domingo, 16 de enero de 2022

"Espacio relevación" (2000). Alastair Reynolds

Tras el paréntesis de mi última entrada, retomo espero que ya de manera definitiva hasta el final la reseña de algunas de las más relevantes novelas de los principales escritores británicos de ciencia-ficción. Seguimos avanzando en el tiempo y llegamos ya a los albores del siglo XXI, que fue cuando vio la luz "Espacio revelación", la primera novela de Alastair Reynolds. Que con los años ha dado lugar a una saga de novelas ambientadas en el mismo universo, y traducidas también a nuestro idioma, lo que refleja la riqueza de ideas y elementos de esta primera obra. Y es que se trata de una novela repleta de sugerentes tecnologías, brillante desde el punto de vista astronómico, y plausible respecto a la evolución futura de la humanidad y otras especies inteligentes de la Galaxia. Pero de lectura ardua en su mayor parte, mal desarrollada, con líneas narrativas que chocan más que convergen, y demasiadas páginas intrascendentes.

No cabe duda de que el hecho de ser la opera prima de Reynolds influyó en muchos de los defectos que acabo de mencionar. Pero lo cierto es que la novela exige un esfuerzo consciente para no abandonar su lectura durante la primera mitad. Porque aunque arranca con lo que parece una investigación arqueológica sobre una especie desaparecida (los amarantinos, antiguos pobladores de Resurgam), pronto deriva en una serie de saltos inconexos hacia delante y hacia atrás en el tiempo de sus tres líneas narrativas poco relacionadas con la arqueología: la de Dan Sylveste, el hombre que según Reynolds ha pasado por más experiencias únicas en toda la galaxia, y que es la única que ofrece ciertas dosis de acción coherente; la de Volyova y el resto de Ultras que llevan una vida francamente inverosímil a bordo de la bordeadora lumínica "Nostalgia por el infinito"; y la de Khouri, una extraña asesina a sueldo de motivaciones mal expuestas. La confusión reinante en todas estas páginas, la continua mención a lugares, especies y artilugios que seguramente están muy claros en la cabeza del escritor pero que no es capaz de presentar con cierta solvencia al lector, y la ausencia de un motor que dinamice la lectura, causan un efecto desolador.

Y es una pena, porque el libro encierra civilizaciones de rasgos muy ingeniosos aunque pobremente expuestos (Malabaristas de Formas, Combinados, Desertores), marcos escénicos plausibles y atrayentes (Giro a la Deriva, Yellowstone, Espacio Revelación, Cerberus-Hades), avances tecnológicos cautivadores (espuma fractal, simulaciones de nivel alfa y beta, la cabeza de puente, tau-neutrinos, incluso la habitación araña de la bordeadora lumínica), y unos profundos conocimientos astronómicos, así como sobre las características plausibles de estrellas, planetas y otros cuerpos celestes, que por sí mismos ya deberían haber bastado para justificar la lectura de "Espacio revelación".

El número de páginas que transcurre desde que el lector tiene claro que Reynolds va a hacer converger las tres líneas narrativas hasta que el escritor lo consigue no habla bien de sus capacidades literarias, aunque para mí fueron más desesperantes aún todos los capítulos que transcurren a bordo de la bordeadora lumínica hasta que por fin comienza el descenso a Cerberos. Otros defectos menores pero apreciables son la pequeñísima letra de la primera edición en español, que abunda en la sensación de fatiga durante la lectura, la presencia de numerosos barbarismos y símiles poco adecuados para los conceptos que deberían ser habituales en la vida del siglo XXVI, capítulos de extensión muy variable sin que su punto de término sea a veces comprensible, y unos fútiles intentos por aumentar el elemento de intriga mediante una última revelación, a veces muy pobremente esbozada, con los que se cierran muchos de ellos.

Aunque los personajes principales no resultan amigables, en su mayoría están lo suficientemente caracterizados para resultar distinguibles (si bien la distinción entre Sylveste y la simulación de nivel beta que da vida a su padre y que acaba fusionándose con su hijo a veces complica la lectura). Si a este relativo acierto le unimos que la historia detrás de las existencia de Cerberus-Hades, cuando por fin se desvela, resulta original y cósmicamente atrayente, y que el desenlace sí posee las dosis suficientes de acción y de sentido de la maravilla bien aprovechado, el lector que consigue llegar hasta el final seguramente se sienta recompensado. Pero cuesta. Y ello explica por qué no me he animado a continuar con la lectura del resto de novelas de esta saga.

domingo, 2 de enero de 2022

Otro paréntesis: "Usted podría ser el siguiente"

Por tercera y espero que última vez interrumpo mi recorrido por algunas de las mejores novelas de los más relevantes escritores británicos de ciencia-ficción para dedicar unos minutos a una entrada absolutamente personal. Y es que, como ya anticipé hace unas semanas cuando celebré haber superado las doscientas mil páginas vistas, hace unos días ha visto la luz mi segunda novela de ciencia-ficción: "Usted podría ser el siguiente". Otro pequeño hito en mi trayectoria profesional que quería compartir con los seguidores de este humilde blog.

Cuando hace poco más de un año dediqué una entrada a mi primera novela ("Nueve años"), hablé de una inquietud latente que tras más de treinta años de aficionado me había llevado finalmente a adentrarme como autor en este maravilloso género. Ahora no puedo hablar de inquietud, sino de gratitud. Gratitud a todos, familiares y amigos, pero también desconocidos, que leyeron con entusiasmo esa novela y, con sus valoraciones, comentarios y palabras de aliento, me animaron a escribir otra novela. Por eso la dedicatoria que abre "Usted podría ser el siguiente" es para todos ellos. Sin su ánimo, sin su apoyo, "Nueve años" habría quedado como un intento solitario por hacer algo más en la vida.

