, porque salvo por las explicaciones geológicas y biológicas, el elemento científico no está demasiado cuidado: abundan las arbitrariedades, la sensación de improvisación sobre las implicaciones no previstas, y se roza la fantasía menos convincente. Además, la continuada interacción de Burton y Hermann Goering no resulta justificable, y llegar a cansar al lector. Y el final no es nada resolutivo (el encuentro con los Éticos queda un tanto forzado). Lo cual, sumado a esa trivialidad a la que aludía al principio, hacen que la novela deja escaso poso una vez leída. Aunque sí gran cantidad de flecos abiertos para sucesivas entregas, como Farmer hábilmente supo explotar en años posteriores.
viernes, 6 de junio de 2014
Hijos de Mundo Anillo (2004). Larry Niven
Con la presente entrada concluyo la reseña de las novelas que recomiendo leer de la saga de Mundo Anillo. Como ya comenté en mi reseña de "Ingenieros de Mundo Anillo", esta última novela supera, tanto por orientación argumental como por afán aclaratorio, la decepcionante "Trono de Mundo Anillo", y es la principal razón por la que me inclino por recomendar la lectura de las cuatro novelas de la saga, aunque leer sólo las dos primeras también es una opción válida. No obstante, hay que tener presente que desde la publicación de "Mundo Anillo" hasta este "Hijos de Mundo Anillo" transcurrieron nada menos que 34 años, y que los escritores no crean siempre al mismo nivel, lo que explica que estemos ante una novela solamente correcta de Niven, y que no recomendaría si fuera una novela independiente.
Por orientación argumental me refiero al hecho de que el autor recupera un papel activo (y no de mero observador) para su trío protagonista (Acólito, El Ser Último y, por supuesto, Luis Wu): desde el principio forman parte esencial de la trama, que por otra parte se sitúa acertadamente en el punto en el que terminó la novela anterior. Además, durante buena parte del libro la estructuración de los capítulos es clara y razonable, como lo evidencia que mediante los títulos de los mismos podamos construir un resumen apresurado de lo acontecido. Lo cual, unido a una longitud total razonable (300 páginas), contribuye a no desorientar al lector.
Y por afán aclaratorio me refiero al hecho de que, quizá consciente de que ésta iba a ser la última entrega de la saga, Niven aprovecha para revisar las razones y los medios con los que los Protectores de Pak construyeron el Mundo Anillo, y también por qué se estructuró de la manera que lo conocemos. Incluso por qué los homínidos ocupan los nichos biológicos que deberían corresponder a otras especies animales. No sólo eso: el escritor también aprovecha para aclarar algunas lagunas de la relación de Luis Wu y Teela Brown en Mundo Anillo, del desenlace de ésta, e introduce (aunque de manera un tanto fallida) el factor sorpesa de un hijo común (Wembleth) y la conversión en protector de Luis.
Además, la novela sigue proporcionando detalles atrayentes sobre el Mundo Anillo (en especial la forma para desplazarlo a lo largo de la galaxia) y algunos gadgets útiles (aunque sobreexplotados) como los discos de paso o los cinturones de vuelo. Lo que añadido a la propia fascinación que genera el Mundo Anillo (prefacio incluido) sirve para contentar a los aficionados que, como yo, confieren importancia al elemento científico en la ciencia-ficción.
Pero la novela flaquea en muchos aspectos básicos. Especialmente en la prosa de Niven: confisa, tendente al equívoco, insuficientemente elaborada respecto a las motivaciones de los personajes y falta de referencias espaciales y temporales (si me permiten el comentario, se echa de menos a su colaborador habitual, el también escritor Jerry Pournelle, para mitigar estos defectos). Siguiendo por una Guerra del Margen citada como recurso pero no bien elaborada ni aclarada. Como tampoco abundan las reflexiones que den algún tipo de profundidad a la novela, convirtiéndose ésta en una serie de aventuras plana, casi juvenil. Aunque quizá más que de aventuras deberíamos hablar de saltos espaciales ininterrumpidos de desigual interés. Tampoco la traducción juega a su favor, pues algunos personajes y artefactos cambian sus nombres respecto a anteriores entregas de la saga.
Todo ello provoca que el lector termine por dejarse llevar, perdiéndose así el factor sorpresa y el sentido de la maravilla. Incluso en un desenlace que intenta aclarar los roles de Tunesmith, Proserpina y el Penúltimo, pero que acaba convirtiéndose en un batiburrillo bastante incoherente. Una saga tan relevante en el género merecería un final mejor, pero salvo que Niven sucumba a la tentación de ampliar la saga será el que la cierre, reflejando perfectamente los altibajos en la misma.
Por orientación argumental me refiero al hecho de que el autor recupera un papel activo (y no de mero observador) para su trío protagonista (Acólito, El Ser Último y, por supuesto, Luis Wu): desde el principio forman parte esencial de la trama, que por otra parte se sitúa acertadamente en el punto en el que terminó la novela anterior. Además, durante buena parte del libro la estructuración de los capítulos es clara y razonable, como lo evidencia que mediante los títulos de los mismos podamos construir un resumen apresurado de lo acontecido. Lo cual, unido a una longitud total razonable (300 páginas), contribuye a no desorientar al lector.
Y por afán aclaratorio me refiero al hecho de que, quizá consciente de que ésta iba a ser la última entrega de la saga, Niven aprovecha para revisar las razones y los medios con los que los Protectores de Pak construyeron el Mundo Anillo, y también por qué se estructuró de la manera que lo conocemos. Incluso por qué los homínidos ocupan los nichos biológicos que deberían corresponder a otras especies animales. No sólo eso: el escritor también aprovecha para aclarar algunas lagunas de la relación de Luis Wu y Teela Brown en Mundo Anillo, del desenlace de ésta, e introduce (aunque de manera un tanto fallida) el factor sorpesa de un hijo común (Wembleth) y la conversión en protector de Luis.
Además, la novela sigue proporcionando detalles atrayentes sobre el Mundo Anillo (en especial la forma para desplazarlo a lo largo de la galaxia) y algunos gadgets útiles (aunque sobreexplotados) como los discos de paso o los cinturones de vuelo. Lo que añadido a la propia fascinación que genera el Mundo Anillo (prefacio incluido) sirve para contentar a los aficionados que, como yo, confieren importancia al elemento científico en la ciencia-ficción.
Pero la novela flaquea en muchos aspectos básicos. Especialmente en la prosa de Niven: confisa, tendente al equívoco, insuficientemente elaborada respecto a las motivaciones de los personajes y falta de referencias espaciales y temporales (si me permiten el comentario, se echa de menos a su colaborador habitual, el también escritor Jerry Pournelle, para mitigar estos defectos). Siguiendo por una Guerra del Margen citada como recurso pero no bien elaborada ni aclarada. Como tampoco abundan las reflexiones que den algún tipo de profundidad a la novela, convirtiéndose ésta en una serie de aventuras plana, casi juvenil. Aunque quizá más que de aventuras deberíamos hablar de saltos espaciales ininterrumpidos de desigual interés. Tampoco la traducción juega a su favor, pues algunos personajes y artefactos cambian sus nombres respecto a anteriores entregas de la saga.
