miércoles, 31 de diciembre de 2025

"La Sonda Titán" (2019). Brandon Q. Morris

La entrada que hoy les traigo da continuidad a mi recorrido por algunas de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español. Avanzamos ya hasta el año 2019, que fue cuando comenzó a publicarse la saga "Luna Helada", del escritor alemán Matthias Matting (quien publica bajo el pseudónimo de Brandon Q. Morris seguramente para evitar el rechazo de aquellos lectores acostumbrados a leer exclusivamente producciones anglosajonas). Algunos de ustedes tal vez recuerden que hace un par de años reseñé ya el primer título de la saga, "La Misión Encélado" (2019), una revitalizante incursión en el subgénero de la ciencia-ficción dura amparada por los conocimientos científicos y tecnológicos más recientes. La que hoy les traigo es la segunda entrega de la saga, "La Sonda Titán". Publicada sólo unos meses después de su predecesora, profundiza en los hallazgos de su primera entrega con una historia de idénticos protagonistas y marco temporal, que resulta más disfrutable que novedosa.

Cronológicamente la narración arranca apenas unas horas después del final de "La Misión Encélado" (excepción hecha del prólogo, fechado en 2005 y dedicado a narrar el aterrizaje de la sonda Huygens en Titán), y salvo por el añadido del veterano profesore Robert Millikan y sus descubrimientos sobre lo que está sucediendo en torno a Saturno, se centra en los mismos seis protagonistas de la primera novela. Incluyendo a Marchenko, el médico ruso al que habíamos dado por muerto en la superficie de Encélado en la primera novela. Morris lo "resucita" (un recurso más defendible desde el punto de vista literario que desde el biológico), y estructura en torno a su lucha por la superviviencia en condiciones extremas y a su intento por avisar a sus compañeros para que lo rescaten, toda la trama.

Entre medias, la inesperada actividad mostrada por la sonda Huygens en el año 2046 le sirve al autor como excusa para enviar al resto de la misión a visitar Titán, el mayor satélite de Saturno, en una expedición también repleta de dificultades, aventuras y peligros. Abundando en la ya conocida temática del primer (en este caso segundo) encuentro con vida inteligente extraterrestre, elucubrando sobre los procesos que podrían dar lugar a la misma, y las formas que podrían adoptar los seres vivos en unos ambientes tan hinóspitos desde el punto de vista humano. Morris encara estas especulaciones con su ya conocido rigor científico, y lo hace cautivando por sus conocimientos aplicados en las materias más diversas, e intentando en todo momento que el lector comprenda la ciencia y la tecnología que los sostiene. Un cuidado extremo del elemento científico que justifica los extensos apéndices sobre Titán emplazados al final del libro, realmente interesantes y presentados con innegable vocación didáctica.

Esta continuidad argumental, estilística y tecnológica facilita que el lector de esta segunda entrega se sitúe al instante y disfrute de la lectura, pero en cierta medida también juega en contra de la misma. Sobre todo, porque lo que encierran las páginas de la novela resulta menos sorprendente que en la primera novela. Pero también porque la dualidad de líneas narrativas (la que debería acaparar la atención, en Titán, y la que realmente alcanza mayores cotas de dramatismo, en Encélado) no termina de funcionar; de hecho, la segunda y última parte de la novela ("Regreso", que abarca aproximadamente su último tercio), ya no acontence en absoluto en Titán, cuando éste es la supuesta razón de ser del libro. Porque Matting parece darse cuenta de que lo que le falta por relatar de la novela es precisamente lo que va a suceder en Encélado, aunque no sea el mayor satélite de Saturno.

Otros defectos menores son las relaciones afectivas un tanto infantiles (al menos así nos las presenta Morris) entre su sexteto protagonista, cierta falta de dramatismo en algunas situaciones (la prosa del escritor es muy alemana, para lo bueno y para lo malo), la presencia de algunos sueños y visiones justificadas argumentalmente pero que chirrían frente al tono de aventura científica del grueso de la narración, cierta premura en el desenlace, y la solución un tanto artificiosa para dar continuidad a la vida de Marchenko y que pueda retornar a la Tierra.