Así que poco después de comenzar a recibir los primeros elogios de mis allegados, revisé mis notas sobre potenciales argumentos y, tras pulir el que más me seducía, emprendí el siempre incierto camino de escribir una nueva novela. Una de las premisas fue evitar cualquier tipo de continuación o de relación con "Nueve años". Como saben quienes siguen este blog, no tengo nada en contra de las sagas, y de hecho varias personas me habían comentado que estaría interesante saber qué había sido de Emily 362 en su vida adulta, pero preferí seguir explorándome a mí mismo por otros caminos. Y en lugar de escribir un diario, en primera persona, escribir una novela en tercera persona. Y en lugar de una sola línea argumental, que tuviera varias que se entrecruzaran cuando fuera necesario. Y en lugar de expandirla a lo largo de nueve largos años, concentrarla en apenas unas cuantas semanas. Es decir, un cambio de registro radical. Aunque lógicamente, sin perder mi incipiente personalidad como escritor, ni los temas que más me fascinan e inquietan dentro de la literatura de ciencia-ficción.

La escritura marchó a buen ritmo, aunque como de costumbre sólo me pude dedicar a ella durante los fines de semana y días de vacaciones, y para el mes de julio ya había completado una primera versión. David, uno de mis mejores amigos, que según sus palabras había disfrutado de "Nueve años", se ofreció para revisar esa versión inicial y complementarla con detalles que pudieran mejorarla. Pocas semanas después volví a leer su versión mejorada, y tras unos cambios mínimos, y alguna sugerencia de última hora de mi esposa, que volvió a emitir un juicio favorable sobre mi creación, consideré que la novela estaba lista para ser publicada. No estaba en absoluto descontento de la experiencia de la auto-publicación en "Kindle direct publishing" de Amazon, pero como había pasado relativamente poco tiempo desde que había publicado "Nueve años", y por lo tanto no sentía la urgencia por volver a publicar, después de registrarla la envié a varias editoriales, a ver si recibía alguna contestación.

Por suerte, esta vez recibí respuesta de dos editoriales. Opté por la que primero me había contactado. Y durante finales de septiembre y octubre desde Seleer revisaron, corrigieron y maquetaron mi manuscrito, y crearon una portada mucho mejor que la que yo había sido capaz de elaborar para "Nueve años". Días más tarde, la novela ya estaba a la venta en Amazon y en tiendas físicas como La Casa de Troya en Madrid, o las Librerías Agapea, con tienda en muchas ciudades de España. Misión cumplida.

No me parece oportuno desvelar aquí el argumento de la novela. Como el título intenta sugerir, creo que es algo que nos podría suceder a cualquiera en un futuro no muy lejano, y por eso aparte de entretener al lector he tratado de hacerle reflexionar sobre las consecuencias que podrían tener algunos avances tecnológicos que son ya casi realidades. No sé si lo habré logrado; al igual que comenté cuando hablé de "Nueve años", es mucho más fácil revisar las creaciones ajenas que encontrarle defectos a las propias. En cualquier caso, si he conseguido que la novela funcione razonablemente a ese doble nivel, me habré dado por más que satisfecho. Y si no, pues definitivamente habré matado ese gusanillo que desde hacía años me empujaba a rellenar las páginas en blanco de ese persistente fichero Word cada vez que disponía de unos días libres. Porque debo reconocer que ahora mismo no estoy escribiendo nada, sólo dejando rondar algunas ideas por mi cabeza, por si en un futuro me animo a escribir una tercera novela. Algo que no tengo en absoluto decidido, y que afortunadamente mi economía no necesita (por ahora).

Por si después de estos párrafos aún tienen interés en conocer "Usted podría ser el siguiente", aquí les dejo el enlace. Espero que sea de su agrado.

sábado, 18 de diciembre de 2021

"La telaraña entre los mundos" (1979). Charles Sheffield

Tras el inesperado paréntesis de mi anterior entrada, retomo la reseña de algunas de las novelas más representativas de los más relevantes escritores británicos de ciencia-ficción. Seguimos avanzando en el tiempo y nos situamos en el año 1979, que fue cuando vio la luz "La telaraña entre los mundos", una de las novelas más conocidas y frecuentemente reeditadas de Charles Sheffield. Que en aquellos años daba sus primeros pasos como autor, si bien no por ello debemos esperar los defectos habituales en escritores noveles. Y es que la presente es una novela de gran interés, que apela a la inteligencia del lector, y a la que sólo se le puede reprochar un defecto importante: la endeblez literaria del argumento inicial.

Porque es probable que a lo largo de la lectura el lector tenga la sensación de que la mera construcción del Tallo (la telaraña a la que alude el título) no puede aportar los soportes necesarios para forjar una auténtica novela, y que Sheffield, consciente de ello, intenta superar este inconveniente recurriendo a la problemática que rodea a los principales personajes. Problemática que, aunque sea de una notable consistencia literaria, se percibe como una parte claramente diferenciada de la obra de ingeniería que se espera sustente la trama. Ahondando en los defectos, debo reseñar también una perceptible falta de "gancho" a la hora de introducir el elemento de suspense: la maldad de Morel, la utilización de los Duendes, todo se sospecha con demasiada antelación.

