domingo, 7 de julio de 2019

Ladrona de medianoche (2000). Nalo Hopkinson

Con esta entrada inicio la reseña de las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la primera década del presente siglo que aún no hubieran tenido una entrada independiente en mi humilde blog. Voy a presentarles en esta oportunidad "Ladrona de medianoche", de la escritora canadiense de origen jamaicano Nalo Hopkinson. Una novela que fue nominada a los Premios Nébula del año 2000, en los que se impuso "La radio de Darwin", de Greg Bear. Sin embargo voy a reseñar la novela de Hopkinson y no la de Bear porque llevo reseñadas recientemente varias novelas del estadounidense, y porque debo reconocer que aun siendo un escritor que me entretiene, nunca ha llegado a cautivarme con una novela realmente redonda. Razones por las cuales, cuando estaba preparando las reseñas de estos premios hace unos meses, decidí leer mejor la novela de la canadiense. Y lo cierto es que "Ladrona de medianoche" es una novela original, con mucha personalidad, y muy humana. Capaz de enlazar las tradiciones caribeñas más arraigadas con el futuro lejano. Pero también debo reconocer que me pareció excesivamente fantasiosa, más alegórica de lo deseable y con un ritmo literario irregular.

Hay que reconocerle a Hopkinson su capacidad para crear una novela diferente: en un complejo ejercicio literario, logra fusionar la tradición folclórica y cultural caribeña con un futuro lejano en el planeta de Toussaint, colonizado por una humanidad en expansión. La escritora exhibe a lo largo de la misma su absoluto dominio del carnaval, las vestimentas y hasta las frutas típicas de su región de origen, y los combina con una serie de conceptos (Granny Nanny, Eshu, nanoácaros...) que aunque no se explican en profundidad sí que resultan coherentes a la luz de la ciencia-ficción.

Sobre esta sugestiva base Hopkinson construye una historia no demasiado original pero sí repleta de periódicas revelaciones impactantes, con las que termina de caracterizar a unos personajes principales ya de por sí bien delineados. Además, el concepto del Mundo de Nuevo Árbol a Medio Camino, al cual son exiliados los criminales de Toussiant, resulta plausible, y la razón por la que el alcalde Antonio y su hija Tan-Tan llegan a él, también. Por lo que los mimbres para tejar una gran novela están a su alcance.

Y sin embargo Hopkinson no termina en mi opinión de aprovecharlos. Ya en su primer tramo, la novela se pierde en detalles menores, tarda bastante más de lo deseable en situar al lector, y claramente demasiado en presentar el combate entre Antonio y Quashee que se va a encargar de dinamizar la narración. A este resultado irregular contribuye sin duda la renuncia consciente de la autora a estructurar de manera convencional la novela, sin apenas capítulos, y con la inclusión poco menos que aleatoria de varios cuentos alegóricos sobre la vida y los logros de Tan-Tan, la Reina Ladrona del título, que más que complementar la narración degradan su ritmo literario.

Además, en Nuevo Árbol a Medio Camino la autora se permite más licencias fantasiosas de las deseables. Es cierto que la xenobiología del planeta, aunque completamente inventada, es fascinante (con mención especial para los douen y los hinte, que tanto complementan la vida de las "personas altas" en general y de Tan-Tan en particular), pero también que muchas de las especies animales y vegetales que presenta Hopkinson se comportan de manera inverosímil, que algunos episodios de peligro se resuelvan de manera poco justificada, y que se aprecian determinadas incoherencias (como un vehículo que se mueve con un motor de combustión en un planeta que, por ejemplo, carece de electricidad).

Pero es que la historia tampoco se desarrolla de manera muy limpia: cuando Tan-Tan y Abitefa se quedan solas en el bosque, y la novela podría crecer hasta su final, Hopkinson la limita a una serie de episodios en los que la Reina Ladrona ejerce de "Robin Hood" de Nuevo Árbol a Medio Camino en distintos poblados, con la recurrente persecución de Janisette y el bebé que crece dentro de Tan-Tan como amenazas, hasta llegar a un desenlace mas escenográfico (otra vez el recurrente carnaval) que concluyente. Porque, ¿seguiría Tan-Tan ejerciendo de Reina Ladrona después de haber dado a luz?

domingo, 23 de junio de 2019

Los premios Nébula: la primera década del siglo XXI

Con la presente entrada continúo la revisión de los Premios Nébula, los más prestigiosos de la literatura de ciencia ficción, década a década. En este punto cruzamos la frontera del mítico año 2000 y nos adentramos en la primera década del siglo. Una década que no tiene una denominación fácil, ya que no podemos referirnos a ella como "los ochenta" o "los noventa", sino recurriendo a la más enrevesada denominación de "primera década del siglo". Y que de manera análoga tampoco tuvo una tendencia o movimiento claramente definidos dentro del género, quizá abundando en lo que ya se observó durante la década precedente. Razón por la cual ésta y las próximas reseñas probablemente aporten una panorámica más amplia que las que ofrecieron las primeras décadas de vida de los premios.

