lunes, 8 de diciembre de 2014

Naufragio en el tiempo real (1986). Vernor Vinge

Una entrada más continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a reseñar "Naufragio en el tiempo real", segunda y última de las novelas que conforman la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una novela que, como ya anticipé al reseñar la primera novela de la saga ("La guerra de la paz") es claramente superior a su predecesora, y mucho más recomendable. Aunque de nuevo su coherencia y maestría argumental superan tanto a su claridad expositiva como a su perfección literaria.

En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).

Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.

Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.

En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.

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