Todo ello provoca que el lector termine por dejarse llevar, perdiéndose así el factor sorpresa y el sentido de la maravilla. Incluso en un desenlace que intenta aclarar los roles de Tunesmith, Proserpina y el Penúltimo, pero que acaba convirtiéndose en un batiburrillo bastante incoherente. Una saga tan relevante en el género merecería un final mejor, pero salvo que Niven sucumba a la tentación de ampliar la saga será el que la cierre, reflejando perfectamente los altibajos en la misma.
domingo, 4 de mayo de 2014
Ingenieros de Mundo Anillo (1980). Larry Niven
Con la presente entrada empiezo a reseñar las novelas que recomiendo leer de la saga del "Mundo Anillo", una de las más famosas del género y desde luego la obra más popular del estadounidense Larry Niven. Si bien no es la primera vez que hablo de alguna de las novelas que la conforman en este mismo blog, puesto que ya he reseñado dos de ellas. A día de hoy está formada por los siguientes cuatro títulos:
Mundo Anillo (1970)
Ingenieros de Mundo Anillo (1980)
Trono de Mundo Anillo (1996)
Hijos de Mundo Anillo (2004)
De "Mundo Anillo" ya escribí una reseña completa al presentar mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos; se trata de un clásico que sigue vigente, como lo evidencia que es una de las entradas más leídas de este humilde blog. Y también he reseñado ya "Trono de Mundo Anillo", aunque en este caso como parte de mi lista de 15 novelas decepcionantes. Ambos hechos muestran que se trata de una saga que da para lo mejor y para lo peor. No obstante, dado que la última entrega de la saga ("Hijos de Mundo Anillo") mejora la impresión de "Trono de Mundo Anillo", mi sugerencia es que lean las cuatro novelas que conforman la saga. O al menos, las dos primeras.
Ciñéndonos ya a "Ingenieros de Mundo Anillo", debo empezar señalando que se trata de una digna secuela, pero carente del gancho de la primera novela. Si creemos a Niven, él sostiene que nunca quiso escribir una continuación de su novela más premiada, pero que lo hizo por una doble razón: por una parte, corregir los errores (técnicos) de la primera entrada (hay una anécdota curiosa respecto al hecho de que, tal cual estaba concebido Mundo Anillo, era inestable; pueden buscarla por internet), y por otra, dar satisfacción a los millones de lectores que se la demandaban. Desde el primer punto de vista, la novela es todo un éxito; desde el segundo, la novela baja un par de escalones respecto a su predecesora.
Esta impresión global probablemente se deba a que Niven respeta los acontecimientos pretéritos pero no justifica como debe la necesidad de este segundo viaje. De hecho, la puesta en situación peca de escueta (a pesar de la considerable extensión del libro), y el objetivo principal de esos primeros capítulos es corregir "detalles cuestionables" de la primera novela, como la suerte de Teela Brown, el nombre de "Interlocutor de Animales" o las aerocicletas. En cambio es elogiable el esfuerzo que realiza el autor por situar físicamente al lector, fijando para ello unas coordenadas claras a las que hace referencia constantemente. Así éste puede profundizar y captar más nítidamente las dimensiones, la complejidad y la riqueza científica y social del Mundo Anillo, tan sobrecogedor como en la primera parte. Y llegar a familiarizarse con conceptos tan complejos como las placas de sombra, el rishatra o los superconductores.
Otro acierto innegable es que la sensación de aventura, de encuentro con lo desconocido, se mantiene igual que en la primera parte. Lo cual, unido a las reflexiones sobre las razones por las que ciertas características del Mundo Anillo son de una manera y no de otra, y a la rapidez con la que los protagonistas alcanzan el Mundo Anillo y comienza la acción, favorecen el placer la lectura.
No obstante, durante la mayoría de sus capítulos la novela parece una mera sucesión de anécdotas, sin un eje claro (y sin que se aclare, por ejemplo, dónde está el módulo, o la sonda). A ello hay que añadirle las habituales deficiencias narrativas de Niven: imprecisión semántica, situaciones explicadas de manera confusa, falta de hilazón entre párrafos (tanto, que a veces ni siquiera está claro si los protagonistas han logrado su propósito). Otros defectos menores son la frecuente impresión de que Niven aclara todos los temas pendientes demasiado pronto, la presencia de algunos elementos claramente cuestionables en una novela de ciencia-ficción (hombres chacales, la ciudad de los vampiros...) y unos episodios de sexo en mi opinión innecesarios. Por otra parte, no sé si considerar como acierto o como desacierto los diferentes personajes y pueblos que va encontrando el lector durante la novela (Gingerofer, el Rey de los Gigantes, Valavirgillin, Harkabeeparolyn, Fortaralisplyar; el pueblo de la máquina, el pueblo colgante, los gigantes de la sabana, etc.). Mi duda es porque su caracterización es ciertamente escueta, pero ¿podría no serlo en una novela tan descomunal?
Tampoco quiero trasladar una impresión equivocada: aunque el tono de aventuras prevalezca sobre la profundidad de la historia, la novela se deja leer razonablemente bien. Además, conforme avanza la lectura se resuelven algunos enigmas (la raza causante de la destrucción del Mundo Anillo, la raza creadora del mismo...). Y se visitan lugares ciertamente fascinantes, como el pantano, la ciudad flotante (mi parte favorita), o el centro de mantenimiento en el que los Protercores de Pak cultivaban el Árbol de la Vida.
Para terminar, una pequeña reflexión negativa sobre el final. Que a mi modo de ver Niven resuelve de manera confusa (recurriendo la dualidad "gana/pierde" de Teela), y con demasiadas cosas que asimilar.
Mundo Anillo (1970)
Ingenieros de Mundo Anillo (1980)
Trono de Mundo Anillo (1996)
Hijos de Mundo Anillo (2004)
De "Mundo Anillo" ya escribí una reseña completa al presentar mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos; se trata de un clásico que sigue vigente, como lo evidencia que es una de las entradas más leídas de este humilde blog. Y también he reseñado ya "Trono de Mundo Anillo", aunque en este caso como parte de mi lista de 15 novelas decepcionantes. Ambos hechos muestran que se trata de una saga que da para lo mejor y para lo peor. No obstante, dado que la última entrega de la saga ("Hijos de Mundo Anillo") mejora la impresión de "Trono de Mundo Anillo", mi sugerencia es que lean las cuatro novelas que conforman la saga. O al menos, las dos primeras.
Ciñéndonos ya a "Ingenieros de Mundo Anillo", debo empezar señalando que se trata de una digna secuela, pero carente del gancho de la primera novela. Si creemos a Niven, él sostiene que nunca quiso escribir una continuación de su novela más premiada, pero que lo hizo por una doble razón: por una parte, corregir los errores (técnicos) de la primera entrada (hay una anécdota curiosa respecto al hecho de que, tal cual estaba concebido Mundo Anillo, era inestable; pueden buscarla por internet), y por otra, dar satisfacción a los millones de lectores que se la demandaban. Desde el primer punto de vista, la novela es todo un éxito; desde el segundo, la novela baja un par de escalones respecto a su predecesora.
Esta impresión global probablemente se deba a que Niven respeta los acontecimientos pretéritos pero no justifica como debe la necesidad de este segundo viaje. De hecho, la puesta en situación peca de escueta (a pesar de la considerable extensión del libro), y el objetivo principal de esos primeros capítulos es corregir "detalles cuestionables" de la primera novela, como la suerte de Teela Brown, el nombre de "Interlocutor de Animales" o las aerocicletas. En cambio es elogiable el esfuerzo que realiza el autor por situar físicamente al lector, fijando para ello unas coordenadas claras a las que hace referencia constantemente. Así éste puede profundizar y captar más nítidamente las dimensiones, la complejidad y la riqueza científica y social del Mundo Anillo, tan sobrecogedor como en la primera parte. Y llegar a familiarizarse con conceptos tan complejos como las placas de sombra, el rishatra o los superconductores.