Y es que el advenimiento del nuevo siglo probablemente fue un buen momento para revisar todo lo que se había explorado en el género hasta entonces, y tratar de ofrecer nuevas perspectivas sobre temas conocidos. Por eso entre los ganadores y nominados podremos seguir encontrando la pujanza de la fantasía, nuevos puntos de vista para las ucronías, obras que conjugan elementos de ciencia-ficción con otros géneros como el suspense o el terror, y cómo no, temas clásicos del género. Con una interesante mezcla de nuevos autores y escritores clásicos, o incluso otros que, bien entrados en la madurez, por fin lograron el reconocimiento que llevaban tiempo mereciendo.

Porque el indiscutible triunfador de los premios durante esta década fue el estadounidense Jack McDevitt, que ilustra la presenta entrada. Un escritor que ya llevaba quince años en el oficio cuando le empezaron a caer las nominaciones: nada menos que siete en los primeros diez años del siglo. Es cierto que sólo ganó el Premio Nébula en una ocasión, pero todas esas nominaciones hablan bien a las claras de la calidad de sus dos sagas principales: la de "Las máquinas de Dios" y la de "Alex Benedict", que fueron las que en su inmensa mayoría lograron todos esos reconocimientos. Unas sagas por otra parte de tinte clásico, pero convenientemente modernizadas en rigor científico y profundidad literaria.

Otro hecho a tener en cuenta es que, al tratarse ya de una década relativamente próxima en el tiempo, el número de novelas traducidas al español es menor que el de décadas precedentes. Por ello no es difícil encontrar años con sólo dos o tres novelas disponibles en nuestro idioma. Y por eso la lista de selección de novelas galardonadas o nominadas a los Premios Nébula que les propongo no es tan larga como las de las dos primeras décadas de los premios. Además, el volumen de novelas que reseñaré es si cBW menor que en otras ocasiones, pues no tengo problema en reconocer qu,e como simple aficionado al género que soy, aún no he tenido tiempo para leer todas las novelas ya traducidas. Y una última consideración: como siempre, aquellas novelas que ya hayan tenido su entrada propia por alguna otra razón ya aparecerán en la lista con su enlace correspondiente.

Sin más preámbulos, aquí va la lista:

2001:
Ganadora:
"La radio de Darwin" - Greg Bear
Nominada:
"Ladrona de medianoche" - Nalo Hopkinson

2002:
Ganadora:
"Rosa cuántica" - Catherine Asaro
Nominada:
"A través de Marte" - Geoffrey A. Landis

2003:
Ganadora:
"American Gods" - Neil Gaiman

2004:
Ganadora:
"La velocidad de la oscuridad" - Elizabeth Moon
Nominada:
"Chindi" - Jack McDevitt

2005:
Ganadora:
"Paladín de almas" - Lois McMaster Bujold
Nominadas:
"Tocando fondo" - Cory Doctorow
"Omega" - Jack McDevitt

2006:
Ganadora:
"Camuflaje" - Joe Haldeman
Nominada:
"Aire" - Geoff Ryman

2007:
Ganadora:
"Última misión: Margolia" - Jack McDevitt
Nominada:
"El círculo de Farthing" - Jo Walton

2008:
Ganadora:
"El sindicato de policía yiddish" - Michael Chabon
Nominada:
"Odisea" - Jack McDevitt

2009:
Ganadora:
"Poderes" - Ursula K. LeGuin
Nominada:
"Cauldron" - Jack McDevitt

2010:
Ganadora:
"La chica mecánica" - Paolo Bacigalupi

Como pueden ver en esta lista, además de un puñado de nuevos nombres como Cory Doctorow, Michael Chabon o Paolo Bacigalupi, lo que más llama la atención fue que la presencia de escritoras en la lista (desde veteranas como Ursula K. LeGuin o Lois McMaster Bujold a nuevos talentos como Jo Walton o Catherine Asaro) se volvió todavía más masiva que en la década anterior, lo que confirmaba la ya sí permanente incorporación de la mujer a este género literario que hace tiempo dejó de ser mayoritariamente masculino. Y que supone una razón más para seguir con atención mis próximas entradas sobre aquellas novelas ganadoras o nominadas a los premios durante esta década que aún no habían tenido su propia entrada en este humilde blog. Acompáñenme.

domingo, 9 de junio de 2019

La historia de tu vida (1998). Ted Chiang

Una entrada más continúo reseñando las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los noventa que aún no hubieran tenido una entrada independiente en este mismo blog. Aunque, a decir verdad, la entrada de hoy tiene "truco". Me explico.

