Con la presente entrada empiezo a reseñar las novelas que recomiendo leer de la saga del "Mundo Anillo", una de las más famosas del género y desde luego la obra más popular del estadounidense Larry Niven. Si bien no es la primera vez que hablo de alguna de las novelas que la conforman en este mismo blog, puesto que ya he reseñado dos de ellas. A día de hoy está formada por los siguientes cuatro títulos:
Mundo Anillo (1970)
Ingenieros de Mundo Anillo (1980)
Trono de Mundo Anillo (1996)
Hijos de Mundo Anillo (2004)
De "Mundo Anillo" ya escribí una reseña completa al presentar mi lista de 15 títulos personalísimamente favoritos; se trata de un clásico que sigue vigente, como lo evidencia que es una de las entradas más leídas de este humilde blog. Y también he reseñado ya "Trono de Mundo Anillo", aunque en este caso como parte de mi lista de 15 novelas decepcionantes. Ambos hechos muestran que se trata de una saga que da para lo mejor y para lo peor. No obstante, dado que la última entrega de la saga ("Hijos de Mundo Anillo") mejora la impresión de "Trono de Mundo Anillo", mi sugerencia es que lean las cuatro novelas que conforman la saga. O al menos, las dos primeras.
Ciñéndonos ya a "Ingenieros de Mundo Anillo", debo empezar señalando que se trata de una digna secuela, pero carente del gancho de la primera novela. Si creemos a Niven, él sostiene que nunca quiso escribir una continuación de su novela más premiada, pero que lo hizo por una doble razón: por una parte, corregir los errores (técnicos) de la primera entrada (hay una anécdota curiosa respecto al hecho de que, tal cual estaba concebido Mundo Anillo, era inestable; pueden buscarla por internet), y por otra, dar satisfacción a los millones de lectores que se la demandaban. Desde el primer punto de vista, la novela es todo un éxito; desde el segundo, la novela baja un par de escalones respecto a su predecesora.
Esta impresión global probablemente se deba a que Niven respeta los acontecimientos pretéritos pero no justifica como debe la necesidad de este segundo viaje. De hecho, la puesta en situación peca de escueta (a pesar de la considerable extensión del libro), y el objetivo principal de esos primeros capítulos es corregir "detalles cuestionables" de la primera novela, como la suerte de Teela Brown, el nombre de "Interlocutor de Animales" o las aerocicletas. En cambio es elogiable el esfuerzo que realiza el autor por situar físicamente al lector, fijando para ello unas coordenadas claras a las que hace referencia constantemente. Así éste puede profundizar y captar más nítidamente las dimensiones, la complejidad y la riqueza científica y social del Mundo Anillo, tan sobrecogedor como en la primera parte. Y llegar a familiarizarse con conceptos tan complejos como las placas de sombra, el rishatra o los superconductores.
Otro acierto innegable es que la sensación de aventura, de encuentro con lo desconocido, se mantiene igual que en la primera parte. Lo cual, unido a las reflexiones sobre las razones por las que ciertas características del Mundo Anillo son de una manera y no de otra, y a la rapidez con la que los protagonistas alcanzan el Mundo Anillo y comienza la acción, favorecen el placer la lectura.
No obstante, durante la mayoría de sus capítulos la novela parece una mera sucesión de anécdotas, sin un eje claro (y sin que se aclare, por ejemplo, dónde está el módulo, o la sonda). A ello hay que añadirle las habituales deficiencias narrativas de Niven: imprecisión semántica, situaciones explicadas de manera confusa, falta de hilazón entre párrafos (tanto, que a veces ni siquiera está claro si los protagonistas han logrado su propósito). Otros defectos menores son la frecuente impresión de que Niven aclara todos los temas pendientes demasiado pronto, la presencia de algunos elementos claramente cuestionables en una novela de ciencia-ficción (hombres chacales, la ciudad de los vampiros...) y unos episodios de sexo en mi opinión innecesarios. Por otra parte, no sé si considerar como acierto o como desacierto los diferentes personajes y pueblos que va encontrando el lector durante la novela (Gingerofer, el Rey de los Gigantes, Valavirgillin, Harkabeeparolyn, Fortaralisplyar; el pueblo de la máquina, el pueblo colgante, los gigantes de la sabana, etc.). Mi duda es porque su caracterización es ciertamente escueta, pero ¿podría no serlo en una novela tan descomunal?
Tampoco quiero trasladar una impresión equivocada: aunque el tono de aventuras prevalezca sobre la profundidad de la historia, la novela se deja leer razonablemente bien. Además, conforme avanza la lectura se resuelven algunos enigmas (la raza causante de la destrucción del Mundo Anillo, la raza creadora del mismo...). Y se visitan lugares ciertamente fascinantes, como el pantano, la ciudad flotante (mi parte favorita), o el centro de mantenimiento en el que los Protercores de Pak cultivaban el Árbol de la Vida.
Para terminar, una pequeña reflexión negativa sobre el final. Que a mi modo de ver Niven resuelve de manera confusa (recurriendo la dualidad "gana/pierde" de Teela), y con demasiadas cosas que asimilar.
Un apasionado de la literatura de ciencia-ficción y escritor a tiempo parcial que dedica parte de sus escasos ratos libres a compartir su pasión con el resto de aficionados.
domingo, 4 de mayo de 2014
jueves, 1 de mayo de 2014
Hijos de Dune (1976). Frank Herbert
Tras interrumpir mi reseña de las novelas que recomiendo leer de las sagas más relevantes para el lector de ciencia-ficción en español, por la celebración de las primeras 10.000 visitas al blog, retomo con esta entrada dicha tarea, centrándome en la revisión de "Hijos de Dune", tercera novela en orden cronológico y orden de lectura de la archiconocida saga de Frank Herbert. Es la última novela que recomiendo leer de dicha saga; de hecho, he dudado hasta el último momento si recomendarla o no, puesto que en mi humilde opinión marca el declive claro de la saga. Intentaré explicar las razones.
No se trata de que la novela se la "vaya de las manos" a Herbert (es cierto que ambientalmente la novela es consistente con sus predecesoras), sino de que echa por tierra los logros de los principales protagonistas de Dune. Baste el ejemplo de Paul Muad'Dib: tras desaparecer al final de "El mesías de Dune", su reconversión en un predicador de premociones apocalípticas como respuesta a lo que él mismo contribuyó a construir, desconcierta sobremanera al lector. Por otra parte, en su búsqueda de un antagonista definido, Herbert deforma a Alia, la hermana de Paul y Regente Imperial en el trono de Arrakis, que se convierte en una pobre parodia de sí misma (incluyendo su inesperado matrimonio). Sobre Duncan Idaho ya quedó todo dicho cuando reseñé "El Mesías de Dune". Y también despierta rechazo la evolución del ecosistema de Dune, si bien es cierto que fue iniciada ya en la primera novela, al prever Leto sus trágicas consecuencias.
Otro aspecto lastra la impresión global del libro: la excesiva complejidad de la trama. Apuesto a que ni un solo lector podría explicar las motivaciones, los deseos, los pactos entre los distintos protagonistas. Con el agravante de que todo se resuelve en un breve capítulo en el que fallecen los dos hermanos. Esa complejidad extrema inmuniza al lector, para el cual ya ninguna revelación o acontecimiento es motivo de sorpresa, a pesar de la notable extensión de la novela. Otros defectos son las primeras referencias a personajes de la Tierra, indudablemente innecesarias para la trama y menos a estas alturas de la saga. Así como el recurso a unos conceptos de pretendida relevancia pero que sin embargo no habían aparecido hasta ahora: Jacurutu, Kralizec... Que suenan a artimaña para poder seguir.
Afortunadamente, la novela se deja leer. Ante todo, por el interés que siempre despierta averiguar hacia dónde dirige Herbert su obra más famosa. Pero también por su habilidad para mantener la atmósfera de Arrakis, para enseñarnos su paulatina evolución, para mostrarnos de nuevo la cultura Fremen, los nuevos sacerdotes, el exilio de los Corrino... Y quizá por reencontrarnos con algunos de sus personajes más conocidos: Stilgar, Jessica, el propio Paul. Aunque debo reconocer que las más de 1.200 páginas de las tres primeras novelas me parecen más que suficientes para esta mítica saga, por lo que les recomiendo no seguir con las entregas siguientes y dedicarse a cualquier otra de los varios miles de novelas recomendables que ha dado el género.
No se trata de que la novela se la "vaya de las manos" a Herbert (es cierto que ambientalmente la novela es consistente con sus predecesoras), sino de que echa por tierra los logros de los principales protagonistas de Dune. Baste el ejemplo de Paul Muad'Dib: tras desaparecer al final de "El mesías de Dune", su reconversión en un predicador de premociones apocalípticas como respuesta a lo que él mismo contribuyó a construir, desconcierta sobremanera al lector. Por otra parte, en su búsqueda de un antagonista definido, Herbert deforma a Alia, la hermana de Paul y Regente Imperial en el trono de Arrakis, que se convierte en una pobre parodia de sí misma (incluyendo su inesperado matrimonio). Sobre Duncan Idaho ya quedó todo dicho cuando reseñé "El Mesías de Dune". Y también despierta rechazo la evolución del ecosistema de Dune, si bien es cierto que fue iniciada ya en la primera novela, al prever Leto sus trágicas consecuencias.
Otro aspecto lastra la impresión global del libro: la excesiva complejidad de la trama. Apuesto a que ni un solo lector podría explicar las motivaciones, los deseos, los pactos entre los distintos protagonistas. Con el agravante de que todo se resuelve en un breve capítulo en el que fallecen los dos hermanos. Esa complejidad extrema inmuniza al lector, para el cual ya ninguna revelación o acontecimiento es motivo de sorpresa, a pesar de la notable extensión de la novela. Otros defectos son las primeras referencias a personajes de la Tierra, indudablemente innecesarias para la trama y menos a estas alturas de la saga. Así como el recurso a unos conceptos de pretendida relevancia pero que sin embargo no habían aparecido hasta ahora: Jacurutu, Kralizec... Que suenan a artimaña para poder seguir.