Otro acierto innegable es que la sensación de aventura, de encuentro con lo desconocido, se mantiene igual que en la primera parte. Lo cual, unido a las reflexiones sobre las razones por las que ciertas características del Mundo Anillo son de una manera y no de otra, y a la rapidez con la que los protagonistas alcanzan el Mundo Anillo y comienza la acción, favorecen el placer la lectura.
No obstante, durante la mayoría de sus capítulos la novela parece una mera sucesión de anécdotas, sin un eje claro (y sin que se aclare, por ejemplo, dónde está el módulo, o la sonda). A ello hay que añadirle las habituales deficiencias narrativas de Niven: imprecisión semántica, situaciones explicadas de manera confusa, falta de hilazón entre párrafos (tanto, que a veces ni siquiera está claro si los protagonistas han logrado su propósito). Otros defectos menores son la frecuente impresión de que Niven aclara todos los temas pendientes demasiado pronto, la presencia de algunos elementos claramente cuestionables en una novela de ciencia-ficción (hombres chacales, la ciudad de los vampiros...) y unos episodios de sexo en mi opinión innecesarios. Por otra parte, no sé si considerar como acierto o como desacierto los diferentes personajes y pueblos que va encontrando el lector durante la novela (Gingerofer, el Rey de los Gigantes, Valavirgillin, Harkabeeparolyn, Fortaralisplyar; el pueblo de la máquina, el pueblo colgante, los gigantes de la sabana, etc.). Mi duda es porque su caracterización es ciertamente escueta, pero ¿podría no serlo en una novela tan descomunal?
Tampoco quiero trasladar una impresión equivocada: aunque el tono de aventuras prevalezca sobre la profundidad de la historia, la novela se deja leer razonablemente bien. Además, conforme avanza la lectura se resuelven algunos enigmas (la raza causante de la destrucción del Mundo Anillo, la raza creadora del mismo...). Y se visitan lugares ciertamente fascinantes, como el pantano, la ciudad flotante (mi parte favorita), o el centro de mantenimiento en el que los Protercores de Pak cultivaban el Árbol de la Vida.
Para terminar, una pequeña reflexión negativa sobre el final. Que a mi modo de ver Niven resuelve de manera confusa (recurriendo la dualidad "gana/pierde" de Teela), y con demasiadas cosas que asimilar.
jueves, 1 de mayo de 2014
Hijos de Dune (1976). Frank Herbert
Tras interrumpir mi reseña de las novelas que recomiendo leer de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español, por la celebración de las primeras 10.000 visitas al blog, retomo con esta entrada dicha tarea, centrándome en la revisión de "Hijos de Dune", tercera novela en orden cronológico y orden de lectura de la archiconocida saga de Frank Herbert. Es la última novela que recomiendo leer de dicha saga; de hecho, he dudado hasta el último momento si recomendarla o no, puesto que en mi humilde opinión marca el declive claro de la saga. Intentaré explicar las razones.
No se trata de que la novela se la "vaya de las manos" a Herbert (es cierto que ambientalmente la novela es consistente con sus predecesoras), sino de que echa por tierra los logros de los principales protagonistas de Dune. Baste el ejemplo de Paul Muad'Dib: tras desaparecer al final de "El mesías de Dune", su reconversión en un predicador de premociones apocalípticas como respuesta a lo que él mismo contribuyó a construir, desconcierta sobremanera al lector. Por otra parte, en su búsqueda de un antagonista definido, Herbert deforma a Alia, la hermana de Paul y Regente Imperial en el trono de Arrakis, que se convierte en una pobre parodia de sí misma (incluyendo su inesperado matrimonio). Sobre Duncan Idaho ya quedó todo dicho cuando reseñé "El Mesías de Dune". Y también despierta rechazo la evolución del ecosistema de Dune, si bien es cierto que fue iniciada ya en la primera novela, al prever Leto sus trágicas consecuencias.
Otro aspecto lastra la impresión global del libro: la excesiva complejidad de la trama. Apuesto a que ni un solo lector podría explicar las motivaciones, los deseos, los pactos entre los distintos protagonistas. Con el agravante de que todo se resuelve en un breve capítulo en el que fallecen los dos hermanos. Esa complejidad extrema inmuniza al lector, para el cual ya ninguna revelación o acontecimiento es motivo de sorpresa, a pesar de la notable extensión de la novela. Otros defectos son las primeras referencias a personajes de la Tierra, indudablemente innecesarias para la trama y menos a estas alturas de la saga. Así como el recurso a unos conceptos de pretendida relevancia pero que sin embargo no habían aparecido hasta ahora: Jacurutu, Kralizec... Que suenan a artimaña para poder seguir.
Afortunadamente, la novela se deja leer. Ante todo, por el interés que siempre despierta averiguar hacia dónde dirige Herbert su obra más famosa. Pero también por su habilidad para mantener la atmósfera de Arrakis, para enseñarnos su paulatina evolución, para mostrarnos de nuevo la cultura Fremen, los nuevos sacerdotes, el exilio de los Corrino... Y quizá por reencontrarnos con algunos de sus personajes más conocidos: Stilgar, Jessica, el propio Paul. Aunque debo reconocer que las más de 1.200 páginas de las tres primeras novelas me parecen más que suficientes para esta mítica saga, por lo que les recomiendo no seguir con las entregas siguientes y dedicarse a cualquier otra de los varios miles de novelas recomendables que ha dado el género.
No se trata de que la novela se la "vaya de las manos" a Herbert (es cierto que ambientalmente la novela es consistente con sus predecesoras), sino de que echa por tierra los logros de los principales protagonistas de Dune. Baste el ejemplo de Paul Muad'Dib: tras desaparecer al final de "El mesías de Dune", su reconversión en un predicador de premociones apocalípticas como respuesta a lo que él mismo contribuyó a construir, desconcierta sobremanera al lector. Por otra parte, en su búsqueda de un antagonista definido, Herbert deforma a Alia, la hermana de Paul y Regente Imperial en el trono de Arrakis, que se convierte en una pobre parodia de sí misma (incluyendo su inesperado matrimonio). Sobre Duncan Idaho ya quedó todo dicho cuando reseñé "El Mesías de Dune". Y también despierta rechazo la evolución del ecosistema de Dune, si bien es cierto que fue iniciada ya en la primera novela, al prever Leto sus trágicas consecuencias.
Otro aspecto lastra la impresión global del libro: la excesiva complejidad de la trama. Apuesto a que ni un solo lector podría explicar las motivaciones, los deseos, los pactos entre los distintos protagonistas. Con el agravante de que todo se resuelve en un breve capítulo en el que fallecen los dos hermanos. Esa complejidad extrema inmuniza al lector, para el cual ya ninguna revelación o acontecimiento es motivo de sorpresa, a pesar de la notable extensión de la novela. Otros defectos son las primeras referencias a personajes de la Tierra, indudablemente innecesarias para la trama y menos a estas alturas de la saga. Así como el recurso a unos conceptos de pretendida relevancia pero que sin embargo no habían aparecido hasta ahora: Jacurutu, Kralizec... Que suenan a artimaña para poder seguir.
