miércoles, 23 de octubre de 2013

Fundación y Tierra (1986). Isaac Asimov

Con esta entrada termino la reseña de las novelas de la Fundación que merecen ser leídas (todas, en realidad). "Fundación y Tierra" fue la quinta novela que escribió Asimov para la saga, si bien cronológicamente es la séptima y última. Como su propio título indica, Asimov propone un guiño al lector ambientando el desenlace de la saga en la búsqueda del planeta matriz, la legendaria Tierra. Aunque en realidad el rasgo más característico de la misma es el peso que en ella adquieren los robots, un elemento que Asimov incorporó a la saga durante su segunda época, pero que sólo aquí adquieren una nítida función de conexión con su saga de los robots, personificada en la figura de R. Daneel Oliwav y la consecuente ley cero de la robótica ("Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.").

Aunque no debería ser así, la impresión general de una saga suele venir determinada por la de la última novela que hemos leído de la misma. Afortunadamente, "Fundación y Tierra" es una más que digna manera de rematarla: sin ser la mejor novela de la saga, tampoco es la peor; en mi opinión se encuentra al mismo nivel que "Hacia la Fundación" o "Fundación e imperio", que ya es bastante. A ello contribuye sin duda que Asimov respetó las principales señas de identidad que caracerizan la saga: fiel a la estructuración ya conocida, Asimov la estructuró en siete partes, cada una de ellas titulada a partir del lugar en el que transcurre la acción. Los protagonistas principales siguen siendo los mismos que en "Los límites de la Fundación" (Golan Trevize y Janov Pelorat), lo que garantiza que la novela sigue sosteniéndose principalmente en los característicos y amenos diálogos del Buen Doctor.

Lo cierto es que las primeras páginas del libro (ubicadas en el planeta Gaia) hacen temer una calida similar a la de "Los límites de la Fundación", que como ya comenté hace unos días entretiene pero no apasiona. Asimov intenta en ellas justificar el final un tanto cuestionable de su anterior novela mediante un tema un tanto recurrente: la exaltación de la Galaxia como concepto frente a los seres individuales. Este hecho, junto con un evidente intento de poner en situación al lector, las convierten en las peores de la novela, siendo lo más interesante de las mismas la incoporación de un habitante de Gaia (Bliss), como tercer protagonista de pleno derecho.

Sin embargo, a raíz de la partida hacia Comporellon (segunda parte, hacia la página 50 aproximadamente) vuelve el Asimov de altos vuelos: la trama gana en interés, y además se ubica en unos marcos escénicos fantásticamente concebidos y estratégicamente distribuidos para dar dinamismo a la obra, de manera similar a como haría un par de años después en "Preludio a la Fundación". Así, el lector irá entrando en contacto con el planeta Aurora (del cual proviene Daneel), Solaria, Melpomenia, Alfa, y en última instancia (cómo no), la Tierra. El continuo devenir por los mundos aporta, además, situaciones inesperadas y personajes cautivadores, haciendo que la interrupción de la lectura resulte cada vez más difícil. Además, los periodos de vuelo de un mundo a otro sirven para enriquecer la narración con interesantes elementos del máximo rigor científico en general y astronómico en particular. En otras palabras, auténtica ciencia-ficción.

Así, el lector devora las páginas hasta llegar al final, que no propone un desenlace dramático como otras entregas de la saga, pero sí razonablemente convincente y cohesionado para una serie tan fastuosa. No obstante debo hacer dos precisiones al respecto: primera, que para una mejor comprensión del mismo es recomendable haber leído antes las dos últimas novelas de la saga de los robots ("Los robots del amanecer" y "Robots e Imperio"), y segunda, que en dicho final yo eché de menos una mayor transcendencia final de toda la labor realizada por las dos Fundaciones, pues en mi opinión da la impresión de que la mayoría de las actividades que realizaron ambas a lo largo de las distintas novelas hubieran caído finalmente en saco roto. De hecho, se dice que Asimov siempre tuvo en mente una posible continuación, pero que nunca encontró la manera de hacerla realidad y por eso sus dos últimas entregas fueron precuelas. A raíz de la calidad que en mi opinión desprenden "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", me alegro de que fuera ése el caso.

Les espero en mi próxima entrada con la reseña de la primera novela de una nueva saga.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Los límites de la Fundación (1982). Isaac Asimov

Continúo con mi reseña de las novelas que conforman la saga de la Fundación. Le toca en esta oportunidad a "Los límites de la Fundación". Ocupa el sexto lugar según la cronología de la saga, aunque es la cuarta la novela por orden de publicación, además de la obra con la que el autor la retomó en 1982, más de 30 años después de haber completado el "ciclo de Trántor". Se trata, pues, de una novela especial, que permite comprender muchas de las impresiones que ya he trasladado en revisiones anteriores de la saga. Con lo cual si me permiten voy a empezar la reseña de una manera diferente, recurriendo a las reflexiones que a raíz de la misma escribió Asimov en sus excelentes "Memorias", y dejando para más adelante el contenido de la novela.

Lo primero es confirmar que Asimov no retomó la saga por iniciativa propia, sino por un jugoso adelanto de Doubleday (una de sus editoriales), y que ni siquiera recordaba con exactitud el contenido de lo narrado. Tuvo que proceder a su relectura, venciendo su terror a enfrentarse a lo que le "parecería un texto tosco e inmaduro después de todos estos años". Pero al finalizar la misma experimentó "exactamente lo que los lectores me habían dicho durante décadas, una sensación de furia porque se había acabado y no había más". Por lo cual aceptó el desafío, aun reconociendo que a la trilogía original "le faltaba acción, los problemas y soluciones estaban expuestos fundamentalmente en forma de diálogo, de discusiones racionales planteadas desde distintos puntos de vista, sin indicaciones claras para el lector de qué opinión era la válida y cuál la errónea.". ¿Les suena a lo que han leído en este mismo blog, o a su experiencia personal al leer el ciclo de Trántor?

