domingo, 25 de junio de 2017

Emperador (2006). Stephen Baxter

Me sigo acercando al final de la revisión de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías para el lector en español. Le ha llegado el turno al único autor que repite en esta selección: el británico Stephen Baxter, del que ya reseñé hace unos meses "Antihielo". La razón para incluir dos novelas de este autor es la disparidad en la manera en que ambas enfocan el subgénero de las ucronías: mientras que "Antihielo" se basa en un desarrollo científico anticipado para construir una novela mitad steampunk - mitad homenaje a Jules Verne, "Emperador" propone una historia alternativa sólo ligeramente diferente de la que en realidad conocimos, pero en la que el devenir histórico viene asegurado a través de una profecía de varios siglos de alcance.

De hecho habrá quien tras leer la novela cuestione que la profecía de Nectovelin y su nieta Agrippina (y el esfuerzo de sus descendientes a lo largo de los siglos porque siga vigente), sea una base suficientemente fuerte como para considerar esta novela una ucronía. Lo que sí es innegable es que "Emperador" es una entretenida novela histórica, con la habitual habilidad argumental y narrativa de Baxter, un buen conocimiento de la Britania romana, y múltiples detalles que juegan a su favor. El más obvio es su estructura: un prólogo y un epílogo que abren y cierran la novela para poner de manifiesto la profecía y concluir lo expuesto, y tres partes claramente diferenciadas (el Invasor, en referencia a Claudio, en el siglo I; el Constructor, en referencia a Adriano, en el siglo II; y el Emperador, en referencia a Constantino y la implantación del cristianismo, en el siglo IV). Y todo ello en menos de cuatrocientas páginas, sin apenas espacio para el relleno, con capítulos cortos y un ritmo narrativo alto. Otros detalles dignos de mención son el mapa de Britania para situar en todo momento la acción, la lista de topónimos, la cronología que presenta al comienzo... Un trabajo muy serio.

Otros puntos fuertes de la novela son: la manera cómo Baxter capta el ambiente tanto de la época como de las distintas situaciones; las frecuentes explicaciones sobre cómo los romanos se fueron expandiendo, fundando determinadas poblaciones, determinando la composición del muro...; la habilidad a la hora de enlazar las tres partes, recurriendo siempre a un "as en la manga" que le permite mantener el interés a pesar de los siempre peligrosos saltos temporales; el respeto por la historia, por ejemplo al comienzo de la tercera parte, cuando resume con concisión y naturalidad doscientos años de la historia romana en Britania; la forma en la que resalta el choque en las civilizaciones nativa e invasora; y algunos episodios muy entretenidos en cada una de las tres partes.

En cuanto a los defectos, quizá el más relevante sea que los personajes de Baxter se suelen ceñir a los estereotipos ya conocidos, sin que ninguno de ellos realmente perviva en nuestra mente tras finalizar la novela. También puede decepcionar que a pesar de las maniobras políticas y el choque de culturas que nos relata, no abunden las reflexiones sobre la visión del mundo o los valores que se enfrentan. Otra circunstancia mejorables es la cierta bajada del nivel que se aprecia en la segunda parte, más filosófica y con menos fuerza. Y también el recurso a situaciones un tanto irreales, como en el tramo final de la primera parte, donde cuesta aceptar la falta de seguridad en torno a Claudio de la que Baxter se sirve, o en la tercera parte, cuando Constantino se aviene a escuchar una profecía sólo a partir de las iniciales grabadas en la espalda de un esclavo.

Al final de la novela, y sin que haya que ponerle reparos al final que nos relata, queda claro que el mundo alternativo ideado por Baxter ha seguido en lo esencial la historia tal cual la conocimos, pero también hay indicaciones de que la profecía seguirá configurando un mundo que cada vez divergirá más respecto al nuestro. De hecho, tras "Emperador" Baxter escribió otras tres novelas explorando su ucronía a lo largo de los siglos posteriores, hasta conformar una tetralogía de historia alternativa que llega hasta nuestros días: el Tapiz del Tiempo. Desafortunadamente, y aunque el balance final de "Emperador" sea favorable, su escasa repercusión comercial provocó que Minotauro desestimara la publicación de estas tres novelas, que permanecen inéditas para el lector en España hasta nuestros días. Así que si quieren seguir buceando en el Tapiz del Tiempo, ya saben lo que les toca...

sábado, 3 de junio de 2017

Las edades de la luz (2003). Ian R. MacLeod

Poco a poco me voy acercando al final de mi lista de novelas representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más sugestivos dentro de la literatura de ciencia-ficción. Hoy le ha llegado el turno a "Las edades de la luz", del británico Ian R. MacLeod. Que quizá sea una de las ucronías menos conocidas de esta selección. Publicada por La factoría de Ideas en 2005, se trata de una ucronía singular, con el descubrimiento del históricamente mitificado éter como hecho divergente, la Inglaterra gremial de un siglo XIX paralelo al verdadero como principal aliciente, y una lentitud exasperante y un innecesario abuso de elementos fantásticos como lastre.

