Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a presentarles hoy "Mendigos y opulentos", de la estadounidense Nancy Kress. Se trata de la segunda novela en orden cronológico y de lectura de la saga de los mendigos, una trilogía que recomiendo leer en su integridad. Esta novela mantiene el nivel de "Mendigos en España" gracias a una atractiva combinación de tecnología, especulación, avatares humanos y una prosa cuidada. Hecho que queda constatado en que también resultó finalista del Premio Hugo, como su antecesora. Además, puede disfrutarse como novela independiente del resto de la saga, y no se queda lejos de la categoría de clásico.
En "Mendigos y opulentos" Kress sitúa la narración a comienzos del siglo XXII, es decir, veintitrés años después de donde la dejó en la primera entrega, con una sociedad si cabe más fuertemente estratizada entre "Vividores", "Auxiliares" e "Insomnes". Y nos vuelve a entregar una novela relativamente larga (aunque un poco más corta que la anterior), con una estructuración similar en cuatro partes principales (a las que añade una quinta más breve a modo de cierre), el mismo estilo narrativo y un intervalo temporal mucho más corto que el de su predecesora como principal diferencia (pues toda la novela transcurre en un solo año). También repiten algunos personajes ya conocidos (Drew Arlen, Miranda Sharifi...), que comparten protagonismo con otros como Diana Covington o Billy Washington.
La saga de los mendigos es una trilogía tan ambiciosa en cuanto al número y complejidad de aspectos que pretende cubrir que a lo largo de la misma se pierde un poco el foco en la historia en sí, que es lo que más suele calar en el lector. Y precisamente en este aspecto es donde "Mendigos y opulentos" me parece ligeramente superior a las otras dos novelas: en la continuidad de las vivencias de unos pocos personajes, a la que Kress da fuerza a corta como digo de acortar el marco temporal que cubre la novela. A ello contribuye además otra novedad introducida respecto a su predecesora: la estructuración en líneas narrativas separadas y narradas en primera persona por Drew, Diana y sobre todo Billy Washington, la más interesante y mejor caracterizada de las tres (incluso en la forma de hablar tan específica que emplean los Vividores). Creo que encaja más con las características de la saga que un narrador omniscente.
Aunque por supuesto la influencia de los Superinsomnes en la trama es tan alta como cabría esperar, la principal novedad argumental de esta segunda parte es la enfatizada separación entre Vividores y Auxiliares: una dura pero atrayente deformación de la sociedad actual, en la línea de los Eloy y los Morlocks de H.G. Wells, pero más cercana al lector contemporáneo. Y que actúa como un espejo que permite al lector reflexionar sobre la indefensión del ciudadano de a pie, su manipulación por los centros de poder, su distracción mediante pasatiempos que no obliguen a pensar (las carreras de motos)... Y otras cuestiones de más alto nivel, como hacia dónde debe evolucionar la tecnología y quién la debe controlar. Todo ello en medio de acontecimientos que se suceden a buen ritmo, y que son sazonados con "sorpresas" como el cambio de bando de Drew, o la alimentación autotrófica de Miranda Sharifi.
Durante buena parte de la lectura la novela me parecía digna de la categoria de clásico a la que aludía al comienzo, pero justo en el tramo final se desinfló un poco, ya que para mí el final adecuado no debería ser el propuesto Kress, sino que debería haber sido el episodio de la declaración de Miranda Sharifi sobre los seres humanos autotróficos, justo después del clímax narrativo: las treinta páginas adicionales hasta el final real no aportan prácticamente nada, y la aparición de "Voluntad e idea" resulta bastante forzada. Otros puntos débiles de la novela son la cuestionable relación entre insomnio e inmortalidad que nos plantea la autora, la excesiva influencia otorgada a los "Sueños Lúcidos" de Drew Arlen sobre los Vividores, y el que sea la clase política quien pague con emplazamientos públicos por recibir los votos de los Vividores. Aspectos que en todo caso no enmascaran una novela claramente recomendable.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
domingo, 15 de febrero de 2015
martes, 27 de enero de 2015
Mendigos en España (1993). Nancy Kress
Una entrada más prosigo con mis reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablarse en esta oportunidad de "Mendigos en España", novela que inaugura la conocida como saga de los mendigos, escrita por la estadounidense Nancy Kress. Se trata de una saga que no fue concebida como tal, sino que fue creciendo a partir de la continuada expansión de una novela corta escrita por Kress en 1991 y ganadora de los premios Nébula y Hugo en dicha categoría. Kress convirtió esa primera novela corta en la extensa novela que les presento, del mismo título pero con tres partes adicionales además de la novela corta en su integridad, y posteriormente añadió dos novelas más a la saga, hasta quedar finalmente comprendida por:
Mendigos en España (1993)
Mendigos y opulentos (1994)
La cabalgata de los mendigos (1996)
En conjunto, forman una saga muy equilibrada y cohesionada (quizá porque las tres novelas fueron escritas en un lapso de tiempo relativamente corto y el lapso de tiempo que cubren tampoco es muy largo), con los impactos de la ingeniería genética en la sociedad del siglo XXI como eje principal, y que recomiendo leer en su integridad. Poseen esa sensibilidad tan característicamente femenina, y solamente les falta algún título que destaque del conjunto para reivindicar la categoría de clásico, a la que aspiran pero no alcanzan. En concreto, "Mendigos en España" (que pese a lo que su nombre pueda indicar no transcurre en España, tan sólo es una alusión un tano peyorativa a nuestro país) es una novela recomendable, con una primera parte (la novela corta) excelente, y otras tres partes a su misma altura en cuanto a profunidad especulativa, pero en un plano inferior en cuanto a disfrute literario.
La primera novela corta ("Leisha", en alusión a su protagonista insomne), pone de manifiesto una virtud extensible a todo el libro: la atención que dedica Kress a la caracterización de sus personajes principales (no sólo Leisha, también Alice, Drew...) y el mimo con el que nos presenta sus ideas y emociones. Tanto, que el resto de la seña necesita girar forzosamente en torno a sus personajes, por encima de los acontecimientos o las reflexiones. Además, desde el principio nos justifica la viabilidad científica del insomnio permanente que posibilita la ingeniería genética, y logra sacarle un gran partido a esta premisa mediante la convivencia entre una joven Insomne y otra Durmiente, ambas hermanas gemelas. El lector comprueba con sus propios ojos qué significa ser alguien especial, qué representan los tratos preferentes para una hermana en la otra, y qué enfrentamientos se derivan de ellos. Acertadamente, esta contraposición individual entre las hemanas se globaliza conforme avanzan las páginas al conjunto de los Estados Unidos, a través de una filosofía socio-económica bien concebida: el Yagaísmo. Así, se plantea con toda su crudeza el odio a los "superiores" al mismo tiempo que el desprecio de éstos por quienes no contribuyen a la comunidad. Las páginas finales de esta primera parte, en especial, rayan a gran altura: trepidantes y tiernas a la vez.
Con la segunda parte ("Sanctuary", en alusión a la comunidad independiente que crean los Insomnes) empiezan a evidenciarse los defectos de la novela, puesto que el lector se topa con unos capítulos presididos por una cierta frialdad. Ni el aislamiento de Sanctuary, ni la xenofobia del líder opositor Calvin Hawke, ni la prisión y el posterior juicio de la líder Insomne Jennifer Sharifi, cautivan al lector con la intensidad de la primera parte. A ello contribuye que, sin previo aviso, Jennifer se erija en la protagonista del "núcleo duro" de los Insomnes. Y se aprecia una preocupante previsibilidad en el desenlace de algunos capítulos. No obstante lo anterior, las reflexiones principales de esta segunda parte vuelven a ser interesantes: tanto la solidaridad de clase como la violencia como elemento pertubador y aglutinante a la vez.
La evolución de la sociedad estadounidense tras la marcha de Sanctuary vuelve a ser motivo de reflexión: esa nítida división entre Pobres, Vividores y Auxiliares y las dependencias que se establecen. Sin embargo, mientras la irrupción de Miri (la Superinsomne concebida en Sanctuary) paree una consecuencia lógica del afán de perfeccionamiento de los Insomnes, la aparición del vividor Drew Arlen resulta forzada, y durante muchas páginas se le otorga una atención en mi opinión excesiva. Otro defecto lo constituye los excesivos vaivenes de Leisha Camden entre los Insomnes Kevin Baker y Richard Keller, hasta el punto de que ambos personajes llegan a confundirse.
Afortunadamente la cuarta parte mejora la impresión final de la novela, ya que Kress logra en ella sintetizar e interrelacionar todo lo que ha expuesto en las trescientas páginas anteriores. En primer lugar, logra que la evolución y posterior crisis de los Estados Unidos justifique plenamente el desenlace. En segundo lugar, cierre el círculo cuando los Superinsomnes se convierten, paradójicamente, en los Nuevos Mendigos. En tercer lugar, no establece una distinción clara entre "buenos" y "malos": el lector ve y entiende las justificaciones y las motivaciones del Consejo, de los Súper, del hogar de Nuevo México... Y aunque conceptos tales como las asociaciones de ideas y la complejidad de las cadenas dificultan en parte el disfrute, el desenlace es brillante, intenso y, una vez más, reflexivo. Porque al fin y al cabo el lector llega por sí mismo a la principal conclusión que a mi modo de ver intenta poner de manifiesto la autora: que la búsqueda de excelencia en la humanidad no es compatible con la igualdad entre los hombres. En su universo, al menos. No sale España
Mendigos en España (1993)
Mendigos y opulentos (1994)
La cabalgata de los mendigos (1996)
En conjunto, forman una saga muy equilibrada y cohesionada (quizá porque las tres novelas fueron escritas en un lapso de tiempo relativamente corto y el lapso de tiempo que cubren tampoco es muy largo), con los impactos de la ingeniería genética en la sociedad del siglo XXI como eje principal, y que recomiendo leer en su integridad. Poseen esa sensibilidad tan característicamente femenina, y solamente les falta algún título que destaque del conjunto para reivindicar la categoría de clásico, a la que aspiran pero no alcanzan. En concreto, "Mendigos en España" (que pese a lo que su nombre pueda indicar no transcurre en España, tan sólo es una alusión un tano peyorativa a nuestro país) es una novela recomendable, con una primera parte (la novela corta) excelente, y otras tres partes a su misma altura en cuanto a profunidad especulativa, pero en un plano inferior en cuanto a disfrute literario.
