Prosigo con la entrada que les traigo hoy con mi nuevo recorrido en orden cronológico por algunas de las sagas más importantes de la ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Avanzamos en el tiempo y nos situamos a finales del siglo pasado. Más concretamente en 1999, que fue cuando vio la luz "Un Abismo en el Cielo", la multipremiada novela del escritor estadounidense recientemente fallecido Vernor Vinge. Y que como su título ya anticipa al incorporar la palabra "abismo", forma parte de la saga de las Zonas de Pensamiento, junto con la también multipremiada "Un Fuego sobre el Abismo" (1992), que ya reseñé en su momento aquí. Y junto con la inédita para el lector en español "The Children of the Sky" (2011). En el caso de la novela que les traigo hoy, pese a publicarse casi siete años más tarde, en realidad se trata de una precuela de su predecesora, pues su acción se sitúa veinte mil años antes. Aunque indudablemente forman parte de la misma serie, pues comparte con aquella el mismo universo coherente, las mismas Zonas de Pensamiento ("Un Abismo en el Cielo" transcurre en la "zona lenta"), y uno de sus personajes principales. LA de hoy es una novela fastuosa que traslada a la humanidad miles de años en el futuro, y que actualiza temas clásicos en la ciencia-ficción como el primer contacto con una civilización alienígena inteligente o la tradicional space opera a escala interplanetaria. Sirviéndose para ello de un pujante y esmerado elemento científico, unas especulaciones de hondo calado, y mucho espacio para desarrollar su creación.
Porque lo primero que llama la atención del libro es su gran extensión (más de setecientas páginas con un tipo de letra bastante pequeño). Un hecho que constituye a la vez una virtud y un defecto. Virtud porque Vinge puede gracias a la misma desarrollar a fondo todo lo que ha concebido su prolija imaginación, casi al extremo de crear una obra coral. Pero también defecto porque se vuelve por momentos una novela difícil de leer, de ésas en las que cuesta retener lo que se nos va narrando, y que a veces hace al lector plantearse si tanto detalle será en realidad relevante para la trama. En particular, el comienzo es un tanto desalentador: la novela carece de un más que conveniente índice de personajes y lugares, por lo que es el lector quien, mediante inmersión pura y dura, debe ir creándose su propia composición de lugar, tratando de expandir miras a partir de los hechos puntuales que se van narrando.
Pero si se trata de un lector habitual del género, y mejor aún si ya ha lidiado con las dificultades que presentan otras novelas de Vinge, probablemente saldrá airoso del reto, y poco a poco empezará a disfrutar con la lectura. Sobre todo de una tercera parte comedida en extensión en comparación con las dos anteriores, y donde los actos de las tres facciones (las dos humanas, Queng Ho y Emergentes, y las Arañas alienígenas) irán interrelacionándose y convergiendo hasta alcanzar el clímax en un desenalace trepidante, que sin duda fue uno de los pilares que sustentaron los galardones que recibió el libro. Y es que la novela encierra prácticamente todo lo que se le pide al género: sentido de la maravilla, ciencia y tecnología a raudales, reflexiones abundantes y profundas, episodios de aventuras, intrigas... hasta pasajes de amor y desamor desfilan por sus páginas.
Pese a tratarse de una novela tan grandilocuente incluso dentro de la literatura de ciencia-ficción, curiosamente el mayor acierto del libro es en mi opinión su caracterización de los personajes. En especial de los alienígenas, relativamente pocos pero muy bien escogidos, y "humanos" dentro de su condición de extraterrestres. Y particularmente, de Sherkaner Underhill, una auténtica maravilla, el genio que contribuyó decisivamente al veloz desarrollo tecnológico de su planeta. Aunque otros como Victory Smith o Hrunkner Unnerby no le andan a la zaga. Pero es que en el lado humano, pese al mayor tamaño del elenco, Vinge también sale airoso del reto con personajes poliédricos como el que se supone que es el protagonista absoluto de la saga (Pham Nuwen), Ezr Vinh, Qiwi Lisolet o Ritser Brugel, el Vicecaudillo de Hábitat que quizá sea el más logrado de todos ellos.