Así que cuando Asimov empezó a escribir lo que terminaría siendo "Los límites de la Fundación", trató "de conservar el estilo y la atmósfera de las primeras narraciones", se esforzó por "mantener un bajo nivel de acción y subir la fuerza de los diálogos (los críticos se quejan a menudo de esto pero no me importa en absoluto)" y tuvo que "presentar perspectivas racionales equiparables". Es decir, Asimov asumió el estilo de su trilogía con su bueno y con su malo, y lo respetó en la nueva época, aun sabiendo que en la trilogía original lo podría "haber hecho mejor después de haberme tomado unos cuantos años más para aprender mi oficio". El Buen Doctor resume con maestría las características principales de esta segunda etapa, si bien no cita la nueva estructuración en una única historia, ni el mayor volumen de la novela para una mejor caracterización de personajes, lugares y acontecimientos.

Les puedo anticipar que el resultado no es el mejor título de la saga, y sí el más flojo de la segunda época, aunque no llega a defraudar. Quizá lo más flojo sea su primer tercio: de manera inconsciente, Asimov intenta que el lector asimile la "situación actual" de su saga como consecuencia de todo lo ocurrido en los volúmenes anteriores, y por eso los acontecimientos se suceden de forma un tanto lenta y con excesivas referencias. Si bien es cierto que este tramo nos permite familiarizarnos con los dos últimos personajes clave de la saga: Golan Trevize, consejero de la Primera Fundación, y Janov Pelorat, el historiador que lo acompañará en su búsqueda de la Segunda Fundación.

Con las intrigas que surgen en torno a la Segunda Fundación, vuelve a aparecer el mejor Asimov, el de los desarrollos entrelazados, los diferentes puntos de vista y la permanente incertidumbre. Al mismo tiempo que el lector se rinde irremisiblemente ante la evidencia de una trama cada vez más compleja que abarca nada menos que seis siglos y que, sin embargo, sigue resultando sorprendentemente coherente. Es cierto, no obstante, que hacia el segundo tercio la acción llega a un punto en el que no se sabe muy bien por dónde puede continuar, lo que hace que el libro vuelve a perder algo de interés. Afortunadamente en los capítulos finales, y a pesar de que tal vez falte algo de dramatismo, nos encontramos con otro desenlace brillante, en la línea de "Segunda Fundación": una fantástica serie de revelaciones e interpretaciones que, además, dejan la situación preparada para futuros sucesos coherentes. Que Asimov remataría en "Fundación y Tierra".

Termino con un detalle elocuente: tras prácticamente 30 años de sequía "fundacional", "Los límites de la Fundación" supusieron algo inesperado para Asimov: por primera y única vez en su carrera, sus miles de seguidores lograron que su nombre figurara en la lista de los libros más vendidos del New York Times (me refiero a listas globales, no específicas de ficción, o ciencia-ficción). Alcanzó el número 3 nada menos, codeándose con los mayores best-sellers de la época, y estuvo casi medio año entre los más vendidos. Él mismo admitió que, a partir de ese momento, tan incuestionable éxito nunca más le permitiría dejar de escribir novelas. Afortunadamente, añado yo.

sábado, 12 de octubre de 2013

Segunda Fundación (1953): Isaac Asimov

Retomo en esta entrada mi reseña de las novelas de la saga de la Fundación que deben ser leídas (en realidad, todas). Le toca el turno a Segunda Fundación, tercera novela por orden de publicación aunque quinta según la cronología de la saga. Al igual que la anterior novela (Fundación e Imperio), está constituida por dos relatos bastante extensos que se publicaron originalmente de manera independiente: "El mulo inicia la búsqueda" y "La búsqueda la Fundación". Queda claro, pues, que el eje argumental de los dos relatos es esencialmente el mismo: la búsqueda de la misteriosa Segunda Fundación, toda vez que los planes trazados por Hari Seldon mediante la psicohistoria se han visto alterados por el impacto que ha tenido en el devenir de la Fundación el ser mutante conocido como "El mulo".

De las tres novelas que conformaban la saga cuando ésta era solamente "el ciclo de Trántor", ésta es sin duda mi favorita. Y de hecho para mí constituye, junto con "Preludio a la Fundación", las dos mejores entregas de la misma, si bien cada una con las particularidades derivadas de la época en las que las escribió Asimov (los años cuarenta y los años ochenta, respectivamente). Tan alta valoración es consecuencia de su calidad argumental, su capacidad para combinar en una misma novela ciencia-ficción y misterio, y su brillantez a la hora de entrelazar y dar coherencia a tantos años de historia novelada. A ello contribuye el que en esta entrega la narración comience en el mismo punto en el que concluyó Fundación e Imperio. Si bien lo que es realmente irreprochable es la perfección con la que encajan todos los acontecimientos: personajes, actividades... incluso frases que en su momento parecen irrelevantes, son aprovechadas posteriormente como parte determinante de la narración. Basta con recordar aquí a modo de ejemplo la frase "en el otro extremo de la galaxia", que da lugar a que la "La búsqueda de la Fundación" concluya con el desenlace más complejo y fascinante que he leído jamás y probablemente leeré jamás (dentro y fuera de la ciencia-ficción).

Ya la primera novela corta cautiva por la ambientación y por el enfrentamiento (no sólo ideológico) entre el general Han Pritcher y el ambicioso Bail Channis, ambos puestos en escena por mediación de El Mulo. Y aunque hay algún que otro pasaje un tanto errático, todo queda olvidado por el soberbio capítulo final. En cuanto a la segunda novela corta, bastante más larga que la primera, arranca tal vez con algo más de indecisión, y hay unos pocos capítulos en los que sobrevuela el fantasma del desencanto. Pero gradualmente el interés va aumentando en la misma proporción que la complejidad de las acciones de los personajes, cautivando así al lector y conduciendo al clímax ya mencionado en el desenlace. Podría detenerme más en las bondades de la misma, pero inevitablemente estaría restando intriga y desvelando siquiera parte de las conspiraciones que guardan sus páginas, así que me he obligado a mí mismo a dejar la reseña así de genérica por si Vd., amigo lector, aún no ha leído esta maravilla.