Sin embargo, la novela merece una reseña gracias a sus abundantes virtudes. Por supuesto, el diseño y la construcción del Tallo, el ascensor orbital con el que Sheffield se adelantó en unos meses a Clarke y sus "Fuentes del Paraíso" a la hora de escribir una novela sobre tan atrayente artefacto. El audaz contraste de ideas entre Regulo y Rob, las explicaciones científicas del más alto rigor, y la más absoluta verosimilitud en la puesta en funcionamiento son bazas seguras que se derivan de dicha construcción. También es destacable el hábitat de Atlantis, original y fascinante, así como la compleja personalidad de determinados personajes, con una ambigüedad moral desconcertante (Senta, Regulo, Corrie...). Otro acierto de Sheffield es la abundancia de nuevos y determinantes elementos: desde la taliza y sus devastadores efectos, hasta las bases espaciales, avanzadilla de la conquista del Sistema Solar, pasando por el calamar inteligente o los nuevos tipos de cáncer.

A otro nivel, menos esperable en un escritor catalogado como autor de novelas de ciencia-ficción hard, no debo pasar por alto la introducción, en la línea de Robert Silverberg, de continuas reflexiones sobre la vida y la condición humana, puestas en boca de diversos personajes. Asimismo es de resaltar la habilidad de Sheffield para aumentar la intensidad narrativa cuando la novela lo requiere: desde la exploración de Rob por la esfera de agua, hasta su enfrentamiento final con Morel. Por otra parte, el escritor también deja constancia de su habilidad como creador de marcos escénicos en la apreciable diversidad de escenarios: el Centro de Control, Camino Abajo, incluso los planetas más próximos cuando relata los comienzos de Regulo.

En suma, aun sin tratarse de una novela especialmente popular, ni haber alcanzado la categoría de clásico, "La telaraña entre los mundos" encierra todo un conjunto de ideas, propuestas y situaciones que justifican sobradamente su lectura más de cuarenta años después.

sábado, 4 de diciembre de 2021

Ha fallecido Miquel Barceló: el mayor divulgador de la ciencia-ficción en España

Interrumpo nuevamente mi recorrido por los escritores británicos de ciencia-ficción más relevantes a causa de una triste e inesperada noticia: la semana pasada falleció, a los 73 años de edad, Miquel Barceló García. Muchos medios de comunicación se han hecho eco de la noticia, pues no en vano fue, en mi humilde opinión, el mayor divulgador de la literatura de ciencia-ficción en España. Y en particular, la persona que consolidó mi pasión por el género cuando aún estaba abandonando mi adolescencia. Así que me parece justo dedicarle una reseña a modo de homenaje.

Nacido en Mataró (Barcelona), fue un lector compulsivo de ciencia-ficción desde que en su infancia tropezó con una de las novelas menos conocidas de Robert A. Heinlein. Ingeniero aeronáutico de formación, doctor en Informática y diplomado en Energía Nuclear, fue también durante muchos años profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña, así como divulgador científico. Compaginada siempre con esta brillante trayectoria profesional, Barceló mantuvo una intensa dedicación al género, primero como editor aficionado, luego como editor profesional, y finalmente como autor. De hecho, su prestigio en el género traspasó nuestras fronteras, como lo prueba que fuera durante muchos años miembro de la Sociedad Norteamericana de Ciencia Ficción y la Sociedad Mundial de la Ciencia Ficción.

Otro de sus logros en el ámbito de la literatura de ciencia-ficción fue la creación del Premio Internacional UPC de Ciencia Ficción, un premio prestigioso de periodicidad bienal que se entrega desde el año 1991, y que han recibido grandes nombres internacionales del género. Además, se atrevió a adentrarse en la literatura de ciencia-ficción como escritor, con novelas como "Testimoni de Narom" (1998), "El otoño de las estrellas" (2001), y más recientemente con "El tríptico de Dios" (2014), las tres junto a Pedro Jorge Romero. Asimismo, publicó diversos ensayos relacionados con la ciencia y la ciencia-ficción.

Pero sobre todo será recordado por dos hitos fundamentales. En primer lugar, por su colección Nova ciencia-ficción, la más longeva y fecunda en el género en España, con más de doscientos títulos publicados durante los últimos treinta y cinco años, que aún sigue activa, y en la que han encontrado cabida tanto clásicos indiscutibles que habían permanecido ignotos para el lector en español (entre ellos "La nube negra", de Fred Hoyle, mi novela de ciencia-ficción favorita de todos los tiempos), como muchos de los grandes nombres de las últimas tres décadas. Y, en segunda lugar y directamente vinculado a su anterior logro, por sus guías de lectura sobre ciencia-ficción, publicadas en dicha editorial: en 1990 la casi mítica "Ciencia ficción: Guía de lectura", y en 2015 "Ciencia Ficción. Nueva guía de lectura", revisión y actualización de la anterior. Ambas absolutamente recomendables para quienes deseen adentrarse en este apasionante mundillo.

La guía de lectura original cayó en mis manos allá por 1992, cuando apenas había leído un puñado de novelas de Wells, Huxley y Asimov, pero ya me sentía profundamente atraído por una literatura tan cautivadora y diferente a todo lo que había leído hasta entonces. Pero sin internet ni posibilidad de viajar a países anglosajones, mis opciones de profundizar en el género estaban profundamente limitadas. Por ello, la lectura de la guía fue como una apertura al mundo similar a la que todos experimentamos cuando por fin podemos conectarnos a la red después de haber estado aislados en un lugar sin cobertura durante un tiempo: el mundo que se extendía ahí fuera era apasionante. Pero lo bueno es que Barceló había sabido orientarlo para que el lector en español pudiera descubrirlo, sin necesidad de buscar títulos y guías en otros idiomas.