Afortunadamente, la novela se deja leer. Ante todo, por el interés que siempre despierta averiguar hacia dónde dirige Herbert su obra más famosa. Pero también por su habilidad para mantener la atmósfera de Arrakis, para enseñarnos su paulatina evolución, para mostrarnos de nuevo la cultura Fremen, los nuevos sacerdotes, el exilio de los Corrino... Y quizá por reencontrarnos con algunos de sus personajes más conocidos: Stilgar, Jessica, el propio Paul. Aunque debo reconocer que las más de 1.200 páginas de las tres primeras novelas me parecen más que suficientes para esta mítica saga, por lo que les recomiendo no seguir con las entregas siguientes y dedicarse a cualquier otra de los varios miles de novelas recomendables que ha dado el género.
lunes, 21 de abril de 2014
¡Más de 10.000 páginas vistas!
Interrumpo momentáneamente mi serie de entradas dedicadas a las sagas más importantes disponibles para el lector de ciencia-fición en español, pues quiero compartir con todos mis seguidores y lectores ocasionales un hecho que me resulta muy gratificante: este humilde blog ha superado ayer las 10.000 páginas vistas.
Hace algo menos de tres años que inicié esta andadura por la red sin otro propósito que mantener una de mis aficiones favoritas. Por circunstancias personales el contacto con las personas con que habitualmente compartía esta pasión por la ciencia-ficción se había visto entonces sensiblemente mermado, y como medida paliativa se me ocurrió compartirla con todos los lectores on-line/anónimos que podían estar interesados en este maravilloso género. En ningún momento tuve en mente ningún aspecto crematístico, como lo evidencia que a pesar de los constantes recordatorios de blogger he seguido sin incluir publicidad en el blog. El resultado es que en apenas 1.000 días el blog ha superado las 10.000 visitas, lo que supone nada menos que 10 visitas diarias de media. Una cantidad muy elevada si se tiene en cuenta lo reducido de este mundillo y que el número de entradas ha ido creciendo gradualmente en la medida de mis posibilidades hasta alcanzar las 85 entradas actuales.
Así que lo principal es agradecer a todos los lectores el tiempo que han pasado en este blog. Más aún a aquellos que se han animado a comentar mis entradas. Y muy especialmente a los 17 seguidores que se han animado a formar parte del mismo. Todos estos hechos me animan a seguir sacando tiempo de donde sea para mantener un ritmo aceptable de nuevas entradas.
Revisando las estadísticas disponibles, lo más llamativo es que la entrada más vista sigue siendo (y con mucha diferencia) "La nube negra", del británico Fred Hoyle. Es un hecho que me enorgullece, pues sigue siendo mi novela favorita de ciencia-ficción de todos los tiempos. Lo siguente más llamativo entre el top 10 de las entradas más visitadas, es que nada menos que cuatro de ellas corresponden a obras de Isaac Asimov ("Viaje alucinante", "En la arena estelar", "Fundación y Tierra" y "Fundación e Imperio"). Lo que refleja el continuo interés que siguen despertando en el lector en español las obras del Buen Doctor, interés que por otra parte comparto completamente puesto que sigue siendo uno de los pilares fundamentales del género. También hay hueco para entradas genéricas (la que dio pie a la revisión de las sagas o la de la entrañable biblioteca Orbis), o para clásicos del género como "Mundo anillo", y así hasta completar la lista.
Por países, España sigue siendo el que más visitas ha aportado (más de 5.500), pero me agrada especialmente ver la gran cantidad de visitas de otros países (EEUU, Argentina y México tiene más de 500). E incluso la de aquellos países en los que el español no es idioma oficial (200 visitas de Alemania, 170 de Rusia...). Es interesante ver cómo nuestro idioma gana gradualmente adeptos en todo el mundo, y este blog es una mínuscula muestra de ello. En la medida de mis posibilidades trataré de hacer más valiosas mis revisiones para los lectores de todos estos países.
No quiero terminar esta entrada sin abrir la puerta (tanto a mis seguidores como a mis lectores ocasionales) a que me propongan todas las sugerencias que estimen oportunas (obras que reseñar, formato, otros temas relacionados con la literatura de ciencia-ficción). Al fin y al cabo el propósito del blog sigue siendo el mismo: compartir con todos Vds. este apasionante ámbito.
Gracias de nuevo.
Hace algo menos de tres años que inicié esta andadura por la red sin otro propósito que mantener una de mis aficiones favoritas. Por circunstancias personales el contacto con las personas con que habitualmente compartía esta pasión por la ciencia-ficción se había visto entonces sensiblemente mermado, y como medida paliativa se me ocurrió compartirla con todos los lectores on-line/anónimos que podían estar interesados en este maravilloso género. En ningún momento tuve en mente ningún aspecto crematístico, como lo evidencia que a pesar de los constantes recordatorios de blogger he seguido sin incluir publicidad en el blog. El resultado es que en apenas 1.000 días el blog ha superado las 10.000 visitas, lo que supone nada menos que 10 visitas diarias de media. Una cantidad muy elevada si se tiene en cuenta lo reducido de este mundillo y que el número de entradas ha ido creciendo gradualmente en la medida de mis posibilidades hasta alcanzar las 85 entradas actuales.
Así que lo principal es agradecer a todos los lectores el tiempo que han pasado en este blog. Más aún a aquellos que se han animado a comentar mis entradas. Y muy especialmente a los 17 seguidores que se han animado a formar parte del mismo. Todos estos hechos me animan a seguir sacando tiempo de donde sea para mantener un ritmo aceptable de nuevas entradas.
Revisando las estadísticas disponibles, lo más llamativo es que la entrada más vista sigue siendo (y con mucha diferencia) "La nube negra", del británico Fred Hoyle. Es un hecho que me enorgullece, pues sigue siendo mi novela favorita de ciencia-ficción de todos los tiempos. Lo siguente más llamativo entre el top 10 de las entradas más visitadas, es que nada menos que cuatro de ellas corresponden a obras de Isaac Asimov ("Viaje alucinante", "En la arena estelar", "Fundación y Tierra" y "Fundación e Imperio"). Lo que refleja el continuo interés que siguen despertando en el lector en español las obras del Buen Doctor, interés que por otra parte comparto completamente puesto que sigue siendo uno de los pilares fundamentales del género. También hay hueco para entradas genéricas (la que dio pie a la revisión de las sagas o la de la entrañable biblioteca Orbis), o para clásicos del género como "Mundo anillo", y así hasta completar la lista.
Por países, España sigue siendo el que más visitas ha aportado (más de 5.500), pero me agrada especialmente ver la gran cantidad de visitas de otros países (EEUU, Argentina y México tiene más de 500). E incluso la de aquellos países en los que el español no es idioma oficial (200 visitas de Alemania, 170 de Rusia...). Es interesante ver cómo nuestro idioma gana gradualmente adeptos en todo el mundo, y este blog es una mínuscula muestra de ello. En la medida de mis posibilidades trataré de hacer más valiosas mis revisiones para los lectores de todos estos países.
No quiero terminar esta entrada sin abrir la puerta (tanto a mis seguidores como a mis lectores ocasionales) a que me propongan todas las sugerencias que estimen oportunas (obras que reseñar, formato, otros temas relacionados con la literatura de ciencia-ficción). Al fin y al cabo el propósito del blog sigue siendo el mismo: compartir con todos Vds. este apasionante ámbito.
Gracias de nuevo.
domingo, 6 de abril de 2014
El mesías de Dune (1969). Frank Herbert
Con esta nueva entrada prosigo la revisión de las principales sagas de ciencia-ficción disponibles para el lector en español. Le toca el turno en este caso a la saga de Dune, obra cumbre del norteamericano Frank Herbert y una de las más leídas en la historia del género. Su popularidad es tal que, incluso después de la muerte de Herbert, su hijo Brian ha seguido completándola con varias novelas adicionales, escritas en colaboración con el escritor Kevin J. Anderson. Pero ciñéndonos a las novelas que para la saga escribió su creador, ésta consta de los siguientes títulos:
"Dune" (1965)
"El mesías de Dune" (1969)
"Hijos de Dune" (1976)
"Dios emperador de Dune" (1981)
"Herejes de Dune" (1984)
"Casa Capitular Dune" (1985)
A diferencia de otras sagas ya reseñadas en este mismo blog, no recomiendo leer todas las novelas de la misma, ni mucho menos las precuelas publicadas por su hijo. Y ello a pesar de que en su momento ya reseñé "Dune" como parte de mi lista de 15 títulos esenciales para iniciarse en el género. Sin duda "Dune" es una excelente novela, y crea un universo riquísimo en posibilidades. Es lógico pues, que Frank Herbert, consciente de ese filón, empleara las siguientes dos décadas en explotar esas posibilidades. Pero no logró estar a la altura: simplemente fue complicando la trama con cada entrega hasta niveles insospechados, administrando cuidadosamente los acontecimientos y afectando a la calidad global de la saga. Por todo lo cual recomiendo leer solamente hasta "Hijos de Dune", la tercera entrega de la saga y la última que reseñaré en este mismo blog.
