domingo, 24 de enero de 2016

El hombre en el laberinto (1969). Robert Silverberg

Una nueva entrada que dedico a seguir reseñando los principales libros disponibles en español de mi escritor de ciencia-ficción favorito, Robert Silverberg. Voy a revisar en la siguiente entrada "El hombre en el laberinto", nada menos que la cuarta novela que reseño de las que publicó en 1969 (tal vez habría que dedicar una entrada específica a analizar cómo se puede alcanzar tal ritmo de creatividad con una calidad tan alta). Se trata de uno de sus grandes clásicos e indiscutiblemente forma parte de su lista de novelas absolutamente recomendables, ya que pone la habitual calidad del mejor Silverberg al servicio de una historia original y que le permite exhibir su dominio de la ciencia-ficción como literatura de reflexiones.

Silverberg nos presenta un futuro lejano en el cual la humanidad ha establecido bases por buena parte del universo, pero no ha encontrado otras especies inteligentes. Excepción hecha de Beta Hydri IV, habitado por una especie de arañas gigantescas no muy conocidas. A este planeta viaja el protagonista de la novela, Dick Muller, en calidad de diplomático representante de la Tierra. Lo que le sucede allí altera completamente sus capacidades mentales y desencadena su posterior exilio en Lemnos, donde como el título de la novela anticipa se encuentra un enorme laberinto poseedor de una sofisticada tecnología creada por una antigua raza inteligente (tal vez les recuerde a "Mundo Anillo", que Larry Niven publicó un año más tarde...).

Un comienzo interesante y atrayente pone al lector rápidamente en situación y empieza a desafiarlo con varias de sus habituales reflexiones. A lo que se añade el marco escénico realmente fascinante en el que sitúa la novela, ese laberinto plagado de trampas y trucos mortales que no rehúye el componente científico. Además, la expedición comandada por Charles Boardman y Edward Rawlings que intenta abrirse paso por el laberinto para traer a Muller de vuelta a la Tierra le permite a Silverberg generar un áura de misterio que facilita que las páginas se pasen muy rápido y que enriquece aún más la novela. Y en ocasiones permitiéndose licencias literarias como crear subcapítulos ultracortos (dentro de los capítulos) de los que altera el orden, sin que ello afecte a la comprensión de lo presentado.

Una novela de este nivel carece de defectos de peso, pero por mencionar algunos detalles menores, puedo señalar que en mi opinión Silverberg exagera cuando otorga al encuentro entre Rawlings y Muller una relevancia tal que el destino de las galaxias dependerá del mismo. Encuentro que por otra parte Silverberg retarda, para aumentar la emoción (aunque ello no suponga abandonar la loable concisión de todas sus novelas de su quinquenio dorado, ni afecte al fantástico nivel de la tensión psicologica que establece entre ellos). De igual modo, da la impresión de que Silverberg retrasa a propósito el desenlace durante los capítulos finales de la novela recurriendo a revisar vivencias de Muller. Y la idea de la "enfermedad" que sostiene el un tanto precipitado desenlace (no quiero ser más preciso para no desvelarlo; si leen la novela me entenderán) es cuestionable en una novela de ciencia-ficción. Razones por las que no considero a "El hombre en el laberinto" su mejor novela.

De manera muy acertada, en esos capítulos finales Silverberg adopta a menudo la posición de abogado del diablo, y por otra interpreta continuamente los actos de todos sus personajes, todo ello siempre buscando potenciar la vertiente especulativa de la novela. Porque eso es lo que verdaderamente perdura de esta excelente novela tras el paso de los años: las reflexiones sobre lo que nos hace a los humanos ser seres sociales y la visión pesimista, casi dramática de Silverberg al respecto, puesto que su protagonista prefiere el aislamiento absoluto antes que exponer sus interioridades.

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