Otros aciertos incuestionables de la novela son las profusas y hondas especulaciones (citemos entre otras los ciclos que atrevesarían las civilizaciones planetarias, las dificultades y los riesgos del comercio interestelar, los obstáculos físicos que impedirían a la humanidad consolidarse como especie en la galaxia, la complejidad de los programas informáticos acumulados durante mienios, o las posibilidades que abriría una técnica como el "Enfoque"); la recreación de las tres culturas presentadas; la gradual evolución de la civilización de los arácnidos; la forma en que la singularidad de la estrella On/Off ha modelado no sólo la vida en el planeta Arachna, sino también su cultura y costumbres; y ciertos pasajes realmente disfrutables, como todo lo relativo a la emisión del programa "La hora de la ciencia para niños", o cómo se desencadenan los acontecimientos cuando Smith visita Meridional y Brugel desciende al planeta al frente de la Mano Oscura.
Por desgracia, la producción de Vinge también tiene su lado oscuro, y en esta novela también se deja ver. Ante todo en sus ya conocidas limitaciones como narrador: no es un escritor hábil a la hora de mantener el ritmo narrativo, por lo que, especialmente en su segunda parte, abundan los pasajes menores y los capítulos en los que escasean los acontecimientos (si bien algunos de esos detalles Vinge se acordará de recuperarlos cientos de páginas más adelante). También nos topamos con ciertas redundancias en su prosa, que con frecuencia resulta un tanto imprecisa. Además, cuando el ritmo narrativo aumenta, tiende a volverse confusa, tanto que sólo en páginas posteriores el lector terminará de comprender lo que había sucedido realmente. Y tampoco ayuda una traducción repleta de errores (tiempos verbales incorrectos, conjugación del verbo haber, términos y clichés mal traducidos...).
Entre los defectos específicos de esta novela, el más relevante me parece el manido truco con el que Vinge engaña hasta el final al lector, no dejándole caer siquiera las interacciones bajo cuerda entre Trixia y Underhill que suceden durante mucho y tiempo y que terminarán condicionando el desenlace del conflicto. Por otra parte, las tres intrahistorias en las que nos relata el traumático pasado de Pham Nuwen me parecen más una concesión a la crítica literaria que unas páginas relevantes para la trama. En otro orden de cosas, la analogía entre la evolución de la sociedad araña y la de la sociedad de nuestro planeta en el siglo XX tal vez sea excesiva. Como me parece excesiva la precisión y la efectividad que Vinge pretende conferirle a la técnica del "Enfoque", teniendo en cuenta las complejidades que presenta la manipulación del cerebro humano. Y, aunque esto tal vez sea cuestión de gustos, creo que Vinge erró al conferir tanto a o más relevancia a los sucesos en L1 que en Arachna, cuando era ahí donde residía el auténtico filón de la novela.
Todo el tramo final, con su brillante desenlace presentado desde múltiples y complementarias perspectivas, un evidente esfuerzo por atar cabos, y un loable epílogo, mejora la impresión final que nos deja el libro. Al mismo tiempo que, a mi modo de ver, deja conscientemente abiertas varias puertas para una continuación que Vinge aparentaba tener en mente, pero que nunca llegó a escribir. Una lástima viendo todo lo que consiguió con esta monumental obra.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
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martes, 31 de diciembre de 2024
sábado, 23 de diciembre de 2023
"Un fuego sobre el abismo" (1992). Vernor Vinge
Con la entrada que hoy les traigo avanzo en mi recorrido por los autores y las obras de cabecera de la ciencia-ficción dura. Seguimos en los años noventa, que fue cuando se publicó "Un fuego sobre el abismo", del estadounidense Vernor Vinge. Quien sin duda es uno de los escritores de referencia cuando se habla de este apasionante subgénero. Si bien debo advertirles que la novela que hoy les traigo no es la "más dura" de su producción. Ese adjetivo aplica de manera más natural a sus dos novelas de la "Saga de las Burbujas" ("La guerra de la paz" (1984), y "Naufragio en tiempo real" (1986)), pero dado que ya reseñé ambos títulos en su momento, he aprovechado para traerles por aquí otra de sus obras más reconocidas, a la vez que "lo suficientemente científica" como para formar parte de esta lista. Galardonada ex aequo con el Premio Hugo de 1993, se trata de una novela relativamente entrañable para lo que cabría esperar en Vinge. Con un dinamismo razonable a pesar de su notable extensión y sus múltiples líneas narrativas, un componente científico menos patente que en otras obras suyas (pero tremendamente ambicioso), y buenos hallazgos creativos, como la singular morfología de los "púas".