Durante años seguí consultando regularmente la guía, tanto que cuando vio la luz "Ciencia Ficción. Nueva guía de lectura", aún seguía recurriendo a ella, por lo que me hice en cuanto pude con esa nueva revisión, que poco después reseñé en este humilde blog. Como suele suceder en estos casos, la revisión, aun convenientemente actualizada con lo esencial del género en el último cuarto de siglo, me causó un impacto menor, y me pareció que las posiciones y opiniones de Barceló se habían radicalizado un tanto (algo que, por otra parte, nos suele suceder a casi todos conforme vamos cumpliendo años). Aun así, se trató de una obra necesaria, que inesperadamente ha servido de colofón tan sólo unos años más tarde a una vida de pasión por el género como pocas en España. Ojalá si hay algo más allá de la muerte se parezca a algunos de los miles de títulos que Barceló leyó, comentó y recomendó. Se lo merecería. Descanse en paz.

sábado, 20 de noviembre de 2021

"Infierno" (1973). Fred y Geoffrey Hoyle

Con la presente entrada prosigo mis reseñas de algunas de las novelas más relevantes de los principales escritores británicos de ciencia-ficción. Estamos todavía en la década de los setenta, una época muy fructífera para el Reino Unido como ya habrán deducido. Periodo en el que siguió aumentando su bibliografía de ficción el físico y escritor Sir Fred Hoyle. Que ya había escrito muchos años antes la que sigue siendo mi novela de ciencia-ficción favorita de todos los tiempos ("La nube negra", 1957), y que en esta etapa de su carrera literaria había comenzado a escribir en colaboración con su hijo Geoffrey. Una colaboración que, dicho sea de paso, nunca alcanzó en mi opinión la excelencia de las obras de Fred en solitario, pero sí la suficiente relevancia en el género como para merecer una entrada para una de sus obras más conocidas en español: "Infierno". Que a pesar de su fuerte componente científico, y su ambientación en ese mundillo que tan bien conocía Fred Hoyle, sólo en momentos puntuales está a la altura de lo que cabría esperar de él.

Y es que el primer tercio de la novela me resultó abiertamente decepcionante. Los Hoyles centran todos sus esfuerzos en enumerar con desesperante precisión toda la geografía del Norte de Escocia, en una desproporción que no sería determinante si no viniera acompañada de unos acontecimientos de nula trascendencia para la novela. De hecho, toda la problemática del radiotelescopio sólo parece un recurso de los escritores para alargar la obra. Prueba de ello es que al final ni siquiera se aclara qué sucede con él. Eso sí, por lo menos el radiotelescopio de Fielding sirve como pretexto para una agradecida exposición de la más pura ciencia-ficción hard.

Tras la explosión de la galaxia que sucede a continuación, por fin el libro remonta el vuelo y se aproxima a lo que esperaríamos de él. En especial se nos presenta una espléndida deducción para determinar la naturaleza del fenómeno, se nos describen las acciones a tomar, los posibles efctos de la radiación... En suma, lo que constituye realmente la trama. No obstante, debo resaltar que los autores abusan de los nombres para personajes apenas esbozados y de escasa relevancia para la narración.

El final de la catástrofe y la consiguiente vuelta de la vida son, en mi opinión, los mejores momentos de la novela: se capta el dramatismo de la situación, y surge Cameron como determinante hombre de acción, tomando decisiones difíciles pero reflexionadas, que contribuyen a la verosimilitud de lo narrado. Sin embargo, hacia el final del libro se revelan nuevas carencias. Los Hoyle no dan el paso de reflejar la hecatombe desde diversas partes de nuestro planeta, y se contentan con fijarse en Escocia. Y, lo que es más grave en una novela de ciencia-ficción, no se proporciona una explicación para la radiación y las heladas descritas, sino que se recurre a emborronarlas con actitudes de fanatismo religioso.

En suma, una novela recomendable sólo para devotos del insigne científico británico. Entre los que, como saben, me incluyo.

lunes, 8 de noviembre de 2021

"Periplo nocturno" (1972). Bob Shaw

Tras el breve paréntesis para celebrar las más de 200.000 visitas recibidas, retomo la reseña de novelas de referencia de los principales escritores británicos de ciencia-ficción. Seguimos aún en 1972, un año bastante fecundo para el género en las Islas como habrán podido observar ya, y que fue cuando vio la luz "Periplo nocturno", quizá la novela de Bob Shaw más conocida por el lector en español. Que si bien nunca alcanzó la categoría de clásico, es una novela que parte de un par de ideas originales y las entrecruza varias veces, aumentando continuamente el factor sorpresa, hasta llegar a un desenlace de proporciones galácticas.

Lo más destacable del libro es, en mi opinión, su capacidad de entretenimiento. Aunque fue escrita en pleno auge de la New Wave, Shaw escribió una novela de ciencia-ficción clásica, de aventuras continuas, ritmo elevado, duración contenida, sorpresas frecuentes y un buen número de gadgets tecnológicos. Encabezados por esas singulares gafas, que permiten interceptar las señales ópticas de otros pares de ojos cercanos y transformarlos para permitir ver desde perspectivas ajenas a la de Sam Tallon (el protagonista absoluto de la obra), quien queda ciego tras ser detenido por espionaje y torturado en el planeta Emm Lutero (en el cual transcurre la acción).