Únicamente se me ocurren dos elementos criticables a tan fenomenal novela: el primero es que la protagonista de la segunda novela corta sea la adolescente y en ocasiones un tanto infantiloide Arcadia Darrel, lo que le resta un punto de madurez; y el segundo (que es extensivo a los otros dos libros de la trilogía original) es el innegable esquematismo en el desarrollo. En ocasiones parece que Asimov prima la voluntad de síntesis sobre la creación literararia con mayúsculas. Como ya he comentado en otras reseñas de esta saga, en su defensa hay que entender que por aquel entonces la ciencia-ficción era un género incipiente, que esencialmente sólo se publicaba en unas cuantas revistas especializadas, y que su adaptación al formato novelado se produjo durante la década posterior. En todo caso, sirva esta reseña para prevenir al lector de esta pequeña dificultad de la trilogía original para que, conociéndola, le permita adaptarse a ese esquematismo y disfrutarla en toda su extensión. Sin duda lo merece.

sábado, 5 de octubre de 2013

Fundación e Imperio (1952): Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con las novelas que recomiendo leer de la saga de la Fundación, una de las más relevantes de toda la historia de la ciencia-ficción. Es el turno de "Fundación e imperio", segunda novela por orden cronológico, aunque cuarta argumentalmente hablando. Si recuerdan, en mi anterior entrada ("Fundación"), avisaba de los efectos negativos que en la novela causaba su carácter de fix-up de cinco relatos cortos. Pues bien, el mismo argumento pero en sentido inverso basta a mi modo de ver para que la impresión global de "Fundación e imperio" sea muy superior a la de "Fundación": sólo consta de dos historias.

En efecto, la presente novela la constituyen "El general", que relata en algo menos de 80 páginas el enfrentamiento entre la Fundación y el último gran general del todavía poderoso Imperio Galáctico, y "El mulo", una historia mucho más extensa (casi 150 páginas) sobre un mutante de poderes paranormales que logra crear un imperio con los reinos que bordean la Fundación e inicia una guerra contra la misma. Estas dos únicas historias le permiten a Asimov presentar una narración completa y pensada en su conjunto, con unos personajes fijos y un hilo argumental coherente. Por lo cual se puede profundizar un poco más en las circunstancias, los hechos no se suceden tan vertiginosamente como en la novela anterior, y el lector tiene tiempo de adaptarse a los cambios. Además, en esta novela Asimov da un giro argumental magistral (y no inmediatamente perceptible) al cancelar la hasta entonces innegable sensación de "éxito asegurado" que las predicciones de la psicohistoria y los actos derivados de la misma habían tenido. En otras palabras, el aparentemente perfecto plan de Hari Seldon resulta ser en "Fundación e imperio" falible, lo que enriquece sin duda la trama.

No obstante lo anterior, la primera parte tiene cierto regusto a "cuento", en el sentido mas liviano del término: el desarrollo sigue siendo mucho más esquemático que en las dos primeras novelas de la saga, y los personajes no están tan bien caracterizados como en ellas. Es un relato bien planteado, pero hay detalles como la propia resolución que dan la sensación de estar un poco improvisados. En cambio, el segundo relato, probablemente a causa de su mayor longitud, aporta una mayor riqueza argumental y una mejor caracterización de los personajes. Estas son las dos razones principales por las que, poco a poco, el interés del lector va aumentando, al tiempo que el desmoronamiento gradual de la Fundación le hace plantearse qué tiene en mente Asimov para reflotar su historia. Preguntas que se ven fantásticamente respondidas por Asimov en el deselance: ese elemento de misterio, tan habitual a la vez que tan bien guardado por el Buen Doctor, que se conjuga a la perfección con los ingredientes habituales de la space opera para terminar la lectura con una sensación inmediata de haber leído un clásico.

Es cierto que el estilo literario que emplea Asimov en esat novela, principalmente basado en amenas pero largas conversaciones, es ameno pero carece de la calidad literaria que sí reflejan las novelas con las que completó la saga en su última década de vida (piénsese en su defensa que cuando terminó la segunda historia de esta novela tan sólo tenía 25 años). O que a pesar de basarse en unos pilares razonablemente sólidos desde el punto de vista científico (con la formidable psicohistoria a la cabeza) no hay asomo de ordenadores u otros elementos informáticos. Incluso es cuestionable el recurso a los poderes psíquicos que plantea en "El mulo" (y a los cuales seguiría recurriendo para escribir "Segunda Fundación"), si bien estoy convencido de que tales avances serían indudablemente plausibles si la humanidad llegara a durar tanto tiempo como supone Asimov en su creación. Pero no debemos olvidar que cuando estos relatos se publicaron el hábitat natural del género aún eran las revistas pulp, y que por tanto el género apenas había empezado a hacer hueco para la novela, por lo que esos defectos pierden fuerza frente a una trama que sigue siendo original, fresca, sólida, amena y excelentemente resuelta.

Les espero en la revisión de la siguiente novela de la saga.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Fundación (1951). Isaac Asimov

Prosigo en esta entrada con mis reseñas sobre las novelas que merecen la pena de la saga de la "Fundación" (en realidad, todas, si recuerdan mi entrada original sobre las sagas). En esta ocasión le toca a la novela que da título a la saga: fue la primera publicada como tal por el autor, y aquella con la que se iniciaba el conocido como "ciclo de Trántor" cuando la saga era tan sólo una trilogía. Aunque con las novelas que añadió Asimov a la misma en su última década de vida, ahora se sitúa argumentalmente en tercer lugar.

Voy a empezar con una opinión que será poco menos que una blasfemia para muchos de los aficionados al género: para mí "Fundación" es sin duda la novela más floja de la saga. Empleo el término blasfemia porque para la mayoría de los críticos es un hito en la historia de la ciencia-ficción, y además consideran que la trilogía original es la AUTÉNTICA SAGA (con mayúsulas), siendo las cuatro novelas que añadió a posteriori Asimov meros sucedáneos. Como ya he tenido oportunidad de indicar, discrepo completamente de esa interpretación, y así como "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación" me parecen novelas contemporáneas que expanden el ciclo de manera necesaria y sin sensación de relleno, "Fundación" es una novela original pero por la que se nota que el tiempo sí ha pasado.

El principal motivo para esta impresión es su carácter de fix-up de relatos: la "Fundación" es una colección de cinco relatos cortos que se publicaron por primera vez en un libro de forma conjunta en 1951. Como sabe el buen aficionado del género, esto era algo muy habitual en las primeras décadas del género. Así, cuatro de las historias ("Los enciclopedistas", "Los alcaldes", "Los comerciantes" y "Los príncipes comerciantes") habían sido ya publicadas entre 1942 y 1944 en el mismo orden cronológico que argumental. Y el quinto relato ("Los psicohistoriadores", que es con el que comienza el libro) fue añadido por Asimov para su recopilación en forma de libro.