Toda la novela se encuentra condicionada por la decisión del autor (sin base científica pero científicamente desarrollada una vez presentada) de dividir la Vía Láctea en varias "zonas de pensamiento", más evolucionadas cuanto más alejadas del núcleo galáctico, y cada una de ellas con leyes físicas particulares. El esquema que Vinge sitúa al comienzo del libro permite al lector familiarizarse con unos términos y conceptos que no son sencillos (y que justifican la adscripción de la novela al subgénero de la ciencia-ficción dura), pero sí claves para comprender toda la narración posterior. Y que de paso le permiten soslayar el conocido concepto de "singularidad tecnológica", recurriendo para ello al apenas esbozado Trascenso como lugar donde moran las especies más inteligentes.
La novela aprovecha la indudable riqueza de este marco escénico para proponer una riqueza similar de especies inteligentes habitándolo (sofontes, en la terminología del libro). Entre las que los seres humanos del futuro constituyen sólo una pequeña parte. Escroditas como Vaina Azul y Tallo Verde, dirokimes como Tirolle y Glimfrelle, y sobre todo los "púas", esas manadas de perros con cuello largo e inteligencia coral que conforman una cautivadora sociedad medieval (en la que transcurre el grueso de la historia), reflejan la magnitud de la creación de Vinge, y le proporcionan los mimbres para urdir una trama que, en un análisis simplista, podríamos identificar como space-opera (con sus buenos y sus malos, sus pasiones y odios, sus batallas espaciales...), aunque en realidad funciona también a otros niveles. Como el especulativo; no sólo en lo relativo al futuro de la humanidad, sino también en lo concerniente a las capacidades de los púas, derivadas de su condición de seres con capacidades telepáticas y mentes grupales.
De tal forma que conforme avanzan los capítulos el narrador omniscente va repartiendo su atención entre nada menos que hasta cuatro líneas narrativas . Algo siempre complejo de realizar y que puede poner en riesgo la atención permanente del lector. En general Vinge sale airoso de esta complejidad literaria, pero lo cierto es que las dos líneas narrativas de los púas (la de los reductores y la de los tallamaderas) me parecieron más interesantes que el resto. Y ello a pesar de que la bibliotecaria Ravna Bergsndot y el humano Pham Nuwen (reconstruido por el Poder denominado Antiguo), con sus fricciones y su singular relación amorosa, parecían destinados a convertirse en la pareja protagonista de la historia. Pero ni las motivaciones ni los sentimientos de ninguno de los dos están especialmente bien capturados, y al final resulta que, en proporción, púas como Errabundo, Tallamadera, Acero o Tyrathect aparecen mejor caracterizados.
Esta discreta caracterización de los personajes humanos, y el menor atractivo de su línea narrativa, vienen acompañados por otros defectos perceptibles que le restan algo de brillo al resultado final. Tal es el caso de la sociedad medieval de los púas, indudablemente demasiado similar a la humana. O de la Red que permite las comunicaciones interestelares: útil para que Vinge amplíe la difusión de su creación y las especulaciones sobre los acontecimientos que va presentando, pero cuestionable tecnológicamente, y con frecuencia una innecesaria interrupción del ritmo narrativo. El cual, por otra parte, consigue solamente alcanzar el justo para que la lectura no se haga pesada, pero con el debe de una cierta falta de emoción. Además, apenas se nos ofrecen unas breves pinceladas de la repecursión de la Perversión en otras civilizaciones. Y las razones tras la evidente maldad de unos Poderes que, precisamente por haber trascendido, deberían preocuparse muy poco por lo que pueda ocurrir en el Allá, continúan siendo una incógnita al finalizar la lectura.
A cambio, el autor consigue dotar de coherencia y de una sensación de verosimilitud a cuanto narra en la vastedad de la galaxia. Y el desenlace está muy bien resuelto: sin premura, con profundidad, integrando los distintos puntos de vista, haciendo converger las diferentes facciones, y alcanzando un clímax convincente. Si a ello le sumamos un epílogo que termina de explicar lo acontecido y reduce el número de cabos sueltos, entenderemos que la impresión final de la lectura sea claramente favorable. Aunque, a mi modo de ver, sin alcanzar la condición de clásico.
