domingo, 22 de enero de 2023

"Frontera oscura" (2020). Sabino Cabeza

La entrada de hoy nos acerca al final del recorrido que llevamos casi un año realizando por los principales autores que han escrito ciencia-ficción en España, a través de sus obras más representativas. Ya hemos llegado prácticamente a la actualidad, pues hace poco más de dos años que vio la luz "Frontera Oscura", del sevillano aunque residente en Zaragoza Sabino Cabeza. Una de las obras más reconocidas dentro del género en estos últimos años, en parte porque se alzó con el antepenúltimo Premio Minotauro, el más relevante que premia al género en nuestra nación, y en parte porque fue abrazado como el primer "clásico patrio" en adentrarse sin complejos en el subgénero de la ciencia-ficción hard. Razones suficientes para haberlo leído no hace tanto y traérselo hoy a este humilde blog. Aunque debo advertirles que mi valoración no es tan entusiasta como las anteriormente comentadas. Porque estamos ante una novela ambiciosa desde el punto de vista científico, razonablemente consistente desde el histórico, y sugestiva a nivel especulativo. Pero justa de emoción, escasa de acción y con excesivo protagonismo para los detalles accesorios.

Seguramente una de las razones por las que el libro recibió el galardón fue el mimo con el que está tratada su "frontera oscura", esto es, el agujero negro en torno al cual se desarrolla casi toda la historia: su Horizonte de Sucesos, o la distorsión de la luz y la dilatación temporal que provoca, se presentan de manera pormenorizada a la vez que sencilla. A un nivel inferior pero aún claramente dentro de los aciertos, se encuentra todo lo relativo a la física que ha permitido superar la velocidad de la luz: los saltos Inspacio-Expacio, los motores anagravónicos, la Teoría Borromea de Campos, los pliegues temporales, incluso la tecnología del Núcleo. Obviamente irreales pero bien elaborados a partir de conceptos contemporáneos, y presentados siempre para otorgar verosimilitud al conjunto, no para abrumar al lector.

Tanto las dos naves en las cuales transcurre prácticamente toda la acción (Banshee y Necromancer), como el ambiente a bordo de las mismas, resultan amenos y naturales, cada personaje con sus funciones definidas, y todo presidido por un saludable ambiente de camaradería. Y la expansión de la humanidad desde la Vieja Terra hasta los más de ocho mil mundos habitados, que según la historia sucedió entre los siglos XXIII y XXVI, incluyendo los nuevos centros de poder y las distintas misiones emprendidas por la Flota Federal, creíbles.

Los problemas de la novela devienen en su mayor parte del enfoque que le confiere Cabeza. Porque los acontecimientos principales, aunque no son muchos, sí resultan lo suficientemente interesantes como para haber atrapado al lector. Pero el escritor sitúa casi siempre estas peripecias en segundo plano, narradas escuetamente en los huecos de las reiterativas miradas al pasado de sus protagonistas, o al servicio de la machacona adoración que los tripulantes de la Banshee profesan a los de la Necromancer. Con lo cual, episodios que podrían haber dado mucho juego, como el accidente de Riomar o la muerte de Hastings, o incluso la propia partida de la Necromancer, proporcionan muy poca acción y demasiado sentimentalismo. El lirismo con el que están narrados muchos pasajes, y el gusto por los detalles irrelevantes en una novela de extensión contenida, incrementan esta sensación de historia fallida.

A ello debemos sumarle otros defectos menores como el empleo previsible para el aficionado al género de las siempre socorridas paradojas temporales (evidentemente se sabe con mucha antelación que la nave varada es la Necromancer, o que el vídeo del final fue grabado por Riomar), la exageración un tanto forzada, para ir a la moda, de la relevancia de los personajes femeninos frente a los masculinos (y no me refiero sólo a las protagonistas, Florence y Ursa), o incluso la manera tan artificial como el escritor fuerza el descuido a la hora de monitorizar el estado de Riomar (para que no quede más salida que el traslado a Necromancer con el que cerrar la paradoja), o como la salida al exterior de la nave se va dilatando en menudencias para poder añadir la "sorpresa" final de que los astronautas se quedan sin tiempo; ambas situaciones claramente mejorables.

Un desenlace consistente, y cargado de interesantes (aunque reiterativas) reflexiones sobre la posible existencia de un Ente Superior y su influencia sobre los aconteceres de los humanos, mejora un poquito la impresión final de una novela que no llega a decepcionar, pero que podría haber dado bastante más de sí.

domingo, 8 de enero de 2023

"El yermo" (2013). Sergi Llauger

Con la presente entrada nos acercamos ya al final de nuestro recorrido en orden cronológico por algunos de los autores que han escrito ciencia-ficción en España, a través de sus obras más reputadas. Estamos ya en un año bastante reciente (2013) que fue cuando se publicó "El yermo", por aquel entonces la segunda novela del catalán Sergi Llauger. Un escritor que, como algún otro ya anteriormente reseñado, ha conseguido con su obra traspasar las fronteras patrias y obtener reconocimiento en el complejo panorama literario anglosajón. Lo que refleja a las claras la calidad y el interés que despiertan sus libros. Siendo el que hoy les traigo el que más claramente se adscribe al género de la ciencia-ficción. Estamos ante una extensa novela, ambientada en un marco escénico relativamente poco original (la Inglaterra post-apocalíptica), pero que resulta convincente gracias a un buen argumento, a una dureza extrema, y a un elenco de personajes bien concebido para provocar múltiples emociones en el lector, algo que consigue sobradamente.

El escritor logra atrapar al lector desde el mismo comienzo, y ya no lo suelta hasta el final. Ahí radica tal vez su mayor virtud. Y es que conceptualmente el argumento es sencillo (una primera fase de puesta en situación, a la vez que de introducción de los personajes principales, y una segunda en la que algunos de ellos emprenden una desesperada expedición), pero lo enriquece con personajes secundarios que, casi sin excepción, le permitirán más adelante conferir giros inesperados a la trama, y lo desarrolla en capítulos de duración siempre adecuada, con una prosa neutra y fluida que facilita la lectura.