La primera novela corta ("Leisha", en alusión a su protagonista insomne), pone de manifiesto una virtud extensible a todo el libro: la atención que dedica Kress a la caracterización de sus personajes principales (no sólo Leisha, también Alice, Drew...) y el mimo con el que nos presenta sus ideas y emociones. Tanto, que el resto de la seña necesita girar forzosamente en torno a sus personajes, por encima de los acontecimientos o las reflexiones. Además, desde el principio nos justifica la viabilidad científica del insomnio permanente que posibilita la ingeniería genética, y logra sacarle un gran partido a esta premisa mediante la convivencia entre una joven Insomne y otra Durmiente, ambas hermanas gemelas. El lector comprueba con sus propios ojos qué significa ser alguien especial, qué representan los tratos preferentes para una hermana en la otra, y qué enfrentamientos se derivan de ellos. Acertadamente, esta contraposición individual entre las hemanas se globaliza conforme avanzan las páginas al conjunto de los Estados Unidos, a través de una filosofía socio-económica bien concebida: el Yagaísmo. Así, se plantea con toda su crudeza el odio a los "superiores" al mismo tiempo que el desprecio de éstos por quienes no contribuyen a la comunidad. Las páginas finales de esta primera parte, en especial, rayan a gran altura: trepidantes y tiernas a la vez.
Con la segunda parte ("Sanctuary", en alusión a la comunidad independiente que crean los Insomnes) empiezan a evidenciarse los defectos de la novela, puesto que el lector se topa con unos capítulos presididos por una cierta frialdad. Ni el aislamiento de Sanctuary, ni la xenofobia del líder opositor Calvin Hawke, ni la prisión y el posterior juicio de la líder Insomne Jennifer Sharifi, cautivan al lector con la intensidad de la primera parte. A ello contribuye que, sin previo aviso, Jennifer se erija en la protagonista del "núcleo duro" de los Insomnes. Y se aprecia una preocupante previsibilidad en el desenlace de algunos capítulos. No obstante lo anterior, las reflexiones principales de esta segunda parte vuelven a ser interesantes: tanto la solidaridad de clase como la violencia como elemento pertubador y aglutinante a la vez.
La evolución de la sociedad estadounidense tras la marcha de Sanctuary vuelve a ser motivo de reflexión: esa nítida división entre Pobres, Vividores y Auxiliares y las dependencias que se establecen. Sin embargo, mientras la irrupción de Miri (la Superinsomne concebida en Sanctuary) paree una consecuencia lógica del afán de perfeccionamiento de los Insomnes, la aparición del vividor Drew Arlen resulta forzada, y durante muchas páginas se le otorga una atención en mi opinión excesiva. Otro defecto lo constituye los excesivos vaivenes de Leisha Camden entre los Insomnes Kevin Baker y Richard Keller, hasta el punto de que ambos personajes llegan a confundirse.
Afortunadamente la cuarta parte mejora la impresión final de la novela, ya que Kress logra en ella sintetizar e interrelacionar todo lo que ha expuesto en las trescientas páginas anteriores. En primer lugar, logra que la evolución y posterior crisis de los Estados Unidos justifique plenamente el desenlace. En segundo lugar, cierre el círculo cuando los Superinsomnes se convierten, paradójicamente, en los Nuevos Mendigos. En tercer lugar, no establece una distinción clara entre "buenos" y "malos": el lector ve y entiende las justificaciones y las motivaciones del Consejo, de los Súper, del hogar de Nuevo México... Y aunque conceptos tales como las asociaciones de ideas y la complejidad de las cadenas dificultan en parte el disfrute, el desenlace es brillante, intenso y, una vez más, reflexivo. Porque al fin y al cabo el lector llega por sí mismo a la principal conclusión que a mi modo de ver intenta poner de manifiesto la autora: que la búsqueda de excelencia en la humanidad no es compatible con la igualdad entre los hombres. En su universo, al menos. No sale España
domingo, 4 de enero de 2015
La caída de Hyperion (1990). Dan Simmons
Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad compartiré mis impresiones sobre "La caída de Hyperion", segunda novela por orden cronológico y de lectura de los cantos de Hyperion, y última que recomiendo leer de esta saga del estadounidense Dan Simmons. Como ya aclaré al reseñar "Hyperion", en realidad "La caída de Hyperion" no es una continuación, sino la segunda mitad de una novela que Simmons escribió como un todo y que, a causa de su extensión, se publicó en dos partes separadas. Ésta era la razón por la que sugería ser indulgente con el inexistente final de "Hyperion" cuando la reseñé, y también por la que es tan sencillo continuar la lectura con "La caída de Hyperion". Casi tan premiada como su predecesora, se trata de una estimable resolución de todos los enigmas y una adecuada culminación de todas las vivencias presentadas en "Hyperion". Lástima que adolezca de similares defectos.
Aunque la novela sea en realidad la segunda mitad de "Hyperion", lo cierto es que "La caída de Hyperion" arranca con una mayor preocupación por las cuestiones políticas de la Hegemonía del Hombre, y sobre todo con un nuevo personaje esencial en toda la obra: Joseph Severn, segundo cíbrido (es decir, un híbrido entre humano e IA del Tecnonúcleo) del poeta John Keats. Su concurso es determinante, porque la acción se bifurca en dos ramas relacionadas por los sueños de Keats; hasta tal punto que su muerte (acaecida en realidad a comienzos del siglo XIX) se narra como parte de los acontecimientos. Otra novedad que encontrará el lector en esta novela es la relevancia que cobra otro nuevo personaje, Leigh Hunt, asistente de Meina Gladstone.
No obstante lo anterior, los personajes de la primera parte (Weintraub, Lamia, Silenus, Kassad...) mantienen su tremenda personalidad, lo cual, unido a la habilidad de Simmons para aprovecharlos a lo largo de la novela, contribuye decisivamente a manterner el nivel de la primera parte. Además, en esta segunda parte se aprecia mejor el excelente equilibrio de poderes entre las distintas fuerzas, su interacción y sus dependencias (por un lado, la FEM/el Senado/la Hegemonía; por otro, el Tecnonúcleo/las IAs de la megaesfera de datos; y por otro, los éxters y su relación con el cónsul). Si a los elementos anteriores les añadimos las Tumbas de Tiempo, un escenario tan fascinante como bien resuelto para tratarse de un concepto tan complejo, no es de extrañar que sean frecuentes los pasajes de gran intensidad literaria (esfuerzos conjuntos de los peregrinos de la Iglesia del Alcaudón, desapariciones, combates, penurias, e incluso momentos en los que la prosa deja paso a la lírica).
Desafortunadamente, permanecen los defectos e la primera parte, y surge alguno más: los esperables momentos de relleno en una novela de más de setecientas páginas (sobre todo en el primer tercio), unas fuerzas armadas más ingenuas de lo deseable, situaciones en el límite de la ciencia-ficción (como la transmigración Hoyt-Duré), las debilidades y los comportamientos impropios del supuestamente todopoderoso Alcaudón, nuevas referencias innecesarias a la Tierra del siglo XX (Peter Pan, IBM...), las abstrusas conversaciones con la IA Ummon, una complejidad manifiesta para poder calibrar los acontecimientos que se van narrando, e incluso la repentina enfermedad de Keats. Ninguno de ellos grave, pero todos restándole puntos a la valoración global.
Pero dada la extensión de la novela, hay que reconocer que los logros prevalecen. Además de los ya señalados, debo resaltar: la magistral caracterización de los mundos de la Hegemonía (Centro Tau Ceti, Puertas del Cielo Pacem, Bosquecillo de Dios); la buena dosis de diálogos, que amenizan y alivian en parte de la complejidad de la trama; la acertada inclusión de referencias cristianas (Theilard); las alusiones científicas explícitas (Plack, el espacio-tiempo...); la explicación del papel de las IAs (resurreción de Keats, utilización de los cerebros humanos...); los estratégicamente insertados pasajes de terror; y el final (ahora sí), impactante, con varias muertes inesperadas y un tremendo esfuerzo por atar cabos. Todos ellos confirman que estamos ante una novela más que recomendable.
¿Por qué no recomiendo entonces continuar la saga con la lectura de las dos novelas restantes? Pues por tres razones: la primera y más importante, porque a pesar de ese esfuerzo por atar cabos, la lectura de "La caída de Hyperion" me dejó la impresión de que hay tantos y tan complejos elementos en juego, que lo narrado no es siempre coherente, y sólo acaba encajando porque el escritor tiene la autoridad para ello (es sólo una impresión, no gasté tiempo en confirmarla); la segunda, porque es una saga que exige un gran esfuerzo al lector para su disfrute (nuevamente la complejidad), y después de casi mil trescientas páginas leídas el esfuerzo dedicado a la saga me parecía ya considerable; y tercera, porque esas dos novelas ("Endymion" y "El ascenso de Endymion") no recibieron los mismos galardones ni una valoración tan favorable por parte de la crítica. Así que, efectivamente, nunca me he animado a leerlas, y es probable que nunca lo haga. Aunque estoy seguro que si "La caída de Hyperion" les gustó lo suficiente, muchos de Vds. no seguirán o no habrán seguido mi ejemplo.
Aunque la novela sea en realidad la segunda mitad de "Hyperion", lo cierto es que "La caída de Hyperion" arranca con una mayor preocupación por las cuestiones políticas de la Hegemonía del Hombre, y sobre todo con un nuevo personaje esencial en toda la obra: Joseph Severn, segundo cíbrido (es decir, un híbrido entre humano e IA del Tecnonúcleo) del poeta John Keats. Su concurso es determinante, porque la acción se bifurca en dos ramas relacionadas por los sueños de Keats; hasta tal punto que su muerte (acaecida en realidad a comienzos del siglo XIX) se narra como parte de los acontecimientos. Otra novedad que encontrará el lector en esta novela es la relevancia que cobra otro nuevo personaje, Leigh Hunt, asistente de Meina Gladstone.
No obstante lo anterior, los personajes de la primera parte (Weintraub, Lamia, Silenus, Kassad...) mantienen su tremenda personalidad, lo cual, unido a la habilidad de Simmons para aprovecharlos a lo largo de la novela, contribuye decisivamente a manterner el nivel de la primera parte. Además, en esta segunda parte se aprecia mejor el excelente equilibrio de poderes entre las distintas fuerzas, su interacción y sus dependencias (por un lado, la FEM/el Senado/la Hegemonía; por otro, el Tecnonúcleo/las IAs de la megaesfera de datos; y por otro, los éxters y su relación con el cónsul). Si a los elementos anteriores les añadimos las Tumbas de Tiempo, un escenario tan fascinante como bien resuelto para tratarse de un concepto tan complejo, no es de extrañar que sean frecuentes los pasajes de gran intensidad literaria (esfuerzos conjuntos de los peregrinos de la Iglesia del Alcaudón, desapariciones, combates, penurias, e incluso momentos en los que la prosa deja paso a la lírica).