En rigor, lo que procedería según el orden cronológico que estoy siguiendo para recorrer estos premios sería reseñar la novela ganadora de los Premios Nébula del año 2000, o al menos alguna de las novelas nominadas. Pero la novela ganadora, "Parable of the Talents", de Octavia E. Butler, no está traducida al español, por lo que no cumple el criterio básico de que este blog se oriente a lectores en nuestro idioma. Y de todas las novelas nominadas ese año, solamente una ("Un abismo en el cielo", de Vernor Vinge) está traducida. Pero si recuerdan, la última novela que en su momento leí de Vinge ("Al final del arco iris", 2006) me resultó tan decepcionante que desde entonces no me han quedado ganas de leer nada más de este autor. Por lo que me encontraba con que no tenía ninguna novela que reseñar de los Premios Nébula de ese año.

Ahora bien, aunque por razones de popularidad el premio a la mejor novela es el más relevante, en los Nébula también se conceden premios en otras tres categorías, entre ellas la (difícilmente publicable en España) de "novelas cortas". Pero como toda regla tiene su excepción, resulta que la novela corta que se alzó con el Premio Nébula del año 2000 sí que está traducida. No sólo eso: "La historia de tu vida", como parte de una antología de relatos y novelas cortas del estadounidense Ted Chiang del mismo título, se sigue editando con regularidad, lo que evidencia su tirón comercial. Por eso he pensado reseñar como obra más representativa de los Nébula del año 2000 esta novela corta de un autor que, aunque muy poco prolífico y que siempre se ciñe a formatos cortos, es uno de los más reputados escritores en este ámbito de la ciencia-ficción. En general esta antología es recomendable porque muchos otros relatos y novelas cortas de la misma también han recibido importantes galardones, pero en particular "La historia de tu vida" es una de las mejores novelas cortas de las últimas décadas: compleja, original, difícil de escribir, y sin embargo aprehensible.

Tras más de un siglo tratando el tema del primer contacto con una especie extraterrestre, es complicado que la literatura de ciencia-ficción pueda seguir proponiendo perspectivas originales. Pero en esta novela Chiang lo consigue plenamente: los heptápodos son razonablemente diferentes en su morfología, mas lo que les confiere su extraordinaria personalidad son sus dos lenguajes, el hablado y el escrito, sin apenas relación entre ellos. Sobre todo este último (el "heptápodo B"), con sus semagramas, sus interpretaciones teleológicas y el reflejo del modo de consciencia simultáneo de los extraterrestres. Sin duda difícil de comprender para los humanos, aunque Chiang logre con notable habilidad que podamos adentrarnos en el descubrimiento gradual del mismo que va logrando Louise, la protagonista de la historia.

Chiang complementa el "heptápodo B" con otro meritorio hallazgo: el recurso a los principios variacionales de la física, y su contraposición a los principios causales que los humanos habitualmente manejamos. Unos principios, con sus intenciones maximizadora y minimizadora, que encajan muy bien con la consciencia simultánea de los heptápodos, y que contribuyen a darle verosimilitud a estos extraterrestres. Reconociendo de nuevo la calidad de Chiang para presentar estos principios sin que el lector se pierda o se desinterese.

Pero para que la novela no se quede sólo en sendos tratados de lingüística y física, es necesario estructurarla con unos personajes y una historia. Y aunque lo que plantea el escritor no es muy original (la relación entre una madre y una hija muy diferentes, y cómo esa madre conoció a su marido durante la investigación de los lenguajes heptápodos), cumple su cometido. Además, Chiang la entronca fantásticamente con sus originales heptápodos al desestructurarla temporalmente, y referirse a ella desde el pasado pero en tiempo verbal futuro. Consiguiendo que esta alternancia entre vivencias desordenadas e investigaciones secuenciales de Louise funcione de manera sorprendente.

La pena es que con tanta complejidad es difícil que la letura sea lo suficientemente placentera. A menudo requiere un esfuerzo notable por parte del lector, y aunque Chiang administra con cuidado las sorpresas en las vivencias de Louise, no terminan de compensar su desestructuración consciente. Si a ello le añadimos que tampoco se termina de explicar por qué los heptápodos vinieron a la Tierra, ni por qué se marcharon de pronto, se entenderá que la considere una obra recomendable pero no un clásico.

sábado, 25 de mayo de 2019

Paz interminable (1998). Joe Haldeman

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los noventa que aún no hubieran tenido una entrada independiente en este humilde blog. Le ha llegado a la oportunidad a "Paz interminable", una de las novelas más conocidas del escritor estadounidense Joe Haldeman, ganadora del Premio Nébula correspondiente a su año de publicación. Que es también una de las que más confusión genera, porque el título (tanto en inglés como en español) parece dar a entender que se trata de una novela de la misma saga que "La guerra interminable", su novela más famosa. Pero como ya tuve la oportunidad de señalar cuando reseñé aquella, no estamos ante una secuela o una precuela de la misma: ambas novelas simplemente comparten marco de referencia, pero en la práctica podemos afirmar sin equivocarnos que son dos novelas independientes. Y ambas con múltiples galardones, aunque personalmente prefiero "La guerra interminable". Y es que "Paz interminable" es una novela difícil de clasificar, que parece de guerra, luego de relaciones personales, más tarde científica y al final resulta ser un thriller. Con un puñado de buenas ideas, pero también con algunos defectos apreciables. Y un tanto fría.

