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sábado, 14 de octubre de 2023

"Un mundo fuera del tiempo" (1976). Larry Niven

Prosigo con la presente entrada mi recorrido en orden cronológico por los autores más representativos del subgénero de la ciencia-ficción dura, a través de muchas de sus mejores novelas. Vamos avanzando ya por la década de los setenta, en la cual uno de los escritores más reputados e incuestionablemente adscrito al subgénero era el estadounidense Larry Niven. Famoso por su habilidad para construir universos fascinantes, a la vez que física y tecnológicamente plausibles, la elección obvia para este recorrido habría sido "Mundo Anillo" (1970). Pero dado que ya reseñé esta novela en su momento, he optado por presentarles aquí una novela que no pertenece a su universo del Espacio Reconocido y que, sin embargo, es también una buena muestra de ciencia-ficción dura. Se trata de "Un Mundo Fuera del Tiempo", publicada tan sólo unos años después de su obra de cabecera. Y que se trata de una novela con el inconfundible sello de su autor, de imaginación desbordante, duración agradablemente contenida, y a la que falta un punto de consistencia y de regularidad para convertirse en un clásico.

En esta novela el autor nos presenta a J.B. Corbell, un piloto del siglo XXII que despierta de su hibernación con la misión de sembrar la vida por sistemas planetarios sin vida situados a años luz de nuestro planeta. Un planteamiento que evidentemente facilita el tratamiento de ciencia-ficción dura que el autor confiere a su obra. Y es que, como es norma en Niven, los mayores aciertos de la obra apelan a la inteligencia del lector y a su capacidad para aprehender el elemento científico. No sólo los avances y la evolución tecnológica están tratados con un rigor absoluto, sino que también las diferentes formas sociales y sus orígenes sorprenden por su coherencia, al tiempo que fascinan por su rigidez y su perdurabilidad. Todo ello aderezado por un mundo científicamente modificado, en el que se han contemplado los efectos de todas las modificaciones: eclipses, calentamiento, nuevas especies... Y con la habitual riqueza en gadgets fruto de la imaginación del escritor: cabinas telefónicas, nuevos vehículos, alfombra-nubes, estarreactores... En especial me gustó la idea y la explicación del movimiento de Urano, y el plan de habitabilidad de la Galaxia.

Ciñéndonos a la narración, me parecieron especialmente notables las cien primeras páginas: el Estado, el viaje interestelar, las "conversaciones" entre Corbell y Firssa, la investigación de ese planeta que recuerda a la Tierra... Bien es cierto que tanto algunos artilugios como la investigación del planeta puede recordar a lo que Niven narró en "Mundo Anillo", hasta el punto de dar la impresión de que Niven quisiera reaprovechar algunos hallazgos de su famosa obra. No obstante, conforme la historia avanza, se complica un tanto: se pierde un poco el hilo con tantos dikta, Varones y Niñas. Sigue fascinando, en todo caso, ese modus vivendi a lo Robinson Crusoe que se nos presenta, y ese difícil equilibrio entre evolución e involución.

Como en prácticamente todas sus obras, cabe reprocharle a Niven su prosa poco literaria, a menudo recurriendo a demasiados símiles vulgares, y sin realzar realmente los momentos de mayor dramatismo. Pero como adelantaba al principio, ello redunda en una agradable concisión, pues cuando el lector finaliza la obra no puede por menos que admirar todo lo que ha ocurrido en apenas doscientas cincuenta páginas.