Afortunadamente, la novela se deja leer. Ante todo, por el interés que siempre despierta averiguar hacia dónde dirige Herbert su obra más famosa. Pero también por su habilidad para mantener la atmósfera de Arrakis, para enseñarnos su paulatina evolución, para mostrarnos de nuevo la cultura Fremen, los nuevos sacerdotes, el exilio de los Corrino... Y quizá por reencontrarnos con algunos de sus personajes más conocidos: Stilgar, Jessica, el propio Paul. Aunque debo reconocer que las más de 1.200 páginas de las tres primeras novelas me parecen más que suficientes para esta mítica saga, por lo que les recomiendo no seguir con las entregas siguientes y dedicarse a cualquier otra de los varios miles de novelas recomendables que ha dado el género.
lunes, 21 de abril de 2014
¡Más de 10.000 páginas vistas!
Interrumpo momentáneamente mi serie de entradas dedicadas a las sagas más importantes disponibles para el lector de ciencia-fición en español, pues quiero compartir con todos mis seguidores y lectores ocasionales un hecho que me resulta muy gratificante: este humilde blog ha superado ayer las 10.000 páginas vistas.
Hace algo menos de tres años que inicié esta andadura por la red sin otro propósito que mantener una de mis aficiones favoritas. Por circunstancias personales el contacto con las personas con que habitualmente compartía esta pasión por la ciencia-ficción se había visto entonces sensiblemente mermado, y como medida paliativa se me ocurrió compartirla con todos los lectores on-line/anónimos que podían estar interesados en este maravilloso género. En ningún momento tuve en mente ningún aspecto crematístico, como lo evidencia que a pesar de los constantes recordatorios de blogger he seguido sin incluir publicidad en el blog. El resultado es que en apenas 1.000 días el blog ha superado las 10.000 visitas, lo que supone nada menos que 10 visitas diarias de media. Una cantidad muy elevada si se tiene en cuenta lo reducido de este mundillo y que el número de entradas ha ido creciendo gradualmente en la medida de mis posibilidades hasta alcanzar las 85 entradas actuales.
Así que lo principal es agradecer a todos los lectores el tiempo que han pasado en este blog. Más aún a aquellos que se han animado a comentar mis entradas. Y muy especialmente a los 17 seguidores que se han animado a formar parte del mismo. Todos estos hechos me animan a seguir sacando tiempo de donde sea para mantener un ritmo aceptable de nuevas entradas.
Revisando las estadísticas disponibles, lo más llamativo es que la entrada más vista sigue siendo (y con mucha diferencia) "La nube negra", del británico Fred Hoyle. Es un hecho que me enorgullece, pues sigue siendo mi novela favorita de ciencia-ficción de todos los tiempos. Lo siguente más llamativo entre el top 10 de las entradas más visitadas, es que nada menos que cuatro de ellas corresponden a obras de Isaac Asimov ("Viaje alucinante", "En la arena estelar", "Fundación y Tierra" y "Fundación e Imperio"). Lo que refleja el continuo interés que siguen despertando en el lector en español las obras del Buen Doctor, interés que por otra parte comparto completamente puesto que sigue siendo uno de los pilares fundamentales del género. También hay hueco para entradas genéricas (la que dio pie a la revisión de las sagas o la de la entrañable biblioteca Orbis), o para clásicos del género como "Mundo anillo", y así hasta completar la lista.
Por países, España sigue siendo el que más visitas ha aportado (más de 5.500), pero me agrada especialmente ver la gran cantidad de visitas de otros países (EEUU, Argentina y México tiene más de 500). E incluso la de aquellos países en los que el español no es idioma oficial (200 visitas de Alemania, 170 de Rusia...). Es interesante ver cómo nuestro idioma gana gradualmente adeptos en todo el mundo, y este blog es una mínuscula muestra de ello. En la medida de mis posibilidades trataré de hacer más valiosas mis revisiones para los lectores de todos estos países.
No quiero terminar esta entrada sin abrir la puerta (tanto a mis seguidores como a mis lectores ocasionales) a que me propongan todas las sugerencias que estimen oportunas (obras que reseñar, formato, otros temas relacionados con la literatura de ciencia-ficción). Al fin y al cabo el propósito del blog sigue siendo el mismo: compartir con todos Vds. este apasionante ámbito.
Gracias de nuevo.
Hace algo menos de tres años que inicié esta andadura por la red sin otro propósito que mantener una de mis aficiones favoritas. Por circunstancias personales el contacto con las personas con que habitualmente compartía esta pasión por la ciencia-ficción se había visto entonces sensiblemente mermado, y como medida paliativa se me ocurrió compartirla con todos los lectores on-line/anónimos que podían estar interesados en este maravilloso género. En ningún momento tuve en mente ningún aspecto crematístico, como lo evidencia que a pesar de los constantes recordatorios de blogger he seguido sin incluir publicidad en el blog. El resultado es que en apenas 1.000 días el blog ha superado las 10.000 visitas, lo que supone nada menos que 10 visitas diarias de media. Una cantidad muy elevada si se tiene en cuenta lo reducido de este mundillo y que el número de entradas ha ido creciendo gradualmente en la medida de mis posibilidades hasta alcanzar las 85 entradas actuales.
Así que lo principal es agradecer a todos los lectores el tiempo que han pasado en este blog. Más aún a aquellos que se han animado a comentar mis entradas. Y muy especialmente a los 17 seguidores que se han animado a formar parte del mismo. Todos estos hechos me animan a seguir sacando tiempo de donde sea para mantener un ritmo aceptable de nuevas entradas.
Revisando las estadísticas disponibles, lo más llamativo es que la entrada más vista sigue siendo (y con mucha diferencia) "La nube negra", del británico Fred Hoyle. Es un hecho que me enorgullece, pues sigue siendo mi novela favorita de ciencia-ficción de todos los tiempos. Lo siguente más llamativo entre el top 10 de las entradas más visitadas, es que nada menos que cuatro de ellas corresponden a obras de Isaac Asimov ("Viaje alucinante", "En la arena estelar", "Fundación y Tierra" y "Fundación e Imperio"). Lo que refleja el continuo interés que siguen despertando en el lector en español las obras del Buen Doctor, interés que por otra parte comparto completamente puesto que sigue siendo uno de los pilares fundamentales del género. También hay hueco para entradas genéricas (la que dio pie a la revisión de las sagas o la de la entrañable biblioteca Orbis), o para clásicos del género como "Mundo anillo", y así hasta completar la lista.
Por países, España sigue siendo el que más visitas ha aportado (más de 5.500), pero me agrada especialmente ver la gran cantidad de visitas de otros países (EEUU, Argentina y México tiene más de 500). E incluso la de aquellos países en los que el español no es idioma oficial (200 visitas de Alemania, 170 de Rusia...). Es interesante ver cómo nuestro idioma gana gradualmente adeptos en todo el mundo, y este blog es una mínuscula muestra de ello. En la medida de mis posibilidades trataré de hacer más valiosas mis revisiones para los lectores de todos estos países.
No quiero terminar esta entrada sin abrir la puerta (tanto a mis seguidores como a mis lectores ocasionales) a que me propongan todas las sugerencias que estimen oportunas (obras que reseñar, formato, otros temas relacionados con la literatura de ciencia-ficción). Al fin y al cabo el propósito del blog sigue siendo el mismo: compartir con todos Vds. este apasionante ámbito.