Dicho planeta ofrece a Shaw la segunda idea original para sustentar la trama: Emm Lutero, antigua colonia terrestre, es ahora una teocracia luterana obligada por una cuestión de superpoblación a buscar un nuevo planeta en el que expandirse, lo que a causa del intrincado sistema de portales que posibilitan un recorrido no-determinista por el no-espacio, le ha llevado a una situación de tensa guerra fría con el planeta Tierra. Shaw logra que el invidente Tallon, gracias a su analítica mente ingenieril, no sólo sobreviva a su "periplo nocturno" particular para escapar de Emm Lutero, sino que ponga fin al inminente conflicto bélico. Y todo ello con un remarcable esfuerzo porque el elemento científico de la novela refrende los acontecimientos y descubrimientos que se suceden.

La novela dista de ser redonda, sin embargo, a causa de varios fallos que un escritor más solvente podría haber evitado. En primer lugar, una prosa escueta, un tanto fría, que a menudo no consigue dimensionar la magnitud de lo narrado. En segundo lugar, por la cantidad de posibilidades que, constreñido por la necesidad de mantener el ritmo narrativo, Shaw renuncia a explotar (desde las múltiples posibilidades de sus gafas, hasta los entresijos políticos y sociales de la teocracia). En tercer lugar, por unos personajes que, salvo su protagonista, resultan esquemáticos o directamente poco creíbles (como Helen Juste, que pasa de perseguidora de Tallon a amante incondicional en apenas unos capítulos). Y en cuarto lugar, por las habilidades sin fin que exhibe continuamente Tallon, demasiadas incluso a pesar de contar con la suerte de su lado, como el autor se encarga de recalcar.

Estos defectos impiden que la novela llegue al nivel de un clásico, pero a pesar del medio siglo transcurrido, es una lectura amena y con frecuentes interpelaciones a nuestro ingenio. Algo más difícil de encontrar de lo que pensamos en la literatura actual, que nos suele obligara atravesar cientos de páginas de relleno para ofrecernos apenas un par de ideas ingeniosas y dos o tres pasajes de acción. Virtudes que aquí Shaw nos ofrece en abundancia casi en cada capítulo, por lo que el entretenimiento está asegurado.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Más de 200.000 páginas vistas

Con la presente entrada interrumpo momentáneamente mis reseñas de novelas esenciales de los principales escritores británicos de ciencia-ficción, para dedicar una entrada de retrospectiva y agradecimiento a un nuevo hito de este humilde blog: haber superado las doscientas mil páginas visitadas. No es la primera vez que dedico una entrada a reconocer un determinado número de visitas, pero conforme pasan los años me siento cada vez más satisfecho de seguir sin descanso escribiendo sobre literatura de ciencia-ficción, y de que muchos lectores anónimos al otro lado de la pantalla continúen atentos a mis reseñas y opiniones, así que me parece oportuno dedicar una entrada a reflexionar sobre esta cifra.

Hace más de diez años que inicié mi andadura en la red para compartir una de mis grandes pasiones: la literatura de ciencia-ficción. Y hace poco más de tres años que, tras siete años de existencia, me congratulaba de haber alcanzado la cifra redonda de cien mil visitas, a la vez que verbalizaba de mi deseo de llegar en un futuro a las por entonces lejanísimas doscientas mil visitas. No esperaba entonces que, en menos de la mitad del tiempo transcurrido desde entonces, alcanzaría esa cifra, lograda en buena medida gracias a los más de cien seguidores que están pendientes de cada nueva entrada que publico.

Durante todo este tiempo he seguido fiel a mi principio de no incluir publicidad en el blog: sé que ello me podría dar más visibilidad, y tal vez algunos céntimos. Pero afortunadamente mi puesto de trabajo me garantiza ingresos necesarios para mí y mi familia, y ello permite que este blog sea, como su propio nombre indica, una forma de encauzar una de mis mayores pasiones, sin ninguna pretensión de aumentar mis ingresos. Una libertad económica que me permite, además, seleccionar los temas y expresar mis opiniones sin ninguna presión externa, ni más criterio que mi propio conocimiento sobre el género, adquirido tras cerca ya de cuarenta años de seguimiento.

Pero quizá lo que menos esperaba era que, en estos tres años y medio en los cuales el número de visitas se ha doblado, mi pasión por la literatura de ciencia-ficción diera el salto de simple "bloguero" a "contribuidor activo". No me atrevo aún a referirme a mí mismo como escritor, pero como ya comenté hace casi un año, desde finales de 2020 está disponible en el mercado "Nueve años", mi primera novela. Que aun con las lógicas limitaciones derivadas de la auto-publicación, ha sido ya leída por varias decenas de lectores, varios de los cuales la han valorado muy favorablemente en la tienda online.

Por eso creo que es el momento de redondear esta bonita efeméride con otra primicia. Y es que todas esas reseñas tan favorables, no sólo de amigos y conocidos, sino también de lectores anónimos, me animó hace ya casi un año a intentar escribir una segunda novela. Pues bien, puedo informarles aquí de que esa segunda novela quedó concluida a principios de agosto, y se halla ya en vías de ser publicada, esta vez no por mí sino por una editorial española dedicada, entre otros, al apasionante mundo de la literatura de ciencia-ficción. Cuando finalmente vea la luz, les daré más detalles; de momento, solamente les diré el título: "Usted podría ser el siguiente", una afirmación que espero resulte lo suficientemente sugerente para que sus potenciales lectores, entre los que espero se encuentren algunos de ustedes, le den una oportunidad.

