Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
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viernes, 7 de agosto de 2020
Bailando en el aire (1993). Nancy Kress
Una nueva entrada prosigo reseñando cronológicamente algunas de las novelas de referencias de las principales escritoras de ciencia-ficción. Hoy voy a hablarles de "Bailando en el aire", de la estadounidense Nancy Kress. En rigor para representar a esta brillante escritora debería haber escogido su meritoria trilogía de los mendigos, pero como ya la reseñé con detalle cuando repasé alguna de las mejores sagas del género hace unos años, he optado en esta ocasión por revisar esta interesante novela corta, que junto a la novela "Una luz extraña" (1991) constituye el resto de su producción traducida al español.
Kress es una escritora especialmente prolífica en el campo de las novelas cortas, y varias de ellas han sido reconocidas con el Premio Hugo. No es el caso sin embargo de "Bailando en el aire". Aun así, me ha parecido interesante reseñarla como reflejo de la esperable personalidad y el buen hacer de la escritora en este formato. En ella trata uno de sus temas favoritos (la manipulación genética y sus consecuencias para el ser humano) sirviéndose para ello de unos bailarines que, reforzados mediante bioingeniería y nanotecnología, son capaces de unos logros artísticos inaccesibles a los bailarines no manipulados. Aunque en mi opinión el mundo del ballet no es un marco muy atractivo para el potencial lector de ciencia-ficción, y le resta puntos a la novela.
Y es que para mí al menos no resultó demasiado grato sumergirme en tantos términos franceses propios de la danza como aparecen a lo largo de sus casi cien páginas, ni en las diversas escuelas e instituciones de ese mundillo. Sí que me llamó positivamente la atención la nítida yuxtaposición entre el triunfo de la biointensificación en Europa y el respeto a los límites del ser humano en los más conservadores Estados Unidos, y me sorprendió la gran cantidad de lesiones (algunas de ellas permanentes) que aparentemente sufren los bailarines.
Con lo cual lo que realmente Kress quiere resaltar (la ética del perfeccionamiento humano mediante avances tecnológicos) queda un tanto difuminado por la fuerte presencia del "mundillo" del ballet. Es cierto que, como cabía esperar, la caracterización de los personajes principales es bastante buena para una novela tan corta (aunque los perros que hablan y que tanto le gustan a la escritora a mí no me terminan de convencer), que la prosa es ágil y concisa, y que el ritmo narrativo va aumentando acertadamente hasta culminar en el capítulo en casa de Anna Olson, un pasaje realmente brillante que refleja el talento de la autora. Pero incluso el final resulta un tanto confuso, pues parece que el objetivo final de la novela fuera convencer a Deborah de que no debía ser biointensificada y sin embargo al final lo es.
En suma, una novela entretenida, bien escrita y que incita a la reflexión, pero no del todo redonda.
viernes, 6 de marzo de 2015
La cabalgata de los mendigos (1996). Nancy Kress
Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a tratar en esta oportunidad de "La cabalgata de los mendigos", tercera novela en orden cronológico y de lectura de la estadounidense Nancy Kress, con la que se cierra la saga de los mendigos. Se trata de una novela de un nivel medio muy similar a sus predecesoras, y constituye un estimable colofón a una trilogía bien concebida, mejor cohesionada, con un componente científico cuidado y de incuestionable calado especulativo y emocional.
Kress sitúa la narración sólo cinco años después de donde la dejó con "Mendigos y opulentos", y nuevamente la condensa en un solo año (excepción hecha del pequeño epílogo con el que la concluye). También la estructura de manera similar a sus dos predecesoras, con tres partes diferenciadas que vertebran la obra (aderezadas por varios interludios dedicados fundamentalmente a mensajes intercambios por los personajes). Aunque en este caso vuelve al narrador omniscente de la primera entrega y descarta enfocar cada una de las partes en un único personaje por encima de los demás. Que quizá era uno de los mayores aciertos de "Mendigos y opulentos", y que sobre todo en la primera parte se echa de menos. La vuelta de tuerca que propone la autora para rematar la trilogía la constituyen las jeringas del cambio, ofrecidas por los Superinsomnes a la sociedad y que posibilitan la inmunidad frente a las enfermedades. Una idea que, dicho de paso, se postula de forma no del todo creíble, aunque lo relevante de su existencia es que, lejos de mejorar la estratificación social entre vividores, auxiliares y superinsomnes ya conocida de novelas anteriores, esta medida ahonda las diferencias y actúa como el catalizador que desencadena los acontecimientos.
