lunes, 13 de abril de 2015

Deepsix (2000). Jack McDevitt

Una nueva entrada prosigo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablar hoy de "Deepsix", segunda novela en orden cronólogico y también de lectura de la saga de las máquinas de Dios, obra del estadounidense Jack McDevitt. "Deepsix" fue la novela con la que McDevitt convirtió sus "máquinas de Dios" en una saga, desplazando la acción casi 20 años adelante en el s. XXIII y confirmando a la piloto/capitana Priscilla Hutchins como su protagonista absoluta. "Deepsix" es una cautivadora novela de supervivencia en un entorno hostil y de ingeniería astronómica "contrarreloj", que utilizando en esta ocasión la arqueología más como complemento que como componente esencial, globalmente supera a los puntos a su predecesora.

"Deepsix" comparte suficientes elementos con "Las máquinas de Dios" para formar incuestionablemente parte de la saga (aparte de la misma protagonista podemos citar la exploración de un planeta con restos de una civilización inteligente, la presencia de agentes ya conocidos como la Academia y Kosmik, un prólogo corto, desasosegante y enigmático, un acontecimiento inevitable pero inesperado que impone una restricción temporal a la acción...), pero también las suficientes características propias como para diferenciarse: por encima de todo, un mayor número de reflexiones propuesta a partir de lo narrado y sobre la vida en general, que presenta en su mayor parte al comienzo de cada capítulo merced a las citas del periodista Gregory McAllister, y también una mayor atención al componente tecnológico-ingenieril, capitalizado por los restos del ascensor espacial encontrado en Deepsix y su posterior conversión en la red de rescate de los protagonistas. Ambos aspectos parecen vistos desde fuera una respuesta consciente del autor a algunas de las mayores debilidades de "Las máquinas de Dios". Y cumplen razonablemente bien su cometido, por lo que son bienvenidas.

Aun cuando en mi opinión sobran menos páginas que en su predecesora, "Deepsix" es nuevamente una novela muy larga, y ello acarrea que el comienzo (hasta que la expedición aterriza en el planeta Deepsix) sea un poco lento, y que en el tercio final se caractericen en exceso algunos personajes netamente secundarios (como los integrantes del equipo de soldadores). Otro defecto obvio es la semejanza en la fórmula con la primera novela de la saga, lo que limita el factor sorpresa a cuestiones como cuántos personajes morirán, o qué imprevistos de última hora se encontrarán. También cabe ponerles un pero a unos cuantos pasajes de exploración arqueológica (más descriptivos que reveladores) y a algún personaje un poco "cargante" (el capitán del Evening Star Erik Nicholson, el propio Gregory MacAllister). E incluso a que la situación poco menos que insostenible que atravesaba la Tierra en "Las máquinas de Dios" prácticamente ni se mencione dos décadas más tarde.

Pese a estos defectos la novela resulta muy amena y cercana: el factor tiempo y la tensión que impone durante casi toda su extensión dinamiza la acción, la prosa es sobria pero efectiva, abundan unos diálogos que a menudo despiden una chispa de inteligencia o de humor, en la mayoría de los capítulos sucede algún acontecimiento interesante, el elemento científico está razonablemente respetado tanto en su vertiente astronómica como en la flora y fauna de Deepsix... Además, los personajes principales están muy bien caracterizados, constituyendo un grupo heterogéneo, lo suficientemente reducido para profundizar en él, pero muy compensado y que se nos muestra muy creíble gracias a sus fallos, sus contradicciones, la familiaridad que van adquiriendo entre ellos... Por ejemplo, McDevitt acierta de pleno al mostrarnos primero cómo Nightingale le falla a Hutch y más adelante cómo él se resarce salvándole la vida a ella. Aunque se echa de menos que intervenga algún personaje más de la primera novela (sólo aparece brevemente Ian Helm, de Kosmik, y con las mismas funestas consecuencias). Y un acierto claro y definitivo para la valoración favorable del libro es que abundan los episodios realmente conseguidos y que perviven años después de la lectura (el intento de recuperación de los condensadores, el ascensor en "el Monte Azul"...).

Para terminar, debo resaltar un final vertiginoso, con una sorpresa de última hora muy acertada, satisfactorio desde un punto de vista astronómico, cuidado en su vertiente ingenieril y minucioso a la hora de cerrar frentes. Solamente falla que lo averiguado sobre las dos especies extraterrestres que se encontraron en Deepsix (los "grillos" y los "halcones") queda más como curiosidad histórica que como un hecho trascendente para la saga. Pero al fin y al cabo eso mismo es lo que le sucede a McDevitt: su obra difícilmente trascenderá el género, pero escribe buenas novelas, sin fisuras y con el suficiente grado de curiosidad y sentido de la maravilla. Razones por las cuales tras la lectura de "Deepsix" lo habitual es que el lector siga interesado en progresar con el resto de la saga. Y por las que reseñaré "Chindi" en mi próxima entrada.

martes, 31 de marzo de 2015

Las máquinas de Dios (1995). Jack McDevitt

Prosigo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Empiezo en esta oportunidad las reseñas de una de las sagas más populares en España en estos últimos tiempos: la saga de Priscilla Hutchins, llamada así en honor de su protagonista femenina, y más conocida en español por la saga de las Máquinas de Dios, del escritor estadounidense Jack McDevitt. Una saga que se basa en un concepto no demasiado explotado en el género: la arqueología alienígena, y las aventuras a la que su desempeño da lugar.

Por su cercanía al tiempo presente, empiezo a correr el riesgo de que los títulos que la componen en el momento de la reseña no sean los que finalmente terminen componiéndola, pues McDevitt sigue publicando con regularidad y hace poco más de un año añadió un nuevo título ("StarHawk", aún no traducido al español) a la saga. Que a día de hoy está compuesta en nuestro idioma por las siguientes seis novelas:

Las máquinas de Dios (1995)
Deepsix (2000)
Chindi (2002)
Omega (2003)
Odisea (2006)
Cauldron (2007)

El de McDevitt es un caso singular, pues se trata del autor que, en más de 60 años de historia, más nominaciones al Premio Nébula ha recibido en la categoría de novela (12 hasta la fecha), y que en proporción menos galardones ha recibido (sólo uno). Nominaciones a las que en buena medida ha contribuido la saga que hoy empiezo a reseñar. Aunque curiosamente no fue hasta la tercera entrega de la saga ("Chindi") cuando empezó a recibirlas, si bien desde ella las tres posteriores repitieron nominación. Hecho que habla bien a las claras del alto nivel medio de la saga. Aunque, por razones que explicaré más adelante, sólo voy a recomendar los tres primeros títulos de la misma.