Al magnetismo que genera el libro contribuye decisivamente la Inglaterra devastada por la Guerra del Olvido que se menciona como detonante. Proporcionando la suficiente información para dimensionar adecuadamente el conflicto, sus descripciones, siempre comedidas, reflejan estupendamente el nivel de ruina: tanto los lugares presentados como las personas que subsisten en ellos muestran una devastación de tal calibre que el lector se siente profundamente impresionado. Con un buen conocimiento, además, de todos los lugares que va recorriendo (algo a lo que contribuye el mapa que figura al comienzo de la novela), y una innegable habilidad para que semejante catástrofe posibilite multitud de aventuras.

Porque ésta es una novela que encierra mucha acción, pero también pánico, soledad, desazón, espíritu de supervivencia, episodios de violencia, momentos para el amor o para descubrir el poso de humanidad que aún conservan unos seres humanos tan forzosamente embrutecidos. Esa multiplicidad de sentimientos que genera, unida a recursos que no por esperables dejan de ser efectivos (como la radiación aún presente, la tortura, o el canibalismo) hablan muy bien de la habilidad de Llauger a la hora de aprovechar las posibilidades de su creación.

Un último logro destacable es el elenco de personajes. Comenzando obviamente por Adam, su protagonista absoluto, a quien vemos crecer en hombría y en determinación conforme la vida le va propinando reveses, hasta terminar fijándose como objetivo vital el desarrollo del legado de su padre. Pero englobando también a casi todos los secundarios: el misterioso Efraím, quien poco a poco se irá abriendo a Adam a la vez que humanizando, la reservada Hannah, que gradualmente descubrirá en Adam a alguien diferente a todos los hombres que había conocido antes. O incluso los que sólo aparecen vinculados a un sitio concreto, como Frank, Kane o Kirian, todos ellos creíbles, además de perfectos representantes de lo que encierran los lugares que lideran.

Ninguno de los defectos de la novela es tan grave como para que la impresión final de la misma no resulte claramente favorable. Aunque sí hay varios que resultan perceptibles. El más obvio es la cronología: literalmente las fechas no encajan, puesto que por Adam sabemos que sólo han transcurrido quince años desde la guerra, pero en las transformaciones en las vidas de muchos personajes, o en los periodos que según sus propias palabras han transcurrido desde entonces, o incluso en la metamorfosis de muchos marcos escénicos, necesariamente han tenido que transcurrir varias décadas. Otro muy evidente son los Nocturnos: nunca se aclara realmente si son supervivientes humanos que mutaron por alguna causa, pero es que en realidad ni siquiera son imprescindibles para encarnar el mal en la novela, pues a lo largo de ella tropezamos con humanos mucho peores. Tampoco parece verosímil la perversidad extrema de Gedeón, exagerada hasta el punto de perseguir denodadamente a Adam en un periplo incierto, cuando lo sensato habría sido regresar a su rol en la Guarida. E incluso Noah, el padre de Adam, se va convirtiendo conforme avanza la novela en un poco plausible benefactor sin fin de los supervivientes, pero sin llegar realmente a ayudar en ningún momento a sus dos hijos.

Llauger gestiona bien los tiempos del tercio final y prepara un desenlace un tanto previsible y excesivamente idílico para el tono general de la novela, pero no exento de tensión, a la vez que eficaz a la hora de atar cabos, por lo que ni mejora ni empeora el resultado final de una de las obras más interesantes publicadas en el género en nuestro país en lo que va de siglo.

sábado, 17 de diciembre de 2022

"Lágrimas en la lluvia" (2011). Rosa Montero

Una entrada más continúo con la reseña de obras representativas creadas por los principales autores que han escrito ciencia-ficción en España. Nos adentramos ya en la pasada década, que es cuando vio la luz "Lágrimas en la lluvia", de la madrileña Rosa Montero. Que sin duda es una de las escritoras más conocidas y reputadas actualmente en nuestro país. Y que con la presente novela se adentró por vez primera en un género del que, según sus propias palabras, siempre había disfrutado leyendo. Aunque no fue hasta que cumplió sesenta años, ya con varias décadas en el oficio, cuando por fin se atrevió a aportar al mismo. Y debo adelantarles ya que, aun con unas lagunas hasta cierto punto lógicas, su incursión fue meritoria. Pues se trata de una novela satisfactoria, muy bien ambientada, hábil a la hora de tomar con inteligencia y moderación elementos de obras clásicas del género, y capaz de llevarlas a su terreno. Para ofrecer no sólo intriga y acción, sino también mordaces críticas a nuestro sistema y una honda exploración del mundo interior de su protagonista.

Seguramente el mayor acierto de la novela es la ambientación del Madrid del año 2109. Por una parte, manteniendo los suficientes lugares reconocibles para que el lector se identifique, pero a la vez incorporando otros muchos espacios que con el transcurso de las páginas se convierten en familiares (como el Hotel Majestic o el Pabellón del Oso). Y por otra, haciendo que sea recorrido por la sugestiva mezcla de habitantes de la época (humanos, androides, representantes de Labaris y Cosmos, extraterrestres…), que conviven en un equilibrio inestable a causa de los recelos y las desigualdades sociales entre ellos.

Casi al mismo nivel reluce la coherencia que exhibe la escritora a la hora de evolucionar la historia actual durante los próximos cien años. Especialmente en lo concerniente a los androides, con sus cualidades potenciadas y su esperanza de vida limitada, pero también en las exploraciones espaciales y sus consiguientes mutaciones, en los contactos con las primeras razas extraterrestres, en el surgimiento de las Colonias de Labaris y Cosmos, en las Guerras Robóticas, o en la creación de los incipientes Estados Unidos de la Tierra. Todo ello convenientemente elaborado para mayor comprensión por parte del lector en los brillantes artículos del Archivo Central que ocasionalmente Montero va insertando, necesarios, además, para las futuras vivencia de uno de los personajes principales, el Archivero Yannis.

