domingo, 19 de febrero de 2017

Gloriana o la reina insatisfecha (1978). Michael Moorcock

Una nueva entrada prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas para el lector en español del subgénero de las ucronías, uno de los más fascinantes dentro de la literatura de ciencia-ficción. Voy a reseñar en esta oportunidad "Gloriana o la reina insatisfecha", del escrito británico Michael Moorcock. Una novela con casi cuarenta años de antigüedad, pero que no vio la luz en nuestro idioma hasta hace apenas un lustro, por lo que probablemente sea la ucronia menos conocida de las que he reseñado hasta ahora en este blog. Se trata de una en mi opinión excesivamente extensa (más de quinientas páginas) e innecesariamente fantasiosa historia alternativa sobre la Inglaterra del siglo XVII. Pero con el suficiente número de acontecimientos entre sus páginas, y con unos personajes principales lo suficientemente atrayentes como para justificar su lectura.

"Gloriana" es una novela difícil de categorizar, que exige una mente abierta y un esfuerzo consciente por parte del lector. Para mí es sobre todo una ucronía, y por eso la he incluido en la presente selección. Incuso aunque Moorcock no se moleste en presentar el hecho divergente que alteró el curso de la historia inglesa hasta llegar al rey Hern y su sucesora Gloriana, evidentemente inspirados en Enrique VIII e Isabel I (de hecho, Moorcock sólo intenta una tímida justificación mediante la teoría de las esferas múltiples que se comunican en determinados puntos del devenir histórico). También trata con el rigor suficiente su historia alternativa (con avances tecnológicos, vestimentas, tradiciones y ceremonias muy similares a las de la historia real) como para poder considerarla una novela de ciencia-ficción más que una simple novela de fantasía (conviene recordar que se alzó con el prestigioso premio John W. Campbell de 1978 a la mejor novela de ciencia-ficción de ese año). Aunque también se apoya en unos pocos elementos fantásticos que pueden incomodar a lectores rigurosos (algunos intrascendentes para el desarrollo, como los autómatas o el Thane de Herminston, pero uno en concreto muy relevante para la misma: un submundo oculto entre las paredes del Palacio Real francamente inverosímil por extenso y por desconocido desde el exterior). Incluso puede parecer por momentos una novela erótica o de aventuras. Se trata, en suma, de una obra muy original.

Como decía, un puñado de personajes logrados contribuye decisivamente a mantener el interés de esta larga novela. Aunque no es el caso de Gloriana, la supuesta protagonista, conceptualmente provocativa pero con vaivenes de comportamiento demasiado bruscos que le restan credibiidad. Pero sí el del vil capitán Quire, quizá el auténtico protagonista, que considera su vileza un arte, y el del canciller Montfallcon, verdadero poder en la sombra de Albión. Y el de otros personajes más secundarios como Thomas Ffynne, la condesa de Scaith o el doctor John Dee. Si bien es cierto que la novela empieza explorando estos y otros tantos personajes y tarda en dar con la línea narrativa más adecuada.

Porque durante los dos primeros tercios de la novela se alternan capítulos donde estos personajes y sus actos captan nuestra atención con otros muchos irrelevantes, largos, sin sustancia, meramente descriptivos. Debo reconocer que la prosa de Moorcock no es demasiado recargada, por lo que aumentando la velocidad de lectura el lector los puede "vadear" sin desesperarse, pero es incuestionable que con ciento cincuenta o doscientas páginas menos y una mejor orientación de la trama la novela ganaría mucho. Por otra parte, además de los capítulos superfluos, los elementos inverosímiles y la fallida Gloriana, otros defectos menores afectan a la impresión final: el "bombardeo" de personajes en los primeros capitulos, imposible de asimilar; el poco logrado enfrentamiento entre Montfallcon y Quire, tan determinante para la novela; las a menudo pedantes poesías y canciones que intercala Moorcock; y una traducción claramente mejorable.

A cambio, en su historia alternativa Moorcock propone un sugestivo panorama internacional, con Albión al frente del Orbe desde Virginia hasta Catay, y Polonia, Arabia y Tartaria como principales potencias rivales. En el cual las religiones monoteístias carecen por completo de relevancia, al igual que el Imperio Español, y en el que el precario equilibrio internacional se tambalea a consecuencia de las intrigas y muertes que Moorcock relata en Londres. Asimismo proporciona un abundante material especulativo (normalmente subyacente a lo narrado), a través del cual Moorcock desmitifica tanto los logros del reinado de Isabel I como su soltería, además de cuestionar las cloacas del poder que sustentan la supuesta Edad de Oro en la que se sitúa la novela.

Y no debo terminar sin resaltar cómo Moorcock va haciendo converger todos los elementos presentados hasta alcanzar el clímax en el memorable capítulo XXXIV. Violento, controvertido y políticamente incorrecto, pero francamente eficaz como colofón de lo narrado y lo especulado. Con el aliciente adicional de la inclusión por parte de la editorial Marlow del capítulo alternativo que escribió Moorcock años más tarde tras las críticas recibidas. Un capítulo más políticamente correcto que el original pero sin embargo más inverosímil y paradójicamente de igual conclusión. Y que constituye una razón de peso para continuar hasta el final la lectura de esta dilatada y singular novela, a pesar de sus defectos.