Desafortunadamente, permanecen los defectos e la primera parte, y surge alguno más: los esperables momentos de relleno en una novela de más de setecientas páginas (sobre todo en el primer tercio), unas fuerzas armadas más ingenuas de lo deseable, situaciones en el límite de la ciencia-ficción (como la transmigración Hoyt-Duré), las debilidades y los comportamientos impropios del supuestamente todopoderoso Alcaudón, nuevas referencias innecesarias a la Tierra del siglo XX (Peter Pan, IBM...), las abstrusas conversaciones con la IA Ummon, una complejidad manifiesta para poder calibrar los acontecimientos que se van narrando, e incluso la repentina enfermedad de Keats. Ninguno de ellos grave, pero todos restándole puntos a la valoración global.
Pero dada la extensión de la novela, hay que reconocer que los logros prevalecen. Además de los ya señalados, debo resaltar: la magistral caracterización de los mundos de la Hegemonía (Centro Tau Ceti, Puertas del Cielo Pacem, Bosquecillo de Dios); la buena dosis de diálogos, que amenizan y alivian en parte de la complejidad de la trama; la acertada inclusión de referencias cristianas (Theilard); las alusiones científicas explícitas (Plack, el espacio-tiempo...); la explicación del papel de las IAs (resurreción de Keats, utilización de los cerebros humanos...); los estratégicamente insertados pasajes de terror; y el final (ahora sí), impactante, con varias muertes inesperadas y un tremendo esfuerzo por atar cabos. Todos ellos confirman que estamos ante una novela más que recomendable.
¿Por qué no recomiendo entonces continuar la saga con la lectura de las dos novelas restantes? Pues por tres razones: la primera y más importante, porque a pesar de ese esfuerzo por atar cabos, la lectura de "La caída de Hyperion" me dejó la impresión de que hay tantos y tan complejos elementos en juego, que lo narrado no es siempre coherente, y sólo acaba encajando porque el escritor tiene la autoridad para ello (es sólo una impresión, no gasté tiempo en confirmarla); la segunda, porque es una saga que exige un gran esfuerzo al lector para su disfrute (nuevamente la complejidad), y después de casi mil trescientas páginas leídas el esfuerzo dedicado a la saga me parecía ya considerable; y tercera, porque esas dos novelas ("Endymion" y "El ascenso de Endymion") no recibieron los mismos galardones ni una valoración tan favorable por parte de la crítica. Así que, efectivamente, nunca me he animado a leerlas, y es probable que nunca lo haga. Aunque estoy seguro que si "La caída de Hyperion" les gustó lo suficiente, muchos de Vds. no seguirán o no habrán seguido mi ejemplo.
domingo, 21 de diciembre de 2014
Hyperion (1989). Dan Simmons
Una nueva entrada prosigo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Hoy voy a reseñar "Hyperion", primera de las novelas que conforman la tetrología conocida como "Los cantos de Hyperion", la obra más conocida y reputada del estadounidense Dan Simmons. La saga la conforman las siguientes novelas:
Hyperion (1989)
La caída de Hyperion (1990)
Endymion (1996)
El Ascenso de Endymion (1997)
En primer lugar debo decir que "Hyperion" y "La caída de Hyperion" son en realidad una única novela partida en dos para su publicación, a causa de su enorme extensión. Por lo cual es muy recomendable no empezar a leer "Hyperion" sin tener a mano "La caída de Hyperion". Y en segundo lugar, y a pesar de la fama de la que disfruta toda la saga en España, únicamente recomiendo leer las dos primeras novelas de la misma, que son las que al fin y al cabo recibieron los mayores galardones. Porque aunque la mezcla de ciencia-ficción y terror (encarnada por El Alcaudón) que nos propone Simmons me parece interesante y relativamente original, y a que tanto "Hyperion" como "La caída de Hyperion" contienen pasajes muy brillantes, me parecen novelas con demasiados altibajos para el número de galardones que recibieron.
Quizá la mayor virtud de "Hyperion" sea su capacidad para mantener la atención del lector. Pese a su notable extensión, la lectura de la novela, con breves episodios descriptivos de la peregrinación y seis historias personales contadas con todo detalle (al estilo de los "Cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer), permite a Simmons mantener la narración bajo control y aumentar o disminuir su intensidad en cada momento. Además, es justo reconocer la gran inventiva que muestra el autor: la estructuración de la galaxia en el siglo XXVIII, el correcto uso de los avances científicos más relevantes, y el equilibrio de poderes entre los distintas fuerzas (Hegemonía, red de mundos, FUERZA, Éxters...) están muy conseguidos, y el planeta Hyperion cautiva por su variedad, ya que se describen con detalle sus parajes más relevantes. Por cierto que en estas descripciones Simmons hace gala de un vocabulario rico, empleado con precisión, aunque con una prosa en ocasiones demasiado poética.
El problema de presentar seis historias independientes es que cuando alguna de ellas flaquea, el lector ansía que concluya y dé paso a otra más atrayente. Tal problema afecta en mi opinión a las narraciones del coronel de FUERZA Fedhman Kassad, confusa e irreal, con sus batallas y su relación con Moneta, y de la detective Brawne Lamia, demasiado complicada para su disfrute (cíbridos, IA's, TecnoNúcleo...). Otro defecto que arrastra toda la novela es el excesivo número de referencias a la Tierra del s. XX (hasta el SIDA, los nazis alemanes o una canción del Mago de Oz) y a la obra del poeta romántico inglés John Keats, poco conocido para el lector medio español. En otro orden de cosas, posiblemente sobran algunas escenas eróticas, que hacen a veces parecer a "Hyperion" más un best-seller que una novela de ciencia-ficción.
Obviamente, en el otro lado de la balanza se encuentran las narraciones personales que rayan a gran altura. Para mi gusto, dos: la del sacerdote católico Lenar Hoyt, estratégicamente situada en primer lugar, llena de aventuras, enigmas y misticimo religioso encarnado por Paul Duré y su búsqueda de los bikura, y la del profesor judío Sol Weintraub, de una desesperación y un dramatismo incontestables. Esta última además aprovecha hábilmente una idea brillante, como es la de las Tumbas del Tiempo y su retroceso temporal desde un punto futuro, que afecta a su hija Rachel. Y la primera lleva a su máxima expresión las referencias a las distintas religiones monoteístas (católica, musulmana, judía), que jalonan toda la novela y que se emplean como parte destacada de la misma.
Para concluir, un par de defectos más: el papel de agente doble del cónsul con el que Simmons pretende sorprendernos se intuye desde un principio, y no funciona como efecto sorpresa (menos cuando su narración es la que Simmons coloca en último lugar); y el final, decepcionante por inexistente: se trata de un mero punto y seguido que no aclara nada, y sólo puede juzgarse benévolamente si de inmediato se comienza la lectura de "La caída de Hyperion". Que es lo que les recomiendo hacer de aquí a que publique su reseña.
Hyperion (1989)
La caída de Hyperion (1990)
Endymion (1996)
El Ascenso de Endymion (1997)
En primer lugar debo decir que "Hyperion" y "La caída de Hyperion" son en realidad una única novela partida en dos para su publicación, a causa de su enorme extensión. Por lo cual es muy recomendable no empezar a leer "Hyperion" sin tener a mano "La caída de Hyperion". Y en segundo lugar, y a pesar de la fama de la que disfruta toda la saga en España, únicamente recomiendo leer las dos primeras novelas de la misma, que son las que al fin y al cabo recibieron los mayores galardones. Porque aunque la mezcla de ciencia-ficción y terror (encarnada por El Alcaudón) que nos propone Simmons me parece interesante y relativamente original, y a que tanto "Hyperion" como "La caída de Hyperion" contienen pasajes muy brillantes, me parecen novelas con demasiados altibajos para el número de galardones que recibieron.
Quizá la mayor virtud de "Hyperion" sea su capacidad para mantener la atención del lector. Pese a su notable extensión, la lectura de la novela, con breves episodios descriptivos de la peregrinación y seis historias personales contadas con todo detalle (al estilo de los "Cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer), permite a Simmons mantener la narración bajo control y aumentar o disminuir su intensidad en cada momento. Además, es justo reconocer la gran inventiva que muestra el autor: la estructuración de la galaxia en el siglo XXVIII, el correcto uso de los avances científicos más relevantes, y el equilibrio de poderes entre los distintas fuerzas (Hegemonía, red de mundos, FUERZA, Éxters...) están muy conseguidos, y el planeta Hyperion cautiva por su variedad, ya que se describen con detalle sus parajes más relevantes. Por cierto que en estas descripciones Simmons hace gala de un vocabulario rico, empleado con precisión, aunque con una prosa en ocasiones demasiado poética.
El problema de presentar seis historias independientes es que cuando alguna de ellas flaquea, el lector ansía que concluya y dé paso a otra más atrayente. Tal problema afecta en mi opinión a las narraciones del coronel de FUERZA Fedhman Kassad, confusa e irreal, con sus batallas y su relación con Moneta, y de la detective Brawne Lamia, demasiado complicada para su disfrute (cíbridos, IA's, TecnoNúcleo...). Otro defecto que arrastra toda la novela es el excesivo número de referencias a la Tierra del s. XX (hasta el SIDA, los nazis alemanes o una canción del Mago de Oz) y a la obra del poeta romántico inglés John Keats, poco conocido para el lector medio español. En otro orden de cosas, posiblemente sobran algunas escenas eróticas, que hacen a veces parecer a "Hyperion" más un best-seller que una novela de ciencia-ficción.
Obviamente, en el otro lado de la balanza se encuentran las narraciones personales que rayan a gran altura. Para mi gusto, dos: la del sacerdote católico Lenar Hoyt, estratégicamente situada en primer lugar, llena de aventuras, enigmas y misticimo religioso encarnado por Paul Duré y su búsqueda de los bikura, y la del profesor judío Sol Weintraub, de una desesperación y un dramatismo incontestables. Esta última además aprovecha hábilmente una idea brillante, como es la de las Tumbas del Tiempo y su retroceso temporal desde un punto futuro, que afecta a su hija Rachel. Y la primera lleva a su máxima expresión las referencias a las distintas religiones monoteístas (católica, musulmana, judía), que jalonan toda la novela y que se emplean como parte destacada de la misma.