"El mesías de Dune" se publicó cuatro años después de la novela original, y las expectativas por aquel entonces eran tremendas. Expectativas que en general no se cumplieron: se trataba de una novela mucho menos voluminosa que la original y sin el aliciente de descubrir un nuevo universo. Herbert retoma la historia 12 años después del final de "Dune", con Paul Muad'Dib erigido ya en emperador tras la Batalla de Arrakeen. Por lo cual los elementos principales de la novela son los mismos de Dune (la Bene Gesserit, el Gremio Espacial, los Fremen, las Casas...), pero ya se empieza a intuir que Herbert está dispuesto a hacer de su obra maestra un filón cuando recurre al concepto de los ghola (seres humanos desarrollados a partir de unas pocas células de individuos ya muertos), con el que permite revivir a Duncan Idaho en la figura de Hayt. En otras palabras, abriendo la veda del "todo vale".
Ni siquiera es el único artilugio rebuscado al que recurre Herbert; otros ejemplos son el Danzarín Rostro o los poderes de los mentats. Pero es que además de percibirse esa sensación de alargar la saga "por donde sea", subyace continuamente en la lectura una sensación de penumbra, de falta de hilazón, de capacidad para comprender y dimensionar cuanto sucede. Tampoco ayuda que sea una novela que funcione a menos niveles que su predecesora, ni que esté excesivamente centrada en la figura de Muad'Dib. De hecho, estoy convencido de que los auténticos aficionados de Dune son conscientes de que en esta segunda entrega son varias las incoherencias argumentales en las que incurre su autor.
Entonces, ¿por qué recomiendo la lectura de "El mesías de Dune"? Pues sobre todo porque "Dune" es una novela demasiado excepcional como para negarle siquiera el derecho a una continuación. Aunque también porque aun siendo escasa en episodios de acción, es una novela razonablemente entretenida, que mantiene el marco escénico y la ambientación de su predecesora, y su mezcla de culturas en ese planeta tan fascinante que es Arrakis (para mí, el verdadero protagonista de la saga). Y porque aunque los acontecimientos se ralenticen, hay capítulos que recuperan el nivel de la original, especialmente aquellos en los que se desencadena la conspiración planteada por Herbert. Lástima que sean los menos.
"Dune" (1965)
"El mesías de Dune" (1969)
"Hijos de Dune" (1976)
"Dios emperador de Dune" (1981)
"Herejes de Dune" (1984)
"Casa Capitular Dune" (1985)
A diferencia de otras sagas ya reseñadas en este mismo blog, no recomiendo leer todas las novelas de la misma, ni mucho menos las precuelas publicadas por su hijo. Y ello a pesar de que en su momento ya reseñé "Dune" como parte de mi lista de 15 títulos esenciales para iniciarse en el género. Sin duda "Dune" es una excelente novela, y crea un universo riquísimo en posibilidades. Es lógico pues, que Frank Herbert, consciente de ese filón, empleara las siguientes dos décadas en explotar esas posibilidades. Pero no logró estar a la altura: simplemente fue complicando la trama con cada entrega hasta niveles insospechados, administrando cuidadosamente los acontecimientos y afectando a la calidad global de la saga. Por todo lo cual recomiendo leer solamente hasta "Hijos de Dune", la tercera entrega de la saga y la última que reseñaré en este mismo blog.
"El mesías de Dune" se publicó cuatro años después de la novela original, y las expectativas por aquel entonces eran tremendas. Expectativas que en general no se cumplieron: se trataba de una novela mucho menos voluminosa que la original y sin el aliciente de descubrir un nuevo universo. Herbert retoma la historia 12 años después del final de "Dune", con Paul Muad'Dib erigido ya en emperador tras la Batalla de Arrakeen. Por lo cual los elementos principales de la novela son los mismos de Dune (la Bene Gesserit, el Gremio Espacial, los Fremen, las Casas...), pero ya se empieza a intuir que Herbert está dispuesto a hacer de su obra maestra un filón cuando recurre al concepto de los ghola (seres humanos desarrollados a partir de unas pocas células de individuos ya muertos), con el que permite revivir a Duncan Idaho en la figura de Hayt. En otras palabras, abriendo la veda del "todo vale".
Ni siquiera es el único artilugio rebuscado al que recurre Herbert; otros ejemplos son el Danzarín Rostro o los poderes de los mentats. Pero es que además de percibirse esa sensación de alargar la saga "por donde sea", subyace continuamente en la lectura una sensación de penumbra, de falta de hilazón, de capacidad para comprender y dimensionar cuanto sucede. Tampoco ayuda que sea una novela que funcione a menos niveles que su predecesora, ni que esté excesivamente centrada en la figura de Muad'Dib. De hecho, estoy convencido de que los auténticos aficionados de Dune son conscientes de que en esta segunda entrega son varias las incoherencias argumentales en las que incurre su autor.
Entonces, ¿por qué recomiendo la lectura de "El mesías de Dune"? Pues sobre todo porque "Dune" es una novela demasiado excepcional como para negarle siquiera el derecho a una continuación. Aunque también porque aun siendo escasa en episodios de acción, es una novela razonablemente entretenida, que mantiene el marco escénico y la ambientación de su predecesora, y su mezcla de culturas en ese planeta tan fascinante que es Arrakis (para mí, el verdadero protagonista de la saga). Y porque aunque los acontecimientos se ralenticen, hay capítulos que recuperan el nivel de la original, especialmente aquellos en los que se desencadena la conspiración planteada por Herbert. Lástima que sean los menos.
lunes, 24 de marzo de 2014
San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje. Walter M. Miller Jr. (1997)
Prosigo mis entradas dedicadas a las sagas más relevantes disponibles para el lector en español. Le toca en esta oportunidad a la saga de San Leibowitz, de Walter M. Miller Jr. Que está compuesta por dos novelas:
Cántico por San Leibowitz (1959)
San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje (1997)
La primera de ellas es, como ya indiqué cuando la revise hace un par de años en este mismo blog, una de mis novelas favoritas del género, además de una de las obras más singulares y respetadas a las que ha dado lugar. Por ello sus muchos seguidores siempre tuvieron la esperanza de una continuación, aunque en vida de Miller ésta nunca llegó a aparecer. No obstante, a su muerte en 1996 su agente recopiló las más de 500 páginas que Miller había ido escribiendo a lo largo de los años para una supuesta continuación, y pidió al también escritor Terry Bisson que las revisara y completara para dar forma a la esperada segunda parte, apoyándose además en las notas manuscritas que había dejado Miller. Al parecer Bisson no tuvo que añadir demasiado (apenas 50 páginas), por lo que finalmente en 1997 vio la luz "San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje", la esperadísima continuación.
Lamentablemente, aunque se trata de una novela digna e interesante, el resultado quedó lejos de las excelencias de la original. Fundamentalmente por dos razones: algunos paisajes reiterativos y un cuestionable equilibrio entre catolicismo y creencias nómadas. De hecho, se nota que su gestación costó mucho esfuerzo, e incluso que aún no estaba suficientemente pulida como para ser publicada.
A ello contribuye de forma decisiva que Miller escogiera para ambientar esta novela el periodo menos atractivo y menos logrado de los tres que conformaban "Cántico por San Leibowitz": "Fiat Lux". Un periodo en el que la "civilización" empieza a despertar tras siglos de oscurantismo, y que por tanto supone la pérdida del misterio y el misticismo que tan magistralmente había recreado Miller en la novela original. Y es que aunque el escritor sigue dominando tanto el ambiente de las órdenes monásticas como la jerarquía católica en general, su cohabitación con las denominadas Tres Hordas (Perro Salvaje, Saltamontes y Conejo) y con el expansivo imperio de Texark no es del todo convincente. Como tampoco lo es la caracterización de las figuras, ritos e incluso costumbres de los nómadas salvajes (y no sólo las tres hordas, sino también los gleps o los sin madre).
Así, tras un comienzo en la abadía que nos hace concebir grandes esperanzas sobre la calidad de la novela, las dudas comienzan a aparecer a la par que el periplo del hermano Dientenegro / Nimmy al servicio del primero diácono, posteriormente cardenal y finalmente papa Elia Ponymarrón. La pérdida de la virginidad de Dientenegro en su encuentro con AEdra abre un flanco por el que la novela perderá fuelle poco a poco, desde un poco creíble embarazo, pasando por unos hijos que Miller no sabe cómo aprovechar, hasta desembocar en una obsesión que sólo sirve para reencuentros y búsquedas reiterativas. Y la multiplicidad de nombres e incluso títulos que Miller emplea para designar a los principales personajes nómadas (caso por ejemplo de Santa Locura / Chur Hangan) acaba por desorientar al lector.
Con lo cual una buena parte del libro transcurre sin una meta clara, convirtiéndose en poco más que un fresco de la sociedad del Oeste norteamericano del s. XXXIII. Hay episodios más logrados (el cónclave en el que Amén Parajomoteado es nombrado Papa) y otros menos (el ritual por el que Ponymarrón adquiere autoridad sobre las Tres Hordas), pero en general la extensión de muchos pasajes y capítulos no va de la mano con la relevancia de los mismos, lo que refleja el irregular proceso de gestación de la obra. Y el recurso a los "sueños" en determinados momentos se antoja poco adecuado para una novela de ciencia-ficción.
Sólo tras casi 400 páginas la novela adquiere un auténtico propósito (la cruzada de la jerarquía eclesiástica y las hordas nómadas contra el imperio de Texark, el cual controla la antigua sede papal de Nueva Roma) y gana en interés (incluso con algún refrescante episodio de acción). Pero justo entonces Terry Bisson entra en acción y el "meollo" de la cuestión sólo se le presenta al lector por terceras personas y a toro pasado. Aunque al menos es de agradecer su esfuerzo por mostrar el desenlace de cada personaje. Además, el final resignado, sin fe, sombrío, de Dientenegro, que no logra reencontrarse con AEdra, da que pensar al lector, mejorando a última hora la impresión global de la novela, y justificando su lectura.
