domingo, 18 de marzo de 2012

Estación de tránsito (1963). Clifford D. Simak



Nos encontramos ante otra de las novelas de esta lista que con seguridad forma parte de la lista de novelas personalísimamente favoritas de otros muchos aficionados al género. Premio Hugo de 1963, "Estación de tránsito" es la obra cumbre de Clifford D. Simak, un escritor estadounidense caracterizado por su ciencia-ficción humanista, ecologista, emotiva y optimista respecto al futuro de la humanidad. Valores menospreciados por algunos críticos que sin duda prefieren ignorar la dificultad de defender estos conceptos en un género tan tecnológico y especulativo como éste. Pero que la novela que les presento hoy demuestra que pueden incorporarse perfectamente al mismo.

De hecho, su protagonista absoluto es Enoch Wallace, a quien en apariencia podríamos confundir con un solitario granjero de una granja cualquiera en Wisconsin, pero que en realidad resulta ser un veterano de la guerra civil estadounidense a quien los alienígenas de una compleja civilización galáctica han otorgado el don de la inmortalidad, con el propósito de administrar una estación de tránsito para viajes interplanetarios. Wallace resulta ser durante un siglo el único ser humano que conoce la existencia de dichos alienígenas, hasta que las investigaciones del gobierno de los Estados Unidos ponen en peligro dicha estación.

Simak proporciona en esta novela una estupenda visión de la Humanidad en su conjunto, con una habilidad narrativa incontestable: pese a mostrarnos una civilización alienígena, al localizar la acción en el planeta Tierra logra no sólo un mayor realismo, sino también una mayor solidez psicológica y moral de sus personajes. Con lo cual la obra es a ratos, deliciosa; otras veces, poética; otras, detallista hasta en el elemento científico.

Quizá el único defecto en una novela tan redonda sea cierta falta de dramatismo en el tramo final y de consistencia en el desenlace, cuando llega el momento de desentrañar la ligazón entre las diferentes líneas narrativas. Pero indudablemente se trata de un libro que consigue eliminar una de las mayores dificultades de la ciencia-ficción: la superficialidad de los valores en beneficio de una mayor carga especulativa.

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