domingo, 26 de enero de 2014

Bóvedas de acero (1954). Isaac Asimov

Con "Bóvedas de acero" empiezo la reseña de las novelas de la saga de los robots de Isaac Asimov. Saga que, al igual que la saga de la Fundación (ya reseñada en este mismo blog), se escribió en dos periodos diferentes, el primero en los años cincuenta y el segundo en los años ochenta. En este caso las novelas que conforman la saga deben leerse en el mismo orden en que fueron escritas, que es el siguiente:

Bóvedas de acero (1954)
El sol desnudo (1957)
Los robots del amanecer (1983)
Robots e Imperio (1985)

Sin llegar a la fama extrema de la saga de la Fundación, en mi opinión la saga de los Robots no la desmerece en absoluto. Y sólo le falta algún título señero (como podría ser "Preludio a la Fundación" o "Segunda Fundación") para llegar al mismo nivel de excelencia de aquella. Pero las cuatro novelas que la conforman son absolutamente recomendables, y de hecho literariamente hablando son más homogéneas que las de la saga de la Fundación, en las que la diferencia entre las novelas de los cincuenta y las de los ochenta es claramente perceptible y puede descolocar al lector. Esa mayor homogeneidad se explica principalmente porque tanto "Bóvedas de acero" como "El sol desnudo", las novelas de los cincuenta, no son fix-ups de novelas cortas publicadas anteriormente en revistas del género, sino novelas completas escritas ya con esa intención.

"Bóvedas de acero" se beneficia, además, de la habilidad narrativa que había adquirido Isaac Asimov desde la publicación de sus primeras novelas unos años antes (la trilogía del Imperio, también reseñada en este mismo blog). Asimov se muestra como un escritor que ya domina el formato de la novela, y sin renunciar a sus señas de identidad (estilo directo, predominio de los diálogos, trama que funciona a distintos niveles, elementos de misterio), sabe profundizar mejor en la caracterización de los personajes y en la ambientación de los lugares en los que se desarrolla la acción.

Por ello sin duda el principal acierto de la novela (y por extensión de toda la saga) es el dúo protagonista: Elijah Baley, el detective del departamento de Nueva York en el siglo LI, y R. Daneel Olivaw, el robot de aspecto humano construido por los habitantes de Aurora que se convierte en su compañero inseparable y que, como ya he mencionado en otras reseñas de Isaac Asimov, es el personaje más importante de toda su creación literaria, puesto que desempeña un rol esencial en sus dos sagas más importantes. Y es que, además de bien escogido, el dúo protagonista se complementa perfectamente: a las dudas y vacilaciones de Bailey se le contrapone la capacidad analítica de Daneel, y el lector disfruta con las interrelaciones entre ambos personajes.

El título de la novela proviene de la situación de la Tierra en tan lejano tiempo: los terrestres, en un tiempo colonizadores de otros planetas, se han vuelto agorafóbicos y por ello encapsulan sus ciudades en gigantescas bóvedas. A ellos se oponen los espacianos, los habitantes de los planetas exteriores, que han desarrollado su cultura a partir de las más avanzadas tecnologías. Se genera así el enfrentamiento entre dos cosmovisiones, una en decadencia y otra en auge, tan típico del Buen Doctor, y que supone un trasfondo de altos vuelos para la historia narrada en primer plano: la tarea encomendada a Bailey de resolver el asesinato de un espaciano. Una historia muy bien trazada, plena de lógica, que engancha desde el primer capítulo y que mantiene la tensión hasta el final. En la que tiene un papel destacado las maravillosas tres leyes de la robótica ideadas por Asimov, y las disyuntivas morales que plantea.

Como era de esperar, el elemento científico de una sociedad tan lejana está bien cuidado, y hay detalles que perduran en la memoria del lector, como las aceras móviles y la espectacular persecución que sobre ellas recrea el escritor. Es sólo un ejemplo de la multitud de elementos que pueblan la novela a distintos niveles (corrientes religiosas, superpoblación, desconfianza hacia los robots...) y que logran dotar a la novela de un incuestionable realismo. Que además ha resistido estupendamente el paso del tiempo, pues apenas hay detalles trasnochados y sí la sensación de estar leyendo una novela que sigue siendo actual y hasta novedosa.

Se trata de una obra que apenas tiene defectos. Quizá un ambiente por momentos excesivamente opresivo, una concisión muy de agradecer en general pero que puede ser percibida como un cierto esquematismo para quienes que estén acostumbrados a la morosidad verbal de la novela contemporánea, y un final sorprendente pero un tanto cuestionable. Aspectos, como puede verse, menores frente a las bondades de una novela de la que es complicada encontrar reseñas negativas. Les espero en la revisión de la siguiente novela de la saga.

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