domingo, 26 de abril de 2026

"Protocolo Rebelde" (2025). Martha Wells

Con la entrada de hoy sigo añadiendo entradas "no inicialmente previstas" a mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. No inicialmente previstas porque cuando les propuse la lista de autores y sagas hace ya prácticamente dos años, la serie que ahora estoy reseñando para ustedes aún no se había publicado mayormente para el lector en nuestro idioma. Sin embargo, la Saga de los Diarios de Matabot, de la estadounidense Martha Wells, es una de las de más repercusión a nivel mundial en los últimos años, y por eso estoy ahora aquí opinando para ustedes sobre "Protocolo Rebelde", su tercera entrega. Una novela corta que vio la luz hace tan sólo unos meses, por lo que es una de mis lecturas más recientes. Con la novedad frente a sus dos predecesoras de la interacción de matabot con un bot humanoide, esta tercera entrega supera a las dos primeras gracias a esa nueva interrelación matabot - bot humanoide, a una menor necesidad de explicaciones aclaratorias, a una trama más definida, y a mayores dosis de acción.

El primero y más determinante de estos cuatro aciertos es una trama más elaborada, lógica y completa que la de "Condición Artificial", y mejor presentada desde el principio que la de "Sistemas Críticos". Wells retoma los hechos de esa primera entrega y aquí nos cuenta que la Doctora Mensah ha denunciado finalmente a GrayCris, y necesita pruebas que le permitan sostener su demanda. Algo a lo que matabot (que aún se siente en cierta medida en deuda con ella) cree que poder ayudar. Es cierto que a lo largo de su evolución la trama se asemeja a las entregas anteriores, en el sentido de que los seres humanos siguen haciendo a menudo cosas estúpidas que matabot se ve obligado a arreglar, pero es un argumento que arranca casi al inicio del libro, y que lo sostiene de manera solvente durante todo su desarrollo en la instalación de terraformación abandonada que orbita el planeta Milu.

El segundo y más evidente de estos aciertos es Miki, el bot humanoide con el que matabot se verá obligado a interaccionar en cuanto avance un poco la lectura. Con buen criterio, Wells sigue explorando la personalidad y el mundo interior de su protagonista gracias a un personaje netamente diferente a la humana Mensah de la primera entrega, o a la inteligencia artifical TIG de la segunda. Miki es tan simple a ojos de matabot que, por momentos, le desespera, pero a través de su sincero sentido de la amistad, y de su adoración por los humanos, proporcionará a matabot nuevos puntos de vista sobre su relación con ellos, una relación que sigue constituyendo uno de los ejes temáticos centrales de la saga. Además de proporcionar momentos curiosos y varios episodios de humor (un sentido del humor, por cierto, más inspirado y vigente que en sus dos predecesoras).

Para detectar los otros dos aciertos principales de esta novela corta (la menor cantidad de explicaciones y las mayores dosis de acción) es necesario avanzar en su lectura. Pero ambos se aprecian claramente. En relación con el primero, se nota que Wells ya le ha cogido el pulso tanto a su marco escénico como a la ciencia y a la tecnología que lo sostienen, y aunque sigue con la precaución de que el elemento científico no se le venga abajo, gestiona con más solvencia que en entregas anteriores redes y protocolos de comunicación, breachas de seguridad en los códigos ejecutables, y características de drones y bots de apoyo, entre otras cuestiones; si bien todavía se puede encontrar algún gazapo, no sólo hay ya menos, sino que no necesita añadir tantas frases entre paréntesis ni tantos párrafos explicativos, y ello aumenta el ritmo de la lectura. Y la acción está presente como nunca hasta ahora en la saga, ya desde su mismo comienzo, pero especialmente en los capítulos cinco y seis (que, agárrense fuerte, ¡son los dos últimos de la novela!), los cuales relatan una cantidad de peripecias tremenda, que apenas dan tregua al lector.

Esta densidad de acción en los dos capítulos finales es, no obstante, un arma de doble filo, pues da lugar al principal defecto específico de esta entrega: la acumulación de sucesos trepidantes dificulta que el lector asimile y ponga en perspectiva todo lo narrado, hasta el punto de que no se puede hablar de un desenlace que alcance el clímax emocional, sino de una serie de episodios frenéticos que simplemente se ven interrumpidos cuando se acaban las páginas impresas. Los demás defectos ya estaban presentes en mayor o menor medida en las demás entregas: cierta superficialidad literaria, a pesar de los patentes esfuerzos de la escritora por introducir reflexiones de calado; esquematismo excesivo de prácticamente todos los personajes secundarios (sólo con Don Abene Wells se esmera un poquito); algunas dificultades a la hora de visualizar y describir los lugares más complejos, sobre todo en la instalación de terraformación; y más barbarismos de los deseables (aunque algunos menos que en sus dos antecesoras).

Para terminar, y dado que como les decía no existe un desenlace específico que valorar, sí quiero resaltar la cantidad de "formas de vida" protohumanas que la escritora ha ido incorporando gradualmente a la saga en estas tres entregas: SegUnidades, bot humanoides, IAs de transporte, combatebots, humanos aumentados... y que son una de las razones por las que al final la saga ha ido dando tanto de sí. Aunque también aprovecho para avisarles de que debo interrumpir en este punto la reseña de la misma, pues la cuarta novela ("Estrategia de Salida") aún no se ha publicado en español (lo hará el próximo mes de Junio). Así que ya veré en qué momento la traigo para ustedes, pero de momento interrumpo en este punto la revisión de Los Diarios de Matabot.

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