Es, sin duda, una estructuración muy rigurosa y característica de su autor, además de adecuada para cubrir más de 200 años de la lejana historia futura ideada por Asimov. Asimismo permite, sin entrar en contradicciones de importancia, reflejar la "evolución" de la primera Fundación. Sin embargo, al condensar tantos avatares en poco más de 200 páginas, los relatos pecan de una excesiva abundancia de personajes un tanto esquemáticos y de situaciones expuestas sin mucho detalle, lo que les resta homogeneidad y dificulta un tanto su disfrute, especialmente al ser yuxtapuestos a las dos novelas anteriores de la saga. Por ejemplo, en el primer relato transcurre en Trántor y su protagonista sigue siendo Hari Seldon como en "Preludio a la Fundación" y "Hacia la Fundación", pero con una superficialidad que dista mucho de la cuidada elaboración con que se nos habían mostrado antes.

No obstante, la novela sigue siendo recomendable porque Asimov consigue que su ciencia de su psicohistoria quede razonablemente bien elaborada, y que las predicciones de Seldon sobre el derrumbe del Imperio Galáctico y la necesidad de establecer fundaciones que contribuyan a acortar el periodo de barbarie posterior aparezcan creíbles e influyentes en el desarrollo de la historia que nos presenta. Además, su habilidad narrativa no sólo facilita la lectura, sino que hace que muchos de los relatos obliguen a "leer entre los acontecimientos" para llegar a las conclusiones correctas, siendo así apreciable la auténtica maestría con la que están resueltos. Es el caso de "Los alcaldes" y, en especial, de "Los príncipes comerciantes", cuya mayor longitud (80 páginas) le ayudan a ser en mi opinión el relato más disfrutable de la novela. Y la magnitud espacial y temporal del Imperio Galáctico sigue siendo uno de los mayores elementos de fascinación, con mención especial para el planeta Términus, al que se trasladan los primeros miembros de la Fundación para empezar a recopilar la imprescindible "Enciclopedia Galáctica" con la que inevitablemente se inician cada uno de los relatos (o partes, según la novela) de toda la saga.

Es interesante, además, reseñar que la segunda Fundación, a la que Asimov dedicó atención preferente durante "Hacia la Fundación" no aparece como eje de ninguno de los relatos de este libro, en lo que a mi modo de ver es más una muestra de que Asimov fue enriqueciendo la saga conforme la fue escribiendo, que un olvido intencionado. Afortunadamente, como veremos en próximas entregas, esa sensación de saga en evolución y no del todo elaborada es exclusiva de esta novela, pues en todas las posteriores la sensación que Asimov traslada al lector es la de un (fascinante) todo perfectamente enlazado.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Hacia la Fundación (1993). Isaac Asimov

Tras el paréntesis vacacional, retorno mi actividad en este humilde blog con una de mis sagas favoritas: "la Fundació"n. Que consta de las siguientes 7 novelas (ordenadas tal y como Asimov esperaba que se leyeran):

1) Preludio a la Fundación (1988)
2) Hacia la Fundación (1993)
3) Fundación (1951, aunque el primer relato que la constituye se publicó en 1942)
4) Fundación e Imperio (1952)
5) Segunda Fundación (1953)
6) Los límites de la Fundación (1982)
7) Fundación y Tierra (1986)

Me parece una saga recomendable de principio a fin; ningún título desmerece al conjunto. Y varios de ellos forman parte de mi lista de novelas favoritas del género. Por esa razón ya reseñé la primera novela de la saga, "Preludio a la Fundación" en este mismo blog. Y por eso comienzo ahora el resto de las reseñas de la saga por "Hacia la Fundación".

Aunque argumentalmente es la segunda novela, inmediatamente anterior a la triología que durante 3 décadas conformó exclusivamente la saga (también llamada el ciclo de Trántor), cronológicamente fue la última en ser escrita por el Buen Doctor. De hecho, se publicó como novela póstuma, al año de su muerte, como un sensacional regalo para sus millones de seguidores en todo el mundo. Tuve la inmensa suerte de que cuando vio la luz en España acababa de terminar la lectura de "Preludio a la Fundación", por lo que fui de los primeros en leerla justo en el orden deseado por el escritor. Y debo decir que la lectura no me decepcionó.

La novela está excelentemente estructurada en cuatro partes ligeramente separadas en el tiempo, y mantiene a Hari Seldon, verdadero alter ego de Asimov, como protagonista absoluto a lo largo de la misma, si bien cada una de las partes recibe el título del principal co-protagonista en ellas: Eto Demerzel, Cleon I, Dors Venabili y Wanda Seldon. Trántor, la capital del Imperio Galáctico (y en mi opinión uno de los lugares más fascinantes de la historia de la ciencia-ficción) sigue siendo el marco escénico en el que se desarrollan los acontecimientos, para regocijo del lector.

La primera parte es una auténtica maravilla sobre los ardides de Eto Demerzel (verdadero poder en la sombra del imperio y en realidad el legendario robot asimoviano R Daneel Olivaw) para facilitar que el desarrollo de los acontecimientos se alinee al máximo con la Ley 0 de la Robótica que rige su comportamiento ("Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño."). En manos de un escritor menos talentoso, lo que se narra en esta primera parte hubiera servido para llenar las más de 400 páginas de esta novela, pero aquí los acontecimientos se suceden con tanta agilidad que en apenas 100 páginas Demerzel concluye su función y desaparece misteriosamente.

La segunda parte nos muestra cómo Hari Seldon reemplaza a Demerzel como valido del emperador Cleon I durante sus últimos años de vida. Seldon continúa el desarrollo de su teoría de la psicohistoria, pero le toca vivir en primera persona las evidencias del declive del Imperio Galáctico. Las reflexiones agridulces sobre la pérdida gradual de todo cuanto amamos en la vida se incrementan en la tercera parte, centrada en Dors, la esposa de Seldon, cuya naturaleza no humana se revela finalmente. Así, en la cuarta parte, un anciano Seldon, que también ha perdido a su hijo adoptivo Raych y afronta los últimos años de su vida, se vuelca en su nieta Wanda, quien resulta tener unos poderes mentales que le permiten leer la mente de las personas y en cierta forma empujarlas a hacer algo. Una idea que Asimov desarrollará varias novelas después en "Segunda Fundación".