Aunque los personajes principales no son los mismos de entregas anteriores, por las páginas de "La cabalgata de los mendigos" sí que desfilan viejos conocidos, como Jennifer y Miranda Sharifi, y sobre todo Lizzy Franzy, la joven vividora que ya habíamos conocido en "Mendigos y opulentos" y que desde la primera parte se erige en protagonista absoluta en su intento por llevar a los vividores al poder y cambiar el orden establecido. Una primera parte que comienza con una puesta en escena un poco fría y que durante toda su extensión (casi la mitad de la novela) traslada la sensación de que, aunque bien caracterizada en las dos líneas narrativas presentadas, es poco más que una puesta en situación, adoleciendo de un motor claro y con el agravante de la extraña relación entre el doctor Jackson Aranow y su ex-mujer Cazie Saunders.
Al comienzo de la segunda parte las dos líneas narrativas convergen y ello provoca que la tensión y la intensidad aumenten. El suministro de jeringuillas del cambio se interrumpe con la supuesta intención de liberar a los vividores de la dominación auxiliar, pero lo que sucede en realidad es que los vividores regresan a una situación de dependencia aún mayor, y el panorama se vuelve desesperado para ellos, lo que dinamiza la acción y beneficia la lectura. Además, la caracterización de los personajes presentados por Kress alcanza a lo largo de estos capítulos su mayor nivel. Si bien es cierto que a esta parte se le puede poner el pero de que la cronología de acontencimientos es, en ocasiones, un poco confusa.
La tercera parte, la más corta en extensión y la de ritmo más trepidante, recuerda por la tremenda estratificación social que muestra y la ambientación distópica, a la magistral "Las torres del olvido", de George R.R. Turner. Es además la que concede una mayor relevancia al componente científico, que Kress retuerce hasta el extremo cuando plantea la metamorfosis de Theresa Aranow. Pero también reserva muchas sorpresas. Por ejemplo, expone abiertamente que la auténtica motivación de Jennifer Sharifi es convertir Sanctuary en un lugar verdaderamente seguro para los Insomnes, aunque lo que suceda realmente diste mucho de esa intención. Otra sorpresa que se reserva Kress es el desenlace de la gran mayoría de los Insomnes, tan inesperado como impactante. Y un final que no aclara demasiadas cosas (ni siquiera si fue Jennifer Sharifi quien cabó con Miranda Sharifi), tan sólo hace públicos hechos que permanecían ocultos. Lo que evidencia que más allá de la conclusión, lo que más le ha intereado a Kress de la novela son las reflexiones que la jalonan. Reflexiones extensivas al resto de la saga, y que en mi opinión contribuyen el mayor acierto de esta recomendable saga.
Kress sitúa la narración sólo cinco años después de donde la dejó con "Mendigos y opulentos", y nuevamente la condensa en un solo año (excepción hecha del pequeño epílogo con el que la concluye). También la estructura de manera similar a sus dos predecesoras, con tres partes diferenciadas que vertebran la obra (aderezadas por varios interludios dedicados fundamentalmente a mensajes intercambios por los personajes). Aunque en este caso vuelve al narrador omniscente de la primera entrega y descarta enfocar cada una de las partes en un único personaje por encima de los demás. Que quizá era uno de los mayores aciertos de "Mendigos y opulentos", y que sobre todo en la primera parte se echa de menos. La vuelta de tuerca que propone la autora para rematar la trilogía la constituyen las jeringas del cambio, ofrecidas por los Superinsomnes a la sociedad y que posibilitan la inmunidad frente a las enfermedades. Una idea que, dicho de paso, se postula de forma no del todo creíble, aunque lo relevante de su existencia es que, lejos de mejorar la estratificación social entre vividores, auxiliares y superinsomnes ya conocida de novelas anteriores, esta medida ahonda las diferencias y actúa como el catalizador que desencadena los acontecimientos.