Gracias de nuevo.
domingo, 6 de abril de 2014
El mesías de Dune (1969). Frank Herbert
Con esta nueva entrada prosigo la revisión de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Le toca el turno en este caso a la saga de Dune, obra cumbre del norteamericano Frank Herbert y una de las más leídas en la historia del género. Su popularidad es tal que, incluso después de la muerte de Herbert, su hijo Brian ha seguido completándola con varias novelas adicionales, escritas en colaboración con el escritor Kevin J. Anderson. Pero ciñéndonos a las novelas que para la saga escribió su creador, ésta consta de los siguientes títulos:
"Dune" (1965)
"El mesías de Dune" (1969)
"Hijos de Dune" (1976)
"Dios emperador de Dune" (1981)
"Herejes de Dune" (1984)
"Casa Capitular Dune" (1985)
A diferencia de otras sagas ya reseñadas en este mismo blog, no recomiendo leer todas las novelas de la misma, ni mucho menos las precuelas publicadas por su hijo. Y ello a pesar de que en su momento ya reseñé "Dune" como parte de mi lista de 15 títulos esenciales para iniciarse en el género. Sin duda "Dune" es una excelente novela, y crea un universo riquísimo en posibilidades. Es lógico pues, que Frank Herbert, consciente de ese filón, empleara las siguientes dos décadas en explotar esas posibilidades. Pero no logró estar a la altura: simplemente fue complicando la trama con cada entrega hasta niveles insospechados, administrando cuidadosamente los acontecimientos y afectando a la calidad global de la saga. Por todo lo cual recomiendo leer solamente hasta "Hijos de Dune", la tercera entrega de la saga y la última que reseñaré en este mismo blog.
"El mesías de Dune" se publicó cuatro años después de la novela original, y las expectativas por aquel entonces eran tremendas. Expectativas que en general no se cumplieron: se trataba de una novela mucho menos voluminosa que la original y sin el aliciente de descubrir un nuevo universo. Herbert retoma la historia 12 años después del final de "Dune", con Paul Muad'Dib erigido ya en emperador tras la Batalla de Arrakeen. Por lo cual los elementos principales de la novela son los mismos de Dune (la Bene Gesserit, el Gremio Espacial, los Fremen, las Casas...), pero ya se empieza a intuir que Herbert está dispuesto a hacer de su obra maestra un filón cuando recurre al concepto de los ghola (seres humanos desarrollados a partir de unas pocas células de individuos ya muertos), con el que permite revivir a Duncan Idaho en la figura de Hayt. En otras palabras, abriendo la veda del "todo vale".
Ni siquiera es el único artilugio rebuscado al que recurre Herbert; otros ejemplos son el Danzarín Rostro o los poderes de los mentats. Pero es que además de percibirse esa sensación de alargar la saga "por donde sea", subyace continuamente en la lectura una sensación de penumbra, de falta de hilazón, de capacidad para comprender y dimensionar cuanto sucede. Tampoco ayuda que sea una novela que funcione a menos niveles que su predecesora, ni que esté excesivamente centrada en la figura de Muad'Dib. De hecho, estoy convencido de que los auténticos aficionados de Dune son conscientes de que en esta segunda entrega son varias las incoherencias argumentales en las que incurre su autor.
Entonces, ¿por qué recomiendo la lectura de "El mesías de Dune"? Pues sobre todo porque "Dune" es una novela demasiado excepcional como para negarle siquiera el derecho a una continuación. Aunque también porque aun siendo escasa en episodios de acción, es una novela razonablemente entretenida, que mantiene el marco escénico y la ambientación de su predecesora, y su mezcla de culturas en ese planeta tan fascinante que es Arrakis (para mí, el verdadero protagonista de la saga). Y porque aunque los acontecimientos se ralenticen, hay capítulos que recuperan el nivel de la original, especialmente aquellos en los que se desencadena la conspiración planteada por Herbert. Lástima que sean los menos.
"Dune" (1965)
"El mesías de Dune" (1969)
"Hijos de Dune" (1976)
"Dios emperador de Dune" (1981)
"Herejes de Dune" (1984)
"Casa Capitular Dune" (1985)
A diferencia de otras sagas ya reseñadas en este mismo blog, no recomiendo leer todas las novelas de la misma, ni mucho menos las precuelas publicadas por su hijo. Y ello a pesar de que en su momento ya reseñé "Dune" como parte de mi lista de 15 títulos esenciales para iniciarse en el género. Sin duda "Dune" es una excelente novela, y crea un universo riquísimo en posibilidades. Es lógico pues, que Frank Herbert, consciente de ese filón, empleara las siguientes dos décadas en explotar esas posibilidades. Pero no logró estar a la altura: simplemente fue complicando la trama con cada entrega hasta niveles insospechados, administrando cuidadosamente los acontecimientos y afectando a la calidad global de la saga. Por todo lo cual recomiendo leer solamente hasta "Hijos de Dune", la tercera entrega de la saga y la última que reseñaré en este mismo blog.
"El mesías de Dune" se publicó cuatro años después de la novela original, y las expectativas por aquel entonces eran tremendas. Expectativas que en general no se cumplieron: se trataba de una novela mucho menos voluminosa que la original y sin el aliciente de descubrir un nuevo universo. Herbert retoma la historia 12 años después del final de "Dune", con Paul Muad'Dib erigido ya en emperador tras la Batalla de Arrakeen. Por lo cual los elementos principales de la novela son los mismos de Dune (la Bene Gesserit, el Gremio Espacial, los Fremen, las Casas...), pero ya se empieza a intuir que Herbert está dispuesto a hacer de su obra maestra un filón cuando recurre al concepto de los ghola (seres humanos desarrollados a partir de unas pocas células de individuos ya muertos), con el que permite revivir a Duncan Idaho en la figura de Hayt. En otras palabras, abriendo la veda del "todo vale".
Ni siquiera es el único artilugio rebuscado al que recurre Herbert; otros ejemplos son el Danzarín Rostro o los poderes de los mentats. Pero es que además de percibirse esa sensación de alargar la saga "por donde sea", subyace continuamente en la lectura una sensación de penumbra, de falta de hilazón, de capacidad para comprender y dimensionar cuanto sucede. Tampoco ayuda que sea una novela que funcione a menos niveles que su predecesora, ni que esté excesivamente centrada en la figura de Muad'Dib. De hecho, estoy convencido de que los auténticos aficionados de Dune son conscientes de que en esta segunda entrega son varias las incoherencias argumentales en las que incurre su autor.
Entonces, ¿por qué recomiendo la lectura de "El mesías de Dune"? Pues sobre todo porque "Dune" es una novela demasiado excepcional como para negarle siquiera el derecho a una continuación. Aunque también porque aun siendo escasa en episodios de acción, es una novela razonablemente entretenida, que mantiene el marco escénico y la ambientación de su predecesora, y su mezcla de culturas en ese planeta tan fascinante que es Arrakis (para mí, el verdadero protagonista de la saga). Y porque aunque los acontecimientos se ralenticen, hay capítulos que recuperan el nivel de la original, especialmente aquellos en los que se desencadena la conspiración planteada por Herbert. Lástima que sean los menos.
lunes, 24 de marzo de 2014
San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje. Walter M. Miller Jr. (1997)
Prosigo mis entradas dedicadas a las sagas más relevantes disponibles para el lector en español. Le toca en esta oportunidad a la saga de San Leibowitz, de Walter M. Miller Jr. Que está compuesta por dos novelas:
Cántico por San Leibowitz (1959)
San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje (1997)
La primera de ellas es, como ya indiqué cuando la revise hace un par de años en este mismo blog, una de mis novelas favoritas del género, además de una de las obras más singulares y respetadas a las que ha dado lugar. Por ello sus muchos seguidores siempre tuvieron la esperanza de una continuación, aunque en vida de Miller ésta nunca llegó a aparecer. No obstante, a su muerte en 1996 su agente recopiló las más de 500 páginas que Miller había ido escribiendo a lo largo de los años para una supuesta continuación, y pidió al también escritor Terry Bisson que las revisara y completara para dar forma a la esperada segunda parte, apoyándose además en las notas manuscritas que había dejado Miller. Al parecer Bisson no tuvo que añadir demasiado (apenas 50 páginas), por lo que finalmente en 1997 vio la luz "San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje", la esperadísima continuación.
