sábado, 3 de febrero de 2018

Babel 17 (1966). Samuel R. Delany

Con la presente entrada inauguro la serie de reseñas que en los próximos meses voy a dedicar en orden cronológico a diversas novelas ganadoras o finalistas de los premios Nébula que hasta la fecha no habían aparecido por este humilde blog. Pues como expliqué en mis dos entradas anteriores, los premios Nébula son en mi opinión los más representativos y de mayor calidad en la literatura de ciencia-ficción, por lo que el ejercicio de revisar todas estas novelas a lo largo de más de medio siglo será sin duda apasoniante. Voy a empezar por "Babel 17", del estadounidense Samuel R. Delany, premio Nébula de 1967.

Delany, entonces poco más que un adolescente, fue a lo largo de la segunda mitad de los sesenta uno de los escritores más relevantes del género, fuertemente condicionado entonces por la "new wave" en la que también estaban destacando otros escritores como Roger Zelazny o J.G. Ballard. Sin embargo, a mi modo de ver estamos ante uno de esos ejemplos en los que el paso de los años pone las cosas en su sitio: una vez superada la "moda" en cuestión, la novela no resiste un análisis objetivo. Y es que "Babel 17" refleja claramente que una excelente idea no da lugar a una excelente novela. De hecho, cuesta aceptar que compartiera el premio Nébula de ese año con la fascinante "Flores para Algernon", de Daniel Keyes, que reseñaré en mi siguiente entrada.

Aunque no hay duda de que la idea que sustenta la novela es muy sugestiva: la elaboración de un lenguaje que se convierte en arma conforme se va aprendiendo, por su forma de presentar la realidad y anular el pensamiento crítico que genera el "yo", le podría haber servido a Delany para algo mucho mejor que esta mediocre novela. Baste pensar que otros escritores del género han conseguido con una premisa similar resultados mucho mejores (Ian Watson con "Empotrados", Robert Silverberg con "Tiempo de cambios"...). Pero a la obra de Delany le fallan varios aspectos básicos. Veamos cuáles.

El principal problema es la falta de explicaciones proporcionadas al lector: empezando ya por la diferencia de roles entre Aduana y Transporte, la novela resulta una lucha continua por situarse y comprender. Así, la distinción entre Aliados e Invasores y los parámetros del conflicto planteado tardan mucho en revelarse (y no completamente). Así como los cargos y funciones que deben desempeñarse en la "Rimbaud" (Control, Piloto, Ojo, Nariz, Oreja...). O como la escasa elaboración de conceptos ampliamente usados en la novela (la propulsión espacial, la descorporización...).

Tampoco ayuda que Delany recurra a una especie de space opera clásica y bastante plana como vehículo para presentar una novela de un supuesto calado mucho mayor. Ni la obvia pretenciosidad del escritor, que de manera bastante poco elegante recurre a fragmentos de poemas de su esposa Marilyn Hacker (bastante flojos, por cierto) para presentar las cinco partes en las que estructura la novela. Por no hablar de la deficiente traducción (al menos en la edición que ilustra esta entrada).

¿Qué le queda entonces al lector? Pues además de la ingeniosa idea ya citada, podemos reseñar la ambientación de algunos escenarios, algunos capítulos aislados que sí resultan interesantes (como aquel en el que el barón Ver Dorco le muestra a la poetisa Rydra Wong algunas de las armas de la Alianza), los intentos por incorporar la lógica de la ciencia informática en el desenlace del conflicto, y un personaje atípico (el Carnicero), en el que Delany deposita todas sus bazas para impactar al lector (aunque su relación sentimental con Wong chirría por repentina e injustificada). Argumentos insuficientes para justificar la lectura de una novela que logró su fama al amparo de la "new wave" y que, una vez superada ésta, encaja mejor en la categoría de curiosidades que en la de novelas recomendables. Quizá Delany la escribió cuando era demasiado joven e inexperto, y con unos años más de madurez habría logrado sacarle más partido.

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