Aunque los personajes principales no son los mismos de entregas anteriores, por las páginas de "La cabalgata de los mendigos" sí que desfilan viejos conocidos, como Jennifer y Miranda Sharifi, y sobre todo Lizzy Franzy, la joven vividora que ya habíamos conocido en "Mendigos y opulentos" y que desde la primera parte se erige en protagonista absoluta en su intento por llevar a los vividores al poder y cambiar el orden establecido. Una primera parte que comienza con una puesta en escena un poco fría y que durante toda su extensión (casi la mitad de la novela) traslada la sensación de que, aunque bien caracterizada en las dos líneas narrativas presentadas, es poco más que una puesta en situación, adoleciendo de un motor claro y con el agravante de la extraña relación entre el doctor Jackson Aranow y su ex-mujer Cazie Saunders.
Al comienzo de la segunda parte las dos líneas narrativas convergen y ello provoca que la tensión y la intensidad aumenten. El suministro de jeringuillas del cambio se interrumpe con la supuesta intención de liberar a los vividores de la dominación auxiliar, pero lo que sucede en realidad es que los vividores regresan a una situación de dependencia aún mayor, y el panorama se vuelve desesperado para ellos, lo que dinamiza la acción y beneficia la lectura. Además, la caracterización de los personajes presentados por Kress alcanza a lo largo de estos capítulos su mayor nivel. Si bien es cierto que a esta parte se le puede poner el pero de que la cronología de acontencimientos es, en ocasiones, un poco confusa.
La tercera parte, la más corta en extensión y la de ritmo más trepidante, recuerda por la tremenda estratificación social que muestra y la ambientación distópica, a la magistral "Las torres del olvido", de George R.R. Turner. Es además la que concede una mayor relevancia al componente científico, que Kress retuerce hasta el extremo cuando plantea la metamorfosis de Theresa Aranow. Pero también reserva muchas sorpresas. Por ejemplo, expone abiertamente que la auténtica motivación de Jennifer Sharifi es convertir Sanctuary en un lugar verdaderamente seguro para los Insomnes, aunque lo que suceda realmente diste mucho de esa intención. Otra sorpresa que se reserva Kress es el desenlace de la gran mayoría de los Insomnes, tan inesperado como impactante. Y un final que no aclara demasiadas cosas (ni siquiera si fue Jennifer Sharifi quien cabó con Miranda Sharifi), tan sólo hace públicos hechos que permanecían ocultos. Lo que evidencia que más allá de la conclusión, lo que más le ha intereado a Kress de la novela son las reflexiones que la jalonan. Reflexiones extensivas al resto de la saga, y que en mi opinión contribuyen el mayor acierto de esta recomendable saga.
domingo, 15 de febrero de 2015
Mendigos y opulentos (1994). Nancy Kress
Una entrada más continúo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a presentarles hoy "Mendigos y opulentos", de la estadounidense Nancy Kress. Se trata de la segunda novela en orden cronológico y de lectura de la saga de los mendigos, una trilogía que recomiendo leer en su integridad. Esta novela mantiene el nivel de "Mendigos en España" gracias a una atractiva combinación de tecnología, especulación, avatares humanos y una prosa cuidada. Hecho que queda constatado en que también resultó finalista del Premio Hugo, como su antecesora. Además, puede disfrutarse como novela independiente del resto de la saga, y no se queda lejos de la categoría de clásico.
En "Mendigos y opulentos" Kress sitúa la narración a comienzos del siglo XXII, es decir, veintitrés años después de donde la dejó en la primera entrega, con una sociedad si cabe más fuertemente estratizada entre "Vividores", "Auxiliares" e "Insomnes". Y nos vuelve a entregar una novela relativamente larga (aunque un poco más corta que la anterior), con una estructuración similar en cuatro partes principales (a las que añade una quinta más breve a modo de cierre), el mismo estilo narrativo y un intervalo temporal mucho más corto que el de su predecesora como principal diferencia (pues toda la novela transcurre en un solo año). También repiten algunos personajes ya conocidos (Drew Arlen, Miranda Sharifi...), que comparten protagonismo con otros como Diana Covington o Billy Washington.
