sábado, 10 de octubre de 2015

Las puertas del cielo (1967). Robert Silverberg

Con "Las puertas del cielo" inauguro las entradas dedicadas a los libros de Robert Silverberg, mi escritor favorito. Y lo hago con la que en mi opinión es, en orden cronológico, la primera de sus novelas de madurez, periodo que, como ya dije en mi anterior entrada, es el que siempre me ha interesado en el escritor estadounidense. Y es que a pesar de su condición de fix-up de relatos concebidos para poder ser publicados individualmente por Frederik Pohl en su revista Galaxy, y de la frialdad de su comienzo, "Las puertas del cielo" logra que conceptos aparentemente lejanos cuando Silverberg los presenta la primera vez vayan convergiendo hasta conformar un desenlace sólido y coherente.

Es obvio que para abarcar nada menos que cien años de los siglos XXI y XXII situar cada una de las cinco novelas cortas en un periodo diferente es una buena alternativa. Pero esta estructuración es desconocida para el lector cuando se enfrenta a una primera parte meramente introductora de una Tierra superpoblada, ansiosa por abrazar nuevos cultos que además de la inmortalidad prometan también la salida física de la Tierra (los denominados vosters), y que se entretiene con nuevos artilugios (las Cámaras de la Nada) y habilidades parapsicológicas (los espers). Y después de que concluya sin que haya sucedido nada realmente relevante la preocupación por la calidad de la novela empeora cuando la segunda parte gira en torno a un nuevo personaje (Mondschein) sin aparente relación con la primera parte. Afortunadamente, la visita al revelador centro experimental voster en Santa Fe permite la interacción con el protagonista de esa primera parte (Ron Kirby) y las piezas de la novela comienzan lentamente a encajar.

Porque a partir de ahí el libro va desplegando un panorama interesante, con la superpoblada Tierra dominada por los vosters, la hostil Venus controlada por los herejes armonistas, y la terraformada Marte como terreno neutral en el que aparece por sorpresa Lázaro, el mártir armonista. Es posible que la atención de Silverberg en torno la búsqueda de la espiritualidad en el ser humano dé lugar a una influencia sobredimensionada del elemento religioso en el futuro próximo que nos plantea, pero si se acepta el panorama expuesto, podremos comprender sin dificultad las motivaciones de cada culto, el uso que hacen los voster de los osciladores esper y los impulsores venusianos, la complementariedad de ambas facciones, la manera como sus líderes van modelando las resistencias internas y, sobre todo, un tardío en aparecer pero impactante personaje, Noel Vorst, auténtico cerebro en la sombra durante toda la novela, como lo demuestra en el estupendo capítulo en el que revela todo lo realizado durante casi un siglo a Kirby.

Eso sí, la novela adolece de varios defectos que impiden incluirla entre lo mejor de su bibliografía. El más obvio es el planeta Venus, con una vegetación abundante y fauna inteligente y maligna. Tampoco Marte está muy bien caracterizado (incluso para los conocimientos disponibles en 1967), y el elemento científico en general está bastante cuestionado por tanto poder extrasensorial como nos propone Silverberg en diferentes momentos. Además, a la novela le falta acción y, como cabría esperar por su condición de relatos independientes interrelacionados, adolece de una cierta falta de profundidad y de mayores y más abundantes reflexiones, en especial si se tiene en cuenta el fuerte componente religioso de la novela. Un último defecto considerable es, como he dejado entrever antes, el tiempo que tarda en captar la atención del lector.

A cambio, Silverberg exhibe una loable concisión en absoluto reñida con la comprensión de lo planteado, sin rellenos innecesarios y con una imaginería religiosa original y razonablemente verosímil. Y es consecuente hasta el final con lo narrado, presentando un desenlace claro, que lleva las premisas de partida hasta sus últimas consecuencias.

2 comentarios:

  1. Gracias por tu comentario, Juan. La gran mayoría de los libros de Robert Silverberg que voy a reseñar son recomendables. Pero si no conoces mucho de este autor sugiero empezar por los "imprescindibles". A partir de mi próxima entrada van a llegar muchos de esos.

    Un saludo.

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