Para concluir, un par de defectos más: el papel de agente doble del cónsul con el que Simmons pretende sorprendernos se intuye desde un principio, y no funciona como efecto sorpresa (menos cuando su narración es la que Simmons coloca en último lugar); y el final, decepcionante por inexistente: se trata de un mero punto y seguido que no aclara nada, y sólo puede juzgarse benévolamente si de inmediato se comienza la lectura de "La caída de Hyperion". Que es lo que les recomiendo hacer de aquí a que publique su reseña.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Naufragio en el tiempo real (1986). Vernor Vinge
Una entrada más continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a reseñar "Naufragio en el tiempo real", segunda y última de las novelas que conforman la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una novela que, como ya anticipé al reseñar la primera novela de la saga ("La guerra de la paz") es claramente superior a su predecesora, y mucho más recomendable. Aunque de nuevo su coherencia y maestría argumental superan tanto a su claridad expositiva como a su perfección literaria.
En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).
Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.
Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.
En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.
En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).
Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.
Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.
En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.
sábado, 29 de noviembre de 2014
La guerra de la paz (1984). Vernor Vinge
Una entrada más sigo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción más importantes disponibles en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "La guerra de la paz", primera de las novelas de la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una saga que está compuesta por las siguientes novelas:
La guerra de la paz (1984)
Naufragio en el tiempo real (1986)
Debo empezar reconociendo que Vernor Vinge no es uno de mis escritores favoritos, como ya dejé patente al incluir su novela "Al final del arco iris" dentro de mi lista de 15 novelas decepcionantes. A pesar de lo cual pienso que "Naufragio en el tiempo real" es una novela que merece la pena ser leída. Y, claro, no voy a reseñar la secuela sin reseñar antes la novela que dio lugar a la saga, "La guerra de la paz", aunque en mi opinión no esté a la misma altura. Porque a pesar de partir de una excelente idea y un no menos brillante argumento, Vinge no logró con la novela con la que dio a conocer esta saga crear una excelente novela.
La primera evidencia de lo que comento es que el comienzo es desalentador: los saltos de acción (flashbacks y flashforwards) con los que Vinge nos intenta introducir en materia son excesivamente confusos; de hecho, una lectura de los mismos una vez finalizado el libro puede contribuir a clarificar lo que posteriormente se ha relatado en la novela, lo cual no ensalza el talento como narrador del autor. Además, los capítulos "ordinarios" son excesivamete lentos y meticulosos: muchos detalles se recalcan en exceso (el afán de Wili Wáchendon por robar, la reunión de los Quincalleros, el Celeste...) y en cambio faltan las explicaciones más elementales para terminarnos de poner en situación. Por ejemplo, es complicado que el lector logre saber qué son los Jonques, los Ndelante, Aztlán, Livermore; ni siquiera se explica la transición en el apellido del protagonista, de Paul Hoehler a Naismith. No obstante, estos capítulos se sobrellevan gracias al atractivo panorama que conforma el siglo XXI presentado por Vinge, con su sabia combinación de tecnología (encabezada por las burbujas que dan nombre a la saga, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables y cuyas propiedades dan lugar a efectos secundarios desconocidos) y arcaismo (prevalencia del machismo).
Afortunamente, dado que se trata de una novela larga (casi 400 páginas con un tipo de letra bastante pequeño), da tiempo a que el lector acabe por comprender la situación. Cuando eso sucede y es capaz de anticipar qué puede deparar la lectura, la novela mejora mucho, pero aún presenta varios puntos débiles. En especial, lo muy embarulladas que resultan las descripciones, ya sea para presentarnos un lugar, relatar unos acontecimientos o simplemente interrelacionar pasado y presente. Pero la historia, tanto especulativamente como en su desarrollo, es buena, y poco a poco se va imponiendo a este defecto, de suerte que cuando la lectura ya está bastante avanzada el lector finalmente "intima" con los personajes y disfruta con lo que va sucendiendo. Es entonces cuando se ponen de manifiesto las mayores virtues de la novela: las acciones, intrigas y especulaciones que realizan los dos bandos enfrentados por el autor, y el antagonismo Willi Wáchendon/Della Lu, quienes van previniendo y contrarrestando capítulo a capítulo las acciones el otro, obligándoles a rizar el rizo pero sin perder el control de la situación.
El desenlace juega con el efecto del fracaso de los propósitos de las guerrillas y del paradójico éxito en la consecución de sus objetivos. Raya a muy buen nivel, y mejora la impresión del conjunto de la novela, dejando además claramente abierta la puerta a una secuela. La cual reseñaré en mi siguiente entrada de este humilde blog.
La guerra de la paz (1984)
Naufragio en el tiempo real (1986)
Debo empezar reconociendo que Vernor Vinge no es uno de mis escritores favoritos, como ya dejé patente al incluir su novela "Al final del arco iris" dentro de mi lista de 15 novelas decepcionantes. A pesar de lo cual pienso que "Naufragio en el tiempo real" es una novela que merece la pena ser leída. Y, claro, no voy a reseñar la secuela sin reseñar antes la novela que dio lugar a la saga, "La guerra de la paz", aunque en mi opinión no esté a la misma altura. Porque a pesar de partir de una excelente idea y un no menos brillante argumento, Vinge no logró con la novela con la que dio a conocer esta saga crear una excelente novela.
La primera evidencia de lo que comento es que el comienzo es desalentador: los saltos de acción (flashbacks y flashforwards) con los que Vinge nos intenta introducir en materia son excesivamente confusos; de hecho, una lectura de los mismos una vez finalizado el libro puede contribuir a clarificar lo que posteriormente se ha relatado en la novela, lo cual no ensalza el talento como narrador del autor. Además, los capítulos "ordinarios" son excesivamete lentos y meticulosos: muchos detalles se recalcan en exceso (el afán de Wili Wáchendon por robar, la reunión de los Quincalleros, el Celeste...) y en cambio faltan las explicaciones más elementales para terminarnos de poner en situación. Por ejemplo, es complicado que el lector logre saber qué son los Jonques, los Ndelante, Aztlán, Livermore; ni siquiera se explica la transición en el apellido del protagonista, de Paul Hoehler a Naismith. No obstante, estos capítulos se sobrellevan gracias al atractivo panorama que conforma el siglo XXI presentado por Vinge, con su sabia combinación de tecnología (encabezada por las burbujas que dan nombre a la saga, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables y cuyas propiedades dan lugar a efectos secundarios desconocidos) y arcaismo (prevalencia del machismo).
Afortunamente, dado que se trata de una novela larga (casi 400 páginas con un tipo de letra bastante pequeño), da tiempo a que el lector acabe por comprender la situación. Cuando eso sucede y es capaz de anticipar qué puede deparar la lectura, la novela mejora mucho, pero aún presenta varios puntos débiles. En especial, lo muy embarulladas que resultan las descripciones, ya sea para presentarnos un lugar, relatar unos acontecimientos o simplemente interrelacionar pasado y presente. Pero la historia, tanto especulativamente como en su desarrollo, es buena, y poco a poco se va imponiendo a este defecto, de suerte que cuando la lectura ya está bastante avanzada el lector finalmente "intima" con los personajes y disfruta con lo que va sucendiendo. Es entonces cuando se ponen de manifiesto las mayores virtues de la novela: las acciones, intrigas y especulaciones que realizan los dos bandos enfrentados por el autor, y el antagonismo Willi Wáchendon/Della Lu, quienes van previniendo y contrarrestando capítulo a capítulo las acciones el otro, obligándoles a rizar el rizo pero sin perder el control de la situación.
El desenlace juega con el efecto del fracaso de los propósitos de las guerrillas y del paradójico éxito en la consecución de sus objetivos. Raya a muy buen nivel, y mejora la impresión del conjunto de la novela, dejando además claramente abierta la puerta a una secuela. La cual reseñaré en mi siguiente entrada de este humilde blog.
lunes, 10 de noviembre de 2014
Mundos aparte (1983). Joe Haldeman
Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "Mundos aparte", segunda y última novela que recomiendo leer de la saga de los Mundos, del estadounidense Joe Haldeman. Reeditada recientemente como "Mundos separados" es, como ya anticipaba al hablar de la primera entrega de la saga, la novela que más he dudado si reseñar o no en este humilde blog. La razón es clara: se trata de una novela muy irregular, repleta de buenas ideas muy mal aprovechadas. Aunque finalmente me he animado a reseñarla porque contiene algunos pasajes brillantes, que además me van a servir para ilustrar lo que yo considero podría haber hecho de "Mundos aparte" una gran novela.
Esos pasajes brillantes a los que me refiero en su mayoría no derivan de la línea argumental principal de la novela, la cual a lo largo de los doce años durante los que se desarrolla, se centra en la trayectoria personal de Marianne O'Hara, la misma protagonista de la primera entrega. En ese sentido la novela es totalmente consecuente con su predecesora. Ahora bien, la de O'Hara es una trayectoria errática, con la que es muy complicado que el lector se identifique (animo a que alguien intente listar todas las profesiones que ejerce en esta novela). Que usa el original y teóricamente fascinante marco escénico de Nueva Nueva York, con todas sus singularidades y oportunidades, de manera muy tangencial. Que parece que va a remontar cuando O'Hara es enviada a contactar con unos supervivientes potencialmente peligrosos en Zaire, en una expedición muy apresurada y mal digerida, que rápidamente queda atrás en la narración. Trasladando a menudo la impresión de que el libro es más un ensayo sobre los condicionantes en los Mundos exteriores y su relación con una Tierra retornada a la barbarie que una auténtica novela (de hecho, el lector puede comparar la cantidad de párrafos "de ensayo" frente a párrafos "novelados", en especial durante las primeras cien páginas). Y perjudicando aún más esa percepción con la frecuente sensación de narración improvisada, escrita a tirones.
Afortunadamente, en una de esas improvisaciones Haldeman descubre "la voluntad de Charlie", una línea de acción paralela que transcurre en la Florida pos-biológica, protagonizada por un antiguo amante de O'Hara ya conocido de la primera novela de la saga (Jeff Hawings). Y en la que Haldeman por fin logra conectar con el lector presentándole la barbarie que ejercen los supervivientes adolescentes (únicos no afectados por la guerra) que controlan las pequeñas comunidades aún con vida, sus precarias condiciones y el titánico esfuerzo que realiza Jeff tanto por su propia supervivencia como por la de estos restos de humanidad. Ahí, además de mezclar el culto a Jesús con el culto a Charlie, y recurrir a los herederos de sectas como los mansonitas para enriquecer la narración, sí hay pasajes brillantes (cuando Jeff logra contactar con O'Hara, cuando recibe ayuda de Nueva Nueva York, cuando logra acceso a un terminal informático...), aunque Haldeman ni hace confluir ambas líneas narrativas al regresar O'Hara a la Tierra, ni nos muestra el desenlace de estas andanzas. Desaprovechando así una excelente oportunidad de convertir una novela discreta en una obra memorable, plena de espíritu de supervivencia, valores humanos y escenas impactantes. Una lástima.
