sábado, 12 de octubre de 2013

Segunda Fundación (1953): Isaac Asimov

Retomo en esta entrada mi reseña de las novelas de la saga de la Fundación que deben ser leídas (en realidad, todas). Le toca el turno a Segunda Fundación, tercera novela por orden de publicación aunque quinta según la cronología de la saga. Al igual que la anterior novela (Fundación e Imperio), está constituida por dos relatos bastante extensos que se publicaron originalmente de manera independiente: "El mulo inicia la búsqueda" y "La búsqueda la Fundación". Queda claro, pues, que el eje argumental de los dos relatos es esencialmente el mismo: la búsqueda de la misteriosa Segunda Fundación, toda vez que los planes trazados por Hari Seldon mediante la psicohistoria se han visto alterados por el impacto que ha tenido en el devenir de la Fundación el ser mutante conocido como "El mulo".

De las tres novelas que conformaban la saga cuando ésta era solamente "el ciclo de Trántor", ésta es sin duda mi favorita. Y de hecho para mí constituye, junto con "Preludio a la Fundación", las dos mejores entregas de la misma, si bien cada una con las particularidades derivadas de la época en las que las escribió Asimov (los años cuarenta y los años ochenta, respectivamente). Tan alta valoración es consecuencia de su calidad argumental, su capacidad para combinar en una misma novela ciencia-ficción y misterio, y su brillantez a la hora de entrelazar y dar coherencia a tantos años de historia novelada. A ello contribuye el que en esta entrega la narración comience en el mismo punto en el que concluyó Fundación e Imperio. Si bien lo que es realmente irreprochable es la perfección con la que encajan todos los acontecimientos: personajes, actividades... incluso frases que en su momento parecen irrelevantes, son aprovechadas posteriormente como parte determinante de la narración. Basta con recordar aquí a modo de ejemplo la frase "en el otro extremo de la galaxia", que da lugar a que la "La búsqueda de la Fundación" concluya con el desenlace más complejo y fascinante que he leído jamás y probablemente leeré jamás (dentro y fuera de la ciencia-ficción).

Ya la primera novela corta cautiva por la ambientación y por el enfrentamiento (no sólo ideológico) entre el general Han Pritcher y el ambicioso Bail Channis, ambos puestos en escena por mediación de El Mulo. Y aunque hay algún que otro pasaje un tanto errático, todo queda olvidado por el soberbio capítulo final. En cuanto a la segunda novela corta, bastante más larga que la primera, arranca tal vez con algo más de indecisión, y hay unos pocos capítulos en los que sobrevuela el fantasma del desencanto. Pero gradualmente el interés va aumentando en la misma proporción que la complejidad de las acciones de los personajes, cautivando así al lector y conduciendo al clímax ya mencionado en el desenlace. Podría detenerme más en las bondades de la misma, pero inevitablemente estaría restando intriga y desvelando siquiera parte de las conspiraciones que guardan sus páginas, así que me he obligado a mí mismo a dejar la reseña así de genérica por si Vd., amigo lector, aún no ha leído esta maravilla.

Únicamente se me ocurren dos elementos criticables a tan fenomenal novela: el primero es que la protagonista de la segunda novela corta sea la adolescente y en ocasiones un tanto infantiloide Arcadia Darrel, lo que le resta un punto de madurez; y el segundo (que es extensivo a los otros dos libros de la trilogía original) es el innegable esquematismo en el desarrollo. En ocasiones parece que Asimov prima la voluntad de síntesis sobre la creación literararia con mayúsculas. Como ya he comentado en otras reseñas de esta saga, en su defensa hay que entender que por aquel entonces la ciencia-ficción era un género incipiente, que esencialmente sólo se publicaba en unas cuantas revistas especializadas, y que su adaptación al formato novelado se produjo durante la década posterior. En todo caso, sirva esta reseña para prevenir al lector de esta pequeña dificultad de la trilogía original para que, conociéndola, le permita adaptarse a ese esquematismo y disfrutarla en toda su extensión. Sin duda lo merece.

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