El mayor defecto es precisamente esa inconcreción argumental, que descoloca a un lector que, en parte por el título, en parte por las primeras páginas, espera una novela bélica, pero que ve cómo el componente bélico desaparece tras los primeros capítulos. No sólo eso; el plan para humanizar a la humanidad (valga la redundancia) y terminar con la guerra entre la Alianza y los Ngumi, que en realidad es el eje sobre el que orbita la trama, no se plantea hasta la mitad del libro, lo que provoca que las primeras doscientas páginas resulten, vistas en perspectiva, demasiadas.

Además, los acontecimientos de la segunda mitad de la novela se salen poco de lo esperado, y el escritor necesita recurrir in extremis a personajes y organizaciones de las que nada habíamos sabido hasta entonces (como Gavrila, Blaisdell, o el Martillo de Dios). Tampoco el estilo (intercalando la tercera persona y la narración en primera persona del protagonista, Julian Class, y sin capítulos claramente diferenciados, ni títulos, ni siquiera con referencias temporales suficientes) juega a favor del lector. Que se ve obligado por ende a afrontar una violencia y una crueldad esperable en Haldeman pero probablemente excesiva.

A cambio, Haldeman caracteriza con habilidad su pareja protagonista (Julian y Amelia Harding), nos presenta un año 2043 muy verosímil desde el punto de vista social (con las diferencias entre el primer y el tercer mundo ahondadas por las casi mágicas naonfraguas), y durante la segunda mitad convierte su novela en un thriller de ritmo rápido que atrapa al lector. Por otra parte, muchas de las ideas propuestas se apoyan consistentemente en el elemento científico: el colosal Proyecto Júpiter, los Soldaditos controlados remotamente (con los que la Alianza combate al enemigo sin apenas sufrir bajas), y sobre todo los conectores cerebrales con los que los controlan, cuya extrapolación para primero acceder a la mente de otras personas y más adelante humanizarlas, da lugar a las mejores especulaciones de la novela.

Así que aunque el desenlace resulte un tanto increíble, y pese a la violencia final que se apodera de Class, la novela se deja leer, y nos brinda algunas buenas reflexiones. Aunque como adelantaba al principio de la reseña no me parece un clásico, y creo que en 1998 se publicaron novelas mejores.

sábado, 11 de mayo de 2019

Río lento (1995). Nicola Griffith

Con la presente entrada continúo reseñando las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los noventa que aún no hubieran tenido una entrada propia en este humilde blog. Le ha llegado el turno a "Río lento", de la escritora británica Nicola Griffith. Que aunque se publicó en el año 1995, se alzó con el Premio Nébula a la mejor novela del año 1997. Un galardón tal vez cuestionable, porque se trata de una novela singular sin duda, pero también pretenciosa, machacona y decepcionante durante buena parte de su lectura, pero que sin embargo crece de manera cautivadora durante su tercio final.

He usado el adjetivo "machacona" a propósito, porque lo que más trasciende de la novela es su lesbianismo exacerbado. Y es que no sólo su protagonista Lore Van de Oest es lesbiana, es que la mayoría de las mujeres que aparecen lo son. Y la escritora insiste en detenerse sobre este tema una y otra vez (en mi opinión con más encuentros sexuales de los necesarios, o con la sorpresa final sobre el trauma infantil de Lore), hasta el punto de conferirle a la novela una sensación de inverosimilitud que no le favorece en absoluto. Aunque probablemente en aras de la diversidad creativa ese lesbianismo obsesivo fuera una baza a la hora de alzarse con el Nébula.

Otro factor que seguramente influyó en el galardón, y que en cambio para mí constituye un defecto serio, es la mezcla de distintas etapas en la vida de Lore, en primera y en tercera persona, a lo largo de toda la novela. Una técnica que se supone asociada a la calidad literaria (entiendo que puede ser más difícil escribir, o desordenar, una historia de esa forma), pero que provoca que el lector se esté permanentemente desenganchando cada pocas páginas de una historia, afectando notablemente a la capacidad de la novela para atraparle, y disminuyendo por tanto el interés.

Además, la a mi modo de ver excesiva atención que presta Griffith durante el primer tercio de la novela a la química que sustenta los procesos de la planta de depuración de Hedon Road, y el hecho de que la sociedad del "futuro cercano" que nos presenta se parezca demasiado a la de los años noventa (y sin embargo Griffith omita a propósito cualquier referencia temporal, el nombre de la ciudad en la que transcurre el grueso de la acción, o cualquier explicación sobre la sociedad o la política en el resto del mundo), abundan en esa sensación de irrealidad, de acontecimientos que siendo objetivos nunca podrían suceder.