Otro acierto claro es que la novela funciona a varios niveles. Evidentemente como historia de ciencia-ficción, a la que se adscribe con múltiples guiños a grandes obras del género (en especial a Blade Runner), pero en la que también convence un bien elaborado elemento científico (drogas, trasplantes, avances tecnológicos en los hogares…). Pero también como crítica evidente a muchos de los males que aquejan la sociedad occidental actual (capitalismo exacerbado, individualismo extremo, arruinamiento del medio ambiente, xenofobia entre distintos habitantes…). Y a un tercer nivel, quizá el más relevante durante la segunda mitad de la novela, como estudio psicológico de la personalidad de un androide, la protagonista Bruna Husky, con su angustiosa cuenta atrás, su alcoholismo, y su infancia inexistente.

Sin embargo, la novela falla en el nivel en el que se supone que más debería brillar: como novela de detectives. Aunque Bruna es contratada para ello, sus “investigaciones” son poco más que conversaciones desestructuradas con unos cuantos personajes claves de la sociedad madrileña. Y son los acontecimientos, sin que ella tenga una participación activa clara en ellos, los que la van rodeando hasta convertirla en el eventual chivo expiatorio de la conspiración existente. En otra escala, algunos comportamientos y situaciones en las que se ve envuelta resultan extraños, y un tanto al margen de la trama principal. Por otro lado, la novela falla a la hora de mostrar aunque sea mínimamente qué está sucediendo en otras partes del mundo, donde se supone que los acontecimientos estarán siendo más relevantes que en Madrid. La profesión de Archivero está un tanto cogida por los pelos, viendo el nivel de evolución que ya en el momento en que fue escrita había alcanzado la wikipedia. Y el rol del policía Paul Lizard, verdadero ángel de la guarda de Bruna y partícipe en la única escena de sexo de la novela (a la que Montero no renuncia pese a que no le encuentra otra ubicación que una tan poco habitual como las páginas posteriores al desenlace), nunca se llega a comprender bien.

Desenlace, por cierto, que resulta realmente flojo: un poco de caos adicional, episodios sangrientos que terminan en unas pocas muertes repentinas, y de pronto Bruna pasa de víctima a heroína, sin que ella haya hecho realmente nada, y sin haber atravesado nada parecido a unos capítulos de tensión. Quizá sea ésta la razón principal por la que de momento no me he animado a leer las dos novelas con las que la autora ha expandido esta obra hasta convertirla en la “trilogía de Bruna Husky” (“El peso del corazón” (2015) y “Los tiempos del odio” (2018): es un buen trabajo, solvente desde un punto de vista literario y con muchas virtudes deseables en cualquier novela del género, pero un tanto justa de gancho y de interés por lo que pueda suceder a continuación. Aunque no descarto animarme en un futuro.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

"El mapa del tiempo" (2008). Félix J. Palma

Una entrada más continúo mi recorrido en orden cronológico por los más representativos escritores españoles que han publicado ciencia-ficción. Ha llegado la hora de hablarles del gaditano Félix J. Palma, quizá uno de los más populares a nivel internacional. Y es que sus novelas se han traducido y publicado en los más diversos idiomas, e incluso llegó a figurar con la presente novela en la lista de libros más vendidos del New York Times. Lo que habla bien a las claras de su repercusión comercial. La cual ha venido, además, acompañada por diversos galardones literarios y unas críticas mayoritariamente favorables a su producción. Especialmente con "El mapa del tiempo", la novela de la que les voy a hablar hoy. Aunque ya les adelanto que desgraciadamente mi valoración no es tan positiva como la mayoría. Pese a lo cual sí la considero una obra que merece una lectura. Y es que estamos ante una novela que toma elementos de las ucronías, de los viajes en el tiempo, y de algunos de los escritores anglosajones más reputados de finales del siglo XIX, y los pone al servicio de una trama múltiple, con tres partes diferenciadas y que podrían leerse de manera independiente, para forjar una obra singular, desbordante, excesiva, con grandes momentos pero también con pasajes anodinos o directamente prescindibles.

Seguramente lo más llamativo de esta novela es su excepcional ambientación: pese a ser Palma un escritor español, el lector experimenta desde el principio la sensación de estar viviendo realmente en el Londres de aquella época, con sus calles, sus vestimentas, sus profesiones, su característico ambiente. Un marco escénico en el cual el escritor sitúa a personajes legendarios de la época, como El Hombre Elefante o Jack El Destripador, y los hace convivir no ya con otros creados con él, sino con algunos de los mejores escritores de aquel entonces (Bram Stoker, Henry James, Arthur Conan-Doyle), y en particular con H.G. Wells, padrino de la ciencia-ficción y probablemente el verdadero protagonista de la obra.

Otro gran acierto es presentar esta ucronía, de múltiples ramificaciones por mor de los viajes en el tiempo, como un romance científico, tan en boga durante aquellos años. Una tarea ambiciosa de la que Palma sale airoso tanto por temática como por estilo, sin que el resultado desmerezca en absoluto al logrado por ejemplo por el británico Christopher Priest en "La Máquina Espacial" (1976). Con el logro adicional que supone incorporar al narrador omniscente como una especie de personaje adicional que, como buen conocedor de todos los acontecimientos que se relatan, va guiando con desparpajo al letor por los episodios más relevantes.

En otro orden de cosas, las paradojas temporales que surgen al retorcer el autor el concepto de los viajes en el tiempo están en general bien resueltas, y dan lugar al que en mi opinión es, de lejos, el mejor capítulo de la novela: el intercambio de cartas entre Claire y Tom en la segunda parte, toda una exhibición a la hora de cómo ir encajando las distintas piezas en una historia futura ya conocida, además con la intervención destacada de Wells. Pero debo advertir que los viajes temporales están también tras muchos de los defectos que me impiden considerar al libro como una gran novela.

Para cualquier lector familiarizado con ellos, el más obvio es la paupérrima justificación que, tras nada menos que seiscientas páginas, ofrece finalmente Palma para justificar que los seres humanos hayan alcanzado su aspiración de viajar en el tiempo. Tan floja que de un plumazo deja todas las peripecias y las especulaciones leídas hasta entonces como un mero entretenimiento. La multiplicidad de universos surgida de esas paradojas sin restricción no sólo desorienta al lector en los últimos capítulos, sino que provoca que el final, además de pobremente resuelto, apenas cause impacto.