La saga de los mendigos es una trilogía tan ambiciosa en cuanto al número y complejidad de aspectos que pretende cubrir que a lo largo de la misma se pierde un poco el foco en la historia en sí, que es lo que más suele calar en el lector. Y precisamente en este aspecto es donde "Mendigos y opulentos" me parece ligeramente superior a las otras dos novelas: en la continuidad de las vivencias de unos pocos personajes, a la que Kress da fuerza a corta como digo de acortar el marco temporal que cubre la novela. A ello contribuye además otra novedad introducida respecto a su predecesora: la estructuración en líneas narrativas separadas y narradas en primera persona por Drew, Diana y sobre todo Billy Washington, la más interesante y mejor caracterizada de las tres (incluso en la forma de hablar tan específica que emplean los Vividores). Creo que encaja más con las características de la saga que un narrador omniscente.
Aunque por supuesto la influencia de los Superinsomnes en la trama es tan alta como cabría esperar, la principal novedad argumental de esta segunda parte es la enfatizada separación entre Vividores y Auxiliares: una dura pero atrayente deformación de la sociedad actual, en la línea de los Eloy y los Morlocks de H.G. Wells, pero más cercana al lector contemporáneo. Y que actúa como un espejo que permite al lector reflexionar sobre la indefensión del ciudadano de a pie, su manipulación por los centros de poder, su distracción mediante pasatiempos que no obliguen a pensar (las carreras de motos)... Y otras cuestiones de más alto nivel, como hacia dónde debe evolucionar la tecnología y quién la debe controlar. Todo ello en medio de acontecimientos que se suceden a buen ritmo, y que son sazonados con "sorpresas" como el cambio de bando de Drew, o la alimentación autotrófica de Miranda Sharifi.
Durante buena parte de la lectura la novela me parecía digna de la categoria de clásico a la que aludía al comienzo, pero justo en el tramo final se desinfló un poco, ya que para mí el final adecuado no debería ser el propuesto Kress, sino que debería haber sido el episodio de la declaración de Miranda Sharifi sobre los seres humanos autotróficos, justo después del clímax narrativo: las treinta páginas adicionales hasta el final real no aportan prácticamente nada, y la aparición de "Voluntad e idea" resulta bastante forzada. Otros puntos débiles de la novela son la cuestionable relación entre insomnio e inmortalidad que nos plantea la autora, la excesiva influencia otorgada a los "Sueños Lúcidos" de Drew Arlen sobre los Vividores, y el que sea la clase política quien pague con emplazamientos públicos por recibir los votos de los Vividores. Aspectos que en todo caso no enmascaran una novela claramente recomendable.
En "Mendigos y opulentos" Kress sitúa la narración a comienzos del siglo XXII, es decir, veintitrés años después de donde la dejó en la primera entrega, con una sociedad si cabe más fuertemente estratizada entre "Vividores", "Auxiliares" e "Insomnes". Y nos vuelve a entregar una novela relativamente larga (aunque un poco más corta que la anterior), con una estructuración similar en cuatro partes principales (a las que añade una quinta más breve a modo de cierre), el mismo estilo narrativo y un intervalo temporal mucho más corto que el de su predecesora como principal diferencia (pues toda la novela transcurre en un solo año). También repiten algunos personajes ya conocidos (Drew Arlen, Miranda Sharifi...), que comparten protagonismo con otros como Diana Covington o Billy Washington.
La saga de los mendigos es una trilogía tan ambiciosa en cuanto al número y complejidad de aspectos que pretende cubrir que a lo largo de la misma se pierde un poco el foco en la historia en sí, que es lo que más suele calar en el lector. Y precisamente en este aspecto es donde "Mendigos y opulentos" me parece ligeramente superior a las otras dos novelas: en la continuidad de las vivencias de unos pocos personajes, a la que Kress da fuerza a corta como digo de acortar el marco temporal que cubre la novela. A ello contribuye además otra novedad introducida respecto a su predecesora: la estructuración en líneas narrativas separadas y narradas en primera persona por Drew, Diana y sobre todo Billy Washington, la más interesante y mejor caracterizada de las tres (incluso en la forma de hablar tan específica que emplean los Vividores). Creo que encaja más con las características de la saga que un narrador omniscente.
