sábado, 9 de mayo de 2015

Chindi (2002). Jack McDevitt

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales novelas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablarles en esta oportunidad de "Chindi", tercera novela en orden cronológico y de lectura de la saga de Priscilla Hutchins, también conocida en España como la saga de las máquinas de Dios, de Jack McDevitt. Es la última novela que recomiendo leer de la saga, a pesar de que ésta aún está compuesta por cuatro novelas más (tres de las cuales están disponibles en nuestro idioma), y de que fue la primera de las novelas de la saga nominada al prestigio Premio Nébula (reconocimiento que compartieron las tres novelas siguientes de la saga). Y es que la tercera entrega de la saga intenta, respetando la arqueología alienígena como su elemento característico, potenciar la exploración especial como elemento diferenciador de sus predecesoras. Y a pesar de que ese hecho probablemente influyó en su nominación, para mí afecta negativamente al resultado, inferior incuestionablemente al de sus predecesoras.

Porque la sensación predominante hasta que tiene lugar el descubrimiento del Chindi (lo cual no sucede hasta el último tercio de la novela) es que los reiterativos hallazgos de las tripletas de satélites que se localizan orbitando diversas estrellas de nuestra galaxia, son más una excusa para que la novela se diferencie de las anteriores (y, admitámoslo, para equiparar su abultada extensión a la de aquellas), que un eje argumental en el que McDevitt realmente crea. Es cierto que a lo largo de todas las travesías de Hutch y sus compañeros de aventura (seis, nada menos) se nos muestran escenarios aceptablemente interesantes (Retiro, Paraíso y, sobre todo, Refugio). Pero falta el para McDevitt esencial ingrediente de la restricción temporal, y sobra la sensación de un viaje que los miembros de la Sociedad del Contacto prolongan de manera un tanto ingenua y artificial. Y claro, así la lectura se resiente.

Además, McDevitt juega claramente al despiste con "Chindi", tanto a nivel individual (basta observar que Hutch empieza más que interesada en el Predicador, pero en unas pocas semanas acaba rendida en los brazos de Tor) como colectivo (la original idea de dos expediciones paralelas pero coordinadas en sus misiones a dos puntos diferentes de la galaxia se desvanece pronto, con la repentina desaparición del Cóndor). Por otra parte, las reflexiones tan oportunamente introducidas al comienzo de cada capítulo de "Deepsix" dejan paso aquí a unas citas (a veces reales, otras inventadas para la ocasión) que simplemente orientan al lector sobre el contenido del capítulo en cuestión, pero no le dan qué pensar. Y vuelven a sobrar varias decenas de páginas (desde el irrelevante para la narración episodio del rescate de la Renaissance hasta detalles sobre las simulaciones a bordo del Menphis).

No obstante, a pesar de ese menor interés respecto a sus predecesoras, la novela se deja leer y es capaz de entretener al lector. A ello contribuyen decisivamente la ya conocida parafernalia de la saga (naves superlumínicas, Academia, e-trajes, campos Flickinger), el protagonismo absoluto de Hutch (con sus imperfecciones, pero también su eficacia en situaciones extremas), una prosa correcta, con predominio de diálogos amenos y directos sobre largas y farragosas descripciones, y especialmente el sentido de la maravilla inherenete al fastuoso universo ideado por McDevitt, cuya grandeza se percibe en toda su extensión en "Chindi".

Hasta el hallazgo del Chindi la novela ofrece en mi opinión menos pasajes cautivadores que sus predecesoras (quizá sólo el inteligente y agónico rescate de Tor a bordo del Wendy). Pero una vez la acción se traslada al original e inmenso artilugio alienígena la narración vuelve por fin a los parámetros más conocidos de la saga (exploración, elaboración de teorías sobre lo encontrado, un grupo reducido y gestionable, una catástrofe que dinamiza la narración, la restricción temporal...) y ese retorno a la "fórmula" aumenta la efectividad de la novela. El rescate fallido de George y Tor entre la estremecedora tormenta de hielo es brillante, y el tramo final, con su sucesión de ideas ingenieriles y arriesgadas para superar los continuos reveses, mejora mucho la impresión final de la novela (aunque en último extremo la red que construye Tor para que Hutch pueda rescatarlo, recuerda conceptualmente a la empleada en el desenlace de "Deepsix", como el propio McDevitt admite). Además, el epílogo rescata lo más salvable de los dos primeros tercios de expedición y lo dotan de una coherencia y un sentido global que realzan su valía. Una buena forma de cerrar una novela correcta pero que sigue sugiriendo más que confirmando, tarda demasiado en "despegar", y sólo lo hace cuando transita aguas ya conocidas de la saga. Razones por las que nunca me he animado a proseguir con la lectura de las novelas restantes. Aunque no descarto que en algún momento me anime a proseguir con su lectura, pues la saga contiene argumentos para ello. Sólo necesito que haya transcurrido el tiempo suficiente para eliminar esa sensación de deja vu tan incómoda.

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