domingo, 5 de febrero de 2017

En el día de hoy (1976). Jesús Torbado

Retomo con la presente entrada la reseña de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más interesantes dentro de la ciencia-ficción. Y lo hago con una novela muy especial: "En el día de hoy", del español Jesús Torbado. Por varias razones. La primera, por tratarse de un escritor que a buen seguro no se considerará a sí mismo un autor de ciencia-ficción. La segunda, por tratarse de una novela que no se publicó en el gueto de la ciencia-ficción, sino que vio la luz nada menos que como Premio Planeta (el mejor retribuido en lengua española, y de gran difusión) de 1976. Y la tercera por tratar del tema (o uno de los pocos temas) que posiblemente más interesen al lector en español, sea o no aficionado a la ciencia-ficción: una ucronía en la que la Guerra Civil la ganó el bando republicano. Quizá todas estas razones les hagan cuestionarse qué hace este título en este humilde blog. Pero lo cierto es que la novela encaja en mi selección tanto en lo relativo al rigor cuasi-científico (situaciones y personajes están presentados con la máxima verosimilitud histórica posible), como en el siempre necesario sentido de la maravilla (sabiamente logrado otorgando roles invertidos a vencedores y vencidos en el conflicto bélico). Y además, es la única novela de mi selección que se aleja de las temáticas habituales en las ucronías anglosajonas. Así que creo que lo correcto es hacerle un hueco junto a ellas y dedicar unos párrafos a reseñarla.

Porque además la trama es aún más sugestiva de lo que he explicado hasta ahora: efectivamente Torbado nos presenta una ucronía en la que los republicanos se consolidan en el poder justo tras el final de la Guerra Civil, pero en la que los nazis prosiguen su irrefrenable expansión por Europa, lo que permite a sus personajes interactuar con el fascismo italiano o el nazismo alemán. El problema es que Torbado no logra crear una auténtica novela con su introducción, su nudo y su desenlace. Aunque la obra se deja leer por la cantidad de personajes históricos que pueblan sus páginas y por la abundancia de "postales" sobre la vida en esta historia alternativa de 1939-1940.

Sin duda el primer punto fuerta de la novela es la recreación de un buen puñado de personajes históricos que mantienen sus rasgos físicos y de personalidad en esta historia alternativa. Con mención especial para Ernest Hemingway, quizá el más relevante de sus múltiples protagonistas, pero con abundantes episodios por los que desfilan Franco, Carrero Blanco, Indalecio Prieto, La Pasionaria, Besteiro, el general Salazar, Serrano Suñer, Alfonso XIII... incluso Adolf Hitler. Sus actos no son casi nunca demasiado relevantes ni llamativos, pero bastan para entretener al lector con su componente especulativa. Como lo hace el segundo gran acierto de la novela: la gran cantidad de escenas cotidianas en esta posguerra alternativa. Ambientadas sobre todo en un Madrid muy bien caracterizado y con rincones entrañables com el Florida o la Colmena, pero también en Roma, Berlín, Barcelona, La Habana... Reflejando las pequeñas vidas espartanas de la gente anónima, al tiempo que los centros de poder de la época.

Otros aciertos son los esfuerzos por justificar por qué la Guerra se decantó para el bando republicano (la batalla del Ebro), la minuciosidad y el afán de verosimilitud a la hora de mostrar el destino que siguió otro montón de personajes históricos tras el fin de la contienda, la vida de sacrificio y penurias que siguió siendo norma en la gente corriente a pesar de que los vencedores fueran otros, una propuesta muy sensata y hasta esperable, y la ausencia de una defensa clara de uno de los dos bandos (al fin y al cabo en cualquier guerra todos los bandos acaban perdiendo), lo que evita que lectores ideológicamente poco receptivos puedan rechazarla.

Pero todo esto queda eclipsado por la ausencia de una auténtica trama novelada. No es que no sucedan algunas cosas (sobre todo a nivel de política nacional e internacional: desde unas nuevas elecciones hasta la invasión alemana), pero el elenco de personajes principales (Aniceto, Alejo, Sim, Hemingway, Fabiani...) es más espectador de lo que sucede a su alrededor que auténtico protagonista de sus actos. Ninguno de ellos nos plantea un auténtico nudo que haya que desenlazar. Con lo cual no hay intriga, ni apenas acción, ni un auténtico final, sino una sucesión de capítulos sin hilazón clara y de interés muy variable.

Otros defectos de menor entidad que contribuyen a que mi impresión final sea sólo discreta son: el fracaso del autor a la hora de crear episodios realmente humorísticos o sarcásticos; escenas que no aportan absolutamente nada (baste recordar todas las páginas dedicadas a La Habana, o la visita de Franco a Argelés-sur-Mer); la aparición muy tardía de personajes para completar la novela (da la impresión de que Torbado se quedó atascado cerca del final y tuvo que recurrir a Fabiani y Ramón); y una estructuración muy poco clara, con partes no muy delimitadas por su contenido y de títulos a menudo confusos.

sábado, 14 de enero de 2017

Más de 50.000 páginas vistas: más de 50.000 gracias



Interrumpo momentáneamente la revisión de las novelas de ciencia-ficción que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías para dedicar una entrada a un hito que a nivel personal nunca me planteé alcanzar: haber superado las cincuenta mil páginas vistas en este humilde blog. Así que permítanme una pequeña reflexión al respecto.