Toda la novela se encuentra condicionada por la decisión del autor (sin base científica pero científicamente desarrollada una vez presentada) de dividir la Vía Láctea en varias "zonas de pensamiento", más evolucionadas cuanto más alejadas del núcleo galáctico, y cada una de ellas con leyes físicas particulares. El esquema que Vinge sitúa al comienzo del libro permite al lector familiarizarse con unos términos y conceptos que no son sencillos (y que justifican la adscripción de la novela al subgénero de la ciencia-ficción dura), pero sí claves para comprender toda la narración posterior. Y que de paso le permiten soslayar el conocido concepto de "singularidad tecnológica", recurriendo para ello al apenas esbozado Trascenso como lugar donde moran las especies más inteligentes.
La novela aprovecha la indudable riqueza de este marco escénico para proponer una riqueza similar de especies inteligentes habitándolo (sofontes, en la terminología del libro). Entre las que los seres humanos del futuro constituyen sólo una pequeña parte. Escroditas como Vaina Azul y Tallo Verde, dirokimes como Tirolle y Glimfrelle, y sobre todo los "púas", esas manadas de perros con cuello largo e inteligencia coral que conforman una cautivadora sociedad medieval (en la que transcurre el grueso de la historia), reflejan la magnitud de la creación de Vinge, y le proporcionan los mimbres para urdir una trama que, en un análisis simplista, podríamos identificar como space-opera (con sus buenos y sus malos, sus pasiones y odios, sus batallas espaciales...), aunque en realidad funciona también a otros niveles. Como el especulativo; no sólo en lo relativo al futuro de la humanidad, sino también en lo concerniente a las capacidades de los púas, derivadas de su condición de seres con capacidades telepáticas y mentes grupales.
De tal forma que conforme avanzan los capítulos el narrador omniscente va repartiendo su atención entre nada menos que hasta cuatro líneas narrativas . Algo siempre complejo de realizar y que puede poner en riesgo la atención permanente del lector. En general Vinge sale airoso de esta complejidad literaria, pero lo cierto es que las dos líneas narrativas de los púas (la de los reductores y la de los tallamaderas) me parecieron más interesantes que el resto. Y ello a pesar de que la bibliotecaria Ravna Bergsndot y el humano Pham Nuwen (reconstruido por el Poder denominado Antiguo), con sus fricciones y su singular relación amorosa, parecían destinados a convertirse en la pareja protagonista de la historia. Pero ni las motivaciones ni los sentimientos de ninguno de los dos están especialmente bien capturados, y al final resulta que, en proporción, púas como Errabundo, Tallamadera, Acero o Tyrathect aparecen mejor caracterizados.
Esta discreta caracterización de los personajes humanos, y el menor atractivo de su línea narrativa, vienen acompañados por otros defectos perceptibles que le restan algo de brillo al resultado final. Tal es el caso de la sociedad medieval de los púas, indudablemente demasiado similar a la humana. O de la Red que permite las comunicaciones interestelares: útil para que Vinge amplíe la difusión de su creación y las especulaciones sobre los acontecimientos que va presentando, pero cuestionable tecnológicamente, y con frecuencia una innecesaria interrupción del ritmo narrativo. El cual, por otra parte, consigue solamente alcanzar el justo para que la lectura no se haga pesada, pero con el debe de una cierta falta de emoción. Además, apenas se nos ofrecen unas breves pinceladas de la repecursión de la Perversión en otras civilizaciones. Y las razones tras la evidente maldad de unos Poderes que, precisamente por haber trascendido, deberían preocuparse muy poco por lo que pueda ocurrir en el Allá, continúan siendo una incógnita al finalizar la lectura.
A cambio, el autor consigue dotar de coherencia y de una sensación de verosimilitud a cuanto narra en la vastedad de la galaxia. Y el desenlace está muy bien resuelto: sin premura, con profundidad, integrando los distintos puntos de vista, haciendo converger las diferentes facciones, y alcanzando un clímax convincente. Si a ello le sumamos un epílogo que termina de explicar lo acontecido y reduce el número de cabos sueltos, entenderemos que la impresión final de la lectura sea claramente favorable. Aunque, a mi modo de ver, sin alcanzar la condición de clásico.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Naufragio en el tiempo real (1986). Vernor Vinge
Una entrada más continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad voy a reseñar "Naufragio en el tiempo real", segunda y última de las novelas que conforman la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una novela que, como ya anticipé al reseñar la primera novela de la saga ("La guerra de la paz") es claramente superior a su predecesora, y mucho más recomendable. Aunque de nuevo su coherencia y maestría argumental superan tanto a su claridad expositiva como a su perfección literaria.
