sábado, 5 de noviembre de 2016

Lo que el tiempo se llevó (1953). Ward Moore

Una nueva entrada prosigo reseñando en orden cronológico las novelas que he seleccionado como representativas del subgénero de las ucronías. Voy a presentarles hoy "Lo que el tiempo se llevó", del escritor estadounidense Ward Moore. Moore fue un escritor de ciencia-ficción de producción muy escasa, por lo que resulta poco conocido para el lector de ciencia-ficción en español. Fue sin embargo un escritor muy avanzado a la hora de dotar de profundidad y reflexiones al género en un momento en que primaban los personajes de cartón piedra y la aventura por encima de todo. Por eso su obra puede seguir disfrutándose con naturalidad en nuestros días. En particular "Lo que el tiempo se llevó" (traducción libre y de connotaciones cinematográficas del título en inglés, "Bring the jubilee") es una sólida y profunda ucronía sobre unos decadentes E.E.U.U. tras la victoria de los Confederados en la Guerra de Secesión. Lástima que en su tramo central falte acción y sobren vaivenes sentimentales.

Al iniciar la lectura de "Lo que el tiempo se llevó" la primera sorpresa es la profundidad de los personajes principales: pese al tiempo transcurrido este aspecto está muy cuidado. Narrada en primera persona por el joven Hodge Backmaker, la atención a emociones, sentimientos y reflexiones es siempre notable. Por ello personajes como el librero Tiss, el haitiano Enfandin o el "psicólogo" Midbin cobran vida ante nuestros ojos. Y despliegan además una abundante carga especulativa (se reflexiona sobre mecanicismo, maniqueísmo, patología emocional...), lo que habla bien de la calidad de Moore como escritor.

El otro acierto incuestionable es la ambientación: ante nuestros ojos desfilan la pueblerina y rígida Wappinger Falls, la sombría y peligrosa Nueva York, el Refugio (Haggershaven)... Y todo ello con pinceladas a la situación en otras partes del mundo (con algunas curiosas menciones al Imperio Católico Español). La victoria confederada en lo que ellos llaman la Guerra de Independencia Sureña dibuja un panorama en lo que queda de los E.E.U.U. en los años treinta tremendamente decadente, con mucha pobreza y carestía, racismo legalizado, mano de obra esclavizada, universidades burocratizadas... Que en ocasiones no difiere demasiado de la sociedad contemporánea actual, un hecho preocupante que logra captar la atención del lector.

Tras un primer cuarto de novela irreprochable, la confrontación política por el poder entre Whighs y Populistas (sorprendemente similar a la de la España actual) y el protagonismo que cobra la organización del Gran Ejército provocan que la novela derive hacia terrenos menos disfrutables. Situación que se agrava durante toda la parte central de la novela, en Haggershaven. Que si bien funciona como "comuna" aislada de todos los males que aquejan a la sociedad estadounidense antes presentada, falla a la hora de mantener la intensidad de la novela, con capítulos que son casi meras estampas costumbristas, presididos por un personaje tan extraño como Barbara Haggerswell, con la previsible curación de la adolescente Catty, y sobre todo con los devaneos amorosos de Hodge entre Barbara y Catty, más propios de una novela menor.

Así que cuando por fin, con un aceptable respeto del elemento científico, Barbara termina su ambicioso HX-1 y comienzan con él los retrocesos temporales, la impresión general de la novela ya está determinada. Por lo que los cuatro últimos capítulos (intensos, disfrutables, reveladores, muy trabajados desde el punto de vista de las paradojas temporales) sirven más para lamentar que la novela no se adentrara antes en estos terrenos que para cautivar al lector. Aunque hay que ensalzar la elegancia con la que Moore enlaza su historia alternativa con el viaje en el tiempo, proponiendo como "historia alternativa" del anciano Hodge precisamente nuestra historia contemporánea tal cual la conocemos. Lo que evidencia que estamos ante un clásico cuya lectura es aún recomendable a pesar del tiempo transcurrido.

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