Cuando en el año 2011 me animé a iniciar un blog sobre la literatura de ciencia-ficción, mi primera y casi única pretensión era encontrar una forma de seguir compartiendo una de mis muchas pasiones, toda vez que mi nueva vida como padre de familia me había cercenado de manera importante la posibilidad de compartir esta pasión de manera regular con mi círculo habitual de amigos aficionados. Así que, basándome en las notas que había tomado a lo largo de los veinticinco años anteriores sobre algunos cientos de libros de este maravilloso género, fui sin más criterio que mi intuición buscando temas que pudieran aportar un enfoque diferente y accesible tanto a legos como a veteranos, para de esta forma exponer mis reflexiones y puntos de vista sobre un ámbito tan maravilloso y a la vez tan minoritario para el público de habla hispana como la literatura de ciencia-ficción. Poco a poco surgieron diversos temas con los que ir estructurando el contenido del blog (libros esenciales, libros favoritos, libros decepcionantes, sagas, mi escritor favorito...) a la vez que el número de páginas vistas y de seguidores iba aumentando exponencialmente. Hasta llegar al hito de las cincuenta mil páginas en poco más de cinco años.

Alcanzar tal volumen de visitas me parece todo un éxito para un género que, a diferencia de su para mí enormemente inferior equivalente cinematográfico, ha sido y es minoritario. Más si tenemos en cuenta que a menudo me detengo en libros que ni siquiera están disponibles en las librerías y tiendas en línea especializadas. Y todavía más si tenemos en cuenta que simplemente se trata de las reseñas de un aficionado al género, que dista mucho de haber leído el volumen de libros de cualquier especialista en el género. En 2011 tenía claro que seguiría disfrutando del género al margen de la relevancia del blog, pero no me planteaba "aguantar" un número determinado de entradas; algo más de cinco años más tarde la relevancia del blog en mi afición ha crecido hasta llegar a determinar mis próximas adquisiciones literarias, orientadas en muchos casos a las próximas temáticas que tengo en mente. Por lo que espero que mis ganas de continuar enriqueciéndolo perduren al menos tantos años como los ya transcurridos.

No podría cerrar esta breve entrada sin agradecer a todos los que se han detenido en una o más entradas de este blog, se han convertido en seguidores del mismo e incluso lo han enriquecido con sus comentarios. Tanto de España como de otros países, puesto que para mi sorpresa más de la mitad de las visitas han procedido de otras naciones distintas de la mía, con situaciones llamativas como los varios miles de visitas de varios países de habla no hispana (Rusia, Alemania...). A todos Vds. mi más sincero agradecimiento por el tiempo que le han dedicado. Confío en seguir aportando entradas que sean de su interés, y no duden en sugerirme entradas o temas que echen de menos en el inmenso "océano" que incluso en el ámbito de la literatura de ciencia-ficción es internet.

De nuevo, muchas gracias.

domingo, 1 de enero de 2017

El sueño de hierro (1972). Norman Spinrad

Inauguro este 2017 con una nueva reseña de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de la ucronía, uno de los más fascinantes dentro de la ciencia-ficción. Siguiendo con el orden cronológico le llega el turno a "El sueño de hierro", del estadounidense Norman Spinrad. Spinrad es uno de los escritores más conscientemente provocativos de la historia del género, que siempre ha usado como vehículo para dar cabida a ideas a contra corriente. Aunque personalmente pienso que esa riqueza especulativa casi nunca ha estado acompañada del mismo nivel de habilidad para conducir sus historias al mejor resultado posible. De hecho eso es lo que sucede con "El sueño de hierro": una novela mucho más interesante (por su original planteamiento y su tremenda carga especulativa) que disfrutable (precisamente a consecuencia de lo anterior).

Y es que el planteamiento no puede ser más original: Spinrad nos propone una ucronía en la que Adolf Hitler nunca llegó al poder en Alemania sino que, tras combatir en el ejército aleman durante la Primera Guerra Mundial, emigró de la deprimida Europa a E.E.U.U. en busca de fortuna. Y allí, tras sobrevivir mediante diversos oficios, acabó encontrando el éxito nada menos que como escritor de ciencia-ficción. Así, tras sólo un par de páginas a modo de presentación de la bibliografía de Hitler, Spinrad reproduce la que en esta historia alternativa es su novela más premiada: "El señor de la esvástica", supuesto premio Hugo y que ocupa la práctica totalidad de la extensión de "El sueño de hierro".

Estamos, pues, ante una novela dentro de la propia novela en la que Spinrad se esfuerza en reproducir el ideario de Hitler y la idealización que sobre el mismo nos propone su alter ego, Feric Jaggar, protagonista absoluto de la novela. La cual arranca en un planeta Tierra que varios siglos después de un holocausto nuclear aún se está recuperando de sus heridas, y en la que los "verdaderos seres humanos" (el genotipo ario) son minoritarios frente a un sinnúmero de mutantes deformes y una élite superior de "dominantes" que los mantiene bajo control mediante poderes psíquicos. La novela se inicia con el retorno de Jaggar a Heldon (la única nación donde aún son clara mayoría los seres humanos "no mutados") tras una primera etapa de su vida exiliado en Borgravia, y se desarrolla con el gradual ascenso de Jaggar al poder y la violentísima expansión eugenética que desencadena sobre el resto de las naciones.