Pero otros defectos atañen directamente a la habilidad de Palma como escritor: la estructuración de la novela en esas tres partes relativamente inconexas ya es cuestionable a pesar de sus palpables esfuerzos por enlazarla en el tramo final. Y traslada la impresión de que se trata de un libro escrito a tirones, sin un plan para narrar unos hechos concretos, y rematado a trancas y barrancas con ese esfuerzo final de cohesión. Algo agravado por el hecho de que el interés de esas tres historias es desigual: la primera es una historia de amor simplona y de desenlace previsible; la segunda, otra historia de amor un poco más elaborada aunque difícil de aceptar, a causa de un decorado tan imposiblemente inmenso que supuestamente ningún visitante cuestiona al formar parte de él que realmente esté visitando el año dos mil; y sólo la tercera se acerca a lo que cabría esperar por riqueza argumental y episodios determinantes. Pero en todas ellas la prosa es claramente mejorable (páginas y más páginas de descripciones, diálogos que en ocasiones parecen monólogos), en todas ellas hay muchas páginas de relleno (intrahistorias como la de la tribu africana, reseñas biográficas como la del Hombre Elefante o la del propio Wells), y en todas ellas, ante el acechante aburrimiento, es fácil que el lector sienta, como sentí yo, la tentación de saltar la página hasta la que por fin se retoma la historia principal. Razones que me hacen difícil comprender el que la novela fuera galardonada con el Premio Ateneo de Sevilla. Y que también explican por qué, aunque en años posteriores Palma ha expandido "El mapa del tiempo" hasta convertirla en la "Trilogía Victoriana" con las adiciones de "El mapa del cielo" (2012), y "El mapa del caos" (2014), nunca me he sentido impelido a continuar su lectura.

sábado, 19 de noviembre de 2022

"Zig zag" (2006). José Carlos Somoza

Con la presente entrada continúo avanzando en mi recorrido cronológico por los escritores más representativos de la literatura de ciencia-ficción en España, a través de sus obras de referencia. Hoy le ha llegado el turno a José Carlos Somoza, a quien voy a reseñar a través de su novela "Zig zag". Somoza es seguramente uno de los autores de ciencia-ficción más populares y de más éxito de nuestro país. En parte porque no se ha limitado a escribir dentro del género, sino que ha sabido acercarse con acierto a otros géneros de mayor repercusión comercial. Géneros que, lógicamente, se dejan notar cuando escribe ciencia-ficción. Pero en ocasiones, como en la novela que les traigo hoy, su encuadre dentro del género, por la preeminencia del elemento científico, por la cobertura de lo que en el momento de su publicación era el futuro cercano, y por la especulación sobre las implicaciones de lo que en ella se descubre, está fuera de toda duda. Estamos, pues, ante un libro que, a partir de una trama de ciencia-ficción, se desarrolla como un thriller, y que, a pesar de una extensión excesiva y cierta recreación en la violencia, resulta tan amena como convincente desde el punto de vista científico.

Quizás el acierto más llamativo de la novela sea el relativo a la ciencia: fruto de una preparación concienzuda y un asesoramiento multidisciplinar, Somoza nos propone un recorrido científico de altos vuelos. Desde el sugestivo uso que realiza de la teoría de cuerdas para las partículas subatómicas, pasando por el casi inevitable acelerador de partículas, hasta llegar a una plausible recreación del mundillo científico (cursos, disertaciones, proyectos ocultos, envidias...). El elenco de roles expertos en diversas y complementarias materias también le permite al escritor sacar un notable partido de la contemplación de imágenes del pasado. E incluso la combinación de arquetipos como el solitario y sádico Valente, con la poco frecuente mezcla de inteligencia y belleza extremas que caracterizan a su protagonista Elisa Robledo, permite que la novela se aleje del convencionalismo.

Recurrir a un formato de thriller para aprovechar estos sólidos cimientos tal vez no sea la mejor decisión si lo que se desea es primar la carga especulativa de la novela. Pero sí resulta una opción acertada para anteponer el entretenimiento: la obra se lee con mucha fluidez, a menudo cuesta interrumpir la lectura y, a pesar de que a veces desprende un aroma a best-seller que puede restarle repercusión literaria, Somoza demuestra ser un narrador sólido.

Otros aciertos reseñables son la minuciosidad a la hora de localizar espacial y temporalmente la novela (con mención especial para todos los detalles que se proporcionan sobre los distintos lugares de Madrid en los que la sitúa), las ilustraciones que puntualmente enriquecen el texto, la habilidad narrativa para que los diversos saltos hacia delante y hacia atrás en el tiempo no desorienten al lector, y una solvencia como escritor que sitúa la obra a la altura de cualquier producción anglosajona de nivel medio.

Entre los defectos que me impiden considerarla una gran novela, el más obvio es su extensión: mal común de estos tiempos, resulta especialmente obvio durante su primer tercio, demasiadas páginas y detalles sobre supuestos espionajes que se podrían haber resuelto en muchas menos cuartillas. En otro orden de cosas, que se produzcan muertes en una novela así parece inevitable, pero Somoza tiende a recrearse en detalles desagradables, casi obscenos, provocando que la violencia adquiera una relevancia excesiva. Algo parecido sucede con el frecuente empleo de barbarismos, o con las recurrentes referencias sexuales (incluidas las onanistas). Y el continuo recurso de ocultar tácitamente información al lector, de cerrar cada capítulo con una nueva alusión a "lo peor está por llegar", resulta tan evidente como cansino.

El final, aun pecando también de esos mismos defectos (longitud y trucos), sabe centrarse en lo que está experimentando cada personaje, y resulta razonablemente explicativo para la complejidad de lo narrado, lo que favorece la impresión final de lo que podría haber sido una gran novela, pero se queda en una lectura recomendable.

martes, 1 de noviembre de 2022

"Danza de tinieblas" (2005). Eduardo Vaquerizo

Con la presente entrada prosigo la reseña en orden cronológico de obras emblemáticas escritas por los principales autores de ciencia-ficción en España. Cruzamos ya la frontera del siglo XXI para hablarles de uno de los principales escritores que siguen representando el género en nuestros días: el madrileño Eduardo Vaquerizo. Un escritor que alcanzó popularidad y reconocimiento con la novela que hoy les presento: "Danza de tinieblas". Hasta tal punto que con el transcurso de los años esta novela ha derivado en trilogía, gracias a las secuelas "Memoria de tinieblas" (2013) y "Alba de tinieblas" (2018). Y es que "Danza de tinieblas" nos ofrece una ucronía original, con personalidad, bien ambientada, que recrea un Madrid alternativo en la primera mitad del siglo XX muy interesante desde el punto de vista social, pero que en mi opinión adolece de una trama débil, reiterativa y no muy bien presentada.