En mi opinión, McDevitt escribe ciencia-ficción contemporánea con la mirada puesta en la ciencia-ficción clásica de los años cincuenta. Y además, es mejor narrador que creador, por lo cual sus novelas son más disfrutables por la habilidad que tiene para crear sus personajes y enredarlos en mil aventuras en parajes extraños, que por sus ideas originales o sus reflexiones de gran calado. Esto se pone de manifiesto a lo largo de toda la saga en general y de "Las máquinas de Dios" en particular: se trata de una novela entretenida, plena de imaginación, sin ideas espectaculares ni artificios innecesarios. Y razonablemente bien estructurada para su gran extensión (casi 600 páginas en la edición de bolsillo).

La novela está dividida en un breve prólogo, cuatro partes de duración variable y ubicadas en una localización diferente (Oz, una luna de Quraqua, el Templo de los Vientos en el propio Quraqua, Beta Pacífica III y el asteroide LCO4418-IID) y un pequeño epílogo. Una estructura que como digo contribuye decisivamente a que la novela no se le vaya de las manos a McDevitt. Lo cual no significa que no sobren determinados pasajes en distintos puntos de la misma, ni que la caracterización de los personajes sea siempre la mejor. Pero que la narración mantenga un propósito, y que unos diálogos sencillos y directos predominen sobre una prosa estándar que no es la mayor fortaleza de McDevitt, facilita que las páginas se pasen a buen ritmo.

Quizá la mayor virtud de la novela sea el permanente sentido de la maravilla que la preside. Y que en realidad es muy superior a la cantidad de revelaciones que se esconden tras sus páginas. Porque el marco en el que la sitúa el escritor está determinado desde el principio: la Tierra de comienzos del s. XXIII agoniza víctima de la sobreexplotación y el cambio climático, pero la tecnología hiperluz ha permitido identificar otros tres lugares donde existió vida inteligente (Pináculo, Quraqua y Nok). Este último continúa habitado, y la terraformación de Quraqua que lidera la corporación Kosmik parece la última esperanza para el género humano. Pero sobre ese marco McDevitt sitúa a un elenco de arqueólogos y a la piloto Priscilla Hutchins, y deja que sus exploraciones arqueológicas sustenten la novela.

Es justo reconocerle al autor su poderosa imaginación, puesto que cada una de sus localizaciones no es sólo radicalmente diferente a la anterior, sino que las peripecias que construye sobre ellas lo son aún más. Así, hay capítulos en varias de ellas de gran calidad (el tsunami sobre el Templo, la congelación del Wink, el ataque alienígena en Beta Pacífica...), junto con otros menos cautivadores (las conclusiones extraídas en Oz, o incluso la nube en Delta durante el desenlace). También debemos agradecerle a McDevitt su respeto por el componente científico en cada campo (lo que se traduce en un número de gadgets inusualmente bajo en el género). Y la inclusión de "teletipos" en diversos momentos, que posibilitan una mejor visualización del panorama global de la raza humana.

Sin embargo, algunos defectos la apartan de la categoría de clásico que a veces parece merecer. Junto a esas aproximadamente 100 páginas de más que contiene, el elenco inicial de personajes es a todas luces excesivo (sólo a partir de la tercera parte consigue acotarlo), pese a lo cual introduce dos personajes más (Ángela y Terry) muy cerca del final, y necesita recurrir a un apresurado epílogo para cerrar un montón de cabos sueltos. Además, apenas hay reflexiones de calado, a pesar de la longitud del libro. Tampoco propuestas novedosas, como lo evidencia que las nubes del final sean ya familiares al lector habitual del género y resultan poco creíbles en su constitución y propósito. Por otra parte, algunos de los cabos que ata Hutchins son demasiado obvios para que hubieran quedado ocultos a ojos del lector avispado. Y en ocasiones a la novela le falta un punto de fuerza, un mejor engranaje. Aunque obviamente la magnitud y riqueza del universo concebido por McDevitt posibilitan sin duda la conversión de esta novela en saga que acometió unos años después de su publicación. Y de cuya primera aportación ("Deepsix") les hablaré en mi próxima entrada.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Marte rojo (1992). Kim Stanley Robinson

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Le toca el turno esta vez a "Marte rojo", la primera de las novelas de la conocida como trilogía marciana, del estadounidense Kim Stanley Robison. Una trilogía que está constituida por las siguientes tres novelas, tanto en orden cronológico como de lectura:

Marte rojo (1992)
Marte verde (1993)
Marte azul (1996)

Se trata posiblemente de la saga más premiada en los últimos tiempos en el género. La novela que les presento hoy recibió entre otros el premio Nébula, el más importante a mi modo de ver de los que se conceden a nivel mundial. Y la segunda y tercera entregas el casi tan prestigioso premio Hugo. Sin embargo, a pesar de tan relevantes galardones y de ser principalmente una saga de ciencia-ficción hard, que como he admitido en alguna ocasión es una de mis corrientes favoritas del género, solamente recomiendo leer la primera entrega. La razón es que me pareció una novela tan realista y bien documentada como desestructurada y fallida. Esta impresión y la gran extensión de la misma y de las posteriores entregas me decidieron a no proseguir con la lectura de la saga. De hecho, no la considero una novela particularmente recomendable, pero me parecía injusto dejar pasar la oportunidad de aportar al menos una reseña de esta saga tan unánimemente reconocida.

