sábado, 1 de octubre de 2011

#13 Preludio a la Fundación (1988). Isaac Asimov



Hasta ahora creo que ninguno de los títulos incluidos en mi lista de esenciales habrá sorprendido al lector habitual de ciencia-ficción, pues más o menos todos entran dentro de la categoría de clásicos. Sin embargo, soy consciente de que la inclusión de Preludio a la Fundación levantará en esta clase de lectores no pocos comentarios. Y es que la opinión generalizada acerca de esta novela, la sexta en orden de publicación de la Saga de la Fundación y la primera según los hechos que en lla se relatan es que es una obra menor, parte de la extensión de la saga que realizó Asimov en los ochenta impulsado más que nada por fines crematísticos. Evidentemente no puedo estar más en desacuerdo con tal opinión.

La trilogía inicial de la Fundación se publicó a comienzos de los cincuenta, reuniendo una serie de relatos y novelas cortas publicadas en la década anterior. Ésta es la trilogía que siempre ha recibido toda clase de parabienes por parte de público y crítica. Hasta tal punto que aunque en al menos dos ocasiones Asimov llegó a escribir que nunca la continuaría, después de 30 años cedió a las presiones de muchos millones de lectores y la continuó con Los Límites de la Fundación, agregando después tres volúmenes más hasta completar los siete que la formaron finalmente.

A pesar de que Asimov mantuvo la ambientación y el trasfondo en general, estas cuatro novelas presentan un estilo diferente de la trilogía original, y como anticipaba antes, se agrega inmediatamente la cuña "y de menor calidad". Sin embargo, para mí lo que ocurre con tal valoración es lo siguiente: la inmensa mayoría de la crítica leyó la trilogía inicial cuando solamente existía ésta, y al leer tiempo después las continuaciones, ya tenían grabada en sus mentes lo excelso de la trilogía original y por tanto formada la opinión de que nada podía superarlas.

De hecho, cuando yo iba a empezar a leer esta saga hace casi 20 años, me propuse hacerlo de esa misma manera: primero la trilogía inicial y después las adicionales. Pero justo por aquel entonces cayó en mis manos Hacia la Fundación, última novela en orden de publicación de la saga, comercializada a título póstumo en 1993, y decidí leerlas en el orden definitivo decidido por Asimov. Así pude juzgar las siete entregas en igualdad de condiciones.

Tras completar la lectura de la saga soy de la opinión de que todas ellas merecen la pena, pero contrariamente a lo establecido, me parece que la trilogía original ha envejecido relativamente mal: demasiado escueta, personajes esquemáticos, grandes saltos narrativos... De hecho, agárrense críticos ortodoxos, Fundación me parece la más floja de las siete. Y en cambio, después de haberla leído completamente en dos ocasiones (y algunos pasajes varias veces más), Preludio a la Fundación me sigue pareciendo formidable.

Después de tanta parrafada subjetiva Vd. probablemente se esté preguntando, ¿pero de qué va esta novela? ¿Y por qué la considero esencial?

En ella se narra la llegada del joven matemático Hari Seldon a Trantor, la capital del Imperio Galáctico, cuya existencia abarca los últimos 12.000 años de historia de la humanidad. Y de cómo bajo la protección de Eto Demerzel forjará la teoría de la psicohistoria, una combinación de historia, psicología y estadística matemática que permite predecir el comportamiento estadístico de poblaciones tan grandes como el propio imperio, y que Seldon utilizará para anticipar su declive y posterior caída y minimizar el periodo de oscurantismo posterior.

Y la considero esencial porque aparte de crear un marco coherente para que Seldon geste la teoría en que se basará el resto de la saga, Asimov atrapa al lector con Trantor, una ciudad-planeta que en mi opinión es uno de los lugares más fascinantes de la historia de ciencia-ficción, con un elenco de protagonistas estupendamente caracterizados (no sólo Seldon, sino su primero protectora y luego amante Dors Venabili, el pequeño pero forzosamente maduro Raych, el atormentado emperador Cleon I, y sobre todo el enigmático Eto Demerzel), con unos personajes secundarios en muchos casos inolvidables (basta recordar a Amo del Sol Catorce), y con acción, especulación, atención a muchas de las ciencias que la ciencia-ficción tiende a dejar de lado (matemáticas, psicología, sociología), y la dosis habitual de misterio que siempre le gustaba introducir al Buen Doctor.

Sus detractores dirán que la prosa de Asimov es añeja, que abusa de los diálogos, que esta novela no incluye apenas sexo ni violencia gratuita, y que está excesivamente alargada. Asimov no es que no fuera consciente de estas objeciones, es que se enorgullecía de muchas de ellas. Y lo entiendo, porque para mí el resultado es como ya he dicho formidable. Tanto que quizá sólo El fin de la eternidad, la segunda parte de Los Propios Dioses y la segunda parte de Segunda Fundación estén a la altura de este Preludio a la Fundación que les recomiendo encarecidamente.

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