lunes, 31 de agosto de 2015

Otras sagas de ciencia-ficción en español

Durante los últimos 24 meses he estado reseñando en este humilde blog las más de cincuenta novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Ha sido un recorrido apasionante que terminó a principios de mes cuando reseñé "La historia de Zoe", la "última" de las novelas de la saga de La Vieja Guardia, de John Scalzi. ¿Terminó? Bueno, no realmente, aunque sí en mi caso. Me explico.

Desde que inicié este blog siempre he resaltado mi condición de simple aficionado al género. No soy un estudioso del mismo, ni pertenezco a ninguna editorial u asociación relacionada con el género. Simplemente me limito a compartir mis experiencias e impresiones en relación con el maravilloso mundo de la literatura de ciencia-ficción, a la que dedico parte de mis ratos libres. Esto significa que, en el caso de las sagas seleccionadas, no he realizado un recorrido exhaustivo por todas las sagas que se han publicado en español desde hace setenta años. Simplemente he seleccionado la mayoría de aquellas que sí he leído y disfrutado.

Esto por fuerza implica que el término "principal" con el que aludía a mi selección sea forzosamente subjetivo. Y que por tanto la elección que realicé sea discutible. Honestamente no creo que sea una mala selección, pues no podría haber reseña de sagas de este maravilloso género sin hablar de la Fundación, de Dune, de Mundo Anillo, de los Heeche o de las Máquinas del Tiempo. Pero obviamente por el camino me he dejado un buen puñado de sagas sin reseñar. Sin pretender realizar una lista pormenorizada, voy a hablarles mínimamente de algunas de ellas.

La que más me ha dolido dejar de reseñar ha sido la de Viaje Alucinante, de mi admirado Isaac Asimov. El motivo es que desafortunadamente no guardo notas de la lectura de "Viaje alucinante II"; recuerdo que me gustó menos que la excepcional primera entrega, y que me pareció un tanto larga y reiterativa por momentos. Pero eso no es suficiente para una reseña en condiciones. Así que si alguna vez la vuelvo a leer, dejaré constancia de la misma en este blog.

Otra saga que no he mencionado es la saga de Ender, de Orson Scott Card. Por la misma razón: cuando leí "El juego de Ender" me dejó tan indiferente, y me pareció tan obvia la "sorpresa" que encierra, que no escribí nota alguna. Lógicamente con este precedente nunca me he animado a leer el resto de los títulos de la saga, ni de su paralela, la saga de la Sombra. Algo similar me sucede con la saga del Autoestopista Galáctico, de Douglas Adams. Leí la "Guía del autoestopista galáctico", y me pareció que capturaba con acierto varios de los clichés del género. Pero supuestamente es una novela humorística, y debo confesar que apenas despertó alguna sonrisa, por lo que no escribí nota alguna al terminar, ni por supuesto me he animado con el resto de las novelas de la saga. Siguiendo con sagas de las que he leido alguna novela pero no he reseñado, debo citar la saga de la Odisea Espacial, de Arthur C. Clarke. Leí en su momento "2001, una odisea en el espacio", que me pareció una novela interesante pero inferior a las mejores del maestro británico. Por eso nunca he terminado de decidirme a darle una oportunidad a las otras tres novelas de la saga, aunque es posible que lo haga algún día. También de Clarke es la saga de Rama, cuya primera novela "Cita con Rama" sí que incluiría entre lo mejor de su producción. Pero aquí el caso es diferente al de la Odisea Espacial, puesto que su conversión en saga ha venido de la mano de Gentry Lee, un escritor por lo demás desconocido que parece haber obtenido de Clarke el permiso para alargar el original bajo su supervisión; un panorama nada atrayente. O incluso el de la saga Akasa-Puspa, de los españoles Juan Miguel Aguilera y Javier Redal, cuya primera entrega ("Mundos en el Abismo") resultaba muy atrayente en su ambientación aunque de trama y desenlace un tanto fallidos. Por no hablar de William Gibson y la trilogía inaugurada con la decepcionante "Neuromante".

En otros casos no he podido reseñar la saga porque sólo está traducido al español el primer título de la misma. Es lo que sucede, por ejemplo, con "Los árboles integrales", una meritoria novela de Larry Niven cuya continuación ("The smoke ring") no está publicada en español. O con "Al final del invierno", una disfrutable novela de Robert Silverberg cuya continuación ("The Queen of Springtime") tampoco está traducida. O con "Spin", la formidable novela de Robert C. Wilson, inicio de una trilogía cuyas entregas segunda y tercera ("Axis" y "Vortex") no han visto la luz en nuestro idioma.

Por último, hay otra muchas sagas de las que ni siquiera he leído la primera entrega. Entre ellas: "Ilión", de Dan Simmons, pues como expliqué en su momento tampoco he sido capaz de completar la lectura de los para mí excesivamente recargados Cantos de Hyperion; el "Criptonomicón", pues lo que he leído de Neil Stephenson me ha resultado pretencioso y de una morosidad verbal injustificada; o la saga de Chanur, de C.J. Cherryh, una escritura que tampoco me ha terminado de cautivar nunca; o la saga de la Cultura, de Iain M. Banks; o los Señores de la Instrumentalidad, de Cordwainer Smith; o la saga de la Elevación de los Pupilos, de David Brin; o el Paralaje Neanderthal, de Robert J. Sawyer; o la saga de La Rata de Acero Inoxidable, de Harry Harrison; o la trilogía de Thistledown, de Greg Bear; o la Historia del Futuro, de Jerry Pournelle; o el ciclo de los Dorsai, de Gordon R. Dickson...

Como pueden ver, son muchas las sagas que me esperan en las estanterías. Algunas probablemente no las lea nunca(caso por ejemplo de los Fantasmas de Gaunt, de Dan Abnett, nada menos que 14 novelas de ciencia ficción puramente militar). Otras en cambio están en lista de espera (las siguientes, la saga de Misión de Gravedad, de Hal Clement, y la saga del Arca, de Stephen Baxter). Por lo cual no es descartable que dentro de unos años retome la iniciativa de sugerir una nueva lista de novelas recomendables de las que entonces serán las "nuevas principales" sagas disponibles... Quién sabe.

Por ahora, permítanme que cierre la entrada con una apreciación que viene al caso: la saga de La guerra interminable de Joe Haldeman la constituyen "La guerra interminable" y "La libertad interminable", pero no la multipremiada "Paz interminable", a pesar de lo que el título y muchos supuestos conocedores del género pueden sugerir. Así que, ya saben, prosigan buceando en las sagas del género, pero no se dejen confundir.

sábado, 1 de agosto de 2015

La historia de Zöe (2008). John Scalzi

Con la presente entrada voy a dar por concluida mi reseña de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. La novela que les presento hoy es "La historia de Zöe", cuarta entrada en orden cronológico y de lectura de la saga de "La vieja guardia", del estadounidense John Scalzi. Como dije al reseñar la primera entrega de la saga, ésta no es la última novela de la misma, pero sí la última ya traducida al español. Es, además, una novela muy singular, puesto que no narra nuevas peripecias de sus principales protagonistas (John Perry y Jane Sagan), sino que revisita los acontecimientos de "La colonia perdida" desde el punto de vista de Zöe Perry-Boutin, la hija adoptiva de John y Jane. En mi opinión sin aportar los elementos suficientes para justificar su existencia más allá de "La colonia perdida", aunque resulte agradable de leer y clarifique o dé solidez a algunos de los puntos oscuros o débiles de aquella.