Cántico por San Leibowitz (1959)
San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje (1997)
La primera de ellas es, como ya indiqué cuando la revise hace un par de años en este mismo blog, una de mis novelas favoritas del género, además de una de las obras más singulares y respetadas a las que ha dado lugar. Por ello sus muchos seguidores siempre tuvieron la esperanza de una continuación, aunque en vida de Miller ésta nunca llegó a aparecer. No obstante, a su muerte en 1996 su agente recopiló las más de 500 páginas que Miller había ido escribiendo a lo largo de los años para una supuesta continuación, y pidió al también escritor Terry Bisson que las revisara y completara para dar forma a la esperada segunda parte, apoyándose además en las notas manuscritas que había dejado Miller. Al parecer Bisson no tuvo que añadir demasiado (apenas 50 páginas), por lo que finalmente en 1997 vio la luz "San Leibowtz y la mujer Caballo Salvaje", la esperadísima continuación.
Lamentablemente, aunque se trata de una novela digna e interesante, el resultado quedó lejos de las excelencias de la original. Fundamentalmente por dos razones: algunos paisajes reiterativos y un cuestionable equilibrio entre catolicismo y creencias nómadas. De hecho, se nota que su gestación costó mucho esfuerzo, e incluso que aún no estaba suficientemente pulida como para ser publicada.
A ello contribuye de forma decisiva que Miller escogiera para ambientar esta novela el periodo menos atractivo y menos logrado de los tres que conformaban "Cántico por San Leibowitz": "Fiat Lux". Un periodo en el que la "civilización" empieza a despertar tras siglos de oscurantismo, y que por tanto supone la pérdida del misterio y el misticismo que tan magistralmente había recreado Miller en la novela original. Y es que aunque el escritor sigue dominando tanto el ambiente de las órdenes monásticas como la jerarquía católica en general, su cohabitación con las denominadas Tres Hordas (Perro Salvaje, Saltamontes y Conejo) y con el expansivo imperio de Texark no es del todo convincente. Como tampoco lo es la caracterización de las figuras, ritos e incluso costumbres de los nómadas salvajes (y no sólo las tres hordas, sino también los gleps o los sin madre).
Así, tras un comienzo en la abadía que nos hace concebir grandes esperanzas sobre la calidad de la novela, las dudas comienzan a aparecer a la par que el periplo del hermano Dientenegro / Nimmy al servicio del primero diácono, posteriormente cardenal y finalmente papa Elia Ponymarrón. La pérdida de la virginidad de Dientenegro en su encuentro con AEdra abre un flanco por el que la novela perderá fuelle poco a poco, desde un poco creíble embarazo, pasando por unos hijos que Miller no sabe cómo aprovechar, hasta desembocar en una obsesión que sólo sirve para reencuentros y búsquedas reiterativas. Y la multiplicidad de nombres e incluso títulos que Miller emplea para designar a los principales personajes nómadas (caso por ejemplo de Santa Locura / Chur Hangan) acaba por desorientar al lector.
Con lo cual una buena parte del libro transcurre sin una meta clara, convirtiéndose en poco más que un fresco de la sociedad del Oeste norteamericano del s. XXXIII. Hay episodios más logrados (el cónclave en el que Amén Parajomoteado es nombrado Papa) y otros menos (el ritual por el que Ponymarrón adquiere autoridad sobre las Tres Hordas), pero en general la extensión de muchos pasajes y capítulos no va de la mano con la relevancia de los mismos, lo que refleja el irregular proceso de gestación de la obra. Y el recurso a los "sueños" en determinados momentos se antoja poco adecuado para una novela de ciencia-ficción.
Sólo tras casi 400 páginas la novela adquiere un auténtico propósito (la cruzada de la jerarquía eclesiástica y las hordas nómadas contra el imperio de Texark, el cual controla la antigua sede papal de Nueva Roma) y gana en interés (incluso con algún refrescante episodio de acción). Pero justo entonces Terry Bisson entra en acción y el "meollo" de la cuestión sólo se le presenta al lector por terceras personas y a toro pasado. Aunque al menos es de agradecer su esfuerzo por mostrar el desenlace de cada personaje. Además, el final resignado, sin fe, sombrío, de Dientenegro, que no logra reencontrarse con AEdra, da que pensar al lector, mejorando a última hora la impresión global de la novela, y justificando su lectura.
domingo, 9 de marzo de 2014
Robots e Imperio (1985). Isaac Asimov
Con la entrada de hoy concluyo la reseña de la saga de las novelas de los robots de Isaac Asimov. No sólo eso, concluyo la reseña de todas las novelas de sus tres sagas principales. Asimov sigue siendo uno de mis escritores favoritos y me parece injusto que una parte de la crítica le dé la espalda por su supuestamente baja "calidad literaria" (como si escribir novelas disfrutables, ingeniosas y equilibradas de principio a fin fueran características de los malos escritores). Y de hecho la novela que hoy me ocupa, "Robots e imperio", es con la que Asimov cohesionó sus tres sagas, dando lugar a una única historia del futuro que cubre miles y miles de año del devenir de la humanidad. Lo que ya de por sí haría recomendable su lectura. Pero es que además la novela es una brillante conclusión de la saga de los robots, y en mi opinión la mejor de esta segunda época (y quizá de sus cuatro entregas, en dura pugna con "El sol desnudo").
Ahora bien, debo señalar que por tratarse de una novela de su "segunda época", y como ya he explicado en otras entradas, eso implica una mayor morosidad verbal y cierta desaceleración de los acontecimientos. Posiblemente por eso el comienzo es lo más débil de la novela: en lugar de estar concentradas en unos cuantos años, en "Robots e imperio" han transcurrido 200 años desde "Los robots del amanecer", por lo que Asimov intenta explicar las nuevas situaciones que se han generado en ese tiempo, y para ello tiene que recurrir en varias ocasiones a retrocesos temporales que dificultan un tanto el normal desarrollo de la lectura. Al menos sirven para de esa manera encontrarnos con Elijah Baley, el detectiva protagonista de las tres primeras entregas, durante unas páginas. Porque en su ausencia de Baley las pesquisas detectivescas recaen en dos robots: el sempiterno Daneel Oliwav y el ya conocido Giskard Reventlov. Limitadas por las tres leyes de la robótica y la nueva "ley cero" propuesta por Asimov en esta segunda época, sus investigaciones resultan fascinantes.
Otros aciertos de esta novela son los siguientes: la variedad y calidad de los escenarios, un total de cuatro mundos diferentes (Aurora, Solaria, Baleymundo y Tierra), que dan lugar a las cinco partes de que consta la novela, y que no sólo confirman la habilidad de Asimov a la hora de estructurar sus obras, sino que, con sus rasgos distintivos y las sociedades que los habitan, consituyen por sí mismos un elemento de disfrute de la lectura; la evolución de las tres leyes de la robótica hasta llegar a la psicohistoria, la ciencia que sustenta toda la saga de la Fundación; la incorporación a la saga de nuevos y singulares personajes, que no repiten las personalidades de anteriores protagonistas (como Daneel Giskard Baley, descendiente directo de Elijah Baley, el joven Mandamus...); el excelente episodio del ataque en Solaria; el episodio del discurso, en el que Asimov exhibe su poderoso dominio del lenguaje; el cuidado del elemento científico; la natural evolución de los acontecimientos, que consigue anticipar la aparición del Imperio Galáctico (como el propio título indica, su siguiente saga en orden cronológico) y justificar la perdurabilidad en el tiempo de Daneel, protagonista absoluto de toda la historia futura de Asimov... Toda una serie de virtudes que confirman la gran capacidad como fabulador del Buen Doctor.
Por ponerle algún pero a la novela, quizá quepa reprocharle a Asimov que sus historia futura refleja en demasía la situación global del pasado siglo XX, y cierta tendencia a recrearse en exceso en algunos diálogos meramente analíticos de lo ocurrido en anteriores pasajes. Aunque a veces dichos diálogos sirven para una mejor comprensión de lo narrado por parte del lector.
Debo admitir que conforme avanzaba en la lectura y me aproximaba al final, temía que éste pudiera no estar a la altura del resto de la novela, por la trama tan compleja que Asimov había planteado, pero Asimov la resuelve con maestría, recurriendo, una vez más, al factor sorpresa. Y situando a propósito el final en el planeta Tierra, al igual que haría al año siguiente cuando cerró la saga de la Fundación con "Fundación y Tierra". Un reflejo más de que la novela está cuidada hasta el mínimo detalle, como toda esta estupenda saga que les recomiendo encarecidamente.
Ahora bien, debo señalar que por tratarse de una novela de su "segunda época", y como ya he explicado en otras entradas, eso implica una mayor morosidad verbal y cierta desaceleración de los acontecimientos. Posiblemente por eso el comienzo es lo más débil de la novela: en lugar de estar concentradas en unos cuantos años, en "Robots e imperio" han transcurrido 200 años desde "Los robots del amanecer", por lo que Asimov intenta explicar las nuevas situaciones que se han generado en ese tiempo, y para ello tiene que recurrir en varias ocasiones a retrocesos temporales que dificultan un tanto el normal desarrollo de la lectura. Al menos sirven para de esa manera encontrarnos con Elijah Baley, el detectiva protagonista de las tres primeras entregas, durante unas páginas. Porque en su ausencia de Baley las pesquisas detectivescas recaen en dos robots: el sempiterno Daneel Oliwav y el ya conocido Giskard Reventlov. Limitadas por las tres leyes de la robótica y la nueva "ley cero" propuesta por Asimov en esta segunda época, sus investigaciones resultan fascinantes.