Lamentablemente, aunque se trata de una novela digna e interesante, el resultado quedó lejos de las excelencias de la original. Fundamentalmente por dos razones: algunos paisajes reiterativos y un cuestionable equilibrio entre catolicismo y creencias nómadas. De hecho, se nota que su gestación costó mucho esfuerzo, e incluso que aún no estaba suficientemente pulida como para ser publicada.
A ello contribuye de forma decisiva que Miller escogiera para ambientar esta novela el periodo menos atractivo y menos logrado de los tres que conformaban "Cántico por San Leibowitz": "Fiat Lux". Un periodo en el que la "civilización" empieza a despertar tras siglos de oscurantismo, y que por tanto supone la pérdida del misterio y el misticismo que tan magistralmente había recreado Miller en la novela original. Y es que aunque el escritor sigue dominando tanto el ambiente de las órdenes monásticas como la jerarquía católica en general, su cohabitación con las denominadas Tres Hordas (Perro Salvaje, Saltamontes y Conejo) y con el expansivo imperio de Texark no es del todo convincente. Como tampoco lo es la caracterización de las figuras, ritos e incluso costumbres de los nómadas salvajes (y no sólo las tres hordas, sino también los gleps o los sin madre).
Así, tras un comienzo en la abadía que nos hace concebir grandes esperanzas sobre la calidad de la novela, las dudas comienzan a aparecer a la par que el periplo del hermano Dientenegro / Nimmy al servicio del primero diácono, posteriormente cardenal y finalmente papa Elia Ponymarrón. La pérdida de la virginidad de Dientenegro en su encuentro con AEdra abre un flanco por el que la novela perderá fuelle poco a poco, desde un poco creíble embarazo, pasando por unos hijos que Miller no sabe cómo aprovechar, hasta desembocar en una obsesión que sólo sirve para reencuentros y búsquedas reiterativas. Y la multiplicidad de nombres e incluso títulos que Miller emplea para designar a los principales personajes nómadas (caso por ejemplo de Santa Locura / Chur Hangan) acaba por desorientar al lector.
Con lo cual una buena parte del libro transcurre sin una meta clara, convirtiéndose en poco más que un fresco de la sociedad del Oeste norteamericano del s. XXXIII. Hay episodios más logrados (el cónclave en el que Amén Parajomoteado es nombrado Papa) y otros menos (el ritual por el que Ponymarrón adquiere autoridad sobre las Tres Hordas), pero en general la extensión de muchos pasajes y capítulos no va de la mano con la relevancia de los mismos, lo que refleja el irregular proceso de gestación de la obra. Y el recurso a los "sueños" en determinados momentos se antoja poco adecuado para una novela de ciencia-ficción.
Sólo tras casi 400 páginas la novela adquiere un auténtico propósito (la cruzada de la jerarquía eclesiástica y las hordas nómadas contra el imperio de Texark, el cual controla la antigua sede papal de Nueva Roma) y gana en interés (incluso con algún refrescante episodio de acción). Pero justo entonces Terry Bisson entra en acción y el "meollo" de la cuestión sólo se le presenta al lector por terceras personas y a toro pasado. Aunque al menos es de agradecer su esfuerzo por mostrar el desenlace de cada personaje. Además, el final resignado, sin fe, sombrío, de Dientenegro, que no logra reencontrarse con AEdra, da que pensar al lector, mejorando a última hora la impresión global de la novela, y justificando su lectura.
Cántico por San Leibowitz (1959)
San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje (1997)
La primera de ellas es, como ya indiqué cuando la revise hace un par de años en este mismo blog, una de mis novelas favoritas del género, además de una de las obras más singulares y respetadas a las que ha dado lugar. Por ello sus muchos seguidores siempre tuvieron la esperanza de una continuación, aunque en vida de Miller ésta nunca llegó a aparecer. No obstante, a su muerte en 1996 su agente recopiló las más de 500 páginas que Miller había ido escribiendo a lo largo de los años para una supuesta continuación, y pidió al también escritor Terry Bisson que las revisara y completara para dar forma a la esperada segunda parte, apoyándose además en las notas manuscritas que había dejado Miller. Al parecer Bisson no tuvo que añadir demasiado (apenas 50 páginas), por lo que finalmente en 1997 vio la luz "San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje", la esperadísima continuación.
Lamentablemente, aunque se trata de una novela digna e interesante, el resultado quedó lejos de las excelencias de la original. Fundamentalmente por dos razones: algunos paisajes reiterativos y un cuestionable equilibrio entre catolicismo y creencias nómadas. De hecho, se nota que su gestación costó mucho esfuerzo, e incluso que aún no estaba suficientemente pulida como para ser publicada.
A ello contribuye de forma decisiva que Miller escogiera para ambientar esta novela el periodo menos atractivo y menos logrado de los tres que conformaban "Cántico por San Leibowitz": "Fiat Lux". Un periodo en el que la "civilización" empieza a despertar tras siglos de oscurantismo, y que por tanto supone la pérdida del misterio y el misticismo que tan magistralmente había recreado Miller en la novela original. Y es que aunque el escritor sigue dominando tanto el ambiente de las órdenes monásticas como la jerarquía católica en general, su cohabitación con las denominadas Tres Hordas (Perro Salvaje, Saltamontes y Conejo) y con el expansivo imperio de Texark no es del todo convincente. Como tampoco lo es la caracterización de las figuras, ritos e incluso costumbres de los nómadas salvajes (y no sólo las tres hordas, sino también los gleps o los sin madre).
Así, tras un comienzo en la abadía que nos hace concebir grandes esperanzas sobre la calidad de la novela, las dudas comienzan a aparecer a la par que el periplo del hermano Dientenegro / Nimmy al servicio del primero diácono, posteriormente cardenal y finalmente papa Elia Ponymarrón. La pérdida de la virginidad de Dientenegro en su encuentro con AEdra abre un flanco por el que la novela perderá fuelle poco a poco, desde un poco creíble embarazo, pasando por unos hijos que Miller no sabe cómo aprovechar, hasta desembocar en una obsesión que sólo sirve para reencuentros y búsquedas reiterativas. Y la multiplicidad de nombres e incluso títulos que Miller emplea para designar a los principales personajes nómadas (caso por ejemplo de Santa Locura / Chur Hangan) acaba por desorientar al lector.
Con lo cual una buena parte del libro transcurre sin una meta clara, convirtiéndose en poco más que un fresco de la sociedad del Oeste norteamericano del s. XXXIII. Hay episodios más logrados (el cónclave en el que Amén Parajomoteado es nombrado Papa) y otros menos (el ritual por el que Ponymarrón adquiere autoridad sobre las Tres Hordas), pero en general la extensión de muchos pasajes y capítulos no va de la mano con la relevancia de los mismos, lo que refleja el irregular proceso de gestación de la obra. Y el recurso a los "sueños" en determinados momentos se antoja poco adecuado para una novela de ciencia-ficción.