Sin duda la razón principal del reconocimiento y el éxito de la novela radica en su adaptación a la historia de España de la corriente steampunk que surgió dentro del subgénero de las ucronías a finales de los años ochenta, ambientado fundamentalmente en una Inglaterra victoriana alternativa caracterizada por sus mayores avances tecnológicos. En este caso el punto Jombar del que parte Vaquerizo (la ascensión al trono de Juan de Austria tras la repentina muerte de Felipe II) resulta tan factible como estimulante. Y el devenir histórico de los trescientos cincuenta años posteriores afianza muchas de las características del Siglo de Oro español, a las que el escritor añade unas dosis de modernidad industrial, creando un conjunto reconocible y atractivo.

A lo anterior debemos añadir un protagonista bien caracterizado (Joannes Salamanca), en el que conforme avanzan los capítulos iremos viendo crecer su resistencia a la adversidad, unos personajes secundarios reconocibles y que complementan bien el panorama (Fray Faustino, el Duque de Mier, Rebeca), y unos avances tecnológicos que, aunque basados en el carbón y en la incipiente electricidad, se presentan de forma verosímil como parte de esta historia alternativa.

Otra fortaleza de la novela es el Madrid de 1927, fácilmente reconocible en sus barrios y calles similares a las reales (desde el Paseo de la Castellana hasta Mirasierra), pero adaptado en su realidad a esta sociedad alternativa, llena de desigualdades sociales, sucia, esforzada y abarrotada. Algo a lo que contribuye la presencia en ella de todos los centros de poder (el Rey, los nobles, la Alhama judía, los cuerpos de seguridad...).

El principal problema de la novela es la endeblez de su trama. Una vez puestos en situación tras la función en el Teatrón y el crimen en Lavapiés, y hasta prácticamente la mitad del libro, la intriga se plantea como una fatigosa reiteración de encuentros en lugares sórdidos, en los cuales Joannes y el fraile, aparte de recrearse en el ambiente, no avanzan prácticamente nada en sus pesquisas. La sensación de novela que no avanza, de repeticiones vacuas, es poderosa y decepcionante. Cuando al fin Joannes se convierte en el chivo expiatorio de los asesinatos y empieza a ser perseguido, el libro mejora, pues el ritmo aumenta y la trama se convierte esencialmente en una historia de supervivencia, pero la intriga sigue mal desarrollada, y Vaquerizo no logra crear el clímax final.

A ello tenemos que sumarle algunas situaciones en las que Joannes sale indemne de manera excesivamente forzada, unos personajes cuyo esclarecimiento final resulta decepcionante (el fraile, el Duque), el surgimiento repentino y cercano al final del gremio de relojeros como poder en la sombra de todos los asesinatos, el recurso a unos gólems más míticos y fantásticos que creíbles a la hora de cometer los crímenes, y ciertos detalles como una vestimenta que apenas ha variado en más de tres siglos, o pasajes en los que el transcurrir del día hasta llegar a la noche presenta inesperadas inconsistencias.

El desenlace, más farragoso y violento que clarificador, sin que la naturaleza real de Rebeca constituya ninguna revelación, y con la no muy bien presentada alianza de Joannes con el judío Shlomo como colofon, no resulta satisfactorio. Y resultó ser la razón última por la que hasta el día de hoy no me he animado a leer las dos novelas anteriormente mencionadas: desde mi punto de vista, con el primer libro es suficiente.

lunes, 17 de octubre de 2022

"El enfrentamiento" (1996). Juan Carlos Planells

Con esta entrada continúo mi recorrido en orden cronológico por los principales escritores que han marcado la ciencia-ficción en España. Llegamos al año 1996, que fue cuando vio la luz "El enfrentamiento", de Juan Carlos Planells. Que para mí es, sin duda, una de las mejores novelas de la lista. Planells fue un escritor maldito, aficionado empedernido al género (al que contribuyó con innumerables reseñas y críticas, así como con un puñado de relatos y dos novelas), que siempre estuvo marcado por una sensación de fracaso, de valía no reconocida, hasta que murió casi en la indigencia en 2011, a la temprana edad de 61 años. Pero como al final lo relevante de todo creador es su legado, nos dejó como muestra de su talento la obra que les traigo hoy. Una novela ágil, muy bien escrita, que acerca a la cultura y la producción literaria españolas uno de los temas clásicos de la ciencia-ficción. Probablemente si hubiera sido pulida por algún editor con instinto e inteligencia, se habría convertido en uno de los clásicos por excelencia del género en España.

El tema de los universos paralelos no es nuevo, pero el enfoque de Planells sí es original: se centra en exclusiva en dos únicos universos, entre los años 1971 y 2009, y sitúa la narración casi exclusivamente en Barcelona. Todo ello le permite entroncar su novela con tantas otras de nuestra literatura patria ambientadas en la Ciudad Condal durante la segunda mitad del siglo XX, y emparentar su creación con las muchas ucronías en las que el Tercer Reich fue el vencedor de la Segunda Guerra Mundaial, presentando así una singular España dominada por los nazis.

Con esta base tan sólida, a Planells sólo le queda desplegar su llamativa solvencia como escritor: capítulos de duración casi siempre ajustada a lo que en ellos pretende narrar, descripciones precisas y asimilables, diálogos fluidos, un uso prácticamente irreprochable del idioma... Ese dominio del oficio y el interés por lo narrado provocan que resulte complicado interrumpir la lectura. Máxime cuando las páginas, especialmente las del primero de los dos libros que mayoritariamente la conforman, presentan una sociedad decadente y conformista, pero presidida por la omnipresente sensación de que algo grave se está gestando.