Otros aciertos de esta novela son los siguientes: la variedad y calidad de los escenarios, un total de cuatro mundos diferentes (Aurora, Solaria, Baleymundo y Tierra), que dan lugar a las cinco partes de que consta la novela, y que no sólo confirman la habilidad de Asimov a la hora de estructurar sus obras, sino que, con sus rasgos distintivos y las sociedades que los habitan, consituyen por sí mismos un elemento de disfrute de la lectura; la evolución de las tres leyes de la robótica hasta llegar a la psicohistoria, la ciencia que sustenta toda la saga de la Fundación; la incorporación a la saga de nuevos y singulares personajes, que no repiten las personalidades de anteriores protagonistas (como Daneel Giskard Baley, descendiente directo de Elijah Baley, el joven Mandamus...); el excelente episodio del ataque en Solaria; el episodio del discurso, en el que Asimov exhibe su poderoso dominio del lenguaje; el cuidado del elemento científico; la natural evolución de los acontecimientos, que consigue anticipar la aparición del Imperio Galáctico (como el propio título indica, su siguiente saga en orden cronológico) y justificar la perdurabilidad en el tiempo de Daneel, protagonista absoluto de toda la historia futura de Asimov... Toda una serie de virtudes que confirman la gran capacidad como fabulador del Buen Doctor.
Por ponerle algún pero a la novela, quizá quepa reprocharle a Asimov que sus historia futura refleja en demasía la situación global del pasado siglo XX, y cierta tendencia a recrearse en exceso en algunos diálogos meramente analíticos de lo ocurrido en anteriores pasajes. Aunque a veces dichos diálogos sirven para una mejor comprensión de lo narrado por parte del lector.
Debo admitir que conforme avanzaba en la lectura y me aproximaba al final, temía que éste pudiera no estar a la altura del resto de la novela, por la trama tan compleja que Asimov había planteado, pero Asimov la resuelve con maestría, recurriendo, una vez más, al factor sorpresa. Y situando a propósito el final en el planeta Tierra, al igual que haría al año siguiente cuando cerró la saga de la Fundación con "Fundación y Tierra". Un reflejo más de que la novela está cuidada hasta el mínimo detalle, como toda esta estupenda saga que les recomiendo encarecidamente.
domingo, 2 de marzo de 2014
Los robots del amanecer (1983). Isaac Asimov
Retomo con esta entrada la revisión de las novelas de la saga de los robots que merece la pena leer. Como ya he señalado en las dos reseñas anteriores, recomiendo leer la totalidad de la saga, en mi opinión una de las mejores a la que ha dado lugar la ciencia-ficción. Le toca en esta oportunidad a "Los robots del amanecer", la novela con la que Isaac Asimov retomó la saga tras más de un cuarto de siglo de inactividad. Es, pues, la tercera novela de la saga en orden cronológico y también en orden de lectura, así como la primera de las dos novelas de robots que Asimov escribió en los años 80, época de su resurrección como novelista de ciencia-ficción. Una resurrección de la que hablé con detalle al reseñar la saga de la Fundación, y que en el caso de las novelas de robots comparte algunos aspectos ya señalados entonces: un mayor esfuerzo por la caracterización de los personajes, una mayor verbosidad, y al mismo tiempo un intento claramente perceptible por no alterar las señas de identidad de la saga (ambientación, preferencia por los diálogos, elemento de misterio, mantenimiento de la pareja protagonista...). Aspectos que Asimov supo manejar en mi opinión con notable éxito, completando una novela tan atrayente como coherente argumentalmente. Aunque con algunos altibajos.
Y es que el hecho de ser la novela con la que Asimov "reinaguiró" la serie da pie a los mayores defectos de "Los robots del amanecer". Entre ellos, la lentitud de los primeros capítulos, en los que Asimov, además de ponernos en situación, se entretiene en aparentes minuciosas (desde el reenceuntro de Baley con Daneel hasta el denominado "visor espacial"). Además, durante quizá demasiadas páginas sólo se nos ofrece una exigua visión del planeta Aurora: los establecimientos del inventor de robots Han Fastolfe y de la solariana Gladia Delmarre. Tampoco me gustan demasiado la excesiva y hasta impertinente meticulosidad de Baley al comienzo de sus pesquisas y la relativa pérdida de importancia de Daneel, que deja de ser el frío contrapunto del visceral Baley. Si bien a cambio Asimov ofrece el mayor hallazgo de esta novela: el robot Giskard Reventlov, capaz de tomar decisiones por su cuenta, sin consultar a ningún humano, y que por tanto ofrece nuevas e interesantes perspectivas a la serie.
Es indudable que durante la primera mitad de la novela también hay espectos positivos. Entre ellos, la coherencia y la belleza del planeta Aurora, las sucesivas hipotésis que Baley va construyendo y desechando, los acertados diálogos... Pero es a partir del encuentro de Baley con Vasilia Aliena, una de las hijas de Fastolfe, cuando la novela empieza a dar de sí todo lo que se espera de ella: por fin Aurora se muestra en todo su esplendor, la novela se centra en el robotocidio del humaniforme Jander Panell y en la trama urdida en torno a él, vamos conociendo los puntos de vista de nuevos y sugerentes personajes... En especial debo reseñar la habilidad de Asimov a la hora de caracterizar a Kelden Amadiro, el robotista que aboga por la construcción de más robots humaniformes: un ser complejo del que se intuye su maldad sin que en realidad trasluzca nada a través de sus actos.
La lectura se vuelve apremiante con el episodio de la tormenta, de una intensidad muy bien conseguida. Así, mediante una estupenda estructuración en capítulos y el habitual cuidado del Buen Doctor por el elemento científico, se llega al desenlace, que está a la altura de lo esperado: por un lado se resuelve la problemática planteada, mientras que por otro (y un poco más tarde) se desentraña el verdadero Misterio, con mayúsculas. Y todo ello introduciendo ideas y referencias que formarán parte más adelante de la saga de la Fundación, conformando así una interrelacionada y apasionante historia del futuro.
Un último detalle: es una lástima que los primeros traductores de esta novela al español tradujeran "Dawn" por "amanecer" y no por "Aurora". A causa de dicha traducción el potencial lector se pierde una información importante de esta novela (su marco escénico), y gana un título confuso y poco atrayente.
Y es que el hecho de ser la novela con la que Asimov "reinaguiró" la serie da pie a los mayores defectos de "Los robots del amanecer". Entre ellos, la lentitud de los primeros capítulos, en los que Asimov, además de ponernos en situación, se entretiene en aparentes minuciosas (desde el reenceuntro de Baley con Daneel hasta el denominado "visor espacial"). Además, durante quizá demasiadas páginas sólo se nos ofrece una exigua visión del planeta Aurora: los establecimientos del inventor de robots Han Fastolfe y de la solariana Gladia Delmarre. Tampoco me gustan demasiado la excesiva y hasta impertinente meticulosidad de Baley al comienzo de sus pesquisas y la relativa pérdida de importancia de Daneel, que deja de ser el frío contrapunto del visceral Baley. Si bien a cambio Asimov ofrece el mayor hallazgo de esta novela: el robot Giskard Reventlov, capaz de tomar decisiones por su cuenta, sin consultar a ningún humano, y que por tanto ofrece nuevas e interesantes perspectivas a la serie.
Es indudable que durante la primera mitad de la novela también hay espectos positivos. Entre ellos, la coherencia y la belleza del planeta Aurora, las sucesivas hipotésis que Baley va construyendo y desechando, los acertados diálogos... Pero es a partir del encuentro de Baley con Vasilia Aliena, una de las hijas de Fastolfe, cuando la novela empieza a dar de sí todo lo que se espera de ella: por fin Aurora se muestra en todo su esplendor, la novela se centra en el robotocidio del humaniforme Jander Panell y en la trama urdida en torno a él, vamos conociendo los puntos de vista de nuevos y sugerentes personajes... En especial debo reseñar la habilidad de Asimov a la hora de caracterizar a Kelden Amadiro, el robotista que aboga por la construcción de más robots humaniformes: un ser complejo del que se intuye su maldad sin que en realidad trasluzca nada a través de sus actos.
La lectura se vuelve apremiante con el episodio de la tormenta, de una intensidad muy bien conseguida. Así, mediante una estupenda estructuración en capítulos y el habitual cuidado del Buen Doctor por el elemento científico, se llega al desenlace, que está a la altura de lo esperado: por un lado se resuelve la problemática planteada, mientras que por otro (y un poco más tarde) se desentraña el verdadero Misterio, con mayúsculas. Y todo ello introduciendo ideas y referencias que formarán parte más adelante de la saga de la Fundación, conformando así una interrelacionada y apasionante historia del futuro.
Un último detalle: es una lástima que los primeros traductores de esta novela al español tradujeran "Dawn" por "amanecer" y no por "Aurora". A causa de dicha traducción el potencial lector se pierde una información importante de esta novela (su marco escénico), y gana un título confuso y poco atrayente.
domingo, 9 de febrero de 2014
El sol desnudo (1957). Isaac Asimov
Con la presente entrada prosigo la reseña de las novelas de la saga de Los Robots que merece la pena leer. Que como ya dije cuando reseñé "Bóvedas de acero" hace unos días, son las cuatro que la constituyen. En este caso le toca el turno a "El sol desnudo", la segunda novela de la saga tanto en orden de publicación como en orden de lectura. Y que en mi opinión es ligeramente superior a su predecesora y, por consiguiente, la mejor novela de la primera época de la saga. Voy a intentar argumentarlo.
