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sábado, 11 de noviembre de 2023

"Entre los latidos de la noche" (1985). Charles Sheffield

Continúo con la entrada de hoy mi recorrido en orden cronológico por los autores y las novelas más representativas del subgénero de la ciencia-ficción dura. Nos adentramos ya en la década de los ochenta, que fue cuando mayor relevancia alcanzó el escritor británico nacionalizado estadounidenses Charles Sheffield. Un autor que, pese a que nunca terminó de alcanzar la posición de preeminencia dentro del género a la que parecía apuntar en sus mejores obras, ya ha aparecido en varias ocasiones por este humilde blog. Así que para este recorrido he debido descartar las que tal vez sean sus novelas más conocidas para el lector en español, y por eso me he decidido en esta oportunidad por "Entre los latidos de la noche". La cual encierra, como casi todas las de su producción, la suficiente relevancia del elemento científico como para poder encuadrarse sin duda dentro de la ciencia-ficción dura. Pero que resulta menos popular que, por ejemplo, "La telaraña entre los mundos" (1979), tal vez porque esta última presentaba por vez primera el famoso concepto del ascensor espacial. En todo caso, "Entre los latidos de la noche" es, por supuesto, una lectura repleta de ideas científicas, pero también de consecuencias sociales y psicológicas, y lo que tal vez sea menos esperable, de especulaciones filosóficas sobre la vida.

Pese a su extensión relativamente contenida, la novela se estructura en tres partes tremendamente separadas espacial y temporalmente, lo que habla en favor de la habilidad narrativa de su autor. La primera transcurre en el año 2010, en el cual la hecatombe nuclear causada por el enfrentamiento entre las naciones provoca que los únicos seres humanos que sobrevivan sean los que han iniciado una nueva vida en las arcologías (las colonias que orbitan en torno a nuestro planeta). En la segunda Sheffield traslada la acción al planeta extrasolar llamado Pentecostés, y la sitúa nada menos que en el año 27698. Y en la tercera parte, la más atractiva en mi opinión, el escritor salta hasta el 29872, camino a Gulf City. Dos saltos temporales muy ambiciosos, en los cuales es relativemente fácil naufragar a la hora de elaborar una trama coherente y mantener el interés del lector, pero de los que Sheffield sale relativamente airoso. Aunque lógicamente ello requiere que el lector ponga algo de su parte, como en toda obra de ciencia-ficción dura.

No será una sorpresa que, a mi modo de ver, la mayor virtud de la novela sea el tratamiento del elemento científico. Tremendamente presente a lo largo de toda la historia, Sheffield sitúa en primer plano todo lo relativo a la física y la astronomía, explicando con detalle los efectos sobre los seres humanos de sus especulaciones e hipótesis, y llegando al extremo de presentar razonamientos o cálculos relativamente complejos dentro de sus páginas. Pero para lectores con una cierta formación científica no resultará difícil seguirle, e incluso llegar a familiarizarse con conceptos originales como el Espacio-L o los Objetos Kermel. Además, Sheffield aprovecha hábilmente sus conocimientos físicos y astronómicos para crear marcos escénicos singulares y fascinantes, y abordar los viajes espaciales con originalidad, contribuyendo así a aumentar el imprescindible sentido de la maravilla, sin que lo que nos presenta carezca de la necesaria sensación de verosimilitud. Y remata el conjunto con especulaciones profundas que va realizando poco a poco sobre la posible evolución de la vida en la Tierra a lo largo de los milenios.

En aquella década ya era evidente la voluntad de los escritores de ciencia-ficción de otorgarles cierta profundidad a sus personajes, y Sheffield no es una excepción: se nota su esfuerzo por caracterizarlos razonablemente, aunque con la premisa de no destruir el ritmo narrativo por culpa de una excesiva morosidad verbal. Porque Sheffield es un narrador solvente, que incluso en una primera parte cuya visión del futuro difiere evidentemente de lo que resultó ser, es capaz de lograr que las páginas se pasen con dinamismo, y al mismo tiempo fijar los cimientos para lo que luego relatará en las dos partes siguientes. Aunque evidentemente la novela mejora a partir de la segunda parte: la lectura se vuelve tan agradable como fluida, y las especulaciones van subiendo el nivel hasta llegar al moralizante desenlace, con esa poco menos que inevitable conclusión de que al final muchas personas cambiarían una vida duradera por una mucho más breve y desafiante, pero también mejor.