Ambientada en pleno siglo XXI en los albores de la colonización del planeta rojo, la novela está segmentada nada menos que en ocho partes, cada una de ellas narrada por un personaje diferente. Partes que sin embargo no logran paliar su desestructuración: la multiplicidad de escenarios, personajes y marcos temporales con los que Robinson abruma al lector desde el principio no facilitan la lectura, y el hilo narrativo se va perdiendo poco a poco. Aunque lo que no se le puede negar a la novela es su rigor documental: desde el mapa de Marte que se incluye al comienzo (no tan detallado como sería de desear para facilitarle la ubicación al lector), hasta las reseñas incluidas al principio de cada parte, a veces con interesantes puntualizaciones sobre diferentes aspectos del planeta. Se nota el esfuerzo del autor por considerar todos los detalles (orográficos, climáticos, geológicos) del planeta, hasta dar la impresión de que la colonización y gradual terraformación de Marte es en realidad la auténtica protagonista de la obra.

Como era de esperar en una novela pretendidamente hard, el componente científico está a la altura de las expectativas: desde las estructuras ingenieriles presentadas, pasando por la nave rotacional con diferentes secciones, el ascensor de Sheffield (sí, el ingenio creado por el escritor Charles Sheffield en "La telaraña de los mundos"), los cálculos matemáticos en la granja de Hiroko Ai, los primeros hábitats, el calendario marciano... En ocasiones todo este bagaje origina ciudades realmente fascinantes (Senzeni Na, Burroughs) aunque otras veces los escenarios de la novela resultan inesperadamente anodinos.

Y es qe la narrativa de Robinson peca de frialdad y falta de fuerza (podríamos imaginar qué habría hecho por ejemplo el maestro Heinlein con semejantes mimbres). A veces, incluso, el lector se topa con frases inconexas, o situaciones de los personajes no bien descritas (más de una vez, por ejemplo, se ponen en pie sin haberse sentado previamente). En otas ocasiones, lo que incomoda es la meticulosidad irrelevante, que alarga más de lo deseable una novela ya de por sí muy larga (pongo por caso los detalles sobre las herramientas recogidas por Nadia Chernyshevski). Incluso sorprende la falta de atención a las fechas y las referencias cronológicas en general. Si a ello le añadimos que hacia la mitad la novela empieza a flaquear argumentalmente, no es de extrañar que hasta la fecha no me hayan quedado ganas de proseguir con la trilogía.

¿Y los personajes? Pues tampoco redondos. La división de los Primeros 100 que propone Robinson en dos bloques principales (norteamericanos y rusos) con aportaciones adicionales de otras naciones, me parece un buen punto de partida. Y de hecho, sus reflexiones sociales, psicológicas y políticas, así como sus expectativas respecto a la vida en Marte, son con frecuencia interesantes. Pero el recurrente triángulo amoroso entre John Boone, Frank Chalmers y Maya Toitovna no sólo no logra dotar de mayor profundidad a la novela, sino que acaba por fatigar al lector. Además, otros personajes resultan fallidos (caso de Michel Duval) o tienen aportaciones discutibles (caso de Sax y sus experimentos). Probablemente el personaje más conseguido sea Nadia, por su mayor equilibrio emocional y los actos que del mismo se derivan (el episodio de acción con el dirigible es de lo mejor de la novela). Sin olvidar la frecuente aparición de grupos árabes, una inclusión inesperada que se acaba revelando como un acierto del escritor.

Un último aspecto cuestionable es que no haya un final definido, sino una arbitraria e insatisfactoria interrupción de la narración. Lo que confirma que estamos ante una trilogía más relevante por lo que propone que por lo que relata, y eso le resta muchos puntos. Es más, por mucho que Arthur C. Clarke la considere la mejor novela sobre la colonización de Marte jamás escrita, me atrevo a decir que, salvando las lagunas derivadas de la época en que fue escrita, la propia aportación de Clarke a la colonización de Marte ("Las arenas de Marte" (1951), que algún día reseñaré en este mismo blog), me parece una aportación más comedida, amena y, por tanto, recomendable.

viernes, 6 de marzo de 2015

La cabalgata de los mendigos (1996). Nancy Kress

Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a tratar en esta oportunidad de "La cabalgata de los mendigos", tercera novela en orden cronológico y de lectura de la estadounidense Nancy Kress, con la que se cierra la saga de los mendigos. Se trata de una novela de un nivel medio muy similar a sus predecesoras, y constituye un estimable colofón a una trilogía bien concebida, mejor cohesionada, con un componente científico cuidado y de incuestionable calado especulativo y emocional.

Kress sitúa la narración sólo cinco años después de donde la dejó con "Mendigos y opulentos", y nuevamente la condensa en un solo año (excepción hecha del pequeño epílogo con el que la concluye). También la estructura de manera similar a sus dos predecesoras, con tres partes diferenciadas que vertebran la obra (aderezadas por varios interludios dedicados fundamentalmente a mensajes intercambios por los personajes). Aunque en este caso vuelve al narrador omniscente de la primera entrega y descarta enfocar cada una de las partes en un único personaje por encima de los demás. Que quizá era uno de los mayores aciertos de "Mendigos y opulentos", y que sobre todo en la primera parte se echa de menos. La vuelta de tuerca que propone la autora para rematar la trilogía la constituyen las jeringas del cambio, ofrecidas por los Superinsomnes a la sociedad y que posibilitan la inmunidad frente a las enfermedades. Una idea que, dicho de paso, se postula de forma no del todo creíble, aunque lo relevante de su existencia es que, lejos de mejorar la estratificación social entre vividores, auxiliares y superinsomnes ya conocida de novelas anteriores, esta medida ahonda las diferencias y actúa como el catalizador que desencadena los acontecimientos.

Aunque los personajes principales no son los mismos de entregas anteriores, por las páginas de "La cabalgata de los mendigos" sí que desfilan viejos conocidos, como Jennifer y Miranda Sharifi, y sobre todo Lizzy Franzy, la joven vividora que ya habíamos conocido en "Mendigos y opulentos" y que desde la primera parte se erige en protagonista absoluta en su intento por llevar a los vividores al poder y cambiar el orden establecido. Una primera parte que comienza con una puesta en escena un poco fría y que durante toda su extensión (casi la mitad de la novela) traslada la sensación de que, aunque bien caracterizada en las dos líneas narrativas presentadas, es poco más que una puesta en situación, adoleciendo de un motor claro y con el agravante de la extraña relación entre el doctor Jackson Aranow y su ex-mujer Cazie Saunders.