A cambio, la novela es eficaz a la hora de revisitar temas clásicos del género a la luz de los más recientes conocimientos científicos y avances tecnológicos, y frente a lo que tan a menudo sucede en estos últimos años, no pretende reconciliar la ciencia-ficción con los dogmas de pensamiento único que nos rodean por todas partes, sólo instruirnos sobre lo que esconde nuestro Sistema Solar a la vez que nos hace pasar un buen rato. Por eso el balance final es netamente favorable, y por eso les emplazo a mi siguiente reseña de la saga, dentro de unos días.

martes, 30 de diciembre de 2025

"El Fin de la Muerte" (2018). Cixin Liu

Con la novela que hoy les voy a reseñar sigo avanzando en el tiempo en mi recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más importantes de la ciencia-ficción que aún no habían aparecido, o no completamente, por este blog. Nos situamos en el año 2018, que fue cuando vio la luz la edición en español de "El Fin de la Muerte", del autor chino Cixin Liu. Se trata en realidad de la tercera entrega de su trilogía "El Problema de los Tres Cuerpos", pero es la primera y única de la misma que voy a reseñar como parte de este recorrido. Como algunos de ustedes tal vez recuerden, la razón es que las otras dos novelas ya recibieron atención como parte de mi revisión temática de los Premios Nébula ("El Problema de los Tres Cuerpos", 2015) y del subgénero de la ciencia-ficción dura ("El Bosque Oscuro", 2017), respectivamente. Y dado que acabo de ofrecerles los enlaces a dichas entradas, espero que esta revisión un tanto entrecortada de esta saga no suponga mayores problemas para todos los que han leído o se disponen a leerla. Que sin duda es una de las más populares comercialmente en lo que llevamos de siglo, hasta el punto de que la escogí para ilustrar la entrada que dio comienzo a este nuevo recorrido, hace casi dos años. "El Fin de la Muerte" pone el broche de oro a tan monumental saga: es una novela descomunal, con suficientes elementos y temas para, en manos de un escritor menos ambicioso, haber sustentado toda su bibliografía, pero que aquí se condensan en poco más de setecientas páginas de una gran densidad.

A pesar de la riqueza (conceptual y argumental) de las dos novelas anteriores, y de que esta tercera entrega es todavía más extensa que ellas, para mí se trata, sin duda, de la mejor novela de la trilogía. Porque no sólo respeta la esencia de las dos anteriores, sino que las lleva, de una manera coherente y grandilocuente a partes iguales, a una nueva dimensión que resalta todas las virtudes de la serie. Y es que a lo largo de los más de dieciocho millones de años que abarcan las cinco partes y las nueve Eras con las que Liu cubre tan extenso periodo, la cantidad de conceptos científicos, de desarrollos tecnológicos, y de especulaciones socioculturales asociadas, es abrumadora. Hasta el punto de que la novela abandona otros géneros literarios explorados por sus predecesoras, como el suspense o el bélico, y abraza con entusiasmo la ciencia-ficción dura. Partiendo de conceptos científicos de plena vigencia en la actualidad, y desarrollándolos como probablemente ningún otro autor del género ha hecho en las últimas décadas. Con el acierto, además, de presentarlos de manera accesible para que un lector que ponga un poco de su parte pueda aprehenderlos. Así, por sus páginas veremos pasar pliegues en el espacio-tiempo, ondas gravitacionales, espacios multi-dimensionales, colonias espaciales auto-sostenibles, motores de propulsión por curvatura, y un sinfín de elementos más, en un derroche creativo absolutamente abrumador.

Por si lo anterior fuera poco, a nivel argumental el despligue no se queda atrás: ataques de los trisolarianos, emigración forzosa de la humanidad a Australia, períodos de prosperidad en unas ciudades increíblemente avanzadas, emigración por el Sistema Solar, intrigas entre grupos de poder por liderar el proyecto que permita la continuidad de la humanidad, proyectos de salvación de lo más granado de la cultura y el arte humano... Y todo ello sin perder de vista comportamientos y emociones humanos básicos: amor, engaños, traiciones, desesperanza, lucha por la subsistencia... A veces incluso mediante recesos e intrahistorias dentro de la trama principal, una exhibición que confirma el dispendio creativo.