Como saben quienes siguen este blog, nunca he apreciado el género de la fantasía (entendida en sentido amplio, no sólo las novelas de espada y brujería). Esencialmente por la falta de rigor y las licencias literarias fáciles que proporcionan la Edad Media, la pócima mágica o el conjuro milenario de turno. Pero cuando esas licencias se toman en novelas que, como la presente, probablemente no las necesitarían, me entristece pensar en la obra que pudo haber sido y no fue. Porque "Las edades de la luz" es una novela siendo generosos muy discreta, pero que podía haber sido más que notable. En ella MacLeod nos plantea un escenario en el que la historia como la conocemos se altera en el siglo XVI tras el descubrimiento de un elemento fantástico, sí, el éter, cuyas propiedades mejoran no se sabe muy bien cómo los instrumentos y las técnicas de la época. Pero las sucesivas tres Edades de la Industria (cada una de un siglo de duración), la organización productiva de la sociedad en gremios que integran los distintos niveles de trabajadores cualificados, su estratificación y los grupos sociales que quedan al margen (los eternamente pobres mercas y los cambiantes, estos últimos una suerte de mutantes resultado de las manipulaciones acarreadas por las reacciones químicas incontroladas del éter) componen un panorama sólido y verosímil, que no debería haber quedado vanalizado por un buen número de elementos fantásticos tan tangenciales al desarrollo de la novela como inadmisibles. Y es que, en especial a partir de la tercera parte, desfilarán ante los ojos del lector dragones, unicornios, peces de los deseos, perlas numéricas, joyas susurro, magioscuridad, hechizos...

Pero por si esta edulcoración de lo que por lo demás podría ser una ucronía consistente no fuera bastante, MacLeod dificulta aún más la tarea al lector con una lentitud narrativa exasperante. Porque tras una primera parte que es en realidad un prólogo y una segunda (centrada en la infancia y adolescencia del protagonista Robert Borrows en la localidad minera de Bracebridge) muy minuciosa pero aún aceptablemente dinámica, el grueso de la novela (las partes tercera y cuarta, ubicadas mayormente en Londres) fatiga al lector con una ausencia de ritmo total y una escasísima lista de acontecimientos. Una y otra vez MacLeod nos describe los aromas, el tiempo atmosférico, los detalles visuales más nimios, y se olvida de que el principal propósito de una novela es contar una historia. Con mención especial para la fiesta de verano en Walcote House, que agota hasta parecer que no va a acabar nunca.

Estos dos graves defectos y otros detalles menores como las casualidades por las que una y otra vez los personajes principales se reencuentran en las circunstancias más inverosímiles, el arrinconamiento que sufren los diálogos ante las eternas descripciones, y el minúsculo tipo de letra, no deberían ocultar algunos aciertos de la novela. El más obvio es la ambientación, sobre todo de Bracebridge y las pequeñas vidas de sus habitantes (para mí casi todo lo bueno de la novela sucede en esa localidad). Pero también de un Londres inspirado en Dickens pero con personalidad propia en sus muchos lugares alternativos (con Hallam Tower a la cabeza). Incluso Walcote House es un marco escénico convincente.

Además, Borrows está bien caracterizado, y algunos de los personajes que se cruzan en su camino (el gran maestro Harrat, Saúl, incluso la maestra Summerton) también rayan a buen nivel (aunque otros como la en realidad poco enigmática Annalise o la insustancial Sadie Paddington dejan que desear). No sólo eso: MacLeod imagina un trasfondo lógico para el misterio que, en un injusto segundo plano, encierran las páginas de la novela (el agotamiento del éter, el experimento con la calcedonia y sus consecuencias en los distintos personajes). Y lo enriquece con una revolución social un tanto atropellada pero sensata, que remata con el surgimiento de una nueva Edad sustentada en el hielo de motor. Todo lo cual evidencia que la ucronía está muy bien trabajada en el fondo, pero que desgraciadamente queda sepultada entre conjuros y trolls. Una pena.

miércoles, 17 de mayo de 2017

El último día de la guerra (2003). Christopher Priest

Una nueva entrada continúo reseñando cronológicamente las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de la ucronía o historia alternativa, uno de los más sugestivos de la literatura de ciencia-ficción. Le ha llegado el turno a "El último día de la guerra", del británico Christopher Priest. Una de las ucronías más premiadas de mi lista, ya que se alzó con los premios más importantes de la ciencia-ficción en el Reino Unido en el año 2003: el British Science Fiction y el Arthur C. Clarke. Y que además es, en mi humilde opinión, no sólo una de las mejores ucronías de la selección, sino también la más meritoria ucronía relativa a la Segunda Guerra Mundial que he tenido la oportunidad de leer. "The separation", que así es como se llama el inglés (la traducción libre del título no es demasiado afortunada), es una ucronía atípica, con las relaciones entre dos hermanos gemelos monocigóticos como eje, la Segunda Guerra Mundial como trasfondo, y la habilidad narrativa y las ganas de Priest de jugar con el lector como acicate.

Se trata de una ucronía atípica porque, en vez de explorar la realidad que sobrevino a un acontecimiento histórico diferente a como lo conocemos (el hecho divergente), parta de dicho hecho (en este caso el armisticio entre Alemania e Inglaterra en mayo de 1941), nos muestra sus consecuencias (desde la guerra chino-norteamericana de mediados de los cuarenta hasta la decadencia económico-social de E.E.U.U. a finales de siglo), y en seguida se lanza a narrar las peripecias de los hermanos Sawyer entre 1936 y 1945. Fijándose primero en Jack, quien compitió y ganó junto con su hermano Joe una medalla de bronce en remo en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, y se convirtió en piloto de la RAF durante la guerra posterior. Ésta es la linea narrativa que respeta la historia tal cual la conocemos, con el fallido intento de paz de Rudolf Hess en Inglaterra, su posterior cautiverio, la victoria aliada y los juicios de Nuremberg. Aunque añade algunas pinceladas de ucronía, como los dobles de Hess y Churchill que aparecen en algunos tramos.