Al comienzo de la segunda parte las dos líneas narrativas convergen y ello provoca que la tensión y la intensidad aumenten. El suministro de jeringuillas del cambio se interrumpe con la supuesta intención de liberar a los vividores de la dominación auxiliar, pero lo que sucede en realidad es que los vividores regresan a una situación de dependencia aún mayor, y el panorama se vuelve desesperado para ellos, lo que dinamiza la acción y beneficia la lectura. Además, la caracterización de los personajes presentados por Kress alcanza a lo largo de estos capítulos su mayor nivel. Si bien es cierto que a esta parte se le puede poner el pero de que la cronología de acontencimientos es, en ocasiones, un poco confusa.

La tercera parte, la más corta en extensión y la de ritmo más trepidante, recuerda por la tremenda estratificación social que muestra y la ambientación distópica, a la magistral "Las torres del olvido", de George R.R. Turner. Es además la que concede una mayor relevancia al componente científico, que Kress retuerce hasta el extremo cuando plantea la metamorfosis de Theresa Aranow. Pero también reserva muchas sorpresas. Por ejemplo, expone abiertamente que la auténtica motivación de Jennifer Sharifi es convertir Sanctuary en un lugar verdaderamente seguro para los Insomnes, aunque lo que suceda realmente diste mucho de esa intención. Otra sorpresa que se reserva Kress es el desenlace de la gran mayoría de los Insomnes, tan inesperado como impactante. Y un final que no aclara demasiadas cosas (ni siquiera si fue Jennifer Sharifi quien cabó con Miranda Sharifi), tan sólo hace públicos hechos que permanecían ocultos. Lo que evidencia que más allá de la conclusión, lo que más le ha intereado a Kress de la novela son las reflexiones que la jalonan. Reflexiones extensivas al resto de la saga, y que en mi opinión contribuyen el mayor acierto de esta recomendable saga.

domingo, 15 de febrero de 2015

Mendigos y opulentos (1994). Nancy Kress

Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a presentarles hoy "Mendigos y opulentos", de la estadounidense Nancy Kress. Se trata de la segunda novela en orden cronológico y de lectura de la saga de los mendigos, una trilogía que recomiendo leer en su integridad. Esta novela mantiene el nivel de "Mendigos en España" gracias a una atractiva combinación de tecnología, especulación, avatares humanos y una prosa cuidada. Hecho que queda constatado en que también resultó finalista del Premio Hugo, como su antecesora. Además, puede disfrutarse como novela independiente del resto de la saga, y no se queda lejos de la categoría de clásico.

En "Mendigos y opulentos" Kress sitúa la narración a comienzos del siglo XXII, es decir, veintitrés años después de donde la dejó en la primera entrega, con una sociedad si cabe más fuertemente estratizada entre "Vividores", "Auxiliares" e "Insomnes". Y nos vuelve a entregar una novela relativamente larga (aunque un poco más corta que la anterior), con una estructuración similar en cuatro partes principales (a las que añade una quinta más breve a modo de cierre), el mismo estilo narrativo y un intervalo temporal mucho más corto que el de su predecesora como principal diferencia (pues toda la novela transcurre en un solo año). También repiten algunos personajes ya conocidos (Drew Arlen, Miranda Sharifi...), que comparten protagonismo con otros como Diana Covington o Billy Washington.

La saga de los mendigos es una trilogía tan ambiciosa en cuanto al número y complejidad de aspectos que pretende cubrir que a lo largo de la misma se pierde un poco el foco en la historia en sí, que es lo que más suele calar en el lector. Y precisamente en este aspecto es donde "Mendigos y opulentos" me parece ligeramente superior a las otras dos novelas: en la continuidad de las vivencias de unos pocos personajes, a la que Kress da fuerza a corta como digo de acortar el marco temporal que cubre la novela. A ello contribuye además otra novedad introducida respecto a su predecesora: la estructuración en líneas narrativas separadas y narradas en primera persona por Drew, Diana y sobre todo Billy Washington, la más interesante y mejor caracterizada de las tres (incluso en la forma de hablar tan específica que emplean los Vividores). Creo que encaja más con las características de la saga que un narrador omniscente.

Aunque por supuesto la influencia de los Superinsomnes en la trama es tan alta como cabría esperar, la principal novedad argumental de esta segunda parte es la enfatizada separación entre Vividores y Auxiliares: una dura pero atrayente deformación de la sociedad actual, en la línea de los Eloy y los Morlocks de H.G. Wells, pero más cercana al lector contemporáneo. Y que actúa como un espejo que permite al lector reflexionar sobre la indefensión del ciudadano de a pie, su manipulación por los centros de poder, su distracción mediante pasatiempos que no obliguen a pensar (las carreras de motos)... Y otras cuestiones de más alto nivel, como hacia dónde debe evolucionar la tecnología y quién la debe controlar. Todo ello en medio de acontecimientos que se suceden a buen ritmo, y que son sazonados con "sorpresas" como el cambio de bando de Drew, o la alimentación autotrófica de Miranda Sharifi.