Sólo tras casi 400 páginas la novela adquiere un auténtico propósito (la cruzada de la jerarquía eclesiástica y las hordas nómadas contra el imperio de Texark, el cual controla la antigua sede papal de Nueva Roma) y gana en interés (incluso con algún refrescante episodio de acción). Pero justo entonces Terry Bisson entra en acción y el "meollo" de la cuestión sólo se le presenta al lector por terceras personas y a toro pasado. Aunque al menos es de agradecer su esfuerzo por mostrar el desenlace de cada personaje. Además, el final resignado, sin fe, sombrío, de Dientenegro, que no logra reencontrarse con AEdra, da que pensar al lector, mejorando a última hora la impresión global de la novela, y justificando su lectura.
domingo, 9 de marzo de 2014
Robots e Imperio (1985). Isaac Asimov
Con la entrada de hoy concluyo la reseña de la saga de las novelas de los robots de Isaac Asimov. No sólo eso, concluyo la reseña de todas las novelas de sus tres sagas principales. Asimov sigue siendo uno de mis escritores favoritos y me parece injusto que una parte de la crítica le dé la espalda por su supuestamente baja "calidad literaria" (como si escribir novelas disfrutables, ingeniosas y equilibradas de principio a fin fueran características de los malos escritores). Y de hecho la novela que hoy me ocupa, "Robots e imperio", es con la que Asimov cohesionó sus tres sagas, dando lugar a una única historia del futuro que cubre miles y miles de año del devenir de la humanidad. Lo que ya de por sí haría recomendable su lectura. Pero es que además la novela es una brillante conclusión de la saga de los robots, y en mi opinión la mejor de esta segunda época (y quizá de sus cuatro entregas, en dura pugna con "El sol desnudo").
Ahora bien, debo señalar que por tratarse de una novela de su "segunda época", y como ya he explicado en otras entradas, eso implica una mayor morosidad verbal y cierta desaceleración de los acontecimientos. Posiblemente por eso el comienzo es lo más débil de la novela: en lugar de estar concentradas en unos cuantos años, en "Robots e imperio" han transcurrido 200 años desde "Los robots del amanecer", por lo que Asimov intenta explicar las nuevas situaciones que se han generado en ese tiempo, y para ello tiene que recurrir en varias ocasiones a retrocesos temporales que dificultan un tanto el normal desarrollo de la lectura. Al menos sirven para de esa manera encontrarnos con Elijah Baley, el detectiva protagonista de las tres primeras entregas, durante unas páginas. Porque en su ausencia de Baley las pesquisas detectivescas recaen en dos robots: el sempiterno Daneel Oliwav y el ya conocido Giskard Reventlov. Limitadas por las tres leyes de la robótica y la nueva "ley cero" propuesta por Asimov en esta segunda época, sus investigaciones resultan fascinantes.
Otros aciertos de esta novela son los siguientes: la variedad y calidad de los escenarios, un total de cuatro mundos diferentes (Aurora, Solaria, Baleymundo y Tierra), que dan lugar a las cinco partes de que consta la novela, y que no sólo confirman la habilidad de Asimov a la hora de estructurar sus obras, sino que, con sus rasgos distintivos y las sociedades que los habitan, consituyen por sí mismos un elemento de disfrute de la lectura; la evolución de las tres leyes de la robótica hasta llegar a la psicohistoria, la ciencia que sustenta toda la saga de la Fundación; la incorporación a la saga de nuevos y singulares personajes, que no repiten las personalidades de anteriores protagonistas (como Daneel Giskard Baley, descendiente directo de Elijah Baley, el joven Mandamus...); el excelente episodio del ataque en Solaria; el episodio del discurso, en el que Asimov exhibe su poderoso dominio del lenguaje; el cuidado del elemento científico; la natural evolución de los acontecimientos, que consigue anticipar la aparición del Imperio Galáctico (como el propio título indica, su siguiente saga en orden cronológico) y justificar la perdurabilidad en el tiempo de Daneel, protagonista absoluto de toda la historia futura de Asimov... Toda una serie de virtudes que confirman la gran capacidad como fabulador del Buen Doctor.
Por ponerle algún pero a la novela, quizá quepa reprocharle a Asimov que sus historia futura refleja en demasía la situación global del pasado siglo XX, y cierta tendencia a recrearse en exceso en algunos diálogos meramente analíticos de lo ocurrido en anteriores pasajes. Aunque a veces dichos diálogos sirven para una mejor comprensión de lo narrado por parte del lector.
Debo admitir que conforme avanzaba en la lectura y me aproximaba al final, temía que éste pudiera no estar a la altura del resto de la novela, por la trama tan compleja que Asimov había planteado, pero Asimov la resuelve con maestría, recurriendo, una vez más, al factor sorpresa. Y situando a propósito el final en el planeta Tierra, al igual que haría al año siguiente cuando cerró la saga de la Fundación con "Fundación y Tierra". Un reflejo más de que la novela está cuidada hasta el mínimo detalle, como toda esta estupenda saga que les recomiendo encarecidamente.
Ahora bien, debo señalar que por tratarse de una novela de su "segunda época", y como ya he explicado en otras entradas, eso implica una mayor morosidad verbal y cierta desaceleración de los acontecimientos. Posiblemente por eso el comienzo es lo más débil de la novela: en lugar de estar concentradas en unos cuantos años, en "Robots e imperio" han transcurrido 200 años desde "Los robots del amanecer", por lo que Asimov intenta explicar las nuevas situaciones que se han generado en ese tiempo, y para ello tiene que recurrir en varias ocasiones a retrocesos temporales que dificultan un tanto el normal desarrollo de la lectura. Al menos sirven para de esa manera encontrarnos con Elijah Baley, el detectiva protagonista de las tres primeras entregas, durante unas páginas. Porque en su ausencia de Baley las pesquisas detectivescas recaen en dos robots: el sempiterno Daneel Oliwav y el ya conocido Giskard Reventlov. Limitadas por las tres leyes de la robótica y la nueva "ley cero" propuesta por Asimov en esta segunda época, sus investigaciones resultan fascinantes.
Otros aciertos de esta novela son los siguientes: la variedad y calidad de los escenarios, un total de cuatro mundos diferentes (Aurora, Solaria, Baleymundo y Tierra), que dan lugar a las cinco partes de que consta la novela, y que no sólo confirman la habilidad de Asimov a la hora de estructurar sus obras, sino que, con sus rasgos distintivos y las sociedades que los habitan, consituyen por sí mismos un elemento de disfrute de la lectura; la evolución de las tres leyes de la robótica hasta llegar a la psicohistoria, la ciencia que sustenta toda la saga de la Fundación; la incorporación a la saga de nuevos y singulares personajes, que no repiten las personalidades de anteriores protagonistas (como Daneel Giskard Baley, descendiente directo de Elijah Baley, el joven Mandamus...); el excelente episodio del ataque en Solaria; el episodio del discurso, en el que Asimov exhibe su poderoso dominio del lenguaje; el cuidado del elemento científico; la natural evolución de los acontecimientos, que consigue anticipar la aparición del Imperio Galáctico (como el propio título indica, su siguiente saga en orden cronológico) y justificar la perdurabilidad en el tiempo de Daneel, protagonista absoluto de toda la historia futura de Asimov... Toda una serie de virtudes que confirman la gran capacidad como fabulador del Buen Doctor.
Por ponerle algún pero a la novela, quizá quepa reprocharle a Asimov que sus historia futura refleja en demasía la situación global del pasado siglo XX, y cierta tendencia a recrearse en exceso en algunos diálogos meramente analíticos de lo ocurrido en anteriores pasajes. Aunque a veces dichos diálogos sirven para una mejor comprensión de lo narrado por parte del lector.