No estoy acostumbrado a leer novelas como ésta, que revisiten acontecimientos de entregas anteriores sin aportar grandes novedades. Sé que Scalzi no ha sido pionero en este enfoque (me viene a la memoria Orson Scott Card sin ir más lejos), pero tampoco es un enfoque frecuente en las sagas de ciencia-ficción. Por lo que es inevitable preguntarse los motivos. A este respecto Scalzi es muy transparente, puesto que lo que el lector deduce a lo largo de las trescientas páginas de la novela él se encarga de confirmarlo en la sección de agradecimientos situada al final: por un lado "La historia de Zöe" existe para proporcionar una nueva entrega a una saga de éxito sin necesidad de enredar mucho más la madeja argumental. Y por otro y más importante, corregir varios de los defectos de su inmediata antecesora.

A este respecto Scalzi admite dos: la repentina desaparición de los nativos asesinos (que justifica aquí gracias a la labor pacificadora de Zöe cuando sus amigos Enzo y Magdy son capturados), y el regalo del "campo extractor" que recibe Zöe durante su entrevista con el líder del Cónclave, el general Gau (que en esta novela da lugar a una no del todo bien resuelta sucesión de acontecimientos al más alto nivel político con el obin Dock, Gau y el combate entre consus y obins como justificación). Pero me atrevo a añadir varios más a la lista: el esfuerzo por mostrar la reticencia inicial de la familia Perry-Sagan a abandonar Huckelberry, una mejor perspectiva de los acontecimientos de política galáctica ya narrados en su predecesora y, sobre todo, el lavado de cara del personaje de Zöe, menos repelente y sabelotodo (como muestra baste decir que desaparece la terrible expresión "papá nonagenario" con la que Zöe se dirigía a John en "La colonia perdida").

Porque en cuanto a acontecimientos nuevos, están presentes con cuentagotas, y ninguno durante practicamente durante la primera mitad de la novela: la expedición nocturna que la pandilla de Zöe realiza al bosque y cómo Hickory y Dickory intervienen para salvarlos, el ya citado episodio de Zöe con los nativos, el caprichoso y forzado combate entre consus y obins... y poco más. El resto es sólo la perspectiva supuestamente adolescente (a veces, por los razonamientos y el vocabulario, más bien adulta) de hechos ya conocidos.

A pesar de todo lo anterior me he animado a recomendar la novela porque, además del enfoque poco habitual ya citado, posee varias de las virtudes habituales de la saga: una prosa sencilla y coloquial, el predominio de los diálogos sobre largas descripciones, una buena estructuración (mejor que su predecesora), un ritmo narrativo dinámico (aunque los acontecimientos de política galáctica del tramo final se siguen narrando sin la suficiente pausa), y el reencuentro con un universo rico y unos personajes conocidos. Todo ello favorece la lectura. Pero la cosa no da para más; tal vez si "La colonia perdida" nunca hubiera visto la luz y Scalzi se hubiera atrevido a dar un giro de 180º a la saga con "La historia de Zöe" tras el marcado carácter bélico de las dos primeras entregas la valoración habría sido diferente. Pero esa es una historia que, a diferencia de la de Zöe, nunca llegó a ocurrir.

jueves, 23 de julio de 2015

La colonia perdida (2007). John Scalzi

Una entrada más prosigo con la reseña de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Le toca en esta oportunidad a "La colonia perdida", tercera entrega en orden cronológico y de lectura de la saga de la vieja guardia, del estadounidense John Scalzi. Una novela que comparte protagonistas con las dos entregas anteriores, pero que nos presenta una historia mucho menos violenta que aquellas, con las continuas intrigas y especulaciones en torno a la colonia perdida de Roanoke como baza principal y con la falta de episodios realmente cautivadores como lastre a la hora de evaluar el resultado final. Por lo que el balance no es tan favorable como el de "Las brigadas fantasma", para mí la mejor novela de la saga.

En mi opinión "La colonia perdida" es una novela más dispersa que las anteriores. La principal razón para ello es que, a diferencia de aquéllas, Scalzi no tiene una estructura predefinida en la que encajar personajes y acontecimientos: el proceso de formación y desempeño de un soldado de las Fuerzas de Defensa Coloniales o de las Fuerzas Especiales es algo mucho más concreto y estructurable que el establecimiento de una nueva colonia, y da la impresión de que Scalzi consigue completar la novela a tirones, redefiniendo sobre la marcha su objetivo principal. Sólo así se explica el prematuro abandono de las restricciones tecnológicas en Roanoke (que podría haber dado lugar a una trama en torno a la supervivencia en condiciones adversas), la fugaz aparición de unos nativos asesinos (una línea argumental que desaparece sin más explicación), y la gradual conversión de la obra en una novela de política galáctica a gran escala.

Conversión por otra parte meritoria, porque en "La colonia perdida" Scalzi deja de jugar (barbarismos aparte) a ser Robert A. Heinlein y rinde homenaje a otro gigante del género (Isaac Asimov) presentando cómo en cada momento la Unión Colonial, el Cónclave, los obin e incluso los dirigentes de la colonia (los ya conocidos John Perry y Jane Sagan) intentan condicionar los acontecimientos en Roanoke y confían en desenlaces contrapuestos que favorezcan sus intereses. Scalzi es muy detallista en este sentido (nos presenta las expectativas del general Gau, los militares Szilard y Rybicki, el consejo de Roanoke, el arrisiano Nerbros Eser...). Traslando la impresión, además, de una coherencia razonable en todo lo expuesto, aunque a veces cuesta un poco seguirle el juego a los personajes y la novela se vuelve más especulativa que dinámica, lo que afecta un tanto a la impresión global.

Por terminar con los puntos flojos, debo resaltar lo poco elaborados que están los motivos por los que Perry y Sagan abandonan Huckelberry para formar la nueva colonia, lo torpe que resulta la fallida invasión final de los arrisianos, la facilidad con la que Zöe parece haber conseguido el campo extractor que permite a la colonia salir victoriosa, y lo endeble de la caracterización de la propia Zöe, a medio camino entre repelente y sabelotodo (lo de llamar a su padre adoptivo "papá nonagenario" habla por sí mismo).