En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).
Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.
Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.
En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.
En esta novela Vinge nos desplaza nada menos que cincuenta millones de años en el futuro, postulando que es entonces cuando los pocos humanos encerrados en los campos de estasis generados por las burbujas y que por tanto sobrevivieron a la singularidad tecnológica en el siglo XXIII emprenden gradualmente la reconstrucción de una sociedad viable. A pesar del desplazamiento temporal y de poderse leer como novela independiente, Vinge mantiene, junto a las propias burbujas, a una de las principales protagonistas de la novela anterior (Della Lu). Que en esta ocasión comparte protagonismo con Yelén Korolev, instigadora de la reconstrucción y Wil Brierson, encargado de investigar la desaparación de la hermana de Yelén, Marta (y por tanto de otorgar un componente policiaco a la novela).
Al igual que sucedió en "La guerra de la paz", el comienzo es dificultoso: el lector tarda en situar geográficamente la acción, en asimilar muchas de las facciones presentadas (tecno-min, tecno-max, Nuevo México), y en general en ponerse en situación con un panorama tan desplazado en el tiempo y unos saltos temporales tan grandes. Aunque afortunadamente en esta novela todos los capítulos sí que siguen una misma línea narrativa, por lo que con un poco de buena voluntad puede comprenderse lo que va sucediendo. Así, se van descubriendo los numerosos artilugios característicos del lejano futuro ideado por Vinge, se van conociendo algunos de los personajes creados (aunque no todos estén bien delineados, puesto que es fácil confundir a Jason Mudge con Chanson o a Philippe Genet con Tung Blumenthal), se va asimilando la complejidad de los saltos temporales y se van postulando diversas hipótesis que podrían justificar la singularidad tecnológica. Todo ello permite el disfrute de la novela.
Las partes más recomendables de la novela son en mi opinión las del diario de Marta Korolev: los cuarenta años encerrados en sus páginas reflejan con habilidad la soledad que vivió al quedar fuera de las áreas protegidas durante un emburbujamiento, lo agreste del terreno que recorre, la aventura continua... Por otra parte, el intento de combinar ciencia-ficción hard con una novela detectivesca es loable y parte de un elemento científico bien trabajado, pero no se terminan de perfilar las hipótesis ni las pesquisas que permitan que la novela gire convenientemente en torno al misterio. Merece la pena reseñar también las luchas entabladas por las distintas facciones (reflejadas con acierto en el episodio del picnic), lo elaboradas que están las dos protagonistas femeninas: Della, fría y capaz, y Yelén, autoritaria pero sensible en lo más hondo de su interior, y la especulación sobre la necesidad de algunos humanos de conquistar a toda costa el liderazgo de un grupo.
En el debe de la novela se sitúan las descripciones, más que nada por su ausencia o su falta de precisión. Tampoco me gustaron la complejidad de roles y personajes a los que necesita recurrir Vinge: la obra requiere una lectura muy atenta y de varios capítulos diarios para no perderse en el maremágnum argumental, lo que no siempre es factible. Y el final recae en la ambigüedad: está muy bien concebido argumentalmente, pero el desenmascaramiento de los culpables en el anfiteatro no termina de cautivar, y el pretendido emparejamiento entre Wil y Della, claramente buscando el idílico "final feliz", resulta algo forzado.
sábado, 29 de noviembre de 2014
La guerra de la paz (1984). Vernor Vinge
Una entrada más sigo reseñando las novelas que recomiendo leer de las sagas de ciencia-ficción más importantes disponibles en español. En esta ocasión le ha llegado el turno a "La guerra de la paz", primera de las novelas de la saga de las burbujas, del estadounidense Vernor Vinge. Una saga que está compuesta por las siguientes novelas:
La guerra de la paz (1984)
Naufragio en el tiempo real (1986)
Debo empezar reconociendo que Vernor Vinge no es uno de mis escritores favoritos, como ya dejé patente al incluir su novela "Al final del arco iris" dentro de mi lista de 15 novelas decepcionantes. A pesar de lo cual pienso que "Naufragio en el tiempo real" es una novela que merece la pena ser leída. Y, claro, no voy a reseñar la secuela sin reseñar antes la novela que dio lugar a la saga, "La guerra de la paz", aunque en mi opinión no esté a la misma altura. Porque a pesar de partir de una excelente idea y un no menos brillante argumento, Vinge no logró con la novela con la que dio a conocer esta saga crear una excelente novela.