Otros defectos de menor entidad son: un ritmo narrativo vertiginoso, que no dimensiona adecuadamente los acontecimientos ni los realza; la falta de naturalidad con la que el navío estelera destinado a Épsilon Eridani se convierte en el eje de la línea narrativa principal; lo poco que se profundiza en los personajes principales (los dos esposos e incluso O'Hara no empiezan a merecer unas líneas en las que reflexionen sobre sus comportamientos y motivaciones hasta bien avanzada la novela); o el recurso a nada menos que 20 personajes nuevos en el último cuarto del libro, para acompañara a O'Hara en su segunda expedición a la Tierra. Y otros aciertos dignos de ser destacados (aparte de las propias colonias que orbitan la Tierra, un marco ya conocido de la primera entrega pero no por ello menos fascinante) son: la naturalidad y la moderación con la que el elemento científico es introducido (las cuestiones astronómicas o las relativas a la construcción de una nave generacional son tratadas con total solvencia); los originales contratos matrimoniales que se generan; y un tratamiento del sexo mucho menos desaforado que en la primera entrega, lo que aumenta su verosimilitud de la historia.
Como reseñaba en "Mundos", al final las sensaciones predominantes al terminar "Mundos aparte" son la de oportunidad perdida y al mismo tiempo falta de curiosidad por conocer cómo culminarán las peripecias de O'Hara. Curiosidad que durante décadas no pudo verse zanjada, dado que hasta hace apenas un par de años no vio finalmente la luz en español "Mundos en expansión". Y que ahora que sí puede zanjarse, tampoco es mucho mayor. Aunque quién sabe, quizás un día esta novela caiga en mis manos y me anime a darle una oportunidad.
Esos pasajes brillantes a los que me refiero en su mayoría no derivan de la línea argumental principal de la novela, la cual a lo largo de los doce años durante los que se desarrolla, se centra en la trayectoria personal de Marianne O'Hara, la misma protagonista de la primera entrega. En ese sentido la novela es totalmente consecuente con su predecesora. Ahora bien, la de O'Hara es una trayectoria errática, con la que es muy complicado que el lector se identifique (animo a que alguien intente listar todas las profesiones que ejerce en esta novela). Que usa el original y teóricamente fascinante marco escénico de Nueva Nueva York, con todas sus singularidades y oportunidades, de manera muy tangencial. Que parece que va a remontar cuando O'Hara es enviada a contactar con unos supervivientes potencialmente peligrosos en Zaire, en una expedición muy apresurada y mal digerida, que rápidamente queda atrás en la narración. Trasladando a menudo la impresión de que el libro es más un ensayo sobre los condicionantes en los Mundos exteriores y su relación con una Tierra retornada a la barbarie que una auténtica novela (de hecho, el lector puede comparar la cantidad de párrafos "de ensayo" frente a párrafos "novelados", en especial durante las primeras cien páginas). Y perjudicando aún más esa percepción con la frecuente sensación de narración improvisada, escrita a tirones.
Afortunadamente, en una de esas improvisaciones Haldeman descubre "la voluntad de Charlie", una línea de acción paralela que transcurre en la Florida pos-biológica, protagonizada por un antiguo amante de O'Hara ya conocido de la primera novela de la saga (Jeff Hawings). Y en la que Haldeman por fin logra conectar con el lector presentándole la barbarie que ejercen los supervivientes adolescentes (únicos no afectados por la guerra) que controlan las pequeñas comunidades aún con vida, sus precarias condiciones y el titánico esfuerzo que realiza Jeff tanto por su propia supervivencia como por la de estos restos de humanidad. Ahí, además de mezclar el culto a Jesús con el culto a Charlie, y recurrir a los herederos de sectas como los mansonitas para enriquecer la narración, sí hay pasajes brillantes (cuando Jeff logra contactar con O'Hara, cuando recibe ayuda de Nueva Nueva York, cuando logra acceso a un terminal informático...), aunque Haldeman ni hace confluir ambas líneas narrativas al regresar O'Hara a la Tierra, ni nos muestra el desenlace de estas andanzas. Desaprovechando así una excelente oportunidad de convertir una novela discreta en una obra memorable, plena de espíritu de supervivencia, valores humanos y escenas impactantes. Una lástima.
Otros defectos de menor entidad son: un ritmo narrativo vertiginoso, que no dimensiona adecuadamente los acontecimientos ni los realza; la falta de naturalidad con la que el navío estelera destinado a Épsilon Eridani se convierte en el eje de la línea narrativa principal; lo poco que se profundiza en los personajes principales (los dos esposos e incluso O'Hara no empiezan a merecer unas líneas en las que reflexionen sobre sus comportamientos y motivaciones hasta bien avanzada la novela); o el recurso a nada menos que 20 personajes nuevos en el último cuarto del libro, para acompañara a O'Hara en su segunda expedición a la Tierra. Y otros aciertos dignos de ser destacados (aparte de las propias colonias que orbitan la Tierra, un marco ya conocido de la primera entrega pero no por ello menos fascinante) son: la naturalidad y la moderación con la que el elemento científico es introducido (las cuestiones astronómicas o las relativas a la construcción de una nave generacional son tratadas con total solvencia); los originales contratos matrimoniales que se generan; y un tratamiento del sexo mucho menos desaforado que en la primera entrega, lo que aumenta su verosimilitud de la historia.
Como reseñaba en "Mundos", al final las sensaciones predominantes al terminar "Mundos aparte" son la de oportunidad perdida y al mismo tiempo falta de curiosidad por conocer cómo culminarán las peripecias de O'Hara. Curiosidad que durante décadas no pudo verse zanjada, dado que hasta hace apenas un par de años no vio finalmente la luz en español "Mundos en expansión". Y que ahora que sí puede zanjarse, tampoco es mucho mayor. Aunque quién sabe, quizás un día esta novela caiga en mis manos y me anime a darle una oportunidad.
sábado, 25 de octubre de 2014
Mundos (1981). Joe Haldeman
Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a la Saga de los Mundos, del estadounidense Joe Haldeman. Se trata de una trilogía compuesta por las siguientes novelas:
Mundos (1981)
Mundos aparte (recientemente reeditada como "Mundos separados", 1983)
Mundos en expansión (1992)
Durante más de veinte años el lector en español sólo pudo disfrutar de las dos primeras novelas de la serie (gracias a la colección de bolsillo de Ultramar), hasta que La Factoría de Ideas recientemente publicó "Mundos en expansión", completando así la trilogía original. Este hecho condicionó la lectura de la saga a varios miles de lectores, entre ellos a mí mismo. Razón por la cual a la hora de recomendar las distintas novelas que conforman la trilogía, no puedo emitir un juicio sobre si leer o no sus tres entregas, pues sólo he leído las dos primeras novelas. No obstante, es fácil entender que si la publicación de "Mundos en expansión" se retrasó tanto debió de ser porque la repercusión comercial de las dos primeras novelas de la saga fue menor. Repercusión que coincide con mi impresión general de la saga; de hecho, hasta el último minuto he dudado si recomendar "Mundos separados" además de "Mundos", pero al final me he animado a reseñarla por una razón que expondré en la siguiente entrada.
De momento centrémonos en "Mundos", la novela que inició la saga y le da título. Una novela entretenida, cargada de ideas interesantes, que si pretendía ser algo más que un entretenimiento, me temo que no lo termina de conseguir. Aunque no es la primera vez (ni probablemente sea la última) que tengo la misma impresión con una novela de Haldeman. Puesto que para mí el defecto que condiciona esta vertiginosa novela es claro y en buena medida aplicable a toda la saga: en ningún momento el lector capta el eje de la trama. No es que esté en contra de los tour de force en la literatura de ciencia-ficción, pero es que con "Mundos" el lector no sabrá si está leyendo una novela introspectiva, de amor, sobre una catástrofe... Y claro, esa carencia merma el interés de la novela.
De hecho un título del estilo "Marianne O'Hara, primera parte", en alusión a la protagonista absoluta de la saga, podría ser incluso más revelador de lo que encierran sus páginas. Pues es lo que el lector saca en claro de un comienzo frío, en el cual se nos presenta a la protagonista sin poner demasiado esfuerzo en su caracterización psicológica y, sin más explicación, se empieza a relatar lo que le sucede. No obstante, la estructuración en capítulos cortos (nada menos que 50 en una novela de 300 páginas), director y de títulos sugerentes mantiene alejada la fatiga. Además, el mapa de la segunda mitad del siglo XXI, con decenas de colonias aritificiales orbitando en torno a la Tierra, está logrado conceptualmente, resulta plausible tecnológicamente, y está aliñado con una pizca de irónico ingenio, lo que lo hace parecer más real. Y por otra parte el ritmo narrativo, alternando diarios, narraciones en tercera persona y cartas enviadas por los personajes, componen un panorama agradable.
A lo largo de la novela me ha parecido sobredimensionado el tratamiento que Haldeman le da al sexo, tanto por su exagerada importancia en la vida de los personajes, como por su enfoque frívolo, de mero pasatiempo. Salvo en el tramo final de la novela, en el que Jeff Hawkings adquiere un papel más estable, los acompañantes/amantes de Marianne se suceden sin cesar, y aunque cada uno contribuye en una pequeña dosis a enriquecer la narración, su previsible importancia desaparece pasadas unas páginas. Lo que debe añadirse a otro defecto serio: la nada justificada involucración de Marianne el grupo revolucionario; de pronto, se entera, se introduce en él y, de pronto, decide alejarse del mismo. Sin que quede clara, además, la implicación del grupo en la Revolución presentada por Haldeman. Aunque al menos esta implicación da un nuevo impulso a la novela.
Pero aún sin ser una novela redonda es justo reconocerle a Haldeman sus aciertos. Sobre todo, el trepidante recorrido por la Tierra de finales del siglo XXI. Capítulos atrayentes por Nueva York, Nueva Orleans, Londres o incluso España (la localidad malagueña de Nerja, por la que aún circulaba la peseta como moneda oficial...). Contrariamente a lo habitual en el género, sin proponer un cambio excesivo respecto a la sociedad del siglo XX, lo que redunda en su verosimilitud. Tratando el elemento científico con rigor y solvencia, y no sólo en las estimulantes colonias. Y con el acierto final de unos capítulos finales que poseen la correcta dosis de acción, suspense y dramatismo. Aunque dejando los suficientes cabos abiertos para posteriores secuelas.