En "Hacia la Fundación" se pone claramente de manifiesto que varias décadas en el oficio han hecho a Asimov mejor escritor: la caracterización de los personajes principales es muy buena, los párrafos explicativos complementan con mayor vigor sus habituales y amenas conversaciones, la sensación de verosimilitud en la sociedad futura que nos muestra es apabullante y los hallazgos para dotar a su psicohistoria del carácter de verdadera ciencia social, incuestionables. Pero no sólo eso: con "Hacia la Fundación" Asimov da una auténtica exhibición a la hora de atar cabos sueltos y dar coherencia a 50 años de trabajo, emparentando incluso con éxito la saga de "la Fundación" con la de "los Robots". Además, es una acertada visión de la evolución física y mental de un ser humano (Seldon) a lo largo de su vida. Que culmina con un maravilloso epílogo escrito en primera persona por Seldon previa a su fallecimiento, y se cierra con la reseña de la Enciclopedia Galáctica sobre su vida y obra. Una reseña particularmente emotiva, pues es fácil establecer el paralelismo con el propio Asimov y su por entonces inminente muerte.

Es cierto que la última parte pierde algo de fuerza con respecto a las otras tres, hasta el extremo que puede sospecharse que Asimov dejara estructurada esta parte sin llegar a terminarla, y fueran su esposa o su hija quien lo hicieran (o quizá fuera él pero en condiciones de deterioro muy grande). Asimismo, tampoco hay un elemento de intriga que se aclare en el desenlace como es costumbre en muchas de las obras del Buen Doctor. Por eso y por algún otro pequeño detalle en mi opinión esta novela no llega a las excelencias de "Preludio a la Fundación", pero se queda sólo un escalón por debajo, y facilita en gran medida la comprensión y el disfrute del resto de las novelas de la saga. Así que no se la pierdan.

lunes, 22 de julio de 2013

Las sagas en la ciencia-ficción

Tras haber intentado dar en las entradas anteriores unas pinceladas sobre los relatos dentro del género de ciencia-ficción, en esta entrada y en las posteriores pretendo revisar con cierto detalle una de las expresiones más características del mismo: las sagas. Por sagas me refiero a una serie de al menos dos novelas que comparten no sólo una ambientación y un marco histórico común, sino también un marcado carácter de continuidad argumental entre las mismas. Como en toda definición, puede que haya obras de escritores que no se circunscriban estrictamente dentro de la misma, pero creo que las dos sagas que ilustran esta entrada ("Dune" y "La Fundación") son suficientemente elocuentes de a qué me refiero.

Probablemente la razón por la que la cual las sagas sean tan comunes en la ciencia-ficción sea por la propia complejidad del género. Y es que crear un marco científicamente plausible que permita especular sobre el devenir de la humanidad o de otras especies en tiempos futuos (o alternativos) a partir de un seleccionado elenco de personajes es una tarea tan compleja que, una vez llevada a buen puerto, el escritor de ciencia-ficción puede caer en la cuenta de que su creación le permite desarrollar otras historias tanto o más apasionantes. Historias que guardarán relación más o menos directa con la primegina, pero que se benificiará de los parámetros de la novela original.

Abundan los críticos que son detractores del concepto de saga. Interpretan que un escritor recurre a las sagas por dos razones principales: por estancamiento creativo o por fines crematísticos. Evidentemente es más fácil partir de un universo ya creado que volver a crear otro a partir de premisas diferentes. Y evidentemente es más fácil aprovechar el tirón comercial creado por una novela de éxito escribiendo una secuela/precuela que exponerse al rechazo del público con una creación completamente original. Pero siendo ciertos ambos argumentos, hay muchos escritores en el género que han conseguido, además, enriquecer lo suficiente su novela original mediante su transformación en saga, dando lugar a un universo con vida propia, capaz de perdurar en el tiempo incluso a su creador.

Teniendo en cuenta lo anterior, mi acercamiento a las sagas en la ciencia-ficción va a intentar resaltar lo mejor de su aportación. Para ello, voy a presentar las que en mi opinión son las 20 sagas más relevantes para el lector en español, pero no voy a reseñar con vocación enciclopédica todas y cada una de las novelas (y en algunos casos, incluso relatos) que las componen, sino solamente aquellas que en mi humilde opinión merezcan la pena ser leídas. Y es que el tiempo del lector de ciencia-ficción es escaso, y mejor que lo dedique a una buena obra original que a la enésima entrega de una saga innecesariamente alargada.

A continución figura la lista de sagas que voy a revisar en mis próximas entradas, ordenadas cronológicamente:

Isaac Asimov - La Fundación (1942 - 1993)

Alfred E. Van Vogt - Saga de Los No-A (1945 - 1984)

Isaac Asimov - El imperio (1950 - 1952)

Frederik Pohl - Saga de los Mercaderes (1952 - 1984)

Isaac Asimov - Los robots (1954 - 1985)

Walter M. Miller Jr. - San Leibowitz (1960 - 1997)

Frank Herbert - Las crónicas de Dune (1966 - 1985)

Larry Niven - Saga de Mundo Anillo (1970 - 2004)

Philip José Farmer - El Mundo del Río (1971 - 1983)

Larry Niven y Jerry Pournelle - Saga de los pajeños (1974 - 1993)

Gregory Benford - Saga del Centro Galáctico (1976 - 1995)

Frederik Pohl - Saga de los heechee (1977 - 1990)

Robert L. Forward - Saga de los Cheela (1980 - 1985)

Joe Haldeman - Trilogía de los Mundos (1981 - 1992)

Vernor Vinge - Saga de las burbujas (1984 - 1986)

Dan Simmons - Los cantos de Hyperion (1989 - 1997)

Nancy Kress - Saga de los Insomnes (1991 - 1996)

Kim Stanley Robinson - Marte rojo (1992 - 1996)

Jack McDevitt - Saga de Las Máquinas de Dios (1994 - 2013)

Gregory Benford, Greg Bear, David Brin - Segunda trilogía de la Fundación (1997 - 1999)

John Scalzi - Saga de La Vieja Guardia (2005 - 2015)

Es una lista muy representativa, pues cubre casi 70 años de sagas. Como decía, dedicaré una entrada para cada una de las novelas que según mi punto de vista merezca leer de las mismas. Y dado que en algunos casos ya las he reseñado, añadiré un hiper-enlace a la entrada original, para facilitarle el acceso mi revisión integral de la saga. Así que espero que Vd. me acompañe a descubrir muchos de los universos más fascinantes del género.