Tras un breve interludio a cargo de Sam Levy (miembro de la tripulación de Jack, que Priest usa para acentuar la sensación de cuestionamiento de la realidad ya que Jack en esta línea narrativa), en la quinta y última parte Priest se fija en su hermano Joe. Pacifista convencido y conductor de ambulancia durante la guerra, Joe empieza a sufrir alucinaciones tras quedar malherido en uno de los bombardeos sobre Londres. Alucinaciones que se mezclan con sus vivencias reales, y en las que el devenir histórico es el que corresponde a la historia alternativa. Hasta el extremo de que Joe termina siendo partícipe de la redacción en Estocolmo del armisticio entre Hess y Churchill con el que remata priest la historia alternativa.

Este original enfoque de la ucronía, sustentada únicamente en lo relatado por uno de los dos gemelos pero con acontecimientos comunes a los dos relatos (el embarazo de Birgit, el nacimiento del niño/niña, los episodios en los que ambos son malheridos/muertos), le permite al escritor jugar con el lector a un juego más coherente de lo que parece. Porque al final Priest cerrará la novela con una fecha clave a todas las líneas narrativas, e incluso sugerirá que el escritor Stuart Gratton y la historia alternativa presentadaa sólo existieron realmente en las alucinaciones previas a la muerte de Joe, siendo la historia tal cual la conocemos la auténtica.

Aparte de lo ya comentado respecto a la trama y al enfoque que le da Priest, la novela se sustenta en su prosa de gran calidad, en la facilidad con que expone emociones y perspectivas, en su habilidad a la hora de captar el ambiente de la guerra, en lo documentadas que están todas sus descripciones y en la forma en la que va recurriendo a sus dos personajes históricos principales, Churchill y Hess.

En cuanto a los defectos, el más notable viene determinado por la propia naturaleza de la novela, porque revisitar el "mismo" acontecimiento desde la perspectiva de varios personajes siempre acarrea el riesgo de la pérdida de interés. Además, el escritor se detiene demasiado entrecruzando las dos líneas temporales de la parte narrada por Jack, y adolece de cierta morosidad verbal en algunas fases de la novela (que ganaría con cincuenta o sesenta páginas menos de las más de cuatrocientas que ocupa). Ninguno de ellos defectos tan graves como para no recomendarla a lectores dentro y fuera del género de la ciencia-ficción.

lunes, 1 de mayo de 2017

Pashadaze (2001). Jon Courtenay Grimwood

Una nueva entrada prosigo con mi reseña en orden cronológico de las ucronías que he seleccionado como representativas en nuestro idioma de este subgénero, uno de los más sugerentes de la literatura de ciencia-ficción. Voy a revisar en esta oportunidad una de las novelas menos conocidas de mi lista. Se trata de "Pashadaze", del escritor maltés Jon Courtenay Grimwood, publicada en el año 2001 por Minotauro. Y que adelanto ya que, en mi humilde opinión, es la peor novela de esta selección de veinte novelas de historia alternativa que les he propueso: una ucronía desaprovechada, confusa, farragosa, sin ritmo, y con la ambientación de la Il-Iskandria alternativa como único aliciente.

Grimwood nos plantea una historia alternativa en la que Alemania ganó la Primera Guerra Mundial, y en consecuencia el Imperio Otomano ha perdurado hasta el siglo XXI en el que sitúa la acción, incluyendo a Il-Iskandria (actual Alejandría) entre sus fronteras. Pero apenas hace uso de esta historia alternativa (tan sólo unas referencias a una leve presencia germana en Il-Iskandria, y algunos artilugios tecnológicos anormalmente evolucionados que surgen de vez en cuando). De hecho, en su práctica totalidad la historia podría transcurrir en nuestro siglo XXI.

El autor no sólo desaprovecha la ucronia al no especular sobre lo que pudo haber sucedido, sino también por lo que nos relata: la difícilmente desentrañable identidad de ZeeZee/Ashraf Bey, su benefactora tía Nafisa (cuyo asesinato intenta sin éxito ejercer de motor de la novela), la confusa jerarquía de autoridades policiales, la mezcla que a lo largo de los capítulos hace Grimwood de los traumas infantiles de Bey y su extraño modo de vida adolescente en Seattle... El escritor abre muchas puertas que no logra cerrar, recurre a la inventiva más difícilmente aceptable sin tapujos, marea al lector con irregulares retornos al pasado (Escocia, Singapur, Suiza, E.E.U.U.) y provoca con ello el desinterés casi total (debo reconocer que ha sido una de las novelas que mas me ha costado terminar jamás).

Por si fuera poco, Grimwood termina de dar la puntilla a su historia con una prosa entre farragosa y pedante. Con párrafos que deben leerse una y otra vez para intentar desentrañar su significado, frases que pretenden resultar impactantes pero sin ningún contexto que las sustente, una exasperante tendencia a indicar la marca comercial de cada objeto (que por cierto es siempre la misma que conocemos, a pesar de que la ucronía de la que parte debería haber alterado al menos algunos mercados), y un buen número de situaciones inconcebibles y tremendamente mal justificadas (a modo de ejemplo: ¿cómo un ZeeZee adolescente había conseguido un pasaje para volar de Escocia a París?, o ¿por qué van Zara y Hani precisamente al almacén de especias para el desenlace?).

Otros defectos menores que mencionar son los inaceptables avances científicos que en ocasiones surgen para desbloquear la trama (piénsese por ejemplo en las increíbles habilidades del perro mecánico Alí-Din, tan necesarias para el desenlace), las injustificables capacidades de algunos personajes (baste recordar a Hani desbloqueando con tan sólo nueve años las claves para acceder a datos bancarios), los menos chirriantes detalles con los que Grimwood afea su creación (el Zorro, supuesto desdoblamiento de personalidad de ZeeZee convertido más tarde en un experimental implante cerebral), o la atención a supuestos detalles que al final nada aportan (los tratamientos en la clínica de Madame Sortris, por ejemplo). Hasta llegar al extremo de que no haya probablemente dos lectores que puedan elaborar el mismo resumen de lo sucedido realmente en la novela.