Esa nueva faceta de "contribuidor activo" a la literatura está suponiendo un reto para mantener la cadencia de entradas de este blog, pues me resta tiempo para leer obras ajenas y preparar nuevas entradas. Así que esta vez no me pongo el reto de una nueva cifra de páginas visitadas; sólo espero seguir manteniendo la pasión por el género y las ganas de reflejarlo durante mucho tiempo. Y nada me haría más ilusión que saber que sigo contando con su interés. Así que nos leemos en siguientes entradas.

domingo, 24 de octubre de 2021

"El rebaño ciego" (1972). John Brunner

Con la presente entrada prosigo con mi reseña en orden cronológico de novelas de cabecera de muchos de los mejores escritores británicos de ciencia-ficción. Seguimos en 1972, año en que vio la luz "El rebaño ciego", una de las obras más reconocidas de John Brunner. Que aunque en mi opinión se queda muy lejos de ser "la mejor novela de ciencia-ficción de todos los tiempos", como en la portada de su edición más reciente defiende el para mí pretencioso John Grant (autor de una poco fiable enciclopedia de ciencia-ficción), sí que resulta una novela recomendable a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación. Eso sí, con un defecto grave que a mi modo de ver la aleja de la categoría de clásico: su excesiva complejidad.

Lo que hace particularmente dificultosa la lectura es el número tan vasto de personajes. Tanto que, tras la lectura de los primeros capítulos, empecé a construirme una lista con los personajes más relevantes y sus ocupaciones, con el fin de no perderme. Cuando llegué al final de la lectura, tenía apuntados más de cuarenta... Con lo cual, a pesar de mis esfuerzos, cada vez que retomaba la lectura, casi nunca recordaba en qué punto había dejado Brunner la actividad de un determinado personaje que volvía a aparecer unos capítulos más adelante. Comprendo que en una obra tan ambiciosa como ésta se busca dar una imagen lo más completa posible de los acontecimientos, pero a mi modo de ver faltan referencias y recordatorios que faciliten el disfrute del lector. El mejor ejemplo de todo lo anterior lo constituye el capítulo titulado "Cuadro sinóptico": la complejidad en ese punto de la novela ha llegado a ser tal que Brunner se ve obligado a dedicar unas breves líneas a los más de treinta frentes que ha abierto. Es una solución válida, pero en mi opinión poco recomendable salvo para eruditos que puedan dedicar horas y horas a una lectura minuciosa.

De todos modos, mi impresión global de la novela fue lo suficientemente favorable como para traerla hoy aquí, y se justifica en muchos aspectos. Quizá la mayor virtud del libro sea el realismo de la trama. Una y otra vez tuve la sensación de que entre la situación real de la Tierra en la época en que sitúa Brunner la acción y la que él relata en sus páginas sólo existía una estrecha y vulnerable franja. Al no exagerar la catástrofe, aunque sí muestra todas las barbaridades que se comentían y se cometen contra el planeta (contaminación, almacenamiento de residuos, mala calidad de los alimentos, cambio climático), Brunner consigue sobrecoger intensamente al lector. Y, por supuesto, todo ello se enmarca en una trama primorosamente urdida: la verosímil "despreocupación" gubernamental, el radicalismo de los grupos armados, la utopía de los trainitas... Hasta los terroríficos efectos del mercantilismo mal entendido son reflejados con precisión.

Terminando con el capítulo de los defectos, no me gustaron los títulos demasiado altisonantes de muchos capítulos, ni las poesías que encabezan cada uno de los meses. Y en lo que se refiere a aciertos, debo mencionar dos personajes que me han gustado especialmente: Pete Goddard, quien por su raza, su lesión, su profesión y su conversión, es tal vez el que nos muestra la catástrofe una manera más humana, y Petronella Page, la perfecta entrevistadora televisiva en horario de máxima audiencia, capaz de conmocionar al país entero con unas cuantas frases aceradas.

El final, tras casi quinientas páginas, no aporta prácticamente nada, pero tampoco importa, porque la pretensión final de Brunner fue siempre más mostrar la situación que llevarla a un punto determinado.

martes, 12 de octubre de 2021

"Fuga para una isla" (1972). Christopher Priest

Una entrada más continúo con la reseña de alguna de las más reconocidas novelas de los principales escritores británicos de ciencia-ficción. Nos adentramos ya en la década de los setenta, en pleno auge de la New Wave, periodo durante el cual fraguó su carrera Christopher Priest, uno de los más laureados escritores de su país, y que ya ha aparecido en varias ocasiones por este humilde blog. Razón por la cual hoy voy a hablarles de "Fuga para una isla", la segunda novela que publicó. Y que a pesar de la perceptible inmadurez de su autor a la hora de elaborarla, es ya una novela intensa, coherente y altamente especulativa, aunque en mi opinión excesivamente deudora de esa New Wave a la que aludía antes.

Resulta innegable que los postulados de esta corriente regían para Priest cuando escribió esta obra. Sólo así puede comprenderse la singular estructura de la novela, una sucesión de unos cuantos episodios en la vida del protagonista, que son presentados sistemáticamente de manera inconexa. Estructura que exige un encomiable esfuerzo por parte del lector, y que a mi modo de ver repercute negativamente en el disfrute de la obra. También se percibe la New Wave en la excesiva atención que presta Priest a las inquietudes sexuales de Whitman, en el detalle de que no se concreta la época (sólo sabemos que todos los acontecimientos narrados suceden en unos dos años), y en muchos casos tampoco el lugar, o en el hecho de que, aparte de la verosimilitud, el componente científico no está demasiado cuidado.

