domingo, 4 de noviembre de 2018

Marea Estelar (1983). David Brin

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula en la década de los ochenta que aún no han tenido una entrada independiente en este humilde blog. Siguiendo un estricto orden cronológico le ha llegado el turno en esta oportunidad a "Marea estelar", del estadounidense David Brin, uno de los escritores de referencia de la década de los ochenta. Que, como dije hace unas entradas cuando presenté de manera global los Premios Nébula durante la década de los ochenta, me resulta un escritor agradable pero un escalón por debajo de los grandes nombres del género en otras décadas. Una impresión que ya tenía antes de hacerme con "Marea estelar" pero que corroboré una vez más tras completar su lectura. Y es que pese a alzarse con el Premio Nébula de su año, es una novela que no me termina de llenar: fastuosa, es verdad, con una creatividad de tal calibre que podría (y de hecho pasados unos años se desarrolló) en varias secuelas, pero demasiado dispersa, escasa de profundidad y poco verosímil.

Empezando por esa creatividad desbordante que quizá sea lo que más llame la atención al lector, el concepto de "elevación de los pupilos" como mecanismo por el cual las razas más desarrolladas de las 5 Galaxias van incorporando nuevas especies presensitivas de sus galaxias a la civilización, es original y se adapta muy bien al universo poblado de extraterrestres que plantea Brin. Pero aunque las especies elevadas por los humanos del siglo XXV (neo-delfines y neo-chimpancés) resultan la elección obvia, su puesta en acción como parte del viaje experimental de la nave Streaker resulta poco verosímil, e incluso difícil de visualizar, a pesar de detalles para hacer el panorama más creíble como arneses, enlaces neurales, e idiomas ternario y ánglico. Y esto lastra mucho el resultado final.

Aunque quizá lo lastre más incluso el evidente esfuerzo realizado por el escritor por modernizar la ciencia-ficción "clásica" de los años cuarenta y cincuenta. Porque intenta dotar de profundidad a sus personajes concediendo a más de una decena de ellos una línea narrativa propia. Y a pesar de que lógicamente estas líneas se entrecruzan, y de la muy oportuna lista de personajes que Brin sitúa al final junto con el glosario, el panorama resultante es tan complejo (y los nombres de los neo-delfines tan difíciles), que para el lector resulta casi imposible recordar en qué punto había dejado Brin la narración de determinado personaje cuando la retoma varias decenas de páginas más tarde. Y esa dispersión narrativa acaba provocando que el lector se deje llevar, perdiendo buena parte del interés.

Y es una pena, porque la novela está muy trabajada a muchos niveles: desde la fascinante ecología del planeta Kithrup hasta la gran cantidad y originalidad de especies ETs, pasando por la propia nave Streaker, y lógicamente por su extenso conocimiento de los delfines. Da la impresión de que con estos mimbres el resultado podría haber sido mucho mejor.

Bien es cierto que la novela adolece de varios fallos, algunos de ellos curiosamente más propios de la ciencia-ficción clásica. Pensemos por ejemplo en los poderes extrasensoriales de la teórica pareja protagonista, Tom y Gillian, en las bombas psi, en la ingeniudad que muestran todas las especies ETs ante las artimañas humanas, o en lo difícil que es situarse cuando la acción transcurre en Kithrup (personalmente eché mucho de menos un mapa).

Así que lo que prevalece tras terminar la lectura es el carácter de novela de aventuras, con la línea narrativa de Tom Orley como baza principal, el inconveniente de la prosa a veces un tanto limitada de Brin (sobre todo a la hora de narrar los episodios de acción), y la esperable victoria final de los humanos. Argumentos por ahora insuficientes para animarme a leer el resto de novelas con las que Brin acabó convirtiendo "Marea estelar" en una hexalogía en décadas posteriores (de hecho ni siquiera la reseñé cuando hace unos años estuve haciendo un recorrido por las sagas principales de la ciencia-ficción, porque por aquel entonces no me había animado aún a leerla). Recomendable sólo para amantes de la ciencia-ficción de aventuras y escenarios fascinantes.

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