Por salvar algo, Grimwood logra recrear distintos ambientes en una ciudad tan vasta como Alejandría, trasladando una impresión adecuada de las contradicciones de la ciudad. Y al estructurar la novela en muchos capítulos cortos evita que el lector abandone definitivamente la lectura. Aunque aún no me explico cómo en una editorial como Minotauro (que se supone vela por la calidad de las obras que publican) se animaron a darle una oportunidad a este libro; quizá alguno de ustedes le encuentren alguna otra virtud que a mí se me escapó. En todo caso, menos mal que no decidieron publicar las dos novelas posteriores, con la que Grimwood convirtió "Pashadaze" en una trilogía ("Arabesk").

lunes, 17 de abril de 2017

La luna y el sol (1998). Vonda N. McIntyre

Con "La luna y el sol" prosigo mi revisión en orden cronológico de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías o historias alternativas, uno de los más sugestivos de la literatura de ciencia-ficción. La de hoy es una de las ucronías más premiadas de la historia del género: esta novela de la estadounidense Vonda N. McIntyre se alzó en 1998 con el Premio Nébula (para mí el de más calidad del género) a la mejor novela del año. Derrotando por cierto a la hoy archiconocida "Juego de tronos", de George R.R. Martin. A pesar de lo cual no es en mi opinión una de las mejores ucronías de esta selección. Eso sí, la considero ligeramente superior a la obra de cabecera de McIntyre, esa "Serpiente del sueño" que ya reseñé en su momento como parte de mi lista de novelas decepcionantes. Y es que nunca he terminado de encontrar las supuestas bondades de esta autora.

"La luna y el sol" es una historia alternativa con un marco histórico atrayente (los últimos años del reinado de Luis XIV, el Rey Sol) y un punto de partida ilusionante (la captura de un desconocido monstruo marino, que constituye además el hecho divergente que da pie a la ucronía). Pero se trata de una novela excesivamente larga, con varias licencias difícilmente asumibles en el género de la ciencia-ficción, una vocación feminista un tanto exagerada, y sólo un par de momentos realmente brillantes, ya cerca del final.

No obstante lo anterior, lo cierto es que el comienzo es alentador, con ese oportuno listado de personajes históricos e inventados que permitirá al lector ubicar la narración en todo momento, y la captura del monstruo marino en el prólogo. Pero en seguida la lectura se vuelve pesada: excesiva atención a los personajes secundarios, inacabables descripciones sobre las vestimentas de los cortesanos, capítulos que reflejan la frívola vida en la Corte sin que en ellos suceda prácticamente nada... La visita del Papa a Versalles y el gradual estrechamiento de la relación entre el monstruo marino y Marie-Josèphe de la Croix son dos motores argumentales demasiado débiles para mantener la atención durante casi trescientas páginas.

Porque ese es el volumen de novela que hay que superar para que realmente empiecen a suceder los acontecimientos: la relación amorosa entre Marie-Josèphe y el conde Lucien, los enfrentamientos con el Rey Sol, el ultimátum al monstruo marino, el intento de huida, la travesía por el mar... Y las páginas en las que se encuentran los dos únicos capítulos dignos a mi modo de ver del Nébula: el veintiséis, con el trepidante intento de huida y la posterior captura; y el veintinueve, con el desenlace en el Océano primero y en la Corte después. Un tercio final que sorprende por su notable cambio de ritmo narrativo frente a los dos primeros tercios de la novela (demasiado acelerada al final; demasiado pausada hasta entonces).

Otros defectos adicionales lastran el resultado final: el hecho de que el monstruo marino "hable" con sus cánticos pero sólo Marie-Josèphe sea capaz de entenderlos; las ensoñaciones que a menudo sufre Marie-Josèphe, sin explicación ni continuidad; el recurso a todo tipo de filiaciones entre los personajes para justificar determinadas situaciones e intentar aumentar la carga dramática; la referencia a mitos tan obvios y manidos como el de la Atlántida; la ausencia de cualquier referencia temporal (por ejemplo, es imposible estimar el tiempo que el Papa Inocencio pasa en Versalles); la morfología del monstruo marino, muy poco científica; y el retorcimiento de determinadas situaciones para hacer más patente la posición en segundo plano que ocupaban las mujeres en el siglo XVII.

A cambio McIntyre logra cerrar el círculo planteado en esta ucronía al relatar la petición expresa que el Papa realiza al padre Yves para que borre toda referencia a los monstruos marinos, lo que explicaría por qué esta historia alternativa nunca llegó hasta nuestros días. Este acierto, junto con una adecuada recreación histórica de la vida en Versalles (a pesar de episodios tan poco trascendentes como la partida de caza y el carrusel), con cierta inquietud científica de algunos personajes, y con la abundancia de diálogos frente a las descripciones, permiten que la lectura no sea completamente en vano. Aunque me consta que en 1998 se publicaron novelas mucho más recomendables que ésta (sin ir más lejos la que reseñé en mi anterior entrada: "Darwinia").

sábado, 8 de abril de 2017

Darwinia (1998). Robert C. Wilson

Una entrada más continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. Voy a reseñar en esta oportunidad "Darwinia", del estadounidense Robert Charles Wilson. Una novela que a mi modo de ver encaja en este subgénero, aunque por su temática y su ambición es cierto que podría haber encajado en otros cuantos. Y es que partiendo de un sugerente cambio en la antigua Europa a comienzos del siglo XX, Wilson construye una disfrutable novela, en su mayor parte de aventuras e investigación, sin por ello descuidar a sus personajes, ni olvidarse de construir una teoría especulativa "plausible" que justifique todos los cambios narrados.