Por último, reseña que no es fácil idear un final creíble y factible para una obra tan ambiciosa. Sin embargo, Niven lo logra con llamativa habilidad.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Los árboles integrales (1984). Larry Niven

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas ganadoras o nominadas a los Premios Nébula durante la década de los ochenta que me parecen interesantes y aún no han tenido una entrada independiente en este humilde blog. Voy a reseñar hoy "Los árboles integrales", una de las novelas menos conocidas de uno de los escritores más famosos del género, el estadounidense Larry Niven. Que como la novela que reseñé en mi anterior entrada ("La fusión de mentes") tampoco ganó el Premio Nébula de 1985 (ese honor le correspondió a la para mí claramente superada "Neuromante", de William Gibson), pero que en mi humilde opinión fue la más notable de todas las nominadas. Porque estamos ante una brillante historia de aventuras en un marco tan fascinante como cabría esperar en Niven, a la que no obstante le sobra cierta premura narrativa y le falta algo de calado literario para convertirse en un clásico.

Como era de esperar en Niven, la mayor virtud de la obra es su tono de aventura: la narración tiene la dosis justa de dinamismo, sin apabullar al lector con un exceso de acción pero a la vez presentando con maestría varias situaciones límite, de una precariedad absoluta. Y todo ello en un marco fascinante: el Anillo de Humo. Un marco creado con un incuestionable rigor científico, y enriquecido con unos excelentes esquemas introductorios, unos anexos con vocabulario específico de la novela, y toda una serie de detalles que reflejan el excelente trabajo del escritor.

Sin embargo, aunque las anteriores son virtudes incuestionables, eran hasta cierto punto esperables en una novela de Niven en sus mejores años. Lo que más sorprende al conocedor de su obra es la gran relevancia que en "Los árboles integrales" cobran los elementos especulativos y sociales. Y es que durante toda la novela asistimos al enfrentamiento de los distintos modelos sociales surgidos en el Anillo, y en ocasiones a los conflictos internos de un determinado grupo social. Baste citar la aparición de distintas figuras como los triunos, los Científicos y la Cresidenta, y la atención que Niven presta a esta vertiente de su obra, como lo refleja el trascendente detalle final de que Alfin renuncie a la tribu de Quinn para permanecer en el Árbol de Londres.

Mi valoración final que la aleja de la categoría de clásico se justifica en una serie de defectos que expongo a continuación. En primer lugar, Niven no deja claro desde el comienzo cuáles de los personajes que crea van a ser los verdaderos protagonistas de la narración, con lo cual es inevitable que el lector pierda parte de la riqueza de la novela. En segundo lugar, la prosa escueta y en ocasiones algo ambigua que caracteriza a Niven juega en contra de la lectura (por ejemplo, con frecuencia se echan en falta frases que rematen lo escrito). En tercer lugar, conforme la novela avanza adquiere una complejidad no del todo bien resuelta (por ejemplo, la organización social del Árbol de Londres no se presenta de manera nítida). Y en cuarto lugar, creo que sobra cierta violencia no justificada de los miembros de la tribu de Quinn hacia las del Árbol de Londres.

Para concluir, mencionar otros aciertos que surgen conforme avanza la lectura. Primero, el esfuerzo por explicar por qué la vida humana ha llegado al estado presentado en la novela. Segundo, la primera parte de la novela en su conjunto (un grupo de personajes bien escogido, que sufre unas penurias sobrecogedoras al tiempo que esperanzadoras). Tercero, la existencia de episodios especialmente intensos, como el salto al vacío de la tribu de Quinn tras sus enfrentamiento con la tribu de Dalton-Quinn. Y por último, la intervención final de Kendy, que remata la coherencia de la novela al tiempo que le da veracidad, por resultar fallida.

Por cierto, unos años más tarde Niven convirtió esta novela en saga con la publicación de "The smoke ring", pero desgraciadamente la novela permanece inédita en español y no he tenido oportunidad de leerla.

domingo, 10 de agosto de 2014

El tercer brazo (1993). Larry Niven y Jerry Pournelle

Continúo con la revisión de las sagas de ciencia-ficción más importantes disponibles para el lector en español. Le toca en esta oportunidad a "El tercer brazo", segunda y última novela de la saga de los pajeños, de los estadounidenses Larry Niven y Jerry Pournelle. Se trata de una novela cuya concepción no estaba prevista inicialmente, y que vio la luz nada menos que 19 años después de "La paja en el ojo de Dios", con el fin de dar continuidad a una de las novelas de más éxito comercial de las últimas décadas. Tan largo lapso de tiempo se traduce en el resultado: "El tercer brazo" queda lejos de las excelencias de su predecesora, pero resulta menos decepcionante de lo que me esperaba tras haber leído múltiples comentarios sobre ella; es una novela digna, coherente y respetuosa con los aciertos de la original.