El principal problema de "El señor de la Esvástica" reside en que Spinrad asume (con buen criterio) que Hitler sigue siendo en esta historia alternativa una mente demente, por lo que impregna sus deseos y fantasías políticas de fetichismos patológicos, alteración de valores e incluso obsesiones fálicas. Todo ello provoca que el resultado, más que escandaloso, resulte farragoso, reiterativo, y tremendamente previsible. No tanto durante la primera mitad de la novela, en la que a pesar de que los principios más violentos y perversos se presentan como nobles y hasta necesarios, el recorrido de Jaggar por la Borgravia y el Heldon posnucleares y la gradual realización de su plan de ascensión al poder absoluto resultan interesantes y de un dinamismo razonable. Pero sí en la segunda mitad, que hasta el hallazgo del dominante supremo en el refugio nuclear se limita a una serie de episodios bélicos muy similares entre sí, de desenlace conocido de antemano y con descripciones barrocas repetidas una y otra vez, que junto a desfiles y ceremonias de un desesperante enaltecimiento racial hacen muy difícil el disfrute de la lectura.

Otros defectos evidentes que hacen que la impresión global no sea muy favorable son el no muy cuidado elemento científico (que por ejemplo evoluciona en cuanto a armamento bélico a una velocidad inconcebible), la escasez de diálogos motivada por las largas y reiterativas descripciones, y la simplicidad con la que la inmensa mayoría de personajes aceptan la supremacía absoluta de Jaggar.

Curiosamente Spinrad parece ser consciente de todos estos defectos, como demuestra su alter ego Homer Whipple en su supuesto "Comentario a la segunda edición" de "El señor de la esvástica" con el que se cierra la novela. Un comentario en el que justifica estos defectos como consecuencia natural del radicalismo de Hitler, al tiempo que nos ofrece unas jugosas pinceladas del panorama internacional que completan lo expuesto en esta ucronía. Eso y el brillante doble desenlace derrota/victoria de Heldon por mor de la bomba nuclear y la técnica de la clonación, logran una tardía e inesperada mejora de la impresión final. Conformando así una novela muy recomendable por lo que plantea, aunque no tanto por su capacidad de entretenimiento.

domingo, 18 de diciembre de 2016

La última astronave de la Tierra (1968). John Boyd

Una nueva entrada continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. En esta oportunidad le toca a "La última astronave de la Tierra", del escritor estadounidense John Boyd. Boyd fue un escritor que se incorporó al género en su madurez, por lo que su obra no es demasiado extensa y en general resulta poco conocida para el lector en español. La presente novela, de título desconcertante hasta prácticamente el final de su extensión, es su obra más reconocida. A medio camino entre la distopía y la ucronía, se trata de una concisa e inteligente novela que va creciendo conforme se avanza en su lectura hasta llegar a ser francamente sugestiva.

Eso sí, para sacarle el jugo, el libro requiere que el lector se adapte al estilo un tanto arcaico de la Edad de Oro de la ciencia-ficción (a pesar de que fue escrita en 1968, cuando esa época ya había terminado) y que sea condescendiente con la lentitud a la hora de poner al lector en situación, o con los chiclés que rodean el inicio de la relación sentimental entre Harlane IV y Helix. Porque en esos primeros capítulos se adivina ya una sociedad distópica regida por tres estamentos (sociólogos, psicólogos y sacerdotes) en un original equilibrio, y con una separación menos llamativa entre profesionales (con acceso a formación universitaria) y proletarios (menos instruidos, sostienen a la sociedad con su mano de obra). Una sociedad a la que se ha llegado a través de una historia alternativa que no parte de un hecho divergente específico (de hecho se citan decenas de personajes históricos, incluso del siglo XX que en realidad conocimos como Albert Einstein), pero sí un punto de ruptura determinante: la sustitución a finales del siglo XIX del Papa humano por una computadora ideada por el eminente científico Fairweather I.

La ironía con la que Boyd recubre los actos prohibidos de Haldane y Helix hacen que la lectura sea agradable durante el primer tercio a pesar de no tener un motor narrativo claro y de que los devaneos amorosos de ambos puedan llegar a resultar un tanto fatigosos. Pero la muerte de Haldane III en primer lugar y la detención y posterior juicio de Haldane IV llevan finalmente la novela a otra dimensión, mucho más sugestiva respecto a la sociedad ideada por Boyd y al fracaso de los Viajes Espaciales como elemento dinamizador de la misma.

Un acierto de la novela es la elección y caracterización de los personajes de cada uno de los tres estamentos que juzgan a Haldane, y cómo enfocan sus respectivos interrogatorios primero y sus defensas después. También está lograda la figura de Helix, una mujer sorpresivamente enigmática en sus intenciones y motivaciones a lo largo de toda la novela. Así como el planeta llamado (con toda intención) Infierno, un inesperado contrapunto la Tierra propuesta por Boyd y que en una novela contemporánea probablemente habría dado lugar a otras doscientas páginas si consideramos todo lo que encierra.

Además de su estilo arcaico y de las contradicciones que supone referenciar a unos personajes históricos obviamente inaceptables en la sociedad alternativa del siglo XX, otros defectos reseñables de "La última astronave de la Tierra" son el muy poco riguroso elemento científico (encabezado por la propuesta Teoría de la Singularidad, LV2 = -T...) y los rebuscados razonamientos que Boyd propone respecto a cómo enfocar el juicio de Haldane. A cambio, el final es bastante satisfactorio y mejora la impresión global de la novela, pues por una parte logra da sentido a los avatares de Haldane a lo largo de toda su extensión y por otra justifica el surgimiento y control de la historia alternativa planteada, explicándose finalmente el enigmático título en su excelente epílogo.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Pavana (1968). Keith Roberts

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas que he seleccionado como representativas del fascinante subgénero de la ucronía. Hoy les voy a hablar de "Pavana", del británico Keith Roberts. Que en sentido estricto no es una novela como tal, sino un fix-up de relatos que comparten hecho divergente y ambientación. Aunque como ya dije al reseñar "Roma Eterna" de Robert Silverberg, un fix-up de relatos es una de las mejores estructuras para explotar al máximo las ucronías, ya que permite detenerse en diversos momentos temporales afectados por el hecho divergente que se haya planteado. Así que a todos los efectos "Pavana" puede leerse como una novela convencional. Y de gran prestigio, por cierto, en especial en Europa. Aunque en mi modesta opinión, y sin atreverme a calificarla de decepcionante, sí que la considero sobrevalorada.