El empleo que hace el escritor del recurso de las "dos Barcelonas" es bastante acertado, primero eligiendo a un subconjunto de personajes común a ambos mundos, después respetando las particularidades e historia de cada uno, y finalmente uniéndolos en un plan terrorista que resulta fallido, como no podía ser de otra forma en una novela que destila un familiar pesimismo vital. Incluso la manera casi "científica" de relacionar ambos universos, con tan sólo unos pocos lugares y personajes desdoblados, resulta solvente dentro de la innegable dificultad que entraña dotar de cierta verosimilitud a este tema.

No es ésta una novela de graves defectos, pero le habría venido muy bien haber sido pulida para haber resultado irreprochable. Quizá lo más obvio sea el hecho de que algunos tramos habrían requerido un mayor desarrollo, para calibrar mejor los roles de determinados personajes, y comprender así mejor sus inquietudes. Asimismo, algunos pasajes del Libro Segundo habrían merecido una re-escritura para llevarlo al nivel del Primero. Por otra parte, el desenlace es un tanto previsible y parcial, a causa de los cabos sueltos que deja. Y por último, sobran claramente exabruptos y, para los que no dominamos el catalán, algunos nombres femeninos en ese idioma (Mercé, Ángels, Assumpta) pueden llevarnos a confundir personajes.

En todo caso, lo fascinante de las dos Barcelonas alternativas, capítulos impactantes como casi todos los que se ocupan de Pilar Bremen, y unas bien distribuidas dosis de novela policíaca, la convierten en una lectura claramente recomendable.

domingo, 9 de octubre de 2022

"El mundo de Yarek" (1993). Elia Barceló

Una entrada más prosigo con mi revisión en orden cronológico de los principales autores que han escrito ciencia-ficción en España. La de hoy es una entrada especial porque se trata de la primera que dedico a una escritora: al igual que sucedió en los países anglosajones, durante sus primeras décadas de existencia la literatura de ciencia-ficcion española fue esencialmente un géneros escrito (y leído) por hombres. En Estados Unidos ello comenzó a cambiar a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, pero dado el habitual retraso a la hora de abrazar las nuevas corrientes literarias de nuestra nación, no fue hasta los años noventa cuando algunas autoras patrias empezaron a adentrarse en este apasionante mundillo. Y sin duda, la que mayor repercusión alcanzó (y ha mantenido a lo largo de las siguientes décadas, con una obra literaria ya mayoritariamente encuadrada fuera del género) fue la alicantina Elia Barceló. Que en 1993 ya había escrito una serie de relatos que la habían dado a conocer, pero que recibió el espaldarazo definitivo como escritora con "El mundo de Yarek", la cual se alzó con el ya por entonces prestigioso Premio UPC de novela corta, y que desde entonces ya ha sido reeditada en varias ocasiones. Se trata de una novela humana, bien escrita, sobre el destino de un xenólogo a un planeta yermo, hecho que propiciará variadas e interesantes reflexiones.

Con un estilo que inevitablemente recuerda a la escritora del género por excelencia (Ursula K. LeGuin) por su respeto a la naturaleza y por la profesión de su protagonista, Barceló nos va relatando sin apenas tregua los graduales descubrimientos que sobre el planeta Yermo va realizando Lennart Yarek, su protagonista. Los cuales van influyendo en su revisión del sentimiento de culpa que preside su destierro, en sus exploraciones, y en las decisiones que irá tomando para proteger a los iloi, los habitantes de aspecto humanoide con los que se encontrará. Aunque habría venido bien algo de pausa, el lector va comprendiendo el mundo interior de Yarek y, aun sin ser un personaje particularmente agradable, llega a interiorizar con él. A menor escala, otros aciertos sustentan la novela: un elemento científico solvente en su discreto segundo plano, que confiere verosimilitud a la capacidad de supervivencia de Yarek, unos capítulos cortos pero llenos de situaciones, y una profundidad que se aleja de los ciclés habituales de la ciencia-ficción.

No obstante, Barceló se toma varias licencias literarias que cuestionan el resultado final: el mero destierro a un planeta completamente inexplorado se antoja una pena excesivamente extrema para una sociedad que suponemos avanzada; la vertiginosa conversión del páramo inicial que es Yermo en un paraíso desconocido hasta entonces para la comunidad científica tampoco parece realista; menos aún que del resultado de la cópula de Yarek con la iloi Jara resulte un ser vivo perfectamente viable; y menos incluso que ese ser vivo, Nova, carezca de herencia genética humana alguna.

Con todo, lo que en mayor medida impide considerar esta novela una obra redonda son sus dos capítulos finales. El salto narrativo propuesto por Barceló en ellos resulta difícil de asimilar. Pero es que, además, las elucubraciones de los jueces sobre el veredicto a emitir respecto al comportamiento de Yarek en Yermo resultan confusas. Incluso aunque la escritora intente justificar científicamente todo lo sucedido en los capítulos anteriores, el detonante de su deslocalización por una parte, y la necesidad de emitir un veredicto, por otra, resultan poco convincentes. Claramente un final menos disruptivo, y que volviera como Yarek a modo de cierre, le habría restado menos puntos a una novela que, aun así, merece una lectura.

domingo, 25 de septiembre de 2022

"Edad: 143 años" (1989). Jordi Sierra i Fabra

Con la presente entrada prosigo mi recorrido cronológico por los escritores más relevantes de ciencia-ficción en español. Ha llegado el turno de hablarles del barcelonés Jordi Sierra i Fabra, a través de una de sus novelas de ciencia-ficción más representativas: "Edad: 143 años". Para quienes no lo sitúen, Fabra es un prolífico autor (más de quinientos libros), que sobre todo es reconocido como escritor de libros para un público infantil y juvenil. Aunque también ha publicado decenas de libros sobre temática musical, centrados en algunos de los artistas de música contemporánea más relevantes de las últimas décadas. Semejante caudal creativo no ha sido, sin embargo, obstáculo para que Fabra se haya adentrado en algunas ocasiones en la literatura de ciencia-ficción, hasta convertirse en un nombre importante dentro del género. Siendo quizás la novela que reseño hoy su aportación más conocida al mismo: publicada originalmente en la colección Ultramar que dirigía, como ya comenté hace un par de entradas, el insigne Domingo Santos, su calidad y su temática han provocado que se haya reeditado frecuentemente desde entonces, correspondiendo la imagen que ilustra esta entrada a la reedición más reciente. Y es que el libro ofrece un meritorio y equilibrado acercamiento a la cuestión de la hibernación, con una encuesta pública ante la justicia como vehículo para desarrollar argumentos y contraargumentos, una vertiente sentimental muy adecuada (aunque un tanto esperable), y una extensión comedida que facilita la lectura.