Eso sí, el comienzo deja mucho que desear, por desconectado de la primera entrega y por carente de hilazón con el resto de ésta: se nos presenta la situación actual de dos de los muchos protagonistas de "La paja en el ojo de Dios" (el magnate Horace Bury y el ex-piloto Kevin Renner), que están haciendo no se sabe muy bien qué en el planeta llamado La compra de Maxroy. Y que de manera nada fluida se obsesionan con la posible existencia de pajeños en el Imperio (a pesar del bloqueo que se estableció tras la primera expedición), hasta concluir necesario ir a Esparta a compartir sus temores con las autoridades. Una primera parte absolutamente prescindible. De hecho, estoy convencido de que no haber sido por la necesidad de entregar a sus editores una novela (casi) tan voluminosa como la original, probablemente esta parte nunca hubiera visto la luz. Con lo que no se pierden nada si se la saltan.

Pero si asumimos que la novela comienza con la segunda parte (denominada "Esparta", ya que transcurre en la capital imperial), la impresión mejora notablemente. Aunque la descripción de la capital es un tanto farragosa y resulta evidente que Niven y Pournelle están lejos de su mejor forma a la hora de elaborar unos diálogos creíbles que favorezcan la revelación de las distintas "sorpresas", estos capítulos permiten refrescar todo lo que los humanos aprendieron de los pajeños durante la primera expedición, pero también todo lo que no pudieron averiguar. Por lo que cuando las investigaciones astronómicas confirman que la inminente aparición de un nuevo punto de salto Alderson va a poder permitir a los pajeños escapar del bloqueo humano, la necesidad de una nueva expedición queda plenamente justificada y sus preparativos, aunque un tanto lentos, ilusionan al lector.

Las dos últimas partes son las que realmente dan sentido a la novela, puesto que relatan la segunda expedición a la Paja, lideradas por la Simbad de Bury y Renner, y complementada por la Hécate de Glenda Ruth Blaine (hija de Rod Blaine y Sally Fowler, ya conocidos de la primera entraga) y la periodista Joyce Trujillo, en un claro intento de dotar a la saga de un género femenino más relevante que en la primera entrega. Sin importarles aumentar la dificultad de lectura de la novela, los autores no optan por explotar la sociedad pajeña ya presentada entonces, sino que se centran en los múltiples clanes pajeños que pueblan los distintos asteroides del sistema de la Paja. Abundan así en una de las principales virtudes de la saga: la heterogeneidad de la sociedad alienígena, y las distintas reacciones que en ella provoca el nuevo punto de salto y la irrupción de la pequeña flota imperial. Asistimos entonces a los mejores tramos de la novela, que funciona correctamente a dos niveles: el bélico (estilo space opera), con los movimientos, persecuciones y luchas entre los distintos actores, y el especulativo, con humanos y pajeños calibrando la evolución de los acontecimientos y evaluando las implicaciones del nuevo punto de salto y de la lombriz Anticonceptivo-Longevidad desarrollada por el Imperio. Hasta desembocar en un final relativamente previsible pero coherente con lo expuesto, y que cierra correctamente la saga.

