domingo, 20 de noviembre de 2011

Jose Saramago vs. John Wyndham





____________________________________________________

Hoy mi entrada va a ser diferente de lo habitual. Decía Robert Silverberg que "una manera de encontrar ideas para cuentos (de ciencia-ficción, aclaro yo) es recoger las que otros escritores tiran", a propósito de un relato suyo (Para ver al hombre invisible) escrito a raíz de una frase de Jorge Luis Borges. Pues bien, hoy propongo un ejemplo de una apropiación en sentido inverso: desde la ciencia-ficción a la literatura general, con resultados en mi opinión más que dudosos.

En 1995 el Premio Nobel de Literatura Jose Samarago publicó "Ensayo sobre la ceguera", uno de sus libros más populares. En ella se relata cómo una inexplicada epidemia de ceguera azota todo un país indeterminado, extendiéndose implacablemente por toda la población (con la excepción de un único personaje) y dando lugar, cómo no, al colapso de la civilización. ¿Les parece original? Si son relativamente aficionados al género de ciencia-ficción, con seguridad su respuesta será un "no" rotundo.

Al menos esa fue mi impresión cuando tuve oportunidad de leerla. Porque en el año 1951 (nada menos que 41 años antes) John Wyndham, uno de los mejores autores británicos de ciencia-ficción de todos los tiempos publicó "El día de los trífidos". En ella, su autor relata como una lluvia de meteoritos que atraviesa el cielo deja ciegos a todos los londinenses que la observa, y dando lugar al subsiguiente colapso de la civilización. Como me sucedió a mí habiendo leído la novela de Wyndham unos pocos años antes, seguro que ahora el argumento de Saramago les parece menos original...

Con lo cual, debemos descargar la originalidad y fijarnos en los méritos literarios. Empezando por la forma en la que precursor y seguidor enriquecen su trama. Un ámbito en el que Wyndham gana por goleada: el desastre universal que sugiere permite que los trífidos, unas plantas altas y peligrosas cultivadas originalmente por su valioso aceite, pasen de ser económicamente útiles a transformarse en una terrible amenaza para la población ciega, hasta el punto de erigirse en los nuevos dominadores del mundo. Y muestra cómo su dominio se va extendiendo gradualmente más allá de la capital, cubriendo múltiples rincones del Reino Unido y reseñando en varias ocasiones cómo se está produciendo dicho dominio en otras partes del mundo. Por contra, para Saramago todo es mucho más limitado: sólo existe la ceguera humana, sin ninguna otra repercusión en el mundo animal o vegetal, y sólo su ciudad, como si en el resto del mundo la vida no hubiera sufrido alteración alguna.

Otro ámbito es el de la justificación de lo narrado. Podría parecer que en este ámbito "gana" Saramago, que presenta un marco más realista. Sin embargo, si analizamos un poco más, veremos que Wyndham propone una explicación plausible para cegar a la población (un cometa cuyos efectos subestiman los astrónomos), que todos aquellos que no se han visto expuestos al cometa conservan la vista, que el mundo vegetal cobra, sin la supervisión humana, una dimensión amenazante, que los supervivientes aprovechan los recursos disponibles bajo un criterio racional, y que el panorama no se revierte al final de la novela. Mientras que Saramago no intenta justificar la ceguera, no se menciona ninguna posible repercusión en el mundo animal o vegetal (¿qué menos que una plaga?), no se explica el porqué justamente una única persona no ha sido afectada por la ceguera, y ¡por arte de magia la ceguera desaparece al final de la novela!.

Un tercer ámbito es el relativo a la forma: Wyndham sorprende por su concisión a la hora de narrar un gran número de visicitudes. Sus protagonistas, Bill Masen y Josella Playton, están bien caracterizados, los personajes secundarios están aceptablemente bien perfilados, la intriga está a menudo presente, y los diálogos son precisos y amenos. En cambio, Saramago es excesivamente reiterativo, con personajes arquetípicos en su bondad o en su maldad, recurre a la pretenciosa técnica de no dar nombres a sus personajes y a la menos artificiosa artimaña de limitar al máximo los signos de puntuación, llegando al extremo de insertar los diálogos en párrafos narrativos, lo que dificulta su comprensión.

Y un cuarto ámbito es el referente al fondo: Wyndham muestra lo inestable que puede ser la sociedad actual, y no rehúye su vertiente más cruel, pero plantea posibles esquemas sociales en caso de una tragedia estas características: pequeños grupos autónomos con líderes de rasgos extremos, poligamia, la inteligencia al servicio de la supervivencia... pero Saramago, aun adoptando una postura de análisis científico de la situación, se limita a enseñarnos la degradación del ser humano, su depravación, un enfoque que, en términos coloquiales podríamos denominar de prensa amarilla.

No conozco ninguna otra obra del escritor portugués, así que supongo que su producción en conjunto sí es digna del reconocimiento mundial que ha recibido, pero desde luego en el caso de "Ensayo sobre la ceguera" se ha beneficiado claramente de la marginalidad de la ciencia-ficción, que si no...

Un último apunte: "El día de los trífidos" puede que les recuerde a "La Tierra permanece" de George R. Stewart. Y es que al final todo tiene su precursor, ¿cierto?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.