domingo, 19 de febrero de 2017

Gloriana o la reina insatisfecha (1978). Michael Moorcock

Una nueva entrada prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas para el lector en español del subgénero de las ucronías, uno de los más fascinantes dentro de la literatura de ciencia-ficción. Voy a reseñar en esta oportunidad "Gloriana o la reina insatisfecha", del escrito británico Michael Moorcock. Una novela con casi cuarenta años de antigüedad, pero que no vio la luz en nuestro idioma hasta hace apenas un lustro, por lo que probablemente sea la ucronia menos conocida de las que he reseñado hasta ahora en este blog. Se trata de una en mi opinión excesivamente extensa (más de quinientas páginas) e innecesariamente fantasiosa historia alternativa sobre la Inglaterra del siglo XVII. Pero con el suficiente número de acontecimientos entre sus páginas, y con unos personajes principales lo suficientemente atrayentes como para justificar su lectura.

"Gloriana" es una novela difícil de categorizar, que exige una mente abierta y un esfuerzo consciente por parte del lector. Para mí es sobre todo una ucronía, y por eso la he incluido en la presente selección. Incuso aunque Moorcock no se moleste en presentar el hecho divergente que alteró el curso de la historia inglesa hasta llegar al rey Hern y su sucesora Gloriana, evidentemente inspirados en Enrique VIII e Isabel I (de hecho, Moorcock sólo intenta una tímida justificación mediante la teoría de las esferas múltiples que se comunican en determinados puntos del devenir histórico). También trata con el rigor suficiente su historia alternativa (con avances tecnológicos, vestimentas, tradiciones y ceremonias muy similares a las de la historia real) como para poder considerarla una novela de ciencia-ficción más que una simple novela de fantasía (conviene recordar que se alzó con el prestigioso premio John W. Campbell de 1978 a la mejor novela de ciencia-ficción de ese año). Aunque también se apoya en unos pocos elementos fantásticos que pueden incomodar a lectores rigurosos (algunos intrascendentes para el desarrollo, como los autómatas o el Thane de Herminston, pero uno en concreto muy relevante para la misma: un submundo oculto entre las paredes del Palacio Real francamente inverosímil por extenso y por desconocido desde el exterior). Incluso puede parecer por momentos una novela erótica o de aventuras. Se trata, en suma, de una obra muy original.

Como decía, un puñado de personajes logrados contribuye decisivamente a mantener el interés de esta larga novela. Aunque no es el caso de Gloriana, la supuesta protagonista, conceptualmente provocativa pero con vaivenes de comportamiento demasiado bruscos que le restan credibiidad. Pero sí el del vil capitán Quire, quizá el auténtico protagonista, que considera su vileza un arte, y el del canciller Montfallcon, verdadero poder en la sombra de Albión. Y el de otros personajes más secundarios como Thomas Ffynne, la condesa de Scaith o el doctor John Dee. Si bien es cierto que la novela empieza explorando estos y otros tantos personajes y tarda en dar con la línea narrativa más adecuada.

Porque durante los dos primeros tercios de la novela se alternan capítulos donde estos personajes y sus actos captan nuestra atención con otros muchos irrelevantes, largos, sin sustancia, meramente descriptivos. Debo reconocer que la prosa de Moorcock no es demasiado recargada, por lo que aumentando la velocidad de lectura el lector los puede "vadear" sin desesperarse, pero es incuestionable que con ciento cincuenta o doscientas páginas menos y una mejor orientación de la trama la novela ganaría mucho. Por otra parte, además de los capítulos superfluos, los elementos inverosímiles y la fallida Gloriana, otros defectos menores afectan a la impresión final: el "bombardeo" de personajes en los primeros capitulos, imposible de asimilar; el poco logrado enfrentamiento entre Montfallcon y Quire, tan determinante para la novela; las a menudo pedantes poesías y canciones que intercala Moorcock; y una traducción claramente mejorable.

A cambio, en su historia alternativa Moorcock propone un sugestivo panorama internacional, con Albión al frente del Orbe desde Virginia hasta Catay, y Polonia, Arabia y Tartaria como principales potencias rivales. En el cual las religiones monoteístias carecen por completo de relevancia, al igual que el Imperio Español, y en el que el precario equilibrio internacional se tambalea a consecuencia de las intrigas y muertes que Moorcock relata en Londres. Asimismo proporciona un abundante material especulativo (normalmente subyacente a lo narrado), a través del cual Moorcock desmitifica tanto los logros del reinado de Isabel I como su soltería, además de cuestionar las cloacas del poder que sustentan la supuesta Edad de Oro en la que se sitúa la novela.

Y no debo terminar sin resaltar cómo Moorcock va haciendo converger todos los elementos presentados hasta alcanzar el clímax en el memorable capítulo XXXIV. Violento, controvertido y políticamente incorrecto, pero francamente eficaz como colofón de lo narrado y lo especulado. Con el aliciente adicional de la inclusión por parte de la editorial Marlow del capítulo alternativo que escribió Moorcock años más tarde tras las críticas recibidas. Un capítulo más políticamente correcto que el original pero sin embargo más inverosímil y paradójicamente de igual conclusión. Y que constituye una razón de peso para continuar hasta el final la lectura de esta dilatada y singular novela, a pesar de sus defectos.

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