No obstante, la novela adolece de varios defectos además de su prescindible primera parte. Uno de ellos es el escaso esfuerzo por poner al lector en la saga en situación, lo que hace aconsejable leerla justo después de "La paja en el Ojo de Dios". Otra es la poca habilidad a la hora de caracterizar a los personajes, más planos que en su predecesora (especialmente los pajeños, apenas esbozados: Victoria, Omar, Eudoxo...). La prosa es tan sólo discreta y los diálogos a menudo carecen de la puntualización necesaria para saber qué ha dicho quién. Incluso la sociedad imperial se ha vuelto mucho más informatizada en tan sólo un cuarto de siglo. Y la cuestionable traducción del título original en inglés ("The gripping hand", algo así como "la mano que aprieta", por "El tercer brazo") difumina la relevancia los pajeños y le hace un flaco favor a la injusta imagen de belicismo de la saga. Defectos en todo caso que no pesan tanto como para no recomendar su lectura: una novela tan brillante como "La paja en el Ojo de Dios" no podía dejar de merecer su conversión en saga.

domingo, 20 de julio de 2014

La paja en el ojo de Dios (1974). Larry Niven y Jerry Pournelle

Prosigo con mi serie de entradas dedicadas a revisar las sagas más relevantes publicadas para el lector de ciencia-ficción en español. Por orden cronológico le toca el turno a la saga de los pajeños, escrita a cuatro manos entre los estadounidenses Larry Niven (que ya ha aparecido varias veces en este mismo blog con su saga del Mundo Anillo) y Jerry Pournelle. La saga está compuesta por dos novelas, la primera las cuales voy a reseñar en esta misma entrada:

La paja en el ojo de Dios (1974)
El tercer brazo (1993)

"La paja en el ojo de Dios" es todo un clásico del género, a pesar de que no ganó ninguno de sus premios más prestigiosos cuando fue publicada. De hecho, se quedó fuera por muy poco de mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos. Aunque curiosamente tan alta valoración no respondió en absoluto a la idea que me había forjado de esta novela tras muchos años intentando conseguirla...

Y eso que tras la metáfora no demasiado afortunada que da título a la novela, y la menos aún afortunada denominación de los alienígenas creados por los escritores (los pajeños), yo esperaba encontrar la habitual dosis de aventuras de Niven, orientada hacia constantes conflictos bélicos por la intervención del promilitarista Pournelle. Y sin embargo me encontré una novela sin apenas muertes, con poquísima violencia, y plena por el contrario de especulaciones, reflexiones y maniobras políticas de primer nivel, todas ellas provocadas por el primer contacto de la humanidad con una especie alienígena inteligente.

Para que las especulaciones de la humanidad del siglo XXXI puedan resultar realistas, además de la acertada cronología con que inician la novela, los autores recurren a dos elementos cuasi-científicos muy interesantes: el campo Langston, que protege a naves y ciudades absorbiendo y distribuyendo uniformemente la energía que se irradie sobre él, y el impulsor Alderson, que permite el viaje instantáneo entre puntos muy concretos del Universo de manera similar a los agujeros de gusano preconizados por la física contemporánea. Ambos elementos son determinantes para justificar la expensión del ser humano por centenares de estrellas que presentan Niven y Pournelle, y los conflictos entre el Imperio y los Exteriores (planetas humanos no asimilados al Imperio), pero también el confinamiento de los pajeños a Paja Uno, y su necesidad de negociar con los seres humanos para garantizar su continuidad.

Pero todos estos propósitos se quedarían en nada de no ser por una excelente estructuración de la novela, que logra mantener a buen nivel el pulso narrativo a pesar de sus más de 500 páginas: cuatro partes claramente definidas, capítulos cortos, cohesión argumental, escasas divagaciones... Todo para que la lectura resulte francamente entretenida. En especial la primera parte (La sonda de Eddie el Loco) roza la perfección: a pesar de la complejidad de partida, se nos pone en situación de manera solvente, se van presentando adecuadamente todos los personajes, y se culmina con la resolución de enviar una expedición a Paja Uno.

