lunes, 6 de junio de 2016

Rumbo a Bizancio (1985). Robert Silverberg

Continúo reseñando los principales libros disponibles de mi escritor de ciencia-ficción favorito, Robert Silverberg. Con "Rumbo a Bizancio" el estadounidense retornó a la ciencia-ficción tras prácticamente una década. No es que durante ese periodo no publicara nada, pero si que se centró en escribir fantasía netamente comercial y dejó de lado el género por el que será recordado. De hecho, su retorno podríamos calificarlo de "tímido", porque lo que entregó fue una novela corta de apenas cien páginas (con un tipo de letra bastante grande). Que no obstante fue saludada con entusiasmo por sus colegas de profesión, ya que se alzó con el Premio Nébula de 1985 en su categoría. A pesar de la cual me parece una obra un tanto menor dentro de su producción: es cierto que "Rumbo a Bizancio" es Silverberg en estado puro, pero dada su reducida extensión, no tiene espacio material para extraer lo máximo del atractivo marco escénico creado. Y al final da la impresión de ser poco más que una novela romántica bien ambientada.

Silverberg nos sitúa en el siglo cincuenta, cuando un puñado de humanos inmortales utilizan su avanzada tecnología para reconstruir las cinco grandes ciudades del pasado de la Tierra en su época de máximo esplendor, poblándolas de seres temporales artificiales construidos por robots, y utilizándolas como centros turísticos para ciudadanos ricos que no tienen nada mejor que hacer que mantenerse al día con sus círculos sociales mientras exploran las calles de cada nueva ciudad. En este ingenioso marco Silverberg sitúa a su protagonista, Charles Philips, un personaje agradable, arrancado sin previo aviso de su Nueva York en 1984 y depositado en tan lejano futuro. Junto con su compañera y guía Gioia, Philips va saltando de una ciudad a otra mientras intenta gradualmente asimilar el choque cultural derivado de tan inmenso cambio y encontrarse a sí mismo en su nueva situación.

Es una pena que Silverberg no logre sacar todo el partido a esta propuesta, porque el recorrido planteado es, además de fascinante y muy meritorio desde un punto de vista de recreación literaria, adecuado para el ya conocido viaje iniciático que propone para su protagonista. Otros aciertos claros son el ambiente de las ciudades, que está muy bien recreado, los personajes principales, bien caracterizados, y la realidad de la vida en el siglo cincuenta, que conforme se va desvelando logra mantener cierto interés del lector. Pero la novela adolece desde el comienzo de un motor argumental que la dinamice, y sostenerla sólo mediante la ambientación y la habilidad narrativa resulta un tanto insuficiente.

Así, conforme va avanzando la lectura (no hay capítulos diferenciados) y se acerca el final, se va viendo que no queda espacio para la aventura, para profundizar en los contactos con los hombres de los siglos dieciséis y veinticinco, para averiguar algo sobre quiénes están al mando de este mundo del futuro, para dedicarle más atención al elemento científico... Con lo cual al final sólo permanecen las (jugosas) reflexiones sobre la vida y la realidad propias de Silverberg, y el mensaje sobre el triunfo del amor... demasiado poco para un escritor tan capaz como el estadounidense. En suma, una sensación parecida a la que en su momento tuve al terminar la lectura de "Alas nocturnas": la ambientación y la caracterización son imprescindibles, pero para escribir una gran novela en mi opinión es necesario algo más.

A modo de curiosidad señalar que, dada la dificultad para vender obras de esta extensión en el mercado español, esta novela se publicó conjuntamente con "Bailando en el aire", de Nancy Kress, la reputada autora de la Trilogía de los Insomnes (que ya reseñé en este mismo blog), y que espero reseñar aquí cuando haya oportunidad para ello.

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