domingo, 7 de julio de 2013

Visiones peligrosas (III) (1967): Harlan Ellison

Procedo con la presente entrada a completar la revisión de "Visiones peligrosas", ocupándome en esta oportunidad del tercer volumen de la que en mi opinión sigue siendo la mejor antología de relatos para dar a conocer este formato literario al lector de ciencia-ficción. Volumen que comienza con una nueva introducción de Harlan Elison, redactada casi tres años después de la primera edición de la antología, y en la que con su falsa modestia característica no sólo glosa las virtudes de la antología y su esperado éxito, sino que aprovecha para anticipar que ya está trabajando en una nueva recopilación de "visiones peligrosas", anticipándonos algunos de los escritores que iban a formar parte de ella y atreviéndose a afirmar que "la próxima vez no vamos a ir en busca de una simple revolución; vamos a cambiar el rostro entero del género". Dicha antología, por cierto, se publicó finalmente en 1972 bajo el título de "Again, dangerous visions" y sigue aún inédita en español.

El volumen consta de nada menos que catorce relatos (más que cualquiera de las dos entregas anteriores), de los cuales siete corresponden a grandes escritores del género. Comenzando por el para mí sobrevalorado Theodore Sturgeon, que con "Si todos los hombres fueran hermanos, ¿dejarías que alguno se casara con tu hermana?" retornó a la ciencia-ficción tras varios años de inactividad. Un relato bien escrito, polémico, pero previsible en su contenido, inverosímil y demasiado largo. Siguiendo por R. A. Lafferty, que en "La Región de los Grandes Caballos" nos ofrece un relato sin cohesión, ni un auténtico desenlace, y del que sólo se salva la reflexión principal. Aunque tampoco es que J. G. Ballard mejore el nivel con "El reconocimiento", un relato que se inscribe sin dificultad en su característico estilo, bien narrado y con una buena atmósfera pero decepcionante y de confuso final.

Pudiera parecer por lo anterior que los escritores consagrados no estuvieron a la altura esperada en este tercer volumen, pero hubo excepciones. Por ejemplo, John Brunner, que en "Judas" propuso una idea bastante inverosímil, pero original, bien escrita y mejor terminada. O el incorregible Norman Spinrad, que nos ofrece un relato de título inquietante ("Ángeles del carcinoma") y contenido marca de la casa (hiperbólico, excesivo, cautivador, ingenioso). O el desconcertante Roger Zelazny, que con "Auto-da-fe" logra sin duda la visión más original de toda la antología, una "corrida de autos" (en vez de toros), tan imposible como bien caracterizada y reflexiva. Aunque Samuel R. Delany no mantuvo el tipo en la historia que cierra la antología, un "Por siempre y Gomorra" bien narrado, pero inverosímil y de desenlace decepcionante.

En cuanto a los escritores poco conocidos en español, para mí la palma se la lleva John T. Sladek: "La raza feliz" es con diferencia el mejor relato del volumen, una brillante utopía sobre un futuro en el que los seres humanos son dependientes de las máquinas, narrada con habilidad y bien rematada. A un nivel algo inferior pero aún apreciable se sitúa "Encuentro con un rústico", de Jonathan Brand, una visión provocativa, directa y proclive a la reflexión, aunque en exceso inverosímil. Y un escalón por debajo pero aún en un buen nivel estaría "Corre, corre, corre, dijo el pájaro", de Sonya Dorman, un relato trepidante, replato de información pero un tanto simple.

Las cuatro visiones restantes de los escritores poco conocidos son más o menos prescindibles. La peor es indudablemente "Prueba para la destrucción", de Keith Laumer, una historia científicamente muy floja, reiterativa, con mucha acción mal digerida y sólo un par de buenas reflexiones. No es mucho mejor "¿Qué le ocurrió a Auguste Clarot?" de Larry Eisenberg, que para mí al menos no cumple los requisitos para considerarse siquiera un relato de ciencia-ficción, tan sólo una visión irreal e histriónica (aunque afortunadamente corta). Y en el límite de lo correcto se encuentran "Ersatz", de Henry Slesar, una historia rica en contenido para su corta duración pero con un final totalmente decepcionante, y "Desde la imprenta oficial del gobierno", de Kris Neville, fallida argumentalmente aunque con algunas interesantes reflexiones sobre las personas adultas.

Con esto termino mi reseña de "Visiones peligrosas". Como habrán podido comprobar si han llegado hasta aquí, a pesar de haber transcurrido casi medio siglo contienen más de una docena de relatos absolutamente recomendables y que permiten obtener una panorámica amplia de lo rico que puede llegar a ser el género de ciencia-ficción incluso en el formato relato. Espero que disfruten con su lectura y que ello les anime a profundizar en otras antologías de relatos. Les espero en mi próxima entrada.

domingo, 2 de junio de 2013

Visiones peligrosas II (1967): Harlan Ellison

Prosigo en esta entrada con la revisión de "Visiones peligrosas", la en mi opinión más relevante e influyente antología de relatos de la historia de la ciencia-ficción. Recopiladas por el transgresor Harlan Ellison en 1967, casi 50 años después siguen en su mayoría vigentes en su forma y en su contenido.

En esta entrada hablaré del segundo de los tres volúmenes en los que se fraccionó en su edición en español. Y que para mi gusto es el de mayor calidad. Se trata de 11 relatos, con un nuevo prólogo de Ellison escrito en 1969, que en esta ocasión ya no se limita a anticipar la revolución que en la primera entrega auguraba iba a suponer su publicación, sino que reflexiona sobre lo acertado de sus previsiones con una frase lapidaria: "hemos conseguido finalmente esa revolución". Además, nos descubre cómo "el libro abrió la puerta, con su popularidad y controversia, a todo un torrente de antologías originales, con la intención de eludir las estrecheces de miras de muchos directores de revistas de ciencia-ficción". Aparte de mencionar el orgullo con el que todos los escritores que participaron se referían a su colaboración en este proyecto.