Una consecuencia casi inevitable de este despliegue sin parangón es la dificultad que entraña la lectura. Que en esta trilogía se agrava, además, por el inevitable choque cultural que para el lector occidental supone encontrarse con una forma de escribir "oriental", con su frialdad narrativa, sus alusiones a periodos culturales y obras chinas que poco o nada le dirán, su ritmo prácticamente estable de principio a fin, sus nombres difíciles de retener, su firme creencia en una respuesta casi siempre consensuada de la humanidad... Si bien la novela resulta razonablemente disfrutable, requiere de mucha concentración, buena capacidad de retentiva, y tiempo para no espaciar en demasía las lecturas, y así poder digerir todo lo que el escritor va revelando.

Además, no todos los temas tratados revisten el mismo interés, ni todas las Eras resultan igual de sugestivas, por lo que a veces es necesario armarse de paciencia y seguir prestando toda la atención posible, pues todo cuando es narrado puede revisitarse o convertirse en esencial unos cientos de páginas después. Es el caso, por ejemplo, de los tres cuentos con los que Yun Tianming consigue burlar la censura de los trisolarianos y darle a Cheng Xin las claves para que la humanidad pueda existir: demasiado largos, líricos y hasta bucólicos en relación con el resto de la trama y con su finalidad, aunque las ideas que encierran sean brillantes. También es el caso de la misma Xin, un personaje un tanto extraño para el lector occidental, y sobre el que a lo largo del libro van recayendo unas responsabilidades absolutamente inverosímiles. Por no hablar de su sempiterna compañera/amiga/¿amante?, cuyos vínculos con Xin desafortunadamente nunca se terminarán de entender.

Pero asumiendo que el libro no pretende ser una novela de personajes, y que no es apta para todos los públicos, su sentido de la maravilla es tan extraordinario que incluso para los aficionados al género más encallecidos supone una lectura de hondo impacto, con un desenlace a tono con su grandilocuencia.

domingo, 14 de diciembre de 2025

"Autoridad" (2014). Jeff VanderMeer

Con esta entrada prosigo la revisión en orden cronológico de algunas de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español que aún no habían aparecido por este humilde blog. Sigo avanzando en el tiempo, y me sitúo ya en 2014, que fue cuando vio la luz "Autoridad", la segunda de las novelas que constituyen la Trilogía de Southern Reach, del escritor estadounidense Jeff VanderMeer. Sin duda, se trata de una de las sagas más populares en el género en estos últimos años, y por eso escogí una ilustración de sus tres volúmenes (junto con otra de "El Problema de los Tres Cuerpos", de Cixin Liu), para ilustrar la entrada que dio pie y centraliza todas las revisiones que estoy haciendo desde entonces. Y es que se trata de una trilogía que ha excedido los límites de la ciencia-ficción y ha sido reivindicada por no pocos medios y lectores de literatura más generalista. Sin embargo, ya les adelanto que mi reseña de hoy no va a ser en absoluto favorable a la misma. Algo que quizás les sorprenda, porque en su momento mi impresión de "Aniliquilación" (2014) sí fue claramente positiva. Pero es que esta segunda entrega echa por tierra todas las virtudes de su predecesora y se enreda en el mundo interior de su protagonista, sin ofrecer prácticamente nada de interés hasta sus páginas finales.

En esta segunda novela VanderMeer cambia el enfoque de su predecesora y se sirve de un narrador en tercera persona para seguir las peripecias de John Rodríguez, Alias "Control", el nuevo director de la Agencia Southern Reach (encargada, como saben quienes recuerden la lectura de la primera novela, de investigar el "Área X" y los fenómenos allí acaecidos). Peripecias que quedarán constreñidas casi en su totalidad a la propia agencia, dejando en un segundo plano muy remoto el área. Estas diferencias esenciales se ven agravadas por otro hecho determinante: una extensión mucho mayor que la de su antecesora (más de ciento veinte mil palabras en la edición en inglés). Esta combinación de cuatro nuevos factores (enfoque, protagonista, objeto y extensión) afecta dramáticamente al resultado final de la novela, que queda lejísimos del de "Aniquilación". Por múltiples factores derivados de esas cuatro decisiones desacertadas.