La primera evidencia de lo que comento es que el comienzo es desalentador: los saltos de acción (flashbacks y flashforwards) con los que Vinge nos intenta introducir en materia son excesivamente confusos; de hecho, una lectura de los mismos una vez finalizado el libro puede contribuir a clarificar lo que posteriormente se ha relatado en la novela, lo cual no ensalza el talento como narrador del autor. Además, los capítulos "ordinarios" son excesivamete lentos y meticulosos: muchos detalles se recalcan en exceso (el afán de Wili Wáchendon por robar, la reunión de los Quincalleros, el Celeste...) y en cambio faltan las explicaciones más elementales para terminarnos de poner en situación. Por ejemplo, es complicado que el lector logre saber qué son los Jonques, los Ndelante, Aztlán, Livermore; ni siquiera se explica la transición en el apellido del protagonista, de Paul Hoehler a Naismith. No obstante, estos capítulos se sobrellevan gracias al atractivo panorama que conforma el siglo XXI presentado por Vinge, con su sabia combinación de tecnología (encabezada por las burbujas que dan nombre a la saga, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables y cuyas propiedades dan lugar a efectos secundarios desconocidos) y arcaismo (prevalencia del machismo).
Afortunamente, dado que se trata de una novela larga (casi 400 páginas con un tipo de letra bastante pequeño), da tiempo a que el lector acabe por comprender la situación. Cuando eso sucede y es capaz de anticipar qué puede deparar la lectura, la novela mejora mucho, pero aún presenta varios puntos débiles. En especial, lo muy embarulladas que resultan las descripciones, ya sea para presentarnos un lugar, relatar unos acontecimientos o simplemente interrelacionar pasado y presente. Pero la historia, tanto especulativamente como en su desarrollo, es buena, y poco a poco se va imponiendo a este defecto, de suerte que cuando la lectura ya está bastante avanzada el lector finalmente "intima" con los personajes y disfruta con lo que va sucendiendo. Es entonces cuando se ponen de manifiesto las mayores virtues de la novela: las acciones, intrigas y especulaciones que realizan los dos bandos enfrentados por el autor, y el antagonismo Willi Wáchendon/Della Lu, quienes van previniendo y contrarrestando capítulo a capítulo las acciones el otro, obligándoles a rizar el rizo pero sin perder el control de la situación.
El desenlace juega con el efecto del fracaso de los propósitos de las guerrillas y del paradójico éxito en la consecución de sus objetivos. Raya a muy buen nivel, y mejora la impresión del conjunto de la novela, dejando además claramente abierta la puerta a una secuela. La cual reseñaré en mi siguiente entrada de este humilde blog.
La guerra de la paz (1984)
Naufragio en el tiempo real (1986)
Debo empezar reconociendo que Vernor Vinge no es uno de mis escritores favoritos, como ya dejé patente al incluir su novela "Al final del arco iris" dentro de mi lista de 15 novelas decepcionantes. A pesar de lo cual pienso que "Naufragio en el tiempo real" es una novela que merece la pena ser leída. Y, claro, no voy a reseñar la secuela sin reseñar antes la novela que dio lugar a la saga, "La guerra de la paz", aunque en mi opinión no esté a la misma altura. Porque a pesar de partir de una excelente idea y un no menos brillante argumento, Vinge no logró con la novela con la que dio a conocer esta saga crear una excelente novela.