Secuelas, eso sí, que probablemente contarán con un número menor de lectores que "Mundos", ya que, como explicaba al comienzo, comprendo que a un número considerable de lectores no le habrá gustado lo suficiente esta primera entrega como para continuar con el resto de la saga.
Mundos (1981)
Mundos aparte (recientemente reeditada como "Mundos separados", 1983)
Mundos en expansión (1992)
Durante más de veinte años el lector en español sólo pudo disfrutar de las dos primeras novelas de la serie (gracias a la colección de bolsillo de Ultramar), hasta que La Factoría de Ideas recientemente publicó "Mundos en expansión", completando así la trilogía original. Este hecho condicionó la lectura de la saga a varios miles de lectores, entre ellos a mí mismo. Razón por la cual a la hora de recomendar las distintas novelas que conforman la trilogía, no puedo emitir un juicio sobre si leer o no sus tres entregas, pues sólo he leído las dos primeras novelas. No obstante, es fácil entender que si la publicación de "Mundos en expansión" se retrasó tanto debió de ser porque la repercusión comercial de las dos primeras novelas de la saga fue menor. Repercusión que coincide con mi impresión general de la saga; de hecho, hasta el último minuto he dudado si recomendar "Mundos separados" además de "Mundos", pero al final me he animado a reseñarla por una razón que expondré en la siguiente entrada.
De momento centrémonos en "Mundos", la novela que inició la saga y le da título. Una novela entretenida, cargada de ideas interesantes, que si pretendía ser algo más que un entretenimiento, me temo que no lo termina de conseguir. Aunque no es la primera vez (ni probablemente sea la última) que tengo la misma impresión con una novela de Haldeman. Puesto que para mí el defecto que condiciona esta vertiginosa novela es claro y en buena medida aplicable a toda la saga: en ningún momento el lector capta el eje de la trama. No es que esté en contra de los tour de force en la literatura de ciencia-ficción, pero es que con "Mundos" el lector no sabrá si está leyendo una novela introspectiva, de amor, sobre una catástrofe... Y claro, esa carencia merma el interés de la novela.
De hecho un título del estilo "Marianne O'Hara, primera parte", en alusión a la protagonista absoluta de la saga, podría ser incluso más revelador de lo que encierran sus páginas. Pues es lo que el lector saca en claro de un comienzo frío, en el cual se nos presenta a la protagonista sin poner demasiado esfuerzo en su caracterización psicológica y, sin más explicación, se empieza a relatar lo que le sucede. No obstante, la estructuración en capítulos cortos (nada menos que 50 en una novela de 300 páginas), director y de títulos sugerentes mantiene alejada la fatiga. Además, el mapa de la segunda mitad del siglo XXI, con decenas de colonias aritificiales orbitando en torno a la Tierra, está logrado conceptualmente, resulta plausible tecnológicamente, y está aliñado con una pizca de irónico ingenio, lo que lo hace parecer más real. Y por otra parte el ritmo narrativo, alternando diarios, narraciones en tercera persona y cartas enviadas por los personajes, componen un panorama agradable.
A lo largo de la novela me ha parecido sobredimensionado el tratamiento que Haldeman le da al sexo, tanto por su exagerada importancia en la vida de los personajes, como por su enfoque frívolo, de mero pasatiempo. Salvo en el tramo final de la novela, en el que Jeff Hawkings adquiere un papel más estable, los acompañantes/amantes de Marianne se suceden sin cesar, y aunque cada uno contribuye en una pequeña dosis a enriquecer la narración, su previsible importancia desaparece pasadas unas páginas. Lo que debe añadirse a otro defecto serio: la nada justificada involucración de Marianne el grupo revolucionario; de pronto, se entera, se introduce en él y, de pronto, decide alejarse del mismo. Sin que quede clara, además, la implicación del grupo en la Revolución presentada por Haldeman. Aunque al menos esta implicación da un nuevo impulso a la novela.
Pero aún sin ser una novela redonda es justo reconocerle a Haldeman sus aciertos. Sobre todo, el trepidante recorrido por la Tierra de finales del siglo XXI. Capítulos atrayentes por Nueva York, Nueva Orleans, Londres o incluso España (la localidad malagueña de Nerja, por la que aún circulaba la peseta como moneda oficial...). Contrariamente a lo habitual en el género, sin proponer un cambio excesivo respecto a la sociedad del siglo XX, lo que redunda en su verosimilitud. Tratando el elemento científico con rigor y solvencia, y no sólo en las estimulantes colonias. Y con el acierto final de unos capítulos finales que poseen la correcta dosis de acción, suspense y dramatismo. Aunque dejando los suficientes cabos abiertos para posteriores secuelas.
Secuelas, eso sí, que probablemente contarán con un número menor de lectores que "Mundos", ya que, como explicaba al comienzo, comprendo que a un número considerable de lectores no le habrá gustado lo suficiente esta primera entrega como para continuar con el resto de la saga.
sábado, 11 de octubre de 2014
Estrellamoto (1985). Robert L. Forward
Una entrada más continúo con mi reseña de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad le toca a la saga de los cheela, del eminente Robert L. Forward. Una saga que no resultará desconocida a los seguidores de este humilde blog, puesto que ya reseñé la primera de las dos novelas que la constituyen como parte de mi lista de 15 títulos esenciales para conocer el género. En efecto, la saga está constituida por:
Huevo del dragón (1980)
Estrellamoto (1985)
Ambas novelas son absolutamente recomendables y constituyen uno de los mayores hitos en el subgénero de la ciencia-ficción hard. En concreto, "Estrellamoto", la novela que voy a reseñar hoy, se sitúa en mi opinión un pequeño escalón por debajo de su predecesora, pero sigue siendo una novela de gran calidad, profundidad y disfrute, tres elementos muy difíciles de conjugar.
Eso sí, debo comenzar señalando que, para disfrutarla en toda su dimensión, la novela requiere una dedicación especial por parte del lector: salvo que se haya leído previamente "Huevo del dragón", una lectura minuciosa es imprescindible para valorar la excelente explotación de todas las posibilidades científicas que presenta la estrella de neutrones. Un marco escénico ya conocido de la primera novela, inverosímil, hostil, pero en el que los cheela han construido una sociedad rica, compleja, con muchas inteligentes y aceradas referencias a la vida en la Tierra del s. XX. El paralelismo entre la evolución social de los cheela y la de nuestra especie posibilita una perfecta integración entre lo que sería una novela de ciencia-ficción hard "convencional" y una novela de ciencia-ficción especulativa y de aventuras. De hecho, el primer tramo de la novela, en el que la salvación de los humanos participantes en la expedición a la estrella de neutrones, es realmente delicioso.
Para mantener el interés y justificar la extensión de esta segunda novela, Forward da una vuelta de tuerca al argumento introduciendo en este punto un "estrellamoto", es decir, el equivalente a un terremoto en el hábitat cheela, que dramáticamente arruinará su reciente civilización. Tras él, el libro toma otros derroteros más inquietantes, sobre los que Forward crea un mosaico de personajes cuidados. Obviamente el vertiginoso ritmo evolutivo cheela impone rígidas restricciones a la hora de profundizar mínimamente en la personalidad de los cheela. Sin embargo, Forward recurre a la técnica del rejuvenecimiento para desentrañar las naturalezas de Estrella-Fugaz/Rebana-Acero/Gatea-Corteza, o de Red-Risco. Con aciertos omo la relevancia que cobra un personaje en apariencia tan intrascendente como Qui-Qui. Incluso el elemento discortante que propicia la lucha de poderes en la superficie del Huevo lo introduce de manera natural a través de Cara-Pecosa. Aunque quizás lo más emocionante sea el hecho de que, tras la hecatombe, toda la continuidad de los cheela dependa exclusivamente de un único macho, para más inri ciego: Huevo-Pesado. Y es que el lector no termina de intuir cómo podrán los cheela restaurar su civilización. Más aún cuando los esfuerzos de Cero-Gauss y Qui-Qui resultan baldíos: la incertidumbre es casi total, y el interés, por tanto, no decae.
Es conveniente resaltar que la novela no se limita a reusar los hallazgos de su predecesora. Una buena evidencia es la determinacion de los cheela del espacio, que en el tramo final consiguen regresar a Huevo tras incontables generaciones, en un episodio fascinante y emotivo. Ahí se encuentran un ambiente "medieval", muy propio de los tiempos de barbarie que habitualmente suceden a una catástrofre. Y que posibilita el pasaje mas noble del libro: el sacrificio de los humanos para la supervivencia de los cheela. Sacrificio que será parcialmente recompensado con la salvación por parte de los cheela de varios de ellos.
Los defectos de una novela tan lograda caben en un único párrafo. Por encima de todos, la propia complejidad de Huevo, que requiere un importante esfuerzo del lector. A ello se añade una cierta aceleración en el ritmo narrativo en determinados tramos. Además, los personajes humanos (Pierre, Abdul...) son algo esquemáticos en comparación con los cheela. Y el desenlace, muy brillante en términos narrativos, es tal vez demasiado complejo en el aspecto científico. Sin olvidarse de algunos de defectos de traducción (sobre todo, la colocación de muchas comas).
No puedo concluir esta reseña sin una mención especial para el excepcional apéndice técnico del final, que describe con detalle la estrella de neutrones y las formas de vida que posibilita, así como los estrellamotos, la máquina de tiempo de dos sentidos, la catapulta gravitatoria, la distorsión espacial métrica de Kerr... Una maravilla, rematada además (cosa muy infrecuente en el género) con una minuciosa bibliografía. Lo que evidencia por una parte el gran conocimiento del autor sobre los temas que cubre en esta novela, y por otra que aparte de entretener y fascinar, la novela funciona como una exhibición de aplicaciones prácticas de la física de finales del s. XX. Aunque posiblemente podria haber estado ubicado, al menos en parte, al comienzo de la novela. apéndice, bibliografía
Huevo del dragón (1980)
Estrellamoto (1985)
Ambas novelas son absolutamente recomendables y constituyen uno de los mayores hitos en el subgénero de la ciencia-ficción hard. En concreto, "Estrellamoto", la novela que voy a reseñar hoy, se sitúa en mi opinión un pequeño escalón por debajo de su predecesora, pero sigue siendo una novela de gran calidad, profundidad y disfrute, tres elementos muy difíciles de conjugar.