Uno de los más evidentes es la falta casi absoluta de acontecimientos durante la mayor parte del libro. Y es que durante unos pocos días Control se limita a recorrer físicamente la agencia, a seguir irregularmente algunos indicios sobre los misterios del área, a clasificar información, a unas pocas entrevistas con la bióloga (la protagonista de "Aniquilación"), a unas cuantas conversaciones deshilvanadas con algunos de los miembros más relevantes de la agencia, y a unos periódicos chequeos con su superior en la agencia secreta ("La Voz") y con su... madre. Sí, han leído bien, toda una primera novela para una cautivadora duodécima expedición al "Área X", y otra posterior para explorar la relación del nuevo director de Southern Reach con su madre. Eso es todo: ni se visita de nuevo el "Área X" (apenas un tímido acercamiento a sus confines), ni se averigua prácticamente nada de la misma. Un aspecto decepcionante del que lector va siendo consciente paulatinamente, y que provoca que su desinterés por la lectura vaya aumentando en la misma proporción.

Pero es que, además, el ritmo de la narración es muy bajo, algo que tampoco ayuda a que el libro enganche (aunque reconozco que la prosa es fluida). Además de recrearse en la relación con su madre, el escritor ofrece multitud de detalles sobre la vida y la personalidad de Control, pero eso, en vez de acercarlo al lector, lo vuelve más antipático, pues se le percibe como el principal obstáculo para que progresen de una vez los acontecimientos. Aún más: VanderMeer se detiene en detalles que parecen absurdos, fracasa al intentar despertar la atención del lector con revelaciones que son siempre menores, y no consigue crear ni un clima paranoico, ni mucho menos conspiratorio, a pesar de que ésa parece ser su intención. Porque los desesperantes tumbos que va dando Control y la gran cantidad de páginas de relleno que de ello se derivan son contrapesos demasiado fuertes.

Otros defectos adicionales son las inconsistencias fácilmente detectables (se permite que madre e hijo no solamente formen parte de la misma agencia secreta, sino que interactúen sin intermediarios en el mismo caso; se termina reconociendo implícitamente y a regañadientes que la novela no está ambientada en un universo alternativo o similar, que le pudiera conferir mayores dosis de verosimilitud, sino en los Estados Unidos de los siglos XX y XXI, pero se introducen irrealidades como la ciudad de Hedley, el extenso tramo de costa contaminado, o el paraje de Rock Bay al final); se presentan como puntos álgidos de la narración capítulos que pretenden intimidar al lector pero que de hecho, lo dejan frío (como aquel en el que Control descubre las pinturas esquizoides de Whitby); se produce una pérdida casi total del ambiente de misterio y opresivo de la primera entrega; y se incurre en el abuso de barbarismos innecesarios.

Por desgracia, las virtudes de "Autoridad" caben en un párrafo: el palpable esfuerzo por capturar los traumas de los personajes de la agencia; la relación de algunos de ellos con el medio ambiente; el estilo de VanderMeer, a veces recargado y a veces grandilocuente, pero efectivo para que el lector no se desenganche del todo; y un tramo final y un desenlace (en realidad, todo lo narrado en la parte final, la denominada "Más Allá"), en el que por fin suceden algunas cosas dignas de mención, hay menos divagaciones, se nos ofrece un poquito de acción y, aun cuando no se ate ningún cabo, se nos propone un cierre para la lectura que no es una mera interrupción, y que puede ser suficiente para despertar el interés por la lectura de "Aceptación", la tercera entrega.

Escribo conscientemente "puede ser suficiente" porque en mi caso no lo fue; "Autoridad" me había ofrecido demasiado poco para ello. Personalmente pienso que VanderMeer debería haber planteado una segunda entrega menos disruptiva con la primera y, teniendo en cuenta lo que se narra en ella, haberla despachado en como mucho cien páginas. Así que aquí terminan mis reseñas sobre la Trilogía de Southern Reach.

"Encuentro en Ío" (2019). Brandon Q. Morris

Con la entrada que hoy les traigo prosigo mi segundo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector ...

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