Y pese a todo lo anterior, creo que la novela merece una lectura. Porque si se superan todos los obstáculos mencionados y se alcanza el último tercio de la novela, ésta despliega entonces todas sus virtudes. Sobre todo la historia personal de Lore, su caída desde su posición de poder en el seno de una familia multimillonaria hasta su lucha por ganarse la vida en los bajos fondos de la sociedad con su nueva identidad. Pero también la manera como las distintas piezas (el secuestro, los abusos sexuales, el sabotaje en la planta, la prostitución, el pirateo de anuncios) van encajando de modo convincente. Y todo ello sustentado con unos personajes principales muy bien caracterizados, y con unas últimas cincuenta páginas que son casi un thriller en distintos ejes temporales.

Eso sí, el desenlace me pareció demasiado escueto (Griffith apenas esboza el reencuentro de Lore con su familia, no cierra su relación con Spanner, ni explica mínimamente la estructura detrás de Meisener), dando la impresión de un cierre apresurado y no del todo bien estructurado.

sábado, 27 de abril de 2019

Metropol (1995). Walter Jon Williams

Una nueva entrada prosigo reseñando en orden cronológico las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los noventa. Voy a hablarles en esta ocasión de Metropol, del estadounidense Walter Jon Williams. Que fue una de las novelas nominadas a los Nébula el año que ganó "El experimento terminal", del para mí un tanto mediocre Robert J. Sawyer. Y es que sin considerarla una gran novela, la obra de Williams me parece una digna nominada, muy original, potente visualmente, con varias ideas ingeniosas y bien escrita. Lástima que en mi opinión le sobren elementos fantástico y le falten un rumbo y un propósito claros.

Para tratarse de un mundo tan complejo como el ideado por Williams, superpoblado y sin referencias trasladables a nuestro planeta actual, el escritor consigue con habilidad y buenas decisiones que el lector se sitúe en él sin excesivo esfuerzo, y comience a disfrutar de las bondades de la novela. Que en buena medida derivan de su original propuesta: una lejana Tierra, miles de años en el futuro, en la que toda la superficie disponible ya ha sido edificada y reedificada una y otra vez, sin noches, con algo sólo remotamente parecido a nuestras naciones (Jaasper, Barzaki, Cheloki, Caraqui), y con un elemento fantástico (el plasma) que sin embargo el escritor logra presentar como un concepto plausible y hasta natural en ese mundo futuro.

Además, Williams acierta al plantear una única línea narrativa en torno a Aiah, su protagonista femenina absoluta. La forma como Aiah persigue y logra un cambio en su vida, triunfa a pesar de sus contradicciones, asciende hasta convertirse en colaboradora y amante del metropol Constantine, y acaba saliendo indemne de su participación en la toma de Caraqui, está presentada con una solvencia digna de elogio. Los diálogos son siempre acertados, las descripciones las justas para visualizar la inmensa metrópolis, y el equilibrio entre acontecimientos y sentimientos muy preciso.

Los problemas comienzan cuando Williams comienza a abusar de elementos fantásticos. La "geomántica" y la "geomaturgia", conceptos vinculados a la extracción y la manipulación del plasma, aún tienen un pase. Pero las ánimas, los magos, los mutantes, la teletransportación, el Hombre de Hielo, los delfines que hablan... son demasiados elementos difíciles de aceptar, y la verosimilitud de la novela se resiente. A ello hay que sumarle todo lo que Williams deja sin explicar: lo más obvio es que no arroja ninguna luz sobre la barrera que oculta el sol y la luna, mas tampoco acabamos entendiendo la naturaleza real del metropol, lo que realmente se esconde tras La Operación, o incluso por qué el bebé de Tella tiene que estar siempre en las oficinas de la Compañía.

Argumentalmente la novela también flojea en su segunda mitad. Y es que una vez que Aiah se ha vuelto rica y ha conseguido una relación fluida con Constantine, es obvio que Williams no tiene claro por dónde tirar: si por una conspiración a escala planetaria, si por las pequeñas vivencias individuales de su protagonista, si por la investigación de La Operación... Al final opta por presentarnos la toma de Caraqui como la manera de cerrar de la novela dignamente, y se saca de la chistera el único personaje poco convincente del libro, Rohder, con su extraña cuota de poder y sus si cabe más peculiares encargos. Así el escritor construye un desenlace decente y agradable, pero muy lejos de lo que lo que la novela apuntaba al comienzo.