La primera evidencia de lo que comento es que el comienzo es desalentador: los saltos de acción (flashbacks y flashforwards) con los que Vinge nos intenta introducir en materia son excesivamente confusos; de hecho, una lectura de los mismos una vez finalizado el libro puede contribuir a clarificar lo que posteriormente se ha relatado en la novela, lo cual no ensalza el talento como narrador del autor. Además, los capítulos "ordinarios" son excesivamete lentos y meticulosos: muchos detalles se recalcan en exceso (el afán de Wili Wáchendon por robar, la reunión de los Quincalleros, el Celeste...) y en cambio faltan las explicaciones más elementales para terminarnos de poner en situación. Por ejemplo, es complicado que el lector logre saber qué son los Jonques, los Ndelante, Aztlán, Livermore; ni siquiera se explica la transición en el apellido del protagonista, de Paul Hoehler a Naismith. No obstante, estos capítulos se sobrellevan gracias al atractivo panorama que conforma el siglo XXI presentado por Vinge, con su sabia combinación de tecnología (encabezada por las burbujas que dan nombre a la saga, unos campos de fuerza esféricos completamente infranqueables y cuyas propiedades dan lugar a efectos secundarios desconocidos) y arcaismo (prevalencia del machismo).
Afortunamente, dado que se trata de una novela larga (casi 400 páginas con un tipo de letra bastante pequeño), da tiempo a que el lector acabe por comprender la situación. Cuando eso sucede y es capaz de anticipar qué puede deparar la lectura, la novela mejora mucho, pero aún presenta varios puntos débiles. En especial, lo muy embarulladas que resultan las descripciones, ya sea para presentarnos un lugar, relatar unos acontecimientos o simplemente interrelacionar pasado y presente. Pero la historia, tanto especulativamente como en su desarrollo, es buena, y poco a poco se va imponiendo a este defecto, de suerte que cuando la lectura ya está bastante avanzada el lector finalmente "intima" con los personajes y disfruta con lo que va sucendiendo. Es entonces cuando se ponen de manifiesto las mayores virtues de la novela: las acciones, intrigas y especulaciones que realizan los dos bandos enfrentados por el autor, y el antagonismo Willi Wáchendon/Della Lu, quienes van previniendo y contrarrestando capítulo a capítulo las acciones el otro, obligándoles a rizar el rizo pero sin perder el control de la situación.
El desenlace juega con el efecto del fracaso de los propósitos de las guerrillas y del paradójico éxito en la consecución de sus objetivos. Raya a muy buen nivel, y mejora la impresión del conjunto de la novela, dejando además claramente abierta la puerta a una secuela. La cual reseñaré en mi siguiente entrada de este humilde blog.
domingo, 21 de abril de 2013
Al final del arco iris (2006). Vernor Vinge
El siguiente título en mi lista de novelas decepcionantes es "Al final del arco iris", del estadounidense Vernor Vinge. Estuve tentado de seleccionar alguna otra novela suya para esta lista, pues debo reconocer que a pesar de tratarse de un escritor poco prolífico había varias candidatas. Pero opté por esta porque, por razones para mí totalmente incomprensibles, se alzó con el Premio Hugo del año 2007. Y es que, a pesar de que Vinge tiene todo a favor para formar parte de mi elenco de escritores favoritos (científico profesional, tramas de aventuras, sólido conocimiento del género, toques hard), siempre me sucede lo mismo con sus novelas: por mucho que las ensalce Miquel Barceló, o por muchos premios que reciban, a mí me decepcionan inevitablemente. Pero con "Al final del Arco iris" (de manera más acentuada que por ejemplo con "La guerra de la paz" o "Naufragio en el tiempo real") me aburrí con frecuencia, y a menudo tuve que resistir la tentación de abandonar la lectura.
Y es que el concepto de Epifanía (una informática vestible que permite a los jóvenes de nuestro futuro cercano crear unas realidades paralelas sólo visible con unas lentillas especiales y perceptibles sólo con ropa especialmente diseñada para ello) puede ser original y hasta premonitorio, pero desde mi punto de vista nunca puede ser el pilar sobre el que se sustente una novela de nada menos que 400 páginas. Y menos aún cuando toda la trama se antoja poco más que una mera excusa para que Vinge exhiba todos sus gadgets e inserte todas sus reflexiones (en especial sobre la Singularidad Tecnológica, según la cual la creación de inteligencias artificiales más capaces que las humanas, y su posterior evolución conduciría a una "singularidad" en el desarrollo tecnológico, de consecuencias inimaginables). Puede que la humanidad se esté encaminando hacia eso, pero para eso hubiera sido mejor que escribiera un ensayo, la verdad.