A cambio Scalzi mantiene varias de las virtudes que han hecho famosa a esta saga: un componente científico bien presente y convenientemente actualizado al tiempo presente, prevalencia de unos diálogos amenos y con un toque sarcástico sobre largas descripciones, certera inclusión de párrafos que permitan situarse al lector incluso sin haber leído las novelas anteriores, una galaxia repleta de inagotables especies alienígenas de lo más variopintas, pasajes de acción francamente amenos, un estilo literario sin complicaciones ni reflexiones rebuscadas y una concisión realmente poco habitual en estos tiempos. Razones suficientes para leer la novela, y para seguir enganchado a la saga, que Scalzi (a pesar de lo que escribió en los acontecimientos) continúa ampliando.

domingo, 12 de julio de 2015

Las brigadas fantasma (2006). John Scalzi

Una nueva entrada continúo con las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción. Les recuerdo que estoy reseñando la última de las sagas que recomiendo: la saga de La vieja guardia, del estadounidense John Scalzi. En concreto hoy voy a reseñar "Las brigadas fantasma", segundo volumen en orden cronólogico y de lectura de la saga. Una continuación que funciona al margen de la primera novela, y que lejos de limitarse a explotar los hallazgos de aquella como habría sido de esperar, los amplía sabiamente para conseguir un resultado más satisfactorio. Tanto que para mí se trata indiscutiblemente de la mejor novela de la saga.

Y es que el libro no sigue lo que podríamos denominar a estas alturas las "líneas maestras" de una secuela (mismo entorno, explotación de situaciones que no habían sido consideradas en el original, reúso de la estructura...), sino que introduce dos nuevos elementos muy acertados: por un lado, la transferencia de conciencias (una idea muy válida aunque copiada de Nick Sagan); y por otro, una trama completa durante toda la extensión de la novela. Así, mientras que en "La vieja guardia" John Perry intervenía en una serie de batallas más o menos inconexas, en "Las brigadas fantasma" la transferencia de conciencias da lugar a una única línea argumental, sobre la base de una conspiración de tres razas alienígenas (eneshanos, raey y consu) contra la Unión Colonial, y con el fallido experimento de Jared Dirac como elemento determinante, a la vez que protagonista absoluto.

Ahora bien, que la novela esté dotada de una trama completa no significa que Scalzi renuncie a mostrarnos el proceso de instrucción de un soldado de las secretas Fuerzas Especiales (como hizo en la primera novela con las Fuerzas de Defensa Coloniales), ni que recurra a un par de episodios bélicos aislados para lograr la caracterización completa de Dirac y al mismo tiempo erosionar la alianza alienígena. Pero lo hace con mesura, sin perder de vista a dónde quiere llevar la novela, y presentando detalles que le permitirán en último término crear un desenlace más completo.

A pesar del proceso de formación y la posterior fractura de la alianza alienígena narrado en la primera mitad de la novela, es la segunda parte la que verdaderamente merece la pena: con la situación ya convenientemente planteada, los hechos y las motivaciones de cada parte se van revelando gradualmente, con un ritmo muy alto y una intensidad constante, hasta que todo converge en el desenlace en la Luna Arist. A su habitual estilo directo y socarrón, heredero directo del maestro Robert A. Heinlein, Scalzi añade esta vez la yuxtaposición de conversaciones que caracterizaba al mejor Isaac Asimov (especialmente entre Dirac y el científico creador de las conciencias de los obin, Charles Boutin). Todo ello para asegurar el disfrute del lector de ciencia-ficción clásica, sin retorcimientos, vanaglorias ni episodios adyacentes que únicamente alarguen la extensión del libro sin aportarle nada a cambio.

Ahora bien, no todo es perfecto en "Las brigadas fantasma". Por ejemplo, Scalzi sigue desaprovechando oportunidades de su universo al presentarnos las distintas especies y su historia y conflictos justo en el momento en el que van a intervenir las Fuerzas Especiales, lo que impide dimensionar y comprender mejor conceptos como el del Cónclave y el Contracónclave. Además, presenta a unos series humanos (los gamoranos) excesivamente inverosímiles. Tampoco consigue en esta entrega dotar a la novela de la profundidad suficiente, lo que la acerca por momentos al mero entretenimiento. Y, como ya sucediera en "La vieja guardia", abusa de barbarismos innecesarios y se regodea en ocasiones en la violencia extrema (Daniel Harvey es el mejor ejemplo).

No puedo terminar esta reseña sin mencionar el excelente final. Aunque el elemento científico está muy cuidado en toda la novela, la contraposición de virus y troyanos como armas definitivas en el desenlace es genial. Eso y la inteligencia de Scalzi le permiten concluir la historia sin dejar ni un cabo suelto, lo que contribuye a mejorar la ya de por sí favorable impresión global.

domingo, 28 de junio de 2015

La vieja guardia (2005). John Scalzi

Una entrada más prosigo con la reseña de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. En esta oportunidad le toca el turno a "La vieja guardia", del estadounidense John Scalzi, la primera de las novelas de la saga del mismo nombre. Que es también la última saga que voy a reseñar en este humilde blog, pues siendo la más reciente de todas cuantas he reseñado está aún siendo expandida por su autor. De hecho, el lector en español sólo tiene a su alcance estas cuatro novelas:

La vieja guardia (2005)
Las brigadas fantasma (2006)
La colonia perdida (2007)
La historia de Zoë (2008)

Pero en 2013 Scalzi amplió la saga con "The human division", aún no traducida hasta donde yo sé al español. Y mientras escribo esta entrada está viendo la luz en entregas serializadas la sexta entrega de la saga, "The end of all things". Además, Scalzi ha firmado recientemente un contrato con su editorial que entre otros compromisos incluye al menos una séptima novela para la saga, lo que deja bien a las claras el éxito de la misma. Con lo que es de esperar que en próximos años todas ellas vayan viendo la luz en nuestro idioma. Aunque de momento me conformaré con reseñar las cuatro novelas disponibles en español. En realidad, las realmente meritorias son las tres primeras; la cuarta es recomendable más que nada por un hecho muy infrecuente en el género y que desvelaré llegado el momento.

Como trasfondo de la saga, Scalzi plantea una humanidad en continuo conflicto con otras muchas especies extraterrestres por los últimos mundos habitables de la Galaxia. Con lo que el componente bélico/militar es uno de los más acusados a lo largo de la novela. Algo muy del gusto del público estadounidense desde los tiempos del maestro Robert A. Heilein hace más de medio siglo. Y si bien en mi caso particular he de reconocer que aunque las novelas de esta temática no son mis predilectas, la novela que les presento hoy es una aportación original, bien estructurada y por momentos disfrutable, a esta vertiente del género. Y con un aroma "clásico" muy de agradecer en el una novela del siglo XXI, un periodo en el que tanto abundan las obras excesivamente barrocas y de extensión injustificada.

Original porque dar la posibilidad a los ancianos terrestres que cumplan setenta y cinco años de dejar atrás su pasado en la Tierra y una muerte cercana para emprender un viaje de no retorno al servicio de las Fuerzas de Defensa Coloniales se aleja de los estereotipos planteados hasta ahora en las novelas de esta temática. Bien estructurada porque desde el proceso de reclutamiento hasta la finalización de las prácticas a mitad de la novela, pasando por el proceso de rejuvenecimiento y gradual mejora de sus capacidades, todo fluye con naturalidad, sin apenas páginas de relleno y de manera aprehensible para el lector. Y disfrutable en aquellos pasajes que lo permiten, desde el primer contacto con el Cerebroamigo hasta la formación a cargo del histrónico Sargento Ruiz.