Desarrollar una novela en torno a un juicio es sin duda más habitual en la literatura anglosajona que en la hispana, y quizá por eso la novela puede leerse sin prejuicios sobre el lugar donde fue escrita. Además, el juicio permite estructurar de manera sencilla la obra: con capítulos cortos que combinan las comparecencias de los testigos y los avatares personales del protagonista Juan Carlos Galí en los interludios, la narración es dinámica, y en ningún momento se va por las ramas. Además, Fabra realiza un exhaustivo análisis de las ventajas e inconvenientes de la hibernación desde diversas perspectivas (económica, política, sociológica, filosófica), y lo hace siempre desde la argumentación, permitiendo que el lector reflexione junto a él, en lo que constituye tal vez el mayor logro de la novela.

Otros aciertos reseñables desde mi punto de vista son: la sociedad de finales del siglo XXI, muy razonablemente evolucionada respecto a la actual (a pesar de detalles como el uso de disquetes...); la preocupación por la vertiente sentimental de la familia de Galí (potenciada por el Síndrome de Inmunodeficiencia Cerebral que Fabra inventa y establece para su hijo Jan); la interrelación que imagina entre los centros de poder (la banca - la justicia - los medios de comunicación); y la osadía de Galí recurriendo a su testigo de 145 años.

Lamentablemente, algunos defectos impiden considerarla un clásico de la literatura de ciencia-ficción en español. La encuesta pública ya es por sí misma una propuesta cuestionable, pero el fallo más obvio es la previsibilidad: desde el momento en que Jan entra en escena, el lector intuye el rol que va a desempeñar; lo mismo cuando Galí une el destino de los hibernados a la derogación de la ley anti-hibernación; incluso resulta sencillo anticipar la enfermedad de Struer. Otros defectos menos relevantes son el esquematismo de la mayoría de personajes (más propio de una cualquiera de las novelas juveniles del escritor), la omisión de roles que deberían ser clave en el juicio (como los herederos, o los albaceas de los testamentos), y en general, cierta renuencia a profundizar en los acontecimientos, en una aproximación que recuerda a las de las novelas de la Edad de Oro de la ciencia-ficción.

No obstante, a pesar de estos defectos el resultado final es claramente satisfactorio, y por ejemplo no desmerece respecto al nivel medio de los títulos editados por Ultramar en su recordada colección. Lo que considerando algunos de los autores y de las novelas publicadas en la misma, es decir mucho. Y explica por qué la novela sigue mereciendo el interés de los editores.

domingo, 4 de septiembre de 2022

"Mundos en el abismo" (1988). Juan Miguel Aguilera y Javier Redal

Una nueva entrada continúo por mi revisión de los principales escritores de ciencia-ficción en España, a través de sus obras más representativas. Hoy les voy a hablar de dos autores no reseñados hasta el momento Juan Miguel Aguilera y Javier Redal. Con los que quedó inaugurada para el gran público una práctica poco habitual en nuestro país: la creación de novelas de ciencia-ficción "a cuatro manos". Algo frecuente en los países en los que surgió el género (baste mencionar, por ejemplo, a Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth y sus espléndidas novelas los años cincuenta, o a Larry Niven y Jerry Pournelle, que alcanzaron la cima en los años setenta), pero infrecuente hasta entonces en España. Estos dos escritores valencianos rompieron esa soledad creativa del autor único con la novela que hoy reseño: "Mundos en el abismo". La cual, ademas, constituyó un hito por otras varias razones: fue la primera con una fuerte base científica en nuestro país, y dio lugar a varias secuelas a lo largo de los años, hasta conformar una saga que, salvando las distancias, podríamos emparentar con sagas míticas como la Fundación o Dune: se trata de la saga de Akasa-Puspa, así conocida por el cúmulo globular en el que transcurre, en el exterior de la Vía Láctea. Y es que, pese a sus altibajos, estamos frente a una novela muy ambiciosa, con un glosario de términos específicos, y varias ilustraciones que representan naves, alienígenas y marcos escénicos, rica en contenido y bien llevada, razones por las cuales las secuelas surgieron de manera natural. Aunque debo advertirles que no es un libro de lectura fácil.

El comienzo en particular es enormemente arduo: un marco escénico con gran cantidad de conceptos y términos desconocidos, que obligan una y otra vez a consultar el glosario al que aludía antes. Pero si tiene suficientes ganas de proseguir la lectura, el lector poco a poco se irá situando. Y descubrirá tres frentes complementarios e igualmente fascinantes: el Imperio, la Hermandad y la Utsarpini. Justo aquí aparece el primer defecto serio de la historia: pese a lo adecuado del resumen con los personajes principales que nos proporcionan, aparecen en escena, con trazos gruesos, varios personajes que al poco desaparecerán por completo de la narración: Khounde, Srila, Goswani... Da la impresión de que Aguilera y Redal fueron modificando sobre la marcha su idea inicial de la trama. Y eso no beneficia a su creación.

Pero tanto los antecedentes históricos como la situación socio-política, con un papel preponderante de la ciencia, están en un nivel medio similar al de muchas producciones anglosajonas. Akasa-puspa, con esas distancias relativamente cortas entre estrellas que posibilitan los viajes interestelares, es un marco escénico complejo, coherente físicamente, y con una riqueza cultural comparable a su tamaño. La estructura de los planetas se basa acertadamente en la idea del ascensor espacial de Charles Sheffield / Arthur C. Clarke, y el ambiente de las complejas naves está logrado: rígido en la rudimentaria Vajra, grandilocuente y vacuo en la descomunal Vijaya. Todos ellos grandes logros.

