domingo, 5 de febrero de 2012

Cántico por San Leibowitz (1959). Walter M. Miller Jr.



Independientemente de que el título "santifique" o no a Leibowitz (en España está publicado de las dos maneras), nos encontramos ante una novela de ciencia-ficción de orientación profundamente religiosa, aunque en este caso, a diferencia de la anterior reseña de Blish, localizada en nuestra querida Tierra. Escrita como respuesta postapocalíptica a una hipotética guerra nuclear que se daba por segura a mediados del siglo pasado, la novela defiende el papel de las instituciones católicas como refugio de la cultura y el saber humanos: la orden de Leibowitz es una congregación cuyo propósito es reunir y rescatar los textos del saber que desaparecieron víctima de la violencia que acompañó al desaster original. Un panorama original y fuertemente atrayente.

La novela está estructurada en tres partes separadas en el tiempo, y esa estructuración, aunque constituye uno de los puntos fuertes de la novela, es también la causa de que el resultado sea "solamente brillante": la primera (Fiat Homo) es sencillamente excepcional, y la tercera (Fiat Voluntas Tua) raya prácticamente al mismo nivel. Sin embargo, en mi humilde opinión la segunda (Fiat Lux) es apreciablemente inferior, tanto en calidad como en disfrute. Intentaré exponer los motivos.

Virtudes comunes a la novela en su conjunto son el estupendo conocimiento y la correcta aplicación que hace Miller de los ritos cristianos: desde la curiosa manera de pronunciar sus votos, pasando por la santificación de Leibowitz, hasta el incuestionable dominio del latín; unos personajes de hondo calado (el hermano Francis en la primera parte y Zerchi en la tercera); la naturalidad con la que distintos personajes expresan su punto de vista; la sorprendente atención prestada al elemento científico (especialmente en la segunda parte, donde se narran unas sugerentes investigaciones); la maestría a la hora de escoger la palabra adecuada en cada momento; algunos pasajes realmente impactantes, como el viaje a Nueva Roma; la abundancia de capítulos de gran nivel (especialmente los primeros de la tercera parte y los últimos de la tercera); y en general la coherencia con la que se presentan las expectativas de vida de la época.

Como ya he anticipado, la mayoría de los defectos se concentran en la segunda parte: empezando por cierta lentitud en los primeros capítulos, siguiendo por una cantidad a veces excesiva de reflexiones y terminando por una situación en la que los movimientos de las distintas fuerzas no están muy claras: da la impresión de que el conflicto bélico es esencialmente una excusa para las reflexiones. De la tercera parte, lamentar también un exceso de elementos fantásticos. Y de la primera, pues prácticamente nada: hasta su desenlace es agradablemente inesperado.

En definitiva, todo un clásico del género, a contracorriente desde el mismo momento de su publicación, y sin embargo certero a la hora de tratar con seriedad temas tan controvertidos como la eutanasia, a la que dedica las páginas finales.

Una última nota: a título póstumo se publicó una novela relacionada con Cántico: "San Leibowitz y la mujer caballo salvaje". Dado que se ambienta en la misma época que la inferior segunda parte ya reseñada, hasta la fecha no me he animado a leerla. Pero es posible que pronto lo haga, así que tal vez le dedique una reseña en los próximos meses.

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