Uno de los aspectos más llamativo de la novela es el tratamiento de los alienígenas: bien concebidos, lógicamente estructurados, incluso con pensamientos y motivaciones que resultan creíbles pese a sus diferencias con los humanos... Los autores van desvelando paulatinamente sus castas (Mediadores, Guerreros, Relojeros, Amos...), su sorprendemente historia, sus fragmentaciones, sus secretos. Aunque su bisexualidad cíclica recuerde poderosamente a la que presentó Ursula K. LeGuin en "La mano izquierda de la oscuridad", esa perenne necesidad reproductiva les dota de originalidad y justifica sus colapsos cíclicos.

A lo anterior se une un grupo humano más rico y trabajado de lo que cabría esperar: con protagonistas diferentes en cada parte (Whitbread, Rod Blaine, Ben Fauler), algunos resultante sorprendemente sólidos (el almirante Kutuzov de la Lenin, el piloto Kevin Renner de la MacArthur), o enriquecedores para el panorama que se nos presenta (el capellán Hardy). Puede que la historia de amor entre Blaine y Sally Fowler (la única mujer en toda la novela) sea previsible, que cueste seguir los rangos militares en la MacArthur, o que la sociedad militar del futuro esté poco informatizada, pero son defectos pequeños. De hecho, pienso que la novela sólo tiene dos defectos realmente considerables: una segunda parte (el contacto con los pajeños) interesante pero excesivamente lenta y una falsa sensación de que el conflicto bélico está a la vuelta de la esquina, que los autores impregnan a menudo en la imaginación del lector.

A cambio disfrutaremos de una rigurosísima expedición científico-militar, de pasajes formidables (para mí los mejores son los del descubrimiento de la invasión silenciosa realizada por los Relojeros y los de la visita al museo pajeño), y de grandes dosis de ciencia, política, acción, intriga, incluso humor. Todo ello tratado de manera inteligente y con una dosis considerable de inspiración a la hora de plasmarlo. Absolutamente recomendable.

viernes, 6 de junio de 2014

Hijos de Mundo Anillo (2004). Larry Niven

Con la presente entrada concluyo la reseña de las novelas que recomiendo leer de la saga de Mundo Anillo. Como ya comenté en mi reseña de "Ingenieros de Mundo Anillo", esta última novela supera, tanto por orientación argumental como por afán aclaratorio, la decepcionante "Trono de Mundo Anillo", y es la principal razón por la que me inclino por recomendar la lectura de las cuatro novelas de la saga, aunque leer sólo las dos primeras también es una opción válida. No obstante, hay que tener presente que desde la publicación de "Mundo Anillo" hasta este "Hijos de Mundo Anillo" transcurrieron nada menos que 34 años, y que los escritores no crean siempre al mismo nivel, lo que explica que estemos ante una novela solamente correcta de Niven, y que no recomendaría si fuera una novela independiente.

Por orientación argumental me refiero al hecho de que el autor recupera un papel activo (y no de mero observador) para su trío protagonista (Acólito, El Ser Último y, por supuesto, Luis Wu): desde el principio forman parte esencial de la trama, que por otra parte se sitúa acertadamente en el punto en el que terminó la novela anterior. Además, durante buena parte del libro la estructuración de los capítulos es clara y razonable, como lo evidencia que mediante los títulos de los mismos podamos construir un resumen apresurado de lo acontecido. Lo cual, unido a una longitud total razonable (300 páginas), contribuye a no desorientar al lector.

Y por afán aclaratorio me refiero al hecho de que, quizá consciente de que ésta iba a ser la última entrega de la saga, Niven aprovecha para revisar las razones y los medios con los que los Protectores de Pak construyeron el Mundo Anillo, y también por qué se estructuró de la manera que lo conocemos. Incluso por qué los homínidos ocupan los nichos biológicos que deberían corresponder a otras especies animales. No sólo eso: el escritor también aprovecha para aclarar algunas lagunas de la relación de Luis Wu y Teela Brown en Mundo Anillo, del desenlace de ésta, e introduce (aunque de manera un tanto fallida) el factor sorpesa de un hijo común (Wembleth) y la conversión en protector de Luis.