Eso sí, debo comenzar señalando que, para disfrutarla en toda su dimensión, la novela requiere una dedicación especial por parte del lector: salvo que se haya leído previamente "Huevo del dragón", una lectura minuciosa es imprescindible para valorar la excelente explotación de todas las posibilidades científicas que presenta la estrella de neutrones. Un marco escénico ya conocido de la primera novela, inverosímil, hostil, pero en el que los cheela han construido una sociedad rica, compleja, con muchas inteligentes y aceradas referencias a la vida en la Tierra del s. XX. El paralelismo entre la evolución social de los cheela y la de nuestra especie posibilita una perfecta integración entre lo que sería una novela de ciencia-ficción hard "convencional" y una novela de ciencia-ficción especulativa y de aventuras. De hecho, el primer tramo de la novela, en el que la salvación de los humanos participantes en la expedición a la estrella de neutrones, es realmente delicioso.
Para mantener el interés y justificar la extensión de esta segunda novela, Forward da una vuelta de tuerca al argumento introduciendo en este punto un "estrellamoto", es decir, el equivalente a un terremoto en el hábitat cheela, que dramáticamente arruinará su reciente civilización. Tras él, el libro toma otros derroteros más inquietantes, sobre los que Forward crea un mosaico de personajes cuidados. Obviamente el vertiginoso ritmo evolutivo cheela impone rígidas restricciones a la hora de profundizar mínimamente en la personalidad de los cheela. Sin embargo, Forward recurre a la técnica del rejuvenecimiento para desentrañar las naturalezas de Estrella-Fugaz/Rebana-Acero/Gatea-Corteza, o de Red-Risco. Con aciertos omo la relevancia que cobra un personaje en apariencia tan intrascendente como Qui-Qui. Incluso el elemento discortante que propicia la lucha de poderes en la superficie del Huevo lo introduce de manera natural a través de Cara-Pecosa. Aunque quizás lo más emocionante sea el hecho de que, tras la hecatombe, toda la continuidad de los cheela dependa exclusivamente de un único macho, para más inri ciego: Huevo-Pesado. Y es que el lector no termina de intuir cómo podrán los cheela restaurar su civilización. Más aún cuando los esfuerzos de Cero-Gauss y Qui-Qui resultan baldíos: la incertidumbre es casi total, y el interés, por tanto, no decae.
Es conveniente resaltar que la novela no se limita a reusar los hallazgos de su predecesora. Una buena evidencia es la determinacion de los cheela del espacio, que en el tramo final consiguen regresar a Huevo tras incontables generaciones, en un episodio fascinante y emotivo. Ahí se encuentran un ambiente "medieval", muy propio de los tiempos de barbarie que habitualmente suceden a una catástrofre. Y que posibilita el pasaje mas noble del libro: el sacrificio de los humanos para la supervivencia de los cheela. Sacrificio que será parcialmente recompensado con la salvación por parte de los cheela de varios de ellos.
Los defectos de una novela tan lograda caben en un único párrafo. Por encima de todos, la propia complejidad de Huevo, que requiere un importante esfuerzo del lector. A ello se añade una cierta aceleración en el ritmo narrativo en determinados tramos. Además, los personajes humanos (Pierre, Abdul...) son algo esquemáticos en comparación con los cheela. Y el desenlace, muy brillante en términos narrativos, es tal vez demasiado complejo en el aspecto científico. Sin olvidarse de algunos de defectos de traducción (sobre todo, la colocación de muchas comas).
No puedo concluir esta reseña sin una mención especial para el excepcional apéndice técnico del final, que describe con detalle la estrella de neutrones y las formas de vida que posibilita, así como los estrellamotos, la máquina de tiempo de dos sentidos, la catapulta gravitatoria, la distorsión espacial métrica de Kerr... Una maravilla, rematada además (cosa muy infrecuente en el género) con una minuciosa bibliografía. Lo que evidencia por una parte el gran conocimiento del autor sobre los temas que cubre en esta novela, y por otra que aparte de entretener y fascinar, la novela funciona como una exhibición de aplicaciones prácticas de la física de finales del s. XX. Aunque posiblemente podria haber estado ubicado, al menos en parte, al comienzo de la novela. apéndice, bibliografía
viernes, 26 de septiembre de 2014
Tras el incierto horizonte (1980). Frederik Pohl
Una entrada más continúo con mis reseñas de las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a escribir sobre "Tras el incierto horizonte", segunda y última novela que recomiendo leer de la saga de los Heechee, del recientemente fallecido Frederik Pohl. Una novela que, tras todos los galardones y el prestigio que alcanzó "Pórtico" en 1977, fue recibida con gran expectación cuando vio la luz tres años más tarde. Y que, aunque con los mismos defectos que ya comenté en este mismo blog al hablar de su predecesora, se trata de una continuación que no la desmerece, pues no se limita a vivir de los hallazgos de aquella, sino que va varios pasos más allá. De hecho, aunque no repitió galardones, fue finalista de los Premios Hugo y Nébula, lo que habla favorablemente de su interés como novela independiente.
Más larga que la primera y desplazada apenas unos cuantos años hacia el futuro, la novela rezuma una calidad claramente por encima de la media, si bien dos defectos lastran la impresión global de la obra: el primero, la insistencia de Pohl en intercalar la línea narrativa situada en los artefactos Heeche (la Factoría Alimentaria y el Paraíso) con la línea narrativa de Robin Broadhead en la Tierra, equiparándolas en relevancia a pesar de que la primera es infinitamente más interesante para el lector (es algo que caracterizó a "Pórtico" y que aquí decidió mantener); y el segundo, el tratamiento excesivamente humano que le da a los programas informáticos, enfatizando recurrentemente su gestualidad, pretendiendo hacer que dudan, o incluso que atraviesan estados de ánimo.
Si el lector está dispuesto a pasar de puntillas por esos tramos de la novela, recibirá en recompensa una excelente evolución de las aventuras de prospección e investigación de la cultura y el legado Heeche ya iniciadas en "Pórtico". El elenco de personajes que lidera esta línea narrativa con su visita la Factoría Alimentaria en la Nube de Oort es un tanto inverosímil, pero le permite a Pohl realizar un encomiable tratado de caracterización de los mismos (hasta el punto de que cada personaje tiene un capítulo "en exclusiva"), y una vez se produce el encuentro de Janine con Wan, introducirnos en una espiral de revelaciones que mantiene a buen nivel el sentido de la maravilla. Con la llegada al Paraíso Heeche la intensidad aumenta, y con la captura de los protagonistas Pohl pasa a desvelarnos el antiquísimo plan de preservación y evolución de la especie más inteligente de la Tierra prehistórica puesto en marcha por los Heeche.
La novela tiene muy presente el elemento científico: la astrofísica está especialmente cuidada, e incluso la informática que nos muestra Pohl presenta con bastante acierto (y pese a algunas lagunas), conceptos que hace cerca de cuarenta años acababan de fraguarse. Por otra parte, la preservación en memorias informatizadas de los cerebros de especies inteligentes es una idea atrayente y bien expuesta. Aunque no debo pasar por alto detalles cuestionables como la fiebre que por arte de magia provoca en la Tierra el uso del Diván de los Sueños en la Factoría, o la inverosimilitud del número y complejidad de transplantes que el Certificado Médico (un concepto por lo demás inquietante) permite en Essie.
En los capítulos finales Pohl integra las dos líneas narrativas y logra lógicamente un ritmo narrativo mucho más convincente. Aunque antes del final llega un último pero: el capítulo que cierra la novela, aun siendo el más interesante de la misma, transmite la impresión de que el autor no ha conseguido encajar todas las revelaciones que pretendía en la narración, y opta por vez primera por presentarnos a un Heeche, quien explica el plan a largo plazo de su especie para el universo. Lo que indudablemente resta mucho a la interés a la siguiente novela de la saga, siendo la razón por la que hasta ahora no me he animado a leerla. Aunque al mismo tiempo contribuye a mejorar la impresión global de "Tras el incierto horizonte" y la sitúa en la categoría de recomendable.
Más larga que la primera y desplazada apenas unos cuantos años hacia el futuro, la novela rezuma una calidad claramente por encima de la media, si bien dos defectos lastran la impresión global de la obra: el primero, la insistencia de Pohl en intercalar la línea narrativa situada en los artefactos Heeche (la Factoría Alimentaria y el Paraíso) con la línea narrativa de Robin Broadhead en la Tierra, equiparándolas en relevancia a pesar de que la primera es infinitamente más interesante para el lector (es algo que caracterizó a "Pórtico" y que aquí decidió mantener); y el segundo, el tratamiento excesivamente humano que le da a los programas informáticos, enfatizando recurrentemente su gestualidad, pretendiendo hacer que dudan, o incluso que atraviesan estados de ánimo.
Si el lector está dispuesto a pasar de puntillas por esos tramos de la novela, recibirá en recompensa una excelente evolución de las aventuras de prospección e investigación de la cultura y el legado Heeche ya iniciadas en "Pórtico". El elenco de personajes que lidera esta línea narrativa con su visita la Factoría Alimentaria en la Nube de Oort es un tanto inverosímil, pero le permite a Pohl realizar un encomiable tratado de caracterización de los mismos (hasta el punto de que cada personaje tiene un capítulo "en exclusiva"), y una vez se produce el encuentro de Janine con Wan, introducirnos en una espiral de revelaciones que mantiene a buen nivel el sentido de la maravilla. Con la llegada al Paraíso Heeche la intensidad aumenta, y con la captura de los protagonistas Pohl pasa a desvelarnos el antiquísimo plan de preservación y evolución de la especie más inteligente de la Tierra prehistórica puesto en marcha por los Heeche.
La novela tiene muy presente el elemento científico: la astrofísica está especialmente cuidada, e incluso la informática que nos muestra Pohl presenta con bastante acierto (y pese a algunas lagunas), conceptos que hace cerca de cuarenta años acababan de fraguarse. Por otra parte, la preservación en memorias informatizadas de los cerebros de especies inteligentes es una idea atrayente y bien expuesta. Aunque no debo pasar por alto detalles cuestionables como la fiebre que por arte de magia provoca en la Tierra el uso del Diván de los Sueños en la Factoría, o la inverosimilitud del número y complejidad de transplantes que el Certificado Médico (un concepto por lo demás inquietante) permite en Essie.