Antes que nada debo señalar que en este caso más que de una novela de una saga se puede hablar de una continuación en toda regla. Porque poco después de resolver el caso que se les presentó en "Bóvedas de acero", la mítica pareja protagonista (el detective Elijah Baley y el robot R. Daneel Oliwav) viaja a Solaria para investigar el asesinato de Rikaine Delmarre. Solaria es uno de los cincuenta mundos colonizados por la humanidad, y tiene unas características que lo hacen perfecto para que Asimov relate en él una estupenda historia, y además aderezarla con multitud de reflexiones: es un mundo limitado a sólo 20.000 humanos, rodeados cada uno por una inmensa cohorte de robots que se encargan de hacer todas las tareas rutinarias. Por esta razón el contacto entre humanos es muy escaso y el número de sospechosos en caso de asesinato muy limitado. Asimismo, como su título indica, es un planeta que carece de las bóvedas que cubren las ciudades terrestres en el futuro planteado por Asimov, lo que obliga a Bailey a lidiar con su ya conocida agorafobia y hacer frente a los peligros de un hábitat no controlado por los humanos.
Debo prevenir al lector que la novela es de tal calidad que, contrariamente a lo habitual en el Buen Doctor, ese aspecto pesa más que su capacidad de entretener. No quiero decir con ello que sea una novela aburrida, pues no lo es en absoluto, pero en mi opinión sí queda claro que Asimov prima la reflexión sobre el entretenimiento. Así, aunque inicialmente plantea el crimen con el que va a dotar a su novela del habitual elemento de misterio, en lugar de centrarse en las pesquisas detectivescas va ampliando sus pretensiones especulativas mediante la profundización en el verdadero protagonista de la novela: el planeta Solaria. Así, en los primeros capítulos hace algo más que un esbozo de este planeta, recreándose en los condicionamientos sobre los seres humanos que lo habitan. Se trata de una brillante especulación sociológica, tecnológica y hasta filosófica, tanto que por una vez en Asimov muchos personajes son más importantes por lo que piensan o lo que sienten que por lo que hacen.
En contrapartida a tan brillantes reflexiones, la relación entre Baley y Daneel, pilar fundamental de la saga, pasa un tanto a segundo plano, y la sucesión ininterrumpida de capítulos en los que la investigación va avanzando sin acontecimientos inesperados, pueden provocar una cierta lejanía del lector. No obstante, como es habitual en la primera época de Asimov no es una novela larga, y además la amena prosa de Asimov (centrada en sus habituales diálogos), el profundo análisis de las limitaciones de la Primera Ley de la Robótica, y la excelente estructuración habitual de los capítulos (de hecho el título de todos los capítulos comienza con "Donde se...") ayudan a mantener el interés.
A pesar de que como digo la novela funcione a dos niveles separados (el meramente argumental y el especulativo), el final está a la altura de lo esperado: para deleite del lector volvemos a tener las interpretaciones contrapuestas de Daneel y Baley, la confesión del especialista en robots Jothan Leebig, la revelación final de la participación de la esposa de Delmarre (Gladia) en el crimen... Pero sobre todo las reflexiones filosóficas de altos vuelos, en especial sobre el decadente modo de vida de Solaria y la condena que supone para todos los seres humanos a menos que decidan volver a interactuar y cooperen en aras de la innovación.
Les espero en mi revisión de la siguiente entrega de la saga.
Antes que nada debo señalar que en este caso más que de una novela de una saga se puede hablar de una continuación en toda regla. Porque poco después de resolver el caso que se les presentó en "Bóvedas de acero", la mítica pareja protagonista (el detective Elijah Baley y el robot R. Daneel Oliwav) viaja a Solaria para investigar el asesinato de Rikaine Delmarre. Solaria es uno de los cincuenta mundos colonizados por la humanidad, y tiene unas características que lo hacen perfecto para que Asimov relate en él una estupenda historia, y además aderezarla con multitud de reflexiones: es un mundo limitado a sólo 20.000 humanos, rodeados cada uno por una inmensa cohorte de robots que se encargan de hacer todas las tareas rutinarias. Por esta razón el contacto entre humanos es muy escaso y el número de sospechosos en caso de asesinato muy limitado. Asimismo, como su título indica, es un planeta que carece de las bóvedas que cubren las ciudades terrestres en el futuro planteado por Asimov, lo que obliga a Bailey a lidiar con su ya conocida agorafobia y hacer frente a los peligros de un hábitat no controlado por los humanos.
Debo prevenir al lector que la novela es de tal calidad que, contrariamente a lo habitual en el Buen Doctor, ese aspecto pesa más que su capacidad de entretener. No quiero decir con ello que sea una novela aburrida, pues no lo es en absoluto, pero en mi opinión sí queda claro que Asimov prima la reflexión sobre el entretenimiento. Así, aunque inicialmente plantea el crimen con el que va a dotar a su novela del habitual elemento de misterio, en lugar de centrarse en las pesquisas detectivescas va ampliando sus pretensiones especulativas mediante la profundización en el verdadero protagonista de la novela: el planeta Solaria. Así, en los primeros capítulos hace algo más que un esbozo de este planeta, recreándose en los condicionamientos sobre los seres humanos que lo habitan. Se trata de una brillante especulación sociológica, tecnológica y hasta filosófica, tanto que por una vez en Asimov muchos personajes son más importantes por lo que piensan o lo que sienten que por lo que hacen.
En contrapartida a tan brillantes reflexiones, la relación entre Baley y Daneel, pilar fundamental de la saga, pasa un tanto a segundo plano, y la sucesión ininterrumpida de capítulos en los que la investigación va avanzando sin acontecimientos inesperados, pueden provocar una cierta lejanía del lector. No obstante, como es habitual en la primera época de Asimov no es una novela larga, y además la amena prosa de Asimov (centrada en sus habituales diálogos), el profundo análisis de las limitaciones de la Primera Ley de la Robótica, y la excelente estructuración habitual de los capítulos (de hecho el título de todos los capítulos comienza con "Donde se...") ayudan a mantener el interés.
A pesar de que como digo la novela funcione a dos niveles separados (el meramente argumental y el especulativo), el final está a la altura de lo esperado: para deleite del lector volvemos a tener las interpretaciones contrapuestas de Daneel y Baley, la confesión del especialista en robots Jothan Leebig, la revelación final de la participación de la esposa de Delmarre (Gladia) en el crimen... Pero sobre todo las reflexiones filosóficas de altos vuelos, en especial sobre el decadente modo de vida de Solaria y la condena que supone para todos los seres humanos a menos que decidan volver a interactuar y cooperen en aras de la innovación.
Les espero en mi revisión de la siguiente entrega de la saga.
domingo, 26 de enero de 2014
Bóvedas de acero (1954). Isaac Asimov
Con "Bóvedas de acero" empiezo la reseña de las novelas de la saga de los robots de Isaac Asimov. Saga que, al igual que la saga de la Fundación (ya reseñada en este mismo blog), se escribió en dos periodos diferentes, el primero en los años cincuenta y el segundo en los años ochenta. En este caso las novelas que conforman la saga deben leerse en el mismo orden en que fueron escritas, que es el siguiente:
Bóvedas de acero (1954)
El sol desnudo (1957)
Los robots del amanecer (1983)
Robots e Imperio (1985)
Sin llegar a la fama extrema de la saga de la Fundación, en mi opinión la saga de los Robots no la desmerece en absoluto. Y sólo le falta algún título señero (como podría ser "Preludio a la Fundación" o "Segunda Fundación") para llegar al mismo nivel de excelencia de aquella. Pero las cuatro novelas que la conforman son absolutamente recomendables, y de hecho literariamente hablando son más homogéneas que las de la saga de la Fundación, en las que la diferencia entre las novelas de los cincuenta y las de los ochenta es claramente perceptible y puede descolocar al lector. Esa mayor homogeneidad se explica principalmente porque tanto "Bóvedas de acero" como "El sol desnudo", las novelas de los cincuenta, no son fix-ups de novelas cortas publicadas anteriormente en revistas del género, sino novelas completas escritas ya con esa intención.
"Bóvedas de acero" se beneficia, además, de la habilidad narrativa que había adquirido Isaac Asimov desde la publicación de sus primeras novelas unos años antes (la trilogía del Imperio, también reseñada en este mismo blog). Asimov se muestra como un escritor que ya domina el formato de la novela, y sin renunciar a sus señas de identidad (estilo directo, predominio de los diálogos, trama que funciona a distintos niveles, elementos de misterio), sabe profundizar mejor en la caracterización de los personajes y en la ambientación de los lugares en los que se desarrolla la acción.
Por ello sin duda el principal acierto de la novela (y por extensión de toda la saga) es el dúo protagonista: Elijah Baley, el detective del departamento de Nueva York en el siglo LI, y R. Daneel Olivaw, el robot de aspecto humano construido por los habitantes de Aurora que se convierte en su compañero inseparable y que, como ya he mencionado en otras reseñas de Isaac Asimov, es el personaje más importante de toda su creación literaria, puesto que desempeña un rol esencial en sus dos sagas más importantes. Y es que, además de bien escogido, el dúo protagonista se complementa perfectamente: a las dudas y vacilaciones de Bailey se le contrapone la capacidad analítica de Daneel, y el lector disfruta con las interrelaciones entre ambos personajes.
El título de la novela proviene de la situación de la Tierra en tan lejano tiempo: los terrestres, en un tiempo colonizadores de otros planetas, se han vuelto agorafóbicos y por ello encapsulan sus ciudades en gigantescas bóvedas. A ellos se oponen los espacianos, los habitantes de los planetas exteriores, que han desarrollado su cultura a partir de las más avanzadas tecnologías. Se genera así el enfrentamiento entre dos cosmovisiones, una en decadencia y otra en auge, tan típico del Buen Doctor, y que supone un trasfondo de altos vuelos para la historia narrada en primer plano: la tarea encomendada a Bailey de resolver el asesinato de un espaciano. Una historia muy bien trazada, plena de lógica, que engancha desde el primer capítulo y que mantiene la tensión hasta el final. En la que tiene un papel destacado las maravillosas tres leyes de la robótica ideadas por Asimov, y las disyuntivas morales que plantea.