Scalzi, probablemente consciente de que el escenario en el que se sitúa la novela es complejo, simplifica todo lo accesorio: designa un protagonista absoluto (John Perry), crea una narración en primera persona, propone una única línea narrativa, rehúye de los saltos temporales... Me parece un planteamiento acertado, aunque como bien se encarga de agradecer al final de la novela, recuerda claramente a su admirado Heinlein. Sin embargo, no por ello sacrifica el elemento científico, riguroso en todo momento, con varias páginas dedicadas por ejemplo a la impulsión de salto, y tecnología tan compleja como la empleada en la transferencia de cerebros a nuevos cuerpos o en la todopoderosa arma multiuso de las FDC, la MP-35.

La segunda parte de la novela, que comienza aproximadamente con la graduación de Perry, baja un escalón respecto a la primera por cómo la concibe Scalzi: en lugar de presentarnos a las diferentes especies alienígenas en conflicto con la humanidad, actualizarnos respecto a la situación actual y luego plantear las batallas en toda su complejidad, opta por sumergirnos directamente en episodios de combate aislados con variopintos alienígenas que no resultan fáciles de interiorizar. Probablemente sería esa la visión real de un soldado individual como Perry, y la que mejor explicaría su ascensión gradual en la jerarquía de las FDC, pero en realidad sólo dos especies extraterrestres (los consu y los raey) cobran cierta identidad en la novela, y sólo a raíz de los capítulos finales en torno a la batalla en Coral.

En el capítulo de los defectos debo incluir, además, el cuestionable recurso (no introducido hasta el tramo final de la novela) a unas Fuerzas Especiales ignoradas oficialmente por las FDCs. Y que justo una de las mayores exponentes de las mismas (Jane Sagan) tenga el mismo cuerpo de la difunta esposa de John (Katherine), lo que aporta un sentimentalismo un tanto artificial. También sobran barbarismos, violencia gratuita en algunas oportunidades y sobre todo falta algo más de profundidad y de carácter especulativo. Aunque a cambio Scalzi proponga un estilo desenfadado, fácil de leer, me atrevería a calificarlo de juvenil, con capítulos de duración contenida y bien estructurados. Es de agradecer, además, que Scalzi se esfuerce por cerrar lo narrado en esta novela, puesto que aunque probablemente tuviera ya en mente una continuación, nos propone un desenlace coherente, satisfactorio, y no deudor de esas futuras entregas que pocos años después describiría. Todo lo cual contribuye a despertar en el lector el interés por la siguiente entrega, que reseñaré dentro de unos días.

domingo, 21 de junio de 2015

El triunfo de la Fundación (1999). David Brin

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Les presento hoy "El triunfo de la Fundación", la novela del estadounidense David Brin con la que se cierra la denominada segunda trilogía de la Fundación, escrita por "las 3-Bs" de la ciencia-ficción estadounidense años después de la muerte de Isaac Asimov, con el respaldo de sus herederos. La obra literaria de Brin tiene en mi opinión como principal característica sus muchos altibajos, y aunque en su aportación al universo asimoviano no estuvo en una particular baja forma, su resultado es inferior al de la entrega de Greg Bear ("Fundación y caos") que reseñé en mi entrada anterior, y por tanto al de cualquiera de las novelas de la saga original del Buen Doctor. Pero se sostiene por las abundantes y coherentes reflexiones sobre la saga que aporta, y resulta incuestionablemente superior a la del pretencioso Gregory Benford ("El temor de la Fundación").

Brin sitúa su novela en los últimos años de vida de un anciano Hari Seldon, quien aunque ya tiene sus dos Fundaciones en marcha, mantiene hasta el final su titánico esfuerzo por descubrir los últimos factores que sean necesarios incorporar a sus ya famosas ecuaciones psicohistóricas. Para ello, recrea los principales protagonistas de la saga originial (Hari, Daneel, Dors, Wanda) y alguno de los creados en las novelas anteriores de esta seguna trilogía (el robot Lodovik Trema, los simulacros Voltaire y Juana de Arco...), y los complementa con un buen puñado de personajes de creación propia (especialmente Horis Antic, que acompaña a Hari en su periplo final, el robot Kers Kantun, y el noble Biron Maserd). Aunque a pesar de todos estos ingredientes el lector pronto descubre que más que como una auténtica novela, "El triunfo de la Fundación" podría definirse como un ensayo novelado. Porque lo que guía a la pluma de Brin es el afán por plantear reflexiones y respuestas que hasta ahora no se habían presentado tan claramente en la saga de la Fundación, ni por extensión en las de los Robots y el Imperio Galáctico.

Así, por las casi 500 páginas de la novela se plantean cuestiones como: ¿por qué durante 20.000 años en ninguna parte de la Galaxia el ser humano ha sido capaz de repetir un éxito del calibre de la invención de los robots? ¿cómo es posible que los humanos sean la única especie inteligente de la Galaxia? ¿cómo puede ser que su civilización galáctica se mantenga estable social, tecnológica y económicamente durante todo ese tiempo? ¿es el caos la causa de la imperfección de la humanidad, y la razón por la que una y otra vez se le niega la grandeza que parece capaz de conseguir? ¿por qué esa insondable amnesia de la humanidad respecto a su origen y expansión por la Galaxia? ¿sería válida la psicohistoria en una galaxia plagada de mentálicos? Y aunque en ocasiones se transformen en divagaciones un tanto superfluas, estos interrogantes permiten a Brin proporcionar respuestas tan brillantes como consecuentes: la fiebre cerebral, los archivos históricos especiales, las máquinas terraformadoras, los persuasores mentálicos orbitales, o la enorme influencia de la burocracia en la sociedad.

Es de recibo resaltar también el loable esfuerzo y los si cabe mayores conocimientos que exhibe Brin sobre las tres sagas del Buen Doctor. Así, aprovecha desde la extraña desaparición de Joseph Schwartz en Chicago relatada en "Un guijarro en el cielo", hasta el plan de Daneel para crear Gaia, la superunidad planetaria planteada por Asimov en "Fundación y Tierra", sin olvidarse de incluir las aportaciones de sus compañeros de viaje Benford y Bear. Así como el respeto por las señas de identidad de la saga original, claramente apreciable en una estructura en seis partes que transcurren en diversos escenarios, precedidas por sus correspondientes citas de la Enciclopedia Galáctica, constituidas por capítulos numerados de corta extensión y con continuos saltos de situación... Todo tal cual lo hubiera hecho el propio Asimov. Aunque desafortunadamente ese respeto por el estilo del Buen Doctor no da como resultado una novela de tan alto nivel.

