domingo, 8 de noviembre de 2015

Alas nocturnas (1968). Robert Silverberg

Con la novela que les presento hoy (novela corta en realidad) iniciamos la reseña de aquellas novelas de Silverberg que en mi humilde opinión deben incluirse en la categoría de más que recomendables. Premio Hugo de novela corta de 1969, "Alas nocturnas" comenzó siendo en realidad un relato publicado en 1968 en la revista Galaxy, que por cierto forma parte de la antología "Lo mejor de Silverberg", que reseñaré en su momento. El éxito de la misma y lo rico del marco escénico seleccionado motivaron que, a lo largo de ese mismo año, Silverberg añadiera dos secuelas al mismo ("Entre los memorizadores" y "Camino a Jorslen"), hasta completar las tres partes que definitivamente compusieron la novela. Una obra que destaca por su excelente ambientación y la formidable caracterización de sus personajes principales.

Más que por una trama bien construida pero no especialmente original (una Tierra futura decadente, con reminiscencias medievales, surcada por razas puras y mestizas y con la amenaza de una posible invasión extraterrestre), la novela supone un hito por su maestría a la hora de explorar los universos interiores de su trío protagonista: Wuellig, el Vigía (encargado de examinar todas las noches los cielos para avisar de la llegada de los anunciados invasores), Avluela, la Voladora (una chica perteneciente a un clan creado por ingeniería genética, con unas alas tan frágiles que sólo le permiten volar de noche, de ahí el título) y Gorm, el Mutante sin "hermandad". De sus intensas relaciones y de cómo su periplo por esa Tierra futura les va cambiando interiormente es de lo que esencialmente nos habla Silverberg.

Además de esa exploración por el mundo interior de los personajes, otras virtudes claramente perceptibles son: la habilidad narrativa de Silverberg, sin una sola página de relleno, con un estilo evocador, casi poético pero sin acercarse siquiera a la cursilería; la selección de los lugares que recorren sus protagonistas, versiones decadentes pero aún poderosas de las principales ciudades de la Tierra, claramente identificables a pesar de sus nombres deformados (Jorslem, Pris, Rom...); las profundas reflexiones que jalonan toda la novela (la soberbia como causa de la decadencia terrestre, el sentido de la vida tras la invasión extraterrestre, la búsqueda de la esperanza humana, la reevaluación de las prioridades vitales...); la sugerente caracterización de las "hermandades", compuestas por profesiones al estilo de los gremios pero adaptadas a esa sociedad futura; la separación y estratificación social entre los trabajadores manuales y los intelectuales...

En cuanto a los defectos, para mi modo de ver el más grave es que la novela por momentos se arrima demasiado a la fantasía, lo que potencia su carácter evocador pero le resta peso dentro del género de la ciencia-ficción. También creo que a la trama le falta un motor que dinamice un poco más la lectura, un componente científico algo más visible, y una mayor justificación de la pasividad con la que la humanidad reacciona a la invasión extraterrestre (en general se pueden percibir algunas debilidades argumentales, que no afectan a lo esencial de la novela).

El desenlace esta conseguido y resulta razonablemente convincente. Pero deja un tanto la sensación de que Silverberg se dejó la puerta abierta para añadir más relatos a la mini-saga, cosa que al final no llegó a suceder. Un pero a todas luces menor frente a una novela que deja un poso en el lector indeleble al paso del tiempo. Prueben a leerla y verán.

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