A pesar de ello, su originalidad y su calidad literaria me parecen argumentos innegables como para que optara a los Premios Nébula. Porque no es fácil aunar esas dos virtudes en un género que estaba ya tan trillado en la década de los noventa como la ciencia-ficción.

sábado, 13 de abril de 2019

Marte se mueve (1993). Greg Bear

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los noventa que todavía no hubieran tenido su entrada propia en este humilde blog. Ha llegado la oportunidad de hablarles de "Marte se mueve", del estadounidense Greg Bear, que se alzó con el Premio Nébula a la mejor novela el año de su publicación. A pesar de lo cual no la considero la mejor novela de Bear que he leído, e incluso me parece inferior a "La fragua de Dios", la novela de Bear que sólo se quedó como nominada para los Nébula seis años antes. Y eso que "Marte se mueve" es una novela muy elaborada sobre la vida en Marte en el siglo XXII, que entrecruza con inteligencia diversos planos (el social, el biológico, el tecnológico, el político) sobre la línea conductora que va dibujando la vida de su protagonista absoluta, Casseia Majumdar. Pero en mi opinión al libro le sobre extensión y en su mayor parte le falta calado literario.

No obstante lo anterior, creo que la novela cuenta con varios puntos fuertes. En concreto, hay dos que descollan al mismo nivel: la biología marciana y la tecnología de los Olímpicos. La biología está tan bien concebida, y presentada de un modo tan consistente (grietas, limo, puentes acueductos... todos estos conceptos nos resultarán familiares al terminar la lectura) que cuesta reconocer la inventiva de Bear. Algo parecido sucede con la tecnología: aunque no se entienda muy bien, los descriptores, la región de Pierce, los alabeadores, y las posibilidades que ofrecen (y que el escritor sabe aprovechar) son realmente fascinantes.

A un nivel inferior, pero todavía meritorio, podemos considerar la geología marciana (perfectamente presentada y brillantemente aprovechada por las construcciones humanas), los avances tecnológicos del siglo XXII (las extensiones, los pensantes, los evolvones, incluso los LitVids), y la originalidad del planteamiento de partida (alejado de las típicas primeras expediciones al planeta rojo, pero también de aquellos otros que muestran a Marte en condiciones de igualdad con la Tierra).

El problema es que todas esas virtudes quedan en segundo plano a causa de dos defectos graves. El primero es que la novela tarda una eternidad en enganchar: la primera parte, centrada en la revuelta universitaria, se presenta sin contextualizar, es demasiado extensa y está mal justificada, y la segunda, la fallida visita negociadora de Casseia a la Tierra acompañando a su pariente Bithras, es precisamente eso, fallida, sin propósito claro, estructura, ni consecuencias tangibles. Así que cuando a partir de la tercera parte Bear acelera el ritmo y despliega con toda intensidad su batería de "ingenios", la impresión global del lector sobre la novela ya está formada. Más aún si tenemos en cuenta el segundo defecto grave: la complejidad del panorama político planteado. Solamente al final de la novela el lector cree por fin entender todo lo ideado por Bear (Vínculos Múltiples, estadistas, las alianzas terrestres...), e incluso le parece un trasfondo razonable, pero durante la mayor parte de la misma resulta más un obstáculo para la lectura que otra cosa.

Si a ello le añadimos que el estadounidense es un narrador simplemente correcto, con una prosa un tanto anodina y sin capacidad para dotar de la profundidad necesaria a sus protagonistas, que hasta el último momento va creando sin miramientos nuevos personajes según los va necesitando, que anticipa en exceso la relación que Casseia y Charles retomarán en el tramo final, y que se echa muchísimo de menos un mapa de Marte, se entenderá que mi valoración final no fuera demasiado alta.

No obstante, debo reconocer que si el lector no desfallece durante la lectura, acabará apreciendo todo lo que mejora la novela en su último tercio, y disfrutar con un final intenso y un desenlace tan descabellado como coherente a su manera. Algo es algo.

sábado, 23 de marzo de 2019

El libro del día del juicio final (1992). Connie Willis

Una nueva entrada continúo con la reseña de las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los noventa que aún no hubieran tenido su entrada en este humilde blog. Les voy a hablar hoy de "El libro del día del juicio final", una de las novelas más premiadas de dicha década, puesto que además del Premio Nébula obtuvo los Premios Hugo y Locus. Es además la primera de las muchas novelas premiadas en los noventa de la estadounidense Connie Willis, sin duda la escritora más relevante del género durante aquellos años. Centrándonos en "El día del juicio final", debo empezar señalando que en mi opinión se trató de un reconocimiento merecido, pues estamos ante una bien trabajada y desgarradora novela que combina con ingenio una línea narrativa situada en el futuro cercano y otra en el pasado. Si bien no utiliza demasiado ni la ficción ni la ciencia, y casi podría encuadrarse por el contrario en el subgénero de la reconstrucción histórica.

Para poner las cosas más difíciles a la hora de apreciar esta novela, el comienzo es un tanto confuso, y en ocasiones no está claro qué personaje dice o hace tal cosa. Además, el viaje en el tiempo no está descrito con un mínimo de rigor, y la autora se escuda en el "continuum" para evitar dar respuesta a las indudables paradojas que conlleva el viaje, dejando bien claro que lo que le importa es la humanidad de la novela, no su carácter científico.