Además, la novela sigue proporcionando detalles atrayentes sobre el Mundo Anillo (en especial la forma para desplazarlo a lo largo de la galaxia) y algunos gadgets útiles (aunque sobreexplotados) como los discos de paso o los cinturones de vuelo. Lo que añadido a la propia fascinación que genera el Mundo Anillo (prefacio incluido) sirve para contentar a los aficionados que, como yo, confieren importancia al elemento científico en la ciencia-ficción.

Pero la novela flaquea en muchos aspectos básicos. Especialmente en la prosa de Niven: confisa, tendente al equívoco, insuficientemente elaborada respecto a las motivaciones de los personajes y falta de referencias espaciales y temporales (si me permiten el comentario, se echa de menos a su colaborador habitual, el también escritor Jerry Pournelle, para mitigar estos defectos). Siguiendo por una Guerra del Margen citada como recurso pero no bien elaborada ni aclarada. Como tampoco abundan las reflexiones que den algún tipo de profundidad a la novela, convirtiéndose ésta en una serie de aventuras plana, casi juvenil. Aunque quizá más que de aventuras deberíamos hablar de saltos espaciales ininterrumpidos de desigual interés. Tampoco la traducción juega a su favor, pues algunos personajes y artefactos cambian sus nombres respecto a anteriores entregas de la saga.

Todo ello provoca que el lector termine por dejarse llevar, perdiéndose así el factor sorpresa y el sentido de la maravilla. Incluso en un desenlace que intenta aclarar los roles de Tunesmith, Proserpina y el Penúltimo, pero que acaba convirtiéndose en un batiburrillo bastante incoherente. Una saga tan relevante en el género merecería un final mejor, pero salvo que Niven sucumba a la tentación de ampliar la saga será el que la cierre, reflejando perfectamente los altibajos en la misma.

domingo, 4 de mayo de 2014

Ingenieros de Mundo Anillo (1980). Larry Niven

Con la presente entrada empiezo a reseñar las novelas que recomiendo leer de la saga del "Mundo Anillo", una de las más famosas del género y desde luego la obra más popular del estadounidense Larry Niven. Si bien no es la primera vez que hablo de alguna de las novelas que la conforman en este mismo blog, puesto que ya he reseñado dos de ellas. A día de hoy está formada por los siguientes cuatro títulos:

Mundo Anillo (1970)
Ingenieros de Mundo Anillo (1980)
Trono de Mundo Anillo (1996)
Hijos de Mundo Anillo (2004)

De "Mundo Anillo" ya escribí una reseña completa al presentar mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos; se trata de un clásico que sigue vigente, como lo evidencia que es una de las entradas más leídas de este humilde blog. Y también he reseñado ya "Trono de Mundo Anillo", aunque en este caso como parte de mi lista de 15 novelas decepcionantes. Ambos hechos muestran que se trata de una saga que da para lo mejor y para lo peor. No obstante, dado que la última entrega de la saga ("Hijos de Mundo Anillo") mejora la impresión de "Trono de Mundo Anillo", mi sugerencia es que lean las cuatro novelas que conforman la saga. O al menos, las dos primeras.

Ciñéndonos ya a "Ingenieros de Mundo Anillo", debo empezar señalando que se trata de una digna secuela, pero carente del gancho de la primera novela. Si creemos a Niven, él sostiene que nunca quiso escribir una continuación de su novela más premiada, pero que lo hizo por una doble razón: por una parte, corregir los errores (técnicos) de la primera entrada (hay una anécdota curiosa respecto al hecho de que, tal cual estaba concebido Mundo Anillo, era inestable; pueden buscarla por internet), y por otra, dar satisfacción a los millones de lectores que se la demandaban. Desde el primer punto de vista, la novela es todo un éxito; desde el segundo, la novela baja un par de escalones respecto a su predecesora.