Como era de esperar, el elemento científico de una sociedad tan lejana está bien cuidado, y hay detalles que perduran en la memoria del lector, como las aceras móviles y la espectacular persecución que sobre ellas recrea el escritor. Es sólo un ejemplo de la multitud de elementos que pueblan la novela a distintos niveles (corrientes religiosas, superpoblación, desconfianza hacia los robots...) y que logran dotar a la novela de un incuestionable realismo. Que además ha resistido estupendamente el paso del tiempo, pues apenas hay detalles trasnochados y sí la sensación de estar leyendo una novela que sigue siendo actual y hasta novedosa.
Se trata de una obra que apenas tiene defectos. Quizá un ambiente por momentos excesivamente opresivo, una concisión muy de agradecer en general pero que puede ser percibida como un cierto esquematismo para quienes que estén acostumbrados a la morosidad verbal de la novela contemporánea, y un final sorprendente pero un tanto cuestionable. Aspectos, como puede verse, menores frente a las bondades de una novela de la que es complicada encontrar reseñas negativas. Les espero en la revisión de la siguiente novela de la saga.
Bóvedas de acero (1954)
El sol desnudo (1957)
Los robots del amanecer (1983)
Robots e Imperio (1985)
Sin llegar a la fama extrema de la saga de la Fundación, en mi opinión la saga de los Robots no la desmerece en absoluto. Y sólo le falta algún título señero (como podría ser "Preludio a la Fundación" o "Segunda Fundación") para llegar al mismo nivel de excelencia de aquella. Pero las cuatro novelas que la conforman son absolutamente recomendables, y de hecho literariamente hablando son más homogéneas que las de la saga de la Fundación, en las que la diferencia entre las novelas de los cincuenta y las de los ochenta es claramente perceptible y puede descolocar al lector. Esa mayor homogeneidad se explica principalmente porque tanto "Bóvedas de acero" como "El sol desnudo", las novelas de los cincuenta, no son fix-ups de novelas cortas publicadas anteriormente en revistas del género, sino novelas completas escritas ya con esa intención.
"Bóvedas de acero" se beneficia, además, de la habilidad narrativa que había adquirido Isaac Asimov desde la publicación de sus primeras novelas unos años antes (la trilogía del Imperio, también reseñada en este mismo blog). Asimov se muestra como un escritor que ya domina el formato de la novela, y sin renunciar a sus señas de identidad (estilo directo, predominio de los diálogos, trama que funciona a distintos niveles, elementos de misterio), sabe profundizar mejor en la caracterización de los personajes y en la ambientación de los lugares en los que se desarrolla la acción.
Por ello sin duda el principal acierto de la novela (y por extensión de toda la saga) es el dúo protagonista: Elijah Baley, el detective del departamento de Nueva York en el siglo LI, y R. Daneel Olivaw, el robot de aspecto humano construido por los habitantes de Aurora que se convierte en su compañero inseparable y que, como ya he mencionado en otras reseñas de Isaac Asimov, es el personaje más importante de toda su creación literaria, puesto que desempeña un rol esencial en sus dos sagas más importantes. Y es que, además de bien escogido, el dúo protagonista se complementa perfectamente: a las dudas y vacilaciones de Bailey se le contrapone la capacidad analítica de Daneel, y el lector disfruta con las interrelaciones entre ambos personajes.
El título de la novela proviene de la situación de la Tierra en tan lejano tiempo: los terrestres, en un tiempo colonizadores de otros planetas, se han vuelto agorafóbicos y por ello encapsulan sus ciudades en gigantescas bóvedas. A ellos se oponen los espacianos, los habitantes de los planetas exteriores, que han desarrollado su cultura a partir de las más avanzadas tecnologías. Se genera así el enfrentamiento entre dos cosmovisiones, una en decadencia y otra en auge, tan típico del Buen Doctor, y que supone un trasfondo de altos vuelos para la historia narrada en primer plano: la tarea encomendada a Bailey de resolver el asesinato de un espaciano. Una historia muy bien trazada, plena de lógica, que engancha desde el primer capítulo y que mantiene la tensión hasta el final. En la que tiene un papel destacado las maravillosas tres leyes de la robótica ideadas por Asimov, y las disyuntivas morales que plantea.
Como era de esperar, el elemento científico de una sociedad tan lejana está bien cuidado, y hay detalles que perduran en la memoria del lector, como las aceras móviles y la espectacular persecución que sobre ellas recrea el escritor. Es sólo un ejemplo de la multitud de elementos que pueblan la novela a distintos niveles (corrientes religiosas, superpoblación, desconfianza hacia los robots...) y que logran dotar a la novela de un incuestionable realismo. Que además ha resistido estupendamente el paso del tiempo, pues apenas hay detalles trasnochados y sí la sensación de estar leyendo una novela que sigue siendo actual y hasta novedosa.
Se trata de una obra que apenas tiene defectos. Quizá un ambiente por momentos excesivamente opresivo, una concisión muy de agradecer en general pero que puede ser percibida como un cierto esquematismo para quienes que estén acostumbrados a la morosidad verbal de la novela contemporánea, y un final sorprendente pero un tanto cuestionable. Aspectos, como puede verse, menores frente a las bondades de una novela de la que es complicada encontrar reseñas negativas. Les espero en la revisión de la siguiente novela de la saga.
sábado, 4 de enero de 2014
La guerra de los mercaderes (1986). Frederik Pohl
Con la presente entrada paso a reseñar la saga de los mercaderes, del estadounidense Frederik Pohl. Se trata de una saga que no fue concebida como tal, puesto que durante más de treinta años la única novela de la misma fue "Mercaderes del espacio", escrita por Pohl en colaboración con Cyril M. Kornbluth en 1953. Al amparo del revival editorial que vivieron en los 80 muchos de los clásicos de la Edad de Oro (con la saga de la Fundación de Asimov a la cabeza), Pohl se animó a escribir una nueva novela ambientada en el mismo universo que los mercaderes. Esta vez en solitario, pues Kornbluth había fallecido en 1958. Así, la saga quedó definitivamente compuesta por:
"Mercaderes del espacio" (1954)
"La guerra de los mercaderes" (1986)
Dado que ya reseñé la excelente "Mercaderes del espacio" en este mismo blog como parte de mi lista de quince títulos personalísimamente favoritos, procedo hoy a reseñar "La guerra de los mercaderes". Que aun siendo una novela recomendable, queda lejos de la excelencia de su predecesora. Principalmente porque pierde el factor sorpresa de aquella, y lo reemplaza con una trama un tanto anodina hasta demasiado cerca del final. Podría pensarse que parte de esta menor calidad se debe a la ausencia de Kornbluth, pero no me atrevo a afirmarlo, puesto que Pohl editó entre los años 70 y 80 buena parte de lo mejor de su bibliografía.
Por la "pérdida del factor sorpresa" me refiero a que, al situar Pohl la secuela treinta y tantos años después de cuando terminó la primera novela, el panorama ultra-consumista de la Tierra (donde transcurre la mayor parte de la narración) ya es conocido para el lector. Es cierto que algunas situaciones son humorísticas, que la degradación de la calidad de vida para el conjunto de los ciudadanos está bien reflejada, y que el reemplazo de multitud de productos por su sucedáneo comercial continúan siendo una metáfora desgraciadamente no demasiado alejada de nuestra sociedad. Y también es cierto que en esta oportunidad Pohl nos muestra cómo la humanidad (o mejor dicho, los conservaduristas) van abriéndose camino en el inhóspito Venus, y cómo el planeta se convierte en una fuerza reaccionaria frente a la todopoderosa publicidad terrestre. Pero no me parecen suficientes elementos para sostener la novela.
Porque argumentalmente hablando creo que faltan la continuidad y la riqueza de situaciones de la original. Escrita en primera persona por el protagonista absoluto (Tennison Tarb), su ultranegatividad hacia todo lo que provenga de Venus resulta un tanto infantil, al igual que su relación con Mitzi Ku, tan llena de altibajos y carente de verosimilitud que Tarb no llega a darse cuenta de su cambio de identidad hasta cerca del final, y encima Pohl la enreda más con una tardía petición de matrimonio, innecesaria para el desenlace. Por no hablar de la adicción de Tarb a la Moka-Koka, adquirida de un modo forzado, de presencia redundante en la novela y que, como el lector intuye, no va a terminar siendo un gran impedimento para Tarb.
Así, cuando parece que todo va a reducirse a las continuas ascensiones y caídas de Tarb en pasajes brillantes algunos, reiterativos otros, Pohl desvela el factor sorpresa por el que no se atrevió a construir una trama más sólida: la ofensiva venusiana a través de personajes estratégicamente infiltrados. Una ofensiva que, aunque reveladora, llega un poco tarde y resulta por momentos apresurada. Si bien le permite a Pohl construir un final relativamente coherente, y sobre todo argumentar la reflexión más importante que propone en esta novela (adicionalmente a todas las presentadas en "Mercaderes del espacio"): que la equidistancia entre los postulados venusianos y terrestres sería lo mejor para el conjunto de la población.
"Mercaderes del espacio" (1954)
"La guerra de los mercaderes" (1986)
Dado que ya reseñé la excelente "Mercaderes del espacio" en este mismo blog como parte de mi lista de quince títulos personalísimamente favoritos, procedo hoy a reseñar "La guerra de los mercaderes". Que aun siendo una novela recomendable, queda lejos de la excelencia de su predecesora. Principalmente porque pierde el factor sorpresa de aquella, y lo reemplaza con una trama un tanto anodina hasta demasiado cerca del final. Podría pensarse que parte de esta menor calidad se debe a la ausencia de Kornbluth, pero no me atrevo a afirmarlo, puesto que Pohl editó entre los años 70 y 80 buena parte de lo mejor de su bibliografía.