Pese a estos notables defectos, el escritor ya exhibe el talento que perfeccionaría en posteriores obras, y que contribuye decisivamente a que la impresión global del libro sea favorable. Por ejemplo, se trata de una novela corta en extensión, pero muy bien aprovechada, ya que todo se centra en Alan Whitman, su protagonista. La credibilidad es el pilar que sustenta la obra: la hipótesis de partida es inquietantemente creíble, el proceso gradual de la invasión también se antoja verosímil, la aparición de diversos bandos (Secesionistas, Nacionalistas, Refugiados, Naciones Unidas, otras fuerzas internacionales) es creíble, así como el neofascista partido en el poder (Tregarth)... Hasta los detalles formales y personales que describe el autor resultan creíbles.

Las dotes de Priest como narrador se ponen de manifiesto a lo largo de las páginas, destacando una prosa clara, concisa y expresiva, que atrapa a lector. Además, el autor sabe reflejar las atrocidades de la guerra: toda su crudeza, las barricadas, el miedo latente, la alteración de la vida cotidiana... Algunos episodios como la supervivencia de la familia en la campiña, o la carencia de gasolina, son particularmente perturbadores. Otro acierto que a mi modo de ver realza la obra es la precisión de las relaciones entre el protagonista y los personajes principales: Lateef, el astuto y valiente jefe de los refugiados; e Isobel y Sally, una esposa y una hija completamente verosímiles.

Para terminar, citar otros defectos menores que explican por qué ésta no sea una de las obras de cabecera de Priest. El primero, el título: no existe tal fuga del Reino Unido, ni nada que se le parezca. El segundo, que salvo que la narración en realidad transcurriera justamente en la década de los ochenta del siglo pasado, la ausencia de referencias a nuevos avances tecnológicos y utensilios electrónicos que deberían haber sido cotidianos es total. Y el tercero, el final: por una parte esperable, por otra muy seco, y por encima de todo, nada concluyente. Recomendable en todo caso si las novelas más reconocidas del británico nos dejaron con ganas de más.

domingo, 26 de septiembre de 2021

"Un mundo devastado" (1965). Brian W. Aldiss

Una entrada más prosigo con la reseña de los más representativos escritores británicos de ciencia-ficción a través de una de sus novelas de referencia. Ha llegado el momento de hablarles de Brian W. Aldiss, y para ello me voy a servir de una de sus obras que más se continúa reeditando, pese al paso de los años. Si bien debo comenzar aclarando que Aldiss siempre estuvo un tanto a la sombra de los grandes nombres de su país. No por su dedicación al género (su bibliografía es más extensa que la de Huxley, Burguess, Orwell o Clarke), ni por las temáticas tratadas, ni siquiera por la cantidad de obras traducidas a otros idiomas. Sino más bien porque carece de un título que culmine toda su carrera y lo ponga al nivel de los antes citados. Es un caso parecido al de mi admirado Robert Silverberg, aunque en mi opinión un punto por debajo en cuanto a relevancia: dos escritores solventes, que han aportado muchos grandes títulos y calidad literaria al género, pero que no son tan del gusto del público mayoritario por no poseer esa gran obra que los anteceda. Por eso para la reseña de hoy he optado por "Un mundo devastado", que creo refleja bastante bien mucho de lo que el británico nos solía ofrecer: una propuesta tan sugerente como su título anticipa, y aciertos suficientes para entretener al lector, pero posiblemente carente de fuerza, y con una visión excesivamente restringida de la Tierra del siglo XXII para considerarlo un clásico.

Sé que lo que voy a exponer a continuación va contra la opinión de un buen número de escritores de reconocido prestigio literario, pero para mí no hay mejor referencia para construir una novela que el tiempo. Aldiss, en el fondo un adelantado a su época pues hace más de medio siglo que "Un mundo devastado" vio la luz, nos propone en este libro una narración a saltos, que a mi modo de ver incomoda la lectura, impide una comprensión completa de las vivencias del protagonista, y dificulta la progresiva fascinación del lector ante el mundo que se le describe. Por todo ello este modo de estructurar la novela me parece un error.

No sólo eso: en mi opinión la sociedad del futuro que nos presenta el escritor está desaprovechada: todo gira en torno a Nowland, de manera que los problemas sexuales, políticos y económicos apenas se esbozan. Por encontrarle una justificación, debo señalar que en el fondo se trata de una novela bastante corta, con tan sólo trece capítulos; tal vez unos cuantos más habrían sido bien recibidos, porque la idea principal es buena. Además, aunque las continuas alucinaciones que sufre Nowland están reflejadas con habilidad, dificultan aún más la comprensión, y seguramente no son el mejor recurso en una obra de ciencia-ficción.

El último defecto notable de la novela son las casualidades. Y es que a lo largo de sus páginas desfilan un número notablemente reducido de personajes que, además, se constriñe al conocerse las identidades de algunos de ellos. Pero al ser un número tan corto, el efecto sorpresa que Aldiss pretende provocar en el lector con este descubrimiento no es eficaz. Aparte de que no parece una situación fácilmente admisible en un planeta Tierra tan superpoblado como el que supuestamente ha imaginado.