Esta impresión global probablemente se deba a que Niven respeta los acontecimientos pretéritos pero no justifica como debe la necesidad de este segundo viaje. De hecho, la puesta en situación peca de escueta (a pesar de la considerable extensión del libro), y el objetivo principal de esos primeros capítulos es corregir "detalles cuestionables" de la primera novela, como la suerte de Teela Brown, el nombre de "Interlocutor de Animales" o las aerocicletas. En cambio es elogiable el esfuerzo que realiza el autor por situar físicamente al lector, fijando para ello unas coordenadas claras a las que hace referencia constantemente. Así éste puede profundizar y captar más nítidamente las dimensiones, la complejidad y la riqueza científica y social del Mundo Anillo, tan sobrecogedor como en la primera parte. Y llegar a familiarizarse con conceptos tan complejos como las placas de sombra, el rishatra o los superconductores.

Otro acierto innegable es que la sensación de aventura, de encuentro con lo desconocido, se mantiene igual que en la primera parte. Lo cual, unido a las reflexiones sobre las razones por las que ciertas características del Mundo Anillo son de una manera y no de otra, y a la rapidez con la que los protagonistas alcanzan el Mundo Anillo y comienza la acción, favorecen el placer la lectura.

No obstante, durante la mayoría de sus capítulos la novela parece una mera sucesión de anécdotas, sin un eje claro (y sin que se aclare, por ejemplo, dónde está el módulo, o la sonda). A ello hay que añadirle las habituales deficiencias narrativas de Niven: imprecisión semántica, situaciones explicadas de manera confusa, falta de hilazón entre párrafos (tanto, que a veces ni siquiera está claro si los protagonistas han logrado su propósito). Otros defectos menores son la frecuente impresión de que Niven aclara todos los temas pendientes demasiado pronto, la presencia de algunos elementos claramente cuestionables en una novela de ciencia-ficción (hombres chacales, la ciudad de los vampiros...) y unos episodios de sexo en mi opinión innecesarios. Por otra parte, no sé si considerar como acierto o como desacierto los diferentes personajes y pueblos que va encontrando el lector durante la novela (Gingerofer, el Rey de los Gigantes, Valavirgillin, Harkabeeparolyn, Fortaralisplyar; el pueblo de la máquina, el pueblo colgante, los gigantes de la sabana, etc.). Mi duda es porque su caracterización es ciertamente escueta, pero ¿podría no serlo en una novela tan descomunal?

Tampoco quiero trasladar una impresión equivocada: aunque el tono de aventuras prevalezca sobre la profundidad de la historia, la novela se deja leer razonablemente bien. Además, conforme avanza la lectura se resuelven algunos enigmas (la raza causante de la destrucción del Mundo Anillo, la raza creadora del mismo...). Y se visitan lugares ciertamente fascinantes, como el pantano, la ciudad flotante (mi parte favorita), o el centro de mantenimiento en el que los Protercores de Pak cultivaban el Árbol de la Vida.

Para terminar, una pequeña reflexión negativa sobre el final. Que a mi modo de ver Niven resuelve de manera confusa (recurriendo la dualidad "gana/pierde" de Teela), y con demasiadas cosas que asimilar.

lunes, 1 de abril de 2013

El trono de mundo anillo (1996). Larry Niven

Mi siguiente título en la lista de novelas decepcionantes es "El trono de mundo anillo", tercera parte de la famosa saga "Mundo anillo" escrita por Larry Niven. Para el habitual seguidor de este blog es posible que encontrar este título en mi lista de novelas decepcionantes tal vez sea una sorpresa, puesto que ya reseñé "Mundo anillo" en mi lista de 15 novelas personalísimamente favoritas. Lo que sucede es que desde que Niven publicó "Mundo anillo" en 1970 hasta que vio la luz este "Trono de mundo anillo" transcurrieron nada menos que 26 años. Y ni la ilusión del escritor era la misma, ni su momento de carrera tan inspirado, ni el objetivo de su creación era tan claramente crematístico. Con lo cual, mi impresión tras leer esta novela es que estábamos ante poco más que un mero encargo editorial: sin fuerza, sin un hilo argumental definido, confusa y por momentos hasta descuidada, sólo la ambientación y la curiosidad por saber hacia dónde quiso llevar Niven su saga más famosa mantienen un mínimo de interés.