En cuanto a los defectos, quizá el más grave sea cierta falta de consistencia en la historia: a veces se escapa de lo que parece su propio camino, sin saber realamente a dónde quiere ir a parar. Aunque bien argumentada, a mi modo de ver a la novela le vendría bien una trama un poco más sólida. También puede descolocar el que los personajes de la primera parte desaparezcan abruptamente de la segunda. O la obsesión por eliminar los periodos de sueño que preside la primera parte. Incluso se podría decir que es una obra que entretiene más que impacta, o que lo que perdura de ella es la ambientación más que los acontecimientos, pero quizá eso ses algo común a toda la ciencia-ficción dura. A cambio, Sheffield no se olvida de rematar la novela con un excelente epílogo, poético y dramático a partes iguales, y que refrenda mi impresión de que el libro ha envejecido bastante bien, y merecería una reedición. A ver si esta reseña contribuye a ello.

sábado, 18 de diciembre de 2021

"La telaraña entre los mundos" (1979). Charles Sheffield

Tras el inesperado paréntesis de mi anterior entrada, retomo la reseña de algunas de las novelas más representativas de los más relevantes escritores británicos de ciencia-ficción. Seguimos avanzando en el tiempo y nos situamos en el año 1979, que fue cuando vio la luz "La telaraña entre los mundos", una de las novelas más conocidas y frecuentemente reeditadas de Charles Sheffield. Que en aquellos años daba sus primeros pasos como autor, si bien no por ello debemos esperar los defectos habituales en escritores noveles. Y es que la presente es una novela de gran interés, que apela a la inteligencia del lector, y a la que sólo se le puede reprochar un defecto importante: la endeblez literaria del argumento inicial.

Porque es probable que a lo largo de la lectura el lector tenga la sensación de que la mera construcción del Tallo (la telaraña a la que alude el título) no puede aportar los soportes necesarios para forjar una auténtica novela, y que Sheffield, consciente de ello, intenta superar este inconveniente recurriendo a la problemática que rodea a los principales personajes. Problemática que, aunque sea de una notable consistencia literaria, se percibe como una parte claramente diferenciada de la obra de ingeniería que se espera sustente la trama. Ahondando en los defectos, debo reseñar también una perceptible falta de "gancho" a la hora de introducir el elemento de suspense: la maldad de Morel, la utilización de los Duendes, todo se sospecha con demasiada antelación.

Sin embargo, la novela merece una reseña gracias a sus abundantes virtudes. Por supuesto, el diseño y la construcción del Tallo, el ascensor orbital con el que Sheffield se adelantó en unos meses a Clarke y sus "Fuentes del Paraíso" a la hora de escribir una novela sobre tan atrayente artefacto. El audaz contraste de ideas entre Regulo y Rob, las explicaciones científicas del más alto rigor, y la más absoluta verosimilitud en la puesta en funcionamiento son bazas seguras que se derivan de dicha construcción. También es destacable el hábitat de Atlantis, original y fascinante, así como la compleja personalidad de determinados personajes, con una ambigüedad moral desconcertante (Senta, Regulo, Corrie...). Otro acierto de Sheffield es la abundancia de nuevos y determinantes elementos: desde la taliza y sus devastadores efectos, hasta las bases espaciales, avanzadilla de la conquista del Sistema Solar, pasando por el calamar inteligente o los nuevos tipos de cáncer.

A otro nivel, menos esperable en un escritor catalogado como autor de novelas de ciencia-ficción hard, no debo pasar por alto la introducción, en la línea de Robert Silverberg, de continuas reflexiones sobre la vida y la condición humana, puestas en boca de diversos personajes. Asimismo es de resaltar la habilidad de Sheffield para aumentar la intensidad narrativa cuando la novela lo requiere: desde la exploración de Rob por la esfera de agua, hasta su enfrentamiento final con Morel. Por otra parte, el escritor también deja constancia de su habilidad como creador de marcos escénicos en la apreciable diversidad de escenarios: el Centro de Control, Camino Abajo, incluso los planetas más próximos cuando relata los comienzos de Regulo.

En suma, aun sin tratarse de una novela especialmente popular, ni haber alcanzado la categoría de clásico, "La telaraña entre los mundos" encierra todo un conjunto de ideas, propuestas y situaciones que justifican sobradamente su lectura más de cuarenta años después.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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