Durante buena parte de la lectura la novela me parecía digna de la categoria de clásico a la que aludía al comienzo, pero justo en el tramo final se desinfló un poco, ya que para mí el final adecuado no debería ser el propuesto Kress, sino que debería haber sido el episodio de la declaración de Miranda Sharifi sobre los seres humanos autotróficos, justo después del clímax narrativo: las treinta páginas adicionales hasta el final real no aportan prácticamente nada, y la aparición de "Voluntad e idea" resulta bastante forzada. Otros puntos débiles de la novela son la cuestionable relación entre insomnio e inmortalidad que nos plantea la autora, la excesiva influencia otorgada a los "Sueños Lúcidos" de Drew Arlen sobre los Vividores, y el que sea la clase política quien pague con emplazamientos públicos por recibir los votos de los Vividores. Aspectos que en todo caso no enmascaran una novela claramente recomendable.

martes, 27 de enero de 2015

Mendigos en España (1993). Nancy Kress

Una entrada más prosigo con mis reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablarse en esta oportunidad de "Mendigos en España", novela que inaugura la conocida como saga de los mendigos, escrita por la estadounidense Nancy Kress. Se trata de una saga que no fue concebida como tal, sino que fue creciendo a partir de la continuada expansión de una novela corta escrita por Kress en 1991 y ganadora de los premios Nébula y Hugo en dicha categoría. Kress convirtió esa primera novela corta en la extensa novela que les presento, del mismo título pero con tres partes adicionales además de la novela corta en su integridad, y posteriormente añadió dos novelas más a la saga, hasta quedar finalmente comprendida por:


Mendigos en España (1993)
Mendigos y opulentos (1994)
La cabalgata de los mendigos (1996)

En conjunto, forman una saga muy equilibrada y cohesionada (quizá porque las tres novelas fueron escritas en un lapso de tiempo relativamente corto y el lapso de tiempo que cubren tampoco es muy largo), con los impactos de la ingeniería genética en la sociedad del siglo XXI como eje principal, y que recomiendo leer en su integridad. Poseen esa sensibilidad tan característicamente femenina, y solamente les falta algún título que destaque del conjunto para reivindicar la categoría de clásico, a la que aspiran pero no alcanzan. En concreto, "Mendigos en España" (que pese a lo que su nombre pueda indicar no transcurre en España, tan sólo es una alusión un tano peyorativa a nuestro país) es una novela recomendable, con una primera parte (la novela corta) excelente, y otras tres partes a su misma altura en cuanto a profunidad especulativa, pero en un plano inferior en cuanto a disfrute literario.

La primera novela corta ("Leisha", en alusión a su protagonista insomne), pone de manifiesto una virtud extensible a todo el libro: la atención que dedica Kress a la caracterización de sus personajes principales (no sólo Leisha, también Alice, Drew...) y el mimo con el que nos presenta sus ideas y emociones. Tanto, que el resto de la seña necesita girar forzosamente en torno a sus personajes, por encima de los acontecimientos o las reflexiones. Además, desde el principio nos justifica la viabilidad científica del insomnio permanente que posibilita la ingeniería genética, y logra sacarle un gran partido a esta premisa mediante la convivencia entre una joven Insomne y otra Durmiente, ambas hermanas gemelas. El lector comprueba con sus propios ojos qué significa ser alguien especial, qué representan los tratos preferentes para una hermana en la otra, y qué enfrentamientos se derivan de ellos. Acertadamente, esta contraposición individual entre las hemanas se globaliza conforme avanzan las páginas al conjunto de los Estados Unidos, a través de una filosofía socio-económica bien concebida: el Yagaísmo. Así, se plantea con toda su crudeza el odio a los "superiores" al mismo tiempo que el desprecio de éstos por quienes no contribuyen a la comunidad. Las páginas finales de esta primera parte, en especial, rayan a gran altura: trepidantes y tiernas a la vez.

Con la segunda parte ("Sanctuary", en alusión a la comunidad independiente que crean los Insomnes) empiezan a evidenciarse los defectos de la novela, puesto que el lector se topa con unos capítulos presididos por una cierta frialdad. Ni el aislamiento de Sanctuary, ni la xenofobia del líder opositor Calvin Hawke, ni la prisión y el posterior juicio de la líder Insomne Jennifer Sharifi, cautivan al lector con la intensidad de la primera parte. A ello contribuye que, sin previo aviso, Jennifer se erija en la protagonista del "núcleo duro" de los Insomnes. Y se aprecia una preocupante previsibilidad en el desenlace de algunos capítulos. No obstante lo anterior, las reflexiones principales de esta segunda parte vuelven a ser interesantes: tanto la solidaridad de clase como la violencia como elemento pertubador y aglutinante a la vez.

La evolución de la sociedad estadounidense tras la marcha de Sanctuary vuelve a ser motivo de reflexión: esa nítida división entre Pobres, Vividores y Auxiliares y las dependencias que se establecen. Sin embargo, mientras la irrupción de Miri (la Superinsomne concebida en Sanctuary) paree una consecuencia lógica del afán de perfeccionamiento de los Insomnes, la aparición del vividor Drew Arlen resulta forzada, y durante muchas páginas se le otorga una atención en mi opinión excesiva. Otro defecto lo constituye los excesivos vaivenes de Leisha Camden entre los Insomnes Kevin Baker y Richard Keller, hasta el punto de que ambos personajes llegan a confundirse.

Afortunadamente la cuarta parte mejora la impresión final de la novela, ya que Kress logra en ella sintetizar e interrelacionar todo lo que ha expuesto en las trescientas páginas anteriores. En primer lugar, logra que la evolución y posterior crisis de los Estados Unidos justifique plenamente el desenlace. En segundo lugar, cierre el círculo cuando los Superinsomnes se convierten, paradójicamente, en los Nuevos Mendigos. En tercer lugar, no establece una distinción clara entre "buenos" y "malos": el lector ve y entiende las justificaciones y las motivaciones del Consejo, de los Súper, del hogar de Nuevo México... Y aunque conceptos tales como las asociaciones de ideas y la complejidad de las cadenas dificultan en parte el disfrute, el desenlace es brillante, intenso y, una vez más, reflexivo. Porque al fin y al cabo el lector llega por sí mismo a la principal conclusión que a mi modo de ver intenta poner de manifiesto la autora: que la búsqueda de excelencia en la humanidad no es compatible con la igualdad entre los hombres. En su universo, al menos. No sale España

domingo, 4 de enero de 2015

La caída de Hyperion (1990). Dan Simmons

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad compartiré mis impresiones sobre "La caída de Hyperion", segunda novela por orden cronológico y de lectura de los cantos de Hyperion, y última que recomiendo leer de esta saga del estadounidense Dan Simmons. Como ya aclaré al reseñar "Hyperion", en realidad "La caída de Hyperion" no es una continuación, sino la segunda mitad de una novela que Simmons escribió como un todo y que, a causa de su extensión, se publicó en dos partes separadas. Ésta era la razón por la que sugería ser indulgente con el inexistente final de "Hyperion" cuando la reseñé, y también por la que es tan sencillo continuar la lectura con "La caída de Hyperion". Casi tan premiada como su predecesora, se trata de una estimable resolución de todos los enigmas y una adecuada culminación de todas las vivencias presentadas en "Hyperion". Lástima que adolezca de similares defectos.