El caso es que el hecho divergente (la victoria de la Armada Invencible española en 1588 sobre la Inglaterra de Isabel I), que Roberts presenta convenientemente en el prólogo, abre un amplio y sugerente abanico de implicaciones. Que un fix-up de cinco relatos más una coda estaría en inmejorables condiciones de explotar. Pero ya desde el primer relato se manifiesta un defecto común a todos ellos: la ausencia de un principio y un final concretos, de una conclusión determinante para el devenir de la novela. Otro defecto, particularmente grave en una novela de ciencia-ficción, es el abuso de elementos fantásticos a lo largo de los diversos relatos: el pueblo del Brezal, los antiguos dioses y su simbología... Ambos inconvenientes, agravados por una prosa que abusa de las frases largas, de las comas, de la descripción de unas sensaciones a menudo demasiado increíbles, lastran en buena medida el disfrute de "Pavana".

Por continuar con los defectos, mencionar el a mi modo de ver excesivo parecido de la Inglaterra del siglo XX ideada por Roberts con la que realmente hubo en la Baja Edad Media, y demasiado alejada de lo que en realidad ha sido la evolución del mundo católico en los últimos cuatro siglos. Llama la atención asimismo la postura enconadamente negativa de Roberts hacia la Iglesia Católica y su influencia en la sociedad. Siempre defenderé que la ciencia-ficción debe hacer cabida a cualquier postura ideológica siempre que se intente racionalizar, y está claro que como institución la Iglesia ha tenido multitud de errores a lo largo de su historia, pero una postura tan fanáticamente en contra como la de Roberts le aleja de la racionalidad que siempre debe presidir el género y en mi opinión le resta credibilidad. Señalar, por último, la irregularidad del libro, puesto que existen relatos que prácticamente no aportan nada ("De damas e hidalgos", y sobre todo "Hermano John", desquiciante y fantasiosa).

Lógicamente, la novela cuenta con algunas virtudes que justifican su fama. Primeramente, que pese a tratarse de un fix-up de relatos, existe una buena cohesión entre los mismos, trasladándose lo acontecido en cada uno de ellos a los siguientes. En segunda lugar, un hallazgo: los señaleros, que gestionan el sistema de semáforos con el que las locomotoras de vapor pueden recorrer los caminos; un grupo social verosímil y de innegable relevancia en la sociedad británica. En tercer lugar, la introducción de pequeños detalles que proporcionan verosimilitud a lo narrado: la multiplicidad de idiomas, los binoculares Zeiss, las marcas de las locomotoras... Todo ello presentado con un vocabulario rico y preciso y, por una vez, bien traducido al español.

Por último, resaltar "Lady Margaret", el primer relato y en mi opinión indiscutiblemente el mejor, sin los vicios de otros y con mucha mayor intensidad. Así como la implicación de Roberts con su obra, ya que en su último relato intenta enlazar su historia alternativa con la historia que conocemos, y para ello nos muestra la evolución desde la sociedad post-feudal que ha creado a nuestra sociedad contemporánea.

sábado, 26 de noviembre de 2016

El hombre en el castillo (1962). Philip K. Dick

Prosigo con mis reseñas en orden cronológico de las principales novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. Le ha llegado al turno a la que probablemente sea la ucronía más famosa de todos los tiempos: "El hombre en el castillo". Cuya fama se debe probablemente a dos razones: ser una de las primeras en proponer el hecho divergente más frecuentemente repetido en las ucronías (las Potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial), y haber sido escrita por uno de los autores más prestigiosos del género (Philip K. Dick, de cuyas bondades ya he hablado en otras ocasiones en este blog). Sin embargo, y con ello no pretendo hacer de abogado del diablo, en mi opinión la fama de esta novela es excesiva, ya que por una parte no es difícil encontrar ucronías mucho mejores, y por otra son varias las novelas de Dick mucho más recomendables. Porque al terminar la lectura de "El hombre en el castillo" habremos disfrutado con su personal habilidad narrativa, puesta en esta oportunidad al servicio de una historia alternativa bien concebida en lo político, pero inesperadamente endeble en los avatares de sus personajes.

Y es que una trama concebida a partir de la falsificación de antigüedades norteamericanas anteriores a la Segunda Guerra Mundial se antoja frágil para una novela tan reconocida. De hecho Dick parece ser consciente de ello, porque conforme va avanzando la obra van apareciendo otras cuantas líneas narrativas más, sin una relación clara entre ellas. Ello provoca en el lector la sensación de no saber a dónde pretende llevar el escritor la novela, sin que se identifique un propósito claro ni una estructura definida. A ello hay que sumarle que durante la primera mitad de la novela no hay apenas pasajes de acción, y que la intriga (llamémosle "onírica") aparentemente subyacente nunca aflora del todo.