Tras el viaje, el grueso del libro es agradable, pero a pesar de lo trascendente de los acontecimientos (en especial de los que ocurren en el año 2.054), todo sucede de un modo excesivamente ordinario, carente de dramatismo. La autora recurre a complejas conversaciones en las que los personajes muchas veces no se escuchan unos a otros, por lo que se suceden frases referentes a temas distintos y el lector no siempre capta todo lo que lee. Pero es cierto que la escritora sabe aprovechar los comentarios de estas conversaciones para profundizar en la personalidad de cada personaje, sutil y progresivamente. Porque una de los puntos fuertes de la novela es el buen hacer de Willis: sabe cómo hacer que varios centenares de páginas no aburran y estén cargadas de detalles.

De todas formas lo que realmente sobresale de la novela son las ciento setenta y cinco páginas de su libro tercero: en el futuro los problemas se van aclarando, pero en la Edad Media la Peste Negra provoca que los acontecimientos se precipiten, cargados de una crudeza terrible, de sentimiento, de interminables muertes que Willis relata sin caer en lo sensiblero. He de confesar que varias veces dejé la lectura del libro profundamente sobrecogido, y lo que había leído me venía a la mente durante mi vida normal, e incluso una noche me impidió dormir durante un buen rato. Y el hecho adicional del número de personajes que mueren añade otro punto a la historia, alejándola del final previsible.

En suma, una novela mejor narrada que original, de buen nivel literario en general y con una tercera parte realmente brillante. Y por cierto con un título en español que es ciertamente la traducción literal de su título en inglés, pero que a mi modo de ver resulta excesivamente largo y hasta poco atrayente para adentrarse en sus páginas. Probablemente Miquel Barceló y Rafael Marín debieron haber propuesto algo más accesible para los potenciales compradores antes de publicarlo.

domingo, 10 de marzo de 2019

Las estaciones de la marea (1991). Michael Swanwick

Con esta entrada empiezo a reseñar las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los noventa que aún no hubieran tenido una entrada en mi blog. Voy a hablarles hoy de "Las estaciones de la marea", del relativamente poco conocido para el lector en español Michael Swanwick. El escritor estadounidense se alzó de manera un tanto inesperada con el Premio Nébula en 1992, un año en el que la novela favorita era "La máquina diferencial", de William Gibson y Bruce Sterling, que ya reseñé en su momento. Ambas novelas se publicaron en un momento muy particular del género, cuando el cyberpunk luchaba desesperadamente por evolucionar para no quedarse anclado como una breve moda pasajera. Sólo en ese contexto puede entenderse el premio para "Las estaciones de la marea", porque con la perspectiva que dan los años me parece una novela plana, confusa y fantasiosa a pesar de pretender ser ciencia-ficción, que únicamente se justifica por su original idea del desplazamiento del océano y por su ambientación.

Probablemente la razón para tal galardón fuera el obvio intento por actualizar la new wave de finales de los sesenta y setenta, acercándola a la fantasía que tan de moda estaba hace treinta años, y aderezándola con detalles tecnológicos más propios del cyber-punk que aún coleaba (podemos citar como ejemplos el sugestivo Palacio Mutable o el omni-funcional Maletín del burócrata). Todo ello presentado con un estilo que recuerda (salvando las distancias) al de mi admirado Robert Silverberg. Y con un aparente mensaje: que en un futuro lejano los ámbitos de la ciencia-ficción y la fantasía pueden converger perfectamente, yuxtaponiendo ciencia y tecnología a magia y rituales.

La otra virtud obvia de la novela es Miranda, el planeta donde transcurre la acción, con sus mareas del jubileo que cada 200 años, y a causa del deshielo de los casquetes polares, sumergen buena parte de las tierras habitadas, con el esperable impacto social y la original consecuencia de que muchas especies puedan adoptar dos formas (una adaptada al medio terrestre y otra al acuático). Al añadirle a este panorama la cercanía del "invierno grande", Swanwick ya tiene creado el trasfondo para que la novela se impregne de una sensación de catástrofe inevitable muy acertada.

Porque en realidad prácticamente todo lo que sucede en la novela es una decepción: el burócrata (un personaje tan anodino que carece de nombre y del que casi no se nos proporciona ningún rasgo físico) recorre el planeta en busca del mago Aldebarán Gregorian, que supuestamente ha traficado con tecnología prohibida en el planeta. Y eso es todo lo que hace: ir recorriendo distintos lugares y encontrándose con diversos personajes más o menos relacionados con Gregorian, que le irán relatando sus vivencias con el mago, hasta llegar finalmente a encontrarse con él. Con mucho sexo por el camino, y también con una trayectoria jalonada cada vez por más elementos fantásticos.

