domingo, 12 de julio de 2015

Las brigadas fantasma (2006). John Scalzi

Una nueva entrada continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción. Les recuerdo que estoy reseñando la última de las sagas que recomiendo: la saga de La vieja guardia, del estadounidense John Scalzi. En concreto hoy voy a reseñar "Las brigadas fantasma", segundo volumen en orden cronólogico y de lectura de la saga. Una continuación que funciona al margen de la primera novela, y que lejos de limitarse a explotar los hallazgos de aquella como habría sido de esperar, los amplía sabiamente para conseguir un resultado más satisfactorio. Tanto que para mí se trata indiscutiblemente de la mejor novela de la saga.

Y es que el libro no sigue lo que podríamos denominar a estas alturas las "líneas maestras" de una secuela (mismo entorno, explotación de situaciones que no habían sido consideradas en el original, reúso de la estructura...), sino que introduce dos nuevos elementos muy acertados: por un lado, la transferencia de conciencias (una idea muy válida aunque copiada de Nick Sagan); y por otro, una trama completa durante toda la extensión de la novela. Así, mientras que en "La vieja guardia" John Perry intervenía en una serie de batallas más o menos inconexas, en "Las brigadas fantasma" la transferencia de conciencias da lugar a una única línea argumental, sobre la base de una conspiración de tres razas alienígenas (eneshanos, raey y consu) contra la Unión Colonial, y con el fallido experimento de Jared Dirac como elemento determinante, a la vez que protagonista absoluto.

Ahora bien, que la novela esté dotada de una trama completa no significa que Scalzi renuncie a mostrarnos el proceso de instrucción de un soldado de las secretas Fuerzas Especiales (como hizo en la primera novela con las Fuerzas de Defensa Coloniales), ni que recurra a un par de episodios bélicos aislados para lograr la caracterización completa de Dirac y al mismo tiempo erosionar la alianza alienígena. Pero lo hace con mesura, sin perder de vista a dónde quiere llevar la novela, y presentando detalles que le permitirán en último término crear un desenlace más completo.

A pesar del proceso de formación y la posterior fractura de la alianza alienígena narrado en la primera mitad de la novela, es la segunda parte la que verdaderamente merece la pena: con la situación ya convenientemente planteada, los hechos y las motivaciones de cada parte se van revelando gradualmente, con un ritmo muy alto y una intensidad constante, hasta que todo converge en el desenlace en la Luna Arist. A su habitual estilo directo y socarrón, heredero directo del maestro Robert A. Heinlein, Scalzi añade esta vez la yuxtaposición de conversaciones que caracterizaba al mejor Isaac Asimov (especialmente entre Dirac y el científico creador de las conciencias de los obin, Charles Boutin). Todo ello para asegurar el disfrute del lector de ciencia-ficción clásica, sin retorcimientos, vanaglorias ni episodios adyacentes que únicamente alarguen la extensión del libro sin aportarle nada a cambio.

Ahora bien, no todo es perfecto en "Las brigadas fantasma". Por ejemplo, Scalzi sigue desaprovechando oportunidades de su universo al presentarnos las distintas especies y su historia y conflictos justo en el momento en el que van a intervenir las Fuerzas Especiales, lo que impide dimensionar y comprender mejor conceptos como el del Cónclave y el Contracónclave. Además, presenta a unos series humanos (los gamoranos) excesivamente inverosímiles. Tampoco consigue en esta entrega dotar a la novela de la profundidad suficiente, lo que la acerca por momentos al mero entretenimiento. Y, como ya sucediera en "La vieja guardia", abusa de barbarismos innecesarios y se regodea en ocasiones en la violencia extrema (Daniel Harvey es el mejor ejemplo).

No puedo terminar esta reseña sin mencionar el excelente final. Aunque el elemento científico está muy cuidado en toda la novela, la contraposición de virus y troyanos como armas definitivas en el desenlace es genial. Eso y la inteligencia de Scalzi le permiten concluir la historia sin dejar ni un cabo suelto, lo que contribuye a mejorar la ya de por sí favorable impresión global.

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