La lástima es que abundan los defectos, sobre todo en lo concerniente al concepto de "novela". Particularmente la trama, que por una parte resulta confusa (con demasiados personajes de intereses encontrados y particulares que resultan difíciles de distinguir), y por otra escasa (ya que con tanta especulación y esfuerzo por cohesionar las sagas, el número y sobre todo la magnitud de los acontencimientos se resiente, escaseando la acción). Lo que es más: a la novela le falta la intriga típica de Asimov, y un objetivo claro que dinamice la acción. De hecho, Brin ni siquiera termina de aprovechar que el desenlace ocurra precisamente en la Tierra. Y admite a modo de postfacio que eliminó dos páginas más del desenlace para dejar simplemente pistas a hipotéticos continuadores futuros de la saga.

Otros defectos que penalizan la impresión global son la expansión explícita y reiterada del caos que tanto obsesiona a Brin y la insistencia en distinguir la adscripción a cada una de las cinco castas. Tampoco son particularmente interesantes los nuevos personajes que acompañan a Hari en su periplo (Antic y Maserd). Ni aporta lo suficiente a la obra la forzada "malignización" de Dors tras calibrar el plan trazado por Daneel a lo largo de los milenios. Si bien a cambio la novela se cierra con un más que interesante anexo, que nos presenta una cronología temporal de los principales acontecimientos relatados por el propio Asimov y por sus sucesores en las tres sagas interrelacionadas que conforman su historia del futuro. Un detalle muy de agradecer que dará cohesión a todo lo leido y puede servir como perfecto punto de cierre para las nada menos que 17 novelas que he reseñado sobre todas estas históricas sagas en este humilde blog.

jueves, 4 de junio de 2015

Fundación y Caos (1998). Greg Bear

Una entrada más continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Llega el momento de reseñar "Fundación y Caos", del estadounidense Greg Bear, segunda novela en orden cronológico y de lectura de la segunda trilogía de la Fundación, la extensión de la saga acometida años después de la muerte de Isaac Asimov tras la pertinente autorización de sus herederos. Como ya dije al reseñar la primera de las novelas de esta segunda trilogía ("El temor de la Fundación", de Gregory Benford), el resultado de la misma no me parece equiparable en calidad ni en disfrute a la saga original. Pero sin llegar a las cotas de excelencia de las mejores novelas de aquélla, "Fundación y Caos" me parece un acercamiento a su universo sólido y creíble, en el que el a veces falto de chispa Greg Bear se muestra en notable buena forma, y resulta capaz de aportar a la serie una novela incuestionablemente superior a la de Benford.

Tres son las razones principales por la que la aportación de Bear es claramente superior. En primer lugar, porque recrea con más habilidad, respetando mejor su personalidad, varios de los personajes esenciales en la última etapa del Imperio Galáctico (el ya anciano Hari Seldon, su nieta Wanda, Daneel...) y los rodea de un elenco de personajes de patrones netamente asimovianos (Klia Asgar, R. Lodovik Trema, R. Plussix...), lo cual le permite construir en diversas líneas narrativas todo un espectro de intrigas y poderes encontrados plenamente alineado con los del Buen Doctor. En segundo lugar, porque los simulacros Voltaire y Juana de Arco, que tan farragosamente incorporó Benford a la saga para aumentar el peso de las inteligencias artificiales en la misma, quedan aquí postergados a un merecido segundo plano. Y en tercer lugar, por la propia habilidad literaria de Bear: menos pirotécnico y más modesto que Benford, da más protagonismo a las conversaciones a la vez que respeta la estructura en capítulos cortos tan característica de la saga.

Aparte de las mejoras comparativas respecto a su predecesora, la obra posee sus propias virtudes intrínsecas. Bear sitúa con naturalidad la novela en el periodo en que el Imperio Galáctico está a punto de desintegrarse bajo el mando del emperador títere Klayus I y su ministro Linge Chen, muy cercano en el tiempo al primer relato de la novela "Fundación" (llamado "Los psicohistoriadores"), y la encaja hábilmente con los acontecimientos narrados en "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", prestando especial atención a la "vertiente robótica" de la saga. Así, el enfrentamiento entre los robots giskardianos y los calvinianos a causa de la controvertida Ley Cero de la Robótica que nos relata, estaba ya latente en la saga original, pero nunca se había expuesto con tan elocuente claridad. Y con el añadido de una visión enriquecida de sus facetas robóticas (chequeos de programación, acciones de diagnóstico y reparación...). Además de lo anterior, y sin apabullar al lector, Bear respeta el elemento científico y tecnológico, acordándose de introducir varios gadgets cien por cien asimovianos.

Otros aciertos son su habilidad a la hora de revisitar varios de los distritos emblemáticos de la ciudad-mundo de Trántor, e incorporar con mayor inspiración que Benford otros nunca desvelados hasta ahora. También dos personajes excelentemente caracterizados: el ambiguo, poderoso y sagaz Linge Chen, un personaje presentado por Asimov en "Fundación" pero que hasta ahora no había sido desarrollado en la saga; y la inquieta mentálica Klia Asgar. Asimismo debe resaltarse la habilidad de Bear para que la novela resulte amena a pesar de su notable extensión. Y algunos episodios que perviven en la memoria del lector tiempo después de haber terminado la lectura, especialmente el episodio en el cual todas las fuerzas presentadas confluyen en la Sala de Dispensas, excelente en su concepción y muy cuidado en su presentación.

En el capítulo de los defectos, citar fundamentalmente dos. El primero, que el punto de partida que da lugar a la novela es demasiado débil, ya que se trata de un juicio muy similar a los que ya sufrió Hari Seldon en "Hacia la Fundación". Y el segundo, que durante toda la novela existe ua cierta confusión con respecto al conflicto de poderes que la sustenta. En mi opinión Bear no tiene el mismo talento que Asimov para presentarnos nítidamente todos los rasgos y motivaciones de cara bando, ni para extraer unas conclusiones definitivas tras el desenlace (es probable que al lector no entienda bien qué puertas ha dejado abiertas tras el mismo). Otros defectos menores son la existencia de episodios ya narrados por Asimov en "Hacia la Fundación" (por ejemplo, se vuelven a relatar las grabaciones realizadas por Seldon), la manera como finiquita a algunos personajes que a lo largo de la novela han tenido mucho peso (Farad Sinter, R. Plussix), y la ausencia del elemento sorpresa en el desenlace, tan esencial en casi cualquier novela de Isaac Asimov. Defectos que en todo caso no me impiden considerarla como la mejor de las tres novelas de la segunda trilogía, como tendré ocasión de argumentar dentro de unos días cuando reseñe "El triunfo de la Fundación".

miércoles, 27 de mayo de 2015

El temor de la Fundación (1997). Gregory Benford

Ya he manifestado anteriormente en este mismo blog que para mí la saga de la Fundación es, con todo merecimiento, la saga más reconocida en la historia de la ciencia-ficción. Así que, cuando unos años después de la muerte de Isaac Asimov, sus herederos autorizaron la elaboración de una trilogía sobre la misma que arrojara luz sobre algunas de las principales incógnitas de la saga, y que sobre todo me permitiera reencontrarme con sus principales personajes y escenarios, mi expectación fue máxima. Aunque al conocer los escritores involucrados en la redacción de la misma (Gregory Benford, Greg Bear y David Brin) mi ilusión bajó un tanto. No es que se trate ni mucho menos de escritores de segunda fila (cosa que sí sucede con la saga "Robot city", lejanamente emparentada con la saga de los robots de Asimov y que nunca me he animado a leer), y todos han sido reconocidos con los premios más importantes del género. Pero Brin me parece un escritor relativamente irregular, a Bear creo que le falta un poco de chispa y sobre todo Benford no se encuentra entre mis predilectos por su pretenciosidad y sus reiterativas obsesiones y tics. Así que aunque voy a recomendar leer las tres novelas de la saga (siendo cada una de ellas de un escritor diferente no veo sensata otra recomendación), sí que advierto que la impresión final de esta segunda trilogía probablemente sea muy inferior a la de la saga original, aunque no me atrevería a calificarla de decepcionante.