El hecho divergente que nos propone Wilson en su ucronía se aleja de lo habitual en el subgénero, ya que no se trata de uno o más acontecimientos históricos que sucedieron de manera diferente, sino del denominado Milagro, que en 1912 reemplazó la mayor parte de Europa por Darwinia, un continente salvaje, habitado por las más extrañas criaturas y sin vestigios de la civilización que la poblaba. Una propuesta ambiciosa que permite una doble visión: la mayoría cree que es un castigo de Dios en respuesta a las teorías de Charles Darwin, mientras que una minoría se limita a interpretarlo como una oportunidad para construir un nuevo Imperio. En todo caso este hecho divergente le permite al escritor jugar con subgéneros presumiblemente dispares, conjugando la ucronía, la novela de aventura y la tecnológica, al tiempo que especula con una Historia en la que no existió Primera Guerra Mundial.

Para ello Wilson estructura la novela en cuatro partes con un interluido al final de cada una de ellas, las dos primeras situadas entre 1919 y 1921, la tercera en 1945, y la cuarta de vuelta a 1920. Con un total de 39 capítulos a lo larg de los que Wilson propone varias líneas narrativas, pero siempre de longitud contenida, hasta el punto de que la concisión es una de las grandes virtudes de la novela. La línea principal de la novela (los avatares de Guilford Law) siempre raya a un alto nivel. Pero está permanentemente complementada por una o dos líneas secundarias (Colin Watson, Carolyne, Lyly...) que no siempre son tan interesantes, o que incluso a veces se alejan de lo admisible en la ciencia-ficción para adentrarse en el cuestionable terreno de lo fantástico (caso de las peripicias de Elias Wale), lo que le resta puntos a la impresión final. No obstante, es indudable la habilidad de Wilson para captar los puntos de vista de muchos personajes, sabiendo captar el ambiente y reforzar la intensidad de los acontecimientos cuando es necesario.

También juega a favor de "Darwinia" lo elaborado de su literatura, una narrativa fluida en tercera persona que es sabiamente enriquecida en ocasiones con trozos del diario de Guilford, o de cartas a su familia. Con una incuestionable capacidad para ponernos rápidamente en situación, con capítulos excelentes (como el 14, en el que la expedición llega al lago Constanza y es atacada por los partisanos), con el recurso a la emotividad al recorrer lugares alterados radicalmente (como la desembocadura del Rhin o Londres), y con un perceptible esfuerzo por darle toda la verosimilitud posible a su mezcla de ciencia y religión (recurriendo a conceptos como Sentiencia, psivida, el Campo de Higgs, La Guerra en el Cielo...).

En cuanto al capítulo de los defectos, además del exceso de fantasía injustificada ya mencionado debo reseñar que, tras una primera parte en la que el autor recrea con habilidad el aroma de la literatura de viajes de principios del siglo XX, aclara "de más" en el primer interludio, y hace que el interés en el resto de la novela sea menor. También falla la manera en la que los personajes logran el conocimiento, que mayormente es revelado por potencias superiores, dando al traste con la supuesta investigación. No es menos cierto que la novela es tan grandilocuente que por momentos parece capaz de satisfacer lo mejor de diversos géneros, pero al final se queda a medio camino entre varios de ellos. Y por último debo citar el recurso siempre cuestionable a la utilización de un nuevo personaje (Matthew Crane) en los capítulos que conforman el desenlace (un personaje cuya aportación no está demasiado clara).

Pero si a cambio contraponemos el exquisito gusto del autor por lo antiguo, la perceptible influencia del steampunk tan de moda en 1998, y un estupendo epílogo (que propone un bonito final a la vez que deja la puerta abierta a una posible continuación que no ha llegado hasta la fecha), coincidiremos en situar a "Darwinia" en la parte alta de la lista de novelas de historia alternativa que les he propuesto.

lunes, 20 de marzo de 2017

Antihielo (1993). Stephen Baxter

Una entrada más prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más conocidos de la literatura de ciencia-ficción. Voy a hablarles en esta oportunidad de "Antihielo", del británico Stephen Baxter. Que además de ser uno de mis escritores favoritos en activo, es el único que aparece por partida doble en la lista de ucronías que les propuse hace unas cuantas entradas. La razón es la disparidad estilística y argumental de las dos ucronías seleccionadas. En concreto, "Antihielo" se encuadra con naturalidad en uno de los "sub-subgéneros" (si me permiten el abuso del término) de las ucronías: el steampunk.

El steampunk se caracteriza por proponer unas historias alternativas del siglo XIX en las que las maquinarias a vapor de la época evolucionaron hasta dotar a la sociedad de unos avances tecnológicos de los que en realidad careció. A esta categoría pertenece "La máquina diferencial" (1990), de William Gibson y Bruce Sterling, que en mi lista de ucronías sugeridas situé justo antes de la novela que hoy les presento, y que probablemente fue la que dio a conocer el steampunk al gran público. Aunque como ya comenté en su momento a mí me resultó relativamente decepcionante. Y lógicamente "Antihielo", publicada tres años más tarde y para mí mucho más satisfactoria: un excelente ejercicio de historia alternativa que adopta la forma de un "viaje extraordinario" de Jules Verne pero lo enriquece con brillantes reflexiones políticas y sociales.