Aunque la novela sea en realidad la segunda mitad de "Hyperion", lo cierto es que "La caída de Hyperion" arranca con una mayor preocupación por las cuestiones políticas de la Hegemonía del Hombre, y sobre todo con un nuevo personaje esencial en toda la obra: Joseph Severn, segundo cíbrido (es decir, un híbrido entre humano e IA del Tecnonúcleo) del poeta John Keats. Su concurso es determinante, porque la acción se bifurca en dos ramas relacionadas por los sueños de Keats; hasta tal punto que su muerte (acaecida en realidad a comienzos del siglo XIX) se narra como parte de los acontecimientos. Otra novedad que encontrará el lector en esta novela es la relevancia que cobra otro nuevo personaje, Leigh Hunt, asistente de Meina Gladstone.

No obstante lo anterior, los personajes de la primera parte (Weintraub, Lamia, Silenus, Kassad...) mantienen su tremenda personalidad, lo cual, unido a la habilidad de Simmons para aprovecharlos a lo largo de la novela, contribuye decisivamente a manterner el nivel de la primera parte. Además, en esta segunda parte se aprecia mejor el excelente equilibrio de poderes entre las distintas fuerzas, su interacción y sus dependencias (por un lado, la FEM/el Senado/la Hegemonía; por otro, el Tecnonúcleo/las IAs de la megaesfera de datos; y por otro, los éxters y su relación con el cónsul). Si a los elementos anteriores les añadimos las Tumbas de Tiempo, un escenario tan fascinante como bien resuelto para tratarse de un concepto tan complejo, no es de extrañar que sean frecuentes los pasajes de gran intensidad literaria (esfuerzos conjuntos de los peregrinos de la Iglesia del Alcaudón, desapariciones, combates, penurias, e incluso momentos en los que la prosa deja paso a la lírica).

Desafortunadamente, permanecen los defectos e la primera parte, y surge alguno más: los esperables momentos de relleno en una novela de más de setecientas páginas (sobre todo en el primer tercio), unas fuerzas armadas más ingenuas de lo deseable, situaciones en el límite de la ciencia-ficción (como la transmigración Hoyt-Duré), las debilidades y los comportamientos impropios del supuestamente todopoderoso Alcaudón, nuevas referencias innecesarias a la Tierra del siglo XX (Peter Pan, IBM...), las abstrusas conversaciones con la IA Ummon, una complejidad manifiesta para poder calibrar los acontecimientos que se van narrando, e incluso la repentina enfermedad de Keats. Ninguno de ellos grave, pero todos restándole puntos a la valoración global.

Pero dada la extensión de la novela, hay que reconocer que los logros prevalecen. Además de los ya señalados, debo resaltar: la magistral caracterización de los mundos de la Hegemonía (Centro Tau Ceti, Puertas del Cielo Pacem, Bosquecillo de Dios); la buena dosis de diálogos, que amenizan y alivian en parte de la complejidad de la trama; la acertada inclusión de referencias cristianas (Theilard); las alusiones científicas explícitas (Plack, el espacio-tiempo...); la explicación del papel de las IAs (resurreción de Keats, utilización de los cerebros humanos...); los estratégicamente insertados pasajes de terror; y el final (ahora sí), impactante, con varias muertes inesperadas y un tremendo esfuerzo por atar cabos. Todos ellos confirman que estamos ante una novela más que recomendable.

¿Por qué no recomiendo entonces continuar la saga con la lectura de las dos novelas restantes? Pues por tres razones: la primera y más importante, porque a pesar de ese esfuerzo por atar cabos, la lectura de "La caída de Hyperion" me dejó la impresión de que hay tantos y tan complejos elementos en juego, que lo narrado no es siempre coherente, y sólo acaba encajando porque el escritor tiene la autoridad para ello (es sólo una impresión, no gasté tiempo en confirmarla); la segunda, porque es una saga que exige un gran esfuerzo al lector para su disfrute (nuevamente la complejidad), y después de casi mil trescientas páginas leídas el esfuerzo dedicado a la saga me parecía ya considerable; y tercera, porque esas dos novelas ("Endymion" y "El ascenso de Endymion") no recibieron los mismos galardones ni una valoración tan favorable por parte de la crítica. Así que, efectivamente, nunca me he animado a leerlas, y es probable que nunca lo haga. Aunque estoy seguro que si "La caída de Hyperion" les gustó lo suficiente, muchos de Vds. no seguirán o no habrán seguido mi ejemplo.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Hyperion (1989). Dan Simmons

Una nueva entrada prosigo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Hoy voy a reseñar "Hyperion", primera de las novelas que conforman la tetrología conocida como "Los cantos de Hyperion", la obra más conocida y reputada del estadounidense Dan Simmons. La saga la conforman las siguientes novelas:

Hyperion (1989)
La caída de Hyperion (1990)
Endymion (1996)
El Ascenso de Endymion (1997)

En primer lugar debo decir que "Hyperion" y "La caída de Hyperion" son en realidad una única novela partida en dos para su publicación, a causa de su enorme extensión. Por lo cual es muy recomendable no empezar a leer "Hyperion" sin tener a mano "La caída de Hyperion". Y en segundo lugar, y a pesar de la fama de la que disfruta toda la saga en España, únicamente recomiendo leer las dos primeras novelas de la misma, que son las que al fin y al cabo recibieron los mayores galardones. Porque aunque la mezcla de ciencia-ficción y terror (encarnada por El Alcaudón) que nos propone Simmons me parece interesante y relativamente original, y a que tanto "Hyperion" como "La caída de Hyperion" contienen pasajes muy brillantes, me parecen novelas con demasiados altibajos para el número de galardones que recibieron.