La saga está compuesta por las siguientes tres novelas, en orden cronológico y de lectura:
"El temor de la Fundación" (1997). Gregory Benford
"Fundación y caos" (1998). Greg Bear
"El triunfo de la Fundación" (1999). David Brin

Centrándonos en "El temor de la Fundación", la aportación de Benford a la saga, empezaré diciendo que para mí es sin duda la peor de las tres novelas, e inferior a cualquiera de las de la saga original. La razón básica es que creo que Benford carece del talento de Asimov para mantener el nivel de la saga, con su inagotable riqueza a diferentes niveles. Aunque no debemos ignorar sus esfuerzos por ajustarse al universo asimoviano.

El comienzo, sin ir más lejos, es alentador: Benford respeta la estructura en varias partes de las novelas de la saga escritas en los ochenta, con una cita de la Enciclopedia Galáctica al comienzo de cada una, y una sucesión de capítulos cortos dentro de las mismas, tal y como había hecho el Buen Doctor. Además, recurre al uso intensivo de los diálogos y sitúa la acción justo antes de la elección de Hari Seldon como Primer Ministro del Imperio Galáctico, lo que le permite al lector ponerse rápidamente en situación y le posibilita la satisfacción de reencontrarse con viejos conocodios: Cleon I, Dors, Daneel, Yugo... Sin embargo, la recreación de los mismos no está del todo conseguida, pues se echan en falta personajes (Raych), algunos como Yugo, que se ha convertido en un apasionado nacionalista dahlita, están demasiado alterados, y en la relación de Hari con Dors hay episodios de pasión impropios de Asimov.

Con la segunda de las ocho partes de que consta la novela aparece el principal problema: los Simulacros, unos programas de inteligencia artificial que son resucitados por Seldon como mecanismo para comprobar sus teorías psicohistóricas. En total, nada menos que un tercio de la novela focalizado casi en exclusiva en dos personajes demasiado ligados a la historia de la Tierra (Juana de Arco y Voltaire), que se enzarzan en especulaciones inverosímiles, cargadas de términos de significados confusos y faltas de acción. Incluso el debate entre fe y razón que plantean permanentemente, además de ya de sobra conocido, queda lejos de las reflexiones de la saga. Tanto, que muchas veces el lector debe resistirse a la tentación de saltarse estos capítulos. Y ni siquiera es una aportación consistente, ya que por ejemplo Marq y Sybyl, protagonistas de la segunda parte, desaparecen sin más hasta el final.

Siguiendo con el capítulo de los defectos, otro defecto grave es que aunque el eje central de la novela parece en principio la conspiración de Lamark contra Seldon, pero durante muchas fases de la novela no hay ninguna alusión a esta situación, lo que confunde al lector. Tampoco se muestra inspirado Benford a la hora de aprovechar la fascinante diversidad del Trántor que nos descubrió Asimov: incluso las otras partes de la ciudad-planeta que crea para la ocasión (Junin, Analytica) carecen de fuerza, como si él mismo no creyera demasiado en ellas. Otros defectos menores son la continua inserción de citas, los excesos imaginativos de Benford (a modo de ejemplo puedo citar los gatos que hablan y desfilan), la aparición puntual de personajes de la Tierra que nada aportan a la obra (desde Torquemada a Jesucristo), y una cierta brusquedad y confusión a la hora de narrar la mayoría de los episodios de acción.

Afortunadamente, algunos aciertos permiten completar la lectura de la obra. En especial la quinta parte, dedicada a Panucopia (la interacción con los pans, su utilización para la teoría de la psicohistoria y la conspiración de Vaddo contra Dors y Hari). También las recepciones y fiestas palaciegas, que si bien no logran recrear el ambiente de intriga característico de Asimov, sí saben reflejar la inmensidad y el refinamiento del Imperio. Asimismo, la atención al componente científico (incluso cuando como en el caso de los agujeros de gusano contravenga el salto hiperespacial que Asimov había usado en sus novelas de los cincuenta), las referencias a otros elementos del universo Asimoviano (el planeta Sark de la saga del Imperio, el robot Giskaard de la saga de los robots...), y el hecho, desvelado al final, de que los fatigosos Simulacros y el Retículo tenían como fin plantear una solución (bastante convincente, por cierto) a la ausencia total de alienígenas en la Galaxia.

Resaltar por último la excelente traducción (algo no siempre habitual en el género) a cargo de Carlos Gardini.

sábado, 9 de mayo de 2015

Chindi (2002). Jack McDevitt

Una nueva entrada continúo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales novelas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablarles en esta oportunidad de "Chindi", tercera novela en orden cronológico y de lectura de la saga de Priscilla Hutchins, también conocida en España como la saga de las máquinas de Dios, de Jack McDevitt. Es la última novela que recomiendo leer de la saga, a pesar de que ésta aún está compuesta por cuatro novelas más (tres de las cuales están disponibles en nuestro idioma), y de que fue la primera de las novelas de la saga nominada al prestigio Premio Nébula (reconocimiento que compartieron las tres novelas siguientes de la saga). Y es que la tercera entrega de la saga intenta, respetando la arqueología alienígena como su elemento característico, potenciar la exploración especial como elemento diferenciador de sus predecesoras. Y a pesar de que ese hecho probablemente influyó en su nominación, para mí afecta negativamente al resultado, inferior incuestionablemente al de sus predecesoras.

Porque la sensación predominante hasta que tiene lugar el descubrimiento del Chindi (lo cual no sucede hasta el último tercio de la novela) es que los reiterativos hallazgos de las tripletas de satélites que se localizan orbitando diversas estrellas de nuestra galaxia, son más una excusa para que la novela se diferencie de las anteriores (y, admitámoslo, para equiparar su abultada extensión a la de aquellas), que un eje argumental en el que McDevitt realmente crea. Es cierto que a lo largo de todas las travesías de Hutch y sus compañeros de aventura (seis, nada menos) se nos muestran escenarios aceptablemente interesantes (Retiro, Paraíso y, sobre todo, Refugio). Pero falta el para McDevitt esencial ingrediente de la restricción temporal, y sobra la sensación de un viaje que los miembros de la Sociedad del Contacto prolongan de manera un tanto ingenua y artificial. Y claro, así la lectura se resiente.