Aunque por supuesto la influencia de los Superinsomnes en la trama es tan alta como cabría esperar, la principal novedad argumental de esta segunda parte es la enfatizada separación entre Vividores y Auxiliares: una dura pero atrayente deformación de la sociedad actual, en la línea de los Eloy y los Morlocks de H.G. Wells, pero más cercana al lector contemporáneo. Y que actúa como un espejo que permite al lector reflexionar sobre la indefensión del ciudadano de a pie, su manipulación por los centros de poder, su distracción mediante pasatiempos que no obliguen a pensar (las carreras de motos)... Y otras cuestiones de más alto nivel, como hacia dónde debe evolucionar la tecnología y quién la debe controlar. Todo ello en medio de acontecimientos que se suceden a buen ritmo, y que son sazonados con "sorpresas" como el cambio de bando de Drew, o la alimentación autotrófica de Miranda Sharifi.
Durante buena parte de la lectura la novela me parecía digna de la categoria de clásico a la que aludía al comienzo, pero justo en el tramo final se desinfló un poco, ya que para mí el final adecuado no debería ser el propuesto Kress, sino que debería haber sido el episodio de la declaración de Miranda Sharifi sobre los seres humanos autotróficos, justo después del clímax narrativo: las treinta páginas adicionales hasta el final real no aportan prácticamente nada, y la aparición de "Voluntad e idea" resulta bastante forzada. Otros puntos débiles de la novela son la cuestionable relación entre insomnio e inmortalidad que nos plantea la autora, la excesiva influencia otorgada a los "Sueños Lúcidos" de Drew Arlen sobre los Vividores, y el que sea la clase política quien pague con emplazamientos públicos por recibir los votos de los Vividores. Aspectos que en todo caso no enmascaran una novela claramente recomendable.
martes, 27 de enero de 2015
Mendigos en España (1993). Nancy Kress
Una entrada más prosigo con mis reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablarse en esta oportunidad de "Mendigos en España", novela que inaugura la conocida como saga de los mendigos, escrita por la estadounidense Nancy Kress. Se trata de una saga que no fue concebida como tal, sino que fue creciendo a partir de la continuada expansión de una novela corta escrita por Kress en 1991 y ganadora de los premios Nébula y Hugo en dicha categoría. Kress convirtió esa primera novela corta en la extensa novela que les presento, del mismo título pero con tres partes adicionales además de la novela corta en su integridad, y posteriormente añadió dos novelas más a la saga, hasta quedar finalmente comprendida por:
Mendigos en España (1993)
Mendigos y opulentos (1994)
La cabalgata de los mendigos (1996)
En conjunto, forman una saga muy equilibrada y cohesionada (quizá porque las tres novelas fueron escritas en un lapso de tiempo relativamente corto y el lapso de tiempo que cubren tampoco es muy largo), con los impactos de la ingeniería genética en la sociedad del siglo XXI como eje principal, y que recomiendo leer en su integridad. Poseen esa sensibilidad tan característicamente femenina, y solamente les falta algún título que destaque del conjunto para reivindicar la categoría de clásico, a la que aspiran pero no alcanzan. En concreto, "Mendigos en España" (que pese a lo que su nombre pueda indicar no transcurre en España, tan sólo es una alusión un tano peyorativa a nuestro país) es una novela recomendable, con una primera parte (la novela corta) excelente, y otras tres partes a su misma altura en cuanto a profunidad especulativa, pero en un plano inferior en cuanto a disfrute literario.