Entre los 11 escritores de este segundo volumen se incluyeb 5 autores clásicos del género y 6 nombres menos conocidos por el lector de ciencia-ficción en español. De los conocidos, el primero que nos encontramos es el carismático Philip K. Dick, un autor capaz de desenvolverse también en los relatos como en las novelas, que en "La fe de nuestros padres" proporciona uno de los mejores momentos de la antología, partiendo de un mundo en el que los países de más allá del Telón de Acero han ganado la guerra fría y el Partido controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Un relato irreal, onírico, con su sello personal y, sobre todo, inquietante. Al que sigue el que a mi modo de ver es el mejor relato de la antología: en "El rompecabezas humano" el por entonces jovencísimo Larry Niven anticipa con una precisión escalofriante las implicaciones más sórdidas del tráfico de órganos, planteando una sociedad en la que a los condenados a muerte se les obliga a donar todos sus órganos como manera de compensar la deuda supuestamente contraída con la sociedad.

A continuación figura la aportación de otro clásico del género, el injustamente olvidado Fritz Leiber. "Voy a probar suerte" recibió los premios Hugo y Nébula al año siguiente de su publicación, premios en mi opinión un tanto gratuitos, pues es un relato sensiblemente inferior a los dos anteriores cuya mejor virtud es su cautivante atmósfera. El sexto relato es "Eutopía" de Poul Anderson, otro de los grandes momentos de esta entrega, en la cual el autor mezcla con éxito los conceptos de ucronía y universos paralelos, en un relato difícil a veces pero cautivador. Y el que cierra la antología es el que firma el quinto escritor clásico: Damon Knight ofrece en "¿Cantará el polvo tus alabanzas?" una visión irregular, pero sin duda la más peligrosa del volumen.

En cuanto a los escritores menos conocidos, Howard Rodman abre la antología con "El hombre que fue a la luna... dos veces", uno de los relatos más flojos de esta segunda entrega, infantil y un tanto endeble. Joe L. Hensley aporta el quinto relato, "El Señor Randy, mi hijo", un cuento con demasiados saltos y sólo algunos retazos de calidad. David R. Bunch contribuye con dos relatos dispuestos consecutivamente: "Incidente en Moderan", el séptimo relato de la entrega, es sin duda el peor, totalmente disparatado y carente de sentido. Aunque apenas nada mejor se puede decir de "La escapada", también rozando el absurdo. Afortunadamente el siguiente relato, "La casa de muñecas", de James Cross (un escritor ajeno al ámbito de la ciencia-ficción) es la sorpresa de la entrega, una interesante actualización de un mito antiguo, desde luego poco científica pero absorbente y muy bien escrita. Y Carol Emshwhiller aporta la visión femenina en "El sexo y/o el Señor Morrison", un relato extraño y carente de ciencia pero atrevido en cuanto al tratamiento del sexo.

En suma, cuatro relatos maravillosos y otros cuatro inferiores pero de un nivel más que aceptable para los parámetros del género hacen de esta entrega una lectura recomendable. Les espero en mi revisión del tercer volumen de la antología.

domingo, 26 de mayo de 2013

Visiones peligrosas I (1967): Harlan Ellison

Como ya anticipaba en mi anterior entrada, "Visiones peligrosas" es probablemente la antología más famosa del género. Por un doble motivo: en primer lugar, por cuándo se concibió; y en segundo lugar, por su contenido. Lo intentaré explicar en los siguientes párrafos.

Cuando se concibió en 1966 habían transcurrido 40 años desde la aparición de la primera revista del género, y casi 30 desde que John W. Campbell había establecido los parámetros básicos del género. Que por aquel entonces ya estaba consolidado, pero que empezaba a mostrar una tendencia al conservadurismo impropia de un ámbito tan fértil, en especial en editores y directores de revistas. En respuesta a ello estaba surgiendo la para mí irregular "New Wave". Pero no era el único intento por renovar el género. El joven Harlan Ellison llevaba por aquel entonces 10 años en el género, granjeándose una justa fama de niño terrible, e instigado por mi admirado Robert Silverberg acometió una tarea que iba a desencadenar una auténtica revolución: la novedosa tarea de solicitar a los escritores menos encasillados del género relatos que nunca antes hubieran sido publicados (bien por el rechazo de los editores, bien por haber sido escritas a propósito para esta antología), y recopilarlos en tapa dura como muestra de lo mucho que todavía podía dar de sí el género. En palabras del propio Ellison "pretendía ser un cuadro de los nuevos estilos de literatura, osados lanzamientos, pensamientos poco populares". Cuando ya estuvo lista, Ellison aprovechó para denunciar en su jugosa introducción cómo la "ficción especulativa" (el término es suyo) estaba siendo absorbida por la literatura mainstream por sus enormes posibilidades, pero sin embargo dentro del género parecía haber llegado a un callejón sin salida y animaba al escritor del género: "Elimina todas las barreras, no te dejes frenar con nada, ¡di lo que tengas que decir!".

El resultado de esta tarea fue una antología de 32 relatos, repartidos en tres volúmenes, de los cuales hoy pretendo descubrirles los momentos de mayor calidad del primero. Que al incluir dos prólogos y una introducción, sólo está compuesto por ocho visiones, con sus correspondientes reseñas por parte de Ellison y del propio escritor.

Además de la introducción a la que ya he aludido, este volumen contiene dos prólogos firmados por Isaac Asimov. Ellison pidió al Buen Doctor una visión peligrosa para su inclusión en la antología, pero consciente del cambio que se estaba produciendo y de las implicaciones que acarrearía, Asimov aclaraba: "cualquier historia que yo escribiera iba a dar la nota falsa. Sería demasiado solemne, demasiado respetable y, por decirlo claramente, demasiado conservadora. Así que en vez de ello acepté escribir una introducción: una solemne, respetable y completamente conservadora introducción". En la cual no obstante aprovechó para referirse al cambio que se estaba produciendo como la "Segunda Revolución" del género y para dar las razones que en su opinión estaban dando lugar al mismo. El segundo prólogo, mucho más breve, es típicamente asimoviano: una mordaz e ingeniosa reseña sobre Harlan Ellison, replicada por el propio Ellison a pie de página.