La novela resulta fallida porque los lugares visitados por el burócrata resultan a menudo confusos o difíciles de localizar (se echa de menos un mapa), porque el supuesto elemento de intriga que va atosigando al burócrata resulta bastante evidente casi desde el principio, porque el marco histórico de Miranda (con sus habitantes nativos, los espectros, a la cabeza) está pobremente explicado, porque el componente fantástico a menudo deviene en fantaseos difíciles de asumir, y porque la novela adolece de cualquier tipo de tensión (incluso el enfrentamiento final entre el burócrata y Gregorian resulta insulso). Menos mal que el desenlace contiene un pequeño guiño original al final, y que el libro es corto, que si no...

sábado, 23 de febrero de 2019

Los Premios Nébula: la década de los noventa

Con esta entrada doy comienzo a mi revisión de los Premios Nébula durante la década de los noventa, la cuarta década de existencia de los en mi opinión galardones más prestigiosos de la literatura de ciencia-ficción. Una década en la que se consolidó mi afición al género, en un momento en el que más que de una corriente dominante se puede hablar de diversos movimientos dentro del género, no siempre relacionados, y que dieron como resultado a un conjunto de escritores probablemente más amplio y variopinto que en cualquier década anterior.

Y es que con la literatura de ciencia-ficción plenamente consolidada como género literario maduro, lo que en mi opinión caracterizó a la década fue el intento por revisar muchos de los temas clásicos del género a la luz de los nuevos avances tecnológicos y de la contrastada calidad literaria de cualquier género de finales del siglo XX. Sin que hubiera un dominador claro a nivel de nominaciones y galardón, si bien quizá la escritora que más destaco en el género fue Connie Willis, quien ilustra la presente entrada.

Por ejemplo, los años noventa fueron la década en la que se consolidaron grandes nombres del género que habían surgido tímidamente años atrás como Kim Stanley Robinson, Jack McDevitt o Nancy Kress. Y en la que siguieron triunfando algunos de los nombres que habían triunfado en la década precedente, como Vernor Vinge o Lois McMaster Bujold. También hubo hueco en los premios para "veteranos" del género que seguían en su cima creativa como Joe Haldeman, Ursula K. Le Guin o Roger Zelazny. E incluso la fantasía siguió contribuyendo de manera significativa al género, con su escritor de referencia en los premios Nébula Gene Wolfe ampliando su lista de nominaciones e incluso con la saga de "Juego de tronos" de George R.R. Martin, cuyas dos primeras novelas estuvieron nominadas a los premios de 1998 y 2000, aunque no llegaron a ganarlos.

A mi modo de ver esa dispersión temática y estilística provocó que la calidad de las novelas premiadas y nominadas durante la década fuera un tanto desigual. Combinando novelas realmente brillantes y dignas de considerarse clásicos del género con otras originales o a contra corriente pero que no resisten un análisis literario veintitantos años más tarde. Por eso la lista de selección de novelas galardonadas o nominadas a los Premios Nébula en los años noventa es similar a la de los años ochenta, pero más corta que la de las dos primeras décadas de los premios. Y como siempre, aquellas novelas que ya hayan tenido su entrada propia por alguna otra razón ya aparecen con su enlace correspondiente. Aquí la tienen:

1991:
Ganadora:
"Tehanu" - Ursula K. LeGuin
Nominada:
"La caída de Hyperion" - Dan Simmons

1992:
Ganadora:
"Las estaciones de la marea" - Michael Swanwick
Nominada:
"La máquina diferencial" - William Gibson y Bruce Sterling

1993:
Ganadora:
"El libro del día del juicio final" - Connie Willis

1994:
Ganadora:
"Marte rojo" - Kim Stanley Robinson
Nominada:
"Mendigos en España" - Nancy Kress

1995:
Ganadora:
"Marte se mueve" - Greg Bear

1996:
Ganadora:
"El experimento terminal" - Robert J. Sawyer
Nominadas:
"Mendigos y opulentos" - Nancy Kress
"Metropol" - Walter Jon Williams

1997:
Ganadora:
"Río lento" - Nicola Griffith

1998:
Ganadora:
"La luna y el sol" - Vonda N. McIntyre

1999:
Ganadora:
"Paz interminable" - Joe Haldeman

2000:
Ganadora:
"Parable of the Talents (no traducida al español)" - Octavia E. Butler
Nominada:
"Un abismo en el cielo" - Vernor Vinge
Reseñada:
"La historia de tu vida" - Ted Chiang (mejor novela corta)


Como pueden ver, la presencia de autoras en la lista, con Connie Willis a la cabeza, fue mayor que en ninguna década anterior, lo que refleja la saludable incorporación de la mujer a este género literario que empezó siendo mayoritariamente masculino. Una razón más para seguir con atención mis próximas entradas sobre aquellas novelas ganadoras o nominadas a los premios durante esta década que aún no habían tenido una entrada propia en este blog. Vamos allá.