He dejado para el final los logros, que si la novela ha merecido una reseña individual en este humilde blog, es que también los encierra. Sobre todo la sociedad concebida por Aldiss: sus "ilusiones", su decadencia, su escasez, su desarrollo a partir de la sociedad que el escritor conocía a mediados del siglo pasado. También las reflexiones a las que tan sugerente marco escénico da lugar, en la línea de la más genuina ciencia-ficción británica. No puedo dejar de ensalzar la prosa de Aldiss, de calidad pero sin resultar pedante, controlando el tempo de la narración en todo momento, y sabiendo atrapar al lector en los momentos de mayor tensión (especialmente durante la detención de los Viajeros, y en el Naufragio). Y un concepto escasamente ponderable: la inteligencia narrativa, que apela a un tipo de lector despierto, con inquietudes vitales, un cierto nivel cultural, y dispuesto a abandonar aunque sea temporalmente sus conocimientos más irracionalmente mitológicos. Así que, ya sabe, si usted se considera englobado entre ese tipo de lectores, no tenga miedo en hacerse con esta novela: seguramente no le entusiasmará pero tampoco le defraudará.

domingo, 12 de septiembre de 2021

"La naranja mecánica" (1962). Anthony Burguess

Con la presente entrada continúo con las reseñas de algunas de las novelas más señaladas de los escritores británicos de ciencia-ficción más relevantes. Seguimos avanzando en el tiempo y nos situamos en 1962, año en que vio la luz "La naranja mecánica", sin lugar a dudas la novela más famosa y reconocida de Anthony Burguess. Quien comparte con Aldous Huxley y George Orwell, ya reseñados con anterioridad, dos características además de su nacionalidad: que fueron escritores eclécticos, no ceñidos en exclusiva al ámbito de la ciencia-ficción, y que sin embargo son recordados especialmente por sus novelas distópicas, ya convertidas en clásicos. Y es que, sin llegar a los niveles de reconocimiento de "Un mundo feliz" o "1984", la novela que hoy nos ocupa es otro de esos libros de cabecera de la literatura británica que han trascendido fronteras y géneros. Aunque en mi humilde opinión se trata de una obra bastante previsible hasta la última parte, y excesivamente violenta en ocasiones. Aunque su excelente estructuración, su original léxico nadsat, y el gran aprovechamiento de todos los personajes secundarios justifica su lectura.

Su protagonista, Álex, un adolescente líder de una pandilla de drugos en una ciudad cualquiera de una Gran Bretaña distópica, nos va narrando en primera persona aquello a lo que dedica su tiempo: robos, drogas, ultraviolencia... Todo ello distorsionado por Burguess para epatar al lector pero sin renunciar a una cierta verosimilitud que permita mantener el interés. Álex posee además un rasgo que lo reconcilia con el lecto medio: su amor por la música clásica. Y su prosa, una característica que dificulta la lectura y nos obliga a armarnos de paciencia si queremos llegar hata el final: la supuesta jerga nadsat, inventada por Burgess a partir del slang del Este de Londres y el ruso, y que nos obligará a consultar frecuentemente el glosario situado al final del libro. Si bien he de decir que conforme avanzan los capítulos es factible acostumbrarse a dicha jerga, e incluso al final del mismo deberemos convenir que le otorga un plus extra de originalidad.

Otro acierto es la estructuración en tres partes de siete capítulos cada una, lo que le permite a Burguess mantener la novela bajo control en todo momento. Además, juega con el lector repitiendo una y otra vez la frase "¿Y ahora qué pasa, eh?" a modo de elemento cohesionador y provocador a partes iguales. Y la duración contenida de cada una de ellas, sin páginas de relleno, contribuye al dinamismo de la lectura. A ello debemos sumar unos personajes secundarios que complementan perfectamente lo narrado por Álex; algunos son tan intensos que pasado el tiempo se recuerdan tanto o más que el protagonista (es el caso de el Lerdo, o del doctor Brodsky). Y entre tanto episodio pensado para impactar, Burguess ejerce una crítica despiadada sobre las más diversas cuestiones sociales (la mezquindad de las clases bajas, la manipulación gubernamental, la prepotencia de los intelectuales, las consecuencias extremas del libre albedrío...). Eso sí, siempre bien enlazadas con lo narrado por Álex, y sin llegar a saturar al lector.

Aun así, debo reconocer que la novela no se encuentra entre mis favoritas. En especial por la violencia epatante y reiterativa, en mi opinión un recurso demasiado fácil para hacerse notar. Pero es que al mismo tiempo que se recrea en los episodios violentos, Burguess renuncia al suspense, añadiendo con frecuencia frases que anticipan lo que sucederá en los siguientes capítulos. Todo ello resulta especilamente apreciable en la primera parte, para mí la más floja de las tres, con escenas en el capítulo siete que incluso recuerdan a las del "Archipiélago Gulag" de Aleksandr Solzhenitsyn. Sin resultar tampoco una maravilla, la segunda parte me parece mas entonada, sobre todo a partir del tercer capítulo, repleto de una ironía desconocida hasta entonces, aunque sigue resultando bastante previsible. La verdadera creación de la novela se encuentra en la tercera y última parte, en la cual Álex recoge lo que ha sembrado en las dos anteriores, llegando incluso a mostrarnos un intento de suicidio.

Y luego está la controversia del capítulo 21, que no formó parte de la primera edición estadounidense de la novela. Y que desde mi punto de vista constituyó un error que afortunadamente el propio Burguess consiguió subsanar años más tarde. Y es que si el capítulo 20 hubiera sido el final de la novela, todo lo narrado podría interpretarse como un simple viaje en círculo sin demasiado sentido desde el punto de vista del individuo. Pero el 21 proporciona otra perspectiva y aumenta la carga especulativa de la novela. Sin destriparlo, recuperaré aquí una frase que me parece muy representativa "En cierto modo ser joven es como ser un animal". Que quizá sea también un buen resumen de un libro más provocativo que brillante, y que sin embargo ha soportado bien el paso del tiempo.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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