Afortunadamente, la tradicional ambientación opresiva y de cuestionamiento de la realidad de Dick se adapta perfectamente a la California dominada por los japoneses que nos presenta. Entre eso y el notable conocimiento del autor sobre los imperios alemán y japonés (con su burocracia, sus medios de comunicación, sus finanzas...), la novela mantiene el tipo. Además, es interesante observar las tenisones que surgen entre la franja oriental de EEUU, dominada por los alemanes, y la occidental, dominada por los japoneses. Como en general son interesantes los personajes que amparan o justifican la victoria de las potencias del Eje.

Unos personajes, por otra parte, correctamente caracterizados pero que no llegan a calar en el lector (podemos citar como ejemplos los casos de Baynes, Tagomi, Chidan, Ramsey...). Sólo la pareja constituida por Joe y Juliana, con su proceso de conocimiento mutuo, su cuestionamiento de la identidad del otro, y su excursión desde San Francisco a Denver, resulta realmente convincente. De hecho, el papel de Abendsen y su novela "anti-ucrónica" La langosta se ha posado no es, en mi opinión, determinante en la novela, sino el habitual recurso para el cuestionamiento de la realidad de Dick. Por cierto que quizá lo más destacable de esa novela dentro de la novela sea constatar cómo su lectura da lugar a diferentes reflexiones según los personajes que la van leyendo.

Para acabar con las virtudes de la novela, mencionar la continua utilización de un elemento tan poco científico como adaptado a la atmósfera de la novela (el oráculo I Ching), destacar el episodio en el edificio Times (realmente el primero de tensión e intriga de la novela, aunque llega un poco tarde), y las frecuentes y acertadas reflexiones sobre las diferencias de comportamiento entre norteamericanos, japoneses y alemanes.

Y en el capítulo de los defectos reseñar, además de los ya comentados: los excesos probablemente "barbitúricos" del escritor, que le restan credibilidad a la novela (África sin africanos aborígenes, Mediterráneo desecado, pedetaxis); la confusa exposición de la situación política y el equilibrio de poderes de su historia alternativa (piénsese en los pasajes dedicados a la elección de Herr Bormann); la dedicación de una atención en mi opinión excesiva a episodios menores como una venta de joyas; todas las páginas dedicadas a los pensamientos de Tagomi, justo tan cerca del final; y el propio final, tan brusco como poco aclaratorio (aunque a modo de justificación Dick sugiera que Abedsen tenía razón y japoneses y alemanes perdieron realmente la guerra). Demasiados defectos para considerar "El hombre en el castillo" una novela redonda.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Lo que el tiempo se llevó (1953). Ward Moore

Una nueva entrada prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. Voy a presentarles hoy "Lo que el tiempo se llevó", del escritor estadounidense Ward Moore. Moore fue un escritor de ciencia-ficción de producción muy escasa, por lo que resulta poco conocido para el lector de ciencia-ficción en español. Fue sin embargo un escritor muy avanzado a la hora de dotar de profundidad y reflexiones al género en un momento en que primaban los personajes de cartón piedra y la aventura por encima de todo. Por eso su obra puede seguir disfrutándose con naturalidad en nuestros días. En particular "Lo que el tiempo se llevó" (traducción libre y de connotaciones cinematográficas del título en inglés, "Bring the jubilee") es una sólida y profunda ucronía sobre unos decadentes E.E.U.U. tras la victoria de los Confederados en la Guerra de Secesión. Lástima que en su tramo central falte acción y sobren vaivenes sentimentales.

Al iniciar la lectura de "Lo que el tiempo se llevó" la primera sorpresa es la profundidad de los personajes principales: pese al tiempo transcurrido este aspecto está muy cuidado. Narrada en primera persona por el joven Hodge Backmaker, la atención a emociones, sentimientos y reflexiones es siempre notable. Por ello personajes como el librero Tiss, el haitiano Enfandin o el "psicólogo" Midbin cobran vida ante nuestros ojos. Y despliegan además una abundante carga especulativa (se reflexiona sobre mecanicismo, maniqueísmo, patología emocional...), lo que habla bien de la calidad de Moore como escritor.

El otro acierto incuestionable es la ambientación: ante nuestros ojos desfilan la pueblerina y rígida Wappinger Falls, la sombría y peligrosa Nueva York, el Refugio (Haggershaven)... Y todo ello con pinceladas a la situación en otras partes del mundo (con algunas curiosas menciones al Imperio Católico Español). La victoria confederada en lo que ellos llaman la Guerra de Independencia Sureña dibuja un panorama en lo que queda de los E.E.U.U. en los años treinta tremendamente decadente, con mucha pobreza y carestía, racismo legalizado, mano de obra esclavizada, universidades burocratizadas... Que en ocasiones no difiere demasiado de la sociedad contemporánea actual, un hecho preocupante que logra captar la atención del lector.

Tras un primer cuarto de novela irreprochable, la confrontación política por el poder entre Whighs y Populistas (sorprendemente similar a la de la España actual) y el protagonismo que cobra la organización del Gran Ejército provocan que la novela derive hacia terrenos menos disfrutables. Situación que se agrava durante toda la parte central de la novela, en Haggershaven. Que si bien funciona como "comuna" aislada de todos los males que aquejan a la sociedad estadounidense antes presentada, falla a la hora de mantener la intensidad de la novela, con capítulos que son casi meras estampas costumbristas, presididos por un personaje tan extraño como Barbara Haggerswell, con la previsible curación de la adolescente Catty, y sobre todo con los devaneos amorosos de Hodge entre Barbara y Catty, más propios de una novela menor.