El descubrimiento de la esfera es el acontecimiento que introduce el sentido de la maravilla, tan necesario en la ciencia-ficción. Y la gran cantidad de hipótesis y posibilidades al respecto consiguen cautivar al lector. Pero dado que la novela no es excesivamente larga para todo lo que encierra, los acontecimientos se precipitan, y no con total claridad: la toma de la Vijaya, por ejemplo, resulta de una violencia excesiva, y quedan varios transbordadores con no se sabe bien quiénes a bordo, flotando por algún sitio. Y si bien las páginas de desolación en la esfera, así como la rudimentaria existencia de los esferitas, me parecen aciertos incuestionables, una vez tras otra los escritores insisten en contraponer ciencia y religión, de manera tan vehemente que pueden llegar a cansar al lector.

El final es probablemente el esperado: más que terminar la narración, la interrumpen, pues hay demasiados elementos en juego como para renunciar a continuar con la historia. Algo no necesariamente reprobable, pues a lo largo de toda la novela había primado la ambientación sobre la trama. Y que en parte quedaría subsanado en el resto de novelas que a día de hoy conforman la saga: "Hijos de la eternidad" (1990), "El refugio" (1994), "En un vacío insondable" (1994) y, ya escrita por Aguilera en solitario, "Mundos y demonios" (2005). Una vastedad literaria que ha ido pareja al interés despertado, pues como ilustra la imagen que acompaña esta entrada, recientemente se ha reeditado esta primera novela. Aunque debo reconocer que, a pesar del reconocimiento alcanzado por la misma y por varias de sus secuelas, la complejidad argumental y la cierta frialdad de lo narrado provocaron que, hasta la fecha, no haya proseguido con las siguientes novelas que la conforman. Pero no descarto hacerlo en un futuro.

martes, 23 de agosto de 2022

"Hacedor de mundos" (1986). Domingo Santos

Con la entrada que les traigo hoy continúo mi recorrido en orden cronológico por los principales escritores y obras de ciencia-ficción en España. Ha llegado el momento de hablarles del que seguramente ha sido el mayor contribuidor a la difusión de este género literario en nuestro país: Pedro Domingo Mutiñó, más conocido como Domingo Santos. Quien aparte de un notable escritor, autor de más de una decena de novelas "para adultos" (la última de las cuales es precisamente la que les traigo hoy), fue un incansable traductor de las mejores obras del género, además de editor pertinaz y director de algunas de las más relevantes colecciones de nuestro país. Toda una institución, cuya fama es incluso inferior al reconocimiento que merece. Y que explica que incluso en la actualidad el congreso español de ciencia-ficción entregue cada año un premio literario que lleva su nombre. Por no mencionar que, indudablemente, es uno de los principales responsables de que yo haya mantenido mi pasión por este género literario a lo largo de varias décadas.

Domingo fue un escritor fuertemente influido por la ingente cantidad de obras que tradujo, lo que proporcionó a su bibliografía una profundidad temática y una calidad literaria que sin duda sorprendería a quienes desde la ignorancia aún desprecian este maravilloso género. Algo que se hizo particularmente patente en "Hacedor de mundos", la novela que reseño hoy. Cuando fue publicada en 1986, Domingo era precisamente el director de Ultramar Grandes Éxitos de Bolsillo, así que aprovechó esta circunstancia para dar salida a su última gran obra en esta editorial, que por aquel entonces estaba publicando masivamente obras de escritores anglosajones relativamente emparentados estilísticamente con Domingo (Robert Silverberg, Bernard Wolfe, Tomas M. Disch, Philip José Farmer). Y es que, aunque con algunos altibajos, es ésta una novela satisfactoria, que no desmerece el nivel medio de dicha colección, y que en mi caso sirvió para desmontar los tabúes que mantenía hace casi treinta años con respecto a la literatura de ciencia-ficción española.

Y es que la idea central del libro, aunque quizá nos parezca demasiado descabellada para la ciencia actual, es muy interesante: se desconoce la magnitud del poder del protagonista, pero se adivinan unos cuestionamientos de la realidad con reminiscencias de Philip K. Dick que captan la atención del lector. En mi opinión, el comienzo es lo mejor de la novela: la dramática situación de Cobos se presenta con habilidad narrativa, y su salvación da paso a unos capítulos fascinantes. Citar entre ellos la entrevista con Pagot, la toma de contacto con los Dórleas, o simplemente la magnitud del poder. Por otra parte, como adelantaba antes, la prosa de Santos es fluida, y con un vocabulario más que notable, lo que facilita el disfrute. Tal vez abuse en su gusto por el detalle (sobre todo en las frases que suele emplear para acompañar a una conversación), y en la recurrente sustitución del impersonal por la segunda persona, pero esta novela es una buena muestra de que sus cualidades como escritor quedaban fuera de toda duda.

Es cierto que, una vez la situación queda completamente planteada, el interés desciende. Desde mi punto de vista, Santos recurre en demasía al elemento sexual entre la pareja protagonista, y deja un tanto de lado su compenetración a otros niveles. En particular el capítulo de las visiones oníricas llega a fatigar por su delirio, y hace temer al lector más páginas de ese tipo. Pero afortunadamente el autor aprovecha su conocimiento de ciudades como París y Ginebra para, a partir de ahí, relanzar la historia. A pesar de lo cual la hermandad de poseedores del poder me parece demasiado endeble, y su aniquilación no se narra con la suficiente chispa. Tampoco termina de calar en el lector la idea de que la supremacía del poder se haya clarificado completamente, así que tras unas páginas de sospechosa calma, no sorprende en demasía la aparición de los verdaderos ostentadores del poder. Pero las reflexiones que se plantean entonces sobre su influencia en el pasado y en el futuro de la humanidad sí que son de gran interés, y se adaptan perfectamente a la idea construida por él. Y el "nuevo" desenlace sí está a la altura de lo esperado, en especial unas referencias religiosas que contribuyen a mejorar la impresión global de una obra que, treinta y cinco años después, admite una lectura rigurosa por todo buen aficionado al género.

"Frontera oscura" (2020). Sabino Cabeza

La entrada de hoy nos acerca al final del recorrido que llevamos casi un año realizando por los principales autores que han escrito cienci...