En los capítulos finales Pohl integra las dos líneas narrativas y logra lógicamente un ritmo narrativo mucho más convincente. Aunque antes del final llega un último pero: el capítulo que cierra la novela, aun siendo el más interesante de la misma, transmite la impresión de que el autor no ha conseguido encajar todas las revelaciones que pretendía en la narración, y opta por vez primera por presentarnos a un Heeche, quien explica el plan a largo plazo de su especie para el universo. Lo que indudablemente resta mucho a la interés a la siguiente novela de la saga, siendo la razón por la que hasta ahora no me he animado a leerla. Aunque al mismo tiempo contribuye a mejorar la impresión global de "Tras el incierto horizonte" y la sitúa en la categoría de recomendable.
viernes, 19 de septiembre de 2014
Pórtico (1977). Frederik Pohl
Continúo una entrada más con mi personal reseña de las sagas de ciencia-ficción más importantes a disposición del lector en español. Le toca en esta oportunidad a la saga de los Heechee, del insigne escritor estadounidense Frederik Pohl. Una saga que está compuesta por las siguientes cuatro novelas:
Pórtico (1977)
Tras el incierto horizonte (1980)
El encuentro (1984)
Los anales de los heechee (1987)
A ellas que hay que añadirles una colección de relatos situada en el universo de Pórtico ("Los exploradores de Pórtico", 1990) y una novela corta ("El muchacho que viviría para siempre", 2004) contenida en la recomendable antologia de relatos de Robert Silverberg "Horizontes lejanos".
De todas las novelas que conforman la saga recomiendo leer las dos primeras solamente. Aunque no es una recomendación tajante como las que en alguna ocasión anterior he hecho en este mismo blog. De hecho, no descarto leer en alguna oportunidad "El encuentro", pues "Tras el incierto horizonte" no me dejó un mal sabor de boca: cuando la reseñe dentro de unos días, intentaré explicar las razones por las que aún no me he animado a leerla.
Centrándonos en "Pórtico", la obra que dio comienzo a la saga, debo señalar que se trata de una de las novelas más galardonadas de la historia de la ciencia-ficción (incluyendo por supuesto los premios Hugo y Nébula). Lo cual a mi modo de ver juega en su contra: no se trata ni mucho menos de una mala novela, pero considerando el prestigio que le otorgaron tantos galardones, cuando la terminé de leer tuve que admitir que me esperaba algo más.
Desde mi punto de vista, la novela adolece de un defecto inesperado que la lastra en parte: la falta de acción, de aventura, incluso de dinamismo. Es comprensible que no todas las novelas de ciencia-ficción deban basarse en una sucesión de peripecias de sus protagonistas, pero Pohl nos hace entrever, durante los primeros capítulos, una trama de este tipo. Con lo cual paulatinamente el lector va perdiendo la esperanza de sobrecogerse, de admirarse, de sorprenderse con lo que relate el escritor. Y el desánimo aparece, llegándose a perder parte del interés. Una verdadera lástima, porque la novela parte de una idea brillante y atrayente: la humanidad ha encontrado una base espacial alienígena abandonada en un asteroide llamado Pórtico, y ello le da acceso a una parte de su tecnología, incluyendo unas pequeñas naves espaciales preprogramadas para transportar a grupos reducidos de prospectores a destinos desconocidos en otros lugares del universo. Una idea de la que Pohl no termina de sacar partido, pues básicamente se contenta con proporcionar pequeños detalles y aspectos psicológicos de su protagonista absoluto, Robinette Broadhead.
Tampoco quisiera parecer excesivamente defraudado, porque la novela ofrece numerosos atractivos. Aunque no es el objetivo principal de la novela, Pohl sitúa su idea central en un marco distópico, presentándonos una Tierra arrasada por su excesiva explotación y con buena parte de la humanidad en condiciones precarias, por lo que los cazafortunas de Pórtico y la fortuna que logran aquellos que retornan con algún descubrimiento relevante de una misión, está más que justificada. Ello le permte además exhibir, como ya hiciera en la saga de Los Mercaderes (reseñada en este mismo blog), su talento como especulador socio-económico, relatando todo lo que surge en torno a Pórtico: la Corporación, los prospectores como Robin, el sistema de recompensas, los servicios sociales o la convivencia de las diferentes culturas. Todo ello tratado con seriedad, rigor, y sin desdeñar las explicaciones científicas sobre galaxias, nebulosas, agujeros negros o lo que sea pertinente... A esta incuestionable virtud contribuyen los recuadros que acompañan a cada uno de los capítulos, en su mayoría enriquecedores de lo que se cuenta en la narración convencional. No obstante, a veces incomoda leer tantos anuncios como incluye, y en mi opinión las poesías carecen de todo interés.
Otra de las particularidades de Pórtico es la minuciosidad con la que refleja el tratamiento psicológico de Robin, con el añadido de que el psicólogo (Sigfrid) es en realidad una computadora. Pero todos aquellos lectores que hayan tenido un mínimo contacto con la psicología, será fácil que como yo piensen que muchas de sus reacciones están excesivamente exageradas, volcadas en demasía en las connotaciones sexuales y en las reacciones irracionales. Más de una vez leí esos interludios a la ligera, casi sin prestar atención, a la espera de llegar a la línea narrativa que da título a la novela. Con la desagradable sorpresa, además, de que en ocasiones anticipaban lo que sucedería en las páginas siguientes. En definitiva, creo que es un error poner al mismo nivel narrativo el tratamiento psicológico de Robin que las prospecciones de Pórtico, que es lo que hace Pohl.
Afortundamente es una novela no excesivamente larga y está bien estructurada, lo que facilita su lectura. Y el final, aunque un tanto premioso y entrecortado, logra mejorar la impresión global del libro, porque se comprende mejor la personalidad de Rob, se hace un inteligente alegato en favor de la vida, y se dejan los suficientes puntos abiertos como para justificar al menos una secuela.
Pórtico (1977)
Tras el incierto horizonte (1980)
El encuentro (1984)
Los anales de los heechee (1987)
A ellas que hay que añadirles una colección de relatos situada en el universo de Pórtico ("Los exploradores de Pórtico", 1990) y una novela corta ("El muchacho que viviría para siempre", 2004) contenida en la recomendable antologia de relatos de Robert Silverberg "Horizontes lejanos".
De todas las novelas que conforman la saga recomiendo leer las dos primeras solamente. Aunque no es una recomendación tajante como las que en alguna ocasión anterior he hecho en este mismo blog. De hecho, no descarto leer en alguna oportunidad "El encuentro", pues "Tras el incierto horizonte" no me dejó un mal sabor de boca: cuando la reseñe dentro de unos días, intentaré explicar las razones por las que aún no me he animado a leerla.
Centrándonos en "Pórtico", la obra que dio comienzo a la saga, debo señalar que se trata de una de las novelas más galardonadas de la historia de la ciencia-ficción (incluyendo por supuesto los premios Hugo y Nébula). Lo cual a mi modo de ver juega en su contra: no se trata ni mucho menos de una mala novela, pero considerando el prestigio que le otorgaron tantos galardones, cuando la terminé de leer tuve que admitir que me esperaba algo más.
Desde mi punto de vista, la novela adolece de un defecto inesperado que la lastra en parte: la falta de acción, de aventura, incluso de dinamismo. Es comprensible que no todas las novelas de ciencia-ficción deban basarse en una sucesión de peripecias de sus protagonistas, pero Pohl nos hace entrever, durante los primeros capítulos, una trama de este tipo. Con lo cual paulatinamente el lector va perdiendo la esperanza de sobrecogerse, de admirarse, de sorprenderse con lo que relate el escritor. Y el desánimo aparece, llegándose a perder parte del interés. Una verdadera lástima, porque la novela parte de una idea brillante y atrayente: la humanidad ha encontrado una base espacial alienígena abandonada en un asteroide llamado Pórtico, y ello le da acceso a una parte de su tecnología, incluyendo unas pequeñas naves espaciales preprogramadas para transportar a grupos reducidos de prospectores a destinos desconocidos en otros lugares del universo. Una idea de la que Pohl no termina de sacar partido, pues básicamente se contenta con proporcionar pequeños detalles y aspectos psicológicos de su protagonista absoluto, Robinette Broadhead.
Tampoco quisiera parecer excesivamente defraudado, porque la novela ofrece numerosos atractivos. Aunque no es el objetivo principal de la novela, Pohl sitúa su idea central en un marco distópico, presentándonos una Tierra arrasada por su excesiva explotación y con buena parte de la humanidad en condiciones precarias, por lo que los cazafortunas de Pórtico y la fortuna que logran aquellos que retornan con algún descubrimiento relevante de una misión, está más que justificada. Ello le permte además exhibir, como ya hiciera en la saga de Los Mercaderes (reseñada en este mismo blog), su talento como especulador socio-económico, relatando todo lo que surge en torno a Pórtico: la Corporación, los prospectores como Robin, el sistema de recompensas, los servicios sociales o la convivencia de las diferentes culturas. Todo ello tratado con seriedad, rigor, y sin desdeñar las explicaciones científicas sobre galaxias, nebulosas, agujeros negros o lo que sea pertinente... A esta incuestionable virtud contribuyen los recuadros que acompañan a cada uno de los capítulos, en su mayoría enriquecedores de lo que se cuenta en la narración convencional. No obstante, a veces incomoda leer tantos anuncios como incluye, y en mi opinión las poesías carecen de todo interés.
Otra de las particularidades de Pórtico es la minuciosidad con la que refleja el tratamiento psicológico de Robin, con el añadido de que el psicólogo (Sigfrid) es en realidad una computadora. Pero todos aquellos lectores que hayan tenido un mínimo contacto con la psicología, será fácil que como yo piensen que muchas de sus reacciones están excesivamente exageradas, volcadas en demasía en las connotaciones sexuales y en las reacciones irracionales. Más de una vez leí esos interludios a la ligera, casi sin prestar atención, a la espera de llegar a la línea narrativa que da título a la novela. Con la desagradable sorpresa, además, de que en ocasiones anticipaban lo que sucedería en las páginas siguientes. En definitiva, creo que es un error poner al mismo nivel narrativo el tratamiento psicológico de Robin que las prospecciones de Pórtico, que es lo que hace Pohl.
Afortundamente es una novela no excesivamente larga y está bien estructurada, lo que facilita su lectura. Y el final, aunque un tanto premioso y entrecortado, logra mejorar la impresión global del libro, porque se comprende mejor la personalidad de Rob, se hace un inteligente alegato en favor de la vida, y se dejan los suficientes puntos abiertos como para justificar al menos una secuela.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
"Nación de Marte. Parte 2" (2021). Brandon Q. Morris
Con la entrada que hoy les ofrezco sigo desgranando los añadidos de última hora a mi segundo recorrido por algunas de las sagas más relevan...