Así que cuando por fin, con un aceptable respeto del elemento científico, Barbara termina su ambicioso HX-1 y comienzan con él los retrocesos temporales, la impresión general de la novela ya está determinada. Por lo que los cuatro últimos capítulos (intensos, disfrutables, reveladores, muy trabajados desde el punto de vista de las paradojas temporales) sirven más para lamentar que la novela no se adentrara antes en estos terrenos que para cautivar al lector. Aunque hay que ensalzar la elegancia con la que Moore enlaza su historia alternativa con el viaje en el tiempo, proponiendo como "historia alternativa" del anciano Hodge precisamente nuestra historia contemporánea tal cual la conocemos. Lo que evidencia que estamos ante un clásico cuya lectura es aún recomendable a pesar del tiempo transcurrido.

sábado, 22 de octubre de 2016

Que no desciendan las tinieblas (1941). Lyon Sprague de Camp

Con la presente entrada inauguro las reseñas que voy a dedicar a muchas de las principales novelas del subgénero de las ucronías disponibles en español. Y lo hago con "Que no desciendan las tinieblas". Pocas veces hay tanto consenso respecto a la novela que inauguró formalmente un subgénero tan atrayente. Y es que la literatura de ciencia-ficción apenas estaba iniciando su evolución desde los relatos cortos en revistas pulp a las novelas de longitud convencional y edición en tapa dura, cuando el estadounidense Lyon Sprague de Camp ya estableció las bases de la ucronía como subgénero. Y lo hizo con esta meritoria novela, que setenta y cinco años después aún sigue siendo considerada fuente de inspiración para muchos de los escritores que se adentran en este subgénero. "Que no desciendan las tinieblas" es una ocurrente historia alternativa, muy bien documentada, amena, llena de acontecimientos y alteraciones sobre la historia real. Si bien, como cabría esperar por el tiempo en el que fue escrita, le falta algo de profundidad y una justificación algo más elaborada del nuevo rumbo histórico.

De manera muy endeble (un simple trueno) pero en un lugar muy adecuado (la plaza del Panteón en Roma, que ya existía como tal hace veinte siglos), De Camp inicia la novela haciendo retroceder al arqueólogo Martin Padway (su protagonista absoluto) a la Italia dominada por los godos del año quinientos treinta y cinco de nuestra era. Planteando así la novela inicialmente como un viaje hacia atrás en el tiempo. Y con suma coherencia, sacándole partido a sus habilidades de ciudadano del siglo XX y sus conocimientos históricos, permite que Padway se adapte a su nueva situación y progrese rápidamente en la decadente sociedad italiana.

Así, la primera mitad de la novela nos muestra cómo Padway va prosperando rápidamente gracias a sus conocimientos en contabilidad, en producción de licores, o en técnicas de impresión, hasta llegar a conocer al mismísimo emperador Thiudahad (más conocido como Teodato en España). Durante los dos primeros capítulos, con gran amenidad y dinamismo; luego, de forma algo más irregular, aunque con episodios en ocasiones humorísticos que facilitan la lectura. Hasta que Padway llega a la conclusión de que, para seguir progresando en la sociedad, debe alterar el devenir histórico que él conoce e "impedir que desciendan las tinieblas" sobre Occidente. Comenzando así la ucronía.

El hecho divergente que plantea de Camp es, pues, que por la intercesión de Padway, Optaris no logra asesinar a Thiudahad y la historia da un vuelco completo, con Padway a los mandos del nuevo rumbo histórico. De Camp respeta esencialmente los personajes clave de la época (Wittigis, Belisario, Justiniano) y los lugares (Padua, Roma), pero tejiendo una sucesión de conspiraciones y batallas que evitan la caída definitiva del Imperio en manos de los bárbaros. Y que remata con un guiño certero al futuro en la misiva que Padway escribe a Justiniano en el último capítulo, avisándole del cercano nacimiento de Mahoma y la ola de barbarie que, si no toma medidas, provocará en Oriente.

Como puede inferirse de todo lo anterior, constreñir tantos avatares en doscientas páginas es muy complicado incluso para alguien tan conocedor del siglo VI como De Camp. Y ése es el mayor defecto de la novela: es tal el volumen de personajes y acontecimientos que a menudo cuesta seguir todas las implicaciones de lo que nos presenta, y disfrutar de todas las alteraciones. A menor escala, a veces incomoda un poco el sentimiento de superioridad absoluta del ciudadano del siglo XX sobre los habitantes del siglo VI. Tampoco ayuda una traducción alejada del español ortodoxo en la edición de la colección Aelita. Ni el desinterés absoluto de De Camp por justificar cómo continuó la historia tras la intervención de Padway (si incurrió en alguna paradoja, si todo fue un sueño, cómo la historia recuperó su devenir hasta 1941...). Ni tampoco ciertos detalles que los historiadores a buen seguro detectarán: un anormalmente envejecido Thiudahad, o un Juan el Sanguinario que cobra relevancia con varias décadas de adelanto.

