jueves, 11 de agosto de 2011

#2 Un mundo feliz (1932). Aldous Huxley



Aunque Hugo Gernsback ya había acuñado el término "ciencia-ficción" en 1926, muy probablemente Huxley no escribió esta obra capital del siglo XX pensando que se adscribiera al recién nacido género. Sin embargo existe unanimidad casi total a la hora de considerarlo ciencia-ficción, y en particular a uno de los subgéneros más relevantes del mismo: las distopías (es decir, una utopía alterada en la cual la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal. En su momento espero dedicar una entrada separada a tan fascinante propuesta literaria.).

Pocas veces la mente de un escritor ha logrado crear una sociedad futura que al menos en apariencia esté tan bien estructurada: ya el primer capítulo por sí solo, describiendo el centro de incubación y acondicionamiento, en el que se crean los seres humanos y se les condiciona para que pertenezcan a una determinada casta, es un prodigio de perspicacia y conocimientos científicos y sociales. Pero a lo largo de toda la novela llaman la atención todas las referencias y valores que Huxley altera en aras de una mayor capacidad de reflexión: el sexo libre e intrascendente, los juegos, las drogas para el control de masas, los estados de trance para forjar doctrinas, las referencias sacrílegas a antiguas costumbres de la humanidad... Todos estos elementos constituyen una sociedad fascinante, sin enfermedad ni sufrimiento aunque a cambio sin religión, filosofía ni relaciones familiares.

El contrapunto a esta sociedad lo ejerce Malpaís, la reserva salvaje en la que habitan seres humanos "no civilizados" por los gobiernos. Y de la que surge John el Salvaje, el verdadero protagonista, cuyo encuentro con el "mundo feliz" al otro lado de la reserva le hace pasar progresivamente de la fascinación más infantil al más absoluto desprecio por su vacuidad. De manera que en el tramo final de la novela se contraponen estabilidad y felicidad frente a riesgo y desgracia. Pero hay muchísimas más reflexiones, ataques al comunismo y a la promiscuidad, rechazo de la ciencia como elemento de control de la sociedad... cada lector elegirá las que encuentre más interesantes.

Tal vez el principal problema del libro es que pierde un poco el foco en los personajes y en sus avatares, pues su empeño es cubrir al máximo la parte filosófica y especulativa. Por eso en mi caso no fue hasta la segunda vez que la leí cuando realmente supe disfrutarla, a la par que pasar alguna noche más corta de lo esperado elucubrando sobre lo que acababa de leer. Pero en todo caso, una novela imprescindible: la encontrarán en muchas de las listas sobre las novelas más importantes de todos los tiempos (y todos los géneros).

Un apunte final: décadas más tarde Huxley escribió Nueva Visita a un Mundo Feliz, que no es una secuela, sino una colección de ensayos en la que reflexionaba a la luz de los años sobre hasta qué punto sus especulaciones estaban más o menos cerca de cumplirse.

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