Por la "pérdida del factor sorpresa" me refiero a que, al situar Pohl la secuela treinta y tantos años después de cuando terminó la primera novela, el panorama ultra-consumista de la Tierra (donde transcurre la mayor parte de la narración) ya es conocido para el lector. Es cierto que algunas situaciones son humorísticas, que la degradación de la calidad de vida para el conjunto de los ciudadanos está bien reflejada, y que el reemplazo de multitud de productos por su sucedáneo comercial continúan siendo una metáfora desgraciadamente no demasiado alejada de nuestra sociedad. Y también es cierto que en esta oportunidad Pohl nos muestra cómo la humanidad (o mejor dicho, los conservaduristas) van abriéndose camino en el inhóspito Venus, y cómo el planeta se convierte en una fuerza reaccionaria frente a la todopoderosa publicidad terrestre. Pero no me parecen suficientes elementos para sostener la novela.
Porque argumentalmente hablando creo que faltan la continuidad y la riqueza de situaciones de la original. Escrita en primera persona por el protagonista absoluto (Tennison Tarb), su ultranegatividad hacia todo lo que provenga de Venus resulta un tanto infantil, al igual que su relación con Mitzi Ku, tan llena de altibajos y carente de verosimilitud que Tarb no llega a darse cuenta de su cambio de identidad hasta cerca del final, y encima Pohl la enreda más con una tardía petición de matrimonio, innecesaria para el desenlace. Por no hablar de la adicción de Tarb a la Moka-Koka, adquirida de un modo forzado, de presencia redundante en la novela y que, como el lector intuye, no va a terminar siendo un gran impedimento para Tarb.
Así, cuando parece que todo va a reducirse a las continuas ascensiones y caídas de Tarb en pasajes brillantes algunos, reiterativos otros, Pohl desvela el factor sorpresa por el que no se atrevió a construir una trama más sólida: la ofensiva venusiana a través de personajes estratégicamente infiltrados. Una ofensiva que, aunque reveladora, llega un poco tarde y resulta por momentos apresurada. Si bien le permite a Pohl construir un final relativamente coherente, y sobre todo argumentar la reflexión más importante que propone en esta novela (adicionalmente a todas las presentadas en "Mercaderes del espacio"): que la equidistancia entre los postulados venusianos y terrestres sería lo mejor para el conjunto de la población.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Un guijarro en el cielo (1950). Isaac Asimov
Con la reseña de hoy completo la revisión de las novelas que recomiendo leer de la saga del Imperio, de Isaac Asimov. Todas, en realidad. "Un guijarro en el cielo" es la tercera novela de la saga por orden de lectura, si bien tiene el honor de ser la primera novela que escribió el Buen Doctor. En 1950 Asimov contaba con 30 años y ya se había ganado una notable reputación como escritor de relatos y novelas cortas, algunos de los cuales se recopilaron en formato libro a partir de 1951, dando lugar a la trilogía original de la Fundación. Sin embargo, "Un guijarro en el cielo" fue su primera incursión real en el género de la novela. Con lo cual, junto a muchas de sus virtudes más reconocibles, en esta novela son apreciables algunos detalles de novelista primerizo. El resultado es una novela alejada de las mejores de su producción, pero de un nivel similar al de "En la arena estelar" y, por tanto, recomendable.
En esta ocasión Asimov deja un tanto de lado las intrigas políticas habituales en otras muchas de sus obras (aunque la trama ya está completamente ambientada en el descomunal Imperio Galáctico) y se fija en vidas aparentemente anodinas para el devenir del Imperio, como su protagonista principal (el sexagenario Joseph Schwartz), el doctor Shekt o los Moran. Pero lo que cautiva al instante al lector es el singularísmo ambiente que proporciona Asimov a la Tierra: radiactiva, despoblada, con un dramático límite para la vida humana en los sesenta años, con organizaciones como la Sociedad de Ancianos, los asimilacionistas... Asimov presenta a la Tierra como el último planeta del Imperio (de hecho el título es una metáfora para designar a la Tierra según su relevancia en el contexto del mismo). Y sin embargo, al mismo tiempo, plantea la por aquel entonces "hipotética" posibilidad de que en ella surgiera la humanidad. Es una muy interesante propuesta especulativa, al tiempo que consigue que el lector se sienta inmediatamente identificado con el punto de vista terrestre, permitiéndole además reflexionar sobre los fanatismos y en general aquello a lo que los nacionalismos extremos pueden dar lugar.
En dicha Tierra radiactiva Asimov sitúa, como en él es habitual, una trama estupendamente estructurada, en la que todo encaja con naturalidad. El Buen Doctor nos muestra la conspiración del planeta Tierra por volver a ser el centro de la Galaxia frente a un Imperio Galáctico con presencia militar en la Tierra, y nos hace ver la desorientación y la mirada crítica de Schwartz al ser trasladado siete mil años adelante desde el siglo XX a ese complejo futuro. Incluso los personajes aparentemente más irrelevantes, como el teniente Claudy, tienen un instante en la novela en el que son determinantes.
Como anticipaba antes, la novela adolece de ciertas lagunas, algunas propias de un escritor inmaduro. El "viaje al futuro" de Schwartz es un artificio literario efectivo, pero la justificación de su viaje en el tiempo es claramente insuficiente. Bel Alvardan, quizá el verdadero protagonista, es un arqueólogo poco convincente, por impulsivo y por desafiante. El recurso a los poderes extrasensoriales de Schwartz es, además de un remedo de la "Segunda Fundación", cuestionable en un escritor al que se le presupone una base científica sólida. Y la personificación de la máxima autoridad terráquea en el binomio Primer Ministro/Balkis, una idea habitual en la obra asimoviana (llevada por cierto a todo su esplendor en "Preludio a la Fundación"), es cuestionable por la figura de Balkis, el auténtico poder en la sombra, que está dominado por un exceso de maldad poco creíble. Si bien es cierto que esta dualidad aporta otra curiosa y plausible interpretación de los acontecimientos.
No obstante, el balance final de la novela es positivo gracias a las habilidades de Asimov como fabulador: emplea una prosa muy concisa (por momentos, demasiado) y crea episodios de gran tensión, como el del encuentro en Chica. Pasajes que, cierto es, no llegaron a un nivel de excelencia tal que los editores le pidieran continuar esta saga en los ochenta (como sí hicieron con sus sagas más reconocidas, las de la Fundación y la de los Robots), pero que justifican de sobra su lectura. Les espero en la revisión de mi próxima saga.
En esta ocasión Asimov deja un tanto de lado las intrigas políticas habituales en otras muchas de sus obras (aunque la trama ya está completamente ambientada en el descomunal Imperio Galáctico) y se fija en vidas aparentemente anodinas para el devenir del Imperio, como su protagonista principal (el sexagenario Joseph Schwartz), el doctor Shekt o los Moran. Pero lo que cautiva al instante al lector es el singularísmo ambiente que proporciona Asimov a la Tierra: radiactiva, despoblada, con un dramático límite para la vida humana en los sesenta años, con organizaciones como la Sociedad de Ancianos, los asimilacionistas... Asimov presenta a la Tierra como el último planeta del Imperio (de hecho el título es una metáfora para designar a la Tierra según su relevancia en el contexto del mismo). Y sin embargo, al mismo tiempo, plantea la por aquel entonces "hipotética" posibilidad de que en ella surgiera la humanidad. Es una muy interesante propuesta especulativa, al tiempo que consigue que el lector se sienta inmediatamente identificado con el punto de vista terrestre, permitiéndole además reflexionar sobre los fanatismos y en general aquello a lo que los nacionalismos extremos pueden dar lugar.
En dicha Tierra radiactiva Asimov sitúa, como en él es habitual, una trama estupendamente estructurada, en la que todo encaja con naturalidad. El Buen Doctor nos muestra la conspiración del planeta Tierra por volver a ser el centro de la Galaxia frente a un Imperio Galáctico con presencia militar en la Tierra, y nos hace ver la desorientación y la mirada crítica de Schwartz al ser trasladado siete mil años adelante desde el siglo XX a ese complejo futuro. Incluso los personajes aparentemente más irrelevantes, como el teniente Claudy, tienen un instante en la novela en el que son determinantes.
Como anticipaba antes, la novela adolece de ciertas lagunas, algunas propias de un escritor inmaduro. El "viaje al futuro" de Schwartz es un artificio literario efectivo, pero la justificación de su viaje en el tiempo es claramente insuficiente. Bel Alvardan, quizá el verdadero protagonista, es un arqueólogo poco convincente, por impulsivo y por desafiante. El recurso a los poderes extrasensoriales de Schwartz es, además de un remedo de la "Segunda Fundación", cuestionable en un escritor al que se le presupone una base científica sólida. Y la personificación de la máxima autoridad terráquea en el binomio Primer Ministro/Balkis, una idea habitual en la obra asimoviana (llevada por cierto a todo su esplendor en "Preludio a la Fundación"), es cuestionable por la figura de Balkis, el auténtico poder en la sombra, que está dominado por un exceso de maldad poco creíble. Si bien es cierto que esta dualidad aporta otra curiosa y plausible interpretación de los acontecimientos.
No obstante, el balance final de la novela es positivo gracias a las habilidades de Asimov como fabulador: emplea una prosa muy concisa (por momentos, demasiado) y crea episodios de gran tensión, como el del encuentro en Chica. Pasajes que, cierto es, no llegaron a un nivel de excelencia tal que los editores le pidieran continuar esta saga en los ochenta (como sí hicieron con sus sagas más reconocidas, las de la Fundación y la de los Robots), pero que justifican de sobra su lectura. Les espero en la revisión de mi próxima saga.
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