La longitud contenida de la novela y su certera estructuración anticipan su calidad: el prólogo de Hedley Vicars a su padre y el epílogo de Ned Vicars a su hijo encuadran, con su contenido bélico en dos periodos separados por cincuenta y seis años, una trama esencialmente de aventuras, con el antihielo como elemento facilitador, que funciona también como revisión de la situación política en la segunda mitad del siglo XIX. Una trama en la que Baxter recrea con esmero los principales protagonistas políticos y científicos de la historia real, pero con papeles ligeramente alterados para estimular la mente del lector. Además, la sociedad derivada del uso del antihielo es la consecuencia de una Revolución Industrial acelerada pero razonablemente plausible, con gadgets y servicios muy atractivos (y como es lógico algunos evidentemente cuestionables, por ejemplo el tren sobre el Canal de la Mancha).

En honor a la verdad debo reconocer que la novela tarda en "arrancar", ya que las conversaciones entre el protagonista absoluto (Ned Vicars) y el periodista Holden primero, y el recorrido posterior por el crucero terrestre Príncipe Alberto están faltos de acción. Pero con el sabotaje de la Faetón comienza paradójicamente su periplo por el espacio exterior, momento a partir del cual la novela cobra una nueva dimensión, tremendamente disfrutable. Con un elenco de personajes reducido (Ned, Holden, el ingeniero Traveller (una estupenda recreación del Cyrus Smith de Verne) y su sirviente Pocket), en un espacio también reducido y pleno de avances construidos con la tecnología del siglo XIX, en el que la supervivencia primero, la captura del saboteador Bourne después, y el desembarco y la posterior exploración de la luna al final, atrapan al lector irremisiblemente.

De manera un tanto discutible, Baxter renuncia a una mayor exploración de la Luna y a narrar el retorno a la Tierra, y a cambio se reserva el último cuarto de la novela para otras funciones menos obvias pero más importantes para cohesionar la novela: revisa el impacto del antihielo en el principal conflicto bélico de la época, concluye el elemento de romance de la novela (menos relevanta de lo que sugieren las reseñas que he leído), y sobre todo traslada un mensaje negativo sobre la supremacía que Gran Bretaña logra en Europa mediante el antihielo.

Como pueden adivinar por mi valoración global, se trata de una novela con pocos defectos. Resaltaría los siguientes: una visión excesivamente centrada en lo británico (algunos detalles son difíciles de captar para el lector en español), unos franceses de personalidades excesivamente simples (orgullosos y testarudos), unas formas de vida selenitas claramente fantásticas, y una excesiva predilección por el componente político en determinadas situaciones. Defectos que no ensombrecen una novela de una calidad sorprendente para un autor que en 1993 acababa de empezar en el género. Y que afortunadamente sigue siendo una de sus principales referencias.

domingo, 5 de marzo de 2017

Agente de Bizancio (1987). Harry Turtledove

Una nueva entrada continúo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más conocidos de la literatura de ciencia-ficción. Voy a escribir en esta oportunidad sobre "Agente de Bizancio", del estadounidense Harry Turtledove. Un escritor que tal vez resulte desconocido para muchos de ustedes, pero que pasa por ser el máximo representante del subgénero, ya que se ha dedicado prácticamente en exclusiva a las ucronías durante toda su carrera. De hecho, en el prólogo de esta novela Turtledove se define como "escritor de ciencia-ficción e historiador", y menciona a "Que no desciendan las tinieblas" de Lyon Sprague de Camp (reseñada en este mismo blog y seleccionada como primera novela de esta lista) como la novela que le animó a dedicarse a este subgénero. No sólo eso: "Agente de Bizancio" está ambientada también en el Imperio Bizantino, en lo que constituye un claro homenaje. Cuyo resultado es, además, igual o incluso superior a su homenajeada. Y es que estamos ante una ucronía amena, bien documentada, fácil de leer, que utiliza con inteligencia algunos de los inventos más relevantes de la historia de la humanidad para construir siete relatos que forman un todo coherente y equilibrado.

Como digo en realidad no se trata de una novela como tal, sino de un fix-up de siete relatos. Pero a todos efectos se puede leer como si se tratara de una novela, pues está perfectamente cohesionada. A ello contribuye decisivamente que todos los relatos estén protagonizados por Basilios Argyros, el magistrianos del anormalmente duradero Imperio Romano de Oriente. También ayuda que los acontecimientos de un relato se utilicen como base para el siguiente. Y por supuesto que el intervalo temporal abarcado sea relativamente corto (apenas quince años del siglo XIV) y que todos los relatos tengan una estructura análoga (un nudo que Basilios deberá desenredar sirviéndose de un invento concreto, hasta conseguir un desenlace feliz), así como una longitud similar. Es decir, que el escritor toma una serie de decisiones razonables, si se quiere poco arriesgadas, pero que permiten llevar la novela a buen puerto.

Como suele suceder en las ucronías escritas por historiadores, el panorama alternativo que imaginan resulta relativamente "conservador", con variaciones menos acusadas que las que probablemente habrían sucedido en el devenir propuesto. Es el caso del Imperio Bizantino de Turtledove, al que la conversión al cristianismo de Mahoma y el rechazo de los seguidores de Zoroastro en Persia le permitió perdurar al menos un milenio, sin que en sus autoridades, creencias, ni ciudades principales se observe un cambio sustancial respecto al de la época de Justiniano. Aunque si se observa con detalle se percibirá una cierta decadencia, claramente reflejada por ejemplo en que sólo uno de los inventos que contribuyen a resolver las situaciones surge en Constantinopla.

Aciertos innegables de la novela son la ambientación de la época y los lugares que nos presenta Turtledove (Alejandría, Constantinopla, el Danubio, Saint Gall, Daras, Dariel), así como la elaboración de los personajes principales, con mención especial para Mirrane, la bella espía persa que el escritor "descubrió" en el quinto relato y ya no dejó de utilizar hasta el final para lograr un final convincente. La prosa del autor es precisa pero sencilla, fácil de digerir y con la dosis suficiente de reflexiones y de guiños humorísticos para que pasar las páginas no suponga ninguna dificultad. Y algunos relatos en concreto están muy conseguidos (en mi opinión los dos primeros, y el ambientado en Daras).