Porque no hay más que fijarse en el elenco de personajes, más propio en mi opinión de un cómic de fantasía: Robert Gu, el protagonista absoluto, es un anciano que padecía Alzheimer, recibió un tratamiento experimental al borde de la muerte que lo recuperó (de manera poco convincente) no sólo mentalmente sino con un cuerpo rejuvenecido y un aspecto preadolescente; el Señor Conejo (una especie de hacker social y superespía internacional de trazos netamente infantiles); la repelente adolescente Miri, y un grupo auxiliar realmente naif: Alfred, Winston, Keiko... Personajes directamente planos, cuando no inconsistentes o, peor aún, increíbles. Y con motivaciones poco comprensibles, de suerte que el lector nunca tiene claro hacia dónde se dirige la novela, ni, lo que es peor, la razón para pasar las páginas.
Así que todo confluye en un supuesto complot de alcance mundial que en realidad queda reducido al enfrentamiento en la biblioteca de la universidad de San Diego (la “secuenciación” destructiva de las bibliotecas está en el núcleo del conflicto virtual ideado por Vinge): un inverosímil combate entre los "Hacek" y los "Scoochis", adornado con las intrigas de un grupo de bibliotecarios y los autoengaños (si llegan a leer la novela me entenderán) de Alfred. Y encima con una técnica literaria discutible, rica en vulgarismos, de escasa profundidad y carente de cualquier detalle de calidad.
En suma, poco más de una enumeración del estado del arte de internet y un puñado de ideas que puede que en treinta años logren que esta obra se convierta en un referente por todo lo que anticipó (al estilo de la también decepcionante Neuromante). Pero hasta entonces, mi consejo es que se ahorren su lectura.
Y es que el concepto de Epifanía (una informática vestible que permite a los jóvenes de nuestro futuro cercano crear unas realidades paralelas sólo visible con unas lentillas especiales y perceptibles sólo con ropa especialmente diseñada para ello) puede ser original y hasta premonitorio, pero desde mi punto de vista nunca puede ser el pilar sobre el que se sustente una novela de nada menos que 400 páginas. Y menos aún cuando toda la trama se antoja poco más que una mera excusa para que Vinge exhiba todos sus gadgets e inserte todas sus reflexiones (en especial sobre la Singularidad Tecnológica, según la cual la creación de inteligencias artificiales más capaces que las humanas, y su posterior evolución conduciría a una "singularidad" en el desarrollo tecnológico, de consecuencias inimaginables). Puede que la humanidad se esté encaminando hacia eso, pero para eso hubiera sido mejor que escribiera un ensayo, la verdad.
Porque no hay más que fijarse en el elenco de personajes, más propio en mi opinión de un cómic de fantasía: Robert Gu, el protagonista absoluto, es un anciano que padecía Alzheimer, recibió un tratamiento experimental al borde de la muerte que lo recuperó (de manera poco convincente) no sólo mentalmente sino con un cuerpo rejuvenecido y un aspecto preadolescente; el Señor Conejo (una especie de hacker social y superespía internacional de trazos netamente infantiles); la repelente adolescente Miri, y un grupo auxiliar realmente naif: Alfred, Winston, Keiko... Personajes directamente planos, cuando no inconsistentes o, peor aún, increíbles. Y con motivaciones poco comprensibles, de suerte que el lector nunca tiene claro hacia dónde se dirige la novela, ni, lo que es peor, la razón para pasar las páginas.
Así que todo confluye en un supuesto complot de alcance mundial que en realidad queda reducido al enfrentamiento en la biblioteca de la universidad de San Diego (la “secuenciación” destructiva de las bibliotecas está en el núcleo del conflicto virtual ideado por Vinge): un inverosímil combate entre los "Hacek" y los "Scoochis", adornado con las intrigas de un grupo de bibliotecarios y los autoengaños (si llegan a leer la novela me entenderán) de Alfred. Y encima con una técnica literaria discutible, rica en vulgarismos, de escasa profundidad y carente de cualquier detalle de calidad.
En suma, poco más de una enumeración del estado del arte de internet y un puñado de ideas que puede que en treinta años logren que esta obra se convierta en un referente por todo lo que anticipó (al estilo de la también decepcionante Neuromante). Pero hasta entonces, mi consejo es que se ahorren su lectura.
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