Quizá la mayor virtud de "Hyperion" sea su capacidad para mantener la atención del lector. Pese a su notable extensión, la lectura de la novela, con breves episodios descriptivos de la peregrinación y seis historias personales contadas con todo detalle (al estilo de los "Cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer), permite a Simmons mantener la narración bajo control y aumentar o disminuir su intensidad en cada momento. Además, es justo reconocer la gran inventiva que muestra el autor: la estructuración de la galaxia en el siglo XXVIII, el correcto uso de los avances científicos más relevantes, y el equilibrio de poderes entre los distintas fuerzas (Hegemonía, red de mundos, FUERZA, Éxters...) están muy conseguidos, y el planeta Hyperion cautiva por su variedad, ya que se describen con detalle sus parajes más relevantes. Por cierto que en estas descripciones Simmons hace gala de un vocabulario rico, empleado con precisión, aunque con una prosa en ocasiones demasiado poética.

El problema de presentar seis historias independientes es que cuando alguna de ellas flaquea, el lector ansía que concluya y dé paso a otra más atrayente. Tal problema afecta en mi opinión a las narraciones del coronel de FUERZA Fedhman Kassad, confusa e irreal, con sus batallas y su relación con Moneta, y de la detective Brawne Lamia, demasiado complicada para su disfrute (cíbridos, IA's, TecnoNúcleo...). Otro defecto que arrastra toda la novela es el excesivo número de referencias a la Tierra del s. XX (hasta el SIDA, los nazis alemanes o una canción del Mago de Oz) y a la obra del poeta romántico inglés John Keats, poco conocido para el lector medio español. En otro orden de cosas, posiblemente sobran algunas escenas eróticas, que hacen a veces parecer a "Hyperion" más un best-seller que una novela de ciencia-ficción.

Obviamente, en el otro lado de la balanza se encuentran las narraciones personales que rayan a gran altura. Para mi gusto, dos: la del sacerdote católico Lenar Hoyt, estratégicamente situada en primer lugar, llena de aventuras, enigmas y misticimo religioso encarnado por Paul Duré y su búsqueda de los bikura, y la del profesor judío Sol Weintraub, de una desesperación y un dramatismo incontestables. Esta última además aprovecha hábilmente una idea brillante, como es la de las Tumbas del Tiempo y su retroceso temporal desde un punto futuro, que afecta a su hija Rachel. Y la primera lleva a su máxima expresión las referencias a las distintas religiones monoteístas (católica, musulmana, judía), que jalonan toda la novela y que se emplean como parte destacada de la misma.

Para concluir, un par de defectos más: el papel de agente doble del cónsul con el que Simmons pretende sorprendernos se intuye desde un principio, y no funciona como efecto sorpresa (menos cuando su narración es la que Simmons coloca en último lugar); y el final, decepcionante por inexistente: se trata de un mero punto y seguido que no aclara nada, y sólo puede juzgarse benévolamente si de inmediato se comienza la lectura de "La caída de Hyperion". Que es lo que les recomiendo hacer de aquí a que publique su reseña.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Naufragio en el tiempo real (1986). Vernor Vinge

Una entrada más continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a reseñar "Naufragio en el tiempo real", segunda y última de las novelas que conforman la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una novela que, como ya anticipé al reseñar la primera novela de la saga ("La guerra de la paz") es claramente superior a su predecesora, y mucho más recomendable. Aunque de nuevo su coherencia y maestría argumental superan tanto a su claridad expositiva como a su perfección literaria.

En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).

Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.

Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.

En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.

sábado, 29 de noviembre de 2014

La guerra de la paz (1984). Vernor Vinge

Una entrada más sigo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción más importantes disponibles en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "La guerra de la paz", primera de las novelas de la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una saga que está compuesta por las siguientes novelas:

La guerra de la paz (1984)
Naufragio en el tiempo real (1986)

Debo empezar reconociendo que Vernor Vinge no es uno de mis escritores favoritos, como ya dejé patente al incluir su novela "Al final del arco iris" dentro de mi lista de 15 novelas decepcionantes. A pesar de lo cual pienso que "Naufragio en el tiempo real" es una novela que merece la pena ser leída. Y, claro, no voy a reseñar la secuela sin reseñar antes la novela que dio lugar a la saga, "La guerra de la paz", aunque en mi opinión no esté a la misma altura. Porque a pesar de partir de una excelente idea y un no menos brillante argumento, Vinge no logró con la novela con la que dio a conocer esta saga crear una excelente novela.

La primera evidencia de lo que comento es que el comienzo es desalentador: los saltos de acción (flashbacks y flashforwards) con los que Vinge nos intenta introducir en materia son excesivamente confusos; de hecho, una lectura de los mismos una vez finalizado el libro puede contribuir a clarificar lo que posteriormente se ha relatado en la novela, lo cual no ensalza el talento como narrador del autor. Además, los capítulos "ordinarios" son excesivamete lentos y meticulosos: muchos detalles se recalcan en exceso (el afán de Wili Wáchendon por robar, la reunión de los Quincalleros, el Celeste...) y en cambio faltan las explicaciones más elementales para terminarnos de poner en situación. Por ejemplo, es complicado que el lector logre saber qué son los Jonques, los Ndelante, Aztlán, Livermore; ni siquiera se explica la transición en el apellido del protagonista, de Paul Hoehler a Naismith. No obstante, estos capítulos se sobrellevan gracias al atractivo panorama que conforma el siglo XXI presentado por Vinge, con su sabia combinación de tecnología (encabezada por las burbujas que dan nombre a la saga, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables y cuyas propiedades dan lugar a efectos secundarios desconocidos) y arcaismo (prevalencia del machismo).