En esta novela el lector se reencuentra con Luis Wu, protagonista absoluto de la saga, ahora envejecido, y el titerote de Pierson Inferior, que se encarga de "curar" a Wu de su vejez. Además, un tercer protagonista es el hijo de Chmeee (el viajero kzin de la primera expedición), un joven guerrero llamado Acólito. Pero al contrario de lo que cabría esperar, el peso de estos personajes en la narración es muy escaso durante la primera mitad de la novela, en la cual Niven nos muestra cómo varias especies homínidas del Mundo Anillo se han unido para eliminar un gran nido de vampiros que se han estado alimentando de ellos. Mezclar los "vampiros" con el científico "Mundo Anillo" no parece una idea muy acertada sobre el papel, y la lectura se encarga de confirmarlo, pues la novela queda en un estado en el que la parte científica se resiente y la parte de terror que podría reemplazarla es inexistente. De hecho, en muchas situaciones Luis, el Inferior y Acólito son meros observadores, siendo la lucha de poder entre los protectores Pak el principal argumento de la mayor parte de la novela.

Así, aunque la obra se inicia con una entretenida batalla que nos hace concebir esperanzas sobre lo que nos puede deparar, en seguida el lector nota que la historia está narrada de manera bastante confusa, con pérdidas de ritmo constantes, algunos errores sorprendentes por parte de de Niven (por ejemplo, que uno de sus personajes conozca los volcanes cuando en el Mundo Anillo es imposible que los haya) y una traducción plena de errores, que hacen la lectura bastante farragosa. Tanto que hacia el capítulo 6 ya es imposible determinar hacia dónde va la novela; ni siquiera es fácil (a pesar de la lista de personajes intencionadamente incluida como anexo) diferenciar las especies que van apareciendo: tanta riqueza creativa abruma y parece innecesaria como justificación de la alianza para eliminar la amenaza de los vampiros.

Afortunadamente, una vez el lector acepta que la novela se va a quedar en el rango de "obra menor", es posible encontrarse con capítulos interesantes, como son aquellos en los que se exploran nuevas áreas del siempre fascinante Mundo Anillo o algunos pasajes de aventuras característicos de su autor. Eso sí, la siempre cuestionable habilidad literaria de Niven queda en entredicho, con pasajes y episodios mediocremente narrados (como botón de muestra, el capítulo 19 termina con este párrafo de una única frase: "El protector lo empujó a través", todo un ejemplo de cómo no concluir un capítulo). Y para complicar más la cosa, algunos escenarios resultan realmente difíciles de visualizar.

Por lo tanto, cuando finalmente los protagonistas de la saga toman relevancia en los acontecimientos, no queda claro cuál va a ser su rol, lo que provoca que el tramo final de la novela resulta muy poco clarificador (mención especial para el capítulo 29, Minero, que es tremendamente lioso) y el final es poco menos que irritante por intrascendente. Eso sí, es de agradecer el glosario de conceptos y lugares que se adjunta al final, así como el resumen de los parámetros geofísicos del Mundo Anillo. Porque eso es lo más positivo de esta obra: el reencuentro con uno de los lugares más fascinantes de la historia de la ciencia-ficción. Así que sólo les animo a leer "El trono de mundo anillo" si les fascina el universo representado por el Mundo Anillo; si no, es mejor que se abstengan.

"La Mirada del Vacío" (2023). Adrian Tchaikovsky

Tras el paréntesis vacacional, retomo hoy las reseñas de la última saga que me faltaba por traerles por aquí para completar mi segundo reco...

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