domingo, 14 de agosto de 2011

#3 Amos de títeres (1951). Robert A. Heinlein



En una lista de novelas esenciales de ciencia-ficción, por corta que sea, no puede faltar al menos un título de Robert A. Heinlein. Tal vez en los últimos lustros su nombre haya perdido parte de su preeminencia, pero durante décadas fue casi unánimemente reconocido como el escritor más importante del género, con multitud de premios y galardones.

Y puestos a escoger una obra de Heinlein, para mí Amos de títeres es la elección correcta. Sin tanta fama como alguna de sus obras más conocidas (tal vez porque cuando se publicó aún no se habían instaurado los premios que cosecharon muchas de sus obras posteriores), creo que es la mejor y que, además, refleja perfectamente la personalidad literaria de su autor.

El éxito de la novela se cimenta sobre dos pilares complementarios. El primero, la brillante concepción de la invasión alienígena, cuya "invasión" de los cuerpos de los humanos resulta tan coherente y creíble como pavorosa (los amos son criaturas dotadas de una maldad fría y sutil que se adapta a las circustancias). Y el segundo, la cohesión de toda la trama, con una perfecta hilazón de todos sus episodios que permite sacarle el máximo partido a lo concebido por el autor.

A estos dos pilares hay que unir dos virtudes esperables en toda novela de Heinlein: la perfecta caracterización del trío protagonista (Sam, Mary y el Patrón, personajes arquetípicos de lo mejor de su producción) cuyas relaciones personales evolucionan en todo momento conforme a lo narrado; y la brillantez narrativa, con pasajes de gran emoción, reflexiones interesantes y oportunas, y una ambientación excepcional de los lugares poseídos por los extraterrestres, especialmente Kansas City.

Defectos menores son el recurso a unos supuestos habitantes del planeta Venus como parte esencial del desenlace, la endeblez de la secta de los whitmanianos a la que Heinlein recurre en momentos puntuales y lo arcaico del sistema de comunicación basado en "estaciones locales" (téngase en cuenta que la novela tiene ya 60 años). Un último defecto es el excesivo protagonismo otorgado al Presidente, pero ya saben, estamos en EEUU.

Si no han tenido la suerte de leer a Heinlein, con seguridad esta novela les desvelará el talento de uno de los mejores escritores del género. Y si, aun conociéndolo, aún no han descubierto Amos de Títeres, ya verán como les engancha de la primera página a la última.

Dos notas a pie de página para terminar. La primera, que al fallecer Heinlein su viuda permitió la publicación de la novela íntegra, pues la versión conocida hasta entonces había sido reducida y "asexuada" por el editor de Galaxy (la revista en la que originalmente se publicó). No he tenido la oportunidad de leer esta versión, pero habitualmente prefiero las versiones originales de los autores, sin los tijeretazos de los editores, así que me imagino que merecerá la pena. Y la segunda, que a muchos esta novela les recordará (como a mí) a una película, La invasión de los ladrones de cuerpos, o incluso a la novela que dio lugar a la misma, obra de Jack Finney. Novela y película son posteriores a Amos de Títeres, que ya era famosa por aquel entonces. Y me atrevo a afirmar que más inconsistentes argumentalmente y menos disfrutables que la obra de Heinlein. Así que, háganme caso y quédense con el original.

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