Además, McDevitt juega claramente al despiste con "Chindi", tanto a nivel individual (basta observar que Hutch empieza más que interesada en el Predicador, pero en unas pocas semanas acaba rendida en los brazos de Tor) como colectivo (la original idea de dos expediciones paralelas pero coordinadas en sus misiones a dos puntos diferentes de la galaxia se desvanece pronto, con la repentina desaparición del Cóndor). Por otra parte, las reflexiones tan oportunamente introducidas al comienzo de cada capítulo de "Deepsix" dejan paso aquí a unas citas (a veces reales, otras inventadas para la ocasión) que simplemente orientan al lector sobre el contenido del capítulo en cuestión, pero no le dan qué pensar. Y vuelven a sobrar varias decenas de páginas (desde el irrelevante para la narración episodio del rescate de la Renaissance hasta detalles sobre las simulaciones a bordo del Menphis).

No obstante, a pesar de ese menor interés respecto a sus predecesoras, la novela se deja leer y es capaz de entretener al lector. A ello contribuyen decisivamente la ya conocida parafernalia de la saga (naves superlumínicas, Academia, e-trajes, campos Flickinger), el protagonismo absoluto de Hutch (con sus imperfecciones, pero también su eficacia en situaciones extremas), una prosa correcta, con predominio de diálogos amenos y directos sobre largas y farragosas descripciones, y especialmente el sentido de la maravilla inherenete al fastuoso universo ideado por McDevitt, cuya grandeza se percibe en toda su extensión en "Chindi".

Hasta el hallazgo del Chindi la novela ofrece en mi opinión menos pasajes cautivadores que sus predecesoras (quizá sólo el inteligente y agónico rescate de Tor a bordo del Wendy). Pero una vez la acción se traslada al original e inmenso artilugio alienígena la narración vuelve por fin a los parámetros más conocidos de la saga (exploración, elaboración de teorías sobre lo encontrado, un grupo reducido y gestionable, una catástrofe que dinamiza la narración, la restricción temporal...) y ese retorno a la "fórmula" aumenta la efectividad de la novela. El rescate fallido de George y Tor entre la estremecedora tormenta de hielo es brillante, y el tramo final, con su sucesión de ideas ingenieriles y arriesgadas para superar los continuos reveses, mejora mucho la impresión final de la novela (aunque en último extremo la red que construye Tor para que Hutch pueda rescatarlo, recuerda conceptualmente a la empleada en el desenlace de "Deepsix", como el propio McDevitt admite). Además, el epílogo rescata lo más salvable de los dos primeros tercios de expedición y lo dotan de una coherencia y un sentido global que realzan su valía. Una buena forma de cerrar una novela correcta pero que sigue sugiriendo más que confirmando, tarda demasiado en "despegar", y sólo lo hace cuando transita aguas ya conocidas de la saga. Razones por las que nunca me he animado a proseguir con la lectura de las novelas restantes. Aunque no descarto que en algún momento me anime a proseguir con su lectura, pues la saga contiene argumentos para ello. Sólo necesito que haya transcurrido el tiempo suficiente para eliminar esa sensación de deja vu tan incómoda.

lunes, 13 de abril de 2015

Deepsix (2000). Jack McDevitt

Una nueva entrada prosigo reseñando las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Voy a hablar hoy de "Deepsix", segunda novela en orden cronólogico y también de lectura de la saga de las máquinas de Dios, obra del estadounidense Jack McDevitt. "Deepsix" fue la novela con la que McDevitt convirtió sus "máquinas de Dios" en una saga, desplazando la acción casi 20 años adelante en el s. XXIII y confirmando a la piloto/capitana Priscilla Hutchins como su protagonista absoluta. "Deepsix" es una cautivadora novela de supervivencia en un entorno hostil y de ingeniería astronómica "contrarreloj", que utilizando en esta ocasión la arqueología más como complemento que como componente esencial, globalmente supera a los puntos a su predecesora.

"Deepsix" comparte suficientes elementos con "Las máquinas de Dios" para formar incuestionablemente parte de la saga (aparte de la misma protagonista podemos citar la exploración de un planeta con restos de una civilización inteligente, la presencia de agentes ya conocidos como la Academia y Kosmik, un prólogo corto, desasosegante y enigmático, un acontecimiento inevitable pero inesperado que impone una restricción temporal a la acción...), pero también las suficientes características propias como para diferenciarse: por encima de todo, un mayor número de reflexiones propuesta a partir de lo narrado y sobre la vida en general, que presenta en su mayor parte al comienzo de cada capítulo merced a las citas del periodista Gregory McAllister, y también una mayor atención al componente tecnológico-ingenieril, capitalizado por los restos del ascensor espacial encontrado en Deepsix y su posterior conversión en la red de rescate de los protagonistas. Ambos aspectos parecen vistos desde fuera una respuesta consciente del autor a algunas de las mayores debilidades de "Las máquinas de Dios". Y cumplen razonablemente bien su cometido, por lo que son bienvenidas.

Aun cuando en mi opinión sobran menos páginas que en su predecesora, "Deepsix" es nuevamente una novela muy larga, y ello acarrea que el comienzo (hasta que la expedición aterriza en el planeta Deepsix) sea un poco lento, y que en el tercio final se caractericen en exceso algunos personajes netamente secundarios (como los integrantes del equipo de soldadores). Otro defecto obvio es la semejanza en la fórmula con la primera novela de la saga, lo que limita el factor sorpresa a cuestiones como cuántos personajes morirán, o qué imprevistos de última hora se encontrarán. También cabe ponerles un pero a unos cuantos pasajes de exploración arqueológica (más descriptivos que reveladores) y a algún personaje un poco "cargante" (el capitán del Evening Star Erik Nicholson, el propio Gregory MacAllister). E incluso a que la situación poco menos que insostenible que atravesaba la Tierra en "Las máquinas de Dios" prácticamente ni se mencione dos décadas más tarde.

Pese a estos defectos la novela resulta muy amena y cercana: el factor tiempo y la tensión que impone durante casi toda su extensión dinamiza la acción, la prosa es sobria pero efectiva, abundan unos diálogos que a menudo despiden una chispa de inteligencia o de humor, en la mayoría de los capítulos sucede algún acontecimiento interesante, el elemento científico está razonablemente respetado tanto en su vertiente astronómica como en la flora y fauna de Deepsix... Además, los personajes principales están muy bien caracterizados, constituyendo un grupo heterogéneo, lo suficientemente reducido para profundizar en él, pero muy compensado y que se nos muestra muy creíble gracias a sus fallos, sus contradicciones, la familiaridad que van adquiriendo entre ellos... Por ejemplo, McDevitt acierta de pleno al mostrarnos primero cómo Nightingale le falla a Hutch y más adelante cómo él se resarce salvándole la vida a ella. Aunque se echa de menos que intervenga algún personaje más de la primera novela (sólo aparece brevemente Ian Helm, de Kosmik, y con las mismas funestas consecuencias). Y un acierto claro y definitivo para la valoración favorable del libro es que abundan los episodios realmente conseguidos y que perviven años después de la lectura (el intento de recuperación de los condensadores, el ascensor en "el Monte Azul"...).