Y en cuanto al contenido, esta primera parte alberga relatos de cinco escritores clásicos del género, una broma a dos bandas en la que también participa Ellison como escritor, y otro relato irrelevante de la para mí desconocida Miriam Allen deFord. Lester del Rey, Robert Silverberg y Philip José Farmer contribuyen con visiones ciertamente peligrosas pero no del todo inspiradas: del Rey abre boca con un relato bien construido, alegórico, pero demasiado previsible; Silverberg, que para mi gusto está más cómodo en la novela que en el relato, aporta una historia con su sello personal pero injustificadamente cruel; y Farmer vuelve a su defecto más habitual: antepone el escándalo a la calidad, con un relato muy largo (más de 60 páginas), complejo, provocador, pero falto de estructura y fondo, y realmente difícil de leer.

Usar a un personaje como Jack el Destripador no parece una buena idea para un relato de ciencia-ficción, pero es lo que hace con corrección Robert Bloch y es con lo que corresponde a un nivel inferior Harlan Ellison, en sendos relatos de los que lo más interesante es en mi opinión la descripción del proceso que dio lugar a los mismos.

Obviamente me he reservado para el final los dos mejores relatos de la antología, que no sólo cumplen con su premisa de visión peligrosa, sino que para mi gusto son dignos de figurar en cualquier selección de relatos de género. "El día siguiente a la llegada de los marcianos" muestra por qué Frederik Pohl ha sido uno de los referentes del género durante tantas décadas de actividad: el sugerente título anticipa un relato originalmente ambientado, distendido, pero hirientemente moralizante. Y el que cierra este primer volumen es sin duda el mejor: "La noche en que todo el tiempo escapó", del británico Brian W. Aldiss, toca uno de los conceptos de los que más y mejor se ha ocupado la ciencia-ficción, el tiempo, pero de una forma inverosímil, a la vez que cautivadora y bien escrita y estructurada. Les animo a disfrutar con él, y les emplazo a mi revisión del segundo volumen de estas visiones peligrosas.

domingo, 19 de mayo de 2013

Los relatos en la literatura de ciencia-ficción

En los casi dos años de trayectoria de este humilde blog apenas he dedicado atención al relato como forma de narración. Y es que el peso de la novela en toda la literatura es desde hace casi 200 años inmenso, hasta el extremo de que los términos libro y novela se han convertido en sinónimos. Incluso en el género de la ciencia-ficción. Y empleo el adverbio incluso a propósito, porque conviene recordar que la ciencia-ficción surgió casi exclusivamente bajo la forma narrativa de relatos: durante los años 20 y 30 del siglo pasado aparecieron en los E.E.U.U. las primeras revistas de ciencia-ficción, cuyo contenido era en esencia relatos de los autores que empezaban a labrarse un nombre en el género. Hugo Gernsback (del cual los premios Hugo toman su nombre) fundó en 1926 Amazing Stories, y en esa revista publicaron su primer relato autores tan determinantes para el género como Isaac Asimov, Ursula K. LeGuin o Thomas Disch. Menos de cuatro años después surgió Astounding Science-Fiction, que bajo la dirección del legendario John W. Campbell cambió la orientación del género, eliminando su vertiente pulp y exigiendo el respeto por la vertiente científica. Y el resto es ya es parte de la historia de este maravilloso género.

A partir de los años 40 y sobre todo de los 50 la novela empezó a competir con el relato como forma de narración del género. Pero probablemente a causa de esta evolución histórica, durante las décadas siguientes se siguió considerando al relato el vehículo más adecuado para extraer lo mejor del género: la facilidad para crear y ambientar una breve viñeta de lo que puede depararnos el futuro, y la posibilidad de dar a dicha viñeta una reflexión aplicable a nuestra sociedad actual, parecía inalcanzable para el formato novelado, con unas mayores restricciones en cuanto a elaboración de una trama, caracterización de unos personajes, justificación del componente científico, etc. No faltaban, además, los escritores que habían cultivado el relato con asiduidad, por lo que abundaban las historias de reconocido prestigio.

Sin embargo, en los últimos 30 años el influjo de la novela se ha hecho irresistible, y el relato ha quedado arrinconado como una forma de expresión menor, algo así como un laboratorio donde los escritores noveles puedan perfeccionar sus habilidades, o un entretenimiento para escritores consagrados que necesitan oxigenarse entre novela y novela. Con lo cual muchos de los actuales aficionados al género apenas han tenido contacto alguno con los relatos. Y las propias revistas de ciencia-ficción han tenido que recurrir cada vez más frecuentemente a presentar en sus páginas novelas serializadas por capítulos, previamente a su publicación "oficial" en "tapa dura".

Comparto hasta cierto punto este arrinconamiento del relato por las mayores posibilidades creativas de la novela, que para mí son innegables. Hasta el punto de que ninguno de los relatos que he leído jamás me ha satisfecho, por ejemplo, al mismo nivel que cualquiera de los títulos de mi lista de novelas personalísimamente favoritas. Sin embargo, me parece que el buen aficionado al género no debe renunciar de antemano a conocer siquiera someramente algunos de los relatos que han conformado la historia del mismo. Es cierto que intentar acercarse al relato es más complicado, por la ingente cantidad de obras publicadas y la dificultad de encontrar entre ellas aquellas tendencias o corrientes que más puedan ser de nuestro gusto. Algunos optan por iniciarse recurriendo a recopilaciones de relatos de sus autores predilectos (caso por ejemplo de Isaac Asimov o Philip K. Dick); otros por antologías con un eje o temática común, y muchas veces elaboradas por un antologista de prestigio (por ejemplo Robert Silverberg u Orson Scott Card).

En mi caso voy a optar por una tercera vía para intentar descubrir al lector en español lo que pueden dar de sí los relatos de ciencia-ficción: voy a revisar en mis próximas tres entradas las "Visiones peligrosas" de Harlan Ellison. Que es posiblemente la recopilación de relatos más famosa de la historia del género. Y que además no fue una antología al uso, sino una recopilación de relatos que nunca antes habían sido publicados, y que Ellison seleccionó para formar parte de esta antología bajo criterios muy específicos. Debo anticiparles que no todos los relatos de "Visiones peligrosas" rayan a la misma altura, pero sí que hay un número suficiente de relatos reseñables para intentar atraer a algunos lectores al ámbito de los relatos. O al menos es lo que yo pienso, así que les espero en mi próxima entrada.

"Huérfanos de la Tierra" (2022). Adrian Tchaikovsky

Con la presente entrada voy a rematar definitivamente mi segundo recorrido por las mejores sagas disponibles para el lector de ciencia-ficc...

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