A cambio, el estadounidense abrió sn problablemente saberlo las puertas de la ciencia-ficción al incipiente subgénero de las ucronías, con una novela que ha envejecido bastante bien y puede mirar de frente a las historias alternativas más laureadas de los últimos tiempos.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El subgénero de las ucronías

Como ya anticipaba en mi anterior entrada (dedicada a "Roma Eterna", la ucronía en la que Robert Silverberg nos presentaba un planeta en el que el Imperio Romano sobrevivía hasta nuestros días), a partir de la presente entrada y durante los próximos meses voy a fijar mi atención en las ucronías, uno de los muchos y maravillosos subgéneros de la literatura de ciencia-ficción. También conocido por el para mí más impreciso término de historia alternativa, la ucronía explora cuál habría sido el devenir histórico si uno o más acontecimientos no hubieran sucedido en realidad como los conocemos. Se trata de un subgénero que dio sus primeros pasos literarios hace siglos, pero cuya consolidación vino de la mano de la ciencia-ficción, al conjugar el sentido de la maravilla inherente a la exploración de otro devenir histórico con el rigor cuasi científico y las jugosas reflexiones que siempre aporta la buena ciencia-ficción.

En sentido estricto, una ucronía surge cuando el escritor plantea un hecho divergente (también llamado punto Jombar) que altera el devenir histórico conocido, dando lugar a una evolución histórica diferente y de fascinantes posibilidades. El ejemplo más habitual es el de una historia alternativa en la que, por determinada batalla o decisión estratégica, las potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial, alterando completamente la historia a partir de entonces. Ahora bien, siendo la ciencia-ficción un género tan rico, es habitual encontrar ucronías que exploran esa historia diferente a partir de más de un hecho divergente, o enlazando el hecho divergente con el viaje en el tiempo, o presentando el hecho divergente sólo al final de la historia... Lo importante es que esa exploración se haga con rigor y respeto por las ciencias físicas y sociales, para que el resultado sea razonablemente creíble.

Es por eso que en la lista de títulos que voy a sugerir he dejado de lado aquellas ucronías que no son sino meras excusas para dar salida a los inevitables y para mí denostados brujos y dragones. O aquellas escritas por escritores que no se adscriben al género de la ciencia-ficción, pero que se han acercado en algún momento de su carrera a las ucronías, conscientes de sus enormes posibilidades creativas. También he fijado mi atención únicamente en las novelas, puesto que como ya he comentado en otras ocasiones en este mismo blog creo que es la manifestación literaria que mejor permite explotar las posibilidades de las ucronías, al igual que el resto de subgéneros de la ciencia-ficción. Y he intentado no repetir escritores, para que la panorámica sea la más amplia posible.

No es fácil encontrar una lista de ucronías en español (al menos no lo ha sido para un simple aficionado como yo), por lo que la selección de títulos que les voy a proponer es enteramente mía. Como ya digo, los límites que delimitan este subgénero no son nítidos, y es posible que para algunos de Vds. determinada novela no encaje muy bien en el concepto de ucronía. Pero al menos desde mi punto de vista todas estas novelas son ante todo ucronías, y de ahí su inclusión en esta lista, que como siempre presento en orden cronológico y revisaré individualmente en sucesivas entradas:

1. "Que no desciendan las tinieblas" - Lyon Sprague de Camp (1941)
2. "Lo que el tiempo se llevó" - Ward Moore (1953)
3. "El hombre en el castillo" - Philip K. Dick (1962)
4. "Pavana" - Keith Roberts (1968)
5. "La última astronave de la Tierra" - John Boyd (1968)
6. "El sueño de hierro" - Norman Spinrad (1972)
7. "En el día de hoy" - Jesús Torbado (1976)
8. "Gloriana o la reina insatisfecha" - Michael Moorcock (1978)
9. "La máquina diferencial" - William Gibson y Bruce Sterling (1990)
10. "Antihielo" - Stephen Baxter (1993)
11. "Agente de Bizancio" - Harry Turtledove (1994)
12. "Darwinia" - Robert C. Wilson (1998)
13. "La luna y el sol" - Vonda McIntyre (1998)
14. "Pashadaze" - Jon Courtenay Grimwood (2001)
15. "El último día de la guerra" - Christopher Priest (2003)
16. "Roma Eterna" - Robert Silverberg (2003)
17. "Emperador" - Stephen Baxter (2006)
18. "El círculo de farthing" - Jo Walton (2006)
19. "El sindicato de policía yiddish" - Michael Chabon (2007)

Si son observadores, verán que hay un título ("En el día de hoy") que no se ajusta a los criterios que explicaba antes. Al ser la ciencia-ficción un género de origien y predominio anglosajón, no abundan los títulos que especulen con la historia alternativa de España. Pero siendo la historia de España una de las más largas y ricas de la humanidad, me ha parecido imprescindible incluir al menos un título que especule sobre una historia alternativa de España. Y que mejor que seleccionar una novela cuyo hecho divergente sea el más impactante posible: una historia en la que los republicanos ganaron la Guerra Civil. Otra excepción ha sido la inclusión de dos novelas de Stephen Baxter; ambas se acercan a la ucronía desde puntos tan diferentes y son tan recomendables que me ha parecido oportuno hacer otra excepción.

El resto de los títulos sí siguen los criterios que comentaba, y abarcan desde los albures del género de ciencia-ficción allá por los años cuarenta hasta la proliferación de ucronías en los últimos años, coincidiendo con el auge de la novela histórica en general. Todos estos títulos son novelas de referencia en el subgénero, y me atrevo a decir que la mayoría figuran (o deberían) figurar entre lo más granado del mismo. Así que espero que este recorrido por las ucronías les resulte tan apasionante como a mí. Vamos a ello.