lunes, 20 de junio de 2016

Tom O'Bedlam (1985). Robert Silverberg

Una nueva entrada continúo reseñando los principales libros disponible en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, Robert Silverberg. Voy a reseñar en esta oportunidad "Tom O'Bedlam", la primera novela de ciencia-ficción que publicó tras prácticamente una década de alejamiento del género, en el año 1985. Existe la opinión bastante generalizada de que nada de lo que publicó Silverberg tras su quinquenio dorado ha llegado estar a la misma altura que sus mejores novelas de ese periodo, y ello incluye, pues, todas las novelas posteriores a 1972. No voy a negar que la fecundidad y brillantez de ese periodo no llegó a ser igualada posteriormente, pero sí que estoy en desacuerdo con esa generalización: ya reseñé "Hijo del tiempo" (en realidad una novelización de un relato corto de Isaac Asimov), como una de mis quince novelas personalísimamente favoritas. Pero si nos centramos en las novelas cien por cien propias de Silverberg, sí que hay más de una novela tan recomendable como muchas de las de su periodo dorado. Y entre todas esas novelas escritas tras su quinquenio dorado, tengo claro que mi favorita es "Tom O'Bedlam", para mí una de las mejores de su carrera, plena de su estilo personal sin llegar a repetirse, y que va creciendo gradualmente conforme avanza la lectura para deleite del lector.

Siempre he pensado que "Tom O'Bedlam", cuyo título deriva de una canción tradicional anglosajona del siglo XVII sobre un pobre loco, no obtuvo un mayor reconocimiento en su momento porque bordea permanentemente el género fantástico al sugerir que miles de personas puedan tener sueños comunes, visibles además durante la vigilia gracias a la mediación del "loco" Tom O'Bedlam. O porque propone un desenlace que lleva esos poderes de Tom hasta las últimas consecuencias. O incluso porque el componente científico esté presente sólo de manera indirecta a la hora de estructurar la sociedad y los cultos. O porque el tema central de la novela se aleja de lo que suele ser esperable en el género. Todo lo cual es cierto, pero...

Pero desde el principio, y en dura pugna con esa sensación de novela tendente al desvarío que impregna los primeros capítulos y que es familiar en el "Silverberg post-1972", el estadounidense exhibe todo su talento relatándonos nada menos que tres líneas argumentales separadas, que comparten como marco escénico la depresiva y fragmentada California del siglo XXII, una de tantas regiones venidas a menos por culpa de la Guerra de la Ceniza. Tres líneas narrativas con un elenco de personajes considerable, que sin embargo Silverberg caracteriza con tanta habilidad que no supone ningún esfuerzo extra para el lector ir saltando de una a otra. Y con la dificultad añadida de que dos de esas tres líneas (el centro Nepente y la banda de Charley) son altamente disfrutables desde el principio (la tercera, Barry Jaspin y la peregrinación Tumbondé, es algo más ardua y sólo poco a poco irá enganchando). A ello ayuda la sensacional estructuración de la novela, nada menos que ocho partes, con unos cuantos capítulos cortos cada una, en menos de trescientas páginas; relleno cero.

Aunque en mi opinión lo mejor de la novela es la naturalidad con la que suceden los acontecimientos: gradualmente los sueños/visiones de planetas habitados en otras partes del Universo van abriéndose paso en más y más personajes, provocando reacciones y reflexiones singulares en cada uno de ellos. Sin hitos puntuales que dinamicen la novela, sino simplemente dejando que las páginas fluyan y las piezas vayan encajando. Contribuyendo al mismo tiempo a que la figura de Tom crezca ante nuestros ojos bajo sus aparentes locura y marginalidad, aunque sin descuidar a otros personajes memorables (Elzabeth Lewis, Ed Ferguson, el villano Charley...). Con su habitual calidad en la prosa. Y con una ambientación pesimista pero muy conseguida.

La novela está tan elaborada que el culto Tumbondé evoluciona con naturalidad hasta convertirse casi sin darnos cuenta en religión de masas para el advenimiento de Chungirá-el-que-vendrá. Incluso las civilizaciones de otros planetas están tremendamente trabajadas, de manera que con sólo uno o dos rasgos el lector anticipa el advenimiento de la revelación de un nuevo personaje. Aunque con la suficiente resistencia y sensatez por parte de muchos de ellos como para que resulte creíble.

Todo lo desplegado en las siete partes anteriores confluye en una octava parte formidable, en la que la llegada de la horda Tumbondé al centro Nepente desencadena una (a priori) cuestionable catástrofe, pero sobre la cual Silverberg hace finalmente interaccionar los personajes de las tres líneas narrativas con una habilidad descomunal para darle a su idea central en esta novela un último espaldarazo de verosimilitud con las "cruces", huyendo del desenlace que cabría esperar y reivindicando el mesianismo como vehículo de comunicación interestelar que facilite una unidad entre las distintas especies. Ahí es nada.

4 comentarios:

  1. Te felicito por tu blog, me permites hacerme una idea del argumento de los diferentes títulos que publicó don Robert Silverberg. Déjame decirte que lamentablemente en la mayoría de las bibliotecas públicas de Chile no hay casi nada de este gran autor. Un abrazo y saludos!

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  2. Gracias por tu comentario, Byron. Siempre intento reseñar mencionando lo suficiente de la novela para que se pueda entender mi análisis si ya se ha leído, pero también intentando no revelar demasiado para que la lectura mantenga todo su interés.

    En cuanto a la disponibilidad de títulos, si te gustan los libros en formato electrónico no te será difícil hacerte con la mayoría de los títulos de este gran autor, y con un coste razonable.

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    1. Lamentablemente no me gustan los libros electrónicos, creo que no hay nada comparable con tener un libro en formato físico en tus manos.
      En cuanto al autor, ¿hay alguna novela que aún no hayas leído?

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  3. Comparto tu gusto por los libros en papel, Byron.

    Sí, hay alguna que no he leído de las traducidas al español. Sobre todo de su primera época, cuando se supone que aún estaba lejos del nivel que alcanzó posteriormente. Por ejemplo, "Revuelta en Alfa Centauri".

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