domingo, 15 de febrero de 2015

Mendigos y opulentos (1994). Nancy Kress

Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a presentarles hoy "Mendigos y opulentos", de la estadounidense Nancy Kress. Se trata de la segunda novela en orden cronológico y de lectura de la saga de los mendigos, una trilogía que recomiendo leer en su integridad. Esta novela mantiene el nivel de "Mendigos en España" gracias a una atractiva combinación de tecnología, especulación, avatares humanos y una prosa cuidada. Hecho que queda constatado en que también resultó finalista del Premio Hugo, como su antecesora. Además, puede disfrutarse como novela independiente del resto de la saga, y no se queda lejos de la categoría de clásico.

En "Mendigos y opulentos" Kress sitúa la narración a comienzos del siglo XXII, es decir, veintitrés años después de donde la dejó en la primera entrega, con una sociedad si cabe más fuertemente estratizada entre "Vividores", "Auxiliares" e "Insomnes". Y nos vuelve a entregar una novela relativamente larga (aunque un poco más corta que la anterior), con una estructuración similar en cuatro partes principales (a las que añade una quinta más breve a modo de cierre), el mismo estilo narrativo y un intervalo temporal mucho más corto que el de su predecesora como principal diferencia (pues toda la novela transcurre en un solo año). También repiten algunos personajes ya conocidos (Drew Arlen, Miranda Sharifi...), que comparten protagonismo con otros como Diana Covington o Billy Washington.

La saga de los mendigos es una trilogía tan ambiciosa en cuanto al número y complejidad de aspectos que pretende cubrir que a lo largo de la misma se pierde un poco el foco en la historia en sí, que es lo que más suele calar en el lector. Y precisamente en este aspecto es donde "Mendigos y opulentos" me parece ligeramente superior a las otras dos novelas: en la continuidad de las vivencias de unos pocos personajes, a la que Kress da fuerza a corta como digo de acortar el marco temporal que cubre la novela. A ello contribuye además otra novedad introducida respecto a su predecesora: la estructuración en líneas narrativas separadas y narradas en primera persona por Drew, Diana y sobre todo Billy Washington, la más interesante y mejor caracterizada de las tres (incluso en la forma de hablar tan específica que emplean los Vividores). Creo que encaja más con las características de la saga que un narrador omniscente.

Aunque por supuesto la influencia de los Superinsomnes en la trama es tan alta como cabría esperar, la principal novedad argumental de esta segunda parte es la enfatizada separación entre Vividores y Auxiliares: una dura pero atrayente deformación de la sociedad actual, en la línea de los Eloy y los Morlocks de H.G. Wells, pero más cercana al lector contemporáneo. Y que actúa como un espejo que permite al lector reflexionar sobre la indefensión del ciudadano de a pie, su manipulación por los centros de poder, su distracción mediante pasatiempos que no obliguen a pensar (las carreras de motos)... Y otras cuestiones de más alto nivel, como hacia dónde debe evolucionar la tecnología y quién la debe controlar. Todo ello en medio de acontecimientos que se suceden a buen ritmo, y que son sazonados con "sorpresas" como el cambio de bando de Drew, o la alimentación autotrófica de Miranda Sharifi.

Durante buena parte de la lectura la novela me parecía digna de la categoria de clásico a la que aludía al comienzo, pero justo en el tramo final se desinfló un poco, ya que para mí el final adecuado no debería ser el propuesto Kress, sino que debería haber sido el episodio de la declaración de Miranda Sharifi sobre los seres humanos autotróficos, justo después del clímax narrativo: las treinta páginas adicionales hasta el final real no aportan prácticamente nada, y la aparición de "Voluntad e idea" resulta bastante forzada. Otros puntos débiles de la novela son la cuestionable relación entre insomnio e inmortalidad que nos plantea la autora, la excesiva influencia otorgada a los "Sueños Lúcidos" de Drew Arlen sobre los Vividores, y el que sea la clase política quien pague con emplazamientos públicos por recibir los votos de los Vividores. Aspectos que en todo caso no enmascaran una novela claramente recomendable.

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