La primera novela corta ("Leisha", en alusión a su protagonista insomne), pone de manifiesto una virtud extensible a todo el libro: la atención que dedica Kress a la caracterización de sus personajes principales (no sólo Leisha, también Alice, Drew...) y el mimo con el que nos presenta sus ideas y emociones. Tanto, que el resto de la seña necesita girar forzosamente en torno a sus personajes, por encima de los acontecimientos o las reflexiones. Además, desde el principio nos justifica la viabilidad científica del insomnio permanente que posibilita la ingeniería genética, y logra sacarle un gran partido a esta premisa mediante la convivencia entre una joven Insomne y otra Durmiente, ambas hermanas gemelas. El lector comprueba con sus propios ojos qué significa ser alguien especial, qué representan los tratos preferentes para una hermana en la otra, y qué enfrentamientos se derivan de ellos. Acertadamente, esta contraposición individual entre las hemanas se globaliza conforme avanzan las páginas al conjunto de los Estados Unidos, a través de una filosofía socio-económica bien concebida: el Yagaísmo. Así, se plantea con toda su crudeza el odio a los "superiores" al mismo tiempo que el desprecio de éstos por quienes no contribuyen a la comunidad. Las páginas finales de esta primera parte, en especial, rayan a gran altura: trepidantes y tiernas a la vez.
Con la segunda parte ("Sanctuary", en alusión a la comunidad independiente que crean los Insomnes) empiezan a evidenciarse los defectos de la novela, puesto que el lector se topa con unos capítulos presididos por una cierta frialdad. Ni el aislamiento de Sanctuary, ni la xenofobia del líder opositor Calvin Hawke, ni la prisión y el posterior juicio de la líder Insomne Jennifer Sharifi, cautivan al lector con la intensidad de la primera parte. A ello contribuye que, sin previo aviso, Jennifer se erija en la protagonista del "núcleo duro" de los Insomnes. Y se aprecia una preocupante previsibilidad en el desenlace de algunos capítulos. No obstante lo anterior, las reflexiones principales de esta segunda parte vuelven a ser interesantes: tanto la solidaridad de clase como la violencia como elemento pertubador y aglutinante a la vez.
La evolución de la sociedad estadounidense tras la marcha de Sanctuary vuelve a ser motivo de reflexión: esa nítida división entre Pobres, Vividores y Auxiliares y las dependencias que se establecen. Sin embargo, mientras la irrupción de Miri (la Superinsomne concebida en Sanctuary) paree una consecuencia lógica del afán de perfeccionamiento de los Insomnes, la aparición del vividor Drew Arlen resulta forzada, y durante muchas páginas se le otorga una atención en mi opinión excesiva. Otro defecto lo constituye los excesivos vaivenes de Leisha Camden entre los Insomnes Kevin Baker y Richard Keller, hasta el punto de que ambos personajes llegan a confundirse.
Afortunadamente la cuarta parte mejora la impresión final de la novela, ya que Kress logra en ella sintetizar e interrelacionar todo lo que ha expuesto en las trescientas páginas anteriores. En primer lugar, logra que la evolución y posterior crisis de los Estados Unidos justifique plenamente el desenlace. En segundo lugar, cierre el círculo cuando los Superinsomnes se convierten, paradójicamente, en los Nuevos Mendigos. En tercer lugar, no establece una distinción clara entre "buenos" y "malos": el lector ve y entiende las justificaciones y las motivaciones del Consejo, de los Súper, del hogar de Nuevo México... Y aunque conceptos tales como las asociaciones de ideas y la complejidad de las cadenas dificultan en parte el disfrute, el desenlace es brillante, intenso y, una vez más, reflexivo. Porque al fin y al cabo el lector llega por sí mismo a la principal conclusión que a mi modo de ver intenta poner de manifiesto la autora: que la búsqueda de excelencia en la humanidad no es compatible con la igualdad entre los hombres. En su universo, al menos. No sale España
Mendigos en España (1993)
Mendigos y opulentos (1994)
La cabalgata de los mendigos (1996)
En conjunto, forman una saga muy equilibrada y cohesionada (quizá porque las tres novelas fueron escritas en un lapso de tiempo relativamente corto y el lapso de tiempo que cubren tampoco es muy largo), con los impactos de la ingeniería genética en la sociedad del siglo XXI como eje principal, y que recomiendo leer en su integridad. Poseen esa sensibilidad tan característicamente femenina, y solamente les falta algún título que destaque del conjunto para reivindicar la categoría de clásico, a la que aspiran pero no alcanzan. En concreto, "Mendigos en España" (que pese a lo que su nombre pueda indicar no transcurre en España, tan sólo es una alusión un tano peyorativa a nuestro país) es una novela recomendable, con una primera parte (la novela corta) excelente, y otras tres partes a su misma altura en cuanto a profunidad especulativa, pero en un plano inferior en cuanto a disfrute literario.