Debo admitir que conforme avanzaba en la lectura y me aproximaba al final, temía que éste pudiera no estar a la altura del resto de la novela, por la trama tan compleja que Asimov había planteado, pero Asimov la resuelve con maestría, recurriendo, una vez más, al factor sorpresa. Y situando a propósito el final en el planeta Tierra, al igual que haría al año siguiente cuando cerró la saga de la Fundación con "Fundación y Tierra". Un reflejo más de que la novela está cuidada hasta el mínimo detalle, como toda esta estupenda saga que les recomiendo encarecidamente.
domingo, 2 de marzo de 2014
Los robots del amanecer (1983). Isaac Asimov
Retomo con esta entrada la revisión de las novelas de la saga de los robots que merece la pena leer. Como ya he señalado en las dos reseñas anteriores, recomiendo leer la totalidad de la saga, en mi opinión una de las mejores a la que ha dado lugar la ciencia-ficción. Le toca en esta oportunidad a "Los robots del amanecer", la novela con la que Isaac Asimov retomó la saga tras más de un cuarto de siglo de inactividad. Es, pues, la tercera novela de la saga en orden cronológico y también en orden de lectura, así como la primera de las dos novelas de robots que Asimov escribió en los años 80, época de su resurrección como novelista de ciencia-ficción. Una resurrección de la que hablé con detalle al reseñar la saga de la Fundación, y que en el caso de las novelas de robots comparte algunos aspectos ya señalados entonces: un mayor esfuerzo por la caracterización de los personajes, una mayor verbosidad, y al mismo tiempo un intento claramente perceptible por no alterar las señas de identidad de la saga (ambientación, preferencia por los diálogos, elemento de misterio, mantenimiento de la pareja protagonista...). Aspectos que Asimov supo manejar en mi opinión con notable éxito, completando una novela tan atrayente como coherente argumentalmente. Aunque con algunos altibajos.
Y es que el hecho de ser la novela con la que Asimov "reinaguiró" la serie da pie a los mayores defectos de "Los robots del amanecer". Entre ellos, la lentitud de los primeros capítulos, en los que Asimov, además de ponernos en situación, se entretiene en aparentes minuciosas (desde el reenceuntro de Baley con Daneel hasta el denominado "visor espacial"). Además, durante quizá demasiadas páginas sólo se nos ofrece una exigua visión del planeta Aurora: los establecimientos del inventor de robots Han Fastolfe y de la solariana Gladia Delmarre. Tampoco me gustan demasiado la excesiva y hasta impertinente meticulosidad de Baley al comienzo de sus pesquisas y la relativa pérdida de importancia de Daneel, que deja de ser el frío contrapunto del visceral Baley. Si bien a cambio Asimov ofrece el mayor hallazgo de esta novela: el robot Giskard Reventlov, capaz de tomar decisiones por su cuenta, sin consultar a ningún humano, y que por tanto ofrece nuevas e interesantes perspectivas a la serie.
Es indudable que durante la primera mitad de la novela también hay espectos positivos. Entre ellos, la coherencia y la belleza del planeta Aurora, las sucesivas hipotésis que Baley va construyendo y desechando, los acertados diálogos... Pero es a partir del encuentro de Baley con Vasilia Aliena, una de las hijas de Fastolfe, cuando la novela empieza a dar de sí todo lo que se espera de ella: por fin Aurora se muestra en todo su esplendor, la novela se centra en el robotocidio del humaniforme Jander Panell y en la trama urdida en torno a él, vamos conociendo los puntos de vista de nuevos y sugerentes personajes... En especial debo reseñar la habilidad de Asimov a la hora de caracterizar a Kelden Amadiro, el robotista que aboga por la construcción de más robots humaniformes: un ser complejo del que se intuye su maldad sin que en realidad trasluzca nada a través de sus actos.
La lectura se vuelve apremiante con el episodio de la tormenta, de una intensidad muy bien conseguida. Así, mediante una estupenda estructuración en capítulos y el habitual cuidado del Buen Doctor por el elemento científico, se llega al desenlace, que está a la altura de lo esperado: por un lado se resuelve la problemática planteada, mientras que por otro (y un poco más tarde) se desentraña el verdadero Misterio, con mayúsculas. Y todo ello introduciendo ideas y referencias que formarán parte más adelante de la saga de la Fundación, conformando así una interrelacionada y apasionante historia del futuro.
Un último detalle: es una lástima que los primeros traductores de esta novela al español tradujeran "Dawn" por "amanecer" y no por "Aurora". A causa de dicha traducción el potencial lector se pierde una información importante de esta novela (su marco escénico), y gana un título confuso y poco atrayente.
Y es que el hecho de ser la novela con la que Asimov "reinaguiró" la serie da pie a los mayores defectos de "Los robots del amanecer". Entre ellos, la lentitud de los primeros capítulos, en los que Asimov, además de ponernos en situación, se entretiene en aparentes minuciosas (desde el reenceuntro de Baley con Daneel hasta el denominado "visor espacial"). Además, durante quizá demasiadas páginas sólo se nos ofrece una exigua visión del planeta Aurora: los establecimientos del inventor de robots Han Fastolfe y de la solariana Gladia Delmarre. Tampoco me gustan demasiado la excesiva y hasta impertinente meticulosidad de Baley al comienzo de sus pesquisas y la relativa pérdida de importancia de Daneel, que deja de ser el frío contrapunto del visceral Baley. Si bien a cambio Asimov ofrece el mayor hallazgo de esta novela: el robot Giskard Reventlov, capaz de tomar decisiones por su cuenta, sin consultar a ningún humano, y que por tanto ofrece nuevas e interesantes perspectivas a la serie.
Es indudable que durante la primera mitad de la novela también hay espectos positivos. Entre ellos, la coherencia y la belleza del planeta Aurora, las sucesivas hipotésis que Baley va construyendo y desechando, los acertados diálogos... Pero es a partir del encuentro de Baley con Vasilia Aliena, una de las hijas de Fastolfe, cuando la novela empieza a dar de sí todo lo que se espera de ella: por fin Aurora se muestra en todo su esplendor, la novela se centra en el robotocidio del humaniforme Jander Panell y en la trama urdida en torno a él, vamos conociendo los puntos de vista de nuevos y sugerentes personajes... En especial debo reseñar la habilidad de Asimov a la hora de caracterizar a Kelden Amadiro, el robotista que aboga por la construcción de más robots humaniformes: un ser complejo del que se intuye su maldad sin que en realidad trasluzca nada a través de sus actos.
La lectura se vuelve apremiante con el episodio de la tormenta, de una intensidad muy bien conseguida. Así, mediante una estupenda estructuración en capítulos y el habitual cuidado del Buen Doctor por el elemento científico, se llega al desenlace, que está a la altura de lo esperado: por un lado se resuelve la problemática planteada, mientras que por otro (y un poco más tarde) se desentraña el verdadero Misterio, con mayúsculas. Y todo ello introduciendo ideas y referencias que formarán parte más adelante de la saga de la Fundación, conformando así una interrelacionada y apasionante historia del futuro.
Un último detalle: es una lástima que los primeros traductores de esta novela al español tradujeran "Dawn" por "amanecer" y no por "Aurora". A causa de dicha traducción el potencial lector se pierde una información importante de esta novela (su marco escénico), y gana un título confuso y poco atrayente.
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