Quizá el mayor defecto de la novela sea que todos los inventos sobre los que Turtledove construye sus relatos son muy conocidos (el catalejo, la vacuna, la pólvora, la imprenta...), con lo que es sencillo anticipar el impacto que van a tener, y las historias pierden capacidad de sorpresa. También puede llegar a fatigar la estructuración análoga de los relatos a la que antes me refería. A menudo se echa en falta un poco más de profundidad (casi parece una novela para young adults). Y lógicamente resulta cuestionable que todos esos hallazgos caigan siempre en manos de la misma persona, a pesar de que Basilios nunca llegó a alcanzar un rol verdaderamente preeminente en el Imperio. Defectos que en ningún caso se dejan sentir en exceso en una obra que puede servir para introducir al lector lego en el sugestivo subgénero de las ucronías.

domingo, 19 de febrero de 2017

Gloriana o la reina insatisfecha (1978). Michael Moorcock

Una nueva entrada prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas para el lector en español del subgénero de las ucronías, uno de los más fascinantes dentro de la literatura de ciencia-ficción. Voy a reseñar en esta oportunidad "Gloriana o la reina insatisfecha", del escrito británico Michael Moorcock. Una novela con casi cuarenta años de antigüedad, pero que no vio la luz en nuestro idioma hasta hace apenas un lustro, por lo que probablemente sea la ucronia menos conocida de las que he reseñado hasta ahora en este blog. Se trata de una en mi opinión excesivamente extensa (más de quinientas páginas) e innecesariamente fantasiosa historia alternativa sobre la Inglaterra del siglo XVII. Pero con el suficiente número de acontecimientos entre sus páginas, y con unos personajes principales lo suficientemente atrayentes como para justificar su lectura.

"Gloriana" es una novela difícil de categorizar, que exige una mente abierta y un esfuerzo consciente por parte del lector. Para mí es sobre todo una ucronía, y por eso la he incluido en la presente selección. Incuso aunque Moorcock no se moleste en presentar el hecho divergente que alteró el curso de la historia inglesa hasta llegar al rey Hern y su sucesora Gloriana, evidentemente inspirados en Enrique VIII e Isabel I (de hecho, Moorcock sólo intenta una tímida justificación mediante la teoría de las esferas múltiples que se comunican en determinados puntos del devenir histórico). También trata con el rigor suficiente su historia alternativa (con avances tecnológicos, vestimentas, tradiciones y ceremonias muy similares a las de la historia real) como para poder considerarla una novela de ciencia-ficción más que una simple novela de fantasía (conviene recordar que se alzó con el prestigioso premio John W. Campbell de 1978 a la mejor novela de ciencia-ficción de ese año). Aunque también se apoya en unos pocos elementos fantásticos que pueden incomodar a lectores rigurosos (algunos intrascendentes para el desarrollo, como los autómatas o el Thane de Herminston, pero uno en concreto muy relevante para la misma: un submundo oculto entre las paredes del Palacio Real francamente inverosímil por extenso y por desconocido desde el exterior). Incluso puede parecer por momentos una novela erótica o de aventuras. Se trata, en suma, de una obra muy original.

Como decía, un puñado de personajes logrados contribuye decisivamente a mantener el interés de esta larga novela. Aunque no es el caso de Gloriana, la supuesta protagonista, conceptualmente provocativa pero con vaivenes de comportamiento demasiado bruscos que le restan credibiidad. Pero sí el del vil capitán Quire, quizá el auténtico protagonista, que considera su vileza un arte, y el del canciller Montfallcon, verdadero poder en la sombra de Albión. Y el de otros personajes más secundarios como Thomas Ffynne, la condesa de Scaith o el doctor John Dee. Si bien es cierto que la novela empieza explorando estos y otros tantos personajes y tarda en dar con la línea narrativa más adecuada.

Porque durante los dos primeros tercios de la novela se alternan capítulos donde estos personajes y sus actos captan nuestra atención con otros muchos irrelevantes, largos, sin sustancia, meramente descriptivos. Debo reconocer que la prosa de Moorcock no es demasiado recargada, por lo que aumentando la velocidad de lectura el lector los puede "vadear" sin desesperarse, pero es incuestionable que con ciento cincuenta o doscientas páginas menos y una mejor orientación de la trama la novela ganaría mucho. Por otra parte, además de los capítulos superfluos, los elementos inverosímiles y la fallida Gloriana, otros defectos menores afectan a la impresión final: el "bombardeo" de personajes en los primeros capitulos, imposible de asimilar; el poco logrado enfrentamiento entre Montfallcon y Quire, tan determinante para la novela; las a menudo pedantes poesías y canciones que intercala Moorcock; y una traducción claramente mejorable.

A cambio, en su historia alternativa Moorcock propone un sugestivo panorama internacional, con Albión al frente del Orbe desde Virginia hasta Catay, y Polonia, Arabia y Tartaria como principales potencias rivales. En el cual las religiones monoteístias carecen por completo de relevancia, al igual que el Imperio Español, y en el que el precario equilibrio internacional se tambalea a consecuencia de las intrigas y muertes que Moorcock relata en Londres. Asimismo proporciona un abundante material especulativo (normalmente subyacente a lo narrado), a través del cual Moorcock desmitifica tanto los logros del reinado de Isabel I como su soltería, además de cuestionar las cloacas del poder que sustentan la supuesta Edad de Oro en la que se sitúa la novela.

