sábado, 31 de enero de 2026

"Regreso a Encélado" (2022). Brandon Q. Morris

Una nueva entrada prosigo con mi recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más relevantes para el lector en español que aún no habían aparecido, o no en su totalidad, por este blog. Nos adentramos ya en la presente década, que fue cuando se publicó en nuestro idioma "Regreso a Encélado", la cuarta entrega de la saga "Luna Helada", del escritor alemán Brandon Q. Morris. Una saga que he venido reseñando en entradas anteriores, y que es relativamente desconocida para el lector en español, en parte por lo reciente de su publicación, y en parte por no proceder del mundo anglosajón. Aunque, como ya he escrito antes, se trata de una de las más interesantes de los últimos tiempos. Un calificativo aplicable también a "Regreso a Encélado", aunque en mi opinión se trata de la novela menos destacada de la serie. Eso sí, recomiendo su lectura porque mantiene el interés por ver qué encierra en realidad el intento por recuperar el cuerpo de Dmitri Marchenko, así como por su expansión a otros ámbitos no visitados hasta ahora, caso de las iniciativas privadas o de la ingeniería genética.

El regreso a un escenario ya conocido priva a la novela de buena parte del factor sorpresa, el cual había sido uno de los puntos fuertes de la saga desde su inicio. Conocedor de este inconveniente, Morris intenta compensarlo con varias novedades originales. Entre las que destaca sobre todo la introducción de un nuevo personaje, la rusa Valentina Shostakovitch, que formará parte de la nueva expedición como condición impuesta por su padre, el magnate impulsor de la misma. Un cambio en la financiación de la travesía que le permitirá al autor especular sobre la bondad real y las verdaderas intenciones del multimillonario, lo que ayudará a mantener la intriga hasta el final. Con el acierto adicional de que esas dudas se trasladarán automáticamente a su hija, y Morris juega con ellas e indirectamente con el lector, que a lo largo de la lectura pasa por diversos posicionamientos al respecto de la rusa, probablemente nunca acertados del todo.

Otro recurso del escritor para que la novela no parezca una mera revisitación de su primera entrega es la ingeniería genética, que obviamente a mediados del siglo XXI debería estar aún bastante más avanzada que en la actualidad (y más en manos de compañías privadas sin necesidad de publicar sus avances como la de Shostakovitch). Los capítulos dedicados a este asunto en las instalaciones de la taiga rusa son atrayentes y bastante alejados de lo que el autor alemán nos suele ofrecer, y la manera como retoma este asunto al final, de lo más verosímil del desenlace. A menor escala, el tercer elemento que confiere singularidad a la historia es la interceptación y posterior recuperación y puesta en marcha del ILSE, con especial protagonismo para las inteligencias artificiales (en capítulos dotados, además, de una fuerte y sugestiva carga especulativa).

Pero a pesar de la puesta en marcha de estos recursos, y el aderezo de algunos comportamientos poco previsibles de algunos de sus protagonistas, la sensación de que la novela está menos justificada que sus tres predecesoras no termina de desaparecer en toda la lectura. A ello contribuye el supuesto motivo esgrimido por Shostakovitch para la expedición (la instalación de una láser como parte de una red que teóricamente permitiría al multimillonario impulsar naves espaciales más allá del Sistema Solar, una idea original pero endeble). También el hecho de que la mayoría de miembros de la expedición original se animen a repetir travesía solamente para recuperar el cuerpo de Marchenko, en lo que se antoja una lealtad excesiva pese al esfuerzo de Morris por mostrar los conflictos internos que experimentan antes de tomar esa resolución. Y especialmente que durante el largo viaje de ida a Encélado el lector se encuentre con lo que parecen algunos capítulos de relleno (los primeros en toda la serie).

Otros defectos que justifican que mi valoración final fuera inferior a la de sus antecesoras son los capítulos dedicados al Ser de Encélado, que pese a su brevedad y a su estructuración como una plantilla que se repite en todos ellos no termina de calar en el lector; la reiteración de sueños y pesadillas experimentados por Martin, un tanto chocantes en una novela de rigurosa ciencia-ficción dura; el apéndice final, que obviamente Morris no puede dedicar de nuevo a Encélado, por lo cual lo usa para disertar sobre el Cinturón de Asteroides, sólo tangencialmente presentes en el libro (aunque como siempre se trata de páginas interesantes); un desenlace apresurado y con situaciones no bien gestionadas (como la presencia de Francesca en situaciones diferentes y supuestamente simultáneas); y algunos errores de traducción.

No obstante lo anterior, el balance final de "Regreso a Encélado" sigue siendo favorable: el elemnto científico vuelve a rayar a gran altura (con especial foco en esta oportunidad en la informática, además de en la aeronáutica), en el tramo final reaparecen las aventuras trepidantes y las soluciones ingeniosas para los problemas surgidos, y la solución final que da Morris al retorno a la vida de Marchenko y a lo obtenido por Valentina a cambio de la expedición se aleja de lo que el lector espera, y mejora la impresión final de la novela.

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