La primera novela corta ("Leisha", en alusión a su protagonista insomne), pone de manifiesto una virtud extensible a todo el libro: la atención que dedica Kress a la caracterización de sus personajes principales (no sólo Leisha, también Alice, Drew...) y el mimo con el que nos presenta sus ideas y emociones. Tanto, que el resto de la seña necesita girar forzosamente en torno a sus personajes, por encima de los acontecimientos o las reflexiones. Además, desde el principio nos justifica la viabilidad científica del insomnio permanente que posibilita la ingeniería genética, y logra sacarle un gran partido a esta premisa mediante la convivencia entre una joven Insomne y otra Durmiente, ambas hermanas gemelas. El lector comprueba con sus propios ojos qué significa ser alguien especial, qué representan los tratos preferentes para una hermana en la otra, y qué enfrentamientos se derivan de ellos. Acertadamente, esta contraposición individual entre las hemanas se globaliza conforme avanzan las páginas al conjunto de los Estados Unidos, a través de una filosofía socio-económica bien concebida: el Yagaísmo. Así, se plantea con toda su crudeza el odio a los "superiores" al mismo tiempo que el desprecio de éstos por quienes no contribuyen a la comunidad. Las páginas finales de esta primera parte, en especial, rayan a gran altura: trepidantes y tiernas a la vez.
Con la segunda parte ("Sanctuary", en alusión a la comunidad independiente que crean los Insomnes) empiezan a evidenciarse los defectos de la novela, puesto que el lector se topa con unos capítulos presididos por una cierta frialdad. Ni el aislamiento de Sanctuary, ni la xenofobia del líder opositor Calvin Hawke, ni la prisión y el posterior juicio de la líder Insomne Jennifer Sharifi, cautivan al lector con la intensidad de la primera parte. A ello contribuye que, sin previo aviso, Jennifer se erija en la protagonista del "núcleo duro" de los Insomnes. Y se aprecia una preocupante previsibilidad en el desenlace de algunos capítulos. No obstante lo anterior, las reflexiones principales de esta segunda parte vuelven a ser interesantes: tanto la solidaridad de clase como la violencia como elemento pertubador y aglutinante a la vez.
La evolución de la sociedad estadounidense tras la marcha de Sanctuary vuelve a ser motivo de reflexión: esa nítida división entre Pobres, Vividores y Auxiliares y las dependencias que se establecen. Sin embargo, mientras la irrupción de Miri (la Superinsomne concebida en Sanctuary) paree una consecuencia lógica del afán de perfeccionamiento de los Insomnes, la aparición del vividor Drew Arlen resulta forzada, y durante muchas páginas se le otorga una atención en mi opinión excesiva. Otro defecto lo constituye los excesivos vaivenes de Leisha Camden entre los Insomnes Kevin Baker y Richard Keller, hasta el punto de que ambos personajes llegan a confundirse.
Afortunadamente la cuarta parte mejora la impresión final de la novela, ya que Kress logra en ella sintetizar e interrelacionar todo lo que ha expuesto en las trescientas páginas anteriores. En primer lugar, logra que la evolución y posterior crisis de los Estados Unidos justifique plenamente el desenlace. En segundo lugar, cierre el círculo cuando los Superinsomnes se convierten, paradójicamente, en los Nuevos Mendigos. En tercer lugar, no establece una distinción clara entre "buenos" y "malos": el lector ve y entiende las justificaciones y las motivaciones del Consejo, de los Súper, del hogar de Nuevo México... Y aunque conceptos tales como las asociaciones de ideas y la complejidad de las cadenas dificultan en parte el disfrute, el desenlace es brillante, intenso y, una vez más, reflexivo. Porque al fin y al cabo el lector llega por sí mismo a la principal conclusión que a mi modo de ver intenta poner de manifiesto la autora: que la búsqueda de excelencia en la humanidad no es compatible con la igualdad entre los hombres. En su universo, al menos. No sale España
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