domingo, 7 de julio de 2013

Visiones peligrosas (III) (1967): Harlan Ellison

Procedo con la presente entrada a completar la revisión de "Visiones peligrosas", ocupándome en esta oportunidad del tercer volumen de la que en mi opinión sigue siendo la mejor antología de relatos para dar a conocer este formato literario al lector de ciencia-ficción. Volumen que comienza con una nueva introducción de Harlan Elison, redactada casi tres años después de la primera edición de la antología, y en la que con su falsa modestia característica no sólo glosa las virtudes de la antología y su esperado éxito, sino que aprovecha para anticipar que ya está trabajando en una nueva recopilación de "visiones peligrosas", anticipándonos algunos de los escritores que iban a formar parte de ella y atreviéndose a afirmar que "la próxima vez no vamos a ir en busca de una simple revolución; vamos a cambiar el rostro entero del género". Dicha antología, por cierto, se publicó finalmente en 1972 bajo el título de "Again, dangerous visions" y sigue aún inédita en español.

El volumen consta de nada menos que catorce relatos (más que cualquiera de las dos entregas anteriores), de los cuales siete corresponden a grandes escritores del género. Comenzando por el para mí sobrevalorado Theodore Sturgeon, que con "Si todos los hombres fueran hermanos, ¿dejarías que alguno se casara con tu hermana?" retornó a la ciencia-ficción tras varios años de inactividad. Un relato bien escrito, polémico, pero previsible en su contenido, inverosímil y demasiado largo. Siguiendo por R. A. Lafferty, que en "La Región de los Grandes Caballos" nos ofrece un relato sin cohesión, ni un auténtico desenlace, y del que sólo se salva la reflexión principal. Aunque tampoco es que J. G. Ballard mejore el nivel con "El reconocimiento", un relato que se inscribe sin dificultad en su característico estilo, bien narrado y con una buena atmósfera pero decepcionante y de confuso final.

Pudiera parecer por lo anterior que los escritores consagrados no estuvieron a la altura esperada en este tercer volumen, pero hubo excepciones. Por ejemplo, John Brunner, que en "Judas" propuso una idea bastante inverosímil, pero original, bien escrita y mejor terminada. O el incorregible Norman Spinrad, que nos ofrece un relato de título inquietante ("Ángeles del carcinoma") y contenido marca de la casa (hiperbólico, excesivo, cautivador, ingenioso). O el desconcertante Roger Zelazny, que con "Auto-da-fe" logra sin duda la visión más original de toda la antología, una "corrida de autos" (en vez de toros), tan imposible como bien caracterizada y reflexiva. Aunque Samuel R. Delany no mantuvo el tipo en la historia que cierra la antología, un "Por siempre y Gomorra" bien narrado, pero inverosímil y de desenlace decepcionante.

En cuanto a los escritores poco conocidos en español, para mí la palma se la lleva John T. Sladek: "La raza feliz" es con diferencia el mejor relato del volumen, una brillante utopía sobre un futuro en el que los seres humanos son dependientes de las máquinas, narrada con habilidad y bien rematada. A un nivel algo inferior pero aún apreciable se sitúa "Encuentro con un rústico", de Jonathan Brand, una visión provocativa, directa y proclive a la reflexión, aunque en exceso inverosímil. Y un escalón por debajo pero aún en un buen nivel estaría "Corre, corre, corre, dijo el pájaro", de Sonya Dorman, un relato trepidante, replato de información pero un tanto simple.

Las cuatro visiones restantes de los escritores poco conocidos son más o menos prescindibles. La peor es indudablemente "Prueba para la destrucción", de Keith Laumer, una historia científicamente muy floja, reiterativa, con mucha acción mal digerida y sólo un par de buenas reflexiones. No es mucho mejor "¿Qué le ocurrió a Auguste Clarot?" de Larry Eisenberg, que para mí al menos no cumple los requisitos para considerarse siquiera un relato de ciencia-ficción, tan sólo una visión irreal e histriónica (aunque afortunadamente corta). Y en el límite de lo correcto se encuentran "Ersatz", de Henry Slesar, una historia rica en contenido para su corta duración pero con un final totalmente decepcionante, y "Desde la imprenta oficial del gobierno", de Kris Neville, fallida argumentalmente aunque con algunas interesantes reflexiones sobre las personas adultas.

Con esto termino mi reseña de "Visiones peligrosas". Como habrán podido comprobar si han llegado hasta aquí, a pesar de haber transcurrido casi medio siglo contienen más de una docena de relatos absolutamente recomendables y que permiten obtener una panorámica amplia de lo rico que puede llegar a ser el género de ciencia-ficción incluso en el formato relato. Espero que disfruten con su lectura y que ello les anime a profundizar en otras antologías de relatos. Les espero en mi próxima entrada.

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