Y no debo terminar sin resaltar cómo Moorcock va haciendo converger todos los elementos presentados hasta alcanzar el clímax en el memorable capítulo XXXIV. Violento, controvertido y políticamente incorrecto, pero francamente eficaz como colofón de lo narrado y lo especulado. Con el aliciente adicional de la inclusión por parte de la editorial Marlow del capítulo alternativo que escribió Moorcock años más tarde tras las críticas recibidas. Un capítulo más políticamente correcto que el original pero sin embargo más inverosímil y paradójicamente de igual conclusión. Y que constituye una razón de peso para continuar hasta el final la lectura de esta dilatada y singular novela, a pesar de sus defectos.

domingo, 5 de febrero de 2017

En el día de hoy (1976). Jesús Torbado

Retomo con la presente entrada la reseña de las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías, uno de los más interesantes dentro de la ciencia-ficción. Y lo hago con una novela muy especial: "En el día de hoy", del español Jesús Torbado. Por varias razones. La primera, por tratarse de un escritor que a buen seguro no se considerará a sí mismo un autor de ciencia-ficción. La segunda, por tratarse de una novela que no se publicó en el gueto de la ciencia-ficción, sino que vio la luz nada menos que como Premio Planeta (el mejor retribuido en lengua española, y de gran difusión) de 1976. Y la tercera por tratar del tema (o uno de los pocos temas) que posiblemente más interesen al lector en español, sea o no aficionado a la ciencia-ficción: una ucronía en la que la Guerra Civil la ganó el bando republicano. Quizá todas estas razones les hagan cuestionarse qué hace este título en este humilde blog. Pero lo cierto es que la novela encaja en mi selección tanto en lo relativo al rigor cuasi-científico (situaciones y personajes están presentados con la máxima verosimilitud histórica posible), como en el siempre necesario sentido de la maravilla (sabiamente logrado otorgando roles invertidos a vencedores y vencidos en el conflicto bélico). Y además, es la única novela de mi selección que se aleja de las temáticas habituales en las ucronías anglosajonas. Así que creo que lo correcto es hacerle un hueco junto a ellas y dedicar unos párrafos a reseñarla.

Porque además la trama es aún más sugestiva de lo que he explicado hasta ahora: efectivamente Torbado nos presenta una ucronía en la que los republicanos se consolidan en el poder justo tras el final de la Guerra Civil, pero en la que los nazis prosiguen su irrefrenable expansión por Europa, lo que permite a sus personajes interactuar con el fascismo italiano o el nazismo alemán. El problema es que Torbado no logra crear una auténtica novela con su introducción, su nudo y su desenlace. Aunque la obra se deja leer por la cantidad de personajes históricos que pueblan sus páginas y por la abundancia de "postales" sobre la vida en esta historia alternativa de 1939-1940.

Sin duda el primer punto fuerta de la novela es la recreación de un buen puñado de personajes históricos que mantienen sus rasgos físicos y de personalidad en esta historia alternativa. Con mención especial para Ernest Hemingway, quizá el más relevante de sus múltiples protagonistas, pero con abundantes episodios por los que desfilan Franco, Carrero Blanco, Indalecio Prieto, La Pasionaria, Besteiro, el general Salazar, Serrano Suñer, Alfonso XIII... incluso Adolf Hitler. Sus actos no son casi nunca demasiado relevantes ni llamativos, pero bastan para entretener al lector con su componente especulativa. Como lo hace el segundo gran acierto de la novela: la gran cantidad de escenas cotidianas en esta posguerra alternativa. Ambientadas sobre todo en un Madrid muy bien caracterizado y con rincones entrañables com el Florida o la Colmena, pero también en Roma, Berlín, Barcelona, La Habana... Reflejando las pequeñas vidas espartanas de la gente anónima, al tiempo que los centros de poder de la época.

Otros aciertos son los esfuerzos por justificar por qué la Guerra se decantó para el bando republicano (la batalla del Ebro), la minuciosidad y el afán de verosimilitud a la hora de mostrar el destino que siguió otro montón de personajes históricos tras el fin de la contienda, la vida de sacrificio y penurias que siguió siendo norma en la gente corriente a pesar de que los vencedores fueran otros, una propuesta muy sensata y hasta esperable, y la ausencia de una defensa clara de uno de los dos bandos (al fin y al cabo en cualquier guerra todos los bandos acaban perdiendo), lo que evita que lectores ideológicamente poco receptivos puedan rechazarla.

Pero todo esto queda eclipsado por la ausencia de una auténtica trama novelada. No es que no sucedan algunas cosas (sobre todo a nivel de política nacional e internacional: desde unas nuevas elecciones hasta la invasión alemana), pero el elenco de personajes principales (Aniceto, Alejo, Sim, Hemingway, Fabiani...) es más espectador de lo que sucede a su alrededor que auténtico protagonista de sus actos. Ninguno de ellos nos plantea un auténtico nudo que haya que desenlazar. Con lo cual no hay intriga, ni apenas acción, ni un auténtico final, sino una sucesión de capítulos sin hilazón clara y de interés muy variable.

Otros defectos de menor entidad que contribuyen a que mi impresión final sea sólo discreta son: el fracaso del autor a la hora de crear episodios realmente humorísticos o sarcásticos; escenas que no aportan absolutamente nada (baste recordar todas las páginas dedicadas a La Habana, o la visita de Franco a Argelés-sur-Mer); la aparición muy tardía de personajes para completar la novela (da la impresión de que Torbado se quedó atascado cerca del final y tuvo que recurrir a Fabiani y Ramón); y una estructuración muy poco clara, con partes no muy delimitadas por su contenido y de títulos a menudo confusos.