Para terminar, debo resaltar un final vertiginoso, con una sorpresa de última hora muy acertada, satisfactorio desde un punto de vista astronómico, cuidado en su vertiente ingenieril y minucioso a la hora de cerrar frentes. Solamente falla que lo averiguado sobre las dos especies extraterrestres que se encontraron en Deepsix (los "grillos" y los "halcones") queda más como curiosidad histórica que como un hecho trascendente para la saga. Pero al fin y al cabo eso mismo es lo que le sucede a McDevitt: su obra difícilmente trascenderá el género, pero escribe buenas novelas, sin fisuras y con el suficiente grado de curiosidad y sentido de la maravilla. Razones por las cuales tras la lectura de "Deepsix" lo habitual es que el lector siga interesado en progresar con el resto de la saga. Y por las que reseñaré "Chindi" en mi próxima entrada.

martes, 31 de marzo de 2015

Las máquinas de Dios (1995). Jack McDevitt

Prosigo con las reseñas de las novelas que recomiendo leer de las principales sagas disponibles para el lector de ciencia-ficción en español. Empiezo en esta oportunidad las reseñas de una de las sagas más populares en España en estos últimos tiempos: la saga de Priscilla Hutchins, llamada así en honor de su protagonista femenina, y más conocida en español por la saga de las Máquinas de Dios, del escritor estadounidense Jack McDevitt. Una saga que se basa en un concepto no demasiado explotado en el género: la arqueología alienígena, y las aventuras a la que su desempeño da lugar.

Por su cercanía al tiempo presente, empiezo a correr el riesgo de que los títulos que la componen en el momento de la reseña no sean los que finalmente terminen componiéndola, pues McDevitt sigue publicando con regularidad y hace poco más de un año añadió un nuevo título ("StarHawk", aún no traducido al español) a la saga. Que a día de hoy está compuesta en nuestro idioma por las siguientes seis novelas:

Las máquinas de Dios (1995)
Deepsix (2000)
Chindi (2002)
Omega (2003)
Odisea (2006)
Cauldron (2007)

El de McDevitt es un caso singular, pues se trata del autor que, en más de 60 años de historia, más nominaciones al Premio Nébula ha recibido en la categoría de novela (12 hasta la fecha), y que en proporción menos galardones ha recibido (sólo uno). Nominaciones a las que en buena medida ha contribuido la saga que hoy empiezo a reseñar. Aunque curiosamente no fue hasta la tercera entrega de la saga ("Chindi") cuando empezó a recibirlas, si bien desde ella las tres posteriores repitieron nominación. Hecho que habla bien a las claras del alto nivel medio de la saga. Aunque, por razones que explicaré más adelante, sólo voy a recomendar los tres primeros títulos de la misma.

En mi opinión, McDevitt escribe ciencia-ficción contemporánea con la mirada puesta en la ciencia-ficción clásica de los años cincuenta. Y además, es mejor narrador que creador, por lo cual sus novelas son más disfrutables por la habilidad que tiene para crear sus personajes y enredarlos en mil aventuras en parajes extraños, que por sus ideas originales o sus reflexiones de gran calado. Esto se pone de manifiesto a lo largo de toda la saga en general y de "Las máquinas de Dios" en particular: se trata de una novela entretenida, plena de imaginación, sin ideas espectaculares ni artificios innecesarios. Y razonablemente bien estructurada para su gran extensión (casi 600 páginas en la edición de bolsillo).

La novela está dividida en un breve prólogo, cuatro partes de duración variable y ubicadas en una localización diferente (Oz, una luna de Quraqua, el Templo de los Vientos en el propio Quraqua, Beta Pacífica III y el asteroide LCO4418-IID) y un pequeño epílogo. Una estructura que como digo contribuye decisivamente a que la novela no se le vaya de las manos a McDevitt. Lo cual no significa que no sobren determinados pasajes en distintos puntos de la misma, ni que la caracterización de los personajes sea siempre la mejor. Pero que la narración mantenga un propósito, y que unos diálogos sencillos y directos predominen sobre una prosa estándar que no es la mayor fortaleza de McDevitt, facilita que las páginas se pasen a buen ritmo.

Quizá la mayor virtud de la novela sea el permanente sentido de la maravilla que la preside. Y que en realidad es muy superior a la cantidad de revelaciones que se esconden tras sus páginas. Porque el marco en el que la sitúa el escritor está determinado desde el principio: la Tierra de comienzos del s. XXIII agoniza víctima de la sobreexplotación y el cambio climático, pero la tecnología hiperluz ha permitido identificar otros tres lugares donde existió vida inteligente (Pináculo, Quraqua y Nok). Este último continúa habitado, y la terraformación de Quraqua que lidera la corporación Kosmik parece la última esperanza para el género humano. Pero sobre ese marco McDevitt sitúa a un elenco de arqueólogos y a la piloto Priscilla Hutchins, y deja que sus exploraciones arqueológicas sustenten la novela.

Es justo reconocerle al autor su poderosa imaginación, puesto que cada una de sus localizaciones no es sólo radicalmente diferente a la anterior, sino que las peripecias que construye sobre ellas lo son aún más. Así, hay capítulos en varias de ellas de gran calidad (el tsunami sobre el Templo, la congelación del Wink, el ataque alienígena en Beta Pacífica...), junto con otros menos cautivadores (las conclusiones extraídas en Oz, o incluso la nube en Delta durante el desenlace). También debemos agradecerle a McDevitt su respeto por el componente científico en cada campo (lo que se traduce en un número de gadgets inusualmente bajo en el género). Y la inclusión de "teletipos" en diversos momentos, que posibilitan una mejor visualización del panorama global de la raza humana.

Sin embargo, algunos defectos la apartan de la categoría de clásico que a veces parece merecer. Junto a esas aproximadamente 100 páginas de más que contiene, el elenco inicial de personajes es a todas luces excesivo (sólo a partir de la tercera parte consigue acotarlo), pese a lo cual introduce dos personajes más (Ángela y Terry) muy cerca del final, y necesita recurrir a un apresurado epílogo para cerrar un montón de cabos sueltos. Además, apenas hay reflexiones de calado, a pesar de la longitud del libro. Tampoco propuestas novedosas, como lo evidencia que las nubes del final sean ya familiares al lector habitual del género y resultan poco creíbles en su constitución y propósito. Por otra parte, algunos de los cabos que ata Hutchins son demasiado obvios para que hubieran quedado ocultos a ojos del lector avispado. Y en ocasiones a la novela le falta un punto de fuerza, un mejor engranaje. Aunque obviamente la magnitud y riqueza del universo concebido por McDevitt posibilitan sin duda la conversión de esta novela en saga que acometió unos años después de su publicación. Y de cuya primera aportación ("Deepsix") les hablaré en mi próxima entrada.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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