Afortunamente, dado que se trata de una novela larga (casi 400 páginas con un tipo de letra bastante pequeño), da tiempo a que el lector acabe por comprender la situación. Cuando eso sucede y es capaz de anticipar qué puede deparar la lectura, la novela mejora mucho, pero aún presenta varios puntos débiles. En especial, lo muy embarulladas que resultan las descripciones, ya sea para presentarnos un lugar, relatar unos acontecimientos o simplemente interrelacionar pasado y presente. Pero la historia, tanto especulativamente como en su desarrollo, es buena, y poco a poco se va imponiendo a este defecto, de suerte que cuando la lectura ya está bastante avanzada el lector finalmente "intima" con los personajes y disfruta con lo que va sucendiendo. Es entonces cuando se ponen de manifiesto las mayores virtues de la novela: las acciones, intrigas y especulaciones que realizan los dos bandos enfrentados por el autor, y el antagonismo Willi Wáchendon/Della Lu, quienes van previniendo y contrarrestando capítulo a capítulo las acciones el otro, obligándoles a rizar el rizo pero sin perder el control de la situación.

El desenlace juega con el efecto del fracaso de los propósitos de las guerrillas y del paradójico éxito en la consecución de sus objetivos. Raya a muy buen nivel, y mejora la impresión del conjunto de la novela, dejando además claramente abierta la puerta a una secuela. La cual reseñaré en mi siguiente entrada de este humilde blog.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Mundos aparte (1983). Joe Haldeman

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "Mundos aparte", segunda y última novela que recomiendo leer de la saga de los Mundos, del estadounidense Joe Haldeman. Reeditada recientemente como "Mundos separados" es, como ya anticipaba al hablar de la primera entrega de la saga, la novela que más he dudado si reseñar o no en este humilde blog. La razón es clara: se trata de una novela muy irregular, repleta de buenas ideas muy mal aprovechadas. Aunque finalmente me he animado a reseñarla porque contiene algunos pasajes brillantes, que además me van a servir para ilustrar lo que yo considero podría haber hecho de "Mundos aparte" una gran novela.

Esos pasajes brillantes a los que me refiero en su mayoría no derivan de la línea argumental principal de la novela, la cual a lo largo de los doce años durante los que se desarrolla, se centra en la trayectoria personal de Marianne O'Hara, la misma protagonista de la primera entrega. En ese sentido la novela es totalmente consecuente con su predecesora. Ahora bien, la de O'Hara es una trayectoria errática, con la que es muy complicado que el lector se identifique (animo a que alguien intente listar todas las profesiones que ejerce en esta novela). Que usa el original y teóricamente fascinante marco escénico de Nueva Nueva York, con todas sus singularidades y oportunidades, de manera muy tangencial. Que parece que va a remontar cuando O'Hara es enviada a contactar con unos supervivientes potencialmente peligrosos en Zaire, en una expedición muy apresurada y mal digerida, que rápidamente queda atrás en la narración. Trasladando a menudo la impresión de que el libro es más un ensayo sobre los condicionantes en los Mundos exteriores y su relación con una Tierra retornada a la barbarie que una auténtica novela (de hecho, el lector puede comparar la cantidad de párrafos "de ensayo" frente a párrafos "novelados", en especial durante las primeras cien páginas). Y perjudicando aún más esa percepción con la frecuente sensación de narración improvisada, escrita a tirones.

Afortunadamente, en una de esas improvisaciones Haldeman descubre "la voluntad de Charlie", una línea de acción paralela que transcurre en la Florida pos-biológica, protagonizada por un antiguo amante de O'Hara ya conocido de la primera novela de la saga (Jeff Hawings). Y en la que Haldeman por fin logra conectar con el lector presentándole la barbarie que ejercen los supervivientes adolescentes (únicos no afectados por la guerra) que controlan las pequeñas comunidades aún con vida, sus precarias condiciones y el titánico esfuerzo que realiza Jeff tanto por su propia supervivencia como por la de estos restos de humanidad. Ahí, además de mezclar el culto a Jesús con el culto a Charlie, y recurrir a los herederos de sectas como los mansonitas para enriquecer la narración, sí hay pasajes brillantes (cuando Jeff logra contactar con O'Hara, cuando recibe ayuda de Nueva Nueva York, cuando logra acceso a un terminal informático...), aunque Haldeman ni hace confluir ambas líneas narrativas al regresar O'Hara a la Tierra, ni nos muestra el desenlace de estas andanzas. Desaprovechando así una excelente oportunidad de convertir una novela discreta en una obra memorable, plena de espíritu de supervivencia, valores humanos y escenas impactantes. Una lástima.

Otros defectos de menor entidad son: un ritmo narrativo vertiginoso, que no dimensiona adecuadamente los acontecimientos ni los realza; la falta de naturalidad con la que el navío estelera destinado a Épsilon Eridani se convierte en el eje de la línea narrativa principal; lo poco que se profundiza en los personajes principales (los dos esposos e incluso O'Hara no empiezan a merecer unas líneas en las que reflexionen sobre sus comportamientos y motivaciones hasta bien avanzada la novela); o el recurso a nada menos que 20 personajes nuevos en el último cuarto del libro, para acompañara a O'Hara en su segunda expedición a la Tierra. Y otros aciertos dignos de ser destacados (aparte de las propias colonias que orbitan la Tierra, un marco ya conocido de la primera entrega pero no por ello menos fascinante) son: la naturalidad y la moderación con la que el elemento científico es introducido (las cuestiones astronómicas o las relativas a la construcción de una nave generacional son tratadas con total solvencia); los originales contratos matrimoniales que se generan; y un tratamiento del sexo mucho menos desaforado que en la primera entrega, lo que aumenta su verosimilitud de la historia.

Como reseñaba en "Mundos", al final las sensaciones predominantes al terminar "Mundos aparte" son la de oportunidad perdida y al mismo tiempo falta de curiosidad por conocer cómo culminarán las peripecias de O'Hara. Curiosidad que durante décadas no pudo verse zanjada, dado que hasta hace apenas un par de años no vio finalmente la luz en español "Mundos en expansión". Y que ahora que sí puede zanjarse, tampoco es mucho mayor. Aunque quién sabe, quizás